Disclaimer aplicado

Nota de autora: no puedo creer que haya pasado tanto tiempo desde que inicie a ver Naruto, con tan solo 12 años. Ahora con 22 quiero recordar un poco mi adolescencia, no sé… recordarme a mi misma lo feliz que era en esa época, aunque a veces no me diera cuenta. Así que antes de continuar con otras cosas, quiero hacer una serie de OneShots llevando el universo de Konoha al universo Disney.

Quién sabe, capaz y les gusten mis desvaríos.

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Cinderella

Fascinación

Pairing: NaruHina

Raiting: +K

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Estaba equivocado, no le costaba trabajo admitirlo. Irónicamente, nada le resultaba más placentero en ese instante que darle la razón a Kushina.

Su enérgica madre insistió por tantos años en conseguirle una mujer para casarse que internamente su juvenil rebeldía se atrincheró y no permitió entrar a ninguna dama a su corazón. Siendo honesto, no es como si alguna realmente lo hubiese impresionado, y él, tan autentico como era, no daría sus votos a una persona que no le gustara solo porque la reina tenía una crisis de la mediana edad.

Porque si, el inicio de toda aquella locura era que aquella mujer descubrió que los constantes sofocos y dolores de cabeza eran consecuencia de la factura de la vida, entrando en la expresión más histérica de su personalidad y exigiéndole a él, su único hijo, que le diera nietos.

Como si eso se tratase de escribirle una carta a la cigüeña y ya está. Mujer loca.

Su padre, apiadándose de su sufrimiento, decidió "entrenarlo" para los asuntos de estado y su pronto ascenso al trono enviándolo a las negociaciones con otros reinos. Y aunque al principio lo hizo mal, como cuando casi inicia una guerra contra el reino de los Uchiha, con el tiempo su cálida y espontánea personalidad reforzó los lazos de Konohagakure con la mayoría de sus aliados, además de sorprenderlo con espléndidos tratos y nuevas amistades. Lo mejor de todo aquello: su madre solo lo chiflaba en los cortos lapsos de tiempo que regresaba de sus viajes.

Pero por supuesto que ella no iba a quedarse de brazos cruzados. No. No era tonta, sabía que el rey le estaba ocultando a su hijo para que lo dejara en paz. Que Dios lo agarrara confesado cuando por fin lograra casar a Naruto, lo arrastraría en un torbellino de dolor por oponerse a su voluntad. Importándole un bledo lo que los rubios pensaran, planificó un baile en honor a la llegada del príncipe invitando a todas las doncellas casaderas del reino. Si una sola faltaba, aunque no tuviera que ponerse para un evento de ese estilo, se iría a la horca. Tan sencillo como eso.

Cuando el menor de los Uzumaki llegó de su viaje, casi se lanza de las almenas ante el descarado deseo de su madre "¿Qué más natural que un baile para recibirte, hijo?" le había dicho con una sonrisa socarrona, esa que él mismo usaba cuando hacía travesuras de niño.

Sin más remedio que seguirle la corriente, suspiró y se preparó para recibir a los invitados. Sin importar lo que Kushina hiciera, no se casaría.

Y con ese semblante entre la apatía y la educación se encontró al final de las escaleras del salón de baile, escuchando con fastidio como un lacayo anunciaba nombre tras nombre un sinfín de señoritas, todas ataviadas con la misma mala intención: cazar al príncipe y hacer su sueño realidad, tener sin amor el hombre más codiciado de la temporada. Suspiró de cansancio, quizás si las féminas no tuviesen un objetivo tan frívolo, él no estuviera tan poco atraído con la idea de casarse.

Bostezó sin disimulo cuando anunciaron a un par de muchachas hijas de alguna viuda codiciosa e hizo la reverencia correspondiente. Se irguió para observarlas, pero en mitad del ascenso se paralizó. Su corazón comenzó a latir desbocado, su boca se secó y la música dejó de sonar. En el fondo de la pista de baile, pérdida y con las mejillas arreboladas, se encontraba la criatura más hermosa que jamás pudo haber visto. Estaba seguro de no conocerla, no olvidaría unos ojos tan enigmáticos. Su madre invitó a los aldeanos a la fiesta, probablemente ella fuese una de ellos.

Se olvidó de los protocolos sociales y esquivó a las jóvenes que la miraban con coquetería.

Pecaba de imprudente, estaba consciente de ello. Incluso podía sentir la potente mirada de su madre, orgullosa de haber logrado de algún modo su cometido, clavada en su espalda como una estaca. Tocó su hombro casi con desesperación, y cuando ella se volteó se quedo más fascinado. La joven sonrió con verdadera devoción, como si realmente fuera feliz. Eso lo cautivó, la fantasía hecha mujer le daba una presencia de realidad que lo volvió loco por segundos.

No pudo evitar contemplarla mientras la reverenciaba. Sus abundantes cabellos azulados se amarraban en un moño sobre su nuca dejando escapar traviesos rizos que adornaban la tez marmoleada de su exquisito cuello, sus ojos eran perlados simulando la textura de la luna, casi tan brillantes como ella misma. No era muy alta, pero su pequeño tamaño solo la convertía en un exquisito bocado de elegancia. Un escalofrío se apodero de su columna cuando tomó su mano invitándola a bailar, sintiendo cual terciopelo la inocencia de su piel.

¿Quién era ella? No lo sabía, pero su corazón le gritaba que estaba destinada a ser su esposa.

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Realmente espero que les haya gustado, no soy muy buena con el NaruHina. Son hermosos, y Naruto no pudo haberse casado con alguien mejor… pero tuvieron tan poca interacción en el manga/anime que me cuesta mucho plasmarlos en historias románticas. Son dulces, tanto que empalagan un poco. Y ese no es mi mejor fuerte.

Además estoy tan acostumbrada a escribir Jerza y SasuSaku, que una pareja tan tranquila está fuera de mi zona de confort. Quizás por eso lo hice, porque necesito sacarme de mi comodidad para mejorar como autora, aunque esto sea solo un pasatiempo.

¿Algún review para esta sugar mami?