¡Segundo capítulo! Me gustaría escribirlos más rápido, así que voy a intentar que el tiempo me lo permita.
No olviden las reviews.
¡Un abrazo! *U*


A las seis en punto el tren frenó. Kairi no hizo otra cosa durante el viaje que pensar, leer, escribir y garabatear en su cuaderno y escuchar, de vez en cuando, las conversaciones que mantenían las personas a su alrededor.

Había logrado dormir durante un corto tiempo. El viaje había sido largo y la noche anterior no consiguió dormir especialmente bien.

Todos los pasajeros se levantaron con orden y agarrando su equipaje comenzaron a salir con cuidado por cada una de las puertas. La pelirroja recogió el cuaderno y el libro de la mesa y se apresuró en salir.

Nada más poner los pies en el suelo miró a su alrededor, abriendo la boca instintivamente y soltando un gemido que procuraba asombro. Girando sobre sí misma pudo observar que no había ni un solo edificio o cualquier otra construcción que dañaran el verde e infinito paisaje de praderas verdes. Una suave brisa acariciaba a estas haciendo mover la hierba a un compás armonioso. Delante de ella, y a tan solo una pequeña distancia del tren, una enorme puerta metálica se extendía desde la tierra, siendo sostenida por dos grandes muros que se internaban hacia un bosque que Kairi pudo observar a través de las finas barras de la puerta.

Todos los alumnos, ¡por favor! Hagan una fila y mantengan el orden.

Al escuchar aquello Kairi giró y pudo ver a quien lo había pronunciado: se trataba de una mujer alta y joven, bastante hermosa, de pelo largo y negro y un rostro serio. Vestía unos pantalones negros bastante pegados, un top del mismo color, unas botas militares y una capa de color burdeos que le cubría la espalda y parte del pecho. Entre sus brazos sujetaba una carpeta.

Todo el mundo comenzó a moverse y a colocarse unos detrás de otros, hasta que la gran cancela de la puerta principal comenzó a abrirse lentamente, y fueron entrando poco a poco.

Como ya se veía a través de las rejas, el camino hacia la Escuela estaba rodeado a ambos lados por un frondoso y oscuro bosque. La única entrada parecía ser esa, ya que el muro que sujetaba la cancela parecía internarse entre los árboles y desaparecer. La misma mujer que había ordenado hacer una fila era la única que les guiaba por aquel camino, no había nadie más.

Kairi buscó con la mirada al desconocido del tren, aunque no logró verlo. Eran alrededor de cien personas, y tan solo venían de algunas ciudades escasas. Los demás quizá hubieran llegado ya.

Dentro de aquel camino de piedra había pequeños desvíos de tierra que se internaban por el bosque, invitando a cualquiera a tomar otra dirección, y, si mirabas hacia arriba, el cielo era difícil de ver a causa de los grandes picos de los pinos y demás árboles que arañaban las nubes con su altura.

En veinte minutos la mujer de la capa se frenó y dio la vuelta, dirigiéndose a la fila de alumnos.

-¿Estáis cansados? La entrada a la Escuela es una entrada larga pero, si camináis siempre por el camino central de piedra, no tardaréis más de media hora en llegar. Lo entenderéis más adelante, cuando exploréis por vuestra cuenta. Bien, ya hemos llegado, por favor, no dejéis que vuestro asombro y curiosidad os frene ahora, nos están esperando, vuestro tren ha sido el último.

El tumulto de gente comenzó a soltar gritos de asombro y emoción. Ante ellos se alzaba un enorme edificio.

Kairi alzó la vista hacia arriba y se quedó, durante unos segundos, petrificada. Se trataba de una construcción bellísima, de un color grisáceo claro y una fachada solemne. No pudo contemplarlo entero ya que se extendía hacia los lados y hacia el final del bosque de la entrada, pero su apariencia, en general, era la de un castillo. Los ventanales frontales parecían de estilo gótico, y algunas torres parecían rodear todo el conjunto. El tejado acababa tanto en el edificio central como en los torreones en punta, y tenía un color gris azulado. La puerta principal era altísima y de madera oscura, y a ella se accedía mediante una gran escalinata de mármol blanco.

La mujer que les había guiado empujó esta haciendo que se abriera lentamente por un lado, e invitó a los alumnos a que pasaran rápidamente.

Nada más pasar la puerta principal se entraba a un grandioso patio abierto y silencioso rodeado de columnas y esculturas de criaturas fantásticas y guerreros. A ambos lados había otras grandes puertas, aunque siguieron de frente, cruzando el patio y adentrándose por un portón abierto.

Todo era magnífico, al igual que el exterior. Un enorme salón se abrió ante ellos nada más entrar, con grandes ventanales y una iluminación cálida. Dentro había cientos y cientos de jóvenes hablando entre ellos, algunos realmente muy llamativos, con extrañas vestimentas y rostros, muy distinto a lo que Kairi acostumbraba a ver en su ciudad. Pudo observar incluso a algunos animales que acompañaban a algunos alumnos como mascota. El Gran Salón estaba adornado con unos grandes bancos de madera con cojines de terciopelo de color verde, del mismo color que las cortinas de los ventanales.

Todos entraron y el portón se cerró, y la gente fue poco a poco sentándose y guardando silencio. Ante ellos había una mesa larga y oscura, y tras esta varios sillones, donde hombres y mujeres se sentaban, algunos con rostro serio y pausado, y otros alegres y confiados. Esta mesa estaba situada claramente más alta que los bancos de los alumnos, por lo que a Kairi no le costó identificar a la mujer guía de la capa sentada en uno de los altos sillones. Unos minutos después, y cuando se alcanzó un silencio profundo, alguien caminó y ocupó el asiento central de la gran mesa, haciendo sonar una pequeña campanita para llamar, definitivamente, la atención de los alumnos.

Se trataba de una mujer de piel pálida y cabello blanco y largo. Sus ojos eran de un color claro, aunque Kairi no pudo saber, exactamente, cuál. Vestía un vestido largo y suelto de color verde, conjuntado con la decoración del Gran Salón, y su rostro era sereno, tranquilo y serio, aunque inspiraba confianza.

-Sean todos bienvenidos a la Escuela Destati. Mi nombre es Klei, y soy la directora del lugar. -todos rompieron en un aplauso. Klei bajó la mirada y pasó su mano por detrás de la oreja, recogiendo uno de sus mechones de color blanco- Como bien sabéis, se trata de una escuela especial. Cada uno de vosotros ha sido escogido gracias a unos resultados positivos en las pruebas realizadas. Desde aquí, les doy mi enhorabuena.

Es realmente bella, y se hace respetar desde el primer momento. No esperaba que la directora de la Escuela fuera una mujer tan joven.

-Para muchos el viaje ha sido largo, y estaréis cansados. Sin embargo, hay mucho que debéis saber, aunque no todo será dicho ahora. Seré breve, por el momento, y poco a poco comenzaréis a entender las normas del lugar y su funcionamiento. Debéis de saber, no obstante, que la Escuela Destati tiene un sistema de enseñanza muy peculiar. Desde el primer momento seréis vosotros quienes crearéis un grupo o equipo, y desde él cada uno tendrá un rol específico dentro de las categorías que mañana temprano os presentaremos, en este mismo salón, a las siete, sed puntuales. He de presentar, además, a vuestros nuevos profesores. -en ese instante todos aquellos hombres y mujeres que habían permanecido en silencio a ambos lados de la directora se levantaron, entre ellos la mujer guía de la capa -quienes conoceréis en profundidad en clase. No habrá tutores debido a la gran cantidad de equipos que serán creados. Las normas de equipo serán leídas mañana, y es algo a lo que nadie debe faltar debido a su gran importancia. Con esto finalizo esta pequeña reunión, mañana temprano seréis bien informados, podéis dormir esta noche en la habitación que cada uno quiera, aunque más adelante se os fijarás dos habitaciones propias por cada equipo. Descansad y, una vez más, sean bienvenidos a su nuevo hogar. -dicho esto se sentó y los alumnos comenzaron nuevamente a aplaudir, esta vez con más fuerza.

Klei abandonó el Gran Salón por una pequeña puerta cercana a su sillón, y algunos de los profesores se quedaron con los alumnos y guiaron a estos a los pisos superiores, donde se encontraban las habitaciones.

Kairi cogió sus cosas y se dirigió con un grupo, con miedo a quedarse sola y no encontrar ninguna habitación vacía donde dormir.

El interior del castillo era realmente asombroso, siempre decorado del mismo color verde y la iluminación cálida. Subieron unas grandes escaleras que parecían infinitas, aunque Kairi y los demás se quedaron en uno de los primeros pisos. Había una infinidad de pasillos de moqueta verde que parecían entrelazarse entre ellos, los cuales daban lugar a las habitaciones.

Muchos de los alumnos del grupo de Kairi se separaron y fueron entrando, quizá porque ya se conocían o habían conocido durante el viaje o en el Gran Salón. La pelirroja comenzó a andar a través del pasillo hasta llegar a una de las puertas cerradas, de madera de color blanco, situada a la izquierda. Entró y en ella no había nadie, por lo que decidió quedarse por el momento en ella.

El interior de esta era preciosa y muy acogedora. Comenzaba con un vestíbulo con chimenea y sillones, decorado magníficamente, con una alfombra central que le daba un aspecto hogareño. El vestíbulo contaba con tres puertas, que daban las tres a una habitación distinta.

Esto es e-nor-me. He escogido una habitación demasiado grande, y solo estoy yo. Me muero. ¿Serán todas así?

Kairi entró en una de las habitaciones y dejó sus cosas dentro. En ella había una cama de matrimonio, un gran escritorio y un armario elegante. Además, en una de las paredes había un ventanal con vistas al bosque, lo que le pareció algo hermoso.

Si Klei ha dicho que asignarán dos habitaciones por equipo, el máximo de miembros será de seis, si es que acaso todas las habitaciones tienen tres dormitorios como esta.

Kairi volvió al vestíbulo y se sentó en uno de los sillones.

No quiero quedarme sola y entrar en un grupo con el que no me entienda. Debo de ser decisiva y mostrarme tal y como soy, o si no...

Cinco, cinco, cinco.

Kairi dio un respingo y comenzó a temblar. Alguien había llamado.

-S...¡Sí! ¡A-Adelante!

El pomo de la puerta comenzó a girar y se fue abriendo lentamente. Kairi se levantó y se acercó unos pasos hacia la entrada.

-Hola... ¿puedo pasar?

Ante la pelirroja apareció una chica, cargada con un montón de maletas.

-¡C-Claro! -Kairi forzó una sonrisa y le hizo un gesto de bienvenida un poco torpe.

Por. Qué. Es. Tan. Guapa.

-Gracias. -sonrió la desconocida.

Se acercó al vestíbulo con su equipaje y se dirigió a Kairi.

Era de su misma estatura y vestía un vestido simple de color blanco y unas sandalias azules, era rubia y tenía un corte de pelo muy similar al de la pelirroja. Sus ojos azules miraron fijamente a Kairi.

-Mi nombre es Naminé, encantada. -le alzó la mano y sonrió tímidamente.

-K-Kairi... Yo s-soy Kairi. -completó el saludo lo mejor que pudo- ¿t-te ayudo?

-No, está bien. Querría preguntarte... ¿puedo quedarme aquí, o están todos los cuartos ocupados? Ya hay muchos grupos formados y no había ningún sitio.

Ha sido el azar. El destino. Qué le digo.

-¡Sí! Claro, es decir, sí. E-Estoy sola. -Kairi comenzó a moverse el pelo con gesto nervioso- Acabo... de llegar.

-Genial, entonces, si no te importa, ocuparé esta habitación. -se giró y señaló una de las dos habitaciones que quedaban vacías.

Cogió su equipaje y entró en ella. Kairi se quedó inmóvil en el vestíbulo, pensando en algún tema o en alguna simple palabra que decirle.

Naminé volvió, sonriendo, y le enseñó a la pelirroja una pequeña llave.

-Supongo que tú también tienes esto, creo que cada cuarto tiene una, aunque quizá también funcione en... -se dirigió a la puerta principal y usó la llave. Esta funcionaba perfectamente- Como suponía, cierra el cuarto y la entrada principal, por lo que la privacidad es excelente.

Kairi se sobresaltó al saber que no se había fijado en ninguna llave al entrar a su dormitorio.

-V-Vaya...

¿"Vaya"? ¿Esa es tu respuesta? SÉ SOCIAL.

-N-No me he fijado aún en... si tengo... la llave. -continuó Kairi. Dio la vuelta rápidamente y se dirigió a su cuarto, en un amago de ver si estaba allí.

En efecto, Kairi volvió con la llave en la mano y se la enseñó a Naminé.

-¡Genial! ¿Qué tal si...? -se agachó y comenzó a buscar algo en la pequeña mochila que había dejado en el vestíbulo. Sacó dos pequeños trozos de cuerda fina y elástica de color negro, y le dio uno a Kairi- Por el momento nos puede ir bien, toma, si quieres, y úsalo como colgante, así no se perderá tu llave.

Naminé volvió a sonreír tornando los ojos y se ató la suya alrededor del cuello. Kairi la miró perpleja, y luego observó el cordón y la pequeña llave de plata en la palma de su mano. Volvió a mirar a la chica rubia y le devolvió la sonrisa, mientras asentía, a modo de agradecimiento.

-Bueno, Kairi, es demasiado tarde y, por lo pronto no parece que nadie vaya a venir más. ¿Echas la llave cuando vayas a dormir? Yo me acuesto ya.

-Sí, l-la echaré.

Deja de tartamudear.

-Bien, entonces descansa, mañana nos vemos. -se dirigió a su puerta e hizo un gesto con la mano. Entró a su cuarto y cerró despacio, sin echar la llave.

Kairi se quedó en medio del vestíbulo, aún con la llave y el cordón en la mano. Fue despacio a la entrada y bloqueó la puerta con la llave. Luego volvió a echar un vistazo a la puerta cerrada del cuarto de Naminé y se sonrió a sí misma. Dio la vuelta y entró en su habitación, dejando la llave en una pequeña mesita cercana a su cama. Se tumbó con la misma ropa con la que había viajado, no tenía fuerzas para nada. Cada cuarto parecía tener un baño propio, aunque decidió ducharse nada más levantarse. Apagó la luz de la lamparita y se quedó dormida al instante, con una amplia sonrisa en su rostro.