Disclaimer: Kagerou Project/Daze no nos pertenece, es propiedad de Jin (Shizen no Teki-P).

N/A: Bueno, solamente quería "informar" de que a causa de problemas personales el tiempo que dispongo para actualizar es relativamente poco... Sólo eso.

¡Disfruten~!

!EDIT!: Perdonen, cometí un error y olvidé poner el último trozo del capítulo en el archivo, ya está arreglado.


Capítulo II


El rubio la miró con algo de miedo, ¿Y si se le ocurría golpearlo en frente de su amiga? ¿Qué pensaría entonces ella de su maravillosa madre? Probablemente lo mismo que los vecinos pensaban, algo que tanto daño le hacía a su perfecta progenitora; opinaban sin saber que la culpa era totalmente de él.

—Es... Una amiga. —le dijo bajando un poco la cabeza.

Ella, mientras tanto, no podía comprender que era lo que estaba pasando, porqué repentinamente el ambiente se había vuelto tan frío si la madre de él era "maravillosa", "cálida" y muchísimas cosas más que su nuevo amigo le había contado; volteó a ver al niño de cabellos rubios, notando el miedo en su mirada y luego miró a la madre del mismo, notando un extraño sentimiento en sus ojos, uno que demostraba cualquier cosa menos amor hacia ese pequeño tan amable que sin dudar la había salvado de una lenta y horrible muerte por desnutrición.

Fue entonces que se dio cuenta del peligro que estaba corriendo ese niño.

Con su mano buscó la de él para tomársela suavemente, acariciándole su dorso un poco en un intento de hacer que se sintiera seguro; miró fijamente a esa mujer sin decirle siquiera mi nombre, sabiendo que su presencia era un problema para ella y para el niño que podía sentir temblar a través del pequeño agarre con su mano.

No debió aceptar quedarse, de todos modos estaba causándole problemas a ese pequeño.

—¿Y por qué ella está aquí? —preguntó aquella mujer de manera despectiva, cosa que podría verse a ojos de otra persona realmente ofensivo.

El de ojos ámbares volvió a bajar su cabeza, jugando con los dedos de la niña a su lado para tratar de hacerse el indiferente ante esa pregunta; sabía que si le decía la verdad ella comenzaría a golpearlo sin piedad alguna.

—Respóndeme, Shuuya. —levantó la voz su madre, tratando de intimidarlo para que le dijera qué estaba sucediendo.

—Estaba sola y...No tenía comida... Pensé que podría quedarse con nosotros —movió ligeramente sus piernecitas inocentemente—...¿Puede?

—P-Puedo regresar a mi hogar si estoy molestando, señora —dijo la peliverde, atreviéndose a hablar sin imaginar que aquello podría meter en más problemas al pequeño a su lado—, lamento que mi presencia sea una molestia, realmente no quería molestar a nadie. —añadió, bajando un poco su cabecita pero sin soltar la mano del pequeño a su lado.

Estaba segura que si se iba, él iba a sufrir más de lo que pudiera imaginar, esa mujer le haría cosas al pequeño que su inocente mente no podría siquiera imaginar; fue por esa razón que no se movió de su lado, que no soltó aquella pequeña mano que temblaba por el temor que comenzaba a invadir su infantil cuerpo.

La mujer volvió a mirar a su pequeño, castigándolo con la mirada por haber hecho eso, sabía que apenas podía pagar el apartamento en que ambos estaban condenados a vivir y éste traía descaradamente a otra persona, simplemente inaceptable.

—¿Cómo puedes ser tan insolente, Shuuya? —le preguntó acercándose lentamente hasta donde ambos estaban parados; el pequeño retrocedió un poco—. ¿Ni siquiera me avisas si habrá visitas, eh? —el tono de voz que ella estaba utilizando parecía volverse lentamente desquiciado, tanto así que una ladina sonrisa apareció en su rostro.

En un acto de rapidez extraordinaria, aquella mujer separó a su retoño del agarre que oponía la peliverde para comenzar a golpearlo: en el rostro, en su débil abdomen, en sus piernecitas.

Incluso, uno de los golpes tuvo tal potencia que llegó a hacer escupir sangre al pequeño rubio.

Pero éste no se resistía a aquellas agresiones, como si aceptara su culpabilidad.

Y, la inocente chica, no podía creer la escena que se había desarrollado frente a sus ojos, donde aquel pequeño niño sufría las agresiones de su madre sin que este se quejara, lo agredía sin importar lo mucho que lo estuviera lastimando, sin mostrar una pizca de piedad ante el pequeño que se dejaba golpear de aquella forma tan salvaje.

Y todo por su culpa.

Por su maldita y estúpida culpa.

Si tan solo se hubiera negado, si en el momento en que él la invito a su casa le hubiera dicho que no y se hubiera quedado abandonada en aquel lugar… eso no pasaría, él no tendría por qué estar sufriendo de esa forma.

Pero, lamentarse no iba a servir de nada; tenía que actuar.

No supo de donde saco la fuerza suficiente para empujar el cuerpo adulto de aquella mujer y provocar que esta soltara al pequeño que agredía sin piedad; niño al que ella se acercó rápidamente, notando los temblores de su cuerpo por todo aquello que ocurría y al cual abrazó contra ella, sin importar si su ropa se manchaba, para protegerlo de cualquier otro golpe que pudieran darle.

—¡Déjelo en paz! —Exclamó—. ¡Él no se merece estos tratos!

La mujer despertó de su sueño, dándose cuenta de lo que le había vuelto a hacer su pequeño. Intentó acercarse para disculparse, pero al ver la forma en que la niña trataba de protegerlo desistió, alejándose lentamente de ambos como si estuviera asustada de ellos.

Pero no, estaba asustada de lo que con sus propias manos había hecho.

—Puede quedarse —susurró saliendo abruptamente de la habitación. Volvió a escucharse otro ruido de puerta cerrándose, por lo que el rubio imaginó que también había abandonado su hogar.

La pequeña vio las reacciones de la madre de aquel chico, sin comprender porque había reaccionado de aquella manera luego de haber agredido de tal forma al pequeño rubio que con sus pequeños bracitos trató de proteger; bajo su mirada para verlo, acariciando sus cabellos dorados con suavidad en un intento de calmar todo su dolor.

—¿Por qué no me dijiste que tu mamá reaccionará de esa forma?... —preguntó con algo de pena, todo aquello era su culpa.

El de ojos ámbares le sonrió tratando de tranquilizarla; acarició su mejilla suavemente, dándole las gracias por protegerlo.

—Porque me lo merezco. —le dijo esperando que ella no se enojara.

—No, no te lo mereces. —fue lo que dijo con una gran pena, limpiando la sangre de él que bajaba por la parte inferior de sus labios—. Eres una persona con un gran corazón, Shuuya, no te mereces todo ese sufrimiento.

—A pesar de tener un gran corazón, sigo siendo un error. —susurró más para sí que para ella, mientras suspiraba e intentaba levantarse: cosa que no pudo lograr gracias al dolor que sentía en sus piernas.

— … No creo que seas un error —respondió, poniéndose de pie para ayudar a su amigo a hacer lo mismo; hasta ese momento no se había dado cuenta de lo mucho que ambos se parecían entre sí.

Ambos eran errores. Ambos eran indeseados por sus familias.

Trago saliva ante eso, ¿Era mera coincidencia el hecho de que se hubiera conocido?

—¿Dónde hay un botiquín de primeros auxilios? Te ayudaré con tus heridas.

Apuntó al baño que se encontraba al frente de donde estaban, allí estaría todo lo que necesitaba para ayudarle.

—Gracias.

La pequeña asintió, caminando hacia el baño donde ingresó y sentó al pequeño sobre la taza del váter a la vez que buscaba el botiquín; no tardó mucho en encontrarlo por lo cual se acercó al pequeño, sacando algunas vendas de aquella cajita con las que empezó su trabajo de curar sus heridas.

—Lo siento, no quería que vieras todo eso. —se disculpó mientras veía como ella lo vendaba, le daba algo de vergüenza haber sido golpeado de esa manera por su progenitora, peor que tuvieran que detenerla.

—Fue mi culpa por haber venido, tú no tienes que disculparte. —respondió, limpiando suavemente la sangre que él tenía en su labio—. No debí haber venido en primer lugar, no puedo quedarme aquí si tu madre no lo desea.

—¡Pero ella dijo que sí podías quedarte! —exclamó haciendo berrinche. La seriedad que hace unos momentos tenía había desaparecido completamente—. ¡Además no tienes un lugar donde quedarte!

—¡Lo dijo, pero te golpeó antes por mi culpa! ¿¡Qué pasa si llega a hacerlo de nuevo!? —las mejillas de la menor se inflaron ante la terquedad del rubio, sabía que no tenía a dónde ir pero no quería arriesgar la salud del rubio.

—¿Crees que el que tu vinieras cambia algo? Lleva golpeándome de esa manera desde que tengo dos años, ¡Quédate! —le confesó por accidente, en un desesperado intento para que ella se quedara.

Se quedó atónita al escuchar sus palabras, ¿Él tenía que pasar eso constantemente? Y aun así, él había pensado en ayudarla…

Infló sus mejillas, no le quedaba otra opción.

—Si vuelve a pasar lo mismo por mi culpa, ¡Me iré!

—¡No, no te irás! ¡Quiero que te quedes conmigo! —exclamó abrazándola posesivamente, sin dejarle posibilidades para escapar—. ¡Quiero que seas mi amiga para siempre!

Al ver sus acciones le miró con su ceño fruncido, y olvidando los modales que "una señorita debería tener", decidió soltar aquellas palabras.

—Eres un idiota. —Le dijo, respirando profundamente para luego suspirar—. Está bien… seré tu amiga por siempre… ¡Pero no me quedaré de brazos cruzados si tu mamá te hace algo de nuevo!

—¡Gracias~! —gritó abrazándola más fuerte mientras se frotaba cariñosamente contra le mejilla de la peliverde—. ¡Te quiero, Tsubomi!

La menor se avergonzó al sentir las mejillas del chico contra ella por lo que gruñó un poco; no estaba tan acostumbrada a las muestras de afecto.

—Yo también…

Después de aquello ambos niños fueron hasta la habitación del rubio, la cual los dos deberían compartir de ahora en adelante. El chico le prestó una de sus camisas a la pequeña para que pudiera dormir más cómodamente y además pudiera quitarse ese feo pijama roto que llevaba.

Así, éste esperó en la sala a que ella terminara de bañarse y vestirse para que pudieran dormir.


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