Espacio para charlar

La única que vez que puse notas antes de un capítulo fue cuando presenté mi fic OTRO DÍA, pero ahora me veo en la necesidad de aclarar algunas cosas debido a los reviews que recibí.

Este fic es lo que podría llamar "mi obra maestra" la narración y hechos son más serios que con mis demás escritos, este iba a ser el último, siempre estuvo pensado de esa manera. El tema de la violación que se manejó en el capítulo anterior sé que fue difícil de leer, hasta para mí escribirlo fue terrible, pero cuando hice el argumento así lo planeé y decidí serle fiel a la idea que quería transmitir, sé que muchas leen fanfics con la intención de olvidarse del mundo real y sus problemas y no es posible leer algo así con personajes de nuestra infancia, pero como dije cuando una idea se te cruza por la mente hace todo lo posible para hacerse realidad y así me pasa con Un día a la vez.

No les voy a mentir este fic está lleno de desventuras y aunque tiene un final feliz, eso no le resta drama.

En este capítulo Candy pierde a su bebé debido a una golpiza y se los adelanto porque de verdad quiero que lean con conocimiento de lo que les espera, si creen que es demasiado, no se preocupen, sé que tengo seguidoras como autora en FF pero no a todas podría gustarle este fic y eso es perfectamente respetable, así como lo es que yo le sea fiel a mi historia.

UN DÍA A LA VEZ...

Cuando toda esperanza nos abandona, solo nos queda disfrutar cada momento como si fuera el último.

Nota 1 : Este capítulo tiene una escena fuerte, favor de tomar en cuenta la advertencia antes de leerlo. No me gustaría dañar la sensibilidad de nadie.

Capítulo 2: Aquí estoy

Las noches de primavera en Lakewood le daban al bosque cierto ambiente de magia y esperanza. El aire olía a flores, un dulce y cálido aroma que llenaba la cabaña del bosque. Faltaban 4 días para su cumpleaños número 19, estaba embarazada y a punto de casarse con su mejor amigo.

Albert había estado de viaje durante casi cinco meses, extrañaba sobre manera a su pequeña, no podía esperar más para hacerla su esposa, demostrarle que él la amaba, que a su lado sería feliz, él lo daría absolutamente todo para lograrlo.

Candy miraba por la ventana, su vientre estaba abultado, esperaba la llegada de su hijo en cuatro semanas más. A pesar de todos los problemas un brillo de satisfacción se reflejaba en sus esmeraldas. De pronto escuchó un ruido que la hizo mirar a la puerta.

- ¡Albert! – exclamó desde su mecedora, el rubio se acercó rápido para evitar que ella se levantara.

- Hola, pequeña – saludo mientras depositaba un tierno beso en la comisura de los labios femeninos. Candy sonrió cálidamente y correspondió con agrado - ¿me extrañaste?

- Por supuesto – Albert tomó asiento frente a la rubia, su semblante era tranquilo, pero una preocupación surcaba sus hermosos ojos azules - ¿qué pasa, Albert? – preguntó Candy un poco alarmada, tenía un mal presentimiento.

- Candy... espero que esto no te perturbe mucho, pero es necesario que lo sepas para que tengas cuidado.

- Albert, empiezas a preocuparme, dime de una vez qué pasa – demando serenamente.

- Candy... – Albert desvió un poco la mirada y luego tomo las manos de la rubia – Donovan...

- ¿Qué con él? – preguntó excitada, ese nombre la asustaba demasiado.

- Él... tal vez algún día te busque... – las manos de la futura madre comenzaron a temblar y sus ojos se cristalizaron, Albert se levanto y la abrazo, ella se aferró a su cuerpo.

- Por favor, Albert, no dejes que él nos encuentre – la desesperación en la voz de Candy al decirle aquello era palpable, de verdad Candy le tenía un miedo que ni siquiera sabía sería capaz de sentir algún día.

- No te preocupes, nadie sabe que estas aquí – Candy no lo notó, pero una sombra cubrió los ojos de Albert, esperaba no haber cometido un error.

Flash Back

Albert había arribado a la mansión de las rosas, Archie estaba esperándolo en el despacho.

- Archie, es bueno verte – saludo el rubio al menor de los caballeros - ¿sucede algo?

- Tío, ¿dónde está Candy? – interrogó con rostro duro.

- ¿Candy? ¿A qué te refieres? – trato de parecer seguro.

- Annie le ha escrito, pero Candy no ha respondido ninguna carta, estamos preocupados, yo... pensé que tú sabrías algo.

- Candy esta bien, no debes preocuparte – se sirvió un trago y tomó asiento, Archie de verdad estaba inquieto por no saber nada de la rubia.

- ¿Cómo puedes asegurarlo? – después de un segundo, el castaño se dio cuenta de lo tonto de su pregunta – Entiendo... – la mirada triste de su sobrino movió algo en el interior de Albert.

- Archie... no quiero intranquilizarte, pero escucha con cuidado lo que te voy a decir – Albert le narró a grandes rasgos lo que le había pasado a Candy y el motivo por el que próximamente se casarían.

- ¡No puedo creerlo! ¡Ese maldito! – gritó furioso, mientras su puño se estrellaba contra la pared.

- Archie, cálmate – el patriarca espero a que Archie regresara a su asiento – nadie más puede saber dónde esta Candy, aunque Donovan esta en prisión no puedo arriesgar su seguridad.

- Comprendo, es un tema muy delicado, pensaré qué decirle a Annie – el menor de los hombres estaba a punto de abandonar el despacho – Albert – dijo sin mirar atrás - ¿crees que Candy pueda olvidar a...? – pero no recibió respuesta, Albert solo pensó que trataría de hacer lo necesario para que Candy lo amase – saluda a Candy de mi parte.

Albert debía visitar a la tía abuela, quien estaba delicada de salud y por eso había ido primero a la mansión de las rosas, aunque su deseo era correr a los brazos de su pequeña, la señora Elroy lo había criado y tenía una deuda con ella.

Estuvo un día entero en la mansión, al día siguiente pensaba visitar la cabaña, pero una noticia en el periódico lo obligo a permanecer en su despacho con algunos agentes de la policía, por la noche, y sin ser visto, entró en la cabaña.

Fin Flash Back

- Albert, ¿crees que estamos seguros? – sus recuerdos se vieron interrumpidos, el rubio solo miro a su prometida y la abrazo más fuerte.

- Nada te pasará, Candy, nada.

Una vez sola, Candy, siguió sintiéndose temerosa y confusa. No sabía qué sentir. Le temía a Donovan y el solo hecho de saber que él la buscaría la atemorizaba.

Flash Back

Elisa Legan estaba en la habitación de la señora Elroy Andley, la anciana se quedo dormida después de un rato y eso le dio tiempo a la pelirroja de salir y estirar sus piernas, sin querer vio a Archie entrar al despacho del bisabuelo William, no le dio importancia, desde su boda con Annie, Archie siempre que tenía exámenes se hospedaba en la mansión para tener la ayuda de George.

Se dirigió a la cocina y pidió la cena, cuando termino vio a Albert entrar a su despacho y escuchó a Archie.

- Tío, ¿dónde esta Candy? – sin pensarlo, se detuvo junto a la puerta y escuchó toda la conversación, un nuevo plan para destruir a Candy cruzó por su mente, ella no sería la matriarca de los Andley, la fortuna se quedaría solo en sus manos.

Subió y se despidió de la tía abuela, cuando llego a su casa, de nuevo salió, con su disfraz, ese que usaba siempre que se veía con alguno de sus amantes.

- Quiero ver a Donovan Crich - pidió al guardia.

- Lo siento, señorita, la hora de visita terminó – le dijo de mala gana y sin mirarla.

- ¿Qué no sabe quién soy? - preguntó indignada y con aire retador, el hombre la miro y se impresionó.

- ¡Elisa Leagan! – exclamó el guardia.

- ¡Hola, Mellors! – saludó coqueta y sugerente – necesito un favor, tienes a un hombre, Donovan Crich, necesito que él salga pronto, por favor – pidió – sabes que sé pagar muy bien – ella no se refería precisamente al dinero, Mellors acepto mirándola lascivamente.

- Esta noche tendrás a tu hombre libre.

El guardia Mellors apago las luces de los presos a las 21:00 hrs. y dejo una nota en la celda de Donovan.

Tu celda esta abierta, la guardia se hace cada dos horas, el techo esta en reparación, podrás huir por ahí.

Donovan la miró extrañado, su familia era acomodada, pero sabía que no podrían hacer nada con el poderío de los Andley, sin embargo, acepto la ayuda. Cuidadosamente camino por los corredores, sus compañeros dormían plácidamente, llegó al techo y saltó sin ningún problema. Cuando sus pies tocaron el suelo, una joven apareció de las tinieblas.

- ¿Donovan? – lo llamó.

- ¿Y tú eres? – le miró.

- Elisa Leagan – dijo simplemente, como si cada persona de Chicago debiera saber quién era ella con solo mirarla – sé quién te puso en este lugar – Donovan la miro con su extraña forma de analizar, Elisa se sintió apenada ante la penetrante mirada de él, no pudo evitar notar que era realmente atractivo, se dijo a sí misma que cuando terminará su venganza, tendría que pagar la deuda en su lecho, él se dio cuenta del infinito odio que en ella había, pero solo sonrió, ¿a cuántas personas conoció así en aquel lugar?

- Te escucho...

- Sé dónde está Candy – y sin más le dijo todo lo que sabía.

La noticia de que Donovan Crich había escapado llego a los oídos de la prensa, ese era el plan de Elisa, ella quería que todos supiera qué había hecho él y así dañaría por siempre la reputación de la arrimada de Candy, pero no contó con que Albert intervendría para detener la noticia.

Fin Flash Back

Al día siguiente, el joven Crich se dirigió inmediatamente a Lakewood, y acechó la cabaña.

El tiempo transcurría con la lentitud de un sueño y ella no aparecía. Al fin pudo visualizarla. No sabía qué pensar ¿Quién era ella? No lo sabía, estaba obsesionado con descubrir la naturaleza de la rubia, al menos así había empezado, pronto esa obsesión se volvió locura. Candy le pareció amable, pero había algo, una especie de cálida e ingenua amabilidad, curiosa y súbita, algo que le abría las entrañas. Pero le daba la sensación de que podía ser igualmente gentil con cualquier otro hombre. Y eso lo trastornaba. Aun así era sorprendentemente consolador y reconfortante. Y era una mujer entera. Aunque tal vez, había algo, algo que no dejaba entrar a nadie, ella no era muy personal, pero eso no importaba ella solo era una hembra para él. Una que quería solo para él y aunque sabía que era un cliché, si no era suya únicamente, no sería de nadie.

Candy fue al bosque al atardecer. Era una tarde serena y gris, el mercurial verde oscuro diseminándose bajo el macizo de los árboles que silenciosamente se esforzaban por abrir sus capullos, aquel inmenso empuje de la savia en los árboles masivos, hacia arriba, hasta las yemas de los capullos, para acometerse allí en las pequeñas hojas flamígeras, broncíneas como sangre. Era como un oleaje que corriera túrgido hacia arriba, y se diseminase en el firmamento.

- ¿Qué tenemos aquí? – Candy tuvo la sensación de que le habían sacudido la cara y se le mudó el color. Luego haciendo acopio de sus fuerzas, volteó lentamente y lo miro con sus verdes ojos restallando vagamente.

- ¡Donovan! – él la miraba de pies a cabeza, volvió a mirarla a los ojos, con aquel fulgor tranquilo, desapegadamente e indagatorio. Donovan se acercó peligrosamente y la abofeteó tan fuerte que Candy cayó al piso, después la acorralo contra un árbol colocando sus manos por arriba de su rubia cabeza. Un hilo de sangre corría por el labio de Candy. Ella lo miro y algo hubo en esa mirada que molesto a Donovan, así que le propino otra bofetada, Candy gritó de dolor.

- ¿Qué pasa? ¿Esta vez no vendrá tu caballero de flamante armadura para salvarte? – le murmuró y besó el lóbulo de la oreja. Con un tirón de cabellos dejo descubierto el perfecto cuello de la rubia e hizo un camino de besos, Candy sintió repulsión, pero al mismo tiempo mucho miedo.

- ¡Suél... ta... me! – pidió débilmente, ese iba a ser el día más largo en la vida de Candy, otra bofetada la hizo callar y sus piernas trastabillaron. Quiso ser fuerte, pero hasta el animal más letal de la tierra se vuelve vulnerable cuando tiene otra vida en la que pensar primero. Su hijo, quería protegerlo de él.

- ¿Qué significa esto? – cuestionó Donovan sorprendido al mirar el abultado vientre de Candy - ¿acaso será mío? – tentó el terreno, sin perder de vista el rostro de Candy que se había tornado aún más pálido de lo que ya estaba. Pero su corazón se encendió y tuvo la fuerza para empujarlo, su atacante cayó de espaldas, maldiciendo, la rubia corrió tan rápido como su estado se lo permitió, pero de pronto sintió que la jalaban del brazo y la derribó haciéndola volar - ¿Cuándo pensabas decírmelo?

- Nunca, eres un infeliz mal nacido – gritó Candy con destellos en sus ojos, Donovan la pateó muchas veces, Candy se hizo ovillo para proteger a su hijo, pero Donovan deshizo esa posición y con un último golpe que estaba cargado de toda su ira lastimo por última vez a la rubia, ella lanzo un grito desgarrador. Regreso a la posición de ovillo, esperaba un milagro, pero todo su cuerpo estaba a punto de ceder ante el dolor de cada golpe recibido. La vista se le empezó a nublar, ¿ese sería su fin? Solo había dos caminos y estaba más próxima al peor de ellos.

- ¡Detente! – se escuchó un gritó y luego un disparo, Donovan cayó inmóvil a un lado de Candy quien seguía gritando, Albert llego hasta ella - ¡Por favor, llamen a una ambulancia! – rogó el rubio a los agentes.

Los días pasaron lentamente, el 7 de mayo hizo su aparición y como si fuese magia, Candy abrió los ojos, Albert estaba a su lado tomando su mano, tenía un aspecto agotado, pero no quiso separarse de su prometida.

- ¡Candy! – gritó emocionado, ella lo miraba con ojos entrecerrados, sentía su boca seca y su cuerpo pesado, como si no le perteneciera.

- ¿Qué paso, Albert? – sus ojos se llenaron de lágrimas al recordar las imágenes del bosque.

- Candy, perdóname, no pude cumplir mi promesa, yo quería protegerte – lágrimas fluían libremente por el bello rostro del patriarca Andley, pero Candy ansiaba saber solo una cosa.

- ¿Mi bebé? – preguntó al notar su vientre.

- ... – Albert no supo qué contestar.

- Albert, te lo ruego, ¿dónde está mi bebé? – Candy estaba demasiado nerviosa y ansiosa.

- Candy... Donovan te golpeó demasiado y en uno de esos golpes... él te maltrato y... Candy tu bebé murió al nacer – dijo al fin, el momento pareció detenerse para la rubia, mientras se desvanecía lentamente, a lo lejos solo escuchaba la voz de Albert.

Albert no pudo evitar sentirse culpable por la pérdida de Candy, no supo qué debía hacer. Se sentía culpable por no mencionárselo a tiempo, él debió decirle que Donovan había escapado para que tuviera más cuidado, pero no, la culpa era suya, sólo suya... un peso que difícilmente se quitaría de los hombros.

Después de una semana Candy abandonó el hospital y se refugió en el Hogar de Pony, la rubia no quiso ver a nadie. A finales de mayo pidió hablar con Albert.

- Hola – saludo tímidamente - ¿Cómo estas, pequeña? – ella lo invitó a sentarse con un movimiento de su mano.

- Albert, he tenido suficiente tiempo y he tomado una decisión – él la miraba expectante – ya que perdí a mí bebé – sus ojos se tornaron tristes, pero recupero su serenidad rápidamente – creo que se ha terminado el motivo por el que íbamos a casarnos – Albert hizo un gesto de extrañeza – Fuiste muy generoso conmigo... Gracias, Albert, siempre has sido mi príncipe – le dijo sonriendo ligeramente – No te preocupes por mí, estaré bien... así que lo mejor será olvidarnos del compromiso.

- Candy... - le dijo con tono tranquilo y ceremonioso – mis sentimientos no han cambiado en lo absoluto... Candy, si tú me aceptas... quiero casarme contigo – Candy se sorprendió – déjame conquistarte, por favor..., sé que no es momento para pedírtelo, pero Candy... yo... te amo...

- Albert... yo... – Albert puso sus dedos sobre los labios femeninos.

- No digas nada, piénsalo...

Por la mente de Candy cruzaron los recuerdos, él siempre estuvo a su lado, en los momentos felices, tristes, de aprendizaje, de sufrimientos, siempre a su lado sin pedirle nada a cambio y ahora ¿qué le impedía corresponder al sentimiento de su mejor amigo? Desde antes ella había dicho que intentaría amarlo, por qué retractarse ahora... ella tenía derecho a ser feliz y sin bien sabía que no llegaría a amar a Albert con la misma intensidad que a... él, lo intentaría.

Lo miro intensamente, era un hombre sumamente apuesto, con un alma libre... él era el príncipe de la colina, su primer amor... pero él... su amor eterno... él... Terry... se casaría con Susana, esa relación era parte del pasado, Albert estaba ahí, ahora... era real... su corazón empezó a latir fuertemente cuando Albert le regalo una tierna sonrisa, esa que solo era para ella. Pero ¿cómo explicar lo que sentía por él? ¿Su necesidad, la confianza, cada uno de los sentimientos que tenía por él?

- Albert... yo... si tú aún me aceptas... yo aceptó casarme contigo – dijo sin vacilar y Albert fue el hombre más feliz del mundo.

La boda se realizaría en un mes exacto, por lo tanto la mansión Andley se volvió un total caos, se contrató personal para cada detalle, invitaciones, banquete, iglesia, vestido, arreglos legales, en fin todo lo que conlleva una boda de esa magnitud.

Albert, decidido a conquistar el corazón de la pecosa, la lleno de atenciones y detalles, además construyeron recuerdos como pareja, cuando la veía triste procuraba estar a su lado en cada momento, aun así, Candy no pudo llenar el vacío que su alma tenía con la perdida de Terry y la de su hijo.

Además Candy sufría de ciertas pesadillas, que más bien eran recuerdos tormentosos de lo vivido con Donovan, se encontraba sumamente asustada y cada movimiento que hacía sentía que estaba siendo vigilado. El abismo estaba cada vez más profundo y Candy no sabía si algún día llegaría al final. Pero trataba de ocuparse en otras cosas para pensar lo menos posible en su desgracia. Se casaría con Albert y juntos formarían una familia, no daría un paso atrás, era hora de hacer una nueva vida.

El 17 de junio llego y con él el día de la boda, la tía abuela caminaba de aquí para allá, afinando los detalles. Patty y Annie ayudaban a Candy con el vestido, pero por más que intentaban no lograban animar a la rubia.

- Candy, ¿estás bien? – preguntó de pronto Annie.

- Sí, solo algo nerviosa – sonrió con dificultad la rubia.

- Vamos, amiga, anímate parece que vas a un entierro con esa cara – trato de hacerla reír la morena, pero no había ningún cambio en Candy - ... Te vas a casar con un hombre maravilloso, ambos se entienden a la perfección y se conocen, disfrutan su mutua compañía, Candy, veraz que con el tiempo lo amarás.

- ¡Claro, lo amaré! – dijo sonriente, pero no convencida en su totalidad – Albert se merece todo – la morena abandono un momento la habitación.

- Candy... – la llamó Patty – el amor no se puede forzar.

- Pero yo lo quiero mucho – se defendió Candy, ligeramente perturbada por el comentario de la de lentes – me siento bien a su lado, cuando no está lo extraño, cuando lo veo después de muchos días mi corazón se emociona, no hay día en que Albert no viva en mis pensamientos.

- Candy... querer y amar son cosas distintas... – la conversación se vio interrumpida por el retorno de la señora Cornwell.

Albert esperaba en la iglesia, estaba muy nervioso, a lo lejos diviso a las damas de honor, Annie y Patty, y supo que era el momento, no había hombre más feliz en todo el mundo que el patriarca de los Andley.

Candy pidió caminar sola por el altar, miraba a su amigo, cada paso le costaba más trabajo. Sentía que tenía plomo en sus zapatos, se detuvo por un momento que pareció eterno y siguió su camino, provocando un largo suspiro en Albert.

"Vamos, Candy, tú puedes, ahí te espera el hombre que te traerá paz y tranquilidad, una familia, lo que tú necesitas, vamos Candy ¡lo prometiste!"

Otro instante de duda llego a su corazón cuando a los lejos vio, o imagino a un hombre muy parecido a Terry que se dirigía a la salida por el pasillo paralelo a donde ella estaba, siguió caminando, y mientras llegaba a lado de Albert imagino que era Terry quien la esperaba, que nada de lo de Susana o Donovan había pasado, que ellos estaban destinados a estar juntos.

Al fin llego con Albert, éste le tendió la mano y ella dudó en dársela, en ese momento se dio cuenta de que lo que hacía era egoísta, Albert la amaba y por más esfuerzos que ella hiciera nunca lo amaría igual, ella se casaba para tener tranquilidad, Albert no se merecía eso. No merecía a una mujer que amaba a otro, que estaba rota y jamás podría ser lo que él esperaba. Candy ya no podía vivir más de esa manera. Casarse con Albert era condenar a ambos a una vida sin sentido.

- Perdóname – dijo simplemente y haciendo uso de todas sus fuerzas, corrió lo más rápido que pudo.

Ya en la calle abordó el auto de la familia Andley y condujo hasta la mansión, tomó su maleta, que ya tenía lista, por si acaso, y sacó una caja, aquella donde guardaba sus tesoros más preciados, y también sus ahorros, como jefa de enfermeras tenía un sueldo bastante aceptable.

De nuevo salió y tomó un carruaje, en el camino Candy sintió que su vida se había terminado. Sin quererlo había lastimado al hombre que trataba de hacerla feliz... pero no podía volver... ya no... debía alejarse de las personas que quería o de lo contrario los lastimaría a todos.

En el escenario, la escena progresaba apaciblemente. La obra era Julio César. La mañana había sido soleada, pero el cielo se había oscurecido a medida que se aproximaba el fin de la tarde; Robert anunció el terminó del ensayo y los actores se dirigieron a sus respectivos camerinos, un rayo de luz denso y color cobre penetró por la ventana del oeste. Sin embargo, Terry apenas se dio cuenta, estaba ocupado, llegaba el fin del día, el trabajo proseguía como una marea pacífica que se remansa y a la que toca retirarse.

Ese día había transcurrido de modo semejante a muchos otros, en una actividad que semeja a un trance. Al final había un poco de prisa por terminar lo que tenía entre manos. Terry estaba de pie frente al espejo, leía y leía su guión absorto en la pasión de actuar. Oyó, pero sin percibirlo, el clic de la puerta. Miro de repente, vio el rostro de Susana, Terry quedo terriblemente sorprendido. Todo su miedo reprimido y subconsciente brotó a la existencia con angustia.

- ¿Te gusta, Terry? – dijo la rubia mostrándole el vestido de novia que traía entre sus manos.

- Sí – mintió él, a penas capaz de hablar. Susana sonrió y él se preguntó por qué parecía tan feliz.

- ¿Iras a casa? – indago acercándose para besarlo, él negó con la cabeza - ¿por qué?

- No es propio de una futura novia que su prometido habite en la misma casa – repuso él.

- Podrías acompañarme a cenar – insistió.

- Esta bien – terminó vencido, era inútil discutir con Susana, él era su títere y ella lo sabía bien – me cambiaré – e inmediatamente después se metió detrás del biombo.

Susana contemplaba la figura de Terry desde el otro lado, sus medios movimientos. Había una fijeza en él que apresuraba las actividades del corazón de ella. De repente él salió vestido con un traje formal.

Durante la cena, Susana hablo de los detalles que faltaban para su boda, el gran día sería en dos semanas, Terry participaba con opiniones cortantes. La rubia sentía que su prometido se tomaba a broma todo el asunto, pero no dijo nada.

- Ya no puedo esperar – dijo ella con voz cantarina - ¿te imaginas? Pronto seré Susana Granchester... tu mujer – agregó y el ambiente tuvo una sensación de violación en el aire, él la miro como si ella hubiese dicho lo imperdonable. Dio gracias y se fue de la casa tan rápido que parecía que lo estaban siguiendo.

Terry camino, tomando un taxi hubiera llegado a casa de su madre en pocos minutos, pero no, debía ir a otro lugar, el lugar que se volvió su santuario privado.

Llego a un edificio en una zona no muy exclusiva, pero sí muy agradable y al cruzar la recepción fue recibido amablemente por la casera. Metió la llave y lentamente abrió la puerta de su antiguo departamento.

Miro todo con infinita ternura y se recostó en la cama, junto a ella estaba el afiche de Romeo y Julieta con el nombre de... ella como protagonista, gruesas lágrimas comenzaron a fluir de sus verdiazules ojos y por su mente paso un recuerdo que lo atormentaba día y noche.

Flash Back

Desde hacía unas semanas, Terry había sido requerido en Chicago. Trato por todos los medio de no ir en busca de ella, y se alegraba tanto de poder irse de esa ciudad esa misma mañana. Compró un periódico y se sentó a esperar el próximo tren.

Albert no estaba fijo en una residencia. Tenía un departamento en Boston porque su trabajo estaba principalmente en esa cuidad. Pero a menudo, también, viajaba mucho a Nueva York y Chicago. Cuando piso la plataforma de la estación de ferrocarril vio a Terry leyendo un periódico y esperando, evidentemente, el tren. Albert se quedó a alguna distancia entre la gente. No tenía la necesidad de abordar a su amigo.

De cuando en cuando, de un modo peculiar, Terry levantaba la cabeza y miraba alrededor, aunque estaba leyendo con atención el periódico debía mantener un ojo vigilante sobre el medio externo. Parecía haber en él una conciencia dual. Estaba pensando vigorosamente en algo que leía en el periódico, y al mismo tiempo sus ojos corrían sobre las superficies de la vida circulante, sin perderse nada. Albert que le estaba observando, quedó irritado por su dualidad. Observó también que Terry siempre parecía distante de todos, a pesar de su rara actitud cuando se le estimulaba. Movido por algo, Albert se acercó cautelosamente y Terry se estremeció violentamente viendo la mirada afable brillar desde el rostro de su ex amigo, que se acercaba extendiéndole la mano.

- ¡Hola, Terry! ¡Tanto tiempo!

- ¡Albert! – exclamó el castaño y ambos hombres se miraron sin tener nada más que decirse.

- ¿Qué leías en el periódico? – preguntó Albert solo por decir algo, Terry le miró.

- Es interesante lo que se publica en el periódico – dijo – Aquí dice – señalo una columna – que un preso huyó de la cárcel y como... ¿cuál será la palabra indicada? – pensó en voz alta – fortuna fue asesinado, según se dice Donovan, ese es el nombre, escapo para vengarse de alguien... qué cuidad más peligrosa – dijo el castaño – aunque eso fue hace tres semanas y aún siguen hablando de ello, pero al parecer la nota es incompleta – Terry no notó como las manos y puños de su acompañante se tensaron al momento de escuchar el nombre del occiso – además... la noticia del año... – sonrió de medio lado, pero sus ojos denotaban una furia que trataba de contener – el patriarca de una de las familias más ricas de Estados Unidos se casará pronto... creo que no hay necesidad de decir el nombre de la novia, ¿verdad? - hubo una extraña sonrisita en los verdiazules ojos de Terry, una mirada de diversión. Tranquila y furiosa - y dime, ¿cuándo es el gran día? Porque según el diario adelantaron la fecha – el castaño miró al rubio detenidamente - ¿acaso tío abuelo William hizo algo indebido? – Albert tenía el ceño levemente fruncido y tenso. Estaba comenzando a molestarse.

- No tengo por qué darte una explicación, y si hablamos de noticias, según sé, el mejor actor de Broadway también contraerá nupcias pronto – la sonrisa empezó a desvanecerse de los ojos de Terry, y mirando con ojos tranquilos, decidió no enfrascarse en una discusión, Albert no tenía la culpa de nada, pero los celos de Terry no lo dejaban pensar claramente, sabía que él disfrutaría de la compañía de Candy, para él serían todas sus sonrisas y tiernas miradas... así como el virginal cuerpo de la pecosa, no, no quería evidenciar ante Albert que estaba muriéndose de celos, ellos tenían derecho a ser felices.

Terry volvió a mirar al rubio, la situación era verdaderamente tensa, ambos jóvenes se observaban a los ojos, para un observador cualquiera no había furia contenida, pero quien conociera a esos hombres se daría cuenta pronto que entre ellos algo estaba a punto de romperse para siempre.

Sus mentes los torturaban con diversas imágenes, por la cabeza de Terry se cruzó ese día en que Albert no dejo que se acercara a Candy, sus puños los apretaba cada vez más, hasta el punto de que sus nudillos se volvieron blancos, todo lo planeó Albert para quedarse con ella, todo...

La mente de Albert le hizo jugarretas y se imaginó a Candy en brazos de Terry, besándose apasionadamente, haciendo una y otra vez el amor, jurándose amor eterno entre sábanas de seda, no, eso era demasiado y una corriente de electricidad viajo por su brazo hasta el punto de casi obligarlo a golpear a Terry, pero ¿por qué?

En eso Terry golpeo el rostro de su amigo haciéndolo caer, Albert lo miró extrañado, había pocos pasajeros y ninguno los reconoció, después de una larga mirada, el castaño le tendió la mano al rubio.

- No hay mejor hombre para ella que tú – dijo al fin Terry y sin más subió al tren para alejarse nuevamente.

Pero justo un día antes de la fecha pactada, regreso a Chicago, tenía que comprobar por sí mismo que Albert era el hombre indicado para Candy, se sentó en los asientos de en medio y cerca del pasillo paralelo al principal.

Miro los ojos de su amigo, en ellos había un extraño brillo de felicidad y no era para menos, se casaría con la mujer más hermosa y maravillosa del mundo, ahí estaba ella bellamente ataviada por un vestido de seda natural y encajes, toda de blanco con su rubio cabello levantado por lo alto de su cabeza con dos ligeros mechones enmarcando su bello rostro. Vio un momento de duda en los ojos de la rubia, pero en un instante se desvaneció y con él toda esperanza para una vida a lado de su pecosa.

Sin poder soportarlo más se levantó sigilosamente y de la misma manera se dirigió a la salida, mientras caminaba miro fugazmente a la novia, quien también lo miraba extrañada, lo último que vio fue como Albert le tendía la mano a Candy, quizá si hubiese esperado unos minutos más se hubiera topado con la novia que corría desesperadamente, pero la vida no es justa y Terry se marchó a pasos lentos que lo alejaban más de la esperanza, pensó que en ella habría duda y si ese momento hubiese durado más él le hubiera reiterado su amor, a pesar del olvido de ella, trataría de conquistarla de nuevo, pero no, ella siguió avanzando y, Terry supo en ese momento que ella lo condenaba al mismo infierno, le dolía el corazón, amaba a Candy, pero si ella había seguido, él también lo haría, después de todo la pecosa lo había decidió así, sola, sin pedir la opinión de nadie, entregándolo como si él fuera un trofeo.

Después de eso, se dedicó a los ensayos con más pasión, debía sacar todo recuerdo de su mente. También procuraba participar en los detalles de su próxima boda, pero aún con todo, no lograba entusiasmarse.

Fin Flash Back

"Seguramente ahora estas disfrutando de tu luna de miel" pensó Terry y se quedó dormido mientras unas lágrimas se escapaban de sus ojos sin que pudiera evitarlo.

La mañana llego y encontró a Terry aún dormido, unos insistentes toquidos lo despertaron.

- ¡Señora, Raquel! – exclamó con sus ojos medio cerrados.

- ¡Buenos días, joven! – saludó la amable señora – como no bajaba me preocupe, usted siempre madruga, le traigo su desayuno y una carta que llego hace dos días – Terry abrió sus ojos lo más que pudo al escuchar que recibió una carta, la pregunta que cruzaba su mente era ¿de quién?

- Gracias – dejo la bandeja en la pequeña mesa y tomo la carta, al mirar el remitente su mirada se endureció y arrojo el sobre, miro por la ventana y por encima de su hombro vio con furia ese pedazo de papel que tenía a unos pasos – Maldición – bufó y recogió el sobre.

"Terrence:

Tal vez te parezca extraño recibir esta carta. Han pasado muchos años desde que nos separamos, pero nunca dejé de amarte, hijo. Las circunstancias te obligaron a huir de mí; sin embargo, tengo muy guardado en mi mente y en mi corazón tu recuerdo.

Últimamente he tenido mucho tiempo para reflexionar, y quiero pedirte que me perdones, fui un testarudo. No supe cómo demostrarte mi amor, eres tan idéntico a tu madre, tienes sus hermosos ojos, pero el mismo carácter que yo"

"Sin duda" pensó Terry "tanto que cometí el mismo error que tú"

"¿Qué es de tu vida, Terrence? Supe que has triunfado como actor y me siento muy orgulloso, pero no se dice mucho de tu vida amorosa, solo sé que te vas a casar pronto, espero que sea con esa linda colegiada que se veía, te amaba mucho.

Cuando supe eso quise felicitarte personalmente, pero una enfermedad que hoy me atañe me ha imposibilitado viajar y solo quiero saber que me perdonas antes de abandonar este mundo. Comprendo que fui un orgulloso arrogante y que eso me separo de ti y te cause una gran tristeza, pero espero que comprendas y que puedas perdonar a este viejo que se arrepiente enormemente.

Con todo mi amor, Richard Granchester"

Un remolino de emociones azotó a Terry, movió la cabeza consternado. Su padre, hacía cuánto que no sabía de él y ahora se enteraba que estaba muriendo, eso era demasiado. ¿Qué debía hacer? De nueva cuenta, se asomó por la ventana, parecía que iba a llover. Por su mente vagaban ideas difusas, su padre estaba reconociendo que lo había herido profundamente, además quería su perdón antes de morir, Terry desde hacía mucho lo había perdonado basado en su propia culpabilidad, siempre lo juzgo y le recrimino, pero Terry no demostró ser mejor hombre que él.

Ahora el problema era cómo se lo explicaría a Susana, a dos semanas de su boda, pero ella debía comprender.

Se dirigió con paso rápido al teatro y le pidió a Robert que le adelantara las vacaciones que le daría por su boda, cuando salió del teatro abordó un taxi y se sintió extrañadamente liberado. Sabía que Susana entendería, siempre fue una mujer muy comprensiva y amorosa, lo que lo tenía preocupado era la reacción de la señora Marlow.

Ambas damas escucharon con atención las palabras de Terry, la rubia menor podía percibir la angustia en la mirada de su futuro esposo, ella pensó que todo estaría bien, después de todo, Candy ya estaba casada.

- Terry, tu padre está muy enfermo y sé que verlo por última vez significa mucho para ti, pero... tengo miedo de que no vuelvas.

- Susy... – la miro intensamente a los ojos, con suplica – confía en mí... te di mi palabra y ante todo soy un caballero – esto último entristeció a la ex actriz, pero lo disimuló muy bien.

- Está bien, Terry, pero prométeme que regresarás y nos casaremos.

- Lo prometo, Susy.

Terry pudo ver algo de desilusión en Susana, pero al mismo tiempo comprensión, poco a poco esa joven se había ganado el cariño de Terry, y estaba seguro que cuando fueran un matrimonio sólido la amaría, y sino, al menos sería feliz a lado de una extraordinaria mujer.

- Iré a ver a mi padre y regresaré en poco tiempo – dijo mientras abrazaba a la rubia – te quiero, Susy.

- Yo también te quiero, amor.

La señora Marlow, para sorpresa de los dos jóvenes no se negó, al contrario le deseo un buen viaje a Terry, ella sabía que la muerte del duque y un encuentro de esa magnitud significaría algo importante, monetariamente hablando y por qué no, también a nivel nobiliario.

Susana se sintió feliz, pero al mismo tiempo preocupada, tenía un presentimiento que le estrujaba el corazón, pero no podía hacer otra cosa, mas que esperar y confiar en el amor que Terry le había profesado.

Terry se dirigió al puerto, tuvo suerte, con la guerra los barcos de pasajeros eran escasos y esa tarde zarpaba uno a Londres, lo abordo y miro a la orilla que poco a poco desapareció entre la oscura noche.

Sin saber que ese viaje cambiaría su vida, Terry se metió a su camerino para descansar, desde aquella noche de 1911 odiaba, aún más, estar rodeado de personas.

Continuará...

Espacio para charlar

Como decía un profesor de la universidad, ahórquense solas, si publico cada semana y media es probable que me tarde más en subir los nuevos capítulos a riesgo de que el tiempo no me alcance para poder concentrarme en ellos, pues como saben, tengo 2 historias más que están siendo publicadas y que al igual que esta esperan ver la palabra fin. Si están dispuestas a correr el riesgo, yo no tengo problema en publicar en la mitad del tiempo que había anunciado en el capítulo anterior.

Yo sé que muchas creían que el hijo de Candy sería el que la uniera con Terry, pero no, tengo otros planes para eso. Les aviso de una vez, porque no quiero que digan que me paso de lista, Albert muere en este fic a manos de Susana, sé que es robarle un poco de suspenso a mi historia, pero la chica que fungía como mi editora cuando empecé a publicar dijo que era un inesperado giro y que a muchas no les gustaría llegar a ese punto y tener que abandonar la historia debido a eso, e este fic Susana es la villana que muchas creen que es.

Gracias por recordar esta historia a quien la han esperado durante tanto y también, gracias a las nuevas lectoras, espero no decepcionarlas ya que como explique arriba este puede ser mi último fic.

Leí todos los reviews, muchas gracias y a quienes no les gusto el fic están en su derecho de no leer.