Y para que vean que tan mala no soy ;) jajajaja, les dejo el segundo capitulo con todo mi sadico amorsh ;) jajajaja, besos, nos leemos abajo.
Capítulo 2
— Diamante, cariño, ¿de verdad tenemos que ir? Mira que…
— No tienes que ir si no quieres, Esmeralda. — Le dijo Diamante mientras intentaba (sin éxito) ponerse la prótesis— Yo voy a ir al rancho no solo porque Darien me llamó y me lo pidió, también es porque…
— Cariño, no te enojes y ven, déjame ayudarte.
Esmeralda, que adoraba a su esposo, lo amaba más de lo que una persona debía amar a otra, se hizo a sus pies y empezó a ayudarle a ponerse la prótesis aquella que, después de mucho rechazar, que después de meses de rechazar, finalmente había terminado aceptando porque Esmeralda se lo había pedido; y había pocas cosas en la vida que él le negaba a esa mujer. Diamante, aunque no lo decía mucho, la amaba como nunca había amado a nadie en su vida, la quería mucho y hacia lo posible por darle gusto, por mantenerla contenta.
— Listo, ya quedó, mi rey hermoso.
— Esmeralda, —sonrió y le acarició una mejilla con ternura mientras ella ronroneaba en su mano como eso, como una gatita muy consentida— perdóname si fui grosero contigo hace un momento, mi reina, pero es de verdad, si no quieres venir conmigo a la: Black Lady mientras Darien regresa de su viaje, no tienes que hacerlo. Es solo que…
— ¿Qué clase de esposa seria si mi amado esposo me invita a ir a uno de los ranchos más grandes y hermosos de todo México a pasar unos días con él y yo me negara, eh?
— Esmeralda…
No lo podía evitar, ella era una de las pocas personas (por no decir que la única) que lo hacía reír.
— La peor. Es solo que, me he divertido tanto teniéndote aquí, todo el tiempo en la casa y conmigo, que me preocupa que si vas al rancho y empiezas a, bueno, a relacionarte con todo lo del negocio otra vez, ya no vayas a…
— Yo también me he divertido mucho contigo aquí y haciéndotelo en cada rincón de esta enorme casa pero, mi reina, creo que ya es hora de regresar a trabajar. Y no solo porque Darien, que me ha ayudado tanto en todo este tiempo, me llamó y me lo pidió.
Esmeralda hizo cara de confusión mientras se levantaba del alfombrado suelo y se sentaba sobre él, sobre sus delicadas piernas que aún no se recuperaban…
— Es también porque me preocupa esa muchacha, me preocupa todo lo que ha estado haciendo esa descarada de Hotaru.
— Pues viéndolo de esa manera… Tienes razón; además, la muy desgraciada, ¿puedes creerlo? ¿Cómo se atrevió a reducir nuestros ingresos? Infeliz… Mejor, mejor que regreses, mi amor, y le enseñes quienes son los que verdaderamente mandan en esta familia.
— Esmeralda… — Reía sin descanso mientras ella entrelazaba las manos en su cuello y se acercaba a su rostro con la firme intención de besarlo— Sé que no te lo digo mucho pero yo te…
— Shu.
Le dio un casto beso en los labios y después, muy sonriente, le dijo mientras se levantaba de sus piernas…
— Lo sé. No tienes que decirme que me amas porque yo, Diamante Black, eso ya lo sé. Dime, mi rey hermoso, ¿empaco maletas para cuantos días?
— Sabes que no me gusta estar como un botones cargando un montón de maletas.
— Diamante… — Reía.
— Empaca solo unas cuantas cosas, como para tres días, y en el caso de que nos vayamos a quedar más tiempo, pues salimos y compramos ropa si nos hace falta.
— Está bien, cariño, como tú digas... Siempre es como tú digas, mi rey, mi amado Diamante…
— Eres una mujer muy obediente, ¿verdad, preciosa?
Esta asintió con una sonrisa muy, muy seductora mientras dejaba la ropa y las maletas sobre la cama.
— Ah, aún es temprano. ¿Qué dices si vamos a la piscina y me ayudas con las terapias antes de irnos? ¿Quieres?
— Sabes que tus deseos, mi amado rey, son órdenes para mí…
— Esmeralda…
Sonriente, mientras ella dejaba lo que estaba haciendo, empezaba a quitarse la ropa y se acercaba hacia donde él estaba sentado, agradecía mentalmente el tener una mujer como ella a su lado. Diamante, que había caído en una fuerte depresión cuando le pasó lo que le pasó, decidió refugiarse en ella y en todo el amor que le daba para tratar de encontrar consuelo, para encontrar una razón para seguir viviendo… Mientras correspondía a sus siempre apasionados besos, y se preparaba, (como todos los días) para hacerle una vez más el amor, no se arrepentía ni por un instante de la decisión que había tomado hacia muchos meses atrás. Mientras disfrutaba de la suavidad de su piel sobre la suya, mientras se deleitaba con lo suave de sus erizados senos sobre su rostro, pensaba que lo mejor que pudo haber hecho fue haberse alejado del negocio. Pensaba, mientras Esmeralda empezaba a deslizarse por su esculpido pecho y lo llenaba de delicados besos, que había aprovechado muy bien el tiempo…
Diamante disfrutaba de las caricias, de los besos y del amor que le daba su esposa mientras que Zafiro decía por teléfono algo molesto…
— Sabes perfectamente que mi familia siempre está y estará primero que tú y que cualquiera.
— Pues sí, yo sé eso pero es que Zafiro, mi amor, me haces tanta falta… Llevo muchos días sin verte y…
— Lo siento mucho, Hotaru, pero tendrás que buscar algo en qué entretenerte. Hoy, Petzite y yo tenemos que ir al jardín de Edmundo para…
— Edmundo, Edmundo, Edmundo, ¡siempre es lo mismo!
Le dijo Hotaru completamente salida de casillas.
— ¡Siempre pasa algo con ese maldito mocoso que ni siquiera es tu hijo!
— ¡Cállate! — Se enojó igualmente Zafiro— ¡No vuelvas a decir ni por error que Edmundo no es mi hijo! ¡¿Te quedó claro, perra?!
— Zafiro, mi amor, yo no…
— Edmundo es mi hijo y no voy a permitir que nadie, mucho menos una mujerzuela como tú, diga lo contrario. Si te sirve, nos vemos mañana por la noche y si no, no me importa. Adiós, tengo que cortar porque ya voy tarde para ir a recoger a mi esposa y a mi hijo.
— Zafiro, Zafiro, ¿bueno? ¿Zafiro? ¡Ah, maldita sea!
Bien dicen que toda persona tiene una debilidad y van a ver y es cierto, completamente cierto… La de Sansón era (y por lo que dicen las historias) las mujeres hermosas; ya ven que después de una romántica noche de pasión con la chica esta que le cortó el cabello y lo dejó sirviendo para nada (risa) bueno, eso no lo dicen en los cuentos pero, ah, ¿en serio? ¡Eso fue! Apuesto lo que sea, que sé que no lo pierdo, a que eso fue. El tonto de Sansón era adicto a las mujeres, a sus curvas, a todos sus encantos…Y por eso cuando esta nena de Dalila, (que dicen que era más que kawaii) lo sedujo y lo llevó a la cama para después poderle hacer la maldad que le hizo, ¡pam, aceptó de una! (risa de nuevo) La debilidad de ese bobo eran las mujeres, la de Aquiles, su talón, y la de Hotaru, tenía nombre y apellido: Zafiro Black…
Hotaru, que estaba (según ella y su desquiciada cabeza) completamente enamorada de ese loco igual a ella, tiró el teléfono contra la pared y cayó sobre la cama rompiendo en llanto. Ella, amaba a Zafiro y estar lejos de él y de su cuerpo que le daba tanto placer, le producía un gran dolor, mucho sufrimiento… Tirada en la cama y llorando cual magdalena fuera, aun no entendía por qué era que él la trataba tan mal si ella hacia todo por él, todo lo que él le pedía…Llorando de dolor y también de ira por no poder acabar con los causantes de su sufrimiento, maldecía el profundo amor que le tenía al desgraciado de Zafiro golpeando fuertemente aquellas almohadas de algodón…
— ¡Maldita sea, maldita sea! ¡¿Por qué, eh?! ¡¿Por qué me tenía que enamorar de ti Zafiro?! ¡Maldita la hora en la que te conocí, maldita sea la hora en la que te conocí!
Hotaru, lloraba amargamente tirada sobre esa enorme cama su pena mientras que él, Zafiro, que le importaba Hotaru lo mismo que Petzite se gastaba mensualmente en los gastos de su hijo, o sea nada, iba llegando en su hermoso auto nuevo por ellos.
Y cuando bajó del auto y empezó a caminar hacia donde ellos estaban…
— ¡Papá!
— Mi muchacho. — Lo levantó en brazos Zafiro mientras él, Edmundo, su pequeño hijo de casi dos años, corría hacia él muy sonriente— Pero mira nada más lo elegante que estas.
— Hola, mi amor.
— Hola Pet. —Correspondió a su beso— ¿Lista? ¿Nos vamos? ¿Tienes todo listo?
— Sí, sí, mi amor, no se me queda nada.
— ¿Y Jimena? ¿Ella no va a venir?
— No, no, — le respondió muy sonriente mientras abría la puerta del auto y le recibía al niño para sentarlo en su asiento especial— hoy no la necesito y decidí darle el día libre. ¿No te molesta, verdad?
— Para nada.
Dijo después de asegurarse que ella le había puesto bien el cinturón a Edmundo y después, cerrando la puerta.
— Es más, me alegra. Me gusta más que el niño este contigo que con una niñera pero… No voy a decir nada más que eso. Tú estás feliz estudiando y si eso te hace feliz y me evita problemas contigo… Bienvenido sea.
— Gracias mi amor. —Le dijo muy sonriente mientras subían al auto— Muchas gracias por todo lo que haces por nosotros y…
— No tienes que darme las gracias por eso, Pet, porque si alguien está agradecido aquí, ese soy yo.
— Zafiro…— Le acarició el rostro, el maltratado y arrugado rostro cuando él se quitó la máscara especial que Darien le había mandado hacer y la miró— Te amo tanto, tanto mi amor…
— Y yo a ti pero bueno…
Cambió abruptamente el ambiente entre ellos porque no le gustaba ponerse así, tan sentimental…
— ¿Cuáles son los planes para hoy? Tengo pensado dedicarles todo el día ya que, bueno, la señora nos ha hecho el favor de no ir a estudiar... ¿Verdad que sí, Edmundo?
— ¡Zafiro! — Reía al igual que él lo hacía— Que malo eres, eh amor, eres muy malo conmigo…
— Bueno, bueno, bueno, ya, ya en serio, Pet, ¿Qué vamos hacer? Yo estaba pensando en que después de que salgamos del jardín del niño, nos fuéramos para, espera un momento. ¿Bueno? Ah, hola Diamante, pero que milagro, hermano.
Reía mientras Petzite lo miraba como siempre lo miraba, muy enamorada…
— Igual que tú, por algo somos hermanos. Nada, vamos a ir a una reunión que tenemos en el jardín de Edmundo y después de eso estaba pensando en llevármelos para la cabaña a pasar el resto del día allá. ¿Por qué me lo preguntas? ¿En serio? ¿Vas para el rancho? ¿Y eso? No, ¿se fue de viaje? ¿Y para dónde?
— Zafiro, mi amor, ¿Qué es lo que pasa?
— Aquí Diamante que me está diciendo que Darien se fue de viaje y que no hay nadie supervisando el rancho.
— Bueno, nadie no. —Hizo mala cara Petzite— ¿Allá no vive pues la sádica esa de su hermana?
— Espera, espera, ¿Qué fue lo que me dijiste, Diamante? Ah, pues yo tenía pensado era ir mañana pero, bueno, no es mala idea que estemos los dos allá. Pet, ¿Qué si nos vamos con ellos para el rancho, para la: Black Lady?
Asintió.
— Que sí. Nos vemos allá más tarde entonces. En cuanto nos desocupemos de la reunión del niño, salimos para allá.
— Zafiro, mi amor, encontrémonos con ellos y vámonos para allá. La reunión esa no es tan importante.
— ¿Estas segura?
Petzite volvió asentir pero asintió sonriente.
— Bueno, Diamante, ¿Dónde están? Espérennos, ya vamos para allá.
Los hermanos Black (y sus familias) iban de camino para la: Black Lady, (motivo de discordia entre Hotaru y los Black) para darle una inesperada sorpresa precisamente a ella y, en Japón, muy lejos de ellos y de sus problemas, Amy le decía a Serena antes de irse a trabajar…
— No lo sé, no lo sé Serena, desde que me levanté estoy así. Es lo que te digo, tengo como un mal presentimiento. Yo creo que lo mejor es llamar al hospital y decirles que este fin de semana no voy a ir a trabajar, quiero quedarme con Hana y…
— Hana, va a estar bien. — Le dijo Serena muy sonriente y sentada a la mesa con ella y claro, sus hijos que hacían de ese cereal lo de siempre, una divertida fiesta— Vete a trabajar tranquila que Mina y yo cuidamos a los niños, no te preocupes, todo va a estar bien.
— Ay, Serena…
Le dijo mientras se levantaba de la mesa e iba hacia donde estaba su pequeña peli negra de ocho meses jugando con su plato, con su plato y con el cereal que ella le había dado…
— Yo sé. Si yo acepté trabajar los fines de semana haciendo el turno de urgencias para que la doctora Mizuki y Natsuki pudieran descansar, fue por eso, porque ustedes me ofrecieron su apoyo pero no es porque no confié en ustedes. Es que de verdad, de verdad siento que no debería salir hoy, que debería quedarme aquí, con ustedes y con Hana. ¿Verdad mi amor?
— Ma…Má. Mamá…—Le decía la pequeña mientras Amy le limpiaba la barbilla con el babero que tenía puesto— Ma…Mi…
— Déjate de supersticiones que tú eres médica. — Sonrió Serena mientras se levantaba igualmente de la mesa e iba con las niñas para darles el desayuno— No va a pasar nada y vete, vete tranquila que si algo… Llegará a pasar…
— Sí, creo que tienes razón. Adiós mi amor.
Le dio un beso a su hija y, como estaba maquillada, le dejó la marca de su pintalabios en la mejilla en la que dio el beso.
— Hasta la noche, mi amor, mi princesa... Pórtate bien y nada de hacerles travesuras a tus primitos, ¿oíste?
— ¿Y tú todavía sigues aquí, Amy?
— Hola, Mina. — Le respondió sonriente— Sí, pero ya me voy. ¿Nos vamos, Lita?
— Sí, sí, vámonos.
Le respondió Lita mientras se terminaba de acomodar su bolsa y los zapatos.
— Yuki sigue dormido, Serena. Intenté despertarlo para arreglarlo y que ustedes pudieran llevarlo al jardín pero, ay, es que no tuve corazón para despertarlo. Mi niño, se ve tan dulce y tan angelical cuando duerme… Me recuerda tanto a…
— ¿A quién, Lita? — Le preguntó esa maliciosa de Mina con una gran sonrisa en el rostro mientras su comentario, hacía reír a sus amigas y a ella que se pusiera roja de la pena— ¿A quién te recuerda, eh? ¿De casualidad no será a…?
— Ahora no tengo tiempo para tus cosas, Mina. Vámonos, Amy, ya es bastante tarde.
Amy y Lita se despidieron de sus amigas mientras estas, Mina y Serena, se seguían riendo de haber visto a Lita tan roja, tan nerviosa cuando casi se le escapaba lo que ya todas sabían, que extrañaba a Neflyte y que seguía enamorada de él…. Todas ellas, eran muy buenas amigas. Ya llevaban un poco más de año y medio viviendo juntas y gracias a eso, a todo lo que habían compartido hasta ese momento y no solo eso, a que hablaban tanto entre ellas y se querían tanto, que se conocían muy bien, eran excelentes amigas. Todas sabían que seguían enamoradas de los respectivos padres de sus hijos pero, ninguna de ellas, se atrevía a reconocerlo frente a la otra; bueno, casi... Mina, que era y siempre seria Mina, sí decía a boca llena que amaba con toda su alma a Yaten, que lo amaba y que cada día lejos de él era una verdadera tortura.
Nuestras queridas amigas empezaban su día como todos los días. Ellas, seguían con su rutina de todos los días inocentes de que cuatro dormidos hombres en un avión, iban hacia ellas… Amy y Lita, trabajaban, Mina y Serena, decidían no llevar los niños al jardín ese día, los muchachos en el avión, dormían incómodamente en aquellos pequeños asientos y, unas horas después, en la: Black Lady, Hotaru recibía una visita completamente inesperada…
En el umbral de la entrada de la hacienda, de pie y brazos cruzados, veía con atención como Malachite y Jedite ayudaban a Diamante a bajar las maletas que llevaba en la cajuela de su camioneta.
Molesta ante su llegada pero poniendo su mejor cara, llegó con ellos y les dijo con su sonrisa más falsa…
— Diamante, Zafiro, pero que sorpresa verlos aquí.
— Hotaru. —La saludó Diamante de la misma forma que ella lo hacía con ellos, hipócritamente… — Sí, bueno, decidí venir a pasar unos días con Esmeralda y los muchachos aquí aprovechando que Darien no va a estar. ¿No te molesta, verdad?
— No, no, para nada.
Seguía en su pose de amable, muy sonriente…
— Siempre son más que bienvenidos. Pasen, pasen, —miró muy disimuladamente a Zafiro que estaba más que entretenido con Edmundo, su pequeño hijo que estaba tan apegado a él, mientras Petzite sacaba la carriola que mantenía en la cajuela del auto— pónganse cómodos y cuando hayan descansado, Malachite y los demás podrían llevarlos a recorrer el rancho. Darien compró nuevos caballos; también tenemos un pony, Petzite, ya sabes, por si quieres darle una vuelta en él al niño.
— Gracias.
Le respondió Petzite mientras le quitaba el niño a Zafiro y lo cargaba, le respondió pero por mucho que lo intentaba, no podía disimular lo mal que le había empezado a caer esa niña. Tal vez era porque tenía sus sospechas sobre ella, sospechaba que ella era la amante que su marido le estaba escondiendo hacía meses…
— Es muy, considerado de tu parte, Saturn. Muchas gracias.
— No hay de qué. Malachite, Jedite, llévenlos a sus habitaciones. Después, vayan con las muchachas y pídanles que…
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Llegó la noche. Eran las nueve de la noche y todos ellos estaban compartiendo unos tragos muy alegremente en la enorme sala de ese lujoso lugar. Riendo hipócritamente, hablaban de un tema que todos ellos tenían en común mientras Petzite, se encontraba haciendo dormir a ese pequeño que no se parecía ni a ella, ni a él. Todos ellos mantenían aquel teatro de la "gran familia única y feliz" mientras hablaban del repentino y sorpresivo viaje de Darien.
— Realmente me sorprendió muchísimo que Darien se fuera de viaje hoy, así, de un momento a otro. Ustedes saben que él…
— Es bastante meticuloso con cada cosa que hace, lo sabemos, querida madrastra. — Reía fuertemente Diamante ante su último comentario.
— Creo que es suficiente licor por hoy, mi amor.
Dijo Esmeralda y le quitó la copa que él iba a tomarse.
— Creo que lo mejor será que nos vayamos a dormir ya. Muchas gracias por los tragos, Hotaru, pero como veras… Aquí el señor está bastante pasado de…
— Yo no estoy nada, Esmeralda, y espérate, espérate que aprovechando que estamos todos aquí reunidos, como la "gran familia que somos", me gustaría preguntarle algo a la madrastra, mi amor.
— Diamante… En serio, ya nos más que…
— Adelante, Diamante. — Respondió muy sonriente una también ya tomada Hotaru— pregunta lo que quieras. ¿Qué quieres saber?
— Yo sí quiero saber tú por qué chingados nos mermaste la mensualidad, ¿ah? ¿Por qué? Porque cuando mi papá vivía, nosotros siempre…
— Lo has dicho muy bien, Diamante, cuando Edmundo vivía…—se levantó de la silla y caminó hacia un retrato que había del él, del "Gran sabio" en una inmensa pared de la sala luciendo triste, muy triste y acongojada…— Las cosas eran diferentes… Muy diferentes…
— Eso no contesta mi pregunta, Hotaru.
— Solo les estoy dando lo que creo que merecen por su trabajo, que, en tu caso particular, bueno, no es mucho que digamos…
— ¿Qué es lo que quieres decir con eso, eh? Tú bien sabes, bueno, Darien mejor que nadie sabe, que gracias a mi lesión yo no… Y no me parece justo que…
— Zafiro, —dijo y miró a Zafiro que estaba incomodo, aunque, parecía extraño para algunos que lo conocían muy bien, como Diamante por ejemplo, estaba incomodo ahí; pues estaba en medio de nada más y nada menos que de su esposa y su amante… Una amante que, y por lo que parecía, no se iba a poder quitar de encima tan fácilmente como lo había hecho con las demás hasta ese momento— siguió trabajando pese a su delicado estado de salud. Se reintegró a la administración de los bares y de las entregas mucho más rápido que tú que, con todo el respeto que me mereces, quedó mucho peor que tú cuando pasó lo que pasó.
A Diamante, le provocaba levantarse de cómodo sillón en el que se encontraba sentado, sacar su arma y llenarle la cabeza de balas por lo que le había dicho pero respirando profundo, sacando su lado más zen, su lado más tranquilo, se levantó del sillón, le ofreció una mano a su esposa para que ella hiciera lo mismo y mirando a Hotaru fijamente a los ojos (mientras esta sonreía plácidamente por haberlo puesto en aquel estado) le dijo…
— Esmeralda tiene razón, creo que he bebido de más y lo mejor será irnos a descansar. Buenas noches, Hotaru, mañana temprano me gustaría que nos viéramos para que me enseñes cómo va la mercancía que deben despachar el viernes, ¿te parece?
— Claro, no hay ningún inconveniente, como tú quieras. — Siguió sonriendo y se levantó del sofá muy formalmente para despedirlos, para darles las: "Buenas noches"…— Buenas noches, Diamante, Esmeralda, espero que pasen una muy buena ya que su habitación es la más amplia de todo el rancho.
— Gracias, igualmente. Hasta mañana, Zafiro, Petzite…
Estos, le respondieron con un gesto mientras, al igual que ellos, se levantaban del sofá para ir a la habitación que los trabajadores de Hotaru les habían asignado.
— Buenas noches.
Diamante, entrelazó su mano con la de su esposa y con su ayuda, una vez que los perdieron de su vista por aquel largo pasillo, se recostó en uno de sus hombros y empezó a cojear. Él, no manejaba muy bien la prótesis y cuando caminaba por mucho tiempo con ella puesta le dolía, le dolía mucho…
Ellos entraban a la gran y decorada habitación de finos muebles para dormir mientras que en la sala Zafiro decía a manera de disculpa para poder retirarse, es que de verdad le daba miedo estar solo con ese par de, bueno, de locas…
— Gracias por la plática, por los tragos y por todo, Hotaru, pero nosotros también nos vamos a dormir ya, estamos rendidos. ¿No es verdad, Petzite?
— Sí, sí, mi amor. — Tomó una de sus manos y la entrelazó con una de las de él, una de las de él que ya empezaba a sudar de ver cómo lo miraba Hotaru— Tienes toda la razón, lo mejor es irnos a dormir ya. Hasta mañana, Hotaru, gracias por toda tu hospitalidad.
— De nuevo, no es nada y que descansen, bueno, si es que pueden… — Río— Es que por aquí estamos en invierno y las noches han estado muy, muy frías… Como ustedes vienen de la ciudad, imagino que…
— Ah, no te preocupes por eso.
Sonrió muy maliciosamente Petzite mientras no le quitaba la mirada…
— Esa es una de las ventajas de estar casado, ¿no, Zafiro? Uno siempre tiene alguien a su lado en las noches, en las noches tan frías como esta, por ejemplo, para abrazarlo, para buscar calor en él…
Hotaru la miró como si con la mirada pudiera matarla pero, recordando que seguía en su papel de anfitriona hospitalaria, recobró su sonrisa y dijo…
— Sí, creo que tienes razón, Petzite; digo, yo no estuve casada por mucho tiempo, y no tuve la fortuna de compartir una noche como estas con mi querido Edmundo pero así es, poder dormir abrazado toda la noche a la persona que uno quiere, que uno ama, no tiene comparación. ¿Verdad, Zafiro?
— Buenas noches. — Tragó grueso y se apresuró a llevarse a Petzite de ahí— Con el perdón que ustedes me merecen, mujeres, pero yo estoy molido, fue un viaje muy largo. Hasta mañana, Hotaru, gracias por todo y que descanses. Ah, por cierto, gracias por haber acondicionado una habitación para el niño, no tenías que hacerlo.
— Lo hice con el mayor de los gustos, no fue nada y es más, fue divertido haber ido a comprar todas esas cosas.
Eso ultimo sí lo dijo de verdad. Había comprado todo eso pensando en que lo hacía para un hijo suyo, uno de ella y de él, claro.
— Hasta mañana, que pasen buena noche.
El ambiente entre ellos era tenso, hostil, muy delicado… Por eso y en parte descansando cuando se fueron, respiró hondo y dijo para dejar salir toda la frustración que le daba saber que estaba en su casa, a un paso de ella y que no podía estar con él porque estaba con ella, con la odiosa de su esposa…
— Maldita desgraciada, maldita pero lo que tú no sabes, estúpida gata, es que tu amado esposo se divierte mucho más cuando está conmigo que contigo, perra… Zafiro Black es mío y solo será mío, te lo juro…
Hotaru apretaba un puño de la ira mientras empezaba a ir a su habitación y ellos, el motivo de su enojo, estaban…
— Zafiro, oh, Zafiro, mi amor, ¿no que estabas muy cansado, que te caías del sueño? Oye, intento decirte algo, para. ¿No fue eso lo que le dijiste a la…?
— Pues sí pero eso solo se lo dije, —dijo mientras le desabrochaba el jean y lo tiraba a los pies de la gran y cómoda cama en la que la tenía acostada…— para poder venirnos para acá, para poder hacerte esto que te estoy haciendo.
— Oh, Zafiro, Zafiro, mi amor, te amo… Te amo y me encanta cuando eres así, cuando eres tan dulce y tan tierno pero no me parece que sea buena idea que nos pongamos hacerlo aquí. Estamos en la casa de…
— Mejor. — Le sonrió sádicamente mientras le terminaba de bajar las empapadas bragas y él, se quitaba la camisa y le dejaba ver a su esposa (y a nosotras, de alguna manera hablando) por que se había convertido en la obsesión de la desquiciada de Hotaru. Zafiro podía ser todo lo perro, loco y desgraciado que él quisiera pero de que tenía un cuerpo digno de un modelo, lo tenía. Tenía un pecho perfectamente bien esculpido y delicioso, era muy, muy atractivo…— Mejor porque eso, no sé, lo hace más emocionante, ¿o es que no quieres que te lo haga?
— Sí, sí, claro que quiero, mi amor, por supuesto que quiero que me lo hagas, yo, siempre quiero pero…
— Eso era todo lo que quería escuchar…
Zafiro, no se sabía por qué pero le encantaba hacer sufrir a Hotaru, lo disfrutaba más que cuando mataba y descuartizaba a alguien; que eso ya era mucho decir, ya llevaba mucho tiempo sin matar a nadie de esa manera. Zafiro sabía, porque en aquellos meses de clandestino romance con Hotaru la había aprendido a conocer muy bien, que ella debía estar ahí, fuera de su puerta escuchando todo lo que ellos hacían. Y él quería que ella escuchara como gemía, como gozaba Petzite mientras él le hacía suave y muy, muy lentamente el amor a su esposa…. Zafiro, que se había enamorado de Petzite, de toda su devoción, de todo el amor que ella le daba, no la cogía, no, a ella, a diferencia de Hotaru, que la cogía como cogiendo a un animal, muy salvajemente, siempre, todos los días, le hacia el amor… Era suave, amoroso, dulce, muy caballeroso con ella a la hora de hacerle el amor…
Y después de un juego previo que duró más de lo que Petzite hubiera querido, escuchó cuando esta le dijo deteniendo sus suaves manos que la acariciaban por todo el desnudo y erizado cuerpo con amor, con delicadeza…
— ¿No te gustaría que intentáramos algo diferente esta noche?
— ¿Qué pasa? ¿Es que no te gusta?
— Sí, no me mal intérpretes, mi amor. A mí me encanta, no hay nada en el mundo que me guste más que tu delicadeza a la hora de hacérmelo pero…
— ¿Delicadeza? — Pensó Hotaru con extrañeza mientras los escuchaba hablar tras la puerta— ¿De qué estará hablando esta estúpida si Zafiro es cualquier cosa menos…?
— Bueno, —le contestó un sonriente y excitado Zafiro— ¿y qué tienes en mente?
— Ven, acuéstate.
Unos pocos minutos después, la "pobre" de Hotaru no creía lo que escuchaba. ¡No lo podía creer! Por lo que escuchaba, la estaban pasando bien, muy bien de hecho…
Petzite estaba sobre él y de espaldas succionándoselo, bueno, para que se hagan a una idea de cómo era que estaban este par, estaban haciendo el sesenta y nueve… Ella, estaba acariciándoselo, y succionándoselo fuertemente mientras él, se deleitaba con la vista que ella había decidido darle. Petzite, estaba disfrutando el salado sabor de su líquido pre seminal mientras él, marcaba su trasero con sus dedos. La succión que ella le estaba haciendo era tan fuerte, tan acelerada y tan deliciosa, que se aferraba con todas sus fuerzas a su trasero para no ceder, para no dejarse ir en su delicada y caliente boca…
— Oh, Zafiro, Zafiro, mi amor… Esta tan dura, la tienes tan dura y tan rica, mi amor…
— Ca, cállate Pet que si me sigues diciendo esas cosas, yo voy a…
— ¿Qué? ¿A correrte? Oh, —acercó su pecho, su voluptuoso pecho recientemente operado, y lo puso en medio de ellas…—pero si eso es lo que quiero que hagas, mi amor… Quiero que te corras y que me mojes toda, quiero toda tu leche en mi nuevo pecho y, si puedes, en mi cara también….
— No, no, ¡ah, ya no puedo aguantarlo más!
Zafiro, se excitó, y como hacía mucho tiempo no lo hacía, por las succiones, por sus palabras… Al sentir los deliciosos pechos y, su lengua, masturbarlo de esa manera, se excitó. Se excitó a tal punto por sus juegos y por sus palabras, que no pudo evitarlo, se corrió y de qué manera en su pecho. Se vino y se vino tanto, con tanta fuerza y potencia, que incluso hizo lo que ella quería que le hiciera, manchó con parte de su semen toda su maquillada cara…
Hotaru apretaba los dientes de la ira que tenía mientras un muy satisfecho Zafiro decía… Sin poder casi que respirar…
— Guau, guau, hace, hace mucho que…
— Sí, hace mucho que no hacíamos algo como esto y, mi amor, he querido hablarte de esto pero, bueno, es que tú nunca tienes tiempo. — Dijo levantándose de su pecho y acostándose a su lado.
— ¿De qué? ¿De qué querías que habláramos? Yo lo que quiero es que sigamos…
— A mí me gusta que seas amoroso, cariñoso y tierno pero, mi amor, también me gusta esto. — Le sonrió sádicamente mientras empezaba acariciarlo ahí, (en su miembro que se resistía a caer) con fuerza para que su erección no se perdiera— Fue así como nos conocimos y no quiero que ahora que soy tu esposa, la mamá de tu hijo y la mujer que te ama, que te adora, cambies. Yo quiero que sigas siendo tú, tú… Ese hombre sádico, enfermo, loco y apasionado del que yo me enamoré. Ese es el hombre que yo amo.
— ¿Con que sí, eh?
Se levantó de la cama y con una gran sonrisa, se hizo en medio de sus piernas y le dijo mientras lo tomaba en una mano, se acercaba a la entrada de su húmeda vagina y le levantaba una de sus piernas, le dijo, mientras le sostenía la pierna derecha con fuerza y se preparaba para penetrarla fuerte, hasta el fondo…
— ¿Te gusta duro? ¿Te gusta que te la meta duro, hasta el fondo?
— ¡Sí! — Gritó fuertemente cuando él, se introdujo en ella de un solo golpe y empezó a embestirla con fuerza. — Oh, sí, sí, Zafiro, mas, dame más duro, mi amor…
— Te has vuelto una persona tan importante para mí que había olvidado que sí, que eres una mujer muy, muy ardiente… ¿Así? ¿Así o quieres que te lo meta más fuerte, más duro?
— Za, Zafiro, yo, yo, yo voy a… Si sigues dándome así, yo voy a…
— Oh, —incrementó el ritmo de sus fuertes estocadas, empezó a penetrarla más fuerte en cuanto ella le dijo aquello…— pero si eso es lo que quiero, mi amor… Quiero que te corras y que te corras mucho, quiero que te corras toda esta noche para mí…
— Zafiro, Zafiro, oh, Zafiro, te amo, ¡te amo mi amor, te amo!
Ante aquellos descontrolados gritos de pasión, de amor, Hotaru no lo soportó más y se fue a su habitación hecha una verdadera furia. Azotando la puerta cuando entró, se quitó los zapatos y se sentó en la cama no sin antes golpearla, no sin antes descargar en el puño que le dio a la pobrecita cama que no tenía la culpa de que su "novio" fuera un perro y un caliente de lo peor, la ira que tenía por todo lo que había escuchado…
Zafiro y su mujer, lo hacían, Diamante y Esmeralda, dormían plácidamente y muy abrazados en aquella cama, Hotaru, no podía evitar enterrar la cara en una de las almohadas que decoraban su cama y llorar, llorar amargamente por todo lo que le pasaba… Pero mientras cada uno de ellos se acostaba a dormir después de una larga noche… Serena recordaba. Recordaba, mientras se daba un largo baño de espuma aprovechando que su hija y Yuki estaban en su hora de la siesta, aquellos días junto a él, junto a Darien que como ella misma se lo había dicho una vez, era insaciable…
— Darien, oh, Darien, fui tan feliz a tu lado, tan feliz… Me haces falta, me haces mucha falta…
Lo siento pero ustedes saben que así soy yo ;) jajajaja, no me podia quedar con las ganas de hacer algo medio perverso ;) jajajaja, menos con ese par de malos que son eso, bien malos ;)
Muchas gracias por haber leído los dos capítulos y con mucho gusto recibiré las flores, los halagos o los tomatazos que quieran darme :v jejeje, todo es bienvenido. Es que a como están las cosas, mis amores, todo lo que a uno le den, gratis, es ganancia :p Besos! No olviden que las quiero mucho.
