CAPÍTULO 2
Jyn acarició el negro cabello de Cassian mientras le apartaba con sumo cuidado un mechón rebelde de la frente. Él yacía aún en la inconsciencia en que había caído poco después de haber dado a K-2SO las órdenes pertinentes para que el droide pudiese llegar y aterrizar sin incidentes, y en la clandestinidad, en el planeta Ukio, el único planeta del Sector Abrion, el mismo sector del Borde Exterior donde se hallaba Scarif y donde era probable, además de posible, que pudiesen recibir la ayuda que Cassian necesitaba con tanta urgencia.
Todavía no podía creer que ambos se hallasen con vida. Recordaba los últimos instantes junto a él en Scarif, abrazados el uno al otro como si no fuese a haber un mañana… y realmente no iba a haberlo. Hasta que apareció el bendito K-2SO, "resucitado de entre los muertos" —todavía no le había preguntado cómo—, que ni corto ni perezoso y sin decir una sola palabra, cargó a su Capitán bajo uno de sus largos brazos articulados, a Jyn bajo el otro, y corrió como un poseso hasta llegar a aquella nave con la que los había librado de una muerte segura en última instancia.
Y esa era otra: la nave. Nada más y nada menos, que el inigualable K-2 había "incautado" la lanzadera clase Delta T-3C, que hasta hace nada había pertenecido al mismísimo Orson Krennik. Había sido Cassian, al sentarse a los mandos de la misma para establecer la ruta a seguir hacia Ukio, quien se había dado cuenta de ello, lo que le provocó una risa espontánea e incontrolable. Con varias costillas rotas, el cuerpo baldado y una pierna hecha polvo, aquello fue la gota que colmó el vaso, y la inconsciencia lo reclamó inmediatamente después. Jyn no pudo evitar esbozar una sonrisa al recordarlo; nunca lo había visto reír hasta entonces, y se dio cuenta de que le encantaba. Aunque la angustia regresó a su corazón con fuerzas renovadas. Por la mirada que Cassian le había dedicado cuando ella le preguntó, lo sabía: su cuerpo estaba sufriendo hemorragias internas, las mismas que él se había empeñado en negar. Ninguno de ambos podía estar seguro de su existencia, pero ella no albergaba duda de que él las estaba sufriendo cuando se las había negado. Si no lograban pronto la ayuda que él esperaba obtener en Ukio, su vida correría un grave peligro. ¿Por qué, si no, él había aceptado rápidamente la propuesta que K-2 había hecho para marchar a aquel planeta, en vez de poner rumbo a Yavin 4? K-2 había pronunciado un nombre: Karelle; y él, a pesar de haber hecho una mueca de desagrado involuntaria, había aceptado de inmediato, introduciendo en la computadora de abordo los cálculos necesarios para que K-2 pudiera arreglárselas sin capitán. En aquel momento, ella odió no haber tenido nunca interés en aprender a pilotar.
No estaba acostumbrada a sentirse inútil ante una situación desesperada. Pero allí se encontraba, sin saber ni una palabra sobre pilotar una nave, sin poder hacer nada por Cassian (pues no había encontrado ni un sólo maldito botiquín de emergencia con el que intentar mejorar sus heridas, o al menos paliar su dolor; señal del exceso de confianza que Krennik había tenido en sí mismo y en aquello que representaba para el Imperio). Y para colmo, jamás había estado en Ukio, ni siquiera había oído hablar de ese planeta jamás.
—No temas, Jyn. Karelle logrará que Cassian mejore, estoy convencido —escuchó la voz metálica de K-2 a su espalda—. Llegaremos a Ukio en diez horas estándar.
—Diez horas es demasiado tiempo. —Fijó su mirada en él, angustiada.
—No lo es. Es el tiempo exacto y necesario para que esta nave alcance ese planeta, dadas sus prestaciones y la proximidad del mismo —él le rebatió, rotundo.
—¡No me refiero a eso, K-2! ¡Cassian necesita cuidados médicos ahora! —gritó, perdiendo la paciencia.
—Créeme que lo siento, Jyn. Aunque él tan sólo me dio orden de cuidar de ti, yo siempre cuido de él, es mi dueño. Si pudiera hacer algo más por sanarlo en este momento, lo haría. Pero ir en busca de Karelle es la única posibilidad probable que se me ha ocurrido, y a él le ha parecido bien.
—¿Y quién demonios es Karelle, si puede saberse?
—Ella no es un demonio, es una humana como tú, Jyn. Ya sé que es raro hallar humanos en Ukio, pues los pobladores del planeta no lo son tal y como vosotros los entendéis, les llamáis humanoides, más bien. Un hecho que no entiendo porque…
—¡Basta! Basta, por favor —rogó al droide suavizando el tono de su voz—. Lo siento, K-2, es sólo que estoy frustrada. Ni siquiera hemos podido improvisarle un camastro decente en este cacharro. — Miró a Cassian de nuevo (quien yacía tumbado en el suelo sobre todo lo que K-2 y ella pudieron encontrar que facilitara su comodidad), preocupada—. ¿Podemos confiar en esa Karelle?
—Cassian siempre ha confiado en ella a su modo. Y yo diría que incluso algo más.
—¿A qué te refieres? —fijó de nuevo su mirada en él, suspicaz.
—No me corresponde a mí catalogar las relaciones humanas, Jyn. Sea como sea, él no te trata a ti como la trataba a ella, cuando ella estaba en tu lugar. Aunque, a decir verdad, ella nunca ha estado en tu lugar.
Jyn se negó a volver a preguntarle a qué narices se estaba refiriendo, pues corría el peligro de que K-2 se embarcase en toda una disertación sobre relaciones humanas y situaciones, que a ella le traía sin cuidado. Aún así, temía haber captado a la perfección el sentido de sus palabras, y no le habían gustado en absoluto. El rechazo que, no sabía porqué, le había causado aquel nombre nada más escucharlo por primera vez, se acrecentó notablemente.
—Habrá que ser cautos con ella, entonces —afirmó para sí. Aunque K-2 la escuchó a la perfección.
—Estoy totalmente de acuerdo contigo. Esa mujer nunca me ha gustado. Aunque a Cassian parece que sí.
—¿Y por qué has sugerido ir en su busca, entonces?
—Deseo que Cassian sobreviva, Jyn, igual que tú. Cuando hemos escapado de Scarif, la probabilidad de que él llegase a Yavin 4 con vida, era del 15,38 %, según mis cálculos. Totalmente inaceptable.
—¿Puedes diagnosticar su estado de salud? —le preguntó, mirándole totalmente sorprendida.
—No puedo. Pero sí soy capaz de escanear estructuras orgánicas de todo tipo. La estructura de Cassian está seriamente dañada en algunos puntos, que urgen ser reparados. Según la estructura humana, se supone que ciertos fluidos no deberían circular libremente en su cuerpo por donde lo están haciendo ahora.
Sintiendo que la angustia atenazaba su pecho y su garganta, Jyn cogió la mano de Cassian entre las suyas y la llevó a su mejilla, mientras una lágrima resbalaba por ella hasta alcanzarla.
—No mueras, te lo suplico —le rogó con toda su alma.
Los dos dejaron transcurrir el resto del viaje, que a Jyn se le antojó interminable, en silencio. Curiosamente, K-2 no interrumpió su silencio, quizá por respeto al sufrimiento que ella no podía ocultar debido al estado en que Cassian se encontraba.
—Detecto un crucero ligero de clase Guardián —de pronto K-2 llamó su atención con urgencia—. Y también una Fragata de Aduanas imperial. Nos encontramos muy cerca del espacio restringido de Ukio —explicó mientras Jyn se reunía con él en la consola de mandos—. No detecto más naves, pero sortear estas dos nos ocupará un tiempo precioso.
—Llevamos la nave de Krennik, algún privilegio tendrá —Jyn afirmó, esperanzada.
—Oh, sí, lo tiene. Podemos hacer valer el código ST-149. Con él, esta nave tiene más privilegios que casi todas las demás del Imperio juntas, excepto las de los más altos mandos. Pero he de suponer que ya todas las naves imperiales conocen la destrucción habida en Scarif. No sería normal presentarse ante ellos con esta nave como si aquello no hubiese sucedido.
—Puede que nadie supiera que Krennik estaba allí.
—Lo sabían. No es normal que una Fragata de Aduanas imperial esté aquí. —La voz de Cassian se escuchó a sus espaldas, y ambos se giraron para mirarlo, sorprendidos. Él se había incorporado y caminaba hacia el asiento del capitán, renqueante. Inmediatamente, Jyn lo ayudó a sentarse y él se lo agradeció con una sonrisa —. No tentemos a la suerte dos veces ante un control del Imperio, no en un sólo día —añadió, rotundo.
—Necesitas cuidados urgentes, Cassian, y lo sabes —Jyn lo miró directamente a los ojos, haciéndole entender que ella también "lo sabía", a lo que él exhaló con cuidado.
—K-2, sortea ambos controles por la ruta HKX-Z5 en dirección a las montañas Kayem. No te preocupes por mí, aguantaré lo suficiente —acalló el reproche que el droide iba a hacerle antes de que este pudiese pronunciar una palabra siquiera.
—¿Por la senda negra contrabandista? —aún así K-2 protestó.
—Ukio está demasiado cerca de Scarif. No creo que eso hoy pueda darnos problemas. Ejecuta mis órdenes, amigo.
K-2 hizo como él le pedía, e inmediatamente después volvió a mirarlo con insistencia.
—¿Yo soy tu amigo, Cassian? —le preguntó con genuina extrañeza.
—Nos has salvado la vida a Jyn y a mí cuando ambos habíamos asumido ya que todo se acababa en Scarif para nosotros. Y es más, cuando ella y yo te habíamos creído desaparecido desde hacía tiempo. No llevas en tu carcasa ni un solo disparo, siquiera. ¿Cómo es eso posible, K-2? —Le devolvió una mirada curiosa, aunque no suspicaz, pues continuaba confiando en él como siempre había hecho desde que lo conoció.
—Intuí en Scarif que el Imperio pronto iba a descubrir mi pertenencia a la Alianza Rebelde, a pesar de mi apariencia. El único modo de garantizar la protección de Jyn, tal y como tú me ordenaste, era lograr multiplicarme para incrementar mis probabilidades de éxito. Y eso hice en cuanto tuve la primera ocasión. ¿Recuerdas el droide, exacto a mí, del que yo me valí para obtener los planos de la Ciudadela? —Cassian asintió en silencio—. Además de obtener de él información, lo reprogramé con toda mi base de datos, incluidas mis pautas de comportamiento, sobrescribiendo la suya. Lo cloné como una extensión de mí. Por tus palabras, intuyo que a día de hoy tan sólo queda este yo que ves aquí. Acerté en hacer lo que hice, entonces.
Cassian lo miró durante unos segundos, atónito. Y Jyn lo abrazó en un acto impulsivo que a K-2 dejó perplejo.
—En verdad, algunos de tus actos me resultan sumamente inesperados, Jyn —K-2 declaró.
—No voy a reír, esta vez, no —Cassian dijo alegremente, mostrando una amplia sonrisa. Palmeó el hombro del droide con cuidado, demostrándole su afecto.
—Tú no eres un amigo, eres familia —Jyn afirmó, dedicándole una hermosa sonrisa.
—Si fuese capaz de sentirme abrumado por tus palabras, en este momento lo estaría. Como habías previsto, Cassian, hemos superado los controles aduaneros del Imperio y nos dirigimos hacia el cañón oculto entre las montañas Kayem. Sería conveniente que avises a la señorita Karelle de nuestra llegada. Ya sabes cómo se las gasta.
—Es arriesgado enviar un mensaje ahora, pero tienes razón.
Rápidamente, Cassian tecleó una sola palabra en la consola de comunicaciones y le dio a enviar. Pero Jyn tuvo tiempo suficiente para poder leerla sobre su hombro. "Compromiso", fue la palabra que él había escrito y enviado. Frunció el ceño, más y más preocupada por momentos, mientras Cassian se dedicaba a escrutar el paisaje montañoso que rodeaba a la nave, concentrado en sus pensamientos.
Minutos después, la nave aterrizó en un pequeño claro rodeado de altos picos montañosos.
—Yo saldré delante —Cassian anunció.
—No puedes hacerlo solo, deja que yo te ayude a caminar, al menos —Jyn objetó, temiendo que aquel sobre esfuerzo empeorase su situación.
—No, esto he de hacerlo solo.
Caminando penosamente sobre su pierna rota, y rechazando con un fuerte ademán de la cabeza cualquier ayuda que ella o K-2 pudiesen prestarle, se acercó despacio hasta la rampa de la nave, que el droide había extendido mecánicamente. Se detuvo en la puerta, haciendo acopio de las pocas fuerzas que aún le quedaban para mantenerse firme.
—¿Lo has traído esta vez? —Una voz femenina se hizo escuchar, de pronto, procedente de algún lugar muy cercano a la nave.
—Sabes que no —él afirmó sin inmutarse—. Necesito ayuda, Karelle —pudo pronunciar antes de desplomarse como un peso muerto.
A pesar de que Jyn y K-2 se hallaban tan sólo a unos pocos pasos de él cuando cayó, las manos que impidieron que diese con sus huesos en el suelo y que lo levantaron para llevárselo en brazos, fueron mucho más rápidas que las suyas. Jyn pudo observar que, efectivamente, era una especie de humanoide, y no un humano, quien había aparecido ante ellos. Tenía la apariencia casi humana, excepto por una pequeña cresta ósea que le cruzaba la cabeza desde la frente hasta la nuca, en vez de tener pelo. Los brazos eran excesivamente largos y desgarbados y caminaba ligeramente encorvado. Aún así, su rostro mostraba indicios de cierta inteligencia. El hombre miró a Jyn con marcada desconfianza, para después ignorarla y comenzar a bajar la rampa de la nave con Cassian en brazos.
—Llévalo al sótano, ya sabes a dónde te digo. Y dispón el tanque de bacta —la voz femenina que antes habían escuchado le ordenó con firmeza.
Sin añadir nada más, la mujer, a quien Jyn localizó finalmente a escasos metros de la nave, y que pudo definir como una humana de complexión fuerte, con cabellos rojos como el fuego, muy rizados, y mirada fiera, dio la espalda a los otros dos tripulantes de la nave y siguió al hombre, una vez este se hubo puesto en marcha con un asentimiento tras dudar por tan sólo un instante.
Sin hacer comentario alguno al respecto, algo raro en él, K-2 comenzó a seguir a la comitiva, por lo que Jyn se vio obligada a seguirla también.
Caminaron durante varios minutos por una estrecha senda que discurría oculta entre altos riscos desnudos. Ninguna vegetación había allí que pudiese disimular su presencia, pero aquello, tanto al hombre como a Karelle parecía traerles sin cuidado, y avanzaban a paso rápido y constante. Cuando de pronto se hallaron en lo que parecía un callejón sin salida, Jyn, disimuladamente, retiró el seguro de su blaster, temiendo que les hubiesen conducido a una trampa. A medida que se iban acercando a la pared del fondo, una abertura en la roca, disimulada por una ilusión óptica creada por la luz al refractarse en varios cristales incrustados alrededor de ella, se fue definiendo claramente. El hombre que llevaba a Cassian aún en brazos se introdujo por ella y desapareció en la penumbra. Karelle le siguió, y también K-2 y Jyn, quien tuvo que adaptar la vista a la repentina oscuridad pero siguió caminando en pos del hombre.
De pronto, y sin saber de dónde había salido, una figura se plantó ante ella, cortándole el paso.
—Vosotros os quedáis aquí —otro ukiano le ordenó, mientras le apuntaba con un blaster de asalto.
—De eso, nada. Yo voy donde él vaya. —Sin pensarlo dos veces, desarmó al hombre con dos rápidos movimientos y lo dejó tumbado en el suelo. Al ver que su compañero parecía estar en peligro, varios hombres más, que habían permanecido ocultos a su alrededor apuntaron a Jyn con sus blaster, dispuestos a abrir fuego.
—¡Deteneos! —Karelle ordenó, tajante, deteniendo sus pasos y girándose hacia los recién llegados. Ninguno de los ukianos osó desobedecer aquella orden.
—K-2 y yo debemos estar con él —Jyn afirmó, mirándola suplicante, a sabiendas de que tenía todas las de perder.
La otra pareció pensarlo un momento, mirándola con suspicacia, y afirmó con la cabeza.
—Acompañadme.
Inmediatamente, el hombre que les había cortado el paso se retiró a un lado, mirándolos con franco rechazo, y los demás bajaron las armas. Sin embargo, cuando ambos siguieron a la mujer a lo largo de unas estrechas escaleras de piedra que había camufladas en el fondo de la gruta, y antes de llegar abajo, Karelle cogió a Jyn desprevenida, agarrándola por el cuello y la pegó a una de las paredes.
—Aquí mando yo. Espero que no me causes problemas, muñequita. Que no se te olvide.
Jyn tan sólo pudo asentir levemente con la cabeza, casi ahogada por la fuerte mano de aquella endemoniada mujer. Cuando la otra la soltó, cayó de rodillas intentando volver a respirar. K-2 la ayudó a ponerse en pie y cuando ella comenzó a bajar de nuevo, la siguió inmediatamente después, a modo de guardaespaldas. Karelle alzó una ceja, sorprendida. Jamás él habría hecho nada semejante por ella, se dijo, algo a tomar muy en cuenta.
Lo que aquel grupo, que Jyn catalogó rápidamente como de contrabandistas, denominaba "el sótano", realmente era una pequeña caverna, al parecer excavada en la profundidad de las rocas, donde reinaba un frío glacial debido a la humedad que se colaba por doquier. Un pequeño generador de energía que estaba situado en el espacio relativamente más seco de la estancia, alimentaba una tenue luz, pues la inmensa mayoría de la potencia suministrada era para hacer funcionar un enorme tanque de bacta que presidía la caverna justo en su centro.
El hombre ya había desnudado a Cassian, dejándole tan solo en bóxer, lo había introducido en el tanque, y le estaba colocando los anclajes que mantendrían su cuerpo estático durante su reanimación, así como la máscara de oxígeno. Un segundo después, rellenó el tanque con el bacta regenerador, lo cerró, y dio su misión por concluida, por lo que se marchó de la estancia sin mirar a ninguno de ellos, como si no estuviesen.
Preocupada por hacer algo que a su irascible anfitriona molestase, la miró dubitativa, y caminó lentamente hasta el tanque, donde Cassian yacía inconsciente, para apoyar su mano en el gélido cristal con suavidad. Murmuró unas palabras que tan sólo ella pudo escuchar, lo observó llena de angustia, aunque esperanzada, tras lo cual regresó al lado de K-2 y se dejó caer en el suelo, dispuesta a no marcharse de allí hasta que él hubiese concluido su sanación con éxito. Intuyendo sus intenciones, K-2 se situó a su espalda en silencio, vigilante.
—¿Acaso Cassian te lo ha vendido? —Karelle quiso saber, mirando a la extraña pareja que formaban el droide y la mujer, con gran curiosidad—. K-2 no es fiel a nadie que no sea él.
—Cassian es mi amigo, no me ha vendido —K-2 respondió rápidamente, como si se sintiese ofendido por sus palabras—. Él me ordenó que protegiera a Jyn, y eso estoy haciendo, pese a quien pese.
Ella interpretó aquellas palabras como una amenaza en toda regla y quedó aún más sorprendida. ¿Cassian Andor, el mismo Cassian Andor que ella conocía, ordenando a su fiel androide, su único compañero conocido, que protegiese a otra persona? ¿Desde cuándo? Cuando él saliera del tanque de bacta, sin duda tenía muchas cosas que contar. Aún así, se encogió de hombros, haciendo ver que la cuestión no le importaba en absoluto.
—No tienes porqué quedarte aquí durante los dos o tres días, quizá más, que dure su curación —dijo a Jyn con voz neutra—. Ordenaré a Oh-reh que os haga un hueco en algún lugar donde no podáis molestar, y que te de algo de comida.
—Nos quedamos aquí, si no te importa. No voy a separarme de él —Jyn respondió mirándola fijamente a los ojos para reforzar aquella determinación.
—Lo que quieras. —Se encogió de hombros de nuevo—. Pero él no se entera si estás aquí o no. Oh-re te traerá un saco de dormir y algo de comida. Y tú, engendro, puedes conectarte al generador cuando necesites recargarte, aguantará tu carga y el mantenimiento del tanque sin problemas. Y chiquilla, no te lo advertiré de nuevo: no me causes problemas. Si quieres salir de aquí para lo que sea, pide a Oh-reh que te acompañe, incluso para el aseo.
—No te preocupes, yo no te causaré problemas, a no ser que tú se los causes a él. —Señaló a Cassian con un ademán resuelto.
Karelle rió, divertida.
—Va a resultar que él te ha comprado a ti.
—Piensa lo que quieras. —Jyn cruzó las rodillas y miró al frente, dando la conversación por terminada.
La pelirroja siguió riendo mientras salía de la gruta. Pero para sus adentros, pensó que aquella jovencita descarada y arrogante cada vez le gustaba menos.
Jyn despertó sobresaltada. No sabía cuántas horas habían pasado, si era de día o de noche, porque la luz artificial de la caverna no le ofrecía ninguna pista al respecto. Miró a su alrededor y localizó a K-2 conectado al generador de energía, recargándose. Y Cassian continuaba exactamente igual a como estaba antes de que ella cayese dormida por el cansancio. Se frotó los ojos con rabia, recordando el sueño que la había traído de vuelta. No había soñado con su padre, como solía hacer a menudo, ni con Saw, sino con Chirrut, Baze y Bodhi. No sabía nada de ellos desde que Cassian, K-2 y ella habían entrado en al Ciudadela, y su corazón le decía que ninguno de los tres había tenido tanta suerte como ellos en Scarif. Les había cogido un inmenso cariño, y los echaba de menos, una herida más que añadir a su maltrecho corazón, y una cicatriz más con la que incrementar su propia fuerza, se obligó a pensar.
Se puso en pie, necesitaba estirar las piernas y también hacer un viaje al aseo. Al notar movimiento a su alrededor, K-2 conectó sus funciones inmediatamente y sus ojos mecánicos se iluminaron.
—Sólo voy al aseo, K-2. Por favor, protege a Cassian por mí mientras yo estoy fuera. Será tan sólo un momento —le pidió.
—Como quieras, Jyn. Pero Cassian me ordenó…
—Tranquilo, estaré bien —lo tranquilizó con una sonrisa.
—Es curioso…
—¿El qué?
—Cassian y tú me habéis ordenado lo mismo: que proteja al otro —afirmó con sencillez.
Aquellas palabras llenaron el corazón del Jyn de una calidez impagable.
—Gracias, K-2.
—¿Por qué? —preguntó con extrañeza.
—Por seguir siendo tú.
Dejando al droide con aquella actitud confusa, Jyn caminó hacia la salida de la estancia, intuyendo que no pasaría mucho tiempo antes de que un ukiano le cerrase el paso, como de hecho sucedió.
—Necesito ir al baño —declaró fríamente.
Tras sopesar aquella petición, el mismo ukiano que había llevado a Cassian allí, y quien debía ser el tal Oh-reh, le indicó con un gesto de la mano que lo siguiera.
La condujo por varios corredores, sin duda para intentar desorientarla y que no supiera regresar junto a Cassian y K-2 sin él, hasta que pasados varios minutos, salieron al aire libre, pero no por el lugar donde habían entrado, sino a una arboleda que, pese a estar también rodeada de montañas, ofrecía un paisaje menos desolador. El ukiano le señaló los árboles con la mano.
—¿Y cómo demonios voy a asearme? —le preguntó con enfado.
Oh-reh no respondió, tan sólo se limitó a repetir el gesto.
Frustrada, Jyn se internó en los árboles, a sabiendas de que era imposible escapar de allí, o no la habrían dejado sola. Aunque ella jamás querría escapar sin Cassian ni K-2, y eso también ellos lo sabían. Nada más caminar unos pasos, el murmullo de un río la hizo cambiar de parecer, quizá no estaba tan mal aquello. Siguió el sonido del agua con impaciencia, hasta alcanzar un pequeño lago abastecido por una catarata proveniente de la montaña, que desaguaba por el lado contrario en un diminuto riachuelo. Al contrario que en la gruta, allí no hacía frío, por lo que pensó en darse un baño, aún amparada por las sombras de la noche.
Se quitó la ropa y la dejó al borde del lago, se introdujo en él y lo recorrió varias veces en toda su extensión, tras lo cual salió del agua, se secó como pudo con aquella camisa manchada, pues era la única ropa que tenía, y se vistió. A pesar de que el agua y el deporte habían logrado desentumecer sus músculos, no habían calmado sus nervios. Se obligó a recordar que Cassian iba a sanar, que sus heridas habían sido tratadas a tiempo, que no iba a morir como todos los demás. Aún así, un llanto que llevaba días enterrado en lo más hondo de su alma, se desató con furia en ella. Creyendo que nadie podía ver aquel momento de debilidad, se desahogó libremente, hasta que no quedaron más lágrimas que derramar. Lucharía por Cassian, se dijo, lucharía por él, siempre lo protegería. Ya más calmada, emprendió el camino de vuelta cuando una voz conocida la detuvo.
—Sabía que no aguantarías mucho ahí dentro —Karelle afirmó, mostrándole una sonrisa burlona. Caminaba hacia ella tranquilamente, con ademanes relajados.
—Tan sólo he salido para hacer lo imprescindible, pero pienso permanecer a su lado todo el tiempo que sea necesario. —Respondió sin dejarse intimidar, aunque esperaba con todas sus fuerzas que no la hubiese descubierto en aquel momento de debilidad que había tenido.
Karelle la observó una vez más de arriba abajo. Era una chiquilla muy joven, y bonita, se dijo para sí, de las que son muy capaces de nublar la cordura de cualquier hombre. Aún así, Cassian nunca había sido cualquier hombre: su carácter solitario, desconfiado, duro e implacable que ella conocía, no se habría dejado impresionar con facilidad. A decir verdad, ella tampoco era nada excepcional, concluyó. Se notaba a la legua que ella bebía los vientos por él, pero que él le correspondiera… ese era otro cantar.
—¿De qué conoces a Cassian? —Jyn no pudo evitar preguntar, interrumpiendo sus pensamientos. Le podía la curiosidad, y tuvo que admitir que también los celos habían empezado a hacer mella en su ánimo maltrecho.
—Aquí, las preguntas las hago yo —Karelle respondió, cortante—. ¿Y tú? ¿De qué lo conoces?
—Digamos que somos compañeros de andanzas —ella respondió sin inmutarse.
—Él trabaja solo, lo conozco demasiado bien. Así que prueba otra vez, muñeca. —La traspasó con una mirada cortante, que encubría una velada amenaza.
Las palabras de Karelle encendieron la furia de Jyn. ¿Así que lo conocía demasiado bien? Bueno era saberlo, desde luego, se dijo para sí. Pero no le dio a la otra el gusto de hacerle ver que le había afectado aquella complicidad que afirmaba mantener con él.
—Yo he formado parte de su última misión, y él ha acabado siendo parte imprescindible de la mía. Esas misiones ya se han terminado, así que no sé qué va a pasar a partir de ahora. Tendré que esperar a poder hablarlo con él, si quiero saberlo —explicó con frialdad, sin dar detalles de nada de lo que ambos habían compartido.
—¿Venís de Scarif? —la pelirroja inquirió, curiosa y suspicaz.
—Venimos de Scarif. ¿Para qué negarlo? —Le dedicó una sonrisa neutra, aunque el hecho de que ella conociera los sucesos acaecidos allí, tan poco tiempo después de lo sucedido, casi la dejó sin palabras. Aún así, no pensaba mentir a aquella mujer que parecía tener un arte especial para detectar cuándo alguien intentaba engañarla —no por nada era una contrabandista, se recordó—. Fuera como fuera, no arriesgaría la vida de Cassian enemistándose abiertamente con ella.
—El Imperio está calentito con ese asunto. Se rumorea que le habéis robado algo de suma importancia. —La observó una vez más mientras hablaba, como si con un simple repaso a la chica esperase encontrar aquello que los imperiales estaban buscando—. Hoy por hoy nos habéis jodido el negocio. Desde ayer, nadie puede dar un paso en este puto planeta sin encontrarse con una patrulla imperial. Lo están poniendo todo patas arriba en busca de cualquier enclave, persona o droide que les resulte sospechoso. El espacio aéreo del planeta se ha convertido en un infierno. Hasta ahora, para nosotros el Imperio era una maldita molestia, pero por vuestra culpa, se ha convertido en un auténtico problema. Como hayáis traído con vosotros la jodida mierda que le habéis quitado, te juro que os entrego sin pestañear. No arriesgaré la vida de mis hombres, la mía, o el negocio, por unos chiflados con complejo de héroes, sean quienes sean. La Rebelión no va conmigo, muñeca —le dejó bien claro, acompañando aquellas palabras de una mirada fiera.
—Puedo asegurarte que no obra en nuestro poder lo que el Imperio anda buscando. En cuanto Cassian mejore, nos largaremos por donde hemos venido y nadie sabrá que hemos estado aquí. —Tuvo que emplear toda su disciplina para no ponerse a saltar de alegría y lograr mantener la compostura. ¡Los planos habían llegado a la Alianza Rebelde! Cassian estaría eufórico cuando se enterase, se moría de ganas por darle la buena noticia.
—¿Ah, sí? Vaya, vaya… —La desnudó con la mirada una vez más, lentamente, con genuina curiosidad, algo que a Jyn molestó—. Responderé a tu pregunta: él y yo nos hemos acostado un par de veces, nada serio. —Soltó una sonora carcajada, le dio la espalda, y caminó en busca de su ayudante para ordenarle que la llevara de nuevo a la gruta. Acababa de descubrir que le satisfacía enormemente fastidiar a aquella chiquilla que, a todas luces, estaba loca por su capitán favorito. Decidió que no le iba a poner fáciles las cosas, ni muchísimo menos, aunque estaba segura de que tan sólo eran delirios de la chiquilla no correspondidos. Aún así, sintió la necesidad de saber qué pensaba Cassian al respecto pues, al fin y al cabo, era él quien la había llevado allí.
COMENTARIOS DE LA AUTORA
Antes de nada: ¡Estoy como una niña con zapatos nuevos!
No esperaba recibir ningún review, ni que nadie añadiese la historia a sus favoritos o a sus alertas... Y ha habido gente maravillosa que ha hecho todo esto. Nunca se lo podré agradecer suficiente. Muchísimas gracias por acompañarme en este camino que acabo de comenzar. Y a todos ellos les dedico este segundo capítulo:
—A VILKA, por haberme enviado un review que me ha hecho feliz.
—A Midgardian geek, por haberme enviado un maravilloso review y por haber añadido el fic a sus alertas.
—A Kenya Uchiha O.o, por haber añadido el fic a sus favoritos.
—A Pangoo, por haber añadido el fic a sus favoritos y a sus alertas.
—A ShopieB, por haber añadido el fic a sus alertas.
A todos vosotros. ¡GRACIAS!
Como habréis visto, ha entrado en escena un nuevo personaje de mi creación: Karelle. Es una contrabandista muy particular. Como todos sabéis, en el universo Star Wars las mujeres son minoría. Así que todas ellas o son grandísimas mujeres (y no me refiero a su tamaño) o no tienen nada que hacer. Espero estar a la altura para poder desarrollar un personaje digno de la saga. A medida que vaya avanzando la historia aparecerán varios personajes nuevos, espero que os parezcan suficientemente interesantes.
Nos vemos en el tercer capítulo.
Muchísimas gracias a todos por leer el fic.
Rose.
