Hola, no acostumbro escribir antes del capítulo y siempre lo que sea lo dejo hasta el final. Pero ésta vez quiero pedirles un poco de su atención.

Unas dedicatorias, primero a mi linda amiga de Facebook y mi fan #1 me dice ella tan hermosa, mi querida GISEL QUIROZ, incluso fue mi primer review de ésta historia. También quiero agradecerle a una lectora que siempre me acompaña y me hace comentarios muy bonitos y agradables LETTY BONILLA O LADY ZAFIRO, donde me encuentra ya sea aquí, en Wattpad o en Facebook, ella siempre tiene un buen comentario hacia mí y se lo agradezco.

Dedicatoria especial para BECKY7024, ella sabe muy bien por qué, también para ADRIANA RODRÍGUEZ hasta wattpad, ella también sabe por qué y espero que pueda leerla.

Y ahora, qué empiece el capítulo. Gracias.


PARTE II

A la distancia en el área de baile, Archie lanzaba miradas desafiantes hacia el lugar donde la rubia Afrodita intimidada por tanta compañía y peticiones de baile, veía si alguno de los miembros de su familia llegaba a su rescate de la jauría de lobos sedientos de amor que la acechaban rogando por un oportunidad con ella.

Por favor que alguien venga en mi auxilio —Suplicaba desesperada Afrodita, que sin darse cuenta había lanzado sus encantos tal si fueran feromonas para atraer al sexo opuesto, y los aludidos habían caído incautos en sus redes—. ¿Cómo hago para quitármelos de encima, cómo hago para liberarme de ellos? —Seguía preguntándose mientras únicamente les sonreía a todos y buscaba un espacio libre para salir huyendo—. Si tan solo Albert o Archie se dieran cuenta, ¡por favor, que alguien venga y me salve! —Rogaba con ímpetu.

—¿Pero que veo, una damisela en apuros? —Se escuchó una voz más fuerte que hizo callar a los demás—. No os preocupeís Lady Afrodita, que el defensor de los angustiados ha llegado en su rescate —dijo el hombre en mallas con un disfraz medieval de color café oscuro de cuero, sombrero del mismo tono adornado con una larga pluma de pavo real, un carcaj en la espalda inclinado hacia el lado izquierdo con 2 flechas, un pequeño arco y, empuñando una daga hacia sus contrincantes de forma amenazante—. ¿Quién quiere ser el primero en morir? —preguntó con mucha simpatía, con una pequeña reverencia sin apartarles la vista y una sonrisa en los labios, que era lo único que podían ver bajo la máscara que le cubría medio rostro.

Todos, incluida la Diosa Afrodita, se volvieron para ver al hombre que llegaba a su rescate y amenazaba acabar con los acosadores. Candy respiró tranquila y aliviada al ver al caballero que se había presentado y que parecía más respetable, aunque fuera por unos instantes porque sin salir del asombro del que había llegado en su rescate; el asunto no parecía terminar en ese momento con la aparición de uno más.

—Con que el bandolero y asaltante Robin Hood forajido de los Bosques de Sherwood, se ha hecho presente para salvar a una dama en apuros —dijo otra voz más profunda con acento alemán, a espaldas del amenazante ladrón. Provenía de un hombre vestido de negro y una larga capa con una máscara que al igual que el resto de los invitados, le cubría medio rostro—. Creo que te has equivocado de damisela, Robin. Lady Mariam, se encuentra en el otro extremo del salón —Anunció el caballero de negro, colocando la mano sobre el hombro derecho de Robin y apartándolo de su camino con un empujón—. Gute nacht —Saludó con una reverencia frente a la dama en discordia (Buenas noches)—. Fräulein Afrodita —Le hizo una reverencia de respeto (Señorita Afrodita)—, ¿me permitiría el honor de ser su acompañante para esperar el siguiente baile y de paso concedérmelo? —preguntó ignorando la presencia del resto que se encontraban en la disputa de la dama, incluyendo a Robin Hood que estaba indignado ante el atrevimiento del recién llegado.

A pesar de la luz baja que se extendía por todo el salón dando un aire de misterio a toda la actividad, colaborando con la intención de no permitir el quedar al descubierto las identidades de los invitados. Candy quedó impresionada por la forma tan astuta, brillante, sagaz y ante todo arrogante, en que el hombre de negro hizo tan notable e impactante su introducción a la conversación, rompiendo la evidente rivalidad que había surgido entre todos los caballeros que la tenían rodeada, e ignorándolos a todos como si fuesen invisibles. Al dueño de aquella voz y la manera en que le solicitaba su atención extendiéndole la mano para rescatarla, sintió que no le podía negar aceptar su petición, y luego de unos segundos que parecían interminables para todos los ilusos a su alrededor; ella le tendió su mano y con una sonrisa en los labios accedió a la petición.

—Será un placer, ¿señor? —Quiso agradecerle con su nombre al ignorar de quién se trataba.

—Por ahora, fräulein Afrodita. Puede llamarme Conde Drácula, o si lo prefiere, sólo Conde —respondió con el mismo profundo acento alemán, en tono de seducción y besándole el dorso enguantado que le hizo erizar la piel a la Diosa del Amor, aunque no se lo hubiera tocado.

—Yo vine primero —Se quejó Robin Hood, molesto de haber sido aventajado descaradamente y al ver que el resto de ineptos que la asediaban al inicio, se quedaban callados y derrotados por el arrogante entrometido.

—Pero yo la invité primero —respondió el Conde, con voz de triunfo, le dio un leve tirón a la mano de Afrodita para retirarse del lugar, y dejar con un palmo de narices a todos ante su gran astucia.

De la mano del Vampiro caminó Afrodita con una bebida en la mano que no había podido probar, hasta que reaccionó que estaba siendo llevada al otro extremo del salón, alejándose de la cercanía de su familia y al parecer a un lugar más apartado.

—¿No le parece que nos estamos alejando mucho del área de baile? —preguntó ella, con un poco de recelo ante la actitud de él.

—¿No me diga que me tiene miedo, fräulein Afrodita?, pensé que las Diosas no le temían a nada —respondió él, con el mismo tono seductor. Sin dejar de avanzar arrastrándola a ella y aproximándose a la salida trasera que daba a los jardines de la alcaldía.

La joven Diosa ignoró el comentario que le pareció un desafío y prefirió decir algo más seguro.

—El vals está por terminar y pronto empezará el otro, le permití hacerme compañía en lo que el siguiente empezaba y concederle que bailáramos. Si nos alejamos mucho, mi familia podría preocuparse y el vals empezar y perder la oportunidad —Explicó a manera de que el Conde detuviera sus pasos y evitar llegar a los jardines; dónde no ignoraba que en ese tipo de fiestas, sucedían cosas extrañas por lo que había oído de otras chicas, pero ella, jamás visto.

El Vampiro detuvo su andar de forma abrupta y ella casi choca con él al no habérselo anunciado, la copa que llevaba, se soltó de su mano estrellándose y haciéndose pedazos en el suelo sin que ninguno de los dos le diera importancia.

—Ahora no creo, estoy seguro que me tiene miedo —dijo él, volteándose para quedar de frente a ella. La luz era más escaza que en el interior por lo que era muy difícil que alguien pudiera reconocerse aún sin las máscaras que protegían sus identidades—. Me gustaría poder ver el rostro que esconde esa máscara —Y llevó una de sus manos a la barbilla de ella para elevarle el rostro a una mejor altura para él, provocándole choques eléctricos que recorrían sus venas y que ella nunca antes había sentido; dejándola sin poder hablar, moverse o quejarse por el atrevimiento—. Apenas puedo distinguir el color de sus ojos —Siguió aproximando su rostro lentamente al de ella—, ¿serán acaso de color azul? —cuestionó a forma de juego seductor, acercándose cada vez más y provocando que Afrodita se sintiera amenazada, y que el calor empezara a recorrerla pese al frio que había en el exterior—, ¿serán celestes o grises? —Prosiguió, estaba tan cerca que casi podía sentir el aliento de él—. ¿o serán castaños? —Inquirió inclinándose más hasta topar su nariz con la de ella, en una clara provocación por intimidarla o seducirla.

Ella estaba hipnotizada con toda la actitud arrasadora y seductora de él, pero al sentir el contacto de ambas narices y el aliento tan cerca, sus alarmas se encendieron al pensar que terminaría besándola si no hacía algo de inmediato. Aunque lo cierto era que por primera vez, deseaba que lo que sus pensamientos le estaban alertando, pudiera suceder; pero las buenas enseñanzas de la hermana Lane le llegaron a la cabeza de inmediato en una vocecita.

"Candy, una jovencita decente no debe quedarse nunca a solas con un caballero, ni permitirle ningún tipo de confianza, más allá de lo estrictamente moral".

Eso fue suficiente para que recapacitara y de un salto diera un par de pasos hacia atrás, liberándose de la hipnosis en que él parecía tenerla con la mirada penetrante que le mantenía, sin poderle descubrir el color de sus ojos. Para el Conde, fue desilusionante y frustrante su actitud, estaba a escasos centímetros de robarle un beso, con la ventaja que le daba el saber la identidad de ella. Al mismo tiempo, también se molestó por su actitud y con ese genio que siempre terminaba por meterlo en problemas cuando le aturdía la cabeza, no hizo nada por disimular su enojo.

—¿Por qué la reticencia, fräulein Afrodita? —La inquirió con tono de molestia y el acento alemán bien marcado—. Si permitió que la trajera a éste lugar y me acercara tanto, no veo el porqué de su negativa.

—Se equivoca señor…, como sea que se llame —respondió ella, sacando garra de su verdadera personalidad—. Creí que usted era un caballero, pero veo que sólo es un lobo disfrazado con piel de oveja, que lo único que busca es una mujer a quién seducir. Si pensó que yo era de ese tipo, me satisface decirle que no soy la indicada y que quizás dentro si pueda encontrarla porque yo, me voy de aquí ahora —Se volteó con tanta molestia para empezar a caminar, que el vestido se abrió de sus piernas dejando expuesta mucha de su piel y haciendo tragar con ahogo al Conde con la visión y quieto por unos segundos; hasta reaccionar al ver que su presea se le escapaba. Tuvo que correr para alcanzar los pasos que le llevaba adelantados.

—Un momento, fräulein Afrodita —La tomó de la mano para detenerla poco antes de ingresar al salón de nuevo—. No hemos terminado aún —Pasó su otra mano por la cintura de ella y la arrastró varios pasos hacia atrás en la oscuridad para evitar que fueran vistos.

—¡Suélteme!, ¿cómo se atreve a tomarme de esa manera? —Exigía y manoteaba la joven para liberarse mientras era arrastrada—, le aseguro que si no me suelta, voy a empezar a gritar —Lo amenazó disponiéndose a hacerlo.

—Si grita, no la soltaré, cuando todos escuchen y vengan en su auxilio, diré que usted me sedujo para traerme a este lugar —respondió con descaro, él. Susurrándole cada palabra al oído, acto que la hizo quedarse quieta y callada—. ¿Con qué objeto decidió traer ese atuendo fräulein?, ¿qué esperaba conseguir vestida de esa forma? Además, no soy un lobo, soy un Vampiro que necesita sangre para vivir, y su cuello a ésta altura, en verdad luce muy apetitoso como para darle un mordisco —Percibiendo que se había quedado helada, decidió molestarla más y provocarla hasta que quizás ella misma delatara su identidad. Le soltó la mano y para proveerle de un poco de calor por el frío, decidió apretarla contra él con ambos brazos sujetándola por la espalda. El vestido era demasiado revelador, y poca era la cordura que le quedaba al Conde para no intentar quitárselo de un tirón.

Candy estaba consciente que se encontraba aprisionada entre sus brazos y que el calor que el descarado Vampiro emanaba, le proveía de tranquilidad y emoción que le hacía arder la sangre que le circulaba por las venas; el frío se había largado de allí con seguridad porque solo sentía la calidez del cuerpo que la tenía por la espalda. También estaba consciente que si alguien los veía en esa comprometedora situación, abrazados de esa forma tan estrecha y sobre todo porque él le estaba hablando al oído algo que no lograba comprender, haciéndola estremecerse de escalofríos que su piel reflejaba al levantársele los vellos del cuello; y que lo más seguro es que él ya lo hubiese descubierto. Con seguridad terminaría en quizás menos de 2 meses, casada con ese hombre por los convencionalismos de una Sociedad que no permitía ese tipo de comportamiento. Pero, ¿por qué rayos se sentía todo tan bien a su lado?, ¿por qué no le molestaba su cercanía como debiera?, ¿por qué le permitía semejante atrevimiento a ese descarado? Ella era una señorita decente. ¿Por qué el calor de él, le daba bienestar y le hacía sentir llenar el vacío que muchos años habitó en su corazón, en sus brazos, en su cuerpo?

¿El cuerpo?, ¡sí, el cuerpo!, era eso lo que le había dicho la hermana Lane que debía cuidar. Y ahí estaba la hermana otra vez en sus pensamientos; sus enseñanzas del pudor de una dama y de cómo debía cuidar su cuerpo y la verdad, para ser sincera, no lo estaba haciendo nada bien. Porque él la mantenía muy abrazada por la espalda y seguía preguntado cosas que no entendía, ¿o sí?, ¡sí!, ahora que estaba más consciente de la situación, por fin había logrado empezar a comprender sus palabras y lo que le acaba de preguntar.

—Fräulein, por favor, ¿dígame cuál es el color de sus ojos? —Le habló en un susurro al oído, rozándola con los labios, que de nuevo la hizo estremecerse.

Debo terminar con esto, ¡lo sé!, ¿por qué es tan difícil, qué tiene que no puedo soltarme y me atrae sin siquiera saber quién es?, si alguien entra, ¿cómo haré para explicar ésta situación y nuestro comportamiento inadecuado? Y más cuando tenga que explicárselo a Albert y a los demás si empiezan a buscarme y se enteran; el vals está por terminar y estoy segura que lo primero que harán será buscarme. Espero que Archie no me haya visto caminar junto a… ¿cómo diablos se llamará éste hombre?, ¡ah que importa!, con El Conde y peor si me vieron salir, tengo que liberarme de él cuánto antes.

—Verdes, verdes Señor Conde —afirmó y suspiró preocupada—. Por favor, de verdad esta situación es muy comprometedora para mí más que para usted, creo que puede comprenderlo y también creo que no querrá que esto lleve a una mala interpretación si alguien nos ve. Eso sería muy malo, lo sabe bien —Ella, intento zafarse del fuerte agarre de él.

—Tanto le molestaría que alguien la encontrara conmigo —habló dejando escuchar el enojo en su voz de nuevo—, ni siquiera sabe quién soy y tan mal prospecto le parezco, ¿acaso es usted como todas las herederas de grandes fortunas que lo único que les importa es el dinero y que el amor lo mandan al cesto de la basura por qué les estorba? Entonces usted fräulein, no es más que otra mujer frívola e interesada como la mayoría que han asistido a ésta farsa de caridad para recolectar fondos. Lo único que le interesaba al venir, era mostrar y lucirse con ese atrevido disfraz —dijo soltándola como si quemara y el tono de voz tan frío que su acento alemán le ayudaba.

Esas insinuaciones encendieron la noble personalidad de la rubia bajo el disfraz de Afrodita. ¿Quién demonios se creía ese estúpido engreído, maleducado y arrogante ocultándose con esa máscara, para hablarse así?

—Usted no me conoce, ni sabe quién soy para juzgarme de esa manera —respondió muy airada girándose de forma violenta. Uno de los tirantes del vestido se le resbaló sin dejar ver nada ¡afortunadamente!, las aberturas de las piernas volaron como alas al viento dejando expuestas sus lindas piernas, sin que a ella le importara un bledo lo que él hubiese visto—. Cree que porque puede ocultarse detrás de un disfraz —Prosiguió acomodándose el tirante con molestia—, eso le concede el derecho de insultar y ofender a quién se le dé la gana. Ni yo sé quién diablos es usted, ni usted sabe quién soy yo, y si accedí a su invitación; sépalo que fue únicamente por escapar de otros idiotas igual que usted. Pero eso no le autoriza a que pretenda aprovecharse de la situación —Y con eso se volvió a girar exponiendo de nuevo sus piernas y dispuesta a retirarse, justo como lo hacían las últimas notas del vals que daba fin con el primer baile; dando la oportunidad que él pudiera apreciar su blanca espalda y el bien delineado derrière por su vestido.

—Pues si cree que soy un idiota como lo otros —respondió él, a espaldas de ella luego de poder reaccionar de la excelente visión que le obsequió de su cuerpo—. Entonces no hubiera aceptado, además, yo le pedí que fuera mi acompañante mientras iniciaba el siguiente baile y no estoy dispuesto a quedar como un estúpido ante los demás o que se burlen de mí. Así que le guste o no, usted bailará conmigo —De un par de zancadas la alcanzó, pasó su brazo izquierdo por la cintura de ella para afianzarla y no permitirle que se le escapara. Algo que no estaba bien visto pero poco le importó, con la otra mano la tomó de la muñeca de su mano derecha para evitarle la huida—. Si no quiere armar un espectáculo frente a todos, fräulein Afrodita, sonría y no traté de soltarse de mí o sólo conseguirá quedarse sin vestido —Con esa amenaza que le hizo al oído, la obligó a detenerse y aceptar sus condiciones, no sin antes soltarle un bonito improperio.

—Estúpido arrogante, le aseguró que esto me lo pagará —Lo amenazó y sin dejar de ver al frente, sonrió como si nada sucediera. El Conde inicio de nuevo el paso hacia el camino que los llevaba al área de baile y esperar que las primeras notas del segundo vals dieran inicio, sonriendo de su triunfo y de cómo la había doblegado a su gusto. Si ella no había cambiado su mal genio en todo ese tiempo, y tal parecía que no por su actitud rebelde; estaba seguro que estaría furiosa y no descartaba que lo hiciera pasar verdaderamente un mal momento frente a todos.

—Estoy esperando con ansiedad lo que hará para vengarse, fräulein —Le dijo para provocarla más y en voz baja.

—Tenga por seguro que no lo decepcionaré —respondió ella, sonriendo entre dientes y pensando en la forma en que le haría pagar a ese estúpido que se había atrevido a retarla.

Llegaron hasta la pista de baile donde Albert y Archie preocupados, vanamente la habían buscado con la mirada hasta verla llegar con el caballero de negro. Pareja que llamó bastante la atención, principalmente por la inigualable temática del disfraz de la mujer que acompañaba a un Conde Drácula que derrochaba mucho atractivo, sobre todo por su considerable estatura. Se ubicaron como el resto y las primeras notas del siguiente vals se empezaron a escuchar. Ambos empezaron a danzar sin ninguna complicación, hasta que al brillante Drácula se le ocurrió exasperar más a su compañera, sujetando y atrayéndola más contra él de lo debido. Al hacerlo no imaginó que él terminaría siendo el más castigado. Las manos del Conde sujetas a la cintura casi desnuda de ella se convirtieron en un martirio sin movía un dedo y le tocaba la piel, el cuello y hombros expuestos invitándolo a saborearlos, eran una fantasía prohibida; tal como se lo había dicho la bailarina de Can Can a la que en pensamientos, le brindó varios improperios por la sugerencia. El roce del cabello rubio que quedaba suelto de sus trenzas, le acariciaba la mejilla y lo invitaba a la tentación de acercarla más y querer tomar todo aquello que se le servía en bandeja de oro a sus ojos y que no podía tocar. El olor que emanaba el cuerpo de ella, lo empezó a desesperar y amenazar con volverlo loco de ansiedad. Sus pensamientos empezaron a jugarle malas pasadas con situaciones que solo podía imaginar, hasta que un fuerte dolor en el pie, lo hizo regresar a la realidad.

—Disculpe señor Conde, como se habrá dado cuenta, soy muy mala bailando —dijo con tono inocente, Afrodita. Luego de pisarle el pie con todas sus fuerzas, al sentir como la apretaba contra él para molestarla.

El Vampiro no pudo contestar por el dolor y disimular que nada había sucedido al detenerse unos segundos alejándola un poco de él, atrayendo de esa forma la atención de otros que los observaban y que luego siguieron danzando.

—Parece que en verdad tiene dos pies izquierdos, fräulein —Le dijo sonriendo con los dientes apretados, fingiendo que no le importaba el pisotón y el punzante dolor—. Parece que tendré que enseñarle esta misma noche como se hace.

—No creo que sea necesario —dijo ella, satisfecha de lo que había hecho—. Usted y yo, no volveremos a bailar —Le aseguró levantando la vista para mostrarle la enorme sonrisa en sus labios.

—A pesar de que tiene una muy bella sonrisa —contestó él, marcando el acento alemán—. Me temo que como Diosa hace muy mal su trabajo y como adivina moriría de hambre, porque no ha logrado acertar en su predicción —Sonrió de medio lado y con cinismo.

—Ni soy Diosa y menos adivina —afirmó ella, mirándolo a los ojos. Ojos que lograban intimidarla, pero que se imponía para que no la descubriera—. Sólo soy una mujer, una que le asegura que no le volverá a conceder un solo baile.

—No me diga, una vez más volvió a fallar en su predicción y de eso puede estar muy segura. Porque yo, cuando quiero algo, lo obtengo al precio que sea —Amenazó el Conde, ésta vez muy serio.

La mirada y la voz de él nuevamente la intimidó, aunque no podía verla claramente por la escasa luz, algo tenían esos ojos que se escondían detrás de la máscara que la ponían nerviosa, por lo que prefirió quedarse callada a provocarlo más. Era claro que todo indicaba que la amenaza que le había hecho no estaba lejos de ser realidad. El caballero como tal se movía con mucha elegancia y gracia, no era algo que ella desconociera porque estaba acostumbrada a lidiar con caballeros de la misma talla, cuando asistía con Albert a algunas actividades. Otra característica en él que llamaba su atención, era cuando hablaba; lo hacía con mucha propiedad pese al marcado acento extranjero y la soberbia de sus palabras. Era una persona bien educada y de eso no tenía duda, pero ¿por qué la había elegido a ella entre todas?, y otra cosa más ¿por qué insistía en molestarla y obligarla a bailar con él?, cuando era más que evidente que habían chocado desde lo sucedido fuera del salón, y más con la amenaza que ella le había hecho. Además, estaba esa otra amenaza ¿a qué se refería con obtener siempre lo que quería, al precio que fuera?

Haciéndose paso entre los danzantes, dos parejas se fueron aproximando hacia donde Afrodita y su acompañante se encontraban. Para Albert no pasó desapercibido que el compañero de baile de su dulce hermana, estaba más cerca de lo apropiado y que eso no era bien visto.

—¿Quién será el hombre con el que Candy está bailando? —Pensó en voz alta.

—Te preocupa que sea algún atrevido, cariño —comentó Marie Anne, hablándole al oído.

—Lo siento, no me di cuenta que lo dije en voz alta —Se disculpó el rubio, sin apartar la mirada de su pequeña—. Es sólo que no me gusta el poco espacio que hay entre ellos, la gente podría malinterpretarlo y hacer de ello una habladuría.

—Descuida, recuerda que nadie puede verle el rostro ni saben la identidad de ellos. En cuanto termine toda la actividad y antes que sea la hora de retirarse las máscaras, podemos irnos y asunto resuelto —habló con sencillez y sensatez su esposa, obviando algo que el rubio no paso por alto.

—Recuerda que el Gobernador le pidió a Candy que participara en la subasta, no podremos irnos antes de terminar toda la actividad y también está lo del baile como premio y el dichoso beso —Aclaró Albert, ya no tan tranquilo.

—Es cierto, lo había olvidado —Meditó Marie Anne, esperando que todo siguiera en paz como hasta el momento.

Por otro lado y no muy lejos de las dos parejas, Archie no dejaba de quejarse por el atrevido que tenía a su prima querida tan cerca de su cuerpo.

—Pero qué se cree ese tipo para no respetar los buenos modales y estar tan cerca de Candy —Peleaba Archie. Si las miradas fueran espadas seguramente el acompañante de la rubia, ya estaría perforado por más de una.

—Archie tranquilízate, ya ni siquiera mides el tono de tú voz y te están escuchando todos —Riñó Annie, la voz de su esposo no era un susurro y sus miradas detonaban su molestia—. Mira, si ella no se queja, por qué has de meterte tú. Yo me atrevería a pensar que hasta lo está disfrutando —comentó la pelinegra, con una sonrisa pícara que no se podía ver, pero se sobreentendía.

—¡Cómo dices eso, Annie! —Gruñó él, indignado—. Cómo se te ocurre que Candy va a estar disfrutando de que ese tipo la tenga tan… tan juntos —dijo con incomodidad.

—Pues no sé tú, pero yo no la veo nada molesta y conociéndola como la conozco, si le molestara ya lo hubiera puesto en su lugar de un buen golpe. Así que ya deja de preocuparte y has como Albert que está de lo más tranquilo bailando con su esposa —De un jalón, lo instó a alejarse un poco de la pareja en discordia.

Por su parte Candy, buscaba la forma de librarse de los brazos de su carcelero. Con cada movimiento trataba de alejarse lo suficiente de él y lo mismo hacía el Conde haciendo lo contrario.

Cerca de ellos la Flapper bailaba con Enrique VIII, sonriendo y comentando las escenas que dejaban ver una peculiar pareja que no pasaba desapercibida para todo aquel que se encontraba a su alrededor.

—Tú qué dices, Eleanor —Le habló Robert, al oído a su vieja amiga y madre de su mejor actor—. ¿No te parece que Terry está muy cerca de esa joven?, se están haciendo notar mucho con la forma en que están bailando. Sin dejar de mencionar que con cada vuelta que le hace dar, la dama en mención deja sin aliento a muchos con ese disfraz.

—Robert, te aseguro que a Terry no le preocupan las habladurías —Sonrió ella, muy acostumbrada a los chismes de las revistas y periódicos—. Pero tienes razón, él al hacerla dar vueltas en esa forma y atraerla tanto, no se ha dado cuenta que todos los observan y no es precisamente porque lo hayan reconocido y eso, no es apropiado —respondió preocupada por Candy y la actitud de él—. Yo conocí a esa jovencita cuando apenas era una chiquilla, una adolescente muy dulce, jamás pude haber imaginado que vendría con un disfraz tan llamativo como ese, ¿me pregunto si habrá cambiado mucho?

—Pues puedo asegurarte que del cuerpo de niña dulce que mencionas, no ha quedado nada —Rio divertido, Robert. Sin ninguna malicia más que admirando la esbelta figura de Afrodita—. Terry debe estar más que complacido en la mujer en la que se ha convertido, y tal vez quiera encerrarla después en un convento —Soltó una carcajada y Eleanor también sonrió al pensar lo mismo—. Lo que me hace gracia ahora es pensar, ¿qué va a suceder cuando dé la media noche y ambos tengan que quitarse las máscaras?

—Me has leído la mente, Enrique —Bromeó Eleanor, sonriendo—. Estaba pensando precisamente lo mismo, ante todo porque he visto el pisotón que Afrodita le acaba de dar al Conde Drácula, lo que me hace pensar que él debe estarla provocando y por eso la estrecha tanto. Pero, ¿qué irá a pasar cuando queden expuestos sin las máscaras y ella lo vea?, no sé por qué sospecho que a Candy no le hará mucha gracia, y más si él sigue provocándola como lo hace —añadió preocupada.

Por otro lado la bailarina de Can Can que también estaba muy cerca de todas las parejas mencionadas, veía a la distancia a Robin Hood conversando con una dama que iba vestida de Duende.

—Traidor, infiel —Pensó en voz alta.

—¿Cómo ha dicho, señorita? —preguntó el gorila, con el que bailaba desde el vals anterior.

—¡Oh, nada!, lo siento, sólo recordaba una línea de una obra —respondió ella, sin darle mucha importancia.

—¿Es usted una de las actrices invitadas? —La inquirió muy entusiasmado, el gorila.

—Tal vez —respondió ella, escuchándose coqueta—. ¿Por qué lo pregunta?

—Porque soy admirador de las actrices de teatro, principalmente de la bellísima Karen Claise —replicó él, con un suspiro profundo—. Espero que no se disguste o le ofenda que le diga mi secreto —Se acercó un poco para hablarle.

El ego de la actriz se elevó hasta la estratosfera al escuchar la confesión del joven gorila, por lo que en los siguientes minutos, no volvió a recordar, ni pensar en el infiel y traidor Robin Hood.

Todo aquel que conociera la melodía que estaba sonando, sabía que pronto terminarían los últimos acordes de la interpretación del segundo vals, previo a que empezara la primera actividad de la noche; "la rifa de las cenas", para lo cual se entregarían los números de todos los que quisieran participar.

Para Afrodita y El Conde, también estaba claro que pronto terminaría la melodía y que cada quien debía separarse para reunirse con su grupo. La Diosa había tenido que soportar las estrujadas que eventualmente el Vampiro le propinaba con descaro, y él, los pisotones que ella fingía con inocencia darle en respuesta al pervertido vampiro por sus atrevimientos. Ambos se habían metido en un juego de dar y recibir que los tenía muy entretenidos, al punto que cuando las últimas notas terminaron, no se dieron por enterados y siguieron moviéndose y desafiándose con las miradas. Hasta que una de las parejas cercanas, les dio el aviso de que la música había terminado y que el Gobernador se encontraba en la tarima para empezar a hablar.

Ambos se soltaron avergonzados, para su buena fortuna las máscaras cubrían su rubor. El Conde Drácula se inclinó caballerosamente como corresponde para agradecerle a la Diosa Afrodita su compañía y con la intención de acompañarla hasta su mesa. Ella aprovechó el movimiento para propinarle una patada en la espinilla antes de retirarse y sacarle la lengua. Algo que no sólo sorprendió al Vampiro, sino causó la risa de algunos, incluyendo la pareja de Enrique VIII y la Flapper, así como de la Bailarina de Can Can que no disimuló soltando una carcajada. Le agradeció al Gorila y le prometió un nuevo baile al final de las actividades, para luego caminar hacia donde se encontraba un molesto y avergonzado Conde Drácula y seguida de ella iba la pareja de Enrique y la Flapper.

—Estoy segura que esa última, no te la esperabas, Conde —Se burló la bailarina, con descaro carcajeándose y tomando asiento.

—¡Cállate y deja de burlarte! —contestó muy molesto, sin poder sobarse la patada que había recibido, de la supuesta dulce Afrodita.

—Cariño lo siento, pero tú te lo has ganado todo —dijo la Flapper, en cuanto estuvo cerca de ellos—. Te la pasaste molestándola durante todo el baile, ¿qué esperabas?

—Gracias por ser tan solidarias las dos, y a mí, mandarme al diablo —Se quejó, molesto—. Te aseguro que le voy a cobrar uno a uno cada pisotón que me dio y esa última patada también. Sigue siendo la misma chiquilla salvaje, aunque ahora sea vea como una señorita.

—Y una señorita muy seductora, si me lo permiten —Comentó Robert. Comentario que no resultó del agrado del Vampiro—. Tiene embobados a más de uno y por donde pasa, esparce sus encantos entre los caballeros. Creo que la competencia en esa subasta será a muerte, Terence —afirmó provocando más el enojo del actor—. En la invitación debiste agregar que le sugirieran vestir de monja —Se burló el veterano.

—¡No sé cómo rayos se le ocurrió venir vestida así! —Se quejó Terry, hablando con los dientes apretados y lamentando su suerte—. Cuántos años de no verla y cuando vuelvo a hacerlo, tenía que vestirse de esa forma, no hay uno sólo que no se la haya comido con la mirada —Se lamentaba, apretando las manos, signo inequívoca que estaba muy molesto.

—Bueno Conde —dijo la bailarina, golpeándole suavemente el hombro—, ¿qué esperabas?, que se hubiese metido a un convento después de que se separaron. Ella debía seguir su vida, si bien es cierto que ese traje está de infarto y te lo hace todo más difícil; también agradece que al menos esté soltera. Algo debes pagar por el tiempo perdido.

—Karen, no si… —Eleanor se vio interrumpida por Terry.

—Déjala, no está diciendo más que la verdad. Yo la dejé ir, lo sé, reconozco que lo hice sin siquiera rogarle que se quedara, pero ella se fue sin pensar o preguntarme lo que yo quería, y encima se olvidó de mí. La prueba es que nunca respondió a mi carta después que murió Susanna. No sé a quién odio más, si a ella o a Susanna que me negó toda oportunidad de poder hacer mi vida con quién yo quería, por cuidarla hasta que murió.

—Terry, no digas eso —Robert, estaba sorprendido al escucharlo hablar con tanto rencor. Parecía querer vengarse de la joven rubia a la que había invitado a esa cena de gala; él pensaba que su intención al mencionarle lo mucho que la había amado y como sufrió por haberla perdido. La idea de todo lo que habían tramado para llevarla a Nueva York y a esa celebración, era porque seguían viviendo esos sentimientos de amor y quería reconquistarla. Pero tal parecía por sus palabras que lo único que deseaba, era vengarse de una que ya estaba muerta, y de la otra a la quería hacer sufrir.

Candy tuvo que esquivar a varios caballeros que se le acercaban mientras encontraba a los miembros de su familia, sin darse cuenta que ellos también se encontraban tratando de ubicarla. Hasta que Albert y Marie Anne llegaron en su rescate, cuando dos caballeros pretenciosos no le permitían el paso casi acosándola, y ella empezando a perder la paciencia y lista quizás para golpearlos.

—Buenas noches, caballeros —Se interpuso entre ellos y su pequeña rubia, tratando de no llamar la atención y de ser educado. Aunque lo que le provocaba era darle un puñetazo a cada uno—. Si me permiten, el Gobernador requiere la presencia de mi hermana —Se volteó y tomó de la mano a Candy y con la otra también se llevó a Marie Anne.

Mientras en el fondo se podía escuchar la voz del Gobernador, que anunciaba la venta de los números para las rifa. Y ellos caminaban hasta su mesa.

—¿Estás bien, Candy? —preguntó Marie Anne, al alejarse del par de individuos.

—Sí, no te preocupes —La tranquilizó, aunque se ella se encontraba furiosa y no por los pretenciosos—. Solo era un par de tontos invitándome a tomar una bebida con ellos —Luego se dirigió al rubio—. Gracias Albert, por un momento, pensé que tendría que golpearlos yo.

—¿Quién era el caballero con el que bailabas, Candy? —preguntó sin darle importancia al otro asunto—. Me pareció que estabas incómoda con él, ¿te estaba molestando?

Por segundos la rubia no supo qué decirle, en realidad que respuesta podría darle. Si le decía que se había comportado bastante patán y atrevido, quizás Albert iría a reclamarle y ni pensar en el escándalo que se armaría. Y luego estaba Archie que tampoco se quedaría de brazos cruzados si se enteraba.

—En realidad no sé quién era, sabes que nadie puede revelar su identidad hasta pasada la media noche. Por el acento al hablar, asumo que es alemán, pero nada más que eso, y no, no me estaba molestando, es sólo que por momentos me desconcentraba en el baile y le pisé los pies en algunas ocasiones —Le explicó, bastante incomoda por mentirle.

—A mí me pareció que estaba bailando inapropiadamente contigo, se les veía muy cerca uno del otro —afirmó el rubio, y el tono de su voz era muy serio.

Para la buena fortuna de la rubia pecosa, Archie y Annie llegaron para interrumpirlos y todos tomaron sus lugares a la mesa.

—Candy, ¿quién era ese tipo y por qué se estaba tomando tantas confianzas contigo? —El joven, no midió el alto tono de su voz al hablar.

—Archie baja la voz, o quieres que todos se enteren —Le habló Annie, dándole un pellizco en el brazo.

—Annie, eso dolió —Se quejó el esposo, sobándose el brazo.

—Cálmate Archie —Le pidió Albert—. Candy estaba justamente por explicarnos eso —Le aclaró.

Pero Candy tenía mucha suerte esa noche, porque tan solo unos segundos después, uno de los hombres a los que se les había asignado la venta de los números para la rifa interrumpió la conversación. Albert sacó su billetera y compró dos números, Archie imitando la acción de su tío hizo lo mismo y compro uno. Adicional a esa interrupción, el Gobernador minutos después solicitó desde la tarima la presencia de uno los invitados provenientes de Chicago, para que fuera quien sacara los números ganadores de la rifa. Luego de discutirlo entre ellos, el rubio fue el elegido y la conversación no se tocó más. Dándole la oportunidad a Candy de respirar tranquila, al no verse obligada a mentir por no poder decirles la verdad para evitar alguna discusión. Segundos después la mujer que vestía como Flapper también fue solicitada para acompañar al caballero.

Concluida la venta de los números de la rifa, el delegado hizo el anuncio y el sorteo dio inicio. Al finalizar los ganadores subieron y recibieron de manos del León y la Flapper, la tarjeta que consistía en el pase para la cena en el conocido hotel.

Posteriormente y finalizado todo lo referente a la rifa, se hizo el anuncio para apuntarse al concurso de baile a lo que acudieron muchos de los invitados, entre ellos se acercaron a la mesa primero Archie y Annie, luego Candy y Albert. Al ver a la rubia Afrodita que iba a inscribirse en el concurso, se le negó el derecho haciéndole la aclaración que aquellos que fueron seleccionados para la subasta, no podrían participar. Por lo que ella quedaba descartada, Albert ya frente a la mesa y comprometido, no tuvo otra opción que inscribirse junto a su esposa Marie Anne, quien no era muy aficionada a los bailes modernos en qué consistía el concurso; y para ser sinceros tampoco lo era Albert, sólo lo hacía por Candy. De nuevo y en contra de los deseos de Archie y en parte del rubio mayor; Afrodita se volvería a quedar sola. Y para la satisfacción de varios caballeros, ella estaría disponible observando el concurso y ellos aprovechando su compañía.

Cuando la música empezó y los participantes se reunieron en la pista de baile, la rubia se movió a una de las mesas reservada especialmente para ellos y que estaban dispuestas para la cena que sería después del concurso de baile. Desde ese punto ella podía apreciar perfectamente la actividad y uno de los meseros le llevó una bebida que ella solicitó.

Pocos minutos después, un par de caballeros se anticiparon a movilizarse para acercarse a conversar con ella, cuando un caballero vestido de negro, tomó una copa de champagne de una de las bandejas que llevaba un mesero y moviéndose más rápido se sentó junto a la rubia Diosa. Acto que espantó al dúo y a otros jóvenes que intentaban hacer lo mismo, molestos se retiraron algunos y otros pensando en la revancha que buscarían más tarde con el hombre de negro.

—Qué conveniente, fräulein Afrodita —dijo el caballero, con la copa en mano y terminando de sentarse a la mesa—. De nuevo se encuentra usted sola, expuesta a los… ¿cómo fue qué dijo antes? —Fingía recordar sus palabras—. ¡Ah sí!, lobos disfrazados con piel de ovejas —Levantó la copa y brindo por ella.

—No puedo creerlo —respondió con mal gesto volteándose ya que le había quedado de espaldas, en el asiento de a la par—. ¿Usted otra vez? —El tono de la rubia era de incredulidad e indignación. ¿Qué no le había quedado claro al odioso Vampiro que no le simpatizaba?

—Cuando lo dice de esa forma, me destroza el corazón, fräulein Afrodita —El caballero, se llevó la mano al pecho de forma dramática—. Y la Diosa del Amor, no puede ir en contra de sus obligaciones.

—En estos momentos desearía haber venido con el disfraz de Juana de Arco —respondió molesta.

—¿Y puedo preguntar por qué? —cuestionó con tono seductor, el Conde.

—Para tener la excusa perfecta de portar una espada y córtale la cabeza —replicó ella, arrugando los labios fingiendo sonreírle con la boca cerrada.

—¡Auch! —Se tocó el cuello—. Supongo que eso la haría muy feliz, por si no lo sabe, déjeme ilustrarla. A nosotros los vampiros, no nos pueden matar más que clavándonos una daga de plata, directo aquí —Se señaló el lugar donde está el corazón—. Y usted con esas palabras, ya lo ha hecho.

—Pues no lo creo —Negó ella, sin que sus palabras la impresionaran—, porque aunque yo no deseo, lo sigo viendo frente a mí, y lo veo bastante vivo —Se lamentó.

—Quizás porque de una boca tan linda y más si son de la Diosa del Amor, no pueden salir palabras para matar un corazón, ¿no le parece? —Se le insinuó acercándose a ella de forma provocativa.

—No traigo daga, pero en la mesa hay un reluciente cuchillo que si me obliga, podría clavárselo y no precisamente en el corazón —Ella, dejó caer la mano muy cerca del arma que usaría.

—¿Usted, no sería capaz? —La desafió, mostrándole los colmillos al sonreír con cinismo.

—Póngame a prueba y le aseguró que no volverá a sonreír como lo hace ahora.

—¿Por qué tanto enojo, fräulein Afrodita?, ¿qué es lo que he hecho que le ha molestado tanto al punto de amenazarme con un cuchillo? —preguntó el Vampiro, con mucha inocencia.

—Usted sabe bien lo que ha hecho y no entiendo su descaro en insistir y venir a molestarme. ¿Qué no hay más víctimas por ahí que estén dispuestas a seguirle su juego con agrado?

—Sí, hay muchas y muy dispuestas —respondió con gran arrogancia y vanidad—. Pero a mí, sólo me interesa una, y esa, es usted fräulein Afrodita —Lo dijo muy serio y marcando las palabras—. Le aseguro que al final de la noche, estará de nuevo en mis brazos —Con esas últimas palabras cerró la conversación, se tomó el contenido de la copa de champagne de un solo sorbo y la dejó caer sobre la mesa, para luego levantarse del lugar y retirarse.

Sus planes se habían venido abajo con la frialdad de ella una vez más, todas las intenciones que había tenido de quedarse juntos para llamar su atención o molestarla, mientras el concurso de baile se realizaba; se cayeron con la mala actitud hacia él. ¿Es que en verdad el tiempo había sido tan malo que todo en ella había cambiado tanto?, ¿por qué se había vuelto tan fría y déspota?, si hasta parecía una mujer amargada. Los pensamientos de Terry lo llevaron a pensar que, tal vez después de que se fuera esa noche de Nueva York con el corazón roto, se prometió no volver a creer en ningún hombre y menos abrirle su corazón al amor. Su trato con él, y parecía que era lo mismo con los demás, era de indiferencia y rechazo. Regresó a la mesa que ocupaba con sus amigos, sus cavilaciones y la vista de ella a la distancia lo llevaron a meditar sobre sus intenciones.

—¿Qué pasó? —preguntó Karen, intrigada. Era la oportunidad perfecta para conversar con ella al haberse quedado sola, o lo que fuera que hubiese planeado al invitarla esa noche. Eso era lo que ella pensaba. Pero él no contestó y tomó una de las copas que había en la mesa y al igual que con la anterior, ingirió de un solo sorbo todo el líquido—. ¿Desde cuándo empezaste a beber de nuevo, Terry? —Lo cuestionó extrañada. Hacía años que él no bebía más que agua, tampoco hubo respuesta, tomó otra de las copas que había y procedió a hacer lo mismo.

Eso fue suficiente para que la actriz comprendiera que no deseaba hablar, que no iba a darle ninguna respuesta a sus preguntas y que no deseaba seguir siendo interrogado, porque estaba molesto. Lo mejor era no provocarlo, y menos cuando él se quedó fijo mirando hacia donde se encontraba la mesa de la invitada especial.

Me intriga saber lo que fue de tú vida durante éstos años, Candy —Dio inicio a su conversación privada, ignorando todo a su alrededor—. La mía no fue lo que yo hubiera querido, jamás quise llevar una carga y nadie me preguntó si la quería, Susanna no era mala, pero tampoco buena. Su egoísmo se volvió una enfermedad de la cual yo parecía ser su única medicina. Por años intentamos ser amigos y aunque logramos aceptarnos tal como éramos y llevar una vida pacífica y aceptable, el amor no fluyó nunca hacia ella y ese fue su castigo y el mío también. Porque a pesar de que no me molestaba sostener esa casa como si fuéramos un matrimonio, muy dentro de mí, donde sólo yo puedo ver, siempre la odié. No pude evitar ese sentimiento oculto que día a día se hizo más grande con el pasar de los años. Esa dependencia que creó de mí para todo me asfixiaba, la insté a valerse por sí misma y en gran parte lo hizo, pero siempre insistía en que si no fuera porque yo estaba a su lado, ella no sería nada y prefería morir. Odié cada día y cada momento en que lo repetía y aun así seguí cuidándola sin quejarme, tal como lo prometí sin que ella jamás descubriera mi verdad. Cuando por fin murió, mentiría si no dijera que sentí un gran alivio. Pensé que mi alma descansaría, y que había llegado el momento en que yo empezara a vivir realmente, pero no pudo ser, porque todavía estabas tú. Allí donde yo quería echarte o sepultarte por haberme abandonado cuando más te necesité. Un nuevo sentimiento empezó a despertar en mí, y a pesar de eso, me humillé enviándote esa carta en contra de mis deseos y todo porque no podía callar esa voz interna que me lo exigía. ¿Y qué hiciste?, la ignoraste, me ignoraste y me mataste. Ya nada te importaba y preferiste olvidarme y seguir tú vida como prometiste. Tú pudiste pronto, qué fácil, yo no; ahora que soy libre voy a demostrarte que ya no significas nada importante para mí, sólo un juguete con el que quiero divertirme una última vez. Voy a demostrarte que puedo verte y odiarte como me lo has hecho sentir en las últimas horas desde que llegaste. Todo está a mi favor porque te has delatado cada vez que te he estrechado entre mis brazos, la forma en que tú cuerpo reacciona a mis avances, ¿por cuántos otro brazos habrás pasado? —La idea que surgía del fondo de sus verdaderos sentimientos al imaginarla con otros, no podía esconder la única verdad que quería ocultar con un falso desprecio—. Y eso que me importa —Se respondió como si el verdadero sentimiento lo hubiera cuestionado—. De cuántos hayas sido no es mi problema, sólo quiero jugar contigo y luego olvidarte para siempre. Si no lo logro, entonces moriré en el intento, pero nunca más volveré a engañarme, ni a creer en nadie.

Candy veía fijamente a la pista de baile y eventualmente lograba ver bailando a las dos parejas que la acompañaron en el viaje, disfrutando de la competencia. Caballeros se acercaron a ella para darse por invitados y acompañarla queriendo entablar conversación. Pero después de la experiencia con el Conde, estaba ofuscada y molesta, sin mucha cortesía los despedía pidiéndoles que la dejaran sola. No deseaba la compañía de nadie y menos si era masculina, la negativa hacia ellos se despertó de donde se encontraba dormida. Ella nunca necesitó a nadie para salir adelante y tampoco necesitaba a un hombre para vivir su vida como quería, ¿de dónde creían que los necesitaba y que deseaba su compañía? Los únicos hombres que permitía y permitiría en su vida futura, serían los niños del hogar de Ponny que en verdad la necesitaban, ya que ni Albert ni Archie requerían de ella. Habían formado sus propias familias con lindos hijos que eran como suyos, y aunque a ellos los amaba entrañablemente, no podía opinar lo mismo del resto de la población masculina y menos de aquellos que con galanterías tontas y ridículas, gastadas y de mal gusto, se querían hacer notar frente a ella. No los necesitaba y no quería a ningún cerca, su corazón había conocido el amor y sólo le había traído lágrimas, desencuentros, sufrimientos y frustraciones que no estaba dispuesta a volver a vivir. Para que quería un hombre en su vida, cuando podía ser feliz sola. Tampoco era una frívola como ese idiota vestido de Vampiro, con la arrogancia y dándose ínfulas de Conde la había llamado, o una mujer interesada por el dinero que sólo gustaba de exhibirse y darse a desear, como si eso le importara. Para empezar ella no había escogido ese atuendo y cuando volviera Chicago, lo quemaría para olvidar que nunca debió volver a esa ciudad que la mandó de vuelta con el alma muerta. Para su buena fortuna, solo sería esa noche que debía soportar y un poco más del día siguiente y luego volvería a la seguridad y tranquilidad de Indiana de donde nunca debió salir.

Terry —Ese nombre se cruzó en sus pensamientos sin haberlo deseado conscientemente, porque al corazón no lo podía engañar—. Es un nombre que ya no significa nada en mi vida. Desde siempre ha vivido la vida que le ha dado la gana. En el colegio hacía lo que quería y se creía con el derecho de insultar y ofender a quién quisiera. ¿Cuáles fueron exactamente nuestras experiencias?, tú mal humor, ayudarte en una noche de borracheras sin recibir un "gracias", porque que eras un orgulloso y arrogante —De alguna manera y sin quererlo, lo asoció al indeseable Conde Vampiro y sacudió la cabeza para echarlo y siguió meditando—. Y luego América y tus cartas que nunca fueron realmente cartas de amor, siempre burlándote de mí, nombrándome con apodos, ¿esa era en verdad tú forma de atraer mi atención y dejarme ver sentimientos por mí? —Todo cuanto de él se tratara, se había vuelto negativo en los últimos meses—. La confianza es la base inicial para cualquier sentimiento y relación, ¿la tuviste conmigo?, me hiciste venir a verte y escondías un secreto que acabó por destruirme. Si lo pienso bien, Eliza tenía razón, Susanna y tú eran tal para cual, la pareja ideal. Fui yo la que no quiso verlo, la que se engañó al creer que yo podía ser importante en tú vida. El corazón se me hizo añicos cuando te vi esa noche en la terraza del hospital, caminar frente a mí y llevarla en brazos sin decir una sola palabra. En ese momento supe cuán importante era ella para ti. Todo el frío y el peso de esa tormenta de nieve, con los años enfriaron mis sentimientos y el amor se congeló, comprendí que no fui más que una diversión para ti y tu negro humor y sarcasmo. Espero nunca más volvamos a encontrarnos, ni saber jamás de ti. Ahora estoy bien, ahora soy feliz con lo que tengo y no necesito a nadie para seguirlo siendo.

Entre pensamientos y meditaciones de ambos en sus mesas, el tiempo había transcurrido sin que ellos lo notaran. En la mesa de Candy ella permanecía sola y en los últimos minutos ni siquiera se dignaba a rechazar con palabras a quién llegaba a hablarle, sencillamente los ignoraba sin volverse. Nada le importaba más que estar perdida en todo lo que pasaba por su cabeza, los viejos sentimientos que le ardían y los nuevos que la mantenían en pie.

En la mesa donde Terry se encontraba las circunstancias eran similares, cuando Robert y Eleanor volvieron porque no calificaron para la ronda final, Karen seguía sentada en silencio. Le había intentado hablar en alguna que otra ocasión, pero de él ni una sola palabra salía en respuesta. Lo único que hacía era observar hacia donde se encontraba la mujer que lo tenía perdido en un mar de sentimientos negativos, y a la que deseaba muy pronto volver a tener junto a él para burlarse, y más lo disfrutaría cuándo descubriera su identidad.

El Gobernador subió de nuevo a la tarima para anunciar a las únicas parejas que quedaban en la pista, descartó a una y dio por empatada a las otras dos. Los aplausos se escucharon por todo el salón, menos en la cabeza de dos personas que sólo se encontraban físicamente en el lugar, pero mentalmente muy lejos de la realidad.

Cuando los Ardley volvieron a la mesa, encontraron a Candy con una copa en la mano que aún se encontraba llena del líquido que contenía y con la vista perdida en algún lugar del salón. Extrañados por la situación, decidieron no molestarla. La cena se sirvió y pasó sin mucha importancia en las dos mesas, eventualmente daban respuestas a alguna pregunta, pero ambos en diferentes mesas parecían experimentar el mismo sentido de indiferencia.

El Gobernador al punto de las once de la noche anunció la última actividad, la más esperada por muchos y se dejaron escuchar muchos aplausos, de nuevo el hombre explicó las reglas del juego y dio por iniciada la actividad.

—Candy —Annie, se acercó a ella y le habló al oído, pero ella seguía perdida y no respondió—. Candy, ¿te pasa algo? —preguntó pero nada, casi no había lo que les habían servido—. ¡Candy! —Le habló más fuerte, sacudiéndola un poco del brazo.

Hasta entonces la rubia volvió a la realidad otra vez, miro hacia varios lugares y recordó que todavía estaban esa fiesta de pesadilla. En esa tonta celebración a la que no debió ir, si lo pensaba bien, hasta podría haber sido mejor haberse quedado con los Lagan —Sonrió internamente al pensar en semejante tontería.

—¿Qué tienes, Candy? —Albert, también se acercó para hablarle.

—Nada, lo siento —Se excusó, para verlos—. Es sólo que estaba pensando como estarán los chicos del hogar y si ya se habrán acostado —Mintió.

—¡Eres increíble! —Hablo Marie Anne—, te encuentras en medio de una fiesta tan divertida y no dejas de preocuparte y pensar en los niños. Sabes bien que están muy bien cuidados, despreocúpate nada les pasara y mejor diviértete. Ya viene la parte en la que tendrás que participar —Le anunció. Ya que el Gobernador había llamado a la primera dama, quién era una joven de una importante familia, vestida con un traje oriental. También le aclaró que serían únicamente tres damas y tres caballeros los elegidos.

—Ah, eso —respondió ella, sin mucho interés. La realidad es que ya nada le parecía importante, todo había perdido interés y lo de la subasta sólo sería la gota que rebasaría el vaso. Deseaba que todo pasara pronto y poder largarse de ese lugar.

—Si te molesta, puedo hablar con el Gobernador y pedir que te excuse porque estás indispuesta —Le dijo Albert, que la conocía bastante bien y sabía que su pequeña hermana, no era la misma que llegó. Algo le había sucedido y quizás todo tuviera que ver con ese misterioso hombre con el que había bailado.

—No déjalo así, es para una buena obra y no seré yo quien les niegue la oportunidad —Aclaró y no dijo más.

—¿Estás segura que aún quieres participar? —Se sumó el siempre protector, Archie.

—Sí, no te preocupes todo está bien.

En la mesa de los actores, todos estaban expectantes, después de la primera joven, que había conseguido una cantidad considerable. Fue anunciado Robin Hood, como el siguiente en la lista de los seleccionados.

—No puedo creer que ese idiota se dignara a ofrecerse —dijo con molestia, Karen—. Espero que nadie dé ni medio centavo por él, no lo merece.

—Vamos Karen —dijo Robert, sonriendo—. Recuerda que lo recaudado será utilizado para ayudar, no lo tomes personal y saca tú dinero para hacer tú oferta —Se burló.

—¡Qué!, ni que me obliguen ofreceré un dólar por ese infiel, sino fuera porque ese dinero servirá para algo, me subiría a estropearle la subasta —Amenazó.

—Estoy segura que no harías algo como eso, bailarina de Can Can —Le habló Eleanor, con una sonrisa—. Recuerda que después vas tú y él podría hacer lo mismo.

—Bueno, en eso tienes razón —Se quedó tranquila y pensativa—. Ah, solo espero recolectar mucho más dinero que lo que den por ese mentiroso, al menos podré vengarme al ganarle en la subasta —Sonrió con maldad—. Y tú Drácula, ¿seguirás tan callado toda la noche?, así perderás a tú víctima —Se dispuso a molestar al Vampiro, que no estaba para juegos.

—Lo que yo haga no es de tú incumbencia —Por fin habló luego de muchos minutos de silencio.

—Cariño, me parece que estás molesto y no comprendo tú actitud. ¿No era esto lo que querías? —Lo cuestionó su madre.

Pero no respondió, él sabía lo que debía hacer y no tenía por qué compartirlo con nadie.

A la mesa de los Ardley, un joven delegado se acercó para informarle a Candy que ella sería la última de la subasta y la escoltaría hasta a la tarima.

El momento de Karen llegó y la bailarina haciendo gala de toda su coquetería caminó de forma llamativa hasta la tarima con su acompañante. Al llegar Robin Hood venia bajando los dos últimos escalones, ella con toda la intención se agachó un poco con la farsa de arreglarse algo en el vestido e inesperadamente estiró uno de sus pies, justo cuando el ladrón de los Bosques de Sherwood daba el último paso para bajar enredándose con ella y cayendo de rodillas a sus pies.

—Ay, querido mío —dijo ella, alzando bastante la voz para ser escuchada, mientras todos veían el espectáculo disimulando las risas—. Sé que soy irresistible, pero no hay necesidad que me beses los pies —Ella, se levantó el ruedo del vestido para poder subir y de paso le pasó por la cabeza el vuelo y continuó avanzando, mientras Robin Hood muy avergonzado se levantó rápido para desaparecer y ubicarse en la mesa de la persona que había ganado.

La subasta dio inicio y la joven actriz se balanceaba hacia un lado y otro como si fuera una modelo, iniciaron con 100 dólares y fue subiendo hasta alcanzar la considerable cifra de 10,000 que para felicidad de la bailarina y que no escondía su entusiasmo; había superado por 2,000 dólares a su antecesor, Robin Hood.

El siguiente fue otro joven proveniente de una buena familia de la ciudad que era todo lo que se decía y las damas hicieron sus ofertas hasta que una mujer ofreció la suma de 7,000 dólares. Le siguió otro caballero mayor a los primeros y consiguió una cantidad nada despreciable de 9,000 dólares. En el momento en que se hacía el cierre de esa subasta, el encargado de llevar a la última participante se puso de pie y le extendió la mano a la Diosa Afrodita para acompañarla y luego ayudarla a subir. Ella se tomó unos segundos para darse valor y ánimo para continuar con lo prometido, hasta que el joven le pidió amablemente que debían apurarse para llegar a tiempo. De esa forma se levantó y dio inicio su caminata lenta para evitar que las aberturas de su vestido revelaran más de lo necesario, en todo el camino fue seguida por muchas miradas que deseaban esa Diosa para ellos esa noche. Al llegar al entarimado, ella se detuvo pensando qué haría para evitar que las aberturas no mostraran mucho al subir, en ese momento deseo con todas sus fuerzas, haber insistido en llevar el disfraz de Red Riding Hood y negarse con el de Afrodita. Si así hubiese sido, no estaría en esa disyuntiva frente a todos esperando verla subir.

Se armó de valor una vez más y con el coraje que la caracterizaba, tomó la cola de su vestido para evitar pisarlo y sufrir una caída. Acto que hizo que la abertura del disfraz, mostrara a plenitud su torneada y bella pierna izquierda que por más que intentaba con disimulo tapar con su brazo, no era mucho lo que hacía. Archie se llevó la mano a la cara negando, Albert respiró profundo, las chicas sonrieron y a la vez se apenaron por haber expuesto a Candy a eso, ellas nunca imaginaron que tendría que subir escalones. Y en la mesa de los actores...

—Vaya, vaya, Conde —dijo Robert, tratando de no reír al ver la expresión en los labios de su actor principal que denotaban molestia—. Insisto, tiene unas lindas piernas —Movió la cabeza en señal de darle el visto bueno. Comentario que Terry sólo escucho con molestia pues no apartaba la vista de cada paso que ella daba para subir. Al igual que a todos los presentes, se le aceleraron las pulsaciones—. Menos mal que sólo son tres escalones, de lo contrario esto se convertiría en una verdadera tragedia griega —Se carcajeó el hombre haciendo gracia de la situación.

Cuando Afrodita terminó de subir, sentía que había recorrido un larguísimo camino y que las mejillas aunque nadie pudiera verlas, estaban encendidas de vergüenza. Nunca, jamás volvería a ser partícipe de nada parecido se prometía internamente, sin dejar de lamentarse.

—Bien, hemos llegado con la última personalidad de la noche. Sé que muchos de ustedes la han podido observar —Las palabras del Gobernador, tampoco que era que ayudarán mucho, el ruidoso sonido de los aplausos hicieron que ella se pusiera más nerviosa—. Sé que todos están ansiosos por dar inicio a las ofertas, pero antes que nada; al inicio anuncié que daría a conocer el nombre de la persona que hizo tan espléndida sugerencia. Pero como aún no dan las doce, sólo les adelantaré que tiene que ver con el mundo del espectáculo, específicamente del teatro y que es un caballero muy conocido, principalmente por las damas y que se encuentra entre nosotros acompañado de otros miembros de su compañía —El público femenino, se giró hacia muchos lugares buscando con la vista a quién sospechaban ya que podía ser, pero con las máscaras en el rostro y los disfraces era imposible poder descubrirlo.

—Terry —Le dijo Robert, no muy alto—. Estoy seguro que si hubieses sabido que tú encantadora invitada vendría vestida de esa forma, jamás hubieras sugerido que la subastaran —Robert no perdía la oportunidad de embromarlo sin quitar el dedo en la llaga de los celos.

Y él no pudo más que darle toda la razón sin decir nada, en ese momento se arrepentía de haber hecho las cosas de esa manera, ¿pero cómo rayos se iba a imaginar que llegaría disfrazada de forma tan seductora? Ella siempre habías sido tan pudorosa, dulce y recatada, no por nada le había propinado un buen par de bofetadas cuando la besó sorpresivamente tantos años antes.

"Sí, pero tú lo has dicho, tantos años antes", le dijo una vocecita interna. "Los años cambian a las personas, tú has cambiado y ella también debió hacerlo, no podías esperar ver a la misma adolescente que dejaste ir", terminó de matarlo esa voz que a veces no queremos oír, pero que no dijo más que la verdad.

—Entonces que empiece la subasta, ¿cuánto ofrecen por la Diosa Afrodita que nos visita desde la Ciudad de Chicago? —preguntó el Gobernador, para darle más salero a la última subasta.

A la mitad del Salón un hombre levantó la mano y ofreció de entrada 1,000 dólares, dejando impresionados a la mayoría de los presente, las anteriores habían empezado en 100, 200 o 300. Pero 1,000 era una cantidad considerable y empezó a matar las ilusiones de muchos caballeros jóvenes. Pocos segundos después, otra voz varonil se escuchó con la cantidad de 1,500, seguido de una nueva voz que anunció 2,500 dólares; dando a entender que deseaba que la subasta fuera más rápido y solo se quedaran los que verdaderamente podían llegar al valor de la esa mujer que estaba frente a todos, y que muchos habían admirado desde que hiciera su llegada.

—Tal parece que ésta subasta será mucho más rápida que las anteriores —afirmó el Gobernador, más que satisfecho y muy agradecido de la sugerencia del actor y de la actriz que lo había llegado a convencer—. ¿Alguien da más? —preguntó sólo por querer decir algo.

—5,000 dólares —dijo un hombre de una de las mesas de atrás, estaba disfrazado de Pirata.

—¡Tío!, ¿te vas a quedar callado, no piensas hacer una oferta?, no puedes permitir que ninguno de esos hombres se quede con Candy —dijo Archie, preocupado de ver como la cifra se había elevado considerablemente.

—Sabes bien que las reglas me impiden que pueda participar, así que tendremos que esperar para ver quién gana —respondió Albert, sabiendo que nada podía hacer.

En la mesa de los actores, los comentarios tampoco hicieron falta, ante la sorpresiva forma en que la suma se iba elevando tan rápidamente.

—Solo cuatro han pujado y ya van 5,000 dólares —dijo Robert, de forma casual—. Me pregunto —Se llevó el dedo a la babilla y entrecerró los ojos—. ¿Cuánto más subirá?

Terry sabía bien que el director lo decía para molestarlo a él, efectivamente, la subasta había dado la sorpresa de haberse elevado más de lo que hubiesen imaginado. Estaba seguro que todo se debía al condenado disfraz, y no lo pensaba por desmerecerla a ella; sino por todo lo que dejaba ver de un cuerpo muy bien formado. De sus buenos atributos que no pasaron inadvertidos para nadie, y que aquellos que podían y tenían la capacidad económica, podían permitirse el lujo de poder tenerlos, no tanto por lo que deseaban ayudar a la recolección de fondos, sino por lo que pudieran conseguir de ella al ganar la subasta. ¡Y eso sí que no!, no estaba dispuesto a permitirlo y menos cuando era por él que estaba ahí; ella era un juguete valioso que sólo él deseaba tener y después desechar como le diera el gusto. Pero antes, no permitiría que nadie le quitara el privilegio de quedárselo y ganárselo frente a todos.

—Terry —Habló Eleanor, acercándose a él—. ¿Qué estas esperando, hijo?, creí que ibas a participar, ¿no era ese tú objetivo?

—Sí —respondió inexpresivo—. Pero no llega el momento aún.

—Acaban de subir la oferta a 7,000 dólares —dijo ella, sorprendida de como avanzaba a pasos agigantados las sumas de dinero.

—Lo sé —respondió y se volvió hacia ella—. Estoy observando quienes son realmente lo verdaderos oponentes, hasta ahora sólo he podido ubicar a uno —agregó.

Y mientras hablaba con su madre la cifra había subido a 8,000 dólares y la última puja la había hecho el hombre con el disfraz de pirata. En la mesa de los Ardley Albert, había tenido el mismo pensamiento que Terry sin imaginarlo. Aunque con la escena del baile le había sorprendido que el hombre de negro no hiciera ninguna oferta.

—9,000 dólares —dijo un hombre que hasta ese momento no se había hecho notar. Vestía con el disfraz de Napoleón Bonaparte y su acento francés lo delataba. La oferta cayó el murmullo que había y todos se giraron para verlo, incluyendo el Conde Drácula que sonrió de lado.

Candy estaba impresionada por las enormes sumas de dinero que se estaban ofreciendo por ella, jamás había participado en algo similar y nunca imagino que alguien pudiera pagar esas fortunas que para ellos solo significan un juego y un desafío de quien podía más. La suma siguió subiendo y 12,000 se escuchó decir de nuevo al Pirata que no bajaba la guardia en contienda fuerte con Napoleón.

—Eso es mucho dinero, estoy impresionada —habló Eleanor, realmente sorprendida de las cantidades que se estaban jugando entre los oponentes—. Conde —Le puso la mano en el hombro para atraer su atención y acercarlo a ella para hablarle muy bajo, el silencio se había vuelto casi sepulcral—. ¿Estás seguro que vas a participar?, las cifras se han elevado mucho y no sé puede saber cuánto más lo harán.

En realidad los oponentes no parecían quererse rendirse. Para ese momento ambos habían hecho nuevas pujas y la cantidad se había elevado a 13,000.

—Eso era lo que estaba esperando —dijo después de escuchar la cantidad que habían ofrecido—. El camino está libre y ahora puedo ver sin dificultad quién realmente puede pagar, él hombre del fondo es el verdadero rival —Le aclaró girando la cabeza para observar al Pirata—. En respuesta a tú pregunta —Se giró de nuevo para verla—. Claro que voy a entrar en el juego, de algo tiene que servir el título y la obscena fortuna que mi padre me dejó al morir, será como quitarle un pelo a un gato —Y con esa respuesta se puso de pie, le hizo una reverencia a su madre y se encaminó hacia la parte de atrás; mientras caminaba escucho que se hacia una nueva oferta, 15,000 dólares justamente por el que consideraba su verdadero oponente, el Pirata.

—Yo ofrezco 16,000 —Ofreció levantando la mano y caminando entre las mesas de personas que se voltearon para verlo pasar, a las cuales sorprendió con su intervención. Tomando por sorpresa también a Napoleón y el Pirata.

Los Ardley se giraron para ver al hombre que se sumaba a la subasta y que se había elevado considerablemente. Desde la tarima, Candy no necesito ver el disfraz para saber de quién se trataba, al igual que el francés Napoléon, el acento alemán al pronunciar la cifra delató al Conde Drácula y ella estaba segura que él deseaba que lo supiera. Al instante le llegaron fresquitas las amenazas que le había hecho antes:

"Porque yo, cuando quiero algo, lo obtengo al precio que sea.", "le aseguro que al final de la noche, estará de nuevo en mis brazos."

"Oh no, por favor no puede ser cierto", pensó rogando y lamentando su situación.

—Parece que tenemos un nuevo oponente —Sonrió emocionado, el Gobernador. La cifra se iba elevando más de lo que pudo haber imaginado. La heredera Ardley de Chicago definitivamente había sido una agradable y hermosa sugerencia.

—17,000 —Ofreció poniéndose de pie el Pirata, no dispuesto a perder algo que ya empezaba a sentir como suyo. Faltaban apenas un par de pasos para que el Conde llegara hasta donde él estaba.

El silencio se apoderó del lugar esperando respuesta y una nueva oferta de parte de los otros contrincantes. Segundos pasaban y no se escuchaba otra voz, hasta que el Gobernador intervino una vez más.

—La última oferta ha sido de 17,000 dólares, si alguien está dispuesto a ofrecer más, éste es el momento para hacerlo o damos por cerrada la subasta a la cuenta de tres —Trató de animar a los oferentes para que siguieran subiendo la cantidad.

—18,000 —Ofreció Napoleón, desde su lugar levantando la mano.

El Conde terminó por llegar hasta donde estaba el Pirata y se quedó a escasos pasos esperando por una nueva oferta de su parte.

—19,000 —Marcó la cantidad, el Pirata. No dejaría ir fácilmente a la presa a la que ya le había puesto el ojo. El Conde se acercó hasta quedar muy cerca del Pirata que no lo percibió al estar muy concentrado en la subasta.

—Pierde su tiempo —Le habló muy cerca y sorprendió al hombre que se giró para ver de quien se trataba—. No será suya —Le aseguró. El pirata sonrió de medio lado y con arrogancia le respondió.

—Eso lo veremos, tengo el dinero suficiente para llevarme a ella y a muchas más —afirmó con orgullo. Y El Conde sonrió dándole a entender que no lo intimidaba.

—20,000 —Levantó la mano Drácula, viendo fijamente al Pirata—. Yo también puedo.

—22,000 —Ofreció el arrogante Pirata, sosteniéndole la mirada al Vampiro—. No permitiré que un inmundo traidor alemán, quiera humillarme y ganar una americana como yo.

Terry sonrió de lado al escucharlo y se preparó para debatir verbal y económicamente la contienda que tenían ambos.

Era claro que tal como lo había intuido, la pelea final sería entre ellos dos. Napoleón no había ofertado en las últimas dos oportunidades, por lo que sabía que hasta allí había llegado.

—24,000 —Volvió a ofrecer levantando la mano y sonriéndole con cinismo a su oponente—. Ni soy inmundo, ni soy alemán —Le aclaró con acento neoyorkino, inclinándose para hablar. La diferencia de estatura, le permitía intimidarlo también de esa forma—. Esa mujer en la tarima es mi prometida y voy a casarme con ella muy pronto. Es una mujer prohibida para cualquier otro hombre, si me comprende —Claro que lo comprendía, las normas de la buena etiqueta regían el comportamiento hacia las mujeres comprometidas y el Pirata no las ignoraba; por lo que lo único que podría obtener de ella realmente como premio, era el baile y el beso en la mano. Un precio muy alto iba a pagar por tan pequeña satisfacción—. Un caballero no debe permitir que le roben a su dama, y si el que intenta hacerlo también lo es, sabe que no debe meterse en territorio ajeno —Sí, el Pirata lo sabía. Además, también los había visto al igual que muchos bailando y muy estrechamente yendo en contra de los convencionalismos. No había duda de las palabras del hombre vestido de negro y él no deseaba meterse en ese tipo de problemas por una pequeñez.

—Por segunda vez pregunto, es la última oferta —dijo el Gobernador, esperando la respuesta de los caballeros que estaban en la contienda. Al no obtener respuesta supo que hasta allí había llegado—. 24,000 a la una, 24,000 a las dos y…. 24,000 a las tres. ¡Vendida al caballero que hizo la última oferta! —anunció con emoción. Esa subasta le había subido la adrenalina a muchos, incluyéndolo a él.

—Si me disculpa —Dijo el Conde, hablando de nuevo con acento alemán—. Iré a recoger mi premio, que tenga una buena noche señor Pirata y más suerte la próxima vez —Le palmeó la espalda y se retiró sonriendo satisfecho de quedarse con su gusto. Al Pirata no le quedó más opción que sentarse y lamentar el no haber podido ganarse tan excelente premio.

A Candy tampoco le quedó otra opción que resignarse y lamentarse de su mala suerte, a lo lejos veía aproximarse al supuesto caballero que había ganado la subasta por la nada despreciable cantidad de 24,000 dólares. Iba en busca de reclamar su premio, eso había pagado El Conde para volver a estar con ella tal como había amenazado.

Sí estaba dispuesto a pagar lo que fuera y sí, volvería a estar en sus brazos como lo dijo. Porque eso, era parte del premio que debía recibir de su parte, "un baile"; un baile que de nuevo la llevaría a estar atrapada a disposición de él, sin poder negarse u oponerse.

Suspiró profundo y empezó a caminar con pasos cortos y lentos hacia los escalones para bajar la tarima, el asignado que la llevó se anticipó a subir para esperar y ayudarla a bajar. Cuando ella llegó al filo del entarimado que había servido como escenario, el joven de que debía auxiliarla había sido removido por petición del caballero de negro. Candy levantó la cabeza para según ella encontrarse con el hombre que la había escoltado, no estaba, y en su lugar parado en el primer escalón, se encontraba sonriéndole con los labios, el Conde Drácula. Al verla, se estiró y su gran altura le permitió tomarla por la cintura sorprendiéndola, hasta hacerla descender al primer escalón quedando muy junto a él, con la firme idea de no permitir que nadie más pudiera observar las piernas de la Diosa Afrodita. Acto que causó el revoltoso murmullo de admiración de todos lo que podían verlos, y muestras de indignación y furia en la mesa donde se encontraban los caballeros pertenecientes a la muy ilustre y distinguida familia Ardley.

—Tal parece que el Destino nos quiere juntos, fräulein Afrodita —Se inclinó sobre ella, para hablarle al oído. Dando oportunidad para que aumentaran las murmuraciones—. Le dije que volvería a estar en mis brazos, y yo, lo que digo, lo cumplo —Le sonrió muy cerca del rostro sin que ella pudiera responderle.

Candy todavía no lograba salir del aturdimiento por el descarado movimiento que había hecho el Conde con ella, al bajarla de esa forma tan escandalosa frente a todos; muy a su pesar podía escuchar las habladurías provenientes de todas partes. A su mente llegaban las imágenes de dos caballeros que seguramente no estarían nada sonrientes por lo que acaba de suceder. No sabía si golpear e insultar al Conde en reclamo por su osadía, o salir corriendo para evitar un escándalo si a Archie, se le ocurría levantarse para irle a reclamar.

A lo lejos se empezó a escuchar la voz del Gobernador que pedía se iniciara el baile de premiación de la subasta, tratando de callar el murmullo generalizado y dar por terminado el episodio que habían protagonizado la Diosa Afrodita y el Conde Drácula.

..Continuará….el siguiente sí les aseguro que es el último capítulo….


Hola!

Estoy de vuelta con éste capítulo, disculpen, sé que mencioné que estaba proyectado para que fuera únicamente de 2 partes, pero lamentablemente me cuesta mucho reducir los detalles y terminó por alargarse la segunda parte sin que pudiera darle fin a la historia.

No quise meterle más a éste para que no quedara demasiado largo y el final fuera precipitado, por eso preferí agregar un capítulo más. Como algunas han mencionado, nuestra pareja debe resolver sus conflictos, cada uno de ellos está enfrascado en su forma de pensar negativa contra el otro. Y ese agarrón o pleito no va a estar para nada sencillo.

Muchas gracias por la recepción que le hicieron a este mini fic, gracias también por los mensajes que me han dejado de apoyo. También a sus buenos deseos porque éste año sea mucho mejor que el anterior y todos sus parabienes.

Lo mismo deseo para ustedes y a pasos agigantados estoy tratando de terminar el siguiente para no hacerlas esperar mucho. El fin de semana por fin me mudo a mi casa y ya se imaginaran lo que eso significa, ADEMAS ME QUEDARÉ SIN SEÑAL EL FIN DE SEMANA PORQUE AUN NO ME CONECTAN NADA. Así que trataré de subir el último capítulo lo más pronto posible. Y de paso también subiré otro de "Había una vez una boda", para empezar a darle fin a todo lo que tengo pendiente.

No crean que me he olvidado de Escocia, también estoy trabajando en ese capítulo que espero tenerlo pronto y subirlo en cuanto esté listo, es porque la historia es más compleja lleva más tiempo elaborar los capítulos.


NOS SEGUIMOS LEYENDO

HASTA LUEGO…. MUCHAS GRACIAS POR SU LECTURA Y ABRAZOS DE OSO.


Ps. Siempre les extiendo mis disculpas por los errores que encuentren no pude editarlo de nuevo porque me apuré a subirlo.

03-01-19