Rumiko Takahashi es la dueña de estos personajes tan fantásticos.
Entró apresurada a la empresa, hablando por teléfono. Vaya ése sería un día muy atareado. Oyó con atención lo que el hombre al otro lado de la línea decía. Éste quería varios modelos de las joyas Tama, para utilizarlas en la campaña de primavera/verano que se avecinaba, a cambio de publicidad y una gran suma de dinero. Y, por desgracia, Kikyō le había dado el poder suficiente como para realizar negocios con otras empresas. Eso era muy estresante.
—Vaya, que afortunada soy —pensó la azabache con sarcasmo mientras el hombre continuaba con su extenso parloteo.
Debía meditar un poco, no podía tomar decisiones precipitadas que pudieran arriesgar a la empresa. Ésta estaba sobre sus hombros, ¡y solo era una maldita secretaria! No le pagaban lo suficiente para hacer eso.
Luego de discutir muchas variables de la oferta, el empresario se mantuvo firme. Eso no era aceptable. Era una miseria comparando con lo que otras empresas les habían propuesto. Le dio una última oportunidad de cambiar su opinión pero éste no cedió.
—Lo lamento señor pero empresas Tama no está dispuesta a firmar un contrato con usted —Y fue su última palabra antes de cortar.
Se preguntaba por qué demonios los empresarios novatos ofertaban tan poco a unas empresas tan grandes. ¿Acaso creían que los pillarían con el cuentito de la inversión? ¡Pues estaban muy equivocados!
Su teléfono volvió a sonar. No entendía por qué demonios Kikyō había dado su número de móvil para arreglar negocios.
—Higurashi —contestó sin detener su marcha.
—Kagome, —Oyó la voz sobresaltada de Yura—. Ha llegado un paquete para ti y, a juzgar por el tamaño, es algo muy costoso —opinó la joven de ojos morados.
— ¿A sí? —Preguntó Kagome—. ¿Y cómo sabes que no es Hōjō disfrazado de paquete otra vez? —indagó la muchacha llegando a su escritorio.
— ¡Qué no te digo! —exclamó Yura.
—Bien, bien, ábrelo y fíjate si hay una nota. Si no es de mi talla te lo quedas —dijo Higurashi sentándose en su silla.
—Oh, no lo haré, —negó—, esperaré a ver tu rostro de sorpresa cuando esta caja sea abierta por primera vez —dijo con emoción.
—Yura, cariño, debo colgar. Kikyō me quiere en su oficina —dijo al ver que su prima se asomaba por la puerta de su despacho y le hacía señas para que se acercara.
—Adiós —Y la llamada se cortó.
Guardó su teléfono en su bolso, dejó éste en su lugar y marchó hacia la oficina de su querida jefa. Abrió la puerta sin tocar y se adentró en la habitación.
—Dime, Kikyō —Se sentó en la silla frente a la Tama.
—Bien, Kagome —dijo ella apoyando los codos sobre el escritorio, inclinándose levemente hacia delante—. En la fiesta del viernes, hace seis días, varios empresarios me hablaron sobre lo exquisita que eres —dijo con cierto brillo en los ojos.
— ¿A qué va todo esto Kikyō? —preguntó—. Tengo papeleos que hacer por el despido de John y…
—Ellos quieren que seas su modelo, Kagome —soltó de golpe.
— ¿Qué?
—Pero he aquí mi contraoferta; te asciendo a gerente —anunció con un porte serio que atemorizó a Kagome.
— ¿Quisiste decir jefe de áreas? —preguntó dudosa.
Kikyō levantó una ceja y examinó a su prima. Vaya que la notica la había dejado pasmada. La había visto trabajar y, debía admitirlo, tenía mucho potencial. Incluso sería capaz de manejar una empresa, pero comenzarían de a poco.
—Kagome, tesoro, no pongas palabras en mi boca que no he pronunciado. Dije gerente, nunca he dicho jefe de áreas —dijo ella—. ¿Aceptas?
—Kikyō, preciosa, seré muy directa con lo que te diré —dijo Kagome cortante—. Hace cuatro años trabajo aquí y me has pasado por tres trabajos diferentes. Primero como diseñadora de joyas, luego como secretaria de Naraku Tashibana, el jefe del área de producción y finalmente como tu asistente —continuó—. ¿Por qué?
Kikyō pestañó repetidamente. — ¿Por qué, qué? —preguntó la jefa.
—Esto… Luego de tenerme cuatro años trabajando en esta empresa y recién ahora notas mis capacidades laborales —suspiró Kagome.
—Pues… —No sabía que decir, Kagome tenía un punto y uno muy bueno—. ¡Mierda! Kagome, sí ya lo sé, no te di la importancia necesaria pero ahora te necesito. No quiero que te vayas de mi empresa, vales mucho —confesó Kikyō.
—Ahora veo… —murmuró Kagome—. Lo lamento Kikyō pero…
— ¡Quédate! —rogó ella—. Por favor, sabes que odio el papeleo y eres la mejor secretaria que he tenido y, si aceptas, duplicaré o triplicaré tu sueldo —dijo ella.
Kagome suspiró y se dejó caer sobre su silla. Vaya que su prima era muy persuasiva. —Bien —resopló.
—Si no estás segura puedo "enseñarte" un poco. Seguirías siendo mi secretaria y, al mismo tiempo, te estarías preparando para ser gerente —propuso Tama—. ¿Qué piensas?
Kagome se dejó caer sobre la silla suspirando. ¿Qué demonios debía hacer? Meditó por unos minutos más y finalmente pudo decidir.
—Bien, acepto —dijo ella—. No sé como siempre logras convencerme —dijo Higurashi cruzándose de brazos.
Kikyō sonrió y asintió. —Que bien… —dijo—. Mañana empiezas, tómate el día, que yo ya me he encargado de encontrar quién te reemplace —Su sonrisa se ensanchó—. Hasta mañana, gerente —dijo.
— ¡Cariño, ya llegué! —bromeó Kagome entrando en la casa.
— ¡Aquí estoy! —exclamó Sakasagami apareciendo en la sala.
Kagome sonrió y saludó a su amiga con un beso en la mejilla. — ¿Sabes quién tiene un ascenso? —Preguntó Higurashi—. ¡Esta nena! —exclamó señalándose mientras que daba saltos de alegría.
— ¿Enserio? —preguntó—. ¡Qué bien por ti! ¿Qué puesto tienes ahora? —La emoción se notaba en la voz de Yura.
— ¡Soy la nueva gerente! —exclamó con mucha alegría.
La de ojos morados se recostó en el sillón con una sonrisa. Estaba muy contenta por su amiga, había esperado ese asenso durante mucho tiempo y se alegraba que por fin lo consiguiera.
—Ah, casi lo olvidaba —dijo chasqueando los dedos—. Recuerdas el paquete que llegó a la mañana y… por cierto ¿qué haces aquí? —preguntó Yura, interrumpiéndose a sí misma.
—Kikyō ya tenía a otra asistente trabajando, así que fui para nada —suspiró Kagome—. En fin, ¿qué me decías?
Yura torció el gesto y dejó caer su cabeza hacia atrás pesadamente. —Te decía que el que te mandó el paquete es una celebridad —rió Sakasagami—. Y por cierto, no he abierto el paquete, así que no sé qué es —expresó con cierto misterio.
— ¿Dónde está?
—En tu cuarto —dijo la de cabellos al hombro señalando la habitación.
Kagome no agregó nada más. Solo se puso de pie y corrió hacia su pieza con ansias. Al entrar pudo ver un paquete enorme en el medio de su cama.
Se acercó con pasos suaves y tomó entre sus delicadas manos la caja blanca. Deshizo el nudo dorado y abrió el paquete. Ahogó una exclamación al ver lo que había dentro de él.
—No… puede… ser… —murmuró dando varios pasos hacia atrás.
— ¿Ocurre algo malo? —preguntó Yura desde la sala con voz preocupada.
—N-no, todo en orden —dijo con voz temblorosa.
— ¿Segura?
—Sí —dijo ella un poco más segura.
Kagome volvió a centrar su atención en lo que había en la caja. Un precioso vestido blanco de seda y unos zapatos de tacón del mismo color.
—Vaya… —murmuró para luego silbar por lo bajo.
Tomó el vestido con sus delicadas manos, sintiendo la fina tela del vestido resbalar entre sus delgados dedos.
Pudo ver que algo caía sobre las cobijas, llamando su atención. Dejó el vestido sobre el paquete y observó el objeto.
Se sorprendió al ver una gargantilla de oro blanco con diamantes incrustados y unos aros también de diamantes y oro blanco.
— ¡Oh, Dios mío! —Exclamó Yura desde la puerta—. Es un vestido de diosa y esos zapatos. Ah, esas joyas, te mataría por tener aunque sea una imitación de ese collar —dijo embelesada—. ¿Sabes quién te lo envió? —preguntó alzando ambas cejas.
—Pues… —Revolvió todo lo que había en el paquete.
—Fíjate en la tapa —dijo Yura.
—Bien —Asintió y obedeció lo que ella dijo. Dio vuelta la tapa del paquete y pudo encontrar una tarjeta.
— ¿Qué encontraste? —indagó su compañera.
—Una tarjeta —dijo Higurashi leyendo lo que estaba escrito en ésta.
¿Ha salido la mancha?
I.T.
Sonrió con suavidad y, sin darse cuenta, apretó la tarjeta contra su pecho. — ¿Qué dice? —preguntó Yura con curiosidad.
Kagome salió de su trance y se giró a verla. —Es de… él —contestó.
— ¿Él? —Preguntó Sakasagami arqueando una ceja—. ¿Inuyasha Taishō? —preguntó.
—Así… —Fue interrumpida por el sonido del teléfono—. Es el mío —advirtió tomando su celular—. ¿Sí? —contestó.
—Hola, preciosa —dijo una voz muy varonil—. ¿Te ha llegado mi regalo?
Sus ojos se abrieron con sorpresa al reconocer de manera inmediata aquella voz tan profunda. — ¿Señor Taishō? —preguntó ella con cierta duda.
— ¿Señor Taishō? —preguntó Inuyasha de manera algo burlesca—. Puedes llamarme Inuyasha —dijo él—. Y espero que te pongas mi regalo mañana en la noche —dijo con voz sugerente.
— ¿Mañana en la noche? —Preguntó incrédula—. ¿Qué piensa hacer, señor Taishō? —preguntó ella.
—Una escapada, mañana por la noche, iremos a un restaurante —dijo Taishō con voz sensual.
— ¿Restaurante? —preguntó ella—. Espera, Inuyasha, apenas nos hemos conocido el viernes, además, ¡ere el novio de mi prima! —exclamó a punto de entrar en la histeria.
—Vamos, solo una oportunidad. Será solo una cita —pidió él con cierto tinte juguetón en su voz.
Kagome bufó y comenzó a caminar por la habitación mientras que reflexionaba en silencio. ¿Qué debía hacer?
— ¿No puedo decir que no, cierto? —preguntó ella indecisa.
—No —negó él—. Te recojo a las nueve —sentenció—. Espero que estés lista para esa hora.
Antes de que pudiera agregar algo, él ya había cortado. Suspiró y dejó caer su teléfono sobre su cama.
— ¿Qué ocurre? —preguntó ella—. ¡Cuéntamelo todo!
Ella se volteó a verla y le regaló una media sonrisa mientras que, suavemente y con cierta duda, decía: —Tengo una cita con Taishō, Inuyasha Taishō…
Continuará…
¡Hola!
Sí, sí, lo sé, es muy corto. Pero el próximo vendrá con todo.
En el próximo y último capítulo ¡está su esperado lemon!
Por eso he decidido hacer este corto para dejarlas con muchas expectativas. Espero que les haya gustado y que, bueno, dejen reviews C:
Y también quiero agradecerle mucho a Aidee Gv, a Rogue85 y a Sailxrmxxn. Muchísimas gracias por sus comentarios, valen un montón para mí.
En fin, aunque el capítulo no es la gran cosa, pero aún así me gustaría leer sus reviews.
Bueno, me despido.
Besotes.
Nina.
