OUAT no me pertenece. De antemano… ¡Gracias a las/los que dejaron review, hace un rato!

Ahora dejaba el hotel donde se había quedado en la noche. La anciana que le había dado hospedaje le había ofrecido desayuno y ella tranquilamente se lo había comido.

Se dirigió a su Volkswagen y se subió a él; encendió el celular y no se sorprendió de las numerosas llamadas perdidas de su esposa, asistente y amigos. La última llamada era de Regina y databa de hace 5 minutos. Sonrió, al menos ella había pasado una noche de insomnio por su culpa, al serle totalmente indiferente. Incluso durmió como un bebé. Sonrió más al ver más de 29 llamadas perdidas, solo de ella.

Encendió el auto y se dirigió para irse sola hacia algún lugar. No es no fuese ir a casa, pero debía asegurarse de que Regina no estaba allí. No quería toparse con ella, al menos, no ahora.

Sabía que debía llamar a Anna, pero decidió que lo haría después y que su asistente era totalmente capaz de hacerse cargo por un día, de su imperio.

Luego de unas horas de conducir hasta Manhattan, se detuvo un poco más delante de su edificio y salió del auto.

-Buenos días, Marco – dijo ella, bajito.

El portero se sorprendió al verla allí.

-Buenos días, señora Swan – dijo el hombre-. Avisaré a la señora que está aquí y por lo que veo sana y salva.

Dicho esto hizo ademan de abrir la puerta para que tanto ella como el, entraran al edificio.

-No – dijo rápidamente, deteniéndolo-. ¿Ya se fue?

Era usual que Regina se fuera los sábados en la mañana al trabajo. El hombre la miró confundido.

-Así es. Pero estaba muy mortificada y preocupada, ya que usted no vino en toda la noche, digo, yo no la vi.

Y menos mal que no la había visto en la noche. Recordó que cuando había entrado al edificio, Marco, no se encontraba a la vista.

-Sí, lo sé. No pude salir de la oficina – mintió-. ¿Sabes cuándo se fue?

-Hace una hora, más o menos – dijo Marco-. ¿Algún problema?

-No, ninguno. ¿Te dijo cuándo vendría?

-Dijo que estaría más o menos a las 7 – dijo él.

Ella asintió. Tenía unas horas para quemar esa ropa de cama y reemplazarla. Tenía unas horas para adelantar esa novela que estaba escribiendo, que por ahora tenía un desenlace feliz, pero ella planeaba cambiarla. Tenía unas horas para tomar un traje nuevo y salir huyendo de ese loft, antes de que su mujer llegara.

-Marco, si Regina te pregunta, tú no me viste hoy, ¿de acuerdo? – dijo sacando la cartera y pasándole un billete de 100-. Necesito estar sola unos momentos y no quiero a nadie tratando de consolarme o algo.

El hombre miró el billete y negó.

-Su secreto está guardado conmigo, señora Swan – dijo él-. Pero no aceptaré ese billete.

-Vamos, acéptelo – dijo ella-. Me gustaría que lo tomara.

Dicho esto lo puso en el bolsillo del traje del hombre y se disparó al ascensor.

Cuando llegó a su loft hizo lo mismo que ayer y de la misma manera. Silenciosamente.

Se aseguró de estar sola y se metió en la ducha. Se preguntó si esos dos se habían dado una ducha juntos aquí, pero luego sacudió su cabeza y siguió dándose ese baño, que tanto le hacía falta. Se puso unos jeans y una camiseta negra de AC/DC, luego fue a la nevera y sacó un bote de helado; finalmente tomó todas sus llaves y se encerró en el estudio.

Puso música y se limitó a darle un final un tanto distinto al capítulo que escribía. Cuando vio que el reloj daba las 3, se levantó y fue por la ropa de cama; y la quemó. Luego fue a un Walmart y compró las mismas y se las puso a la cama. En eso se fueron 2 horas.

Cuando terminó esta tarea tomó un blazer blanco y uno negro, también pantalones a juego y zapatos. Tomó su reloj y un poco más de dinero en efectivo. Reviso de nuevo el celular y largó una carcajada al ver que ella seguía llamándole.

Salió del loft y se despidió de Marco, quien prometió no decir ni una sola palabra.

Y comenzó a conducir de nuevo, ella sola. Ella y su auto.

Se fue a dar un largo paseo y a averiguar dónde pasar la noche. Tal vez en su oficina, sería una buena estrategia.

En las siguientes horas se limitó a vagar por la ciudad sumida en su soledad. Veía a parejas, que, como ella y Regina, caminaban de la mano, dándose mimos. Veía gente sonriendo. Veía gente celebrando en restaurantes y bebiendo felices en bares. Veía niños corriendo y sus padres tratando de detenerlos, pero siempre con grandes sonrisas en sus rostros.

Pero no había sonrisa en el de ella. No había ni un rastro de felicidad en su rostro. No había nada que indicara que era la mujer feliz de hace menos 48 horas. No había nada. Ella no tenía nada que le hiciera feliz.

Volvió a su auto y condujo hasta su club. Sonrió tristemente al ver la fila de entrada, muy larga. Aparcó el auto en la parte de atrás y entró sigilosamente. Nadie la vio, ya que se movía como un ladrón.

Entró a la oficina y la cerró, como si nadie hubiese estado allí.

Se sentó y giró la silla hacia el gran ventanal detrás de ella, ventanal que daba la vista hacia una parte de la ciudad.

Entonces lloró. Lloró por primera vez, desde que la vio. Y después, apretó sus puños hasta que los nudillos se pusieron blancos.

Prendió la computadora y procedió a buscar entre los empleados de esa sucursal, al famoso payaso que se follaba a su esposa.

Robin Hood… ¡Hasta nombre de payaso, tenia! Apretó la mandíbula y susurró una cantidad impresionante de mala palabras entre dientes, por supuesto. Lo suficientemente bajito para que nadie la escuchara. Ya después tendría tiempo para ir por ahí rompiendo platos, vasos y jarrones de porcelana, pero ahora no era el momento.

El hombre no era apuesto que digamos, pero tenía cierto aire masculino. Claro, masculinidad, tal vez Regina quería follar con alguien masculino y como ella era una chica… Se preguntó si el imbécil estaría esa noche allí.

Miró de nuevo el expediente y puedo jurar que casi rompe el teclado, así que abrió una gaveta, sacó una caja de pañuelos, se giró y se lanzó a llorar.

Nunca había tenido un día tan solitario. Pensó que esos días deberían estar prohibidos. Que no deberían existir. También reconoció que era su día solitario, el más solitario de todos. Pero al menos había sobrevivido a ese día. Ya mañana sería otro.

Y… ¡AQUÍ OTRO! ¿Qué me dicen?

Nuevamente gracias por esos reviews! Ya les responderé.