Glee ni sus personajes me pertenecen.

¿Qué pasa con los rw? Son gratis! No tengan miedo…


Capítulo II

La chica que reía estúpidamente, si le preguntan a la morena, en la clase de canto era demasiado para Rachel quien no veía la hora de marcharse de allí. Nada de esas cosas le molestaba, es más, cuando comenzaban las bromas Rachel era la primera en unirse a la diversión, pero el día no estaba para bollos.

Hoy no era su mejor día. Me corrijo, hoy no era su día.

Se sentía exhausta por no poder pegar un ojo luego de su desastroso sueño. Miró por quinta vez su reloj pulsera para morir junto a la hora que pasaba lentamente. La peor tortura. Su cabeza parecía tener un enano dentro golpeando platillos y tambores de batería, sus hijos no habían colaborado con la mañana. No logró levantar a Charlie de la cama debido a su descompostura recibiendo una caliente vomitada sobre su cuerpo. Luego de unas llamadas y de la visita del doctor, Rachel logro dejarlo a cargo de sus amigas Santana y Brittany quienes estaban de visita en la gran manzana. A pesar de poner todo su empeño en empezar con el pie derecho aquella mañana, todo resultaba al revés. Aun podía sentir en sus fosas nasales lo que Charlie había comido la noche anterior. Asco.

Molestándose un poco consigo misma por caer de ánimo con algo tan estúpido como aquello – comparando los días dentro de la cárcel – pidió mentalmente que aquellas chicas se callaran por unos segundos. Aclaró su garganta y las risas pararon momentáneamente, más allá de ocultar su pasado, el chisme sobre sus años de prisión ya se habían corrido por toda la escuela de artes. Quería caerles bien y que no pensaran que era una "badass" pero tener cinco años tras las rejas sobre sus hombros, le daba el título de "perra matona" sin necesidad de mover un solo dedo.

Sarah, una de sus compañeras que se había acercado a ella mas allá de su pasado, le dio un apretón en su hombro — ¿Mal día, Barbra?

— He tenido mejores — Levanta sus hombros restándole importancia mientras garabatea en su cuaderno.

— La clase terminara pronto. No sé porque no nos libera.

— Pero el día sigue y créeme que me toca uno largo hoy. — Dijo con molestia. No es que odiara su vida, tenía cosas por lo que había soñado de chica, pero en días como hoy deseaba no haber abandonado la cama.

— ¿Has abierto tu escuelita de actuación?

Rachel solo asintió tras ver como el profesor les daba vía libre para abandonar la clase y proseguir con sus obligaciones cotidianas.

— Estoy segura que tu día mejorara pronto — Sarah le guiñó un ojo y se despidió de ella rápidamente dejando a Rachel con las palabras en la boca.

Curiosa con su ceño fruncido, la morena guardo sus cosas y busco en su bolso las llaves de su camioneta antes de salir del establecimiento. Odiaba rebuscar cosas mientras caminaba, ya había tenido varios incidentes por estar distraída. Caminó con paciencia por el medio del pasillo, siendo una de las ultimas que abandonaba las clases, parpadeando, sintiéndose un poco mal debido a la jaqueca en su cabeza.

Masajeo su sien entrecerrando sus ojos. Aquello no podía ser cierto. Una figura bastante conocida para ella esperaba parada al final del pasillo, en las afueras del establecimiento. Podría estar alucinando o simplemente confundiendo. No era la única persona castaña sobre las calles de Nueva York, pero si la única con su aspecto inconfundible y su fiel amigo de aluminio, su bastón.

Maldita sea.

Miró hacia la entrada como Quinn mantenía su vista en su móvil -cuando no- y luego miró a su alrededor buscando quizá, una vía alternativa para escapar de los ojos de Fabray. Podría esconderse en algún aula o en el armario del conserje hasta que Quinn decidiera irse pero, ¿Cuántos años tenía? Era cobarde de su parte, pero solo pensar en tener que verla a la cara sin tener la opción de evitarla desplomaba un poco mas su desastroso día.

No servía de nada buscar salidas alternativas. No tenía más remedio que enfrentarse a ella. A su pasado. Rachel suspiró y junto fuerzas para abrir la puerta que la separaba del exterior.

Cuando Quinn sintió la puerta abrirse detrás de su espalda levantó la mirada dejando en el olvido su móvil y sonrió con su boca y ojos verdes, más verdes que nunca pensó Rachel. Parecía más joven de lo que ella podía recordarla. No le había prestado atención días atrás, cualquier detalle de ella se había borrado de su mente por el shock de volver a verla. Llevaba su cabello castaño, como Charlotte, pensando si se lo había teñido o simplemente aquel era su color natural -como el de la fotografía-, lo llevaba aun más corto que la última vez que la vio, hace más de cinco años. Solo bastaba con peinárselo hacia atrás para lucir complemente sexy y poderosa a la vez.

Que Dios la ayudara, porque saltaría al cuello de Quinn en menos de lo que tarda una persona en estornudar.

Por otro lado Rachel se sintió como la mierda. Parecía que cien perros habían rasgado sus jeans y aun olía a vomito. Había dejado de usar maquillaje, dentro de la cárcel no se permiten ese tipo de cosas, y sus joyas dejaron de adornar su cuello y dedos – salvo aquel anillo – Su cabello castaño, más largo de lo habitual, se encontraba recogido en una cola de caballo algo desprolija y apurada, la cual no había retocado desde que salió de su casa. Su piel parecía pálida, como si hubiese perdido su buena cualidad de tener un bronceado todo el año, sin duda se veía demacrada. Y… había olvidado sacarse sus lentes de lectura. Oh dios.

Pero… ¿Por qué demonios se preocupaba por su aspecto? Al diablo con Quinn, no quería verse linda para ella.

Si claro, maldita mentirosa.

— Hola, Barbra. — Saludó con la misma voz profunda y rasgada que tanto la volvía loca.

— Fabray.

Rachel juntó todas sus fuerza para dar un paso más hacia delante y bordearla por el costado, sin siquiera rozarla. Eso sería la muerte a sus instintos de protección.

— Vamos, Barbra. No puedes seguir ignorándome. — Dijo siguiendo sus pasos hacia el estacionamiento. Cojeando, por cierto… pero para Quinn, el orgullo por delante.

— Pues mira cómo puedo. — respondió quitándose sus lentes de lectura para reemplazarlos por los de sol.

— Sabía que esto pasaría. Es decir… — hablo con su voz agitada, como si hablar y caminar a la vez fuese de gran esfuerzo. — No te culpo por odiarme. Pero me hace feliz ver que lo has hecho, que has cumplido tus sueños o al menos lo estas intentando.

Rachel murmuró un "vete al diablo" para luego presionar sus labios provocando que estos se pusieran blancos.
No dudo en apretar el botón perteneciente a la alarma para subirse lo más pronto a su camioneta y largarse de allí lo antes posible. La presencia de Quinn la quemaba.

Puso la llave en la ranura para poner en marcha el vehículo y dejar sus pertenencias en el asiento trasero. Si pensaba que Quinn se lo dejaría tan fácil estaba equivocada. Claro que ella no lo haría, sigue siendo Quinn Fabray después de todo.

La palma de su mano se poso sobre el centro del volante con intensiones de hacerle saber que lo que hacía solo la molestaba aun más. Miró sobre su hombro hacia atrás y solo pudo largar maldiciones a diestra y siniestra por encontrar un auto estacionado detrás de ella. No tenía otra salida.

— ¡QUINN, MUEVETE AHORA MISMO! — Gritó con fuerzas acompañando por bocinazos. La rubia solo negó con su cabeza permaneciendo firme parada frente a la trompa de la camioneta. — ¡Muévete de una maldita vez o te romperé las dos piernas!

— Hazlo… — Gritó con una sonrisa en su boca — Después de todo ya estoy jodida.

La morena presiono sus dientes visiblemente molesta. El dolor en su cabeza no la abandonada y el comportamiento de Quinn solo aumentaba su malestar. Aferro su mano izquierda al volante y con la derecha bacilo sobre la caja automática de sus cambios. Presionó el acelerador provocando que el motor rugiera intimidando a la persona que permanecía frente a sus ojos.

— ¿Qué esperas, Barbra? ¡Me estoy volviendo aun más vieja aquí! — Rachel negó con su cabeza aun más cabreada que antes, moviendo la palanca para avanzar lentamente intimidando a la ex rubia al ver como Quinn golpeaba el frente de su camioneta con su bastón. Ella no parecía tener intenciones de moverse de allí. La camioneta avanzo hasta tocar el cuerpo de Quinn. — ¡Vamos! Puedes hacerlo mejor que eso. No seas debilucha… — Presiono moviendo sus manos en el aire, pidiéndole que se acercara aun mas. La mueca en su boca – casi inexistente pero visible para Rachel – le mostro una Quinn dolorosa por la falta de su bastón. En verdad estaba jodida.

— Quinn, muévete. — volvió a gritar sin cortar contacto visual.

— Se que quieres verme muerta. Vamos, esta es tu oportunidad. Hazlo. — Volvió a presionar — Solo aprieta el acelerador, Barbra.

— ¡Vete a la mierda! ¡Y deja de llamarme Barbra! — Gritó aferrándose al volante por no poder simplemente sacar a Quinn de su vida. Si, la quería ver muerta, o al menos eso le había gritado esa mañana es su escuela de artes, pero sabia completamente que era mentira. Le había hecho falta, parte de ella murió con Quinn en aquel depósito, y por años se culpo por el final que había tenido la mujer de sus sueños. ¿Y ahora qué? Aparecía sin más, en uno de los días más importantes de su vida pretendiendo que nada había pasado y que las cosas seguían igual. Al demonio con eso. Nada estaba igual. Rachel ya no era la misma.

— Ábreme, por favor — golpeteo su ventanilla.

— No.

— Rachel, no te sientes bien. Hablemos por favor.

— No, estoy bien. Déjame en paz. — Sollozo escondiendo su rostro entre el volante y sus manos.

— Mírame, por favor. — pidió Quinn.

Respiró hondo y giró su cabeza hacia ella, mirándola a través de la ventanilla sacudiendo su cabeza — No quiero oírlo, Quinn. No lo necesito. Sea lo que sea que haya pasado o piensas, no necesito escucharlo.

— Lo siento, Rachel.

Volvió a negar con su cabeza, realmente no quería oírla ahora mismo. — ¿Por cuánto tiempo?

— No entiendo… — Quinn frunció su ceño, pidiendo que por favor bajara la ventanilla. Rachel accedió, pero solo la bajo hasta la mitad. — ¿A qué te refieres?

— ¿Cuánto tiempo lo lamentaste, Quinn? ¿Los cinco años que has desaparecido? ¿O solo lo has hecho desde que salí de clases y me has visto hace media hora atrás? — limpió sus lagrimas inexistentes. Quizá se había secado durante esos años sin ella — Conociéndote, tomare la segunda. Pero te daré un poco más margen y cambiare mi respuesta a: te ha llegado el arrepentimiento el día que has vuelto a cruzarte en mi vida.

— ¡Sabes que no es cierto! — Respondió comenzando a mostrar las actitudes del pasado, pasando su mano por su pelo antes de suspirar para buscar la calma. — Rachel, tienes que saber que siempre me he lamentado ocultarte el hecho de que estaba viva. Tienes que creerme. Nunca hubiese querido dejarte sola de no haber sido realmente necesario. No había otra salida, tarde o temprano lo haría.

Quinn parecía realmente arrepentida, sincera en cada palabra que salía de su hermosa y apetecible boca. Rachel tuvo que luchar contra sus instintos de saltar a sus brazos, manteniendo su fachada de desinteresada e indiferencia total. Quinn balbuceo tras el silencio formado entre ellas, hacia muecas con su boca como si las palabras se escondieran debajo de su lengua.

— Esta bien, Quinn. — Dijo resignada, aunque dentro de ella todavía la herida no estaba ni cerca de cerrar — De todos modos fue lo mejor que hiciste. Yo iría a la cárcel y tú no estabas lista para hacerte cargo de mis cosas, en eso mis hijos. Me has ahorrado el mal momento de tener que romper contigo.

— Oh, ¿eso es lo que realmente piensas, entonces? — Quinn afirmó con su cabeza algo dolida tras no recibir respuesta — ¿Ibas a dejarme de todas maneras? Aun sigues pensando que no soy capaz de cumplir con mi papel de madre.

No lo había dicho como pregunta pero Rachel lo confirmó — Si, aun lo pienso.

— Bueno que bien, porque si la memoria no me falla tú estabas muy lejos de abandonarme. No es acertado de una persona querer presentarles a sus hijos para formar parte de su vida. Y no oía quejas en su momento por mi presencia a tu lado, es más, creo que hasta lo disfrutaste.

— Si, Quinn. Tú lo has dicho. Lo disfrutaba. — Forzó una sonrisa intentando convencer a Quinn para que dejara el tema allí definitivamente — Lo disfrute bastante en realidad. Tanto hasta que decidiste darte por muerta, desapareciendo. No has dejado una nota, una carta, no has llamado en todo este tiempo, nada. Lo menos que podrías haber hecho, por Charlotte, fue haber escrito una maldita carta o algo, así me hubiese ahorrado las noches de llanto por ti, buscando una idea para excusarte con los niños, maldita imbécil. — dijo entre dientes.

Quinn silbó levantando sus cejas echándose hacia atrás — Vaya, eso suena como a mucha preocupación hacia mi persona. Pensé que habías dicho que nada de mi te importaba.

Rachel presiono el botón para que la ventanilla se subiera del todo volviendo a separarla de Quinn. — Ten cuidado conmigo. Las cosas han cambiado ahora. — Dijo antes de hacer rugir el motor de su camioneta saliendo disparada del estacionamiento.


Empujó el asiento hacia atrás una vez que logro encontrar un lugar al costado del camino hacia su academia. Las manos le temblaban o su vista parecía no querer colaborar en su trayecto poniéndose algo borrosa. Su día ni siquiera había comenzado del todo, solo había tenido una asquerosa clase de canto y no más que eso. Tanteo el asiento de copiloto marcando rápidamente la tecla 2 tras hacerse de su móvil.

— Enano…

— Santana, ¿Cómo se encuentra Charlie? — preguntó poniendo una voz serena y tranquila para ocultar su dolor.

— Mejor, creo que necesitaba vomitarte para mejorar. Ahora está jugando a la play con Britt. ¿Dónde te encuentras?

— Acabo de salir de clases, ahora mismo me iré a mi academia para ver cómo van las cosas.

— ¿Estás bien? — Se preocupo prendiendo las alarmas de Rachel que se incorporo en su asiento rápidamente.

— Por supuesto ¿Por qué?

— Eres una mierda mintiendo, no te atrevas hacerlo conmigo. ¿Qué pasa?

— Nada, Santana.

— Rachel, no dejare de joder tu culo hasta que hables. Te aconsejo que… — la interrumpió

— Quinn…

— ¿Qué quiere esa imbécil ahora? — preguntó molesta.

— No lo sé, sea lo que sea que quiera ya le deje en claro que no quiero volver a verla. — Intentó creerse sus propias palabras.

— Ha venido aquí cuando tú te marchaste.

— ¡¿Qué?! — Gritó Rachel — ¿Cómo demonios sabe donde vivo?

— Hmmm… déjame decirte que es Quinn y que después de todo tiene a Charlie de su lado. ¿Te piensas que su propio hermano te apoyaría a ti y le daría la espalda a ella? Sí, claro.

— Joder… dime que los niños no la han visto.

— Claro que no. No he dejado que se acerque a la puerta. — Se formo un silencio entre ellas — Rachel… ¿piensas volver con ella?

— No, Santana. Quinn-Es-Pasado. Te llamaré mas tarde. — sin más colgó la llamada.


Rachel se colgó el bolso en su hombro y salió de su camioneta poniendo la alarma como siempre lo hacía. Tomó una bocanada de aire antes de adentrarse en su academia de actuación, canto y baile. Tan pronto como abrió las puertas, se escucho el griterío de niños esperando entrar a su clase correspondiente acompañados de sus madres, padres o tutores. No quería lidiar con ellos ahora mismo, pero una sonrisa hacia la clientela nunca estaba de mas, solo rogaba que ninguna madre se cruzara por su camino con ganas de conversar un poco.

Frances parecía algo alterada por tener que estar alerta, con cien ojos en todo su cuerpo para que ningunos de los niños curiosos destrozaran su escritorio junto con algunos papeles que tenia encima de el, de suma importancia. Admiraba aquella mujer, siempre serena y con una sonrisa en su boca. A veces pensaba en los momentos en que Frances se enojaba, sin lugar a dudas no le gustaría presenciar alguna escena. Se dice que los más calmados son también los peores, que no tienen grises.

— Señorita Fabray… — dijo su secretaria. Un escalofrío recorrió su espalda hasta sus pies. No sabía en que estaba pensando en esos momentos cuando decidió cambiarse el nombre para empezar de cero. Estaba equivocada si pensaba que el pasado no la perseguiría donde sea que vaya. Le pediría a Simmons que intentara cambiar su apellido nuevamente. Al demonio con las personas que pensaban que no podía cambiar su pasado juzgándola por ello. Sería la famosa Rachel Berry de nuevo sin renegar de su nombre mucho menos de ser una de las chicas de la lista negra.

— Frances… — Habló caminando hacia su despacho, naturalmente, cada vez que Rachel decía su nombre, la ayudante estaba detrás de sus pasos y ese día no sería diferente, o al menos eso pensaba la morena. Sintió como una mano se aferro a su brazo y la hizo girar en su lugar hasta que su espalda quedo apoyada en la pared de su despacho — ¿Qué…? — Fue todo lo que logró desprender de su boca antes que unos labios ajenos a ella comieran los suyos.

Un portazo se escuchó, silenciando el griterío exterior, o eso pensó Rachel, quizá era el poder de sus labios que ensordecía todo a su alrededor. Su resistencia tambaleo cayendo de rodillas en menos de lo que canta un gallo. Con un débil gemido, abrió sus labios dejando que Quinn abarcara cada parte de su boca. Su lengua violo el espacio, mientras sus brazos se aferraban a la cintura de Rachel dejando en el olvido el bendito bastón, estrellándola una vez más contra la pared cuando la morena intento separarse de su lado.

Rachel sabia que eso no debía suceder. Permitir que Quinn la besara arrasaba con todos sus planes de mantenerla lejos, pero con cada segundo que duraba aquel beso, el perdón parecía querer llegar más rápido para aliviar el dolor del pasado.

En algún momento del beso, Rachel recorrió el cuerpo de Quinn posando sus manos en los hombros, separando los talones del piso para lograr llegar más profundo a la boca de Quinn. Ella siempre había sido malditamente buena en tema de los besos, era una diosa que con los años había logrado mejorar con creces.

Quinn Fabray era la mejor mierda que se había cruzado en su vida.

Recuperó la compostura junto a sus pensamientos sobre Quinn y la palabra imbécil arrastrando de ella. La empujó lejos de ella, ampliando aun más la distancia tanto como le fuese posible. Esta vez Quinn no tuvo tiempo de aferrarse a su cuerpo trastabillando con una silla que descansaba a sus espaldas. Ambas respiraban con dificultad, mirándose la una a la otra, con los bordes de sus labios húmedos recuperando el aliento.

Quinn era peligrosa para cualquier parte de su cuerpo, para sus pensamientos, para su tacto, era peligrosa incluso con sus palabras, ni hablar para su libido que creía dormido y oxidado.

— Rach, cariño… Regrese. Esta vez es para siempre.

— Genial, ahora mismo convocare a una conferencia de prensa para avisar a los medios.

Quinn sonrió negando con su cabeza — No me había dado cuenta hasta ahora lo mucho que extrañaba tu irrespetuosa boca hasta que pude darle una probada nuevamente. Debería de darte un correctivo para volver al respeto de antes.

Rachel acomodo su cabello antes de tomar el pomo de la puerta — Pues quédate con las ganas porque no habrá una próxima vez entre nosotras. — Indico con su mano el camino que debía seguir Quinn para abandonar la oficina.

La ex rubia no demoro en tomar su bastón y caminar hasta la puerta deteniéndose a su lado. Extendió su mano y paso el pulgar por el labio inferior de Rachel, apeteciéndole una segunda ronda allí mismo — Nunca me quedo con las ganas — Dio un golpe contra el suelo con su bastón provocando un saltito en Rachel — Que tenga buen día, señorita Fabray.

Rachel gruñendo por lo bajo sacudió las paredes de su oficina tras el portazo que dio, apoyando su espalda contra la puerta nuevamente, donde minutos antes Quinn había devorado su boca.

Maldita seas Quinn Fabray.