Capítulo 2
Akane Pov
Era difícil definir cuál de los dos se encontraba más envarado y angustiado, siendo carcomido por la tensión. Ranma no paraba de mirar de mi mano a mi cara y de mi cara a mi mano. Yo, por mi parte, solo quería salir corriendo. No quería interrogatorios porque no tenía respuestas que dar, ni siquiera yo entendía qué demonios me estaba pasando. Tampoco comprendía porque lo ocultaba a mi familia. Por no preocuparles podía ser una razón, pero también era el miedo. Miedo a admitir lo que me estaba ocurriendo, miedo a que no hubiera vuelta atrás, miedo a que mi reloj de arena tuviera el cristal estallado y que la arena se me estuviera escapando a grandes cantidades sin que yo pudiera hacer nada para detenerla.
Y luego estaba Ranma. ¡Oh!, dios mío, Ranma... Si algo me pasaba, era al que menos quería decírselo. No quería admitir frente a él mis temores, porque si mi pesadilla se volvía realidad, él sería la persona a la que más me dolería hacer sufrir y a la que más me costaría distanciar de mí. Todo esto me lo causaba una persona con la que estaba comprometida por decisión de nuestros padres y que no quería nada conmigo. ¡Viva mi autoestima!
Ranma avanzó hacia mí, pero esta vez di un paso hacia atrás. La profunda mirada azul de Ranma estaba haciendo vibrar mis nervios como las cuerdas de una guitarra. Él volvió a avanzar y yo volví a retroceder. El ambiente podía ser perfectamente cortado con un cuchillo. Entonces, extenuado por la situación, Ranma se olvidó por completo del tacto, de evitar asustarme, y me cogió del antebrazo rápidamente, antes de yo ser consciente de que se había movido. Gemí sobresaltada, pero él no se detuvo y tiró de mí, haciéndome chocar contra su pecho, rodeándome con sus brazos. No me atrevía a mirar su rostro, así que hundí mi rostro en su cuello, llenando mis pulmones de su aroma.
Parecía que todo me daba vueltas, así que agradecí que me tuviera tan firmemente sujeta, aunque él lo hiciera para evitar que yo saliera corriendo. ¡Qué divertido! Cómo si pudiera.
- Akane.- Susurró suavemente junto a mi oído, aprovechando para inspirar con pausa entre mis cabellos.
Apreté con las pocas fuerzas que me quedaban sus hombros mientras entrecerraba los ojos. Si antes todo me daba vueltas, ya ni siquiera sentía el suelo bajo mis pies. Todo era demasiado emocionante, arriesgado y atronador como para poder darle un poco de racionalidad a la situación. En ese momento la razón había sido dejada a un lado y, en nosotros, primaban las emociones y, sobre todo, los instintos. Las voces de nuestros ángeles y demonios habían quedado muy lejos, dejándonos llevar únicamente por nuestros cuerpos. Y, eso fue precisamente lo que hice. Comencé a levantar la cabeza, encontrándome con su cuello. Dejé un sutil beso sobre la almendra de su garganta para, posteriormente, alejarme para ver su rostro y, perdida en la maravilla de sus ojos azules todo se volvió negro y me desplomé. Sí, me desmayé. Por fin había decidido dar un paso adelante con Ranma y voy yo y me desmayo. Ya decía antes que, cuando dábamos un paso hacia delante, dábamos dos hacia atrás.
¿Se puede ser más patética?
Cuando me desperté, me descubrí en una de las habitaciones del centro médico del doctor Tofu. No sabía qué hora era, puesto que todas las ventanas estaban cerradas con el fin de bloquear la luz. Hice un análisis completo de la situación, tratando de recordar por qué estaba en ese lugar, sin moverme. Al llegar a mi mente las imágenes de lo sucedido con Ranma en el bosque me convertí en la personificación de la nariz de Rudolf.
Esto era increíble, por una vez que me decidía a hacer algo atrevido con Ranma, librándome de las tontas ataduras que me había auto-impuesto hacía bastante tiempo, permitiéndome convertir una de mis mayores fantasías en algo real, sin nadie alrededor tratando de detenernos, ¿qué hago yo? Caer redonda al piso como una borracha. Conociéndome, había caído con la gracia de un elefante en una cacharrería y, encima, iba de barro hasta las trancas. No tengo complejo de princesa en apuros, pero encima de pasar vergüenza metiendo la pata en un acto de valentía, lo hacía con la elegancia de un payaso recibiendo un tartazo en la cara. En serio, en este tipo de circunstancias soy un personaje bastante deprimente.
Suspiré resignada e intenté taparme la cara con la almohada, pero algo tiró de mi brazo provocándome un gemido de dolor. Me giré en busca del causante y miré sorprendida el catéter que tenía introducido en mi brazo y que parecía mantenerme conectada a una especie de sonda. Volví a mirar a mi alrededor, tratando de confirmar mi estancia en una de las habitaciones del doctor Tofu, pero volví a mirar frustrada la sonda al darme cuenta de que no estaba errando, que sí me encontraba en el centro.
El doctor Tofu podía ser un excelente fisioterapeuta y un curandero tradicional espectacular, pero no tenía el título de medicina, así que no entendía muy bien por qué tenía en su poder medicinas de tal calibre y que le había llevado a suministrármelas. Hundí la cabeza en la almohada y cerré los ojos tratando de relajarme. Quizás fuera un efecto secundario de los medicamentos, pero el agobiante dolor había sido prácticamente sustituido por una intensa pesadez que apenas me permitía moverme.
Hasta que alguien viniera a explicarme como había acabado allí, aunque podía imaginármelo, no podía hacer nada, así que guerreé con mi cuerpo tratando de volverme a dormir. Quién sabe cuándo podría volver a tener un sueño sin interrupciones.
A los pocos minutos de haber tomado esa decisión, pude escuchar unos pasos acercarse al cuarto. Se detuvo un momento frente a la puerta, a la par que mi respiración, y, entonces, la abrió. Cerró la puerta tras de sí y se acercó a la cama con la ligereza de un gato. Se sentó en el borde de la cama y se quedó quieto un largo rato. Me empezaba a exasperar, porque notaba su mirada clavada en mí, pero aún no tenía los sentidos lo suficientemente despiertos como para adivinar quién era por su forma de andar ni por su olor.
Repentinamente, volvió a moverse, alargando su mano hacia mi mano sana y jugueteando con ella, formando dibujos en mi palma con la punta de sus dedos. Era una sensación agradable, y, por la electricidad que me transmitía cada uno de sus toques, supe al momento de quién se trataba. Ranma.
Al ser consciente de tal "revelación", mi cuerpo, como siempre, implosionó con la fuerza de un volcán. Mi corazón se alocó, mis nervios comenzaron a jugar a saltar a la comba y mi cuerpo parecía arder en llamas. Un efecto secundario de tan brusco despertar es que la mayor parte del efecto sedante de las medicinas se fueron a la porra, trayéndome de vuelta buena parte de mis dolores y de mis sentidos.
Al parecer, el chico de la trenza se percató de mi despertar, porque detuvo sus movimientos un momento, para reiniciarlos avanzando, de mi mano, a mi antebrazo. Ascendía y descendía, jugueteando con mis emociones como un niño relamiéndose los dedos.
Estuvimos mucho tiempo así. Tanto, que perdí la cuenta del pasar de los minutos que, en un principio, intenté contar. Solo pensaba en la presencia de Ranma y yo en la habitación, y en las gratificantes descargas eléctricas que esta situación estaba suponiendo para nosotros, o al menos para mí.
Aunque sabía que podía romper la magia del momento, entreabrí los ojos buscando su figura en la negrura de la habitación. El ojiazul observaba mi brazo mientras jugueteaba con él, con una pequeña sonrisa en los labios. No tardó en darse cuenta de que lo observaba y de voltear su vista hacia mí. Su mirada era terriblemente dulce, pero también terriblemente triste. Y eso me estaba matando. Al olvidar mi cuerpo los tranquilizantes masajes que me había dado sobre mi brazo y verse sumido en la marea pausada y lúgubre que había gobernado los ojos del artista marcial, mis pesares redoblaron su marcha, causándome unos espasmos insufribles en cada uno de los músculos de mi cuerpo.
Ambos sabíamos que debíamos hablar, pero también estábamos esperando a que fuera el otro el que empezara. Al final, me armé de valor y me preparé para hablar pese a que notaba la garganta y la boca un tanto secas.
- ¿Qué ha pasado?
Ranma se tomó un momento antes de responder.
- Después de... lo sucedido en el bosque, te desmayaste, así que te traje corriendo a la consulta del doctor Tofu. - Me contestó sin apartar la vista de mí.
- ¿Eso es todo?
- Bueno, mientras el doctor te atendía, me encargué de contactar a todos los que te estaban buscando para informarles de que te había encontrado, que dejaran de buscar.
- ¿Todos? - Pregunté confusa.
- Sí, todos.
- ¿Y quiénes son todos? - Pregunté alzando una ceja, lo que fue en realidad un verdadero logro conseguir.
- Pues tu padre, los míos, tus hermanas, Ukyo, Shampoo, Cologne, Hapossai, Ryoga... ya sabes, todos.
- ¿Me estás diciendo que tus prometidas te ayudaron a buscarme? - Inquirí incrédula.
- ¿Y qué esperabas Akane? - Cuestionó el molesto.- Desapareciste de repente, sin dejar ni una nota acerca de donde ibas. Tus amigas tampoco sabían nada. Encima llevas un tiempo de lo más extraña, así que no sabíamos que esperar. Estábamos asustados.
No sabía si debía estar molesta por esa desconfianza, pero decidí ser agradecida por la preocupación de todos y dejar, por una vez, mi mal humor de lado. Aún seguía ligeramente dopada después de todo.
- Y, hablando de eso, es una conversación que tenemos pendiente. - Comentó Ranma.
- ¿Y eso? ¿Qué asunto? - Cuestioné yo tratando de salirme de la tangente.
- Sabes perfectamente de qué, de lo mismo que hablábamos antes de que te desmayaras. Quiero saber cómo te hiciste esa herida y qué es lo que te está pasando últimamente.
Guerreé con su seria mirada antes de responder. El mar de sus ojos empezaba a embravecerse.
- No me pasa nada Ranma, son cosas de la edad, simplemente.
- ¿Cosas de la edad? - Repitió él riéndose sin humor.- Tu estado de ánimo no es algo propio de las cosas de la edad, no es algo propio de ti, y esto - Dijo cogiendo suavemente mi mano vendada.- No es algo normal. Esta no es una herida causada por cortarte con un cristal ni hecha de una sola vez.
Soltó el aire con pesar mientras miraba con tristemente mi mano antes de volver a dirigir su mirada hacia mí.
- De verdad, ¿no vas a contarme que está ocurriéndote? Después de todo lo que hemos pasado juntos, ¿no confías en mí?
Esa última pregunta era un claro ejemplo del uso del chantaje emocional. Encima, había vuelto a enfocar su vista a mi mano vendada, tratándola con mimo. Su imagen era enternecedora y deprimente, igual que ver a un niño contener las lágrimas después de ser castigado injustamente. ¿Quién iba a decir que Ranma iba a convertirse, no solo en uno de los mejores artistas marciales, sino también de los manipuladores?
Solté un suspiro prolongado, tratando de deshacerme de cualquier pensamiento en mi cabeza que me indicara que esto era una mala idea, antes de hablar.
- Simplemente, no lo sé.- Dije por fin, consiguiendo que Ranma volviera a alzar la vista para mirarme nuevamente a los ojos.
-¿No lo sabes? - Preguntó sorprendido.
- No, no lo sé.- Contesté con sinceridad.
- ¿Nada de nada?
- Solo que me duele.- Añadí como si fuera algo sin importancia. ¡Ja! ¡Sin importancia, mi pie! Esa tortura había generado todo esto.
- ¿Te duele qué? ¿La mano?
- No, todo.
- ¿Todo? ¿A qué te refieres con todo? - Preguntó dudoso o quizás, un tanto temeroso.
- Pues a todo, no sé porque es, porque no hay nadie que me haya dado guerra últimamente, pero eso no cambia que me duela todo.
- ¿Y por qué solo tienes tu mano así? - Inquirió sin parar de acariciar mi mano con ternura.
- Para desquitarme.
- ¿Cómo que para...?
- Pues que, cuando me duele mucho, por las noches, me muerdo.
- Pero si te duele, ¿para qué hacerte más daño? - Cuestionó volviéndose pálido como la nieve.
- No lo sé, sencillamente me despeja y me alivia un poco.
Ranma hundió sus hombros y me miró aterrado. En realidad, no era de extrañar, si yo me lo hubiera encontrado a él en mi mismo estado, y hubiera escuchado esas mismas palabras salir de su boca, probablemente habría tenido la misma expresión.
- Esto te parecerá una tontería, pero, al ver las marcas de mordiscos, el doctor y yo esperábamos que estuvieras cuidando de algún perro salvaje en secreto o algo.- Comentó con una risa angustiada.- Nunca nos habríamos esperado que tú...
No concluyó la frase, pero, sorprendentemente, el valiente y duro Ranma, el guerrero con un orgullo más grande que su peso, parecía estar a punto de llorar. Detuvo las lágrimas a tiempo tras pestañear varias veces mirando al techo.
- ¿Me puedes prometer una cosa? - Me preguntó tras un pesado silencio.
- Depende.- Contesté yo dubitativa.
- De ahora en adelante, no me excluyas. Si sufres, dímelo. Si necesitas ayuda, dímelo. Si quieres huir dejando el mundo atrás, dímelo. Pero nunca más vuelvas a asumir todo tú sola. No voy a dejar que te precipites por el acantilado solo por tu terquedad.
- ¿Cómo que mi...?- Intenté reclamar, pero la mirada de Ranma me detuvo.
- Hablo en serio. Si no sabes nada, no importa, descubriremos lo que te está ocurriendo juntos y encontraremos una solución.
La mirada del ojiazul, seria y penetrante, no daba lugar a replica, así que simplemente asentí. En realidad, no iba a admitirlo en voz alta, pero fue increíble la sensación de alivio que me inundó. En ese mágico momento de complicidad entre nosotros dos, escuchamos la voz del doctor Tofu llamando a Ranma desde el pasillo, estallando por completo nuestra burbuja. Ranma se levantó de la cama, pero se volteó en mi dirección.
- ¿Ahora mismo te duele algo? - Cuestionó señalando el gotero.
Asentí tenuemente antes de volver a escuchar la voz del doctor llamando al pelinegro. Él se giró hacia la puerta, pero volvió a mirarme rápidamente.
- Bueno, iré a ver que quiere el doctor y le diré que ya estás despierta... No sé si servirá de algo, pero me gustaría ayudarte un poco a olvidarte de todo esto, aunque sea brevemente.
Antes de que pudiera decir nada, el joven Saotome se agachó y me besó con dulzura justo en el mismo punto donde yo había besado su garganta antes. Con una sonrisa se levantó y salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.
Guest, muchas gracias por tu review, me emocionó mucho, sinceramente. Es lo más bonito que me han dicho en mucho tiempo - ¿debería deprimirme por ello? jajajajajaja-. Espero seguir recibiendo tus opiniones a lo largo de este fic.
, me alegra que este fic esté teniendo el efecto deseado causando intrigas desde el inicio. No puedo asegurarte una periodicidad en mis publicaciones, puesto que depende de mis clases y la tonelada de trabajos que van con ellas, además de la inspiración, por supuesto. Mejor no escribir a que salga algo que es puramente relleno, ¿no lo crees?
Muchas gracias a todos aquellos que siguen este fic. Aunque no publiquéis reviews, vuestra presencia se nota y me da muchos ánimos para continuar escribiendo. Es lo que tiene poder ver el tráfico de visitas jajajajaja.
Espero que hayáis disfrutado de este capítulo.
¡Nos vemos en el capítulo 3!
