CAPÍTULO 2
Si me deshago de mi osito de felpa. ¿Dormirías tú conmigo?
Sasuke entró en la oficina de Tsunade con el corazón retumbando. Tsunade ya estaba sentada detrás de su escritorio. Era una mujer severa, seria, siempre brusca y exigente, pero jamás había ordenado la presencia de Sasuke con tanta dureza antes. Nunca le dijo que tenía malas noticias para él "¿Qué pasaba? ¿Quiere deshacerse de mí? ¿Por qué? ¿Qué podría haber hecho mal?" Estudió a su jefa. Tsunade tenía una edad indeterminada y rechazaba hablar del tema bajo amenaza de muerte. ¿Lo que creía Sasuke? Dos mil, años arriba años abajo. Líneas profundas acartonaban su boca, ojos y mejillas. El pelo era grueso y lacio. No. Hoy su pelo no era sólo lacio. Hoy su pelo estaba alisado y retirado de la cara, haciéndole parecer más… guapa. Huh. Eso era nuevo.
Tsunade ojeaba unos papeles sobre su escritorio; sus ojos color avellana, normalmente desprovistos de cualquier emoción excepto el disgusto, ahora estaban ensombrecidos por la culpa.
—Cierre la puerta —dijo Tsunade, volviendo a prestar atención a los papeles.
Sin darle la espalda a su jefa, Sasuke empujó la pesada puerta de cristal hasta cerrarla. Las persianas estaban echadas, por lo que nadie podría ver lo que pasaba dentro. Observó nervioso el espacioso cuarto. Grandes ventanales ocupaban la pared más alejada y numerosas plantas moribundas se alineaban frente a ellas. Una botella abierta de whisky escocés descansaba sobre el bar.
Algún día, quería tener una oficina propia. ¿Habría alguna posibilidad ahora?Culo Bonito estaba sentado en una silla frente al escritorio. Le daba la espalda y no se molestó en girarse para mirarla. Permaneció callado sobre el tapizado asiento azul, completamente relajado. Un poco irreverente.
—¿Qué ocurre? —preguntó Sasuke, orgulloso de parecer tranquilo e indiferente.
—Siéntese. —Con una brusca inclinación de barbilla, Tsunade le señaló la otra silla… la que estaba al lado de Culo Bonito.
¿Planeaba Tsuade despedirlo? ¿El rubio estaba aquí para protegerla en caso de que Sasue se pusiera echo un basilisco? Al instante su mente revisó de nuevo sus últimas y escasas asignaciones. Era cierto que le dio un rodillazo en las pelotas a un objetivo, pero todavía podría engendrar niños. Era cierto que había causado una reyerta en un bar, pero nadie había muerto.
Tragó el repentino nudo de la garganta y se dirigió a zancadas hacia la silla. Se sentó, alisándose los vaqueros tejanos con manos inestables.
—¿Qué ocurre? —preguntó otra vez.
—Sasuke Uchiha —dijo Tsunade—. Le presento a Naruto Namikaze. Naruto, Sasuke.
Aparenta indiferencia. No preocupación.
—Encantado de conocerle —le dijo, ofreciéndole la mano.
Su atención nunca giró en su dirección. Él mantuvo su mirada fija al frente, simplemente arqueando una ceja en reconocimiento a sus palabras. OK. Así que él no quería mirarlo, dirigirse a él o tocarlo. «Malas noticias…»
Se le secó la boca. Tal vez no era tan guapo, después de todo. Sasuke dejó caer la mano.
Tsunade apoyó los codos sobre el escritorio y lo taladró con una dura mirada.
—Naruto se ha unido a la agencia como señuelo.
—¿Qué? —La mandíbula cayó abierta, pero la cerró con un chasquido. De todas las cosas que había esperado escuchar, esta no estaba ni de lejos en su lista. Había oído demasiadas veces a Tsunade jurar por Dios y por sus tres bastardos ex maridos, que jamás contrataría a varones. De todos modos Sasuke experimentó cierto alivio. No estoy despedido. ¡Gracias a Dios!—. Creía que usted quería mantener esta oficina libre de testosterona.
—Lo quería, pero cambié de idea.
¿Qué tipo de respuesta era esa? Tsunade odiaba a los hombres. O.D.I.A.B.A. Esa era la razón por la que había abierto la agencia. El hecho de que ahora hubiera contratado a uno, y le pagara para que demostrara que las mujeres y los donceles eran de tan poco fiar como los hombres, sorprendió a Sasuke. Él ni siquiera podía contar el número de aspirantes que Tsunade había rechazado (con gusto) a lo largo de los añ ía que estar omitiendo algo, alguna cosa se le escapaba para poder entenderlo.
—¿Intentaremos atraer a clientes gay, entonces?
Naruto Namikaze resopló. Esa fue su única reacción. Aún así, él tembló. ¿Cómo podía un pequeño resoplido ser tan… sensual? ¿Cómo diablos sería su voz, entonces?
—No, no es gay —dijo Tsunade, poniendo los ojos en blanco.
La confusión de Sasuke aumentó. ¿Era esta una especie de broma? Desechó la idea casi al instante en que la formó. Tsunade no tenía sentido de humor. Podía ser… Sasuke jadeó cuando dio con la respuesta.
—Tsunade, ¿puedo hablar un minuto a solas con usted?
—No. —Tsunade miró detenidamente a Sasuke sobre el borde de las gafas. Inflexible. Severa. Una expresión familiar—. El tiempo es primordial, y me gustaría quitarme esta reunión de encima.
De acuerdo. Expresaría sus sospechas en voz alta, delante de Naruto.
—¿Te está chantajeando?
Finalmente el hombre en cuestión decidió echarle un vistazo… en el momento exacto en que Sasuke le miró a él. Sus ojos se encontraron, el azul contra su profundo negro, y el aliento se le atascó en la garganta. Por detrás, era magnífico. De frente, era aún más delicioso de lo que había sospechado. Increíblemente delicioso, en realidad. Alto, rubio y musculoso. Bronceado y rudo. Parecía casi salvaje, como si no perteneciera a este tiempo, una especie de sanguinario Vikingo dedicado a la violación y el pillaje.
Él lo observaba de arriba a abajo con un atisbo de desdén en la azulina mirada.
¿Desdén? ¿Qué había hecho él? Le acusaste de chantaje, bobo. Y no olvides que también acusaste a este varonil hombre de ser gay. Oh, sí. Sin embargo, la mirada en sus ojos le provocó un ardiente calor en el interior. Algunas personas podrían llamar a aquel calor lujuria. Sasuke lo llamó molestia. No debería tratarlo como si estuviera por debajo de él, sin importar su anterior provocación. Ni siquiera lo conocía.
—¿Por qué es tan difícil de creer que trabaje aquí legítimamente? —exigió él.
Era la primera vez que hablaba y su voz se deslizó sobre Sasuke, girando en eróticas ondas y provocando que todas las células chisporrotearan. Su voz era más seductora de lo que había sospechado. Decadente. Bueno, tal vez sentía un poco de lujuria.
—¿Y bien? ¿No hay respuesta?
Él hablaba con un profundo y canturreante ritmo, con un leve acento inglés que convertía sus palabras en calientes y orgásmicas. Sus pezones se endurecieron
-¡Condenados traidores!- y le llevó cada onza de voluntad que poseía el no cubrírselos con las manos, ya que su delgada y ceñida camisa lo revelaba todo. Todo. Él tendría que ser ciego para no notar el saludo que sus dos pezones le ó aire.
—Lamento si le he ofendido. No era mi intención. Es sólo que usted no es la clase de persona que, por lo general, Tsunade contrata.
Sus rubias cejas se arquearon.
—¿Y qué tipo de personas son esas?
—Alguien con óvulos—dijo Sasuke sin rodeos.
—Tengo algo mejor, se lo aseguro.
Sasuke parpadeó, se tomó un momento para digerir sus palabras y sacudió la cabeza.
—Por favor, dígame que simplemente no insinuó lo que yo creo.
—¿Insinuar? —rió entre dientes, el sonido rico y tranquilo, completamente encantador y completamente burlón—. Solo dije la verdad, Sasukito.
¿Sasukito? ¡Grrrr! Así que no sólo había contratado a un hombre, si no que contrató a uno con un ego enorme. La vida sólo sería más perfecta si Sasuke programara un examen pélvico y ganara cuatrocientas libras. Fue amable y simpático con él hasta que él reveló su verdadera naturaleza, aunque el saber que era un cerdo hambriento disminuyó su atractivo visual. O eso se dijo a sí mismo.
—Soy el mejor señuelo en el negocio —añadió él—, y tiene suerte de tenerme aquí. Usted, por otra parte, es de moralidad y carácter cuestionable, y propenso a los ataque de emoción extremos. He leído su expediente.
¿Él había leído su expediente? Mientras que estaba bien que él espiara y leyera archivos confidenciales, no estaba bien que alguien leyera el suyo. ¡Condenada doble moralidad! Pero algo caliente -muy caliente- se le deslizó a través de la sangre mientras pensaba en él haciéndolo. Algo que se parecía muchísimo al… ¿deseo? Oh, infiernos no. Estás furioso porque te insultó, Sasuke. No estás excitado. Tu estómago se encoge por la cólera, no por el deseo.
—Primero, no debería haber leído mi expediente. Es sólo para los ojos de Tsunade. Segundo, no soy de moralidad o carácter cuestionable. Nunca, jamás he dormido con un objetivo —Eso era verdad. No sentía nada más que desprecio hacia sus objetivos, ahora y siempre—. He abofeteado a unos cuantos en la cara, sí, por lo que no discutiré ―los ataques de emoción extremos".
—El primer premio para Sasuke, entonces —refunfuñó él—. Por lograr mantener la ropa puesta en el trabajo.
Aquel caliente y ardiente algo la provocaba otra vez.
—¿Escuchaste el modo en que me insultó? —le exigió a Tsunade—. ¿Comprendes que tipo de persona es, cuando dice algo así?
La diversión iluminó los ojos color avellana de Tsunade.
—Lo escuché y lo entiendo.
—¿Y aún así vas a contratarle?
Tsunade le brindó una enigmática sonrisa. —Algo así.
Sasuke jadeó. Simplemente cierra la boca. Actúa como un profesional, a diferencia de Naruto.
—¿Me está diciendo que quiere a este… éste DIMA trabajando para usted? —Se encontró diciendo de todos modos. Un niño en el cuarto obviamente no era suficiente.
—¿Dima? —replicó Tsunade, confusa.
—Diva Masculina —contestó Sasuke
—Qué bonito —dijo Naruto, el sarcasmo goteando de cada palabra—. Estoy aquí mismo, ¿sabe? Podría guardar esta estimulante conversación para después de que me haya marchado.
—¿Y está de acuerdo con ello? —siguió, como si Culo Vanidoso no hubiera hablado. Todo -bueno, casi todo- dentro de él quería que se fuera. Ahora. Lo había insultado y, en lugar de experimentar furia como había intentado convencerse, quiso arrancarle la ropa. Allí mismo. Lo admitía. Esta clase de cosas nunca le habían pasado antes y eso lo asustaba—. ¿Su actitud no le hace querer alimentar a sus gatos con sus órganos?
Tsunade levantó el índice.
—Uno, no tengo gatos —otro dedo—. Dos, su actitud no me molesta porque usted es el que tiene que tratar con él. Irá con usted esta noche.
—¡¿Qué?!
—Ya me oíste. Va contigo —No había lugar para la discusión en el tono de Tsunade y todo rastro de humor había desaparecido de su expresión. Sasuke apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que añadiera—: Como Naruto mencionó antes, ya ha hecho este tipo de trabajo antes. Pero quiero que observe como controlamos en AATP nuestras operaciones. Aquí están las fotos de su nuevo objetivo —le dio una foto a Sasuke y otra a Naruto—. Tengo un asunto personal que resolver, así que estaré de vuelta mañana. Usted es un profesional o eso espero, así que debería ser capaz de manejar este día sin mí.
¿Qué? ¡Qué!
—¿A dónde va? —dijo Sasuke con voz estrangulada. Los dedos se cerraron de forma inestable sobre la foto.—Ya se lo dije, es personal. No más preguntas. Que tengan un buen día. —Y dicho lo cual, Tsunade cogió el bolso, se lo colgó y se dirigió hacia la puerta con el negro y almidonado traje pantalón crujiendo mientras caminaba.
—Tsunade —la llamó Sasuke, la sorpresa palpitando en su interior. Tsunade prácticamente vivía en la oficina. ¿Por qué se marchaba tan temprano?
—La respuesta es no —dijo Tsunade, alcanzando el pomo de la puerta.
—Ni siquiera sabe lo que iba a decir.
—No importa. La respuesta sigue siendo no. —Con un tirón, abrió la puerta y Gaara cayó dentro, desparramándose sobre la alfombra carmesí. Sin disminuir el paso, Tsunade lo sorteó, diciendo—: Vuelva al trabajo, Sabaku —luego desapareció pasillo abajo.
Gaara se levantó, las mejillas tan rojas como su brillante pelo, y se tiró de la camisa hasta que casi se le veía todo el pecho.
—Yo, uh, estaba a punto de llamar. ¿Alguien quiere una taza de café?
—No, gracias —refunfuñó Sasuke. La cafeína podría ser el empujoncito final que el corazón necesitaba para detenerse completamente. Jamás se habría levantado de la cama esta mañana si hubiera sabido qué clase de día le esperaba.
Naruto no pronunció ni una palabra.
—Todo bien, entonces —Gaara cerró la puerta apresuradamente, encerrando a Sasuke y a Naruto dentro. Solos. Juntos.
Un pesado silencio llenó el cuarto.
Di algo. Haz algo. Se removió en el asiento y observó de reojo al empleado más reciente de AATP. Él lo miraba, con alguna cosa ilegible en sus ojos, alguna cosa dura y suave al mismo tiempo. Alguna cosa peligrosa para la paz mental. Se meneó de nuevo. Se agradable y así no podrá insultarte. De esa forma no te excitarás de nuevo.
Lo que, por cierto -añadió su mente- es ridículo. ¿Cuándo se había vuelto así de masoquista?
—¿Cómo convenció a Tsunade para que le diera este trabajo? —le preguntó, la voz jadeante mientras las palabras se empujaban a través del repentino bloque de hielo en la garganta.
Un músculo palpitó en su sien.
—Ya que parece que usted no se da cuenta, permítame explicarle una cosa. Esa pregunta es insultante. De hecho, usted no ha hecho nada más que insultarme desde que entró en este despacho. O tal vez sí que se da cuenta pero le importa una mierda.
Sasuke levantó la mano, con la palma hacia fuera.
—Sinceramente, ningún insulto fue intencionado —Bien, lo estás haciendo bien—. Es solo que yo conozco a Tsunade y usted no. Esto no es propio de ella. Usted no es el único hombre que ha querido trabajar aquí. Y siempre los rechazó en el pasado.
—Puedo no ser el único hombre en querer trabajar aquí, pero le prometo que soy el mejor.
Sasukr no tenía ninguna duda al respecto. Ninguna mujer o doncel sería capaz de resistirse a su potente encanto. Aún así…
—Tiene que haber algo más en todo esto.
—¿A dónde quiere llegar? —preguntó a través de los blancos dientes apretados—. ¿A qué soy el juguete sexual de Tsunade?
De pronto a la defensiva, Sasuke enderezó la espalda.
—¿Lo eres?
—Para tu información, Sasukito. Jamás he necesitado tanto un trabajo como para que tuviera que acostarme con la jefa para conseguirlo —el tono fue más duro con cada palabra, y añadió—: Aunque, obviamente, eres algo lento, realmente espero que entiendas mis siguientes palabras para así no tener que repetirlas como un disco rayado. Presta atención. Podrían hacerte un examen. Tsunade. Quiere. Ampliar. El. Negocio. Fin de la historia.
Entrecerró los ojos. Una oleada de intenso aborrecimiento -sí, aborrecimiento y no la otra tonta emoción- lo atravesó. Con algunas personas conectabas a la primera, con otras… no. Ellos obviamente no lo hacían. Y a cada momento que pasaban juntos, la aversión -sí, la aversión y no alguna otra y aún más tonta emoción- se intensificaban.
Mantén el control. No le dejes ver cuánto te afecta.
—Mis preguntas e inquietudes están justificadas —dijo Sasuke sin alterar la voz (bueno, quizás un poco).
—No, no lo están —gruñó él.
—Desde luego que piensas eso —le sonrió dulcemente—. Eres irracional.
—Apuesto a que eres un verdadero manojo de alegrías… en el trabajo —dijo él, mascullando luego—: Realmente espero no tener que intervenir en la extinción del fuego que seguramente iniciarás esta noche. He oído que ya has provocado varias reyertas.
—Culpa de ello a la Hermandad de las Rabiosas Erecciones —dijo, todavía repugnantemente dulce—. No a mí.
—¿Es por eso por lo que estás tan gruñón, Sasukito? ¿Tienes miedo de que esta noche interfiera en tu trabajo y te impida provocar esas erecciones? —Había más repugnancia en esa frase de la que jamás había escuchado de ninguna otra persona—. Probablemente te limites a excitar a tus objetivos y a largarte. Eso fue rastrero. Muy rastrero. Esa parte de su trabajo no le gustaba, pero se había resignado a hacerla porque los resultados finales eran muy importantes para las víctimas de infidelidad.
—Esa observación es muy graciosa, Naru. Viniendo de ti. ¿Es que tú no tienes también un trabajo que requiere que excites a las mujeres y donceles, y luego alejarte de ellos?
—Es Naruto —dijo con dureza—. Sólo respondo a Naruto.
¿Fue un destello de culpa lo que vio en sus ojos? No, seguramente no. Posiblemente orgullo. Lo más probable es que él se estuviera dando mentalmente palmaditas en la espalda.
Sasuke se encogió de hombros. —Lo que tú digas, Naru.
Los minutos pasaron mientras lo miraba fijamente y con atención. Luego, dijo: —Lo que dije sobre las erecciones estaba fuera de lugar —admitió de mala gana.
Sasuke sacudió la cabeza y parpadeó. ¿Estaba él (y Sasuke no se atrevía a creérselo) pidiéndole perdón? Su padre lo había hecho. Incluso sus ex novios lo habían hecho. Pero las palabras nunca antes se le habían deslizado sobre la piel con el fervor de una caricia. Ellos nunca le habían afectado hasta el tuétano de los huesos y le habían hecho querer perdonarles.
—Simplemente empecemos a trabajar —dijo después de aclararse la garganta, sin saber que más decir. Se obligó a olvidar a Naruto y enfocarse en la foto que Tsunade le había dado. Fue una buena distracción. El hombre que le habían asignado esa noche tendría unos cuarenta años. Tenía un poco de entradas, amables ojos negros, una mandíbula fuerte y pómulos altos. En general, no era un cerdo mal parecido.
Por la mañana, su vida tal y como él la conocía estaría arruinada.
Tal vez él era emocionalmente estéril o algo así, porque eso habría provocado que la mayoría de la gente se sintiera un poco triste, un poco culpable. Quizás incluso algunos habrían abandonado el trabajo. Sasuke, bueno, quería que la novia supiera exactamente el tipo de perdedor para el que había cocinado y limpiado, con el que había dormido y al que le había dedicado todo su tiempo y energía.
Como Gaara, a Sasuke le habría gustado encontrarse con un hombre con honor e integridad, que no se derrumbara bajo el encanto de la tentación prohibida. Un hombre que le diera más importancia al amor que al sexo.
Aquel pensamiento lo devolvió al varón en el cual no quería pensar, pero al que al parecer no podía apartar de la mente, preguntándose sorprendido a qué tipo pertenecería él. No creía que él le atrajera más que un humeante montón de mierda. ¿Sería soltero? ¿Trataba a todos los donceles con el mismo desdén o solo a él?
¿Cómo trataría a alguien que le gustara?—¿Qué sabes de Morino Ibiki, el objetivo de esta noche? —Todo hombre de negocios ahora, Naruto se reclinó en la silla y dobló los brazos sobre el estómago. La camisa se estiró contra los duros tendones y la aterciopelada piel.
—Aún no he tenido la oportunidad de leer su expediente. —Su novia dice que está en medio de la crisis de los cuarenta.
Naruto hizo una pausa, un mechón de pelo rubio cayéndole sobre la frente. Hermoso, pero de un modo totalmente masculino.
—¿Es la novia quien lo dice? ¿O tú? —Él apoyó el codo sobre la rodilla alzada y la barbilla en la palma—. El tono de tu voz dice que el hombre ya ha sido juzgado y condenado. ¿No se supone que deberíamos ser imparciales?
—No —se mofó—. No se supone que somos imparciales.
—¿Y por qué no?
—¿Qué importa la objetividad? Ese hombre la engaña o lo hará tarde o temprano — agitó la carpeta en el aire—. Morino se cambió su Toyota por un Cobra. Se pasa dos horas al día en el gimnasio cuando solía pasarlas hablando con su novia. Y ha estado frecuentando los clubs nocturnos cada fin de semana. Lo más seguro es que ya ha decido abandonar a su vieja novia por otra más joven, sólo que la vieja novia no lo sabe. Aún.
Aquella ahora familiar mirada de disgusto cubrió los ojos de Naruto, perforándolo como un rayo láser.
—¿Un nuevo coche, hacer deporte y bailar es igual a una crisis de los cuarenta, Sasukito? Tal vez el hombre simplemente quiere mejorar.
Maldición, su acento era inusitadamente sexy. Eso le hizo sentir un cosquilleo. Aún así odiaba, odiaba, odiaba la forma en la que dijo la palabra Sasukito. Sonó como una caricia, ¿verdad? No de sus labios. Era más un insulto.
—Y quizás todo este tiempo devoré una pizza familiar yo solo, y de una sentada, por motivos medicinales.
—Yo conduzco un jodido Jaguar. Y hago deporte. ¿Significa eso que estoy en medio de una puñetera crisis?
Dos palabrotas. ¿Había tocado, quizás, un nervio sensible?
—Bien, vamos a ver —se dio golpecitos con el dedo en la barbilla y fingió confusión ante las siguientes palabras—. ¿Entregaste tu viejo coche como parte del pago de otro que no podías permitirte?
—No —dijo rígidamente.
—¿Te hiciste un tatuaje que pone Soy Puro Fuego?
—No —dijo, un poco más rígidamente.
—Según su novia, Morino ha hecho ambas cosas. ¿Crees que se endeudó y se marcó la piel para siempre sólo para mejorar? O -y sé que me estoy enrollando, pero ten paciencia conmigo, Naru- tal vez intenta pillar un caliente y apretado culito.
Naruto se pasó la lengua por los dientes. Parecía albergar un infierno en su interior, a punto de explotar. Él no necesitaba un tatuaje para decirle al mundo que quemaba.
—Cien dólares a que Morino no te tira los tejos esta noche.
Los ojos se estrecharon.
—¿Piensas sabotearme?
—Claro que no. Simplemente tengo fe en el señor Morino. Creo que te equivocas con él. Que él simplemente intenta sentirse bien consigo mismo. Creo que va a mirarte y seguir su camino. Como jugador, realmente me gustan las probabilidades que tengo con éste.
¿Qué intentaba decir? ¿Que él no podía atraer a ningún hombre, ni siquiera uno que últimamente rondaba a donceles? Apretó las manos, arrugando la foto. Oh, ya le enseñaría él a Naruto. Con mucho gusto. Sentirse bien consigo mismo, ¡por favor! ¿Seguir su camino? Ni hablar.
—Perderás.
—¿No tienes dudas? —dijo él, arqueando las rubias cejas que le daban ese insolente aspecto que había comenzado a odiar. Y desear, malditas las hormonas.
—Ninguna en absoluto.
—No me sorprende —sacudió la cabeza, provocando que más mechones rubios cayeran sobre la frente—. Obviamente tienes una alta opinión de ti mismo.
—En realidad, lo que tengo es una baja opinión de los hombres —Cerdo, lo insultó mentalmente, aunque al mismo tiempo tuvo que reprimir el impulso de retirarle aquel mechón de la cara. ¿Qué estaba mal con él? Necesitaba una zurra por esas tendencias masoquistas. Una zurra mala, traviesa y, oh sí, una… Bobo. Para—. Morino no va a caer porque me quiera a mí especialmente. Caerá porque es un pene andante y los penes andantes ni siquiera son capaces de distinguir una mujer o doncel de una muñeca hinchable.
—Debería haber sabido que dirías algo como eso - Naruto articuló otra de sus deliciosas y ricas sonrisitas. Más deliciosa que el chocolate. Más rica que la nata montada—. ¿No serás uno de esos que odian a los hombres, verdad, Sasukito?
Sasuke se mordió el interior de la mejilla con tanta fuerza que noto el sabor de la sangre.
—Odio a los mentirosos y a los estafadores. Por lo que sí, supongo que soy uno de esos que odian a los hombres.—Tal vez sea porque no has encontrado aún al hombre adecuado.
—¿Y se supone que ese hombre eres tú, Naru el excéntrico? —se burló, demostrando lo absurda que le parecía la idea. Dios, jamás había sentido tanta aversión por alguien, ni con tanta rapidez. Él era vil. Absolutamente vil… y tan deseable que las manos le temblaban por la necesidad de tocarle. Definitivamente era masoquista. Gracioso que nunca lo hubiera comprendido antes de hoy.
—No tienes que preocuparte de que me acerque a ti —dijo él—. No eres mi tipo.
—¿Y qué tipo es ese? —No pudo evitar preguntarle.
—Frío y despiadado. Y mi nombre es Naruto.
—¿Me estas llamando a mí frío y despiadado o es la clase de doncel con el que te gusta salir?
—A ti. Y creo que por eso prefiero a las mujeres.
Oh, la sangre hirvió, al rojo vivo, consumiéndolo. No era frío ni despiadado. Pero el insulto lo afectó profundamente porque a veces -sólo a veces- tenía miedo de que fuera ambas cosas. Después de todo, ayudaba a arruinar la vida de la gente y no se sentía mal por ello.
—¿Por qué demonios eres tan hiriente conmigo? Y si no sabes lo que quiero decir con hiriente, estaré encantado de agarrar tu Señor Feliz y explicártelo.
—Eres un doncel, Sasukito —lo miró fijamente con una burlona media sonrisa curvando la deliciosa boca—. Es todo lo que necesitas para cabrearme.
Él parpadeó.
—¿No te gusto porque soy doncel? —Tal vez, realmente, era gay.
—No, me gustas mucho. Algunas partes de ti, al menos —Los ojos se deslizaron sobre su cuerpo en una mirada lasciva, deteniéndose en sus pezones y entre sus piernas, quitándole lentamente su ya escasa ropa. Desafiándolo a que se atreviera. Rogando por que lo hiciera, en realidad.
Como si alguna vez, alguna vez permitiera a aquel cerdo verlo desnudo. Le mordiese los pezones, los apretara entre sus dedos. Lamiera un camino descendente por el cuerpo. Y... gruñó en lo profundo de la garganta.—Los donceles son los estafadores y los mentirosos, también las mujeres —dijo—. No los hombres. Ellos alegremente olvidan su moralidad cuando creen que van a conseguir un orgasmo. O un hombre con más dinero. O un hombre que estúpidamente haga todo lo que pidan. Y la lista podría seguir y seguir.
Sasukr parpadeó de nuevo cuando la comprensión se cerró sobre él de golpe. Oh, qué ironía. Se rió, incrédulo. Naruto Namikaze era la versión masculina de él mismo. Este espécimen ferozmente hermoso pensaba que las mujeres y donceles eran unos cerdos. Increíble. Incomprensible. No tenía precio.
—No es gracioso —dijo con dureza.
—Sí, lo es. —Obligándose a sí mismo a calmarse, le estudió—. Exactamente, ¿cuánto tiempo lleva trabajando en este negocio?
Él apretó los labios en una amotinada línea. Al parecer, compartir información personal no era parte de su relación odio-odio.
—¿Y bien? —presionó Sasuke.
—Ocho años —respondió finalmente. Echó un vistazo al reloj de pulsera—. Y ahora terminemos esta conversación. Tengo la información que necesitaba sobre el objetivo. Ya puedes irte.
—¿Puedes irte? —jadeó Sasuke—. ¿Puedes irte?
—Sí. ¿Hay eco en la habitación?
¿Había mencionado ya que odiaba a este hombre?
—Nos encontraremos en el club en tres horas y media —dijo. Alzó el duro y gran cuerpo del asiento, rodeó de una zancada el escritorio de Tsunade y se sentó en su silla.
Sobresaltado por su atrevimiento, Sasuke sacudió la cabeza.
—¿Qué crees que estás haciendo?
Él miró fijamente los papeles.
—No creo que esto sea de tu incumbencia, pero Tsunade me dijo que me sintiera como en casa.
—Puedo garantizarte que no quiso decir en su escritorio.
Él se echó hacia atrás y estiró las piernas, cruzando los tobillos sobre la mesa. Encontró su mirada.
—¿Estabas aquí? ¿Escuchaste la conversación?
—No —dijo el azabache a través de los dientes apretados. —Entonces no sabes lo que quiso decir, ¿verdad?
Bastardo satisfecho. Más que a los puzzles, más que a este hombre, odiaba no ser el mejor. Quería a Naruto fuera de la oficina para así él poder colocarse ante el escritorio de Tsunade. Quería leer su expediente al igual que el rubio había leído el suyo. ¿Y qué diablos había puesto Tsunade en su archivo para hacerlo parecer una persona de moral cuestionable?
—¿Y bien? —Lo aguijoneó—. ¿Cuánto tiempo planeas quedarte ahí sentado?De acuerdo, decidió al instante. Deja que se quede. Eso cabrearía a Tsunade cuando se enterara, y podría (por favor, por favor, ¡por favor!) despedirle. Además de eso, discutir con él todavía lo excitaba. Ahora más que antes. La piel le ardía y la sangre caliente fluía por las venas a una velocidad alarmante.
—Deja la puerta abierta cuando salgas —añadió él con aire de suficiencia.
Mirándole con los ojos entrecerrados y jadeando un poco, Sasuke se puso de pie. Mejor marcharse ahora, antes de que él mencionara su mala reputación -o una peor reputación, de todos modos- y saltara sobre sus huesos. ¿Qué está mal conmigo? se preguntó por milésima vez.
Caminó rápidamente hacia la puerta, diciendo en suave tono burlón sobre el hombro:
—Me voy a casa para sacarme de encima tu grosería. Te veré en el club, Naru. Asegúrate de traer esos cien dólares que me deberás. Espero que me pagues en el momento en que pierdas —cerró de golpe la puerta tras él, provocando que el cristal vibrara y se alejó pasillo abajo.
