¡Muchísimas gracias por lo comentarios recibidos!


―2―

―¿Me alcanzas la salsa, Ron?

Dio un respingo y rápidamente le tendió la salsa a Hermione que esta vez estaba sentada a su lado. No se molestó en no rozarle los dedos antes de entregársela. Hermione resopló ante el contacto dándose cuenta de que había sido claramente apropósito.

―Gracias― musitó.

―¡Qué amable!― exclamó Ginny, desde el otro lado de la mesa. Parecía estar disfrutando en primera fila el invisible y silencioso espectáculo.

―Estamos muy orgullosos de ti― dijo Fred, sin querer quedarse atrás –Al parecer has estado aprendiendo mucho últimamente― lo miró alzando las cejas sugestivamente.

Ron no dijo nada y se limitó a sorber su sopa.

―¿Me alcanzas a mí la salsa, Ronnie?― preguntó George.

―Vete a la mierda― murmuró Ron por lo bajo.

―Cuida esa boca, jovencito― lo reprendió la señora Weasley, ―Y George, por favor hace el favor de no provocar a tu hermano―

―Está bien― dijo el aludido con los ojos como platos― solo quería asegurarme de que si solo Hermione recibía ese trato tan especial

Hermione se atragantó con el jugo que en ese momento estaba bebiendo.

―Hoy hay que dejar listo el tema de los adornos de las mesas― habló de nuevo la señora Weasley muy oportunamente.

―¿A sí?― preguntó Ron, desesperado por cambiar el tema ―¿Y tienen que quedar todos listos hoy?

―Sí.

―¿Necesariamente?― preguntó agobiado. Los dos últimos días había estado como un idiota apilando y arreglando flores y recién había superado la mitad ―¡Si tan solo me dejaras usar magia!― rogó.

―Hegmione pogría ayudaglo, pagecían muy a gusto el ogtro día― comentó Fleur despreocupadamente sin si quiera prestarle atención a la fulminante mirada que le dedicó Ron.

―Puedo hacerlo solo― dijo cortantemente, dejándose llevar por un testarudo y estúpido impulso, que no tardó en lamentar apenas lo dejó salir de su boca.

―Permiso― Hermione se puso de pie disimulando muy mal su enfado y Ron se atragantó con un trozo de pastel –mierda―pensó. Sabía que había metido la pata de alguna forma, no era tan grave en todo caso, pero sabía que Hermione no dejaba pasar ese tipo de cosas. Ya lo arreglaría durante el día.

Y así.

Hermione revolvía afanosamente el extraño líquido que burbujeaba fervientemente en el caldero. Emanaba un extraño olor, una mezcla entre ácido y frutas. De pronto el líquido chisporroteó y pareció cuajar y desprendió una diminuta llama que se absorbió rápidamente.

Satisfecha, observó la poción y comenzó a llenar botellitas y a medida que las sellaba las iba colocando ordenadamente junto a otras que antes ya había preparado. Buscó en un pequeño bolsito de cuentas y sacó de él varios libros quedándose con el más pequeño y gastado. Lo hojeó y llegó rápidamente a la página que buscaba.

Ahora le tocaba preparar otra poción que sin dudas sería bastante difícil. Sesenta ingredientes y debían ser echados perfecta y delicadamente, pero no era nada que no pudiera hacer Hermione Granger, que había preparado poción multijugos en segundo año.

Introdujo el resto de los libros en el pequeño bolsito, sin dudas a nadie le haría gracia descubrir esa clasede libros. Leyó detenidamente lo que necesitaba para la siguiente poción. Lo tenía todo. Abrió los ojos, exceptuando…

―Flores.

Hermione se sobresaltó y cerró el libro rápidamente.

―¿Qué?, ¿cómo lo sabes?― preguntó mirando a Ron que se acercaba con parsimonia.

―¿Qué como sé qué?― preguntó extrañado el pelirrojo mientras se incorporaba a su lado. –Solo traje flores…― dijo tendiéndole unas cuantas a la chica, que lo miraba impresionada.

―Eh, creí que te gustarían… ya sabes― se explicó Ron, nervioso. No podía creer que haya hecho eso. Ahora solo tenía que examinar la reacción de Hermione frente al gesto.

―Oh― soltó Hermione entornando los ojos y recibiéndolas. Se mordió el labio antes de que le viniera un ataque de no se qué que sospechaba que le daría.

—Gracias― dijo al cabo de una breve pausa ―¡Era justo lo que faltaba!― exclamó tratando de ignorar la chispeante mirada sobre ella, y comenzó a quitarle los pétalos y tallos a las flores y ante una desconcertante mirada de Ron, las molió y luego las echó a un caldero.

Ron no supo que decir. Le había llevado literalmente flores a una chica y esta, las había utilizado como ingrediente para una poción. ¡Por Merlín Santo!, ese estúpido libro debería referirse a todas esas chicas corrientes, pero Hermione Granger era un caso particular ¡debía de haber un libro escrito solo para ella!, bueno, tendría que seguir intentándolo y también tendría que saber discernir entre que consejos tomar y cuales desechar.

―¿Te ayudo?― le preguntó con cautela.

Hermione hizo una mueca.

―Puedo―hacerlo―sola― recitó cortantemente, citando a Ron en el almuerzo de aquel día.

Ron entornó los ojos. ―¡Lo sabía!

―¿Y tú ya terminaste de hacer lo tuyo?― dijo de nuevo Hermione mientras se preparaba para verter un líquido negro sobre las ya machucadas flores.

―Eh, bueno, mamá se puso histérica y me permitió hacer magia― informó Ron, angustiado.

―Seguro.

Ron se puso de pie. ―¿Quieres que me vaya, verdad?

Era su último as bajo la manga.

Hermione le lanzó una mirada furtiva. —No― declaró y se apresuró a coger más botellas para verter en el caldero.

―Bien, no está del todo perdido― murmuró Ron.

―¿Qué?

―¡Nada!

Se sentó de nuevo al lado de la chica y rodeó el lugar con su mirada. El ático sin duda era un pésimo lugar para llevar a cabo las tareas que estaba realizando Hermione y más con la presencia del Ghoul en el lugar (si que no estaba dando problemas ya que Hermione al parecer tenía un efecto positivo sobre el espécimen) Hizo una mueca ante la idea ¿Resultaba ahora que los encantos de suHermione podían ir más allá de una persona?... Sacudió la cabeza para alejar ese pensamiento y observó de nuevo el lugar. Le pareció, tal ves tontamente, que el sitio estaba un poco más limpio, ¿sería acaso la presencia de la chica?. Las cajas estaban apiladas ordenadamente y habían otras nuevas, seguramente ocultando todo lo que la chica tenía para preparar las pociones y quizás cuantas cosas más.

―¿Hermione?

―¿Sí?

―No te la pasas todo el rato fabricando pociones ¿verdad?

La chica pareció dudar por un momento –No, claro que no― declaró mientras cogía un aparato que servía para extraer semillas a frutos tan duros como piedras.

―¿Qué haces entonces?

―Lo explicaré cuando vuelva Harry.

Ron hiso una mueca. ―Cuando vuelva Harry…¡Por los mil demonios! ¿Qué le estaba pasando?. Miró a otro lado ya que Hermione se había detenido a observarlo detenidamente.

―¿Qué pasa?― preguntó la chica, con aire suspicaz.

Se encogió de hombros. Era una pregunta bastante sencilla, pero le habría la puerta a miles de interrogantes.

―Nada, supongo― respondió lentamente y algo pareció estrangularle la boca del estómago. ―¿A ti te pasa algo?― le preguntó de vuelta.

Hermione apartó el caldero e inclinó su cabeza para apoyarla en una de sus manos. Un par de mechones rizados le caían libremente sobre el rostro y Ron tragó saliva ante el impulso de quitarlos de allí para tener una visión más amplia de ese rostro. No podía evitar fijarse en ella. Estaba hermosa. Para él lo era.

―No lo sé― confesó Hermione. Ron se incorporó un poco más. ―¿Por qué? ¿qué sucede?― le preguntó cautelosamente.

―Es que parece casi divertido― dijo ella observando el lugar en el que se encontraban.

―¿Divertido?― Ron no lo comprendió.

―Fabricar todas éstas cosas― explicó brevemente ―¿No te parece?― le preguntó soltando una risita que parecía forzada –pero resulta que no es un laboratorio en clases de pociones o un examen― volvió a decir y Ron se lamentaba todavía no entender a lo que se refería.

―Porque estas… pociones… espero que no las utilicemos jamás, Ron, sería… solo si ocurriera algo horrible, bueno, para la mayoría de ellas…― dijo Hermione, y cogió una diminuta botella que contenía un líquido viscoso de color rojo sangre ―Esta, por ejemplo― dijo sosteniéndola casi con terror entre sus dedos. –Es para detener una hemorragia extrema…

Ron por fin comprendió lo que quería decir Hermione y por primera vez era capaz de reconocer que el miedo le apretó las venas. Le quitó cuidadosamente la botella y la observó.

―Y esta― volvió a decir Hermione ahora sosteniendo una botella mucho más grande que contenía algo que parecía agua turbia –Es en caso de… de que uno sea atacado por un maleficio que…

―Ya déjalo― le cortó Ron y se apresuró en quitarle también esa botella de las manos.

―No pienses más en ello, por favor Hermione.

―¿Y qué quieres que haga?― musitó la chica, abrumada –No podemos…

―Yo también tengo miedo― confesó Ron, atrayendo la atención de Hermione completamente. ―¿Sabes?― se aventuró –Opino que debemos aprovechar de… bueno, que deberíamos pasar tranquilos los últimos días que nos quedan aquí, ya sabes, ser adolescentes normalespor unos días―

Hermione soltó una risita.

―¿Y qué crees que hacen los adolescentes normales, Ron?― le preguntó acomodándose uno de esos mechones rebeldes detrás de su oreja, y sonriéndole.

―No lo sé― dijo Ron perdiendo el hilo de la conversación. Podría jurar que Hermione, sin darse cuenta, realizaba gestos sutiles, pero terriblemente atractivos. Tal ves él solo tenía una pequeña noción de la verdadera mujer que era, y quería conocerla. Quería indagar y tocar su corazón, su alma…

―Bueno, no todos andan por ahí salvando al mundo― sugirió Ron, despabilándose

―¿Y te gusta?― preguntó Hermione de pronto.

―¿Qué si me gusta?

―Si te gusta eso, andar siempre pendiente de salvar al mundo, metiéndote en líos cada vez más grandes, arriesgando la vida…

Ron dudó.

―Pues…― farfulló. –nunca lo había pensado así― murmuró. –pero primero que todo, sabes que yo soy solo un personaje secundario en todo el cuento, pero creo… creo que… para que voy a mentirte, Hermione, a una parte de mí le encanta todo eso, pero por otra… es algo detestable.

Hermione alzó las cejas y una pequeña sonrisa curvó sus labios ―¿Lo dices en serio?― preguntó.

―¿Y ese tono de sorpresa?― refunfuñó Ron ―¿Acaso no crees que sea cierto?―

―No, no, me refería a…― de pronto su expresión se puso seria. ―¿Para qué me vas a mentir, Ron?― hiso comillas con sus dedos.

―Oh― musitó él. –Oye… no seas… ridícula, yo… yo confío en ti― declaró y la miró a los ojos.

―Gracias― sonrió tímidamente Hermione y cortó el contacto visual. –Porque si no me vuelvo loca. ―Eso suena muy… lindo― comentó mientras volvía a meter mano en el caldero, ruborizada

Y era lindo. Todo parecía de un extraño y tonto color de rosas. Que Ron dedicara tiempo para ella y a hacer comentarios tan asertivos, ―pero a veces no tanto―gruñó, pero al final, cada día absurdamente –pensaba― el pelirrojo se apoderaba de un pedazo nuevo de ella, más de lo que ya le pertenecía en todo caso, pero eso también la enfadada, porque lo había estado llevando muy bien según ella, y ahora todo parecía desplomarse y no quería acostumbrarse a la idea de un Ron mucho más cercano, no quería hacerse ilusiones, pero se las estaba haciendo.

El malditode Ron― pensaba Hermione, acalorada, mientras se cepillaba los dientes con lentitud. El desgraciadode Ron, el patán,el cabezotaeinsensiblede Ron.

―No, aguarda―se detuvo un momento. Podría ser todo eso en aquel momento, o siempre mejor dicho, pero ¿se estaba empeñando a caso en ya no ser un tonto insensible? Ya no dejaba espacio a demasiadas dudas. ¿A qué mierdaquería jugar Ron?. No podía creer que la había llevado al extremo de maldecir e insultar silenciosamente.

Porque era un juego ¿verdad?. Un juego de sutiles coqueteos y amables tratos que se había levantado entre ellos. Incluso cuando discutían. Y era una mezcla extremadamente peligrosa.

Lo quería, y demasiado para su gusto. Le encantaba. Le fascinaba. Demasiado para su gustoy para su calma emocional. ―¡Ah!

―¿Y tú crees que eres la tranquilidad en persona?― acusó Ron mientras la observaba dar vueltas por el jardín leyendo un libro.

―¿No tienes nada mejor que hacer?― bramó Hermione sin despegar la vista de las oscuras páginas del libro.

―¡Quiero que me lo digas!― exigió Ron acercándose a ella, y ella a la ves, se alejó el mismo tramó que Ron había avanzado. ―¡Quiero saber porque es tan necesario que lo hagas!

―¡Ya te lo expliqué!― rugió molesta –Ahora si no entendiste a la primera, no es mi problema, Ronald, y tampoco es tu problema a quien yo decida…

―No, yo sé que no es solo eso― la interrumpió con aire de astucia –Anda, dímelo.

―Y así dices que confías en mí, es inútil, honestamente Ron…

―¡No!― Ron se volvió a acercar. El cambio en la expresión en su rostro evitó que Hermione se alejara de nuevo.

―¿No qué?

―No se trata de eso― suspiró. —Es que… ¿no te parece exagerado?, fabricar esa poción… ¡somos nosotros! ¡y Harry Potter!... y además, yo, yo no quiero que se… me refiero a que es demasiado peligroso incluso escribir vía correo silencioso…

Hermione suspiró. –Aún así creo que es necesario― murmuró –Porque hay que considerar todas las posibilidades por más…

―Dijimos que no íbamos a pensar en ello― recordó Ron impacientemente.

―Claro, y que seríamos normales― respondió Hermione con un dejo de sarcasmo.

―¿Por qué te burlas?

―¿Cómo es que ustedes dos pueden discutir y al instante estar de lo más calmados?― interrumpió la señora Weasley acercándose a ellos velozmente. Ambos se sobresaltaron.

―Toma, Hermione― le tendió un sobre –Llegó esta mañana― La mujer desapareció tal cual había llegado sin antes lanzarle una mirada dulce y comprensiva.

―Oh, vaya― exclamó Ron –Al parecer ya no será necesario que le escribas…

Hermione abrió el sobre y escaneó la primera hoja que sacó de éste. Palideció al instante.

―Ellos…― balbuceó haciendo que Ron dejara de lado sus caprichos. ―¿Ellos? ¿qué?― se acercó más a la chica que sostenía el sobre entre sus manos.

―Ellos han encontrado un lugar definitivo― dijo más aliviada y soltó un sollozo.

―¿Ellos? ¿Quiénes?― preguntó ansioso.

―Mis padres― dijo y se refregó los ojos –Ya se han establecido definitivamente en Australia― explicó –Al menos ya pueden comenzar de nuevo…

Ron la rodeó torpemente con uno de sus brazos

―¿Ves?, ahora todo irá sobre ruedas― dijo tratando de animarla.

Hermione se giró para que quedaran frente a frente ―¿Ir sobre ruedas?― repitió un poco divertida.

Alzó y le clavó la mirada directo en sus ojos y Ron sintió que las piernas le flaqueaban.

—Bueno― dijo Hermione. ―Creo que es mejor que regrese adentro― se puso de puntillas y le dio un beso en la mejilla a Ron, que no tardo en ruborizarse completamente.

―Hermione me ha besado… en la mejilla―. Sonrió y se concentró en la agradable sensación que le recorría la piel. Decidió que no tenía que quedarse atrás con el gesto y la siguió hasta la casa. Lástima que toda su familia se encontraba en el lugar y tuvo que desistir de su plan.

A la mañana siguiente, la señora Weasley los levantó exageradamente temprano.

―Después de desayunar, tenemos que sacudir esas frazadas y alfombras que están en el cobertizo― informó la mujer a los dos jóvenes que se encontraban reunidos en la mesa mientras les servía un contundente desayuno.

―¿Tenemos?― preguntó indignado Ron ―¡Tú no lo harás!― se quejó –apuesto a que me enviarás a mí a hacerlo…

Molly le dedicó una severa mirada a su hijo, que cerró la boca inmediatamente.

―Ronald, ¿prefieres mejor que te mande a coser y a poner opinión sobre los vestidos de las invitadas y todas esas cosas?― le preguntó con dulzura.

Ron bufó. –Eh, no… claro que no.

Hermione trataba por todos los medios de ahogar una carcajada, era realmente divertido ver como Ron se urgía ante ciertas sugerencias de su madre.

―Pero Hermione se encargaría gustosa de eso― comentó Ron con enfadado al darse cuenta de que su amiga se reía por lo bajo –Deberías saber que en quinto se dedicó a tejer unos fantásticos gorros para los elfos domésticos...

Hermione frunció el entrecejo ―¿Ahora los encuentras fantásticos?, claro, ¡cuando te conviene!― y le dio un feroz mordisco a una tostada fulminándolo con la mirada.

Ron enrojeció. —No, ¿cómo se te ocurre que es por conveniencia?― dijo avergonzado

―¿Qué pasa aquí?― preguntó Ginny que bajaba somnolienta y se incorporaba a ellos molesta por tener que levantarse tan temprano ―¿Acaso a Fleur le ha dado otro de sus histéricos ataques por la boda y decidió que era mejor cambiar todos los malditos cubiertos de las mesas?

Ron parpadeó. ―¿Cómo puedes decir una frase tan larga cuando recién te has despertado?― preguntó impresionado.

―El hecho de que tú no puedas no quiere decir que nadie pueda― sugirió Hermione riéndose vengativamente por la pregunta que había hecho el pelirrojo.

―Hermione…― sonrió Ginny. —Es que es Ron― murmuró y desapareció por la puerta de la cocina.

―¡Hey!― exclamó Ron ―¿Crees que no te oí? ¿Te crees más capaz acaso? ¡Enana! ¡Esto se arregla montando una escoba!

―¿Qué te crees?― re apareció Ginny muy molesta –No sé porque te empeñas tanto, todos saben lo lento que puedes llegar a ser…― y le lanzó una fugaz mirada a Hermione, que entornó los ojos perpleja y masticó de nuevo su tostada.

―¿Qué insinúas?

―¿Yo?, ¡pues nada!, y te daré tiempo para que te arrepientes por haberme desafiado― La pelirroja se volvió indignada y volvió a desaparecer.

Ron se giró a Hermione –Ahora que lo pienso es una excelente idea― le dijo mientras se acercaba cinco tostadas de una sola vez.

―¿Qué cosa?

―Lo de la escoba― y su sonrisa se hiso mucho más grande ―¡podríamos volar!― y sus ojos se encendieron.

―Tú y Ginny, por supuesto.

―¿Estás loca?, tú lo intentarás y yo te ayudaré.

Hermione lo miró severamente y dejó su taza a un lado. —No.

―Hermione…

―Dije que no, además tengo que estudiar el comportamiento de la poción― dijo bajando considerablemente la voz –Es muy peligroso dejarla por mucho tiempo sin controlarla, puede soltar un vaho que agotará las defensas de quien lo aspire… ¡podrían enfermar!

Los ojos de Ron volvieron a abrirse. ―¡Eso es!― exclamó eufórico provocando que la chica se sobresaltara.

―¿Estás bien?

―Sí, sí, Hermione ¡eres brillante!, lo acabas de decir, ¡ya lo tengo!

Y le explicó satisfactoriamente su repentino plan de cómo hacer pasar al Ghoulpor él mismo, pero enfermo de spattergroit.

―Ron, ¡eres un genio!― lo apremió sonriente. Ron se sonrojó ante el cumplido, pues no muchos tenían la oportunidad de recibir algún halago proveniente ella.

―Hermione le ha dicho a Ron que es un genio― informó Fred a su gemelo rodando los ojos mientras se sentaban en sus respectivas sillas.

―¿Y cómo funciona el hechizo?― inquirió George, rodando los ojos también.

―Que se jodan― gruño Ron y desapareció por las escaleras.

Hermione se quedó acabando su desayuno sintiéndose acosada por las inquisidoras miradas de los gemelos.

―No se cual es la idea― se quejaba Ron mientras enrollaba una destartalada alfombra ―¡a mí!, ¿acaso soy el único capaz de hacer estas cosas? ¿qué hay de Fred y George?― gruñó.

―Quizás sí seas el único capaz― refunfuño Hermione, cuyo intento de levantar una pequeña alfombra había fracasado ―¡Ay!― exclamó, cuando un pedazo de madera le rebotó en el pie.

―¡Oye!, no te lastimes, por favor― dejó la alfombra de un lado y se acercó a ella ―¿Estás bien?

―Sí, sí― farfulló Hermione alejándose un poquito. —No es para tanto.

―¡Oh!, disculpa que me preocupe por ti― respondió él y comenzó a enrollar una alfombra mucho más grande con tanta facilidad que Hermione se preguntó cuanta fuerza podía llegar a tener Ron.

―Realmente…―volvió a gruñir el pelirrojo.

―Ron, ¿puedes dejar de quejarte?

―Hermione, ¿puedes dejar de decirme que deje de hacerlo?, lo has repetido demasiadas veces. ―alzó la vista para mirarla –¡Y te quedas ahí parada!

―¿Y qué?

―¡Pues podrías hacer algo!

―¿A mí me dices que haga algo? ¡no lo puedo creer! ¡qué descarado!

Al ver que Ron volvía a mover la boca para continuar con la absurda discusión, Hermione, cansada, giró sobre sus talones y se apresuró a cruzar la puerta. El idiota de Ron. —Ya me ha arruinado el día―se lamentó.

―No te vayas Hermione, quédate ¿quieres?

El cambio de tono en la voz de Ron la desconcertó un poco. ¿Cómo podía dar vuelta por completo la situación? ¿Era consciente de ello el muy bastardo?

Se volvió hacia él medio complacida y medio irritada.

―Voy adentro, ahí podré ayudar en algo ¿no crees?

―No.

Hermione alzó las cejas.

Ron le sonrió de lado ―¿Ves?, esto podría ser algo muy normal después de todo?― dijo

―¿Ah sí?

El chico se encogió de hombros –No sé, esto es algo repugnante, la última vez que tuve que hacerlo… ―hizo una mueca de asco― salieron muchas arañas…― declaró agobiado.

Hermione apenas pudo disimular la sonrisa que amenazó con curvar sus labios.

―Así que… eso era― inquirió acercándose lentamente –Bueno, simularé a que te ayudo con estas cosas― dijo mirando la gigantesca alfombra que Ron había dejado en el piso.

Se mantuvieron en silencio realizando la tarea encomendada. Mover las alfombras resultó una tarea bastante cansadora, sobre todo para Ron, que al final era quien cargaba con casi todo peso de éstas.

Hermione por otro lado, se encargaba de verificar agudamente que no hubiera ningún bicho metido entre las telas. Estaba segura de que a Ron realmente le daría un ataque de pánico si veía a algún ser de ocho patas paseándose libremente por el lugar.

Trasladaron alrededor de diez alfombras de diversos tamaños a una pequeña casucha donde se guardaban varios útiles para el aseo doméstico y Hermione alcanzó a divisar varias escobas Barredoras destartaladas.

Ron terminó de acomodar con gran habilidad la última alfombra y se quedaron contemplando el lugar. Era oscuro y frío, pero por alguna razón a ellos les parecía bastante agradable.

―¿Crees que funcione?― rompió finalmente Ron el apacible silencio.

―¿Qué cosa?

―El plan para traer a Harry.

―Oh, espero que sí, pero si tan solo supiéramos en que consiste podríamos asegurarnos de que no presenta ninguna falla, pero…

Ron soltó una risita.

―¿Qué?― exclamó Hermione

Ron volvió a reír –Nada, Hermione, es solo que… eso que tienes de verificar todo, de que todo esté correctamente, y que siempre tienes que…

―¿Eso te parece muy malo?― preguntó Hermione tratando de disimular su agobio por las observaciones que hacía Ron. –Bueno, al fin y al cabo siempre he…

―A mí me gusta― la interrumpió Ron y se le vino inmediatamente a la cabeza de que si le hubiera agregado una "s" al final, habría podido declarársele sutilmente.

Hermione se quedó callada, pensando exactamente lo mismo que había pensado Ron.

―No te hagas la que no te acuerdas― volvió a decir Ron después de otro silencio, esta vez abrumador.

―¿De qué estás hablando?

―De que quedamos en que íbamos a volar― puntualizó con voz alegre.

―¿Y de dónde sacaste que habíamos quedado, Ronald?, deja recordarte que tú quedaste con Ginny.

―Oye, no puedes estar hablando en serio― murmuró Ron mientras cogía cuidadosamente una vieja escoba que se hallaba en un rincón y la contemplaba con nostalgia.

―Mira― la levantó con cuidado, como si el viejo objeto fuera lo más valioso del universo y la empuñó frente a Hermione. —Fue la primera escoba que monté― sonrió

A Hermione se le aceleró el corazón. Una reconfortante ola de cariño la invadió por completo. Tal ves no era la gran cosa, pero estaban ahí, en un lugar totalmente inesperado para ella, rodeados de viejas alfombras y viejas escobas, pero estar ahí con Ron era algo sin dudas… lo más cercano a la perfección, pero más lo era el hecho de que él la haya considerado para compartirle aquel pequeño trozo de su vida.

Suspiró. –Para los chicos esa parte no es tan importante―pensó― ¿O sí?

Quiso abrazarlo, acariciarlo, besarlo.

Pero se limitó a mirarlo, presintiendo que tal ves su mirada bastaría, que su mirada era capaz de decir todo lo que estaba sintiendo, pero Ron no podía fijarse en ella, no podría distinguir aquel brillo en sus ojos en el oscuro y frío lugar en el que estaban mientras él observaba entre sus manos la vieja escoba.

―¿Cómo lo hiciste?― preguntó Ron después de un prolongado silencio.

―¿Qué cómo hice qué cosa?

Ron frunció levemente el entrecejo. –Durante todos estos años, estuviste muy poco tiempo cerca de tu familia ¿no es así?

Hermione abrió los ojos y supo casi de inmediato que esa era una de las pocas preguntas a las cuales no podía encontrarle una respuesta correcta. Se mordió los labios.

―Lo siento― dijo Ron de nuevo volviendo toda su atención ahora a ella. –No quería… incomodarte, o recordarte cosas que no sean muy…

―Está bien, Ron― lo interrumpió tratando de mirar hacia otro lado. –Es cierto que no es algo muy… feliz que digamos― trató de explicarse lo mejor que pudo. –Pero no pienses que es…―dudó― bueno, es una relación algo lejana, pero disfrutamos mucho juntos y además…― se quedó sin palabras. Ron lo intuyó y volvió a hablar.

―¿Por qué casi nunca mencionaste algo al respecto?, ¿o algo parecido?―

―Pues…― se encogió de hombros y sintió como una extraña corriente helada se apoderaba de su garganta –no creo que sea o haya importante― murmuró.

Ron se estremeció.

―Hermione― dijo con voz baja y calma. –Eres la chica más brillante, lo sabes ¿cierto?, eres endemoniadamente increíble, entonces ¿cómo puedes siquiera pensar algo así?― y le tembló el labio al final de la frase.

Ella de nuevo no encontró palabras para responder. Solo sentía los desenfrenados latidos de su corazón palpitante. Resulta que ahora Ron mostraba interés en cosas que la involucraban directamente, que le pertenecían solo a ella…

―Es tu familia, es tu vida― volvió a decir el pelirrojo y el estómago se le apretó como nunca antes. ―¿Cómo no nos iba a importar?, Hermione ¿Cómo no me ibaa importar?

―Ron…

―Porque a mí me…― titubeó al darse cuenta que se había aproximado a la chica considerablemente ¿Era ese el momento? ¿Podría hacerlo? No, claro que no, debía de ser en un lugar mucho más bonito y afable, pero ¿Y si lo rechazaba o se burlaba de él?

―Pues… a mí me importa― dijo con un hilo de voz y desvió su mirada a una mohosa tabla que estaba justo detrás de ellos.

―Si solo hubieras…― comenzó Hermione involuntariamente, y al instante de darse cuenta, se calló.

―¿Si yo hubiera qué?― suspiró Ron y en un acto casi imperceptible levantó su mano y la puso tímidamente en la mejilla de Hermione, que se sonrojó al instante y le temblaron las piernas.

―Hermione― susurró Ron y retiró la mano con aparente resignación ―¿Por qué es que mi madre no le ha dado un ataque porque no hemos vuelto?

La chica soltó todo el aire que había contenido en sus pulmones durante esos misteriosos segundos. –¿Reunión de la orden?―

Ron asintió y se comenzó a alejar del lugar totalmente abatido.

No se hablaron durante el resto del día.

Ron se dedicó a trasladar unos extraños maseteros de adentro hacia fuera de la casa y viceversa. Enfadado, a ratos murmuraba groserías mientras que en otros quedaba sumido en un silencio sepulcral. Se sentía horriblemente mal.

¿Cómo es que sentía algo tan fuerte por Hermione? ¿Cómo lo iba a sobrellevar durante el viaje buscando los horrocruxes? ¿Qué pasaba si Harry llegaba a descubrirlo y delatarlo? ¿Cómo podría volver a mirar a Hermione si ella se enteraba? ¿Y si la perdía? ¡¿Cómo lo iba a soportar? ¿Cómo podía hacer para acercarse más a ella? ¿Cómo era tan tonto y cobarde? ¿Cómo iba a dejar así a su familia? ¿Cómo ellos tres conseguirían derrotar al innombrable…? ¿Solos, ellos tres?

―¡Ron! ¡Ya deja de pasearte con ese macetero y tráelo aquí!― le gritó Ginny desde la casa.

―¡Déjame en paz!

Realmente se sentía muy mal, con tantas cosas en la cabeza, con tantas cosas destrozándole un lugar, para él antes inexistente o inservible, cerca del pecho. No sabía como podía sentir tantas cosas al mismo tiempo y no explotar –mierda―pensó al recordar, y tuvo ganas de correr y gritar de que él no tenía el rango sentimental de una cucharita de té.

Hermione mientras tanto ponía todas sus energías a disposición de los libros que con gran esmero se había dedicado a ordenar. Le resultaba bastante extraño que en al menos tres de ellos saliera una receta diferente de lo que pensaba preparar esa tarde. No eran recetas totalmente diferentes, pero variaban en ciertas sutilezas que le dio un poco de mala espina.

Tal ves debería de conformarse con toda la esencia de díctamo que le había tomado prestadaa la mamá de Ron, pero esa era sin dudas un elemento muy importante para su viaje –espera―¿Había dicho Ron? Ron, Ron, Ron―Ya estaba de nuevoatravesándole el alma como una flecha y ni siquiera se había dignado a pedirle permiso.

―El maldito de Ron.

Ya nada podía evitarlo. Ya nada podía hacer para suprimir aquel sentimiento tan fuerte que sentía por él.

¡Si lo tenía todo controlado!―se reprendía silenciosamente y no podía controlar a veces las rebeldes lágrimas que deseaban invadir su rostro por las largas y oscuras noches.

Estaba aterrada, porque ella, Hermione Granger, y aunque no lo aceptara, no tenía ni la menor idea de que es lo que iba a suceder con ellos. Con Harry, Ron y ella. Ron y yo.

El reciente caballero y por siempre burro de Ronald Weasley.

Hermione no podía despegar los ojos de su plato, pero apenas probaba el reluciente pudín de carne.

―¿Te encuentras bien?― inquirió la señora Weasley.

―No le ha gustado el pudín― afirmó Ginny –¿ves mamá?, te dije que no le pusieras tanto de esas cosas…

―¡No!, no, no es eso, lo siento… me he quedado pensando― se disculpó Hermione y comenzó a devorar rápidamente la comida. Sabía delicioso.

Molly sonrió satisfecha –Solo a ti no te gustan las raíces de spragith*,Ginevra, pero lamentablemente…

―¡Es que son asquerosas!― protestó la pelirroja mientras cogía con una mano una de esas raíces del plato y la observaba con repudio.

―Por Merlín Ginny ¡compórtate!― le reprendió su madre.

―Que se la coma Ron― dijo Ginny –Al final siempre termina comiéndoselo todo ¿o no?― y depositó con petulancia la raíz en el plato del pelirrojo, que parecía absorto en sus pensamientos.

―¿Me he perdido de algo?― preguntó, mirando a Hermione y a Ron alternativamente. ―¿O es que solo hechas de menos a Fred y George?

―Quita eso de mi plato― devolvió Ron con frialdad.

―Oh― soltó Ginny y sin hacerle caso se dirigió a Hermione, que estaba ubicada al frente de ellos.

―Lo que pasa es que Ron está enfadado por que ayer lo ha atacado una de esas plantas que tenemos detrás del cobertizo― informó.

Antes de que Hermione pudiera decir algo, Ron saltó de su silla ―¿Qué sabes tú lo que a mí me pasa?― rugió, cogió a regañadientes su plato y se marchó a la cocina.

―¿Y esas plantas son muy peligrosas?― preguntó Hermione cuando supuso que Ron no escucharía.

―No, pero ya sabes como es él.

Hermione, un poco ofuscada se puso de pie también y antes de marcharse dijo. –No, creo que a veces, no sé como es él.

Y no sabía si hablaba en serio o si era un arrebato, aunque sabía en verdad que no podía ser cierto, pero así funcionaban las cosas. Así habían sido. Un día estaban bien, y otro día estaban mal. Un día podían pasarlo increíble y al otro podían tratarse con una indiferencia abrumadora. Y generalmente esos días increíbles eran cuando sin quererlo se acercaban tanto que temían revelarse el uno al otro y entonces, tontamente se alejaban.

Era como un círculo vicioso. Acercarse y alejarse. Todo a la misma vez. Era la maldita tensión que se formaba entre ellos, por querersesilenciosamente.

Pero Hermione no daría su brazo a torcer. Y además Ron era el culpable esta vez. –¡Y yo no voy a dar mi brazo a torcer!―Si Ron quería jugar. Ella no iba a perder. No señor.


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