Capitulo 2: Fragancia de amor

Gilbert ignoró completamente lo que le dijo su hermano. Era cierto que Suiza protegía mucho (demasiado, incluso) a su hermana menor, pero no tenía por qué saberlo; o al menos eso pensaba Prusia. El albino estaba muy feliz, ya que iba a casa de su querida Liechtenstein. Llevaba un regalo para ella, un ramo de rosas.

Cuando llegó a Vaduz, ella ya lo esperaba en la puerta, sonriente. Gilbert corrió lo más rápido que pudo para alcanzarla, y la abrazó con fuerza al llegar a sus brazos.

¿Pero cómo se habían conocido ellos dos? Sencillo: Prusia fue a visitar a Suiza para hablar de temas diplomáticos entre ambos países, allí fue cuando vio a Liechtenstein por primera vez, y a pesar de que ella era una chica joven y él un hombre de veinte años, se enamoraron el uno del otro a primera vista. Y un día, después de una reunión internacional, se encontraron ambos a escondidas. Liechtenstein se escapó corriendo y su hermano la perdió de vista, Prusia hizo lo mismo con su hermano, que también lo controlaba mucho para que no hiciera el tonto. Durante el breve encuentro, los dos países explicaron al otro sus sentimientos hacia el otro. Al ver que ambos estaban enamorados, decidieron intentar mantener una relación amorosa. Clandestina, por supuesto.

Pero de eso hacía ya unos tres meses. Había pasado tiempo, pero por suerte, Suiza no lo descubrió. De momento.

Gilbert acarició la mejilla de Lily, ella se sonrojó, sin dejar de sonreír. Después fue ella quien se acercó hacia él hasta percibir su aliento encima de los labios. Entonces, el prusiano acabó con la distancia que los separaba. La joven chica le pasó la mano suavemente por los cabellos plateados del albino mientras él la agarraba con fuerza, con un abrazo.

Entonces, cuando se separaron, el hombre comentó:

-Pase lo que pase, siempre voy a amarte, Lily.

La liechtensteiniana se aferró a él, mientras le daba un beso en la mejilla.

-Gilbert, yo... Yo...

No dijo nada más. Liechtenstein iba a besarlo de nuevo, pero cuando solamente los separaban un par de centímetros uno del otro, un grito ahogado les detuvo.

-¡Prusia! ¡Sabía que solamente podías ser tu! -Fue el bramido de un furioso Suiza. Nunca lo habían visto así de enfadado.

-V...¡¿Vash!? -Exclamó el prusiano, entre asustado y sorprendido.

Pasaron los días, las semanas, y aún Alemania no quería admitir que estaba totalmente loco por el mayor de los hermanos Vargas. Estaba clarísimo, en las conferencias internacionales, sus preciosos ojos azules solo miraban a Lovino, cada gesto que hacia, cada leve movimiento... Ludwig no podía evitarlo. Intentaba contenerse, pero era imposible.

En una de aquellas reuniones, el italiano lo enganchó con la mirada clavada en él. Le dirigió una mirada de furia, y entonces fue cuando el germano se deprimió. Su único amor no lo quería.

Acabó la asamblea y, Lovino no tardó a buscar al tudesco, cuando lo encontró, hablando con Japón, lo agarró con (demasiada) fuerza por el brazo y lo arrastró hasta fuera de aquella sala. Ludwig se liberó de la mano del italiano y lo siguió mientras caminaba de prisa por los largos pasillos. Llegaron a la puerta que daba con el exterior, y Italia del Sur la empujó con toda la fuerza que pudo. Una vez en el bonito patio del edificio, el germano se colocó enfrente de Lovino, esperando que lo riñera o lo insultase (como de costumbre) por su actitud, por mirarlo tanto. Era evidente que Romano estaba muy enfadado, su expresión lo decía todo.

Pero el chico moreno ni le dirigió la palabra. Con energía le colocó sus manos en las mejillas del alemán y, rápidamente, lo besó en los labios; gesto que Ludwig no se esperaba. Se quedó paralizado sin decir nada. Lovino se alejó unos pasos de él y, cuando Romano se dirigía de nuevo hacia la puerta, el tudesco lo cogió de la mano y Italia del Sur se giró, pero casi no le dio tiempo ni a respirar, ya que se encontró los labios de Alemania encima de los suyos. Fue un beso más largo e intenso, que ambos nunca olvidarían. Romano sonrió, cosa que no había hecho nunca delante del germano, y el corazón de él se paró al verpor primera vez esa hermosa sonrisa que no acostumbraba a mostrar.

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espero que os haya gustado el segundo capítulo! mañana escribiré el tercer y último capítulo! Gracias por seguir! :3