Aquí les dejo el segundo capitulo, espero que disfruten.
Un sonido peculiar resonó en toda Inazuma, provenía de una casa. Un chico de cabello azul, recogido en una coleta de caballo, con flequillo que cubría su ojo izquierdo, dejando a la luz el derecho de un color café. Sostenía en su mano derecha una cuchara de madera, la cual utilizaba para golpear una olla.
En la cama Midorikawa se movía fastidiado, hasta abrir los ojos. No importaba cuando, pero mataría a sus padres, a quién se le ocurre irse y dejarlo con Kazemaru Ichirouta. No dormiría tranquilo nunca jamás, además tendría que ir a un colegio nuevo. ¿Cómo se llamaba?, ah sí Raimon.
Suspiró, y con pasos lentos se dirigió al cuarto de baño. Observo a la persona que se reflejaba en el espejo, en sus ojos se diferenciaban unas muy bien marcadas ojeras. ¿Ese era él?, había cambiado mucho desde su niñez.
-Al fin te levantas, apúrate o llegaremos tarde-gritaba el peli-azul desde la habitación.
- ¿Por qué tanta prisa? Ah, ya sé… por ese tal Endo, no?- su tono de voz era algo más pícaro, de su garganta salió una leve carcajada al no recibir respuesta. Si no se equivocaba, había dado en el clavo. Hace mucho tiempo que se había dado cuenta de los sentimientos de su mejor amigo hacía el portero, Kazemaru era como un libro abierto para él.
El sonido del despertado llego a los oídos de cierto pelirrojo, haciendo que abriera los ojos lentamente. Observo la pared, así se quedo durante un largo período de tiempo, sin moverse. Recordó que ese mismo día empezaban las clases, saltó de la cama para caer en el suelo. Se acercó hacía su compañero de habitación, que seguía en pleno sueño, roncando como un idiota.
-Nagumo, despierta.-lo cogió de los hombros, zarandeándolo. Nada, seguía dormido como un tronco. Se alejó sin hacer ruido, era el fin para el tulipán, no aguantaría las torturas de Suzuno.
Suspiró resignado, esos dos se pasaban todo el día peleándose. Sin darse cuenta piso algo, cayendo hacía atrás, golpeándose la cabeza. De sus labios se escaparon gemidos de dolor.
-¿Qué pasa ahí?-alguien preguntó al otro lado de la puerta, no hacía falta ni pensar mucho para darse cuenta de que era Suzuno Fuusuke.
La habitación adquirió una luminosidad sobrenatural, que le dañaba los ojos. Una gota se deslizo hasta la nuca de Gazelle después de observar tal escena: Nagumo dormía como si nada, con la boca abierta y totalmente destapado y Hiroto lo miraba con cara de alucinación, medio muerto. En su boca se dibujo una sonrisa maléfica, que puso los pelos de punta a Kiyama. Este no creía que saldría vivo de ese desordenado cuarto.
Las puertas de Raimon se abrieron, la vuelta a clases había empezado. La felicidad inundaba todos los pasillos, después de todo un verano con la familia habían vuelto los amigos. Los rencuentros inesperados, los besos robados, las palabras de amor se abrían paso entre toda la escuela.
-Misión de hoy: encontrar la cafetería.-El peli-verde caminaba al lado de su amigo, impaciente por ver su nuevo colegio.
-No creo que te dejen entrar, acabarás con todo.-murmuraba un malhumorado Kazemaru.
-¿A qué vienen esos ánimos?-siguió la mirada de su amigo, encontrándose con un chico de cabello castaño, ojos negros y una banda naranja reposaba en su frente, supuso que era Endo Mamoru, capitán del club de fútbol. Estaba acompañado, algo paso en ese instante… su corazón empezó a latir con más fuerza. Su rostro se mostraba sorprendido, como si estuviera contemplando algo imposible de ver, algo irreal.
-¡Kazemaru!-Endo gritaba a los cuatro vientos, saltando y moviendo las manos para llamar su atención. Miro a su costado, buscando a su amigo pero solo pudo ver como se alejaba corriendo entre la multitud.
Se acercó con pasos lentos e insonoros, aún preocupado por la forma de actuar de Ryuuji, él nunca era así.
-Nos volvemos a ver, Endo.-Esta vez estaba feliz, de poder ver a su amado capitán, pero algo lo irritaba, estaba acompañado.
-Los presento, Kazemaru este es Hiroto Kiyama, Hiroto este es Kazemaru Ichirouta.-Ambos hicieron una pequeña reverencia.
-Encantado de conocerte.- Decía el peli-azul fríamente, como si estuviera hablando con una pared.
-Es un placer.- Miro al otro sorprendido, ¿qué había hecho para que lo tratara así?
Sin darle muchos rodeos se dirigieron a sus respectivas clases.
En los pasillos repletos de gente avanzaba un helado perdido, ¿qué era ese sentimiento? Seguro que no era Hiro-kun, sería una simple alucinación.
Sus píes se quedaron quieto, su radar le indicaba que no muy lejos de allí había un helado. Sin pensarlo dos veces salió corriendo en busca de su tesoro.
Corrió y corrió sin descanso, hasta para en frente de un pasillo. Dio la vuelta para marcharse, no había conseguido encontrarlo. No puedo reaccionar al ver un torso enfrente de él, chocando con el, cayendo de culo y ganándose su gran preciado helado en toda su cara.
-Baka, cómo desperdicias un helado así. Pobrecito, tengo que salvarlo.- Lloriqueo cómicamente, antes de alzar la mirada y encontrarse con su "alucinación". No podía estar ocurriendo.
Hiroto abrió los ojos como platos. Era…era Midorikawa Ryuuji, el único que había cautivado su corazón, el único capaz de hacerlo sonreír…
-Hiroto, ¿donde está mi helado?-Una voz se hizo oír desde la lejanía. Un escalofrío recorrió la columna del pelirrojo.
Al no obtener respuesta empezó a correr, mirando su hermoso helado en la cabeza de… espera un momento ese era…
-¿Midorikawa?-El nombrado rio nervioso. Simplemente respondió:
-Cuanto tiempo, no chicos?
¿Me merezco reviews? ¿Sí, no?
CONTINUARÁ...
