HOLA! Vuelvo con la segunda parte de Rowena! Espero que os guste…

CAPÍTULO 1,Parte II:

Para cuando despierta, es de día, sin embargo sabe que ha dormido durante varios, puede sentir los beneficios de un prolongado descanso en todas y cada una de sus terminaciones. Una agradable sensación de calidez abraza su cuerpo, haciéndola sentirse mejor de lo que se había sentido en mucho tiempo. Un rojizo rayo de sol calienta sus párpados, y Rowena, pensando que debe estar atardeciendo, mantiene los ojos cerrados. Dolorosas imágenes de sus padres luchan por instaurarse en su cerebro, y por ello pretende no abrir los ojos, para no tener así que enfrentarse al cruel mundo de afuera. Cree que cuanto más tiempo se mantenga así, abandonada al mundo de los sueños, o al menos fingiendo estarlo, menos real será el hecho de que casi todo lo bueno de su vida la ha abandonado. A pesar de ello Rowena sabe que debe enfrentarse al mundo, pues así siempre se lo enseñó su madre, rendirle tributo de este modo, y el hecho de querer saber cómo está la única persona en su vida que todavía no la ha abandonado la hacen abrir los ojos apresuradamente. No le hace falta buscar demasiado con la mirada para hallarlo, a su lado. Lo observa, ve cómo su ancho pecho sube y baja rítmicamente, cómo los graciosos y abundantes tirabuzones dorados de su frente parecen dar saltitos cada vez que exhala, y no puede evitar sonreír, conmovida por la belleza de la escena. A Rowena no le gustan sin embargo las feas marcas oscuras que han aparecido bajo los ojos de Mervin, ni tampoco su aspecto de agotamiento extremo. Se da cuenta de que una barbita rala cubre su atractivo rostro, y que su boca comienza a componer una tierna sonrisa. Rowena vuelve a levantar la mirada, y puede ver cómo el muchacho la observa atentamente.

-Hola

-Hola- contesta ella tremendamente avergonzada, no puede creer que haya dejado que él la viera en tal estado de vulnerabilidad y debilidad… ella siempre se había obligado a ser fuerte y tirar para adelante, jamás sucumbía al llanto, habitualmente su vida consistía en un continuo estado filosófico que dejaba muy por debajo los sentimientos y emociones humanas, tanto que había llegado a creer firmemente que el sufrimiento calificaba a las personas como seres inferiores, y no debía prestar atención a tales nimiedades. Pero la muerte de su madre le había vuelto a recordar que era humana, algo que desde la marcha de su padre, parecía habérsele olvidado, pese a la presencia de dos seres que la querían y cuidaban.

- ¿Cómo te encuentras?

- Bien. ¿Cómo estás tú?

- Estupendamente.

Pero Rowena no se dejaba engañar… era para ella tan fácil leer las emociones en el rostro de Mervin como respirar.

Un suspiro.

-Gracias, Mervin.

Un beso en su frente y una mansa sonrisa como primera respuesta.

- ¿Qué esperabas que hiciera? No debería haberme marchado- replica él apretando con fuerza su mandíbula.

Ella hace caso omiso, y se dedica a mirar el suelo de paja, que de pronto, tan avergonzada como está, le parece lo más interesante del mundo.

- Siento que me hayas visto… en ese estado.

- Oh… por favor, Rowena. Te amo.

Rowena parpadea, temporalmente cegada por esas palabras. Asiente despacio con la cabeza, jamás se acostumbrará a tales muestras de afecto. Escruta los ojos de Mervin, encuentra aquella impaciente chispa de decepción en ellos, y decide que ya es hora de corresponderle. Olvidando que lleva días sin comer, olvidando que quizá no sea aquel el momento o el lugar más oportuno le besa, le muestra sin necesidad de palabras que ella también lo ama. El muchacho parece quedarse un segundo paralizado por la sorpresa, pero corresponde al instante con verdadero entusiasmo.

Rowena acaricia los fuertes y musculosos brazos de Mervin, precariamente apoyada sobre un codo, y poco a poco se deja llevar por nuevas y cálidas sensaciones, sintiendo que ya es hora de plasmar su amor y eterno agradecimiento por Marvin en acto físico. Una caricia lleva a la otra, y antes de que ninguno de los dos se de cuenta, ambos se funde en uno solo, rindiéndose por vez primera a la más tierna e inocente de las pasiones, al más bello y pasional acto físico, la muestra no verbal de que ambos se aman y se pertenecen, el amor.

Ambos yacen entre la mullida paja, uno al lado del otro. La luna largas horas atrás ha relevado al sol en su posición como centinela de los cielos, y Rowena cierra los ojos, arropada por una cálida y placentera sensación, totalmente novedosa para ella. No puede dejar de sonreír, algo que hacía unas horas le habría parecido imposible. Mervin simplemente se siente en el cielo, desearía no tener que decir lo que está a punto de decir, pues sabe que puede ser ésta su condena, y no está dispuesto a renunciar al amor de su vida, menos ahora que sabe que es correspondido. Ladea su cuerpo, apoyándose sobre el costado derecho, y observa a Rowena. La serena belleza de su semidesnudez lo conmueve, y se obliga a apartar la vista, pues sabe que si no, jamás dirá lo que tiene que decir.

- Rowena… tenemos que hablar.

Ella abre los ojos de golpe, alertada por la notoria seriedad de su tono, y se incorpora ligeramente. Escruta su rostro, intentando encontrar en él las palabras aún no pronunciadas. Siente que hay problemas, y puede imaginar la fuente de ellos… ¿cómo podía haber sido tan tonta de no pensar en ello?

- En mi viaje, he logrado averiguar algo. - hace una pausa, y el chico decide ir al grano, no más preámbulos. El tiempo es vital. Rowena tan sólo se prepara para el golpe.

- Cuando regresé de mi viaje, y… y te encontré, así…- la muchacha pudo percibir cómo Mervin tragaba saliva con dificultad- tuve conocimiento aquél día de que tu tía se encontraba a semana y media de camino, procedente de tierras galesas.

Rowena no necesita preguntar por qué no se lo dijo antes. Lo comprende perfectamente, no puede reprocharle a Mervin intentar retenerla un poquito más. A pesar de estar preparada para el golpe, no puede remediar la terrible sensación de frío que se apodera de su cuerpo. Rowena se preguntaba quién habría informado a su tía de la muerte de su madre, pero enseguida borró la inservible pregunta de su mente. ¿Qué importancia tenía aquello, cuando conocer aquella respuesta no influiría en el resultado final? Nada ni nadie detendría a su tía de sus turbios y malintencionados propósitos. Fue en ese momento consciente de algo que aunque no quiso en ningún momento ver, siempre supo y tuvo presente, escondido en su mente por culpa del dolor de su reciente pérdida. Pero el tiempo era más vital que nunca, y no se permitió a sí misma demorarse en sus razones ni en sus pensamientos.

- ¿Cuánto tiempo llevo durmiendo?

- Es ésta la segunda noche que comienza desde mi llegada- contesta Mervin con presteza. Su expresión había borrado todo rastro de dolor, y parecía dispuesto a entrar en acción. Era ésta una de las muchas virtudes que la muchacha de él admiraba. Su valentía y honradez, su capacidad de dejar los sentimientos al lado cuando la situación lo requería.

- Entonces debo partir sin demora.

Mervin asintió, ya esperaba su respuesta.

- Entonces me marcharé contigo, y serás mi esposa- reclamó él tomándola de las manos y dedicándole una mirada de regia intensidad.

Miles de sensaciones enteramente opuestas chocan en el interior del pecho de Rowena. Maravilla y terror, felicidad, amor y culpablidad… Mervin no puede marcharse con ella, sería demasiado peligroso.

- No debes abandonar así a tu familia cuando tus padres te necesitan. Es además demasiado riesgoso, si ambos partimos de vez, en la aldea sospecharán, y cuando mi tía llegue, informarán de que nos encontramos juntos. Sabes que será más fácil entonces seguirnos la pista.

Él asiente, sabía cuál sería la respuesta de la muchacha, no se rinde sin embargo. Tiene todo bien pensado.

- Esperaré aquí por dos semanas. Dejaré atados todos los cabos, mis padres se arreglarán bien sin mí. Tú partirás al amanecer, todavía tienes tiempo. Dentro de dos semanas yo me encontraré contigo en la nueva villa de Hogsmeade, tan solo 194 millas al este de aquí, no más de dos días y medio de viaje. El clima es bueno todavía, no tardarás mucho más. Yo te proporcionaré las provisiones, lo tengo todo arreglado. Una vez juntos, ambos buscaremos a tu padre. Tengo noticias, Rowena. Edwin Ravenclaw fue visto por vez última en la villa de Hogsmeade.

- Te amo- contesta Rowena, por vez primera en toda su existencia. - Y te esperaré con impaciencia, allá donde me muestres.

No puede expresar con palabras el cegador sentimiento de amor que siente en aquél momento, y se siente incapaz de separarse de Mervin. Es por ello que ambos, con la poco alentadora perspectiva de su separación vuelven a entregarse al acto físico de amor. Dulce despedida, desesperado hasta pronto. Nuevas oleadas de pasión y desenfreno dominan sus cuerpos, hasta el amanecer, en el que Rowena Ravenclaw huye de la aldea que la vio nacer. Huye de su pasado, huye de sus demonios, parte buscando respuestas, parte hacia una nueva vida…