Disclaimer: Todo lo relacionado con Crepúsculo obviamente pertenece a Stephenie Meyer, si fuera mío no estaría publicando aquí, los más probable sería que estuviera despilfarrando el dinero en juegos de azar y hombrezuelos (?)
Se busca: Bella Swan.
Summary: "Para el amor no hay edad, ni límites, ni leyes… Eso dijo mamá luego de tirarse a Phil, el energúmeno de la tienda de vídeos. El amor llega cuando le da la puta gana, oficial Masen. Traiga sus esposas, felizmente me entrego como su prisionera" TH. OoC. Bella&Edward.
Gracias enorrrmes a Sarai GN, Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) por ayudarme con los errores de esta nueva locura (para que vean lo floja que me he vuelto en revisar y ella es uno de los dulces más que me ayuda)
Capítulo 1: Allanamiento de morada.
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"Sentirte un delincuente al querer entrar a tu casa cuando olvidas las llaves".
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—Pedófilo de mierda.
—Empollón.
—Asalta cunas.
—Polla floja.
—¡Vete a la mierda, no tengo la polla floja!
Sonreí de lado y comí de mi tostada, sintiéndome victorioso una vez más. ¿Cuándo iba a aprender Jasper?, yo era el hermano mayor, demonios, siempre iba a ganar en estos estúpidos juegos. Seguí terminando mi desayuno felizmente tarareando una canción, mientras mi hermanito no dejaba de resoplar por mis palabras. Adolescentes y sus mierdas, gracias al cielo había pasado por eso hace bastante tiempo atrás.
—Mira, hermanito… —carraspeé y me hice el desentendido—, si no quieres que se corra el rumor de tu problemita —alcé mis cejas para darle a entender de qué hablaba—, deberías hablar con esa novia tuya que tienes. Me da una jodida vergüenza escuchar cómo les cuenta a sus amiguitas que no duras ningún jodido minuto, ¿dónde queda mi potencial entonces?, ¡soy tu hermano!, ¡la gente creerá que es un problema de familia!
—¡Vete a la verga, viejo de mierda!
—¡Viejo y todo tengo más aguante, marica!
—¡Ya quisieras tener las mismas energías que yo, jodido anciano!
—¡Ya quisieras tú tener mi porte, maní!
—¡Basta de discusiones, niños, terminen su desayuno! —Mamá entró en la cocina limpiando sus manos con uno de los paños que utilizaba allí. Nos dio una severa mirada y se cruzó de brazos frente a nosotros, carraspeando para llamar nuestra atención. Jasper y yo dejamos de mirarnos para poner nuestra vista sobre Esme—. Estoy harta de sus gritos. Jasper Cullen, llegarás tarde al colegio, apresúrate a comerte eso. —Jasper entornó sus ojos y se devoró su última tostada, se puso de pie y colgó su mochila en uno de sus hombros.
—Nos vemos, ma'. —Dejó un beso sobre la mejilla de mamá y luego pasó junto a mí—. Oh, y… Edward —sonrió con fingida inocencia y se acercó a mi oído—, que quede claro que al menos yo no me duermo luego de la primera ronda —susurró y dio media vuelta para irse.
—¡Cabrón, esa es una mentira que se inventó Leah! —grité, girando mi cuerpo y mirando hacia la puerta de entrada.
—¡Ya sabes, habla con tu ex, no me gustaría que la gente pensara que es un mal de familia!
—¡Jódete, mocoso! —resoplé y volví a darme la vuelta.
Ah, estaba cagadísimo.
Esme estaba con sus brazos cruzados y una de sus cejas alzadas en mi dirección. Suspiré e hice un puchero, tratando de exculparme delante de ella. Mamá negó con su cabeza y se volteó hacia el lavabo para terminar de lavar los platos.
—Me cuesta diferenciar cuál de mis dos hijos es el adolescente. Tienes que dejar de pelear con tu hermano, Edward. —Estaba a punto de reclamar por ello cuando ella se dio vuelta y me apuntó firmemente con su dedo índice—. Es una orden, jovencito.
—Pero… pero… —resoplé—, ¡mamáaa! —me quejé—, Jasper empezó.
—Cariño, Jasper tiene diecisiete años.
—¿Y qué?
—¡Y tú eres un hombre de veintinueve años! Nueve días más y cumplirás los treinta. —Entorné mis ojos y terminé mi café rápidamente—. Eres un adulto, Edward Masen, no puedes compararte con tu hermano de ese modo. ¿Recuerdas lo que me dijiste cuando llegaste a casa con eso? —Apuntó mi brazo tatuado de mala manera, mamá lo odiaba a muerte—. "Soy un hombre hecho y derecho que puede tomar sus propias decisiones con respecto a su cuerpo y a su vida, ma'" —imitó mi voz deplorablemente—. Bueno, muchachito, no me estoy creyendo mucho esas palabras…
—Vale, ma', sé que soy un adulto. —Me levanté y recogí la gorra que reposaba sobre uno de los taburetes—. Pero con alma de niño. —Le guiñé un ojo a mamá mientras me acomodaba la horrenda gorra. Me acerqué a ella y besé sonoramente su mejilla—. Te amo, pero éste adulto responsable debe irse a trabajar. —Esme sonrió y acarició mi mejilla dulcemente.
—Que tengas un buen día, corazón. Recuerda, siempre usa el chaleco antibalas y no dispares antes de preguntar.
—¿Y a quién carajos voy a disparar? —Alcé una de mis cejas y entorné mis ojos, soltando un bufido. Ojalá y algún día pueda usar la puta pistola, sería el día más feliz de mi maldita vida—. ¿A la señora Cope? —Una pequeña sonrisa se posó en los labios de Esme. Volví a besar su mejilla fugazmente a modo de despedida y caminé hacia la puerta de entrada.
—¡Oh, corazón, lo olvidaba! —Me detuve justo cuando iba a abrir la puerta—. No pude evitar escuchar la conversación tan amena que tenías con Jasper —reí—, si estás teniendo problemas, podría pedirle a Carlisle que te receta una de esas pastillitas azules…
—¡Mamáaa!
…
El día había pasado absurdamente tranquilo, nada más que el papeleo correspondiente había tenido que rellenar. Gracias a la vuelta de clases, la criminal número uno de Forks, luego de derrocar a la señora Cope en el puesto, no tenía tanto tiempo como en vacaciones para sus fechorías. No sabía si sentirme agradecido o pegarme un jodido tiro en la frente. Estaba a punto de acabar mi oh-tan-malditamente-entretenido turno cuando recibí una llamada de Newton –quien había mantenido el apodo de novato–. Él seguía siendo el mismo chiquillo de veinte años que se había meado en sus pantalones la primera vez que conocimos a nuestra criminal estrella.
Atendí su llamado, montándome en la patrulla y partiendo al meollo de la cuestión.
—Diantres, ¿pero qué demonios?... Disculpa, ¿qué, en el infierno, estás haciendo? ¡Saca tus sucias manos de mí! Mira, eunuco, no lo repetiré… ¡Demonios!, ¡he dicho que me sueltes!
Suspiré sacándome la gorra y mirando el espectáculo frente a mí. Dios mío, ¿qué había hecho yo para merecer esto? ¡Malditas series policiacas!, ¡malditos programas como 911!, ¡puto CSI que me has jodido la vida! Te pintan una vida emocionante siendo parte de la fuerza policial, atrapando criminales, siendo un puto héroe para tu pueblo. ¿Qué me queda a mí?, Isabella Swan, por supuesto, eso era lo que a mí me quedaba.
Carraspeé para llamar la atención de Michael.
—¿Newton?, ¿qué carajos estás haciendo?
—El señor Swan llamó con histerismo porque alguien estaba entrando a su hogar sin su consentimiento, señor. —Newton jaló de las esposas que había puesto en la chiquilla—. Encontré a ésta muchacha intentando ingresar a la morada por la ventana del segundo piso. Allanamiento de morada, sin más.
La chiquilla me miraba completamente enfadada.
¿Qué?, ¡como si esto fuera mi puta culpa!
—Newton… —suspiré rascando mi nuca—. Joder, muchacho, ella es Isabella Swan, Swan... ¿Entiendes lo que estoy tratando de decirte? —El novato ladeó la cabeza y frunció el ceño levemente.
—Sé que es Isabella Swan, señor… —Abrió sus ojos y se sonrojó—. Oh… Swan, como el señor Swan —asentí.
—¿Qué hacías escalando tu casa, muchacha?
—¡Perdí las llaves cuando venía desde el instituto! —chilló Isabella, inflando sus mejillas—. ¿Tengo prohibido entrar a mi propia casa ahora? —Me retó con la mirada—. Seth está ahí dentro y no lo dejaré con el viejo ese, el brandy lo dejó cucú desde hace tiempo, oficial Masen, ¡está negando a su propia hija!
Estábamos haciendo un escándalo jugoso en el jardín frontal de la casa Swan. Isabella despotricaba contra su padre por la desconocida que le había dicho. Joder, no era la primera vez que lo hacía, pero ella estaba más preocupada de dejar a su hermanito dentro con el borracho del pueblo. Charles Swan salió por la puerta de la morada tambaleándose, en ese hombre no quedaba nada del antiguo y respetado jefe de policía de Forks. Mierda, se podía confundir fácilmente con uno de los vagabundos que rondaban la plaza central. Isabella resopló junto a mí y chasqueó su lengua, observando la imagen deplorable de su borracho padre.
—¡Llévensela de aquí! —gritó arrastrando las palabras—, ¡es una pequeña ladronzuela!
—Viejo, soy tu hija, con un demonio, ¡salí de esos huevos que te cuelgan hasta las rodillas! —Swan trató de acercarse a su padre pero Michael la tenía firmemente agarrada—. ¡Seth! ¡Seth ven aquí!
Se escucharon unos rápidos pasos dentro de casa que golpeteaban contra la madera, luego el cuerpo de Charles fue empujado hacia adelante dejando así ver a un mocoso de seis años correr hacia la pequeña ladronzuela. Ambos hermanos se abrazaron, el niño, entre los brazos de su hermana, miró al que era su padre por sobre su hombro y le sacó la lengua fervientemente.
—¡Llévatelos a los dos!, ¡llévatelos Masen!
—Oficial Masen.
—¡No me vengas con esas, muchachito!, ¡soy tu jodido superior!
—Y una mierda, señor, usted ya no es el superior de nadie… Y sigue siendo oficial Masen.
—¡Llévatelos, oficialucho Masen! —gritó el hombre, alzando su botella de brandy en el aire. Siempre había tenido unas ganas enormes de partirle el rostro, pero, oye, no puedo abusar de mi poder de autoridad—. Quién mierda dice si son mis hijos de todos modos, con esa madre que tienen…
Suspiré y le hice una seña a Newton con mi cabeza. Mike empujó suavemente a Isabella por la espalda, guiándola a la patrulla. La muchacha estuvo balbuceando palabras no tan apropiadas para el hombre que había sido el responsable de su estancia en el mundo, mientras Newton la llevaba a la patrulla. Ella sostenía la mano del niño firmemente entre la suya, Seth seguía sus pasos con obediencia. Charles bebió de la botella de brandy que tenía entre sus manos, hice una mueca, esa jodida mierda era poderosa, mi garganta sufría al pensar en cómo debe quemarle si la bebe sola todos los putos días, bueno, la costumbre debe haberle ayudado.
—Bien, Swan, me encargaré de sus hijos.
—Más te vale hacer bien tu trabajo.
—Estaría encantado de romperle el puto rostro, de eso que no le quepa duda, pero lamentablemente estoy tratando de hacer bien mi trabajo, ¿le queda alguna duda ahora? Tengo una puta paciencia que se me está agotando con usted, realmente. Una palabra más y seguiré sus pasos, abusando de mi autoridad, puede que incluso se le quite la maldita borrachera.
Quise decirle que no éramos una jodida guardería también. Él no podía llamar cada vez que no quisiera poner un ojo sobre sus hijos, pero, infiernos, tengo algo llamado conciencia. Prefería mil veces tener a los mocosos bajo mi vista a que estuvieran en casa aguantando la mierda de un viejo alcohólico como lo era Swan.
—Eres igual de insolente que la mocosa. Ella es una mocosa insolente buena para nada que necesita unas buenas zurras, ¡debí haberle enseñado cuando aún había tiempo! Salió tan jodida como su madre —arrastró las palabras nuevamente—, ¡cuídate de ella muchacho, son unas brujas!, ¡te embrujan con sus tetas y culo, y así te dejan después! —se apuntó a sí mismo y volví a hacer una mueca con mis labios.
Santa mierda.
Yo no quería terminar oliendo a alcohol, con una panza de diez metros y con un olor a mezcla que no te dejaba saber exactamente si el viejo no se lavaba bien entre las piernas o bajo los brazos.
—Gracias por la advertencia, Swan, la tendré en cuenta.
Sí, claro, como si creyera en las malditas palabras de un hombre como él.
Ésta iba a ser una larga noche en la comisaría.
…
—Oficial Masen, reportándose.
La comisaria de Forks estaba en penumbras, había cambiado mi turno diurno del día viernes por el nocturno del lunes con Emmett, el viernes había una especie de reunión de padres en el centro donde Jasper estudia, el único presente en el pueblo de Forks, y no podía faltar, mamá me lo había pedido como un favor ya que ese día ella y Carlisle tenían un jodido evento del hospital en Seattle o algo así. Los turnos nocturnos eran tranquilos, normalmente la estación policial estaba a tu entera disposición, era tanta la maldita tranquilidad que incluso podría correrme una paja y nadie se enteraría de lo sucedido. Pero la mayoría del tiempo solo éramos yo y el novato, y…
—Masen, no es por alterar tu aire pensante, te ves condenadamente bien de ese modo… pero mi panza está pidiendo un poco de comida, si fuera posible, estoy hambrienta, tan estúpidamente hambrienta que me atrevería a decir que te comería de un solo bocado… Y ambos sabemos que no queremos eso, mejor que sea lento, para degustarte deliciosamente.
—¿Puedo comer hamburguesa? Quiero una hamburguesa, Bella.
—No hay hamburguesas aquí, ratita, ni siquiera las hay en casa… ¿Qué esperabas? Aunque, si el oficial Masen se apiada de nosotros… —Ambos me observaron fijamente con una mirada llena de ilusión. No había personas más manipuladoras que ellos.
…Los Swan.
Suspiré y mi vista se posó en la celda que estaba frente a mi escritorio. La chiquilla me observaba desde el lugar, estaba sentada sobre la roñosa camilla, sus brazos cruzados por sobre su pecho. Ambos Swan tenían el mismo color de cabello y esa naricilla respingona que te desafiaba sin más, solo se diferenciaban en los ojos. Mientras que Isabella tenía los marrones de su padre, Seth había sacado los verdes ojos de su madre. Hace nueve o diez años atrás, cuando Isabella era una nenita y cometió el error de robar mi gorra en una de mis guardias, y apuntando ese como el segundo de sus delitos, había aprendido que llamar a la casa Swan no era una de las mejores ideas. El padre era una mierda y la madre una corredora profesional, háblale sobre sus hijos y no verías ni su sombra. Tener a los chicos conmigo durante mis turnos de noche se había vuelto una rutina, personalmente creo que pasan más tiempo dentro de la comisaria que en su hogar. No los culpo, con unos padres así nadie querría estar en esa casa. E Isabella y Seth eran un pack, la mocosa no se movía de su lugar si el niño no estaba junto a ella.
—Eh, muchacho, ¿podrías traer algunos bocados? —ignoré el grito de Isabella y seguí hablando a través de la radio—, y un café, por favor. Tenemos toda la jodida noche en adelante… Que sean dos, mejor —suspiré, quitándome la gorra y dejándola sobre el escritorio.
—Las calles están completamente desiertas, señor. Creo que podré cumplir mi tarea, no veo a nadie queriendo cumplir una fechoría ésta noche, la delincuente más peligrosa de Forks está con usted en la comisaría… ¿Cuántas donas serán necesarias para pasar éste turno?
—Las que creas necesarias, tengo un hambre voraz.
—¡Somos tres!, ¡consigue una hamburguesa! —gritó Isabella.
Ella se había puesto de pie y presionaba su rostro contra las barras de metal. Seth rio, apuntando a su hermana y agarrando su panza. Sonreí ante la visión de su aniñado rostro presionado contra las rejas. Dios, incluso ella lucía más joven de lo que era, su rostro aún tenía esa forma ovalada que generaba ternura en las personas. Un demonio con el rostro de un ángel. Isabella sonrió de vuelta y comenzó a hacer absurdas muecas que sacaron más de una risa en su pequeño hermano. Sí, la niña me sacaba de quicio las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana; pero podía ser una agradable compañía cuando se le daba la gana, porque era eso, una niña después de todo.
Ugh, como Jasper.
—Llegaré en unos quince minutos, oficial Masen. Cambio y fuera.
—Cambio y fuera.
Michael Newton se había convertido en el chico de los mandados y nunca había abandonado el puesto. Era un buen chico… Y un ferviente fan de Isabella, el pobre muchacho moría por la pequeña bribona, sus azules ojos se agrandaban llenos de amor cuando la tenía frente a él. Swan era harina de otro costal, sabía lo que causaba en el muchacho y lo usaba para su beneficio, la chiquilla podía lucir toda inocente con su apariencia infantil, pero era una fiera indomable que necesitaba unas cuantas zurras para aprender a respetar a sus mayores.
—¿Cenaremos donas? —me preguntó a través de las rejas, sin despegar su rostro de estas. Su cabello castaño estaba desordenadamente escondido bajo la capucha de su característico canguro amarillo, era la una y media de la madrugada y ella lucía como si recién fueran las cinco de la tarde.
—Creo que la hora de la cena pasó hace bastante… ¿Es que acaso has cenado alguna vez en tu vida?
—Bueno, antes de que mamá empezara a empolvar su nariz cada noche… —Hizo una mueca pensativa y luego sonrió—. Sí, cenábamos, créelo o no, Renée tiene un don espectacular para la cocina, hacía un cordero que... —Llevó sus dedos a su boca y los besó uno por uno—. Sip, para chuparse los dedos. Pero bueno, las cenas acabaron por eso, era el momento preferido de papá para tomarse un vasito de brandy. Si sabes de qué hablo.
Renée Swan era conocida por su adicción a los polvitos de hornear –entiéndase como la cocaína– y por su gusto por los muchachos mucho más jóvenes que ella. Su última conquista era veinte años más joven. Mientras que Charles Swan, antiguo jefe de policía, había sido dado de baja por su problema con el alcohol y sus insistentes cambios de conducta hacia los muchachos que eran rangos inferiores a él. A eso me refería cuando decía que con esos ejemplos nadie esperaba algo bueno de la adolescente Isabella Swan, mucho menos veían un futuro prometedor para el mocoso.
—Lo siento —murmuré, sintiendo verdadera lástima por ella.
—Yo no —contestó, restándole importancia—, tampoco me venía esa parafernalia de la familia feliz, después de todo. Apariencias, un asco, al menos ahora la gente sabe realmente lo que sucede y… ¡ya ves!, ¡no más odiosas cenas donde tenía que usar vestidos! —Ella sonreía ampliamente, pero en sus ojos de niña podía ver que en el fondo sí le afectaba.
—A las chicas les gusta usar vestidos. A los chicos les gusta que las chicas usen vestidos, al menos eso es lo que dice Jasper, y por lo que yo recuerdo… —Me recliné en mi asiento y crucé mis brazos por sobre mi pecho—. Sí, también me gustaban las chicas con vestidos. ¿Te gusta que las chicas usen vestidos, Seth?
—¿Chicas?, ¡ew! —Hizo una mueca de asco con sus labios—. ¡Tienen piojos!
—Oh, no dirás eso en unos años más, muchachito.
—Muchos, muchos años más. —Entorné mis ojos por las palabras de Isabella—. Y créeme cuando te digo que a mí no querrás verme con un vestido. —Se estremeció con el simple pensamiento—. Mis piernas son como las de un elefante, ¿las has visto? —Ella exageraba, por supuesto, no había chica más delgada y sin curvas que Isabella Swan—. Y Jasper se coge cualquier cosa, tenga faldas o no, mientras haya un orificio disponible dónde clavarse, está bien para él. Su opinión en esto es irrelevante, señor Masen.
—Estás hablando de mi hermano menor.
—Y por eso pienso que debería darme la razón, oficial Masen.
Y una vez más, la chiquilla estaba en lo cierto.
—Solo por ésta vez. —Isabella me guiñó un ojo y sonrió dulcemente.
—Hablando de Jazz, ¿dónde anda ese bribón? No lo vi en clases el día de hoy…
Suspiré y dirigí mi vista al cielo.
Si tan solo supiera dónde se encontraba el irresponsable de mi hermano menor, el cual había estado ignorando mis llamados toda la jodida noche. Jasper es hijo de mamá y su segundo esposo, Carlisle Cullen. Luego de la muerte de papá en el campo de batalla, en Irak, mamá había conocido a un respetable doctor en Chicago. Yo solo tenía siete años cuando Edward padre falleció. Se casaron, fueron felices, Carlisle la trataba como una reina y eso era todo lo que yo pedía. Jasper llegó cuando yo iba por los doce, no nos parecíamos en nada, ni física ni psicológicamente, mi querido hermanito era la versión masculina de la muchacha que tengo frente a mí, obviando su rubio cabello y sus ojos azules, una copia exacta de los de su padre.
El maldito pendejo de mierda vivía para sacarme de mis casillas.
Nos habíamos mudado a Forks hace bastante tiempo, veintinueve años y aún vivía con mi madre, demándenme por eso, pero el desayuno de mamá es de puta madre, me vale verga vivir con ella por el resto de mis días si me tenía la perfecta porción de huevos, tocino y tostadas cada mañana. Jasper se había hecho amigo de Isabella desde un inicio, el cabrón es la versión masculina de Isabella en comportamiento, eran como Bonnie y Clyde, aunque solo la muchacha cometía pequeñas fechorías, mi hermanito era más un rompecorazones.
—¡Donas y café para el largo turno! —chilló Newton entrando a la comisaria, alzando la bandeja con los cafés en una mano y la caja de donas en la otra, interrumpiendo mis pensamientos. Sonreí y me enderecé en mi lugar a la vez que el muchacho dejaba el pedido sobre el escritorio—. Y una hamburguesa a pedido de la ladronzuela. —Le entregó la hamburguesa a Bella, con las mejillas arreboladas cuando ella se inclinó para dejar un beso sobre su mejilla izquierda. Newton luego volvió a su lugar y se desparramó sobre la silla frente al inmueble.
—Newton, te ascendería por esto. —Sonreí, sacando una dona cubierta en glasé con relleno de dulce de leche. Santa mierda, se me hacía agua la boca. Le di un mordisco y fue el cielo en mis manos, incluso un gemido de satisfacción salió desde lo más profundo de mi garganta—. Sue tiene unas manos de diosa, amo a esa mujer. ¿Crees que a Harry le quede mucho tiempo de vida? Yo cuidaría muy bien de Sue si me tuviera de estas todos los días.
Volví a gemir disfrutando de mi deliciosa dona.
—Newton, creo que deberías encerrar al oficial Masen junto a mí, él acaba de cometer un delito.
Michael y yo observamos a Isabella con el ceño fruncido, ella lucía seria de un momento a otro.
—¿D-De qué estás hablando, Bella?
—Mikey, ¿es que acaso no lo oíste? —Swan entornó sus ojos—. ¡Debería ser ilegal gemir de ese modo!, debería ser ilegal ser tan caliente. Masen, no puedes hacer eso, ¿me has escuchado? Y ahora, ven aquí y dame una de frambuesa.
—Estás loca, muchacha.
—Por ti. —Me guiñó un ojo cuando le entregué la dona—. Pero eso no viene al caso, muero de hambre. —Me arrebató rápidamente la dona de frambuesa cubierta con chispas de chocolate y se la devoró en un segundo, justo frente a mí. Ella lucía más como una niña, incluso ahora podría decir que además lucía inocente—. ¿Por qué Sue no fue mi mamá? Yo la habría halagado por el resto de su vida, ella es simplemente la mejor cocinera de Forks. Lástima que le tocara una hija tan promiscua y de dudosa reputación como Leah… Leah, pero qué maldita mujer, ¿no lo crees, Edward?
El mocoso Swan dejó de comer su hamburguesa y me observó con lástima.
Era como si él supiera que ese "Edward" no traía nada malditamente bueno. Ella solo me llamaba por mi nombre de pila cuando se cabreaba –sin razón aparente, mujeres, ¿quién carajos las entiende?– conmigo, y Swan se molestaba cada vez que alguien nombraba a Leah, mi ex novia. Absurdo, porque ella era la que la había nombrado en éste momento. Niños, ¿qué hice para merecer esto? La pequeña ladronzuela sentía una posesividad hacia mí que me causaba gracia y un poco de ternura. Por Dios, eran doce años de diferencia los que había entre ambos, sin contar que ella seguía siendo menor de edad. Pero no era un problema alguno para Isabella, la chiquilla simplemente decía lo que sentía, y, según ella, Leah había tomado algo que era suyo sin su permiso, por lo tanto, merecía una muerte dolorosa en la hoguera.
Bueno, que va, después de que Leah dijera que no duraba más de una ronda, podría dejarla hacerlo.
Pueden meterse con todo, menos con el pene de un hombre, joder.
—Leah no es tan así.
—Claro, oficial, y tú no eres un estúpido por defenderla después de lo que te hizo.
—¿Qué te he dicho sobre los insultos? Soy un oficial, merezco respeto, ya sabes lo que te pasará si no me lo das. —Mi voz fue firme y concisa. Isabella se disculpó en un susurro—. Ella se enamoró de otro hombre, punto, no hay nada más qué decir por eso, al menos tuvo los cojones de decírmelo. Así es la vida, pequeña ladronzuela, cuando seas mayor lo entenderás.
—No creo que algún día pueda entender que alguien te cambie a ti por la momia de Sam. —Sonreí tenuemente ante sus palabras—. Y tú, que eres el gran acreedor de "la edad importa" vienes y me dices eso de "se enamoró". ¡El anciano de Sam le lleva alrededor de cuarenta años a tu querida casquivana! Su pene debe expulsar semen en polvo a estas alturas. —Se estremeció e hizo una mueca de desagrado, sacando la lengua.
—¡Isabella!
Newton se destornillaba de la risa, agarrando su panza fervientemente. Yo trataba por todos los medios de lucir imperturbable, no podía reírme de sus palabras por muy ciertas que fueran. No estuve enamorado de Leah, la quise y creo que aún la estimo un poco, pero no para sufrir enormemente por romper nuestra relación de la noche a la mañana con un jodido "no eres tú, soy yo". ¡Vamos!, ¿es que había un maldito cliché más penoso que ese? Aunque de todas maneras mi ego bajó uno decibeles cuando me enteré que Sam Uley, el viejo de la gasolinera que tenía unos sesenta y cinco años, era la nueva conquista y próximo esposo de Leah Clearwater. Si ella decía que yo me dormía luego del sexo, ya quiero saber lo que va a decir del anciano de su esposo, solo espero que no pretenda matarlo de un infarto en pleno acto sexual, aunque, coño, ¡sería de puta madre ver eso!
—La verdad es dolorosa, dicen. Me apiado de esa pobre mujer, ojalá cuando yo tenga treinta a ti todavía te funcione la cosa, no querremos tener problemas de ese aspecto en nuestra relación, Masen, ¿verdad? —Alzó una de sus cejas con sugestión y yo me atraganté con el café a mitad de camino. Newton no paraba de reír por las ocurrencias de Isabella.
La nena estaba loca, completamente.
—Come en silencio, niña. —Frunció el ceño e infló sus mejillas infantilmente por el apelativo que utilicé para llamarla. Resopló y dio media vuelta, volviendo a sentarse en la camilla, ésta vez dándonos la espalda—. Algún día me matará —murmuré por lo bajo.
—Ella está realmente loca por usted, oficial.
—Es una chiquilla, no sabe realmente lo que quiere en la vida, nadie lo sabe a esa edad, ¡mira lo que yo hice! —negué con mi cabeza y le di un sorbo a mi café, mostrándole mi brazo cubierto en tatuajes—. Tal vez ve en mí la figura paterna que necesita, no lo sé, ¿cómo le dicen a esa mierda?, ¿el complejo de Electra (1)? Da igual, un día se dará cuenta de que hay chicos de su edad que son mejores que yo.
—Para el amor no hay edad, oficial Masen, eso es lo que mamá siempre dice. Ella y papá se llevan diez años, mamá tenía veinte cuando se casaron. —Newton se encogió de hombros y mordió su dona.
—¿Quién carajos eres?, ¿Dr. Phil (2)? —resoplé, terminando mi café rápidamente.
Ésta era una de las razones por las que Jasper me llamaba asalta cunas.
Su amiga del alma tenía un enamoramiento conmigo. ¿Mi jodida culpa?, no lo creo. ¿Es mi culpa ser tan irresistible?, culpa de mamá y papá por hacerme con amor y crear a ésta perfección de hombre.
—Tengo sueño, Bella. —Seth refregó sus ojos.
—Ven aquí, ratita, siéntate en mi regazo. —El niño le hizo caso, sentándose en su regazo. Swan lo atrajo a su pecho y lo abrazó por la cintura, instándolo a apoyar su cabeza sobre su pecho—. Duerme tranquilo, yo cuidaré de ti, ¿recuerdas?
—Siempre, mujer maravilla. —Se acurrucó en los brazos de su hermana, cerrando los ojos.
—Así es, siempre.
Cuando la muchacha dejó un beso sobre el tope de la cabeza de su hermanito, desvié la mirada. Me sentí como un maldito espiando ese momento íntimo de los dos, pero qué demonios podía hacer, los tenía frente a mí, con un demonio. Isabella siguió los pasos de su hermano una hora después, luego de comer tres donas más y aceptar una de las sodas que Michael le había traído, a regañadientes. El novato cabeceaba en la silla, su gorro caía graciosamente sobre su rostro. Eran las cuatro treinta de la madrugada cuando el teléfono de la estación comenzó a sonar, lo contesté con velocidad para no despertar a los muchachos que habían tenido una larga noche.
—¿Edward?, ¿eres tú?
—¿Jasper?, ¡¿dónde demonios andas idiota?! —chillé entre dientes, tratando de no alzar la voz—. Llevo horas tratando de localizarte, joder muchacho, ¿sabes acaso la hora que es?, ¿por qué no podías contestar el puto teléfono?
—Bájale, estás peor que mamá. Estoy bien, es solo que llegué a casa y no había nadie, ¿por qué no me dijiste que tenías éste turno? —suspiré y refregué mi rostro con una de mis manos para alejar el sueño—. No importa, iré a hacerte compañía, puedo dormir en una de las celdas, me aterra ésta jodida casa, ¿sabías que abren las puertas en las noches? Tenemos fantasmas, hermano.
—Lo que digas, trae unas mantas, Isabella, Seth y Newton están aquí y hace un frío de puta madre. Cierra bien la puerta de casa, y por favor, conduce a una velocidad prudente.
—Claro como el agua, oficial Masen. —Entorné mis ojos y corté la llamada.
—No necesito unas mantas —murmuró una suave voz.
Me puse de pie y caminé lentamente hasta la celda, Isabella seguía dándome la espalda. Ella decía no tener frío pero su menudo cuerpo temblaba tenuemente, casi imperceptible. Había acomodado el cuerpo de su hermano sobre la estrecha camilla en la que estaba, se había quitado el canguro amarillo para cubrir el cuerpo del enano. Ella decía no tener frío y allí estaba, sentada a orillas de la cama, luciendo solo una roñosa polera musculosa que solía ser de un color blanco. Sonreí y me recargué contra las rejas, observándola por un tiempo.
—Estás temblando. —Mis ojos se fijaron en su playera y cómo la delgadez de ésta dejaba al descubierto sus erectos pezones, ¿es que no sabía de la existencia de los sujetadores?—. Tu cuerpo dice claramente lo contrario, ¿a quién quieres engañar?
—¿Me estás echando el ojo, Masen? —Sus ojos se movieron a sus pechos—. Sé que existen los brasieres, por si te lo preguntabas, pero éstas realmente no los necesitan. —Me sonrió cínicamente—. Son cosas incómodas de todos modos, y mis pechos son tan pequeños que pueden sostenerse por sí solos. —Se encogió de hombros restándole importancia—. Vale, muero de frío, podrías darme un poco de calor corporal, ¿qué dices?, prefiero eso a unas mantas. —Me miró con un brillo de diversión bailando en sus orbes chocolate, con una inteligente sonrisilla en sus labios—. ¿Sabes?, éste año cumplo la mayoría de edad…
—¿Ah sí? —Alcé mis cejas y me encogí de hombros—. Éste año cumplo treinta, ¿te dice eso algo?
—¿Mientras más viejo más bueno?
—Aparte —ella rio—, todos cumplimos años éste año, niña, y el otro año, y así.
—Mi nombre es Isabella, suelo preferir que la gente me llame Bella, incluso prefiero que me llames ladronzuela como lo hacías cuando era niña… Cuando era una niña, ¿entiendes?, tiempo pasado, deja de llamarme así. —Infló sus mejillas infantilmente una vez más—. Ah, y sobre mi cumpleaños… Es importante porque cumpliré la mayoría de edad, oficial, ¡bienvenido el acoso consentido! Ya no tendrá que tener miedo de alguna demanda por abuso de menores, que conste. —Me guiñó un ojo pícaramente.
—Ni aunque tuvieras veinte, pequeña ladronzuela.
—¿Tan fea estoy? Y yo que tenía pensado regalarte cada pétalo de mi flor.
—Cierra la boca, Isabella. —Fruncí el ceño y me adentré en la celda, tomando asiento sobre el colchón. Isabella se cruzó de brazos y sonrió—. ¿Tu flor?, ¿es verdad esto? Yo necesito una mujer, no una niña. —Rodé mis ojos—. Dale eso a un muchacho como tú.
—Yo no quiero un muchacho, quiero un hombre y te quiero a ti, oficial Masen.
—Será mejor que guardes silencio y vuelvas a dormir.
—Nah, ¿por qué?, no quiero callarme ahora… Si estuviste con Leah, demonios que puedes estar conmigo. —Nuestros cuerpos se acercaban inconscientemente, acercando nuestros rostros en el proceso—. Y si quieres que me calle… —Me observó bajo sus pestañas y sonrió coquetamente—. Pues cállame —susurró con una ronca voz.
Sonreí lentamente y acerqué mi rostro aún más al suyo. Mujeres, la edad que sea que tengan, les gusta tan jodidamente tentar al destino, empujarnos hasta el límite, y después se quejan, joder. Isabella me observaba con sus brillantes ojos chocolate, la sonrisa inteligente había desaparecido de sus labios que ahora se encontraban entreabiertos, sus pómulos estaban de un tenue color rosa y su respiración se aceleraba a cada milímetro que yo acercaba mis labios a los suyos. Cuando nuestros labios estaban apenas rozándose ella cerró los ojos.
—Tú estás loca —murmuré sobre sus labios—, te pondré una jodida cinta en los labios si es necesario para que cierres la boca, niña.
Y me alejé, soltando una enorme carcajada al ver la frustración en su aniñado rostro.
—Y es así como me dejas con las ganas, claro, después somos las mujeres las que andamos tentando por ahí… ¿Te das cuenta del daño que hiciste?, ¡tú simplemente no puedes dejarme así de expectante!
—Sí puedo, y lo hice, niña. —Le guiñé un ojo y salí de la celda antes de que cometiera una jodida locura.
—¡Esto no se quedará así, Masen!
Ah, estaba seguro de que no lo haría, ella amaba ésta mierda de las venganzas y se me venía una buena. Caminé hacia mi escritorio y tomé una cinta adhesiva del cajón, me giré hacia Isabella y le mostré la cinta, sin dejar de sonreír.
—¿Guardarás silencio o tendré que usar esto?
—Y por esto digo que eres un jodido asalta cuna, hermano. —Jasper silbó por lo bajo, cerrando la puerta de la comisaría tras de sí—. ¿Qué onda?, ¿te viene eso de la dominación?, ¿a tu edad? Me preocupa, oficial, podrías desgarrarte algo o sufrir lumbago si haces mucho esfuerzo.
—Cierra el pico, Jasper.
—¿Eres uno de esos, Masen? Mamá estuvo leyendo esa basura de 50 sombras de Grey cuando el bdsm fue el boom del momento, le pasé una miradita, déjame decirte que no hay mucho qué hacer ahí, unas esposas por aquí, unas nalgadas por allá… Nada que no haya soñado antes, así que no me importa experimentar, para que lo sepas.
—Ah, joder tú, deja de coquetear con mi hermano, es enfermo, él podría ser tú hermano mayor.
—Y eso sería incesto, ¿te imaginas tuviera un hermano tan caliente? Demonios, yo sería una pecadora de lo peor, me escabulliría a su pieza por las noches y probablemente lo espiaría mientras se ducha… Pensándolo bien, sería algo bueno tenerlo en casa… Podría cambiártelo por Seth. —Jazz negó con su cabeza con fuerza—. Bien, está bien, ¿cuánto quieres por tu hermano?
—Un polvo.
—En tus sueños, polla floja.
Solté una enorme carcajada que llegó a despertar a Mike de un salto y al niño. Jasper resopló y le lanzó una de las mantas que traía consigo a Isabella, la cual le llegó de lleno en la cara. La relación que estos dos tenían era así, casi tan parecida a como yo me trataba con Jasper.
—¡Que no tengo la polla floja!
—¿Es que alguien más te lo ha dicho? —Isabella alzó una de sus cejas mientras volvía a hacer que Seth durmiera, cubriéndolo tiernamente con la manta que Jasper le había tirado—. Yo que tú me entro a preocupar, hombre.
—¿Se lo dijiste, cierto?, ¡le dijiste que ésta mañana me habías dicho esto y ahora ella no dejará el tema!
Isabella observó en mi dirección y sonrió abiertamente, ignoró a Jasper que seguía soltando palabras y habló.
—Ya ves, Masen, tenemos más en común de lo que piensas.
Sí, claro, tenemos cosas en común y doce años de diferencia.
Una mierda.
(1) Consiste en una atracción afectiva de la niña en la figura del padre.
(2) Es una personalidad televisiva de Estados Unidos, psicólogo y autor, actualmente el anfitrión de su propio programa de televisión, El show del Dr. Phil.
¡Buenas tardes!
Segunda actualización de la semana, el turno de Se Busca. Bien, aquí les cuelgo el primer capítulo, para las chicas que me preguntaron. Edward actualmente tiene 29 años como aquí dice, está pronto a cumplir los 30, y Bella es una mocosa de 17. Aunque, bueno, como podrán notar el oficial Masen es más que un tanto inmaduro en su vida familiar y es un hijo de mamá jajajaja. Esta es como una pequeña introducción, si bien el fic es como todos mis fics de romance/humor, aquí de todas maneras habrá un poquitín de situaciones no tan graciosas por la vida de Bella más que nada, ya que sus padres son bastante peculiares y la niña debe hacerce cargo de su hermanito Seth. En el próximo capítulo aparecerá Rose y Emmett, y claro que habrán más de estos encontrones entre Bella y Edward. Alguien me preguntó en un rr porqué la diferencia de edad, y las respuesta es esta: No tengo ni la más puta idea, simplemente quería hacerlo XDDDDDDDDD Bueno, como siempre, ¡ojalá hayan disfrutado de este capítulo al igual que el otro!
Nos estamos leyendo, y ya saben, cualquier duda, queja o lo que sea su cariño que tengan, solo díganmelo ;3
¡Muchas gracias por sus reviews, alertas y favoritos!
Lamb.
