DISCLAIMER: Los personajes conocidos de esta historia son propiedad de Rick Riordan.
II.
Louanne I
Me sentí orgullosa al bajar del muro. No era muy buena escalando, pero esta vez lo había conseguido.
Lo que yo hice, sin embargo, no tenía punto de comparación con lo que hizo Percy. Fue impresionante, y por qué no, naturalmente un objeto de habladurías.
Era bastante obvio que a Percy le incomodaban todos aquellos susurros a sus espaldas y comenzó a estar aún mas irritable que de costumbre-que ya era mucho decir-. Parecía como si se avergonzara de lo que había hecho, lo cual era francamente alarmante teniendo en cuenta que había sido increíble -y muy irresponsable, ya que hablamos de ello-
Durante la clase de literatura me fijé detenidamente en mi amigo. Desde que había vuelto parecía diferente y era algo inquietante. Sin embargo, una de las cosas que seguía igual era su hábito de mirar atentamente por la ventana durante las clases, como esperando algo de lo que nadie excepto él estaba al tanto.
De repente se levantó bruscamente, arrastrando la silla y rompiendo el silencio que había en el aula, antes solo roto por el sonido de la tinta contra el papel.
Se encontró de nuevo siendo víctima de todas las miradas, pero esta vez parecía no sentirlas. No parecía ver a nadie; sus ojos refulgían presos del miedo que al parecer estaba experimentando, pero no veía nada que pudiera asustarlo de aquella manera.
Percy salió corriendo de la habitación sin recoger sus cosas, mientras todos lo miraban extrañados. Algunos incluso se inclinaban hacia adelante con gesto curioso.
Le dirigí una mirada significativa a mis amigos. Lucían tan impactados como yo. Sean y James conversan en voz baja.
El maestro de literatura, tras recuperarse de la impresión, le ordenó a todos sentarse correctamente y seguir escribiendo.
No vimos a Percy en toda la mañana. Lo volvimos a ver poco después de medio día, en el almuerzo. Parecía pensativo.
Nos acercamos a donde estaba y nos sentamos junto a él. Nos dio una mirada triste y esbozó una media sonrisa.
—¿Que sucedió?—inquirió James en voz baja—
—¿Eh?
—¿Que fue lo que te sucedió,Percy?-repitió el chico.
—Y-yo solo…n-no es na-
—¿Quisieras explicarte de una vez, Perseus? -exclamó Mary perdiendo la paciencia-
Primero desapareces sin dejar rastro y luego vuelves como si nada y sin querer responder a nuestras preguntas Cambiaste Percy, lo vemos, no puedes ocultarlo, y lo único que te pedimos es que seas sincero por una vez. Es lo menos que puedes hacer teniendo en cuenta tu misteriosa desaparición de hace un rato.
—Mary...yo...chicos...lo siento, pero n-
—¡Jackson! Veo que volviste, me pregunto de que estabas escapando hoy.
—Vete a darle tus opiniones a quién le importe—contestó Percy entre dientes.
—¿Estás molesto Jackson? No veo por qué deberías estarlo, después de todo solo digo la verdad. Tal vez te molesta que te recuerden que eres un cobarde. ¿No es así, Perseus?
—Solo lárgate Adams, vete a joder a otra parte.
—La verdad no me apetece, se nota que está molesto. Pero después de todo no me sorprende, a además de ser cobarde también eres débil… y algo irritable, ¿lo sabías Jackson?
—¿Que maldito problema tienes conmigo?
Percy apretaba los puños con fuerza.
Lo siguiente que supe, fue que estaba cubierta con diferentes variedades de líquidos.
Todos los vasos de la estancia habían explotado de pronto.
Percy tenía la misma cara culpable que tuvo tras el asunto del muro de escalada. Paseó la vista por el comedor con ademán nervioso, y caminó directamente hacia la salida.
Lo seguimos discretamente e intentando ser sigilosos hasta el estacionamiento. Nos escondimos tras el edificio y pusimos atención.
Percy estaba junto a una chica rubia de ojos grises tormentosos y una camiseta naranja brillante. Desde donde estábamos, lográbamos escuchar la conversación.
—Percy—escuchamos que decía la chica-deberías tener mas cuidado.
—De acuerdo, de acuerdo.
—Promételo—le insistió de manera severa la joven.
—Lo prometo Annabeth
Así que Annabeth...
—Así que dime Chica Lista ¿Que hacías peleando contra una mantícora justo frente a la escuela?—escuchamos que decía Percy burlonamente.
¡JÁ! Así que aún podía bromear. Y, ¿Que diablos era una mantícora?
—Muy gracioso Sesos de Alga, vine a buscarte.
Sesos de alga…era un apodo interesante.
—¿Sucedió algo?—Percy parecía preocupado.
—Han...habido varios ataques al campamento, pero se están defendiendo bastante bien. Por el momento no es nada grave. Solo pensé que deberías saberlo.
—Gracias, Chica Lista.
—No te emociones Sesos de Alga. También vine a recordarte el encuentro con Frank y Hazel. Necesitamos mantenernos al tanto y Nico no es muy...elocuente.
Percy rió brevemente.
—Por mucho que me duela admitirlo, Chica Lista, esta vez tienes razón.
—Siempre la tengo, Cerebro de Algas, siempre la tengo.
—Lo se—dijo Percy riendo nuevamente.
En esos pocos minutos lo había visto reír mas que en todo lo que iba del año.
—Adiós Percy, nos vemos en unos días
—De acuerdo, Annie.
—Cállate Perseus.
Se besaron brevemente y la chica llamada Annabeth se fue caminado rápidamente y atravesó la calle sin dejar de mirar hacia el frente.
Vaya, no sabía tampoco que Percy tuviera novia.
El chico de ojos verdes mar se giro hacia ellos, sorprendiéndolos espiando.
Su rostro pasó por diferentes etapas. Sorpresa, rabia, miedo.
Sin darles tiempo de escapar, se dirigió hacia ellos con un brillo asesino en los ojos.
Jack I
Siendo completamente sincero, debo admitir que tenía algo de miedo. Está bien, tenía mucho miedo, pero la mirada de Percy era aterradora. Y caminaba directamente hacia nosotros. Mierda. Comenzaba a creer que había sido un error seguirlo.
—¿¡Que demonios hacen aquí?!—exclamó el chico frente a nosotros con la voz entrecortada por la rabia.
—Nosotros solo queríamos…— empezó Sean
—¡Les dije interesaran en sus propios asuntos!
Percy hizo un ademán nervioso con los dedos y nos miró una vez más. Luego simplemente se giró para irse.
—¡Percy, espera!—intentó detenerlo Mary, pero no funcionó.
Hice un último intento desesperado.
—¿Por qué te molesta tanto? ¿Qué es lo que no quieres que sepamos, Jackson? Somos tus amigos. Somos tus amigos, Percy. Y puedes ocultarnos cosas, bueno, no tienes que decirnos todo pero...pero nos estás ocultando algo que es importante. No trates de hacernos creer que todo sigue igual, porque no es cierto. Y sabes perfectamente que no somos tan estúpidos; nos damos cuenta Percy, me doy cuenta. Estás destrozado Jackson, hay que estar ciego para no notarlo. Y lo peor es que no hay una razón, Percy. No hay una razón que justifique todo esto.
Y si la hay, no la sabemos, así que ilumínanos de una vez. Vamos habla, Percy. ¡Habla!—terminé respirando pesadamente.
Sorprendentemente, volteó tras mi discurso. Me miraba asombrado por mi agresiva declaración.
—¿Y qué te hace creer que estoy escondiendo algo, Jack? ¿Qué te hace pensar que estoy destrozado? ¿Que te hace pensar que si pasara algo, te lo diría?
Sus palabras me golpearon directo en el rostro. Permanecí en silencio, luchando por comprender lo que había sucedido; eso no era algo que el antiguo Percy diría. James respondió por mí.
—Tu actitud, idiota. El Percy que conocíamos jamás hubiera respondido como lo hiciste. Ya no eres tú mismo.
—¡Y tú que sabes sobre mi!- el grito de Percy nos sorprendió a todos—¡No me conoces! ¿QUE ES LO QUE SABES SOBRE MI? ¡No sabes nada!
—¡Si no sé nada, si no sabemos nada, es porque tu no nos lo has mostrado!—contraatacó James perdiendo el control- ¡TU NO QUIERES QUE TE CONOZCAN! ¡PUEDE QUE AL FINAL SI SEAS SOLAMENTE UN INÚTIL PROBLEMÁTICO! ¡UN COBARDE DEMASIADO ESTÚPIDO COMOPARA APRENDER A LEER CON EL NIVEL DE UN NIÑO DE PRIMARIA! ¡PUEDE QUE AL FINAL LO ÚNICO QUE QUIERES SEA FAMA! ¿QUIERES LLAMAR LA ATENCIÓN, NO ES CIERTO?
—¿Es eso lo que piensan?
James pareció arrepentirse tan pronto como lo dijo, pero Percy parecía profundamente herido. No devolvió el ataque, solo nos dio la espalda de nuevo y se marchó.
No vimos a Percy en varias horas. No fue a clase; no estaba en los pasillos, ni en el patio.
Estábamos preocupados.
Al final, avisamos a la directiva. Percy no aparecía y los maestros posiblemente estaban comenzando a pensar que había sido secuestrado u otras posibilidades similares-cada una mas terrorífica que la anterior-
Percy solía desaparecer a medio día y aparecer unas horas después-o al día siguiente- pero lo alarmante de la situación era que esta vez todas las tuberías habían explotado, no había paredes perforadas- que Percy usaba como puerta bastante seguido, debo decir- y ninguno de los guardias lo había visto salir por la puerta principal como una persona normal.
Incluso horas después, seguíamos sin encontrarlo. Me despedí del resto del grupo con un gesto de la mano para ir a la práctica del equipo de natación -era capitán desde la desaparición de Percy-
James corrió hacia mí.
—¡Eh! Te acompaño, compañero. Voy a revisar por los vestuarios…—Se mordió el labio— Tal vez..si no hubiera dicho todas aquellas cosas…
—Está bien amigo. No es tu culpa, no debimos seguirlo.
— Y yo no debí decirle…todo eso.
— Va a aparecer-le dije tratando de calmarlo.-Él está bien, siempre lo está. Vamos.
Comencé a caminar y James me siguió. Llegamos a la entrada de los vestuarios y entramos. Éramos los primeros en llegar. Me cambié rápidamente mientras James buscaba en los cubículos con gesto culpable. No había nada.
Salimos en silencio. Me pareció ver una sombra en el agua. Me incliné hacia el borde y traté de distinguir la silueta difuminada que estaba en el lado opuesto de la piscina-a donde no era muy fácil llegar sin entrar al agua-.
Esperé. Si era una persona tendría que salir tarde o temprano. O tarde. Comenzaba a descartar mi teoría, ningún ser humano podía aguantar tanto la respiración. Me equivoqué.
Después de unos treinta minutos llegó el equipo-o parte de él, algunos se cambiaban-. Aún estaban en las puertas de los vestuarios, por lo que no podían ver aún lo que yo veía. Finalmente la silueta salió del agua de forma no muy convencional. Prácticamente salió impulsada hacia afuera por el agua misma.
Fantástico, mas cosas inexplicables, justo lo que me faltaba.-Dulce, dulce sarcasmo.-
Era Percy. ¿¡Es que no podía ser alguien más por una maldita vez?!
James lucía tan impactado como yo. Percy estaba de espaldas y respirando agitadamente y al parece aún no nos había visto.
Me acerqué y le toqué el hombro suavemente. No sabía explicar lo que sucedió en ese momento. Él solo…sacó una espada de la nada y me atravesó con ella. No estaba herido, me atravesó sin hacerme daño, pero grité de todas formas. Estaba confundido.
Todos me miraban de manera extraña, incluso Percy, aunque él tenía una mirada calculadora.
—¿Jack? ¿Por qué gritaste?—me preguntaba James sacudiéndome. Pero yo estaba demasiado sorprendido para reaccionar normalmente.
—¿N-no…no la viste?
—¿Ver qué cosa?
—¡Pues la espada! ¿Qué otra cosa va a ser?—exclamé indignado.
Percy continuaba dedicándome aquella mirada inquisitiva, que me hacía sentir algo incómodo. Probablemente ya había perdido la cordura.
Un jadeo sorprendido me trajo de vuelta a la realidad.
—¿Como?—James observaba al ojiverde con la boca abierta.
—¿De qué diablos estás hablando?—decía Percy.
—Estás seco, Percy.
Percy miró hacia abajo con una expresión horrorizada.
— Yo…si.
— Pero… ¿Por qué?
Pero Percy no respondió, huyo como siempre, evadiéndonos.
Al día siguiente, la noticia de lo apasionante que había sido la práctica del equipo de natación se extendió por la escuela.
Todos observaban a Percy fijamente- lo que ya se estaba haciendo una mala costumbre- y esta vez, a mí también.
Caminábamos en silencio hacia el gimnasio. Al entrar a los vestidores masculinos las conversaciones se cortaron abruptamente.
Debo admitir que me sentí algo…observado. Compadecía a Percy, creía entender cómo se sentía cuatro de los cinco días a la semana. El los ignoró olímpicamente y yo traté de imitarlo.
La clase de ese día duraba dos horas y era una especie de…deportes a la carta. Está bien, eso no tuvo sentido, digamos que había diferentes actividades, expuestas en círculo y podías elegir.
Escalada, hándbol, bádminton, esgrima y, por alguna razón, saltar a la cuerda. De acuerdo.
Estaba bastante seguro de Percy no iba a acercarse a más de un metro de el muro de escalada,- y para ser sinceros yo tampoco, no quería ser el blanco de las miradas sin Percy para distraerlas-.
Nos decidimos por el Hándbol, no era muy difícil, estaba a la altura del piso y no había tanta gente.
A la mitad del partido, nos sentamos a descansar junto a los dos equipos. Todo iba bien, hasta que vinieron a joder…Que se pudran.
—¡Hey, Roberts! Al parecer Jackson no es el único cobarde. Ciertamente te gana en cobardía pero tú no te quedas atrás.
—Cállate de una vez—mascullé ligeramente avergonzado
—¿El indefenso Jackie-jack tiene miedo? ¿Me dice que me calle?
—Sí, Pitcher, hazle un favor al mundo y cierra la boca.
—¡Ah, Jackson, había olvidado que estabas allí!—dijo con fingida jovialidad el chico.
—Con un cerebro del tamaño de una canica como el que tienes no me extrañan tus problemas de memoria.
—Y lo dice un chico hiperactivo con… ¿Como era? Ah, sí, dislexia—dijo Adams vocalizando exageradamente, acercándose seguido del resto de su séquito a defender a su amigo.
Notaba que Percy intentaba permanecer indiferente a sus palabras, pero sentía la rabia hervir en su interior. Debo admitir que cuando estaba furioso, Percy daba miedo.
—Vete al Hades.
—¿Al qué?-preguntó extrañado.
—No importa, no podrías comprenderlo de todas formas—responió entre dientes.
— Hagamos algo Jackson—Propuso uno de los chicos— Te reto a un duelo, debilucho, el primero que marque.
— No gracias, Zheng, estoy bien aquí.
—Así que si eres un cobarde—casi podía oír a Percy rechinar los dientes—Bueno, no es ninguna sopres-
—Hagámoslo, terminó aceptando .
Odiaba decirlo, pero Bruce Zheng era bastante bueno en esgrima. Está bien, muy bueno. Demonios.
Los dos jóvenes se pararon frente a frente con una mirada desafiante. Bruce atacó primero, pero Percy lo esquivó a una velocidad impresionante y le devolvió el golpe sin contemplaciones. Cuando Zheng logró reaccionar, la punta de la espada estaba en su estómago. Se veía muy impresionado, probablemente nadie le había ganado antes. Luego la rabia se sobrepuso a la sorpresa y se lanzó sobre Percy, que estaba de espaldas. Tuve miedo por mi amigo, pero de pronto Zheng se encontró en el suelo, con el pie de Percy sobre el cuello.
—¿Así que te gusta atacar por la espalda, no es así? Me parece que tú eres el cobarde, imbécil—decía el chico de ojos verdes.
Luego pareció darse cuenta de que estaba bajo la mirada de todo el alumnado y profesorado-otra vez- y quitó el pié del cuello de Bruce
Bajó de la improvisada tarima que había instalado el señor Morris y se fue sin mirar a nadie.
Estas salidas dramáticas comenzaban a desquiciarme.
