[NARUTO NO ME PERTENECE]


Capítulo 1 – Pollo al champiñón

Hinata miró su reflejo en el vidrio del supermercado antes de entrar. Su cabello negro azulado por fin había alcanzado el largo que ella quería, estaba orgullosa de ello, nunca lo había tenido tan largo.

Se podía decir que era una muchacha de unos 28 años bastante guapa, era de estatura normal, de ojos grises, casi de un color perla, curiosamente la mayoría de sus familiares los tenía del mismo color, era delgada, con una delantera que le gustaría que fuera un poco más sutil ya que desde la adolescencia había sido blanco de varios hombres que giraban la cabeza para admirarla. Algo que la caracterizaba era que era muy tranquila y algo tímida, sabía tratar con desconocidos, con compañeros de trabajo, pero era casi incapaz de hablar en público y la ponía muy ansiosa hablar por teléfono. Nada era suficiente razón para que ella hablara con un desconocido por teléfono, ni siquiera su trabajo, por eso siempre desviaba la llamada al pasante de turno que había acogido Itachi, y cuando no había pasantes, desviaba la llamada a su asistente.

Entró en el supermercado luego de arreglarse la camiseta lila de tirantes que tenía, era sábado y ése día había tenido la mañana libre, ahora tenía todo el fin de semana para relajarse, pero no tenía absolutamente nada en la heladera, había que abastecerse de suministros para sobrevivir al menos una semana. Con un carrito en mano se adentró en aquel supermercado, era bastante grande y le quedaba cerca de su departamento, no podía pedir más.

Naruto dejó caer en su canasto de la compra una bandeja con sushi. En ella también había varios tipos de ramen, leche, arroz, algo de carne, salmón, cebollas y una cajita con caldo de verduras. Se adentró al pasillo de los dulces, atento por su algo le llamaba la atención, tomó una tableta de chocolate blanco y otra de chocolate negro que fueron a parar a su canasto.

-Bueno, creo que es todo – susurró. Si le faltaba algo iba a ir al konbini que quedaba en la esquina de su departamento.

Siguió caminando, el pasillo cambió de temática, ahora estaba rodeado de harina y cajas para hacer postres dulces de todos los sabores. Casi al final del pasillo reconoció a Hinata, su compañera de trabajo. Ella estaba vestida con una camiseta lila y pantalones cortos, también llevaba unas sandalias y un bolsito tipo bandolera en el que con suerte le podía caber el móvil, las llaves y la billetera, ni más ni menos.

La muchacha estaba batallando con la altura de las góndolas, estaba de puntitas y con evidente expresión de fastidio.

Lentamente, Naruto se acercó a ella para no llamar su atención. Rara vez había visto las piernas de Hinata, ya que ella generalmente iba al trabajo con un pantalón de vestir –aunque algo pegado al cuerpo, le favorecía también – las miró disimuladamente para no parecer un acosador.

Escuchó a Hinata quejarse del por qué colocaban algo tan necesario como el polvo para hornear en parte más alta de la góndola. Él lo tomó, recibiendo una mirada de enojo por parte de la muchacha.

-Pero que… aahh, ¡Naruto-kun! – él le estaba tendiendo el paquetito de polvo de hornear con una pequeña sonrisa dibujada en su rostro. Normal que él haya llegado, ¡le sacaba una cabeza! – Gracias – él dejó el paquete en el carrito de Hinata.

- ¿Necesitas que te alcance algo más? – dijo con cierto tono de burla.

-No, muchas gracias – dijo ella con el orgullo un poco herido.

- ¿Vas a la caja? –

Asintió.

-Es la primera vez que te veo por aquí – ella sabía que Naruto vivía en otro barrio.

-Es que aquí hay más variedad, aunque es un poco caro –

Hinata le dio un rápido vistazo al canasto de Naruto.

- ¿No te cansas de comer ramen? -

La respuesta era un rotundo "NO" y ella lo sabía, él llevaba su ramen instantáneo prácticamente todos los días al trabajo, mientras ella se preparaba un obento por la mañana o la noche anterior.

-Jamás, el ramen es mi comida favorita desde pequeño – él dejó que Hinata se formara delante de él en la cola para pagar.

-Pero tienes que comer otras cosas –

-No soy muy bueno cocinando –

Hinata dio un paso delante, la cola estaba avanzando.

- ¿Me puedes enseñar? – ella giró la cabeza sorprendida – sé que cocinas muy bien, he visto tus obento –

-Cuando estaba en la secundaria mi padre me inscribió en un curso de cocina, duró dos años, se podría decir que soy chef, eso dice el título que me dieron –

- ¿Entonces me enseñarás? – la miraba fijamente con esos ojos azules que le habían llamado la atención desde el primer día en su trabajo.

-Si… -

- ¡Perfecto! – Naruto la interrumpió antes de que ella pudiera decir algún "pero…" – ésta noche no tengo nada que hacer, ven a mi casa a eso de las ocho, así tendremos tiempo de ir a comprar lo que sea necesario para cocinar – Hinata lo miraba algo sorprendida por su reacción - ¿No tienes nada que hacer verdad? –

- ¿Yo? No… si puedo ir a tu casa – Eso era verdad, rara vez Hinata salía con sus amigas, ella prefería la vida hogareña –

- ¿Recuerdas dónde es? –

Ella asintió.

Naruto acompañó a Hinata hasta el edificio donde ella vivía, lo cual no le molestó, él le había ayudado con las bolsas. Apenas cerró la puerta tras de sí soltó las bolsas y se llevó las manos a sus mejillas, las sentía arder, él le había preguntado si no tenía fiebre unos segundos antes, incluso le había tocado la frente. Tanto alardeaba ella, con sus amigas, que dominaba muy bien sus nervios para con Naruto, pero ésta vez la habían traicionado, estaba más colorada que un tomate, sentía calor y eso que su departamento era un lugar bastante fresco.

NARUTO LA HABÍA INVITADO A SU CASA A COCINAR... y claro, posteriormente a cenar.

¿Qué iba a hacer? Tenía miedo que la bonita relación que tenían, siendo amigos y compañeros de trabajo se vaya a la mierda porque ella se estaba ilusionando más de la cuenta por una simple invitación. Ladeó la cabeza un par de veces y tomó las bolsas para dejar cada cosa en su lugar. No podía ponerse nerviosa tan fácil, era una simple invitación de amigos… ¿o no?

Naruto terminó de guardar todo lo que había comprado y le echó un vistazo a su departamento. Increíblemente sólo tenía que lavar un par de platos y cambiar las sábanas de su cama, por lo demás, estaba bastante limpio, impecable, no lo podía creer ¿desde cuándo él era tan pulcro? Tomó la esponja y el jabón concentrado y no pudo evitar sonreír algo nervioso, había invitado a Hinata, mintiéndole que no sabía cocinar, y lo había hecho sin pensarlo dos veces, la invitación se le había escapado de sus labios sin su permiso.

¡Por supuesto que sabía cocinar! No en vano su primer trabajo había sido en un restaurante, después de hacer un curso intensivo de cocina que su padrino le había costeado con la esperanza de que deje de comer ramen diariamente. El resultado había sido el obvio: había aprendido a cocinar en seis meses, pero no iba a dejar el ramen por nada del mundo. Un año después entró en la universidad.

Luego de cambiar las sábanas de su cama y dejarla medianamente hecha se fue derecho al baño y se afeitó rápidamente la barba de dos días que tenía, por suerte no estaba muy larga por lo que unos minutos después el agua tibia ya estaba cayendo por su cuerpo, quería estar lo más guapo posible para Hinata… esa chica le gustaba prácticamente desde que entró a trabajar, cuando le asignaron el escritorio que estaba al lado del de Naruto él casi se cae de culo, agradeció haber estado sentado y con su taza de café alejada de él en el momento en el que ella e Itachi terminaron de subir las escaleras con varias cajas en las manos.

Él se había enamorado lentamente de ella, claro, primero pensó que iba a ser cosa de un par de meses, pero cuando él empezó a comprarle batidos a Hinata todas las mañanas y a dejarle algún dulce en el escritorio se dio cuenta que ya no tenía salvación. Gracias a Itachi –al que no se le escapaba nada – él había tenido el suficiente valor de invitarla dos años seguidos a su cumpleaños, por lo cual los amigos de Naruto, fuera del circulo laboral, ya la conocían y todos concordaban con que Hinata era una muchacha preciosa.

Pasó casi dos horas acostado en su sofá, tratando de calmar los nervios que tenía, porque él también estaba nervioso, era la primera vez en meses… no, años, que invitaba a una chica a su departamento, siempre que tenía una cita terminaba en la casa de la muchacha, por otro lado, las contadas veces que él había hecho el intento de tener una relación siempre se aseguraba de ir a la casa de la chica, rara vez él las invitaba bajo su techo.

Por fin tocaron el timbre, Naruto se incorporó casi de un salto y fue corriendo a abrir la puerta, ni siquiera se molestó en preguntar quién era, le bastó sólo con ver el reloj de la entrada: Hinata estaba preciosa, tenía puesto un vestido de verano violeta pastel y se había recogido el pelo en una coleta alta, al parecer se había rizado el pelo… u ondulado -no tenía idea de esas cosas- también llevaba el mismo bolso que tenía más temprano. En sus manos tenía una bolsa con algo que parecía ser algún postre dentro.

- ¡Hinata! Adelante, pasa – tomó la bolsa para que ella se sacara las sandalias sin hacer malabares en el genkan.

-Lamento llegar tarde, no calculé el horneado - ¿Tarde? ¡Eran las ocho y diez!

- ¿Tú hiciste esto? – Naruto abrió la bolsa y notó un postre de chocolate que estaba perfectamente guardado en un recipiente de plástico con su tapa transparente.

-Me gusta hacer cosas dulces – dijo ella y acomodó sus sandalias a un costado del genkan – muy bien ¿Qué quieres cocinar? –

¿Qué? ¿Él tenía que elegir el menú? ¡Rápido! ¡Piensa!

-Pollo al champiñón con arroz – dijo, con los músculos de su rostro algo tensados.

- ¡Qué rico! ¿tienes champiñones? – Hinata se adentró al departamento de Naruto, lo recordaba más pequeño, debía ser por la cantidad de gente que había.

Apenas uno entraba al departamento se encontraba con el genkan, para dejar el calzado y un pasillo, la primera puerta a la derecha llevaba al salón-comedor, la segunda puerta, también a la derecha daba al baño. Volviendo al genkan, a la izquierda la primera puerta daba a la cocina, la cual tenía una mesa americana incluida, la segunda puerta a la izquierda llevaba a una habitación pequeña, que era para invitados y por último la última puerta que estaba al final del pasillo daba a la habitación de Naruto, aunque ella nunca había entrado ahí.

-Primero voy a ver qué tengo en la heladera… - tomó la mano de Hinata y ambos se adentraron en la cocina, él acomodó la tarta de chocolate y empezó a examinar los ingredientes que tenía a la vista, en la encimera también – tengo cebolla, crema de leche [nata] y… el arroz está allí – señaló una enorme bolsa que probablemente era de diez kilos de arroz.

-Está bien, necesitamos ajo, pollo y champiñones – Hinata sacó una libreta pequeñita de su bolsito y empezó a escribir - ¿Quieres algo en específico para tomar? También voy a comprar condimentos –

-Tengo gaseosa, té verde, agua fría y algo de alcohol – dijo. El alcohol estaba en el minibar, su más reciente adquisición, que estaba al lado de la televisión en el salón-comedor.

-Está bien, vamos a comprar lo que nos falta – ella sonrió algo nerviosa.

Media hora más tarde Naruto se estaba quejando en silencio, con lágrimas en los ojos, odiaba cortar cebolla, le encantaba el sabor que le daba a todas las comidas, pero odiaba cortarlas, le había rogado a Hinata para que ella la cortara muy pequeñito, pero se había negado insistiendo que él tenía que aprender a cortar. Ella se estaba encargando del ajo y estaba condimentando el pollo.

-Mis ojos – Naruto soltó el cuchillo y con el dorso de la mano se secó las lágrimas que caían por sus mejillas.

- ¿Sabes? Un truco para que no te haga arder los ojos es dejar la cebolla en la heladera, cuando está fría y la cortas es muy difícil que te haga llorar – Hinata le sonreía a Naruto, se veía muy tierna con el delantal que le había prestado, parecía una ama de casa.

-Es bueno saber ese dato – fue sorprendido por Hinata, que con un pañuelo de papel (que posiblemente lo había sacado de su bolsito) le estaba secando las lágrimas que se escapaban sin permiso – gracias – ella miró atenta a la cebolla picada.

-Muy bien Naruto-kun, aprendes muy rápido – dijo sorprendida – ése corte se llama brunoise

¡Lo sabía! Y casi había metido la pata al cortar tan bien la cebolla con sólo una rápida explicación de Hinata.

Hinata preparó los platos, colocó en uno el pollo con su respectiva salsa y champiñones, en otro cuenco aparte ella había puesto el arroz blanco que Naruto había preparado. La presentación en la mesa era exquisita, la salsa de champiñones bañaba el pollo –y a los mismos hongos – cuidadosamente, a Naruto le recordó a esos postres que llevaban salsa de chocolate.

-Se ve delicioso – se le hacía agua la boca.

-Por supuesto, cocinamos nosotros – dijo ella y se quitó el delantal, lo colocó en una de las sillas, perfectamente doblado, antes de que se acercara a sus platos Naruto de dos zancadas corrió la silla para que ella se sentase – muchas gracias Naruto-kun.

Una vez acomodada él chasqueó los dedos.

- ¿Te gusta el vino? – ella asintió - ¿Tinto? –

-Prefiero el blanco –

Naruto sacó dos botellas de vino del minibar, uno tinto para él y el otro blanco para Hinata, sacó dos copas del mueble de la tele y volvió a la mesa, sirvió el correspondiente vino para ambos y empezaron a comer.

Parecía una cena romántica: comida casera, vino, música bajita, cualquiera pensaría que estaban felizmente en pareja y viviendo juntos.

Ambos estaban sentados en el sillón, mirando sin ver la televisión, con un par de copas de vino en las manos, dos platos en los que minutos antes había estado dos porciones de pastel de chocolate reposaban en la mesita ratona, él rodeaba a Hinata con uno de sus brazos, por sus hombros. Ella, sonrojada, miraba atentamente por la enorme ventana, Naruto había abierto las cortinas, la vista era hermosa, ella vivía en un primero, no tenía esas vistas. Él, que por primera vez había hecho ése leve contacto físico estaba debatiéndose si intentaba algo más con ella, claro, siempre con el consentimiento de Hinata, lo que menos quería era faltarle el respeto luego de haber tenido una cena tan linda.

De un trago ella terminó el vino y dejó la copa en la mesita.

-Creo que ya debería irme – rompiendo el silencio, ella quiso ponerse de pie, pero Naruto no la dejó moverse: su brazo que segundos antes rodeaba sus hombros ahora rodeaba su cintura y ahora ella estaba más cerca de él. Sintió sus mejillas arder.

-Todavía es temprano - ¿Qué? Eran las once de la noche – además aún no me has enseñado más recetas, la tarta de chocolate estaba deliciosa ¿me puedo quedar con la mitad? –

¿Con la mitad? Era para él. Exclusivamente para él.

-Claro que sí – Hinata giró y notó que Naruto tenía un sutil rubor en su rostro, también notó que se había afeitado, posiblemente antes de ella llegara a la casa… a decir verdad, él estaba bastante guapo. Pocas veces lo había visto en camisa manga corta y pantalones de jean tipo bermuda – si quieres te la puedes quedar… no me molesta… siempre hago recetas dulces… - ¡Ay no! Los nervios estaban aumentando. Tener a Naruto tan cerca y sosteniéndola de la cintura había sido algo casi impensado para Hinata.

Sentía calor. Él la miraba fijamente. Si seguía así ella se iba a derretir.

-Hinata –

- ¿Si? –

Era ahora o nunca.

-Me gustas –

Un escalofrío recorrió la espalda de Hinata ¿Había escuchado bien? El hombre por el que ella se desvelaba fantaseando le acababa de decir que le gustaba. Apostaba sus mejores magdalenas con chocolate a que ella estaba más colorada que la mujer de cabello rojo que aparecía en una de las fotos en el mueble de la entrada de ése departamento.

-Me gustas, Hinata –

¡SE LO HABÍA DICHO! Y una vez más las palabras se le salían solas, pero así lo prefería, a veces a él le gustaba que todo fruyera, le gustaba improvisar.

-Naruto-kun… - ella se acomodó en el sillón para estar de frente a él, sin deshacer el agarre.

-Perdón, Hinata –

Sin dejarle siquiera emitir palabra ni sonido con evidente tono de interrogación él tomó con cuidado el rostro de la mujer que tenía a pocos centímetros de él y la acercó para cortar con esa diminuta distancia: le dio un suave beso en los labios a Hinata. Él no se separó, pero tenía miedo de que ella lo separe y le regalara una cachetada bien merecida. Depositó pequeños besos en la boca de ella, sin pedir permiso para algo más, notó que ella respondía los besos y lo tomaba de los costados de la camisa. Era buena señal ¿no? ¡LO ERA! Hinata abrió un poco la boca entre esos pequeños besos, le había dado el permiso para ser algo más juguetón.

Le estaba comiendo la boca, jugando con sus lenguas, ella había colocado sus manos alrededor del cuello de Naruto, con una lo tomaba de su cabello rubio, él había bajado una de sus manos a la cintura otra vez, y otra a uno de sus hombros para que ella no se alejara.

Él sintió cómo si instinto masculino le empezaba a pedir más, ¡Y CÓMO NO! con semejante mujer, tan hermosa, tan frágil, tan… tan Hinata, tan Hinata que él se volvía loco por ella, se volvía loco cuando ella llegaba al trabajo, cuando le decía que el licuado estaba delicioso, cuando llegaba con un peinado nuevo o maquillada algo más atrevida los viernes, toda ella lo volvía loco.

Se separó cortando el beso y rápidamente colocó sus manos en su esalda y la acomodó en el sillón, ella, abrió las piernas para que Naruto se acomodara bien, él se aseguró de que no se le viera nada y bajó la falda del vestido de Hinata, no quería cagarla, no quería arruinar el momento, ella sonrió ante el gesto y lo empujó hacia ella para continuar con los besos, pero él fue derecho al cuello de ella, le dio pequeños besos húmedos, con cuidado de no dejarle alguna marca, pues estaba con coleta y no quería que se le arruinara el peinado. Ella empezó a tirar de los mechones rubios de Naruto, señal de aprobación. Él continuó, pero ésta vez al otro lado del cuello, ella suspiraba con los ojos cerrados, ninguno de los dos podía creer lo que estaban haciendo, sólo querían disfrutar el momento y dejarse llevar.

Pero Naruto se separó de Hinata, estiró los brazos para ya no aplastarla con su peso y la miró, ella lo estaba mirando con esos ojos que tanto le llamaban la atención, seguía con sus manos alrededor de su cuello, acariciaba su cabello con sus uñas, que no estaban ni largas ni cortas.

- ¿Por qué me pides perdón? – preguntó casi en un susurró.

-Porque me gustas… no… porque estoy enamorado de ti desde hace mucho tiempo y el día de hoy mi lengua y mi cuerpo actuaron sin mi consentimiento –

-Me parece que debes darles libre albedrío –

- ¿Que? –

Vamos, Hinata, no te acobardes luego de haberle comido la boca y terminar acostada con él encima, en su sillón, en su casa. Es lo que siempre quisiste.

- ¿Nunca te diste cuenta que también me gustas? –

Él no contestó.

¿Lo puedes repetir otra vez?

-Estoy enamorada de ti desde hace años – ¡Lo dijo! ¡Lo dijo!

Naruto la rodeó otra vez, colocando sus manos en su espalda y ambos terminaron sentados en el sofá nuevamente.

-Hinata… - Naruto tomó las manos de la fémina para que soltase su cuello y entrelazó sus dedos. El rubor aún no había desaparecido de su rostro, peor aún, era aún más intenso.

- ¿En serio nunca te diste cuenta? – volvió a preguntar.

Negó con la cabeza.

Ella, sin soltarlo, depositó un suave beso en los labios de Naruto y acto seguido le sonrió con timidez.

-Yo no sé si estas cosas se siguen preguntando – Naruto soltó la mano derecha de Hinata y se frotó la nuca – pero… si ambos… nos gustamos… si ambos estamos enamorados, deberíamos hacerlo oficial ¿Verdad? – Hinata ladeó la cabeza, en señal para que él siguiera hablando – No voy a perder ni un minuto más – hizo una pausa y volvió a tomar su mano - ¿Quieres ser mi novia? –

Esto debería ser un sueño ¿o no?

Hinata volvió a sentir otro escalofrío, pero no quitó la vista de la mirada azul de Naruto.

No contestó.

- ¿Prefieres que esperemos un tiempo? – unos evidentes nervios se escaparon junto con las palabras del rubio.

-No, yo tampoco quiero perder ni un segundo más – Hinata soltó las manos de Naruto e impulsada por sus muslos se lanzó hacia él, abrazándolo – ¡Por supuesto! ¡Si quiero ser tu novia! –

Naruto suspiró aliviado, los nervios se fueron de su cuerpo, sus músculos ya no estaban tensados. Abrazó a Hinata por la cintura y se hizo hacia atrás, quedando ella encima de él.

-No pienses mal, pero ya es tarde y no me molestaría que te quedaras a dormir, si no estás muy segura puedes dormir en la habitación de invitados –

Ésa era una de las cosas por las cuales Hinata se había enamorado de Naruto: era tan comprensivo, nunca actuaba sin el consentimiento del resto, a menos que la situación lo ameritaba, claro está. Hinata se acomodó en su pecho.

-No me molestaría dormir contigo, Naruto-kun –

Él quiso saltar de alegría por todo su departamento. Notó lo roja que estaba. A veces Hinata se obligaba a hacer cosas de las que no estaba muy segura.

-Ey, mírame – ella le hizo caso – no te preocupes, te prometo que no haré nada que te pueda llegar a molestar, si quieres dormir, por mí está perfecto, estoy muy feliz de que estés conmigo, ya habrá tiempo para otras cosas – Naruto abrazó a Hinata con algo más de fuerza, sin llegar a hacerle daño, era un abrazo que transmitía la felicidad y el cariño que él sentía – mañana te llevaré a tu casa, pero puedes quedarte el tiempo que quieras.

-Continuará… Continuará?

¿Quieren saber qué pasa?


-JuuHinamori.