Se quedo observando el lugar donde se había perdido el auto blanco, y poco después se giro a la puerta. Toda la casa en general, por lo menos en el exterior, que era lo único que podía observar el chico, estaba decorada con enredaderas de hojas verdes brillantes y flores pequeñas de colores. El blanco de la casa parecía resaltar la belleza de su arquitectura moderna. Tras un buen rato de estar allí parado, tomo su mochila que había dejado en el piso de piedra y se encamino a la puerta. Toco un par de veces pero nadie contesto, tras observar a sus costados, probo si la puerta se encontraba abierta. Al girar la perilla la blanca puerta se abrió y un olor floral invadió sus fosas nasales. Espero con una mano apoyada en la puerta y aún fuera de la casa a ver si veía a alguien, pero nadie parecía aparecer. Entro y sus pasos sonaron sobre el piso de mármol, también blanco. El hall de entrada no era nada como él hubiera visto, ni la entrada a su universidad era parecida. A su costado había dos puertas blancas que se camuflaban con la pared, y tras un corto pasillo se abría un gran circulo alfombrado decorado solo por una mesa de vidrio que tenía una maceta alta con una planta que esbozaba varias flores blancas y elegantes.
—¿Hola?— Pregunto, pero su voz solo retumbo en la soledad. Fue hasta la mesa donde se encontraba la mesa ratona, y desde ahí pudo distinguir un living con un extenso ventanal que alumbraba todos los muebles blancos, y al otro lado un comedor que compartía ciertas similitudes. En realidad, todo tenía el mismo esquema. Muebles blancos, pisos blancos, gran iluminación, flores hermosas y elegantes que llenaban el ambiente de perfume. Sacudió su cabello marrón y observo la escalera que se habría a ambos lados, mostrando lo que parecía un balconcito, detrás del cual se podía ver otro ventanal. Su cabeza fue subiendo al mismo ritmo que su mirada, y al llegar al techo su boca quedo entre abierta. El techo se encontraba demasiado alto, pero de el colgaban plantas con flores blancas, si bien el chico no había comprendido la razón de que todo sea blanco, al observar el techo, solo pudo ver verde. Se acerco a la escalera para ver si todos los techos eran iguales, pero los pisos superiores solo mostraban la tintura blanca. Salvo el de arriba de todo, que parecía ser de vidrio. —¿Dónde demonios estoy?—
Se pregunto a si mismo sin poder apartar su mirada del techo.
—¿Disculpa?... ¿Puedo ayudarte?— Se gira a la voz y su mochila se cae de su hombro, se apresura a acomodarla y extiende el brazo para saludar al joven que le había preguntado. El muchacho observa la mano pero no la toma, tenía el cabello de un color tan rojo que parecía fuego, y unos ojos celestes que parecían nerviosos. Vestía un traje de mozo, y en la mano llevaba un bandeja plateada con una tapa que no dejaba ver su interior. Miles deja caer la mano.
—Si. Soy Miles, Miles Everrett—Sonaba raro pronunciar aquel apellido que había llevado gran parte de su vida, pero era diferente ahora que se encontraba en el lugar donde estaba la persona que se lo había dado. Pero mas extraña fue la reacción del joven, que dejo caer la bandeja y salió corriendo del lugar, dejando a Miles estático ante la brusca reacción.
Pocos segundos mas tarde aparecería acompañado con otro hombre que mostraba un traje negro mas elegante, parecía mayor, de unos cuarenta y largos, cabello gris, ojos marrones que decían poco. Miles se encontraba en la misma posición que cuando el pelirrojo había marchado, solo que tenía la boca entreabierta y su mochila había acabado por caer al piso.
—Randalf, recoge eso— Indica el hombre y el chico se apresura a tomar la bandeja, Miles puede observar que mete dentro un plato que tenía restos de comida y una copa que se había roto cuando el chico, llamado Randalf, había dejado caer todo. Cuando alza la vista se da cuenta de que el señor estaba esperando que le preste atención. ¿Sería ese su padre? —Mi nombre es Victor, soy el encargado de la casa en los momentos en los que el señor Everrett no se encuentre, y el encargado del todo personal que aquí trabaje, así como el encargado de que todo este limpio, ordenado, en su lugar y que todo el mundo haga su trabajo— Su voz áspera y fuerte, hace que Miles se encoja en el lugar, y se siente pequeño ante la presencia de aquel hombre. Por un segundo no estuvo seguro si asentir, si responder o si era mejor quedarse callado, de lo único que estaba seguro era que agradecía que ese no fuera su padre. —Usted debe ser Filip Everrett, el señor Everrett nos pidió a todos que lo llamáramos por su nombre verdadero y no por el apodo por el que se hace llamar, se acostumbrara. ¿Quedo claro?—
—Ss... Si, si señor— Traga saliva de manera notable, pero aquel hombro no aflora sus hombros derechos.
—'Señor' hace referencia a su padre, yo soy Victor, de ahora en adelante, se refiere a mi con ese nombre, de igual manera se referirá a todo empleado que aquí trabaje, mientras que estoy se referirán a ustedes como 'Señorito' a falta de otra manera de llamarlo. Su hermana, es conocida como la 'Señorita Everrett' y ya se acostumbrara de todo... en algún momento— Las palabras de Victor se acomodan a la expresión que Miles guardaba, atento, con la boca entre abierta, y el pequeño gesto de acomodarse los lentos, como si todo fuera a desaparecer a la hora de ver mejor. Randalf había desaparecido de la sala, y cuando se da vuelta para ver si lo llega a ver, encuentra a una señora que era casi una cabeza mas baja que él, de cabello marrón rojizo y un rodete perfecto, gafas de medialuna, y una mirada verde que lo traspasan por arriba de las mismas. —Le presento a Faye, ella es la encargada de la organización del lugar, la tercera al mando, puede acudir a ella ante cualquier problema, pero debo advertirle que es mujer de pocas palabras.—
La mujer solo asiente una vez y entrega una carpeta que Victor abre y se pone a leer.
—Soy Miles— Como había echo anteriormente estira la mano para que la mujer la estreche, pero esta solo lo mira de arriba a abajo, y se vuelve a Victor, sin decir nada, simplemente esperando.
—Por aquí Señorito Everrett— Le llama el hombre, y el aludido se vuelve mirando a Faye a ver si esta se volvía a presentarse, algo que no pasó. Victor comienza a encaminarse escaleras arriba y para alcanzarlo Miles tiene que subir escalones de dos en dos.
—Pueden llamarme Miles—
—Órdenes son órdenes, Señorito—
—¿Filip?—
—Tampoco— Odio a mi padre, es lo primero que piensa el muchacho acomodando su mochila en el hombro para que esta no se caiga. Ni siquiera lo conocía, Miles no sabía nada de él, pero ese hombre podía aparecer para decirle a toda la casa como le debían decir. —Su habitación se encuentra en el segundo piso, ala norte. La casa esta separada en cuatro, solo se puede acceder al primer piso por la escalera principal y las de servicio las cuales le quedan prohibidas, desde el primer piso la casa esta dividida en norte, sur, este y oeste, y solo puede acceder a esas partes subiendo por las escaleras que se encuentran en ese mismo sector, sin acceso a la planta este no puede acceder a la parte superior de la misma.—
La primera planta no era como la planta baja, el piso seguía siendo blanco y de mármol, pero las paredes eran de un intenso marrón rojizo que le recordaron al cabello de Faye. Había mesas contra la pared entre cada columna, algunas contenían plantas, otras solo decoraban un espejo, otras simplemente tenían alguna clase de decorado. Se abría en un largo pasillo que parecía doblar en las esquinas, y esa fue la razón por la que se echo hacia delante.
—Los pasillos forman un cuadrado, hay habitaciones de ambos lados, en el centro de esta puede encontrar la biblioteca, en la cuarta planta hay un jardín de invierno, en la segunda esta el estudio del Señor Everrett y la tercera esta cerrada. Las habitaciones cotidianas dan al exterior. Por aquí— Asiente a la explicación de Victor y este lo guía para el lado izquierdo del pasillo, cuando llegan a la esquina, Miles puede observar una escalera que ascendía y otro pasillo, solo que este tenía entre columna y columna un ventanal de doble vidrio que dejaba ver todo el jardín exterior. Miles se tiene que acomodar los lentes y pestañea un par de veces, pues, el jardín parecía no acabar nunca. Era como esos jardines que solo se presentan en los libros, con fuentes y arbustos cortados con formas, además de que solo poseía flores blancas. —Señorito...—
Le llamo la voz de Victor al otro lado del pasillo, dado que había avanzado dando por echo que el joven le seguía el paso. Tiene que trotar un poco, pero se detiene a la mitad al ver la entrada a la biblioteca. En su mente paso preguntarse cuantos libros tenía, porque seguro podía llegar a competir con la biblioteca nacional. Pero al escuchar el carraspeo de Victor, se apresura para llegar a él.
La escalera del ala norte, por lo que supuso el joven. Eran mas anchas que las anteriores, daban a un lado de la vivienda, por el que se observaba un lago, que, por su tamaño y color el joven supuso que era artificial. Tenía un descanso a la mitad, de ahí se giraba a la derecha y salía a un nuevo pasillo que tenía las mismas cualidades que el primer pasillo que vio, solo que entre columna y columna había puertas, y terminaba al final con un semicírculo que daba al cielo nublado y que tenía una pequeña mesita ratona con una flor. Caminaron hasta el final del pasillo y Victor se paro delante de una puerta ubicada a la izquierda, abrió amabas puertas y le hizo señas para que pasara.
En su antiguo departamento, compartía cuarto con su hermana, tenían una cama cucheta y el espacio que restaba solo alcanzaba para un escritorio donde solo entraba una vieja PC, y una silla negra. Este cuarto, tenía un espacio que era mas grande que su anterior living, donde había una mesa ratona, a la izquierda un sillón marrón para tres personas, frente al mismo un televisor que parecía ser de última moda y que tenía duplicaba las pulgadas del anterior trasto que tenía, si no era que lo triplicaba. Mas adelante había una gran mesa redonda con seis sillas tapizadas en rojo, y solo se podían ver dos puertas que separaban algo que el chico no comprendió, pues llegados a esa parte, no sabía si eso catalogaba como dormitorio. Victor se adentro y este lo siguió, solo para pisar una mullida alfombra color rojo anaranjado, del mismo color del tapiz de las sillas, con la diferencia que estas contenían guardas amarillas. Volvió a acomodar sus lentes, y Victor abrió una de las puertas laterales. Miles se apresuro solo para ver una habitación, cuyo lado derecho era un ventanal con cortinas blancas, una cama de plaza y media estaba en el centro, se podía observar una pequeña biblioteca y otra puerta.
—Esta es su habitación, espero que sea lo suficientemente cómoda, era una de las habitaciones que su usaba para invitados. Allí esta el armario— Y entonces Miles comprendió a donde iba aquella puerta en el cuarto. —Frente a su habitación esta el baño, que podrá inspeccionar cuando quiera. ¿Donde a dejado sus valijas para que pueda ir por ellas?—
—Solo es la mochila...— Su voz se pierde en la inmensidad del cuarto, y deja caer la misma anonadado. ¿Quien diablos era su padre? No todos podían tener habitaciones tan grandes, o por lo menos no para invitados. Trato de imaginar como sería la habitación de su padre, pero entonces imagino un piso entero y su imaginación no le dejo viajar mas.
—Entonces le pediré a Faye que se encargue de llenar su armario, dudo que allí tenga las cosas que usará acá— El chico asiente, pero sin escuchar lo que el hombre dice, o si lo escucha lo hace a medias. —Cena a las siete, pediré que le traigan ropa para que se presente como corresponde. Hasta luego—
—¿Que?— Pero cuando se da vuelta Victor ya no esta. Va hasta la salita, pero esta vacía y las puertas cerradas. Vuelve al cuarto y tira la mochila en la cama. Saca el celular, disca un número casi de memoria y al rato suela la contestadora de Jules, se da cuenta de que ya dijo todo cuando escucha silencio. —Creo que estoy soñado...—
No llega a decir mas que un pitido suena y también deja caer el celular en la cama. Necesitaba una ducha de agua fría. Se dirige al baño, donde no era necesario aclarar que era mas grande que cualquier baño visto por él, toma un toallón y se mete debajo de una ducha.
—¿Donde estoy?— Se pregunta debajo del agua, pero nadie esta ahí para responder.
