Ossu~

Lamento la tardanza con la actualización... Pero es que cambie todo lo que ya tenía escrito.

Como ya todos saben los personajes de Kuroko no Basuke no me pertenecen, son propiedad del sensei Tadatoshi Fujimaki.

Let's start the show~


2

Viernes en la tarde, último día de entrenamiento y tendrían el fin de semana libre para dedicar el tiempo a lo que quisieran.

Murasakibara y Himuro iban saliendo juntos del gimnasio, ya hacía tres semanas que compartían habitación y hacia una semana empezaron a regresar juntos después de entrenar. La relación entre ellos había mejorando.

El más grande había pasado de ignorarlo, Himuro se había ganado su confianza con el pasar de los días, últimamente estaban siempre juntos y ahora Atsushi hasta le había empezado a llamar Muro-chin.


Llegar hasta ese punto había tenido su recorrido, el púrpura no era fácil de entender, pero aquello a Himuro no le había supuesto ningún problema, le gustaba tener que dedicar un poco más de esfuerzo para poder tener lo que quería, eso le agregaba emoción.

Los primeros días habían sido unilaterales, el gigante lo ignoraba con descaro a pesar de los intentos por el azabache de hablarle, eso había sido así hasta que un día -por casualidad- Himuro saco de la gaveta del escritorio uno de los dulces que había comprado antes de abordar el avión –del mismo tipo que le había regalado a Murasakibara el primer día–. Había olvidado haberlo guardado allí, por lo que simplemente lo agarro y abrió para comérselo.

Para sorpresa del azabache aquello había llamado la atención del púrpura, que se acercó interesado mirando lo que tenía en las manos.

Nee…. ¿Me das ese dulce? — Fue lo que dijo en aquel momento el gigante.

Himuro se lo pensó, dedicándole una mirada inquisidora, tenía en mente algo hace días y esta era la oportunidad que estaba esperando para llevarlo a cabo.

Himuro accedió a dárselos en la noche a cambio de que no faltara a ninguna de las clases e hiciera todos lo deberes correspondientes de ese día, el púrpura no había estado muy contento con la respuesta, pero acepto la propuesta con el fin de obtenerlos.

Y así había sido, al final del día Murasakibara cumplió con todo lo que tenia que hacer pidiendo como recompensa lo prometido por Himuro, que sin ninguna queja entregó el dulce comprobando que sus suposiciones eran más que acertadas. Eso para él era una recompensa más grande que cualquier dulce del mundo.

Aquella noche fue la primera en la que intercambiaron palabras, –sin contar cuando comenzaron a compartir habitación– el púrpura le había preguntado donde conseguía esos dulces que él no reconocía, pidiendo que le diera todos lo que tuviese.

Himuro le explicó que eran los únicos que poseía y los había traído desde América pero que le prometía mandar a traer más, esa respuesta hizo que el gigante parara de comer y lo mirara directo a los ojos para luego retíralos y seguir con lo que estaba haciendo.

Aquello había sido más que un descubrimiento, era una clara respuesta, el final a sus suposiciones, ahora sabía cómo podía manejar a aquella inmensa masa de músculos.

Después de aquel evento, Himuro poco a poco se había acercado, logrando adentrarse en el pequeño círculo de Murasakibara, –regalarle dulces había sido de gran ayuda– así como también llevarlo consigo para comprar más golosinas y aprovechar para conocer los alrededores. Se habían vuelto tan cercanos que el azabache podía reconocer cada expresión del contrario y entender lo que este pensaba, hasta sabía en qué momento sobornarlo para que llevara a cabo alguna tarea que el contrario no quería hacer, al igual que cuando le debía llamar la atención y como.


El púrpura iba caminando a paso lento mientras comía como era la costumbre, Himuro caminaba en silencio junto a él, por momentos lo miraba para después sonreír quitando su vista del más grande, eso molestaba a Murasakibara que simulaba no percatarse de aquellos actos, le daba la impresión de que estaba tramando algo, pero su enfado era momentánea, ya que no era algo que necesitará más atención de la necesaria.

Atsushi— Llamó el azabache, — ¿Vas a hacer algo este fin de semana? Pregunto mirando al contrario.

Murasakibara hizo ademán de pensar —Mmm…. No haré nada Muro-chin— Contestó entre mordiscos — ¿Por qué? —.

Sólo tenía la duda— Respondió mientras sonreía, —Podríamos hacer algo —Inquirió— Quizás una degustación de dulces si te parece bien.

Aquella idea le pareció genial, no había nada mejor que comer dulces, más si eran gratis y podía probar nuevos sabores.

Ahhh, me encantaría Muro-chin— Respondió el púrpura arrastrando las palabras con un dejo de alegría que si no fuera porque Himuro podía interpretarlo, bien hubiera pasado desapercibido, puesto que las semanas pasadas este se había dedicado completamente a aprender a leerlo.

De acuerdo, entonces eso es lo que vamos a hacer— Le regaló una sonrisa un tanto perversa que no logró ser vista por el otro, que había vuelto la cara nuevamente para seguir comiendo.

Una vez que estuvieron ambos en la habitación, Himuro se vistió y preparó para salir, aún tenía unas cuantas cosas pendientes por lo que se iría a hacer cargo de ellas.

¿Are? ¿Muro-chin va a salir? Preguntó mirándolo desde el piso en donde se encontraba acomodando sus dulces para ver cual iba a comer primero.

Sí, saldré un rato— Dijo— Tengo algunas cosas que hacer, pero volveré justo para ir a la degustación— Le regaló una de esas sonrisa que solo iban dirigidas hacia el pelivioleta.

Te prometo que cuando vuelva te traeré algo, espera aquí hasta que regrese— Y diciendo eso caminó hacia la puerta y se marchó.

Murasakibara se quedó mirando hacia la puerta, Himuro le agradaba, le gustaba compartir el cuarto con él -a pesar de la resistencia que puso al inicio- siempre le daba dulces de los que más le gustaban, por lo que iba a esperar pacientemente a su regreso, por ahora comería los dulces que tenía mientras imaginaba cual dulce le iría a traer esa vez.

Eran las 3 pm del sábado , Murasakibara no sabía nada de Himuro desde el día anterior, cuando le dijo que volvería para ir a la degustación, estaba irritado ya había sido más que paciente al esperar a que este volviera con el dulce prometido, cuando Himuro volviera lo aplastaría por haberlo hecho esperar tanto.

El sonido de su celular lo sacó de sus pensamientos, se levantó con pereza hacia la cama donde este estaba sonando, en la pantalla se mostraba la fuente de su actual malhumor.

Muro-chin, te has tardado mucho— Dijo al contestar la llamada — ¿Ehhh?– siguió escuchando antes de asentir — Está bien— Fue lo último que dijo antes de cortar la llamada. Agarró sus cosas y metió algunos dulces antes de marcharse.


Himuro estaba contra una pared mientras esperaba a que apareciera el púrpura al cual logró divisar unas calles más arriba de donde él se encontraba, sonrió ante la visión, estaba ansioso a que empezaran, todo estaba saliendo tal y como lo había pensado.

Murasakibara llegó a paso lento y la usual expresión de pereza adornando su rostro — ¿Estás listo para la degustación? Dijo el azabache justo cuando el contrario estuvo lo suficientemente cerca para escucharlo, despegando su espalda de la pared, aquella pregunta hizo que hubiera un leve cambio en el rostro del gigante —Estoy seguro de que lo vas a disfrutar—Dijo en un tono de total confianza.

¿Hacia dónde hay que ir? Preguntó el más grande —No quiero caminar más, es aburrido Muro-chin— Agregó en un tono mimado e infantil.

Eso provoco una leve risa en el azabache que lo miraba intensamente a los ojos.

Se acercó para acariciar la mejilla del contrario —Estamos muy cerca, ya veras que valdrá la pena— Retiró su mano antes de volverse para empezar a caminar en dirección contraria a la que había venido Murasakibara.

El más grande lo siguió de cerca por unas cuantas calles, preguntando de tanto en tanto cuanto faltaba para llegar, la impaciencia lo mataba y se notaba en su voz, estaba a punto de llegar al límite.

Toma— Extendió la mano hacia el más grande — Aquí tienes tu recompensa por esperar pacientemente— Dijo el azabache tendiéndole un chocolate justo como el que le dio la primera vez, que si no mal recordaba le había dicho que no tenía más de ese tipo.

Este es el primero de la degustación que he preparado— Le guiño un ojo al tiempo que lo decía, dándole un aire totalmente pícaro y provocador.

Murasakibara estaba un poco contrariado por el comportamiento del otro, además de que su instinto le decía que había algo extraño, sin contar con el vértigo de su estómago, que empezó a sentir desde que le había acariciado la mejilla, no estaba acostumbrado a esos tratos, aunque viniendo de Himuro no le incomodaba, más aquel tacto era diferente a los que el azabache le había dado anteriormente. Los sentia mas personales, mas atrayentes que cualquier otro.

Llegamos— Dijo el azabache volviéndose para mirar al más alto con un brillo inusual en sus ojos, mientras sonreía de manera perversa, la cual ésta vez sí fue vista por el otro.

¿Eh? Fue lo único que acató a decir al ser sacado de sus pensamientos y ver aquella expresión en el más bajo.

Tras ellos se alzaba un edificio grande, con muchas luces y un gran rótulo brillante que decía "~Sweets~", Murasakibara nunca había visto una tienda de "dulces" tan grande como esa, no acostumbraba a ir por el lugar donde ahora se encontraba y aún si hubiera pasado por allí su desinterés por lo que lo rodeaba no le habría ayudado a notarlo.

Lo que el gigante no sabía, era que esa no era una tienda de dulces como él supuso por el nombre que tenía y la actividad que ese día iban a llevar acabo. Su inocencia con respecto a esos lugares no le ayudaba a percatarse de que ese edificio en realidad era un motel.

No era que no hubiese experimentado con su sexualidad anteriormente. Era simplemente que sus anteriores encuentros fueron en la época de Teiko y eran llevados acabo en la mansión de su antigua pareja o bien en los mismos vestidores.

Himuro abrió la puerta principal dándole paso al más grande, éste veía a su alrededor, con una expresión totalmente neutra para ojos de cualquiera que lo mirara en ese momento, pero en realidad sus ojos vislumbraban un brillo de curiosidad, algo que el azabache encontraba encantador.

El más bajo lo guio por los pasillos llevándolo hacia el lugar en el cual se iba a llevar la degustación, a la cual Murasakibara estaba deseoso por llegar, ese día había llevado menos golosinas de lo usual para aprovechar al máximo de la actividad a la que se dirigía y como consecuencia sus dulces se habían terminado.

Caminaban juntos hasta que el azabache paró en una puerta, este sacó una llave de su bolsillo y agarrando el llavín la encajo en donde iba, justo antes de girar la manilla se volvió para mirar al contrario mostrando descaradamente un fuerte deseo marcado en su único ojo visible.

¿Estás listo? Una vez dentro no podremos salir hasta que acabemos— Soltó aquellas palabras en un tono incitante y sensual que Murasakibara no pudo pasar por alto.

Pudo sentir como el vértigo en su estómago crecía. —Estás raro Muro-chin, que es l…—

Responde— Le cortó Himuro — ¿Estás listo? Dijo esas últimas palabras acercándose al peli morado e invadiendo su espacio personal más de lo normal, nunca habían estado tan cerca como en ese momento. Se encontraban tan juntos que podía escuchar la respiración contraria y aspirar el aroma a fresas y mora que desprendía el azabache.

Y allí estaba de nuevo aquel sentimiento de vértigo haciéndose más fuerte, sólo que ésta vez se extendió como una descarga eléctrica hacia la parte baja de su torso, causando una sensación que le erizó la piel. Al inicio pensó que todo aquello se debía a las ansias por degustar dulces, más ahora no le cabía duda de que Himuro era el causante de todo aquello que estaba sintiendo.

¿Y? Se acercó un poco más casi pegándose a el cuerpo de Murasakibara — ¿Vienes? Dijo arrastrando las palabras seductoramente.

Sí, Muro-chin— Contesto obedientemente ante aquellas palabras tan demandantes. Murasakibara era alguien muy curioso por lo que quería saber que era lo que le estaba esperando tras aquella puerta y como sería la tan mencionada degustación que era el motivo de toda aquella situación.

Lo que no sabía era que estaba cayendo en el juego que el azabache había preparado para el disfrute de ambos desde hacia algunos días atrás.

Perfecto— Dijo sonriente alejándose de el mientras giraba la manilla sin quitar la mirada del más grande, que lo veía con curiosidad.

Dio un paso atrás dejando que éste pasara primero, para que entrara a una habitación totalmente a oscuras, seguido por él cerrando tras de sí la única salida del lugar.


Si habéis llegado hasta aca mil gracias por tomarse el tiempo y leerlo! Espero les gustara~

Gracias a Ro-nee por checarme el cap y ser tan hermosa! Y a mi Nonne por que este fic esta escrito especialmente para ella ^^

EL siguiente cap sera el último, asi que espero nos veamos pronto y me encantaria saber que piensan en lo rw

Bye bye!