Choromatsu torció los labios luego de haber dirigido la mirada hacia la ventana de su cuarto, en donde una gran luna llena podía divisarse. Ya era demasiado tarde y su hermano mayor no regresaba. Miró alrededor, encontrando a los demás metidos en sus propias cosas. Dejó su manga a un lado antes de mirar al más pequeño de los cinco presentes.

—Totty—llamó, sin esperar a que girara la cabeza hacia él porque sabía que su smarthpone tenía toda su atención en esos momentos—. ¿Por qué no vas a buscar a Osomatsu-niisan? El idiota se habrá retrasado en el pachinko y llegará tarde a la cena.

Todomatsu frunció apenas el ceño por ser el seleccionado para tal tarea.

—¿Por qué no vas tú o Karamatsu-niisan? Son los mayores, después de todo. Aparte de que hace frío para salir ahora—Se quejó, queriendo volver a concentrarse en su totalidad en la pantalla de su celular.

Le pesaba admitirlo, pero también estaba preocupado por el más grande. A decir verdad, toda su persona era un revoltijo de sentimientos que no se atrevía a aceptar, sin embargo no iba a dejar que solo por la orden de Choromatsu éstos se descontrolaran. Bastante le había costado mantener la calma esos últimos días.

Maldito Osomatsu que provocaba esas cosas en él.

—Karamatsu-niisan fue la última vez, y yo la anteúltima. Ichimatsu puede enfermarse fácilmente si sale con este frío y Jyushimatsu es muy ruidoso, podría despertar a alguien. Tú nunca te enfermas, nunca fuiste a buscarlo y sabes mantenerte en silencio. Ve por el idiota de nuestro hermano mayor—explicó cada razón, sonriendo cuando Todomatsu por fin se atrevió a devolverle la mirada.

—He dicho que no iré—repitió e iba a continuar con su terquedad cuando su madre abrió la puerta, anunciándoles que la cena estaba lista hasta que se detuvo a la mitad de la oración. Sus ojos parecieron examinar el ambiente antes de que su dueña alzara una ceja al confirmar que no eran impresiones suyas que había cinco y no seis de sus hijos.

—¿Dónde está el que falta?—preguntó, lo que hizo que Choromatsu de inmediato tomara la palabra.

—Le estaba diciendo a Todomatsu que fuera por él, mamá. Osomatsu-niisan se habrá entretenido de más en el pachinko—Totty apretó el móvil entre sus manos al escucharlo. Ahora era seguro que su madre lo mandaría a buscarlo y no podría negarse.

Efectivamente, eso fue lo que pasó y también estuvo la advertencia de que si no volvía con el más grande, ninguno de ellos cenaría. El menor gruñó por lo bajo al tiempo que se levantaba de su lugar.

—Maldito Pajerovski—masculló, importándole poco si éste lo oía o no.

Luego de abrigarse bien, dedicarle un par de miradas asesinas a todos (sobre todo al tercero, iba a vengarse por su actitud) y guardar bien su celular en el bolsillo, salió a la calle en busca de su estúpido hermano mayor. Agradecía que las luces de su cuadra fueran tan fuertes, de lo contrario estaría muriéndose de miedo por su fobia a la oscuridad. En una situación normal también le incomodaría el silencio en esos instantes, pero su cabeza estaba demasiado ocupada insultando a Choromatsu.

Es que, en serio, ¿por qué tenía que encargarse él? Era desesperante que lo pusieran en una situación así. Estaba intentando no pensar en ese idiota y ahora debía ir a buscarlo. Sintió un tenue calor en sus mejillas, lo que lo hizo molestarse consigo mismo porque era consciente de que a la vez, su corazón se estaba acelerando al pensar en esa sonrisa que tanto caracterizaba a su hermano mayor...

Se detuvo y soltó un pequeño gritito de frustración mientras se revolvía el cabello ¡Tenía que reaccionar! Claro que sus nervios cuando Osomatsu se le acercaba demasiado y la admiración que tenía por esa sonrisa suya no significaban absolutamente nada. Tampoco era relevante el sueño húmedo que había tenido semanas atrás con él.

Pero, de verdad… debía dejar de pensarlo. Era mejor que siguiera su camino hasta el pachinko, le dijera de todo al primero por haberlo hecho salir a esa hora e intentara no perderse en su expresión de "yo no fui" cuando seguramente la hiciera, queriendo librarse de toda culpa. Luego volverían a su hogar, cenarían y dormirían tranquilos… bueno, no podía decir lo mismo por su parte. Tener tan cerca a Osomatsu en el futón lo ponía nervioso, aunque tuviera a cuatro personas iguales alrededor.

Todavía no entendía como podía tener sentimientos por alguien como él… o desde cuando los había empezado a tener. Era un golpe a su orgullo.

Enamorarse de alguien con su misma cara y sangre… Y por si eso fuera poco, el más idiota de todos.

—¿Qué has dicho, Matsuno?—Se enderezó en su lugar al escuchar su apellido pensando que le habían hablado a él. Miró alrededor, pero no encontró a nadie—¿En serio te estás atreviendo a cuestionar mi autoridad?—La misma voz se repitió y decidió acercarse lentamente a la esquina de donde ésta provenía. Podía cubrirse con una pared que allí estaba, así que estiró despacio el cuello para poder tener una visión general de la escena que ocurría en el medio de un callejón.

—Nadie dijo nada de cuestionar tu autoridad, pero ese dinero es mío. Yo atrapé a ese estúpido ladrón—Todomatsu se quedó sin aire al encontrar la figura de su hermano en medio de esas personas desconocidas. Todos eran hombres y parecían vestir igual. Usaban chaquetas de cuero, jeans gastados, unos zapatos oscuros y camisas rojas a excepción de ese que estaba discutiendo con Osomatsu. Él llevaba una prenda violeta. También pudo notar, a pesar de la distancia, como todos llevaban un pañuelo color negro atado al tobillo, ya fuese por encima del pantalón o debajo de éste.

No le costó reconocer que se trataba de una pandilla.

—Creo que todavía no entiendes bien mis reglas, Matsuno. Todo lo que ustedes obtengan es para mí. Si tú aceptaste unirte a nosotros, aceptaste eso. Y no puedes llevarme la contra bajo ningún concepto… porque sabes lo que les hacemos a quienes me desafían—Esas palabras del de morado lograron que quienes rodeaban a su hermano se pusieran en una posición correspondiente a un ataque. Totty tragó saliva, empezando a preocuparse de verdad. Osomatsu podía provocar a cualquiera adrede sin medir las consecuencias y ellos eran demasiados. Los contó y descubrió que eran aproximadamente ocho, sino se le había escapado ninguno. Podían hacerlo polvo si se les daba la gana.

—Es realmente denigrante que debas quedarte con las ganancias de tus compañeros…—murmuró burlón con una sonrisa, la misma que se ensanchó cuando notó que su líder fruncía el ceño.

—Ustedes no son mis compañeros, son mis subordinados. Y tú ingresaste hace un par de semanas, por lo tanto parece que deberé domesticarte un poco—Se acercó a él a paso ligero con sus ojos fijos en los amarronados que nunca le ahuyentaron la mirada. Todomatsu se sintió orgulloso de su hermano al no dejarse atemorizar, pero la angustia parecía opacar ese reconocimiento del momento.

—No te tengo miedo—susurró Osomatsu cuando estuvo cara a cara con ese hombre. No temblaba ni sudaba y Totty tuvo que llevarse una mano al pecho por la tensión del ambiente.

—Deberías.

Y el rodillazo que le dio justo en el estómago también fue un dolor para el menor que seguía observando todo en silencio. Estaba en shock luego de haber presenciado algo como eso.

Pero la parálisis se fue de inmediato para dejar paso a la ira ¡¿Cómo se atrevía ese maldito a golpear a su hermano?! Apretó los puños, se mordió el labio inferior y empezó a temblar de impotencia. No podía meterse, no en ese instante, porque eran muchos. Los matarían a ambos sin dudarlo.

—¿Ya te quedo claro, Osomatsu?—Que lo llamara por su nombre en ese tono de voz burlón le causó un revoltijo en el estómago a Totty. Y casi sintió ganas de vomitar cuando vio como el supuesto líder jalaba esos suaves cabellos para dejar su rostro expuesto ante él—Quien manda aquí… soy yo. No te atrevas a seguir con tus jueguitos estúpidos o juro que te arrepentirás de la peor manera. Sabes que soy capaz de dañar a cualquiera que sea cercano a ti—amenazó, sonriéndole. Todomatsu gruñó y estuvo a punto de meterse en la escena cuando las palabras de su hermano lo detuvieron.

—Y-Ya te… nh, ya te he d-dicho que… no tengo f-familia—recordó antes de que su cabeza fuera liberada. Se encogió en sí mismo y pareció buscar aire, aprovechando que ya no le veían el rostro para hacer una mueca de dolor. El rodillazo de seguro le dejaría un gran hematoma.

—Espero que sea así, Matsuno. Porque si llegas a tener algún hermanito o linda hermanita… no tendremos piedad. Ahora quédate recuperando tus pulmones y te quiero ver mañana a la hora de siempre. Usaré tu dinero con algunas chicas de la zona love y lo que sobre lo gastaré en bebidas para los demás~ Vámonos—ordenó a los otros que no tardaron en seguirlo.

Todomatsu esperó que estuvieran lo suficientemente lejos como para salir de su escondite y caminar hacia el mayor que se abrazaba con más notoriedad a su estómago. Por poco parecía estar conteniendo las ganas de vomitar. Se posicionó delante de él, mirándolo con reproche pero a la vez lástima.

—¿Estás bien, nii-san?—preguntó, agachándose para tomar uno de sus brazos con la intención de ayudarlo a ponerse de pie.

—¿Q-Qué? ¿Totty? ¿Q-Qué agh demonios haces a-aquí?—Le costaba mucho hablar, no obstante jamás iba a permitir que su hermano menor lo descubriera derrotado. El contrario continuó tironeándolo hasta que se aseguró Osomatsu podía mantenerse parado por su cuenta.

—Me enviaron a buscarte. Pensamos que te habías quedado absorto en el pachinko… pero ya vi que no—soltó. Prefería ir al grano a andar con cosas innecesarias. Ni siquiera esperó a que le respondiera que siguió hablando—. Estás en una pandilla, ¿desde cuándo? Lo vi y escuché todo, así que no te atrevas a mentirme o lo pasarás muy mal—advirtió, agudizando la mirada. El mayor permaneció inexpresivo para después sonreír, empezando a negar lentamente con la cabeza.

—Todomatsu… no deberías involucrarte en mis asuntos.

—¡Si les dijiste que hasta eras hijo único, idiota!

Apenas finalizó ese grito, los ojos de Osomatsu lo observaron con severidad.

—Con más razón no te involucres, si ni siquiera existes para mí.

Tenía tantas ganas de darle vuelta la cara de una cachetada, pero no era buena idea. Ya había tenido su golpe de la noche.

—Tú… no puedo creer que estés metido en algo así. Se lo diré a los demás apenas regresemos a casa—juró, dándose vuelta para irse con o sin él, pero nunca pudo dar un paso que su hermano lo atrapó por la muñeca con fuerza—. ¡Espera…! ¡¿Qué demo-…?!—Se quedo sin voz al ver la expresión en su rostro. No lo reconocía.

—No vas a decir nada a los demás, Todomatsu, ¿entendido? No me hagas enojar.

—O-Osomatsu-niisan...—musitó para después zafarse de su agarre molesto—¡¿Entonces vas a seguir con esta estupidez?! ¡Es peligroso, sobre todo para un idiota como tú!

—¿Y tú desde cuándo te preocupas por lo que le pase a alguno de nosotros?

Desde que te amo.

Pero no podía decirle. Jamás.

Permanecieron en silencio y el mayor sonrió.

—Eso pensé. Ahora espera a que me cambie y volvamos a casa.

Tuvo que obedecer.

Todo el camino transcurrió en absoluto silencio. Osomatsu parecía ignorar cualquier mirada que el menor le dirigía y éste tampoco mencionó nada, aunque las ganas de hacerlo no le faltaban. No podía dejar de preguntarse por qué demonios su hermano estaba metido en algo tan estúpido como lo era una pandilla, aparte de peligroso. Sobre todo si el líder era tan desgraciado. Tendría que buscar alguna manera para enterarse de cómo iría evolucionando ese hematoma que seguramente aparecería en el estómago del primero en poco tiempo.

—¡Al fin llegan! ¡¿Dónde estaban?!—Choromatsu había salido a recibirlos junto a Karamatsu, que los observaron de arriba a abajo.

—No seas tan ruidoso a estas horas, Pajamatsu. Algunos ya están durmiendo—comentó despreocupado Osomatsu pasando a su lado como si nada.

—¡Y nosotros deberíamos estar cenando! Pero no lo estamos haciendo porque un idiota se retrasó en el pachinko—Siguió regañándolo al seguirlo. Todomatsu se les quedó mirando y solo logró salir de ese trance cuando el segundo lo llamó.

—¿Eh?

—Hay que entrar, Totty—dijo, esperando a que pasara antes que él. El menor se dio cuenta de que estaba empezando a actuar extraño, así que le sonrió y decidió pasar al hogar como los demás por ahora.

A partir de esa noche, no pudo permanecer tranquilo. Observaba siempre al más grande, todos sus movimientos, se fijaba a donde iba y descubrió pronto que siempre tenía alguna excusa para marcharse. Jugar béisbol con Jyushimatsu, pescar con Karamatsu, incluso una vez dijo que iría a comprarle algunos paquetes de sardinas a Ichimatsu porque éste lo había golpeado al descubrir que le faltaban tres de los que escondía. Ninguno de sus hermanos sospechó nada y lo peor fue cuando se percató de que a diferencia de cuando Osomatsu le robaba/pedía dinero para gastarlo, esta vez no lo hizo. Tampoco con el de Choromatsu.

Entonces tenía su propio dinero a pesar de que no trabajaba,al menos no en algo digno. No pudo evitar recordar que la noche en que lo descubrió estaba discutiendo por eso con su líder.

Quizás su hermano robaba. Incluso eso había dicho. Sintió un revoltijo en el estómago para nada agradable.

Una tarde en la que se quedó solo en su cuarto, decidió indagar más a fondo. Esperó a que Karamatsu cerrara la puerta detrás de sí al irse para levantarse y correr hacia donde el mayor de todos guardaba su ropa. Revolvió los buzos rojos, sus pantalones y hasta tocó su ropa interior maldiciéndose por sonrojarse. Que estúpido lo estaba volviendo ese amor por él, pero dejó de lado esos pensamientos al encontrar lo que buscaba. Esa camisa roja, ese chaleco de cuero y unos jeans bastante maltratados. Estaba limpia, cosa que lo extrañó. No creía que su madre estuviera enterada de esas prendas, sin embargo decidió no adentrarse más en eso y contó cuantos ejemplares tenía. Dos de cada uno. Torció los labios. Eso podía significar que cuando la llevara a lavar con alguien, tenía el otro puesto para no faltar a la pandilla. De nuevo tuvo esa maldita sensación en el estómago¿Desde cuándo el mayor era tan dedicado y ordenado en algo? Cerró el cajón luego de dejar todo como estaba y volvió a su lugar minutos antes de que Choromatsu regresara de su convención.

El tiempo pasaba y las actitudes de Osomatsu no cambiaban. Todo parecía estar normal, pero Totty sabía que no era así y por ello cadavez estaba peor. Algunas noches lo seguía, sin embargo el mayor siempre se las arreglaba para que le perdiera el rastro. No era tonto, de seguro sabía que estaba intentando meterse en su terreno. A la quinta o sexta noche con el mismo resultado decidió dejar de perseguirlo y simuló volver a la rutina, esperando que el otro se creyera que había olvidado todo.

Los minutos se convirtieron en horas, las horas en días y los días en semanas hasta que para Todomatsu todo se detuvo en el instante en que el segundo abrió la puerta de golpe todo agitado esa maldita tarde que ya se estaba convirtiendo en noche.

—¡O-Osomatsu está hospitalizado en grave estado!

Simplemente se paralizó. Ni siquiera fue capaz de levantar la mirada de su smartphone. Escuchó las exclamaciones y preguntas de los demás, su preocupación, su confusión y hasta maldiciones pero no podía oír sus propios pensamientos. A duras penas su cabeza logró registrar que habían llamado del hospital a sus padres y que ellos ya estaban allí, habiéndole avisado a Karamatsu para que les corriera la voz a ellos. Apretó los labios, mordió su lengua y tuvo ganas de aventar su celular contra algo.

¡Esos hijos de puta se habían atrevido a tocarlo! ¡Estaba tan enfadado!

—¡Todomatsu! ¡¿Qué esperas?!—Choromatsu lo apuró para que se levantara pues los cinco debían ir a verlo. Respiró profundo y poniéndose de pie se unió al grupo.

No tardaron mucho en llegar. Sus padres los recibieron en la puerta de la habitación en la que supuestamente se encontraba su hermano. Les informaron que estaba inconsciente, bastante herido y que unos peatones lo habían encontrado en el basurero de un callejón. Su madre estaba destrozada llorando en el pecho de su esposo, verla de ese modo le provocó una sensación de miedo y angustia a Todomatsu que temía ver como se encontraba el mayor en la habitación.

—Basurero…—repitió por lo bajo Karamatsu conteniendo los gruñidos. Totty le agradeció, porque de no haber hablado hubiera salido corriendo a partirle la cara a alguien. A esos.

—El médico nos ha dicho que está fuera de peligro, pero debe reposar mucho… y no deben hacer escándalo si entran a verlo—Terminó de explicar su padre antes de por fin, dejarlos pasar. Los cinco entraron en silencio, siendo el primero Karamatsu. Apenas se adentraron en el cuarto se sintió la tensión en el aire.

Ver a tu hermano mayor rodeado de cables, golpeado y con una mascarilla no era muy reconfortante.

—¿O-Osomatsu-niisan?—llamó el tercero antes de acercarse a él, viendo dolido sus heridas. Tenía raspones y un gran hematoma debajo del ojo derecho. No podía encontrar más simplemente porque las sabanas lo cubrían hasta el cuello. Y a decir verdad, no sabía si quería observar el resto de su cuerpo—¿P-Puedes oírme?

—Por supuesto que no, idiota. Está casi en coma, —La voz del cuarto pareció rasgar el pecho de todos los presentes, a excepción de uno. Jyushimatsu lo tomó de la manga de su buzo y lo observó con una sonrisa acompañada de ojos dolidos. Negó suave con la cabeza.

—Eso no se dice, Ichimatsu-niisan—Y tuvo que desviar la mirada y tragarse su dolor expresado en comentarios hirientes, porque romperse ante el menor era algo inaceptable.

Todos tuvieron su momento con él, le hablaron, lo observaron y trataron de buscar una respuesta a sus interrogantes a excepción de uno ¿Por qué su hermano había sufrido eso? ¿Quién había sido capaz de tal cosa? ¿Cuánto tardaría en regresar con ellos?

Las dudas los carcomían por dentro, mientras que Todomatsu estaba siendo consumido por la impotencia de saberlo todo y no poder hacer nada… por lo menos no en ese momento.

—Jyushimatsu-niisan, ¿no vas a practicar beisbol con Ichimatsu-niisan hoy?—Esa tarde ellos dos no se habían despegado del más grande. Solían cuidarlo juntos, aunque también podían alternarse, lo que no le permitía quedarse a solas con él.

—¡Pero nii-san no ha despertado todavía!—exclamó el quinto preocupado, a lo que Totty sonrió.

—No grites… y no, no lo ha hecho. Pero solo han pasado dos días y, ¿no crees que nii-san querría que jugaras al béisbol aunque no sea con él? Además, Ichimatsu-niisan ha estado con mala cara desde esto… distráelo un poco. Yo cuidaré de Osomatsu-niisan—prometió. Jyushimatsu pareció dudar, pero terminó accediendo.

—¡Volveré pronto! ¡Muscle, muscle!—Y se retiró sin más. Todomatsu suspiró.

Al fin podía estar a solas con él. No había más sentimiento de impotencia en el menor, en su lugar odio y deseos de venganza lo llenaban en su totalidad. Tomó las mantas que seguían cubriendo todo el cuerpo de su hermano y las retiró despacio para confirmar algo. Tenía la bata del hospital, sin embargo, atado a su tobillo, estaba ese pañuelo negro. Quizás las enfermeras pensaron que eso era algo que cargaba algún valor sentimental y por eso decidieron dejárselo.

—Valor sentimental… sí, claro—Se habló a sí mismo con sarcasmo antes de estirar su mano para retirarle despacio el pañuelo. Volvió a taparlo con las sabanas una vez hecho, ignorando todos sus vendajes y heridas para no enloquecer. También le preocupaba que Osomatsu no se hubiera despertado con esos movimientos—. Nii-san… me pregunto si puedes oírme—dijo, doblándose para llegar a sus piernas. Se arremangó el pantalón de la izquierda y ató el pañuelo alrededor de su tobillo, acomodándolo de una forma que no se percibiera lo tenía allí. Se enderezó nuevamente y observó a su hermano.

Estaba decidido. Tomaría su lugar en esa estúpida pandilla… fingiría ser él.

La venganza sería dulce y él la saborearía con ansias.

Tener la misma cara nunca fue una mayor ventaja.

Les agradecemos mucho por haber llegado hasta aquí,

esperamos que haya sido de su agrado,

nos leemos luego bye :D