Hola a todos!

No pensaba tener el capítulo tan pronto pero que haya tantos comentarios me ha animado. Me puse a escribir y todo ha sido pura inspiración. Por eso este es el capítulo más largo que he escrito nunca. ¡Con diferencia!

ADVERTENCIA: En este capítulo hay una escena de sexo entre dos hombres, si no te gusta... Mejor no leas este fic... ¿Para que engañarnos?, no será la única.

Quiero pedir perdón por alguna palabra que pueda sonar un poco más fuerte de lo que suelo escribir pero intentaré seguir cuidando mi vocabulario...

Debo reconocer que Coopbastian no ha sido idea mía. Hay un fic Klaine (maravilloso, por cierto, uno de los pocos en los que no quiero matar a Blaine) en el que la autora juntó a Sebastian y Cooper y... Bueno, los que me conocéis os podeis imaginar lo que pasó (casi como Sophie y su Samdyastian¿?).

Muchos Guest comentando!Me alegra muchísimo que comenteis, de verdad pero os pido algo... ¡Aunque sea un apodo! Así por lo menos saber cómo dirigirme a vosotros!

A los tres Guest y a Darrenatic, muchísimas gracias. Tendréis mucho Blam y mucho Coopbastian (¿Esa fue Frances?) y de verdad espero que os guste.

Muchas gracias a mi amadísima Sophie y mi querido Damian por sus comentarios (os respondo en privado pero os lo agradezco también publicamente). Creo que en las advertencias debería decir que si Sophie me da "cuerda" voy a volver loco a todo el mundo XD.

Recomiendo sus fics, porque son buenos. Por un lado tenemos Candles de Sophie. Klaine buenísimo (Blaine es un amor), de los mejores que he leído. Por otro, Compañeros de Habitación de Damian, Niff (con un poquito de perver XD) y también tiene un OS Blam y otro Niff

Ok, dejo de aburriros y paso a lo que realmente os interesa... ¡El capítulo!


CAPÍTULO 1: SAM EVANS

Un chico salía de un despacho. Iba vestido con pantalones rojos, cinturón oscuro, camisa a cuadros blancos y grises claros y zapatos negros sin calcetines. Llevaba el pelo extremadamente engominado y una sonrisa que parecía que nunca lo abandonaba.

– ¡Blaine! – El moreno se volvió al escuchar su nombre. Se movía con dificultad debido a que llevaba un montón de papeles. – ¿Acaso dejas de trabajar en algún momento? – El chico que hablaba le ayudó sujetando la mitad de los documentos que transportaba.

– Yo también me alegro de verte Sebastian. ¿Qué tal las vacaciones? – Dijo el ojimiel sarcásticamente.

– ¡Genial! Estuve en Hawaii con unos amigos. – Comentó el castaño.

– Lo sé, te vi en una página de cotilleos en Internet. – El más bajo sonrió.

– Tú podrías haber venido. – Comentó el ojiverde.

– No es mi ambiente.

– ¿No es tu ambiente? ¿Que parte de playa, chicos guapos sin camiseta y alcohol no es tu ambiente? – El más alto lo miró con el ceño fruncido.

No hubo respuesta porque ya la sabían, ambos rieron antes de entrar a la reunión que tenían. Anderson no era un chico al que le gustara tener ligues de una noche o emborracharse hasta perder el control en una fiesta. La playa sí le gustaba, pero prefería sitios tranquilos donde disfrutar del mar y no los típicos lugares llenos de turistas.

En la sala, Will Schuester, Emma Pillsbury, Kitty Wilde y los dos amigos estuvieron discutiendo durante horas. El actor Kurt Hummel dejaba la serie porque quería probar suerte en el cine y eso dejaba a la producción en una situación delicada. El personaje que él interpretaba era muy importante y todos sabían que buscarle un sustituto no sería fácil, los fans adoraban tanto al actor como a su personaje y que ellos aceptaran la marcha era complicado. Anderson había llegado con un personaje totalmente diferente y con una posible historia muy interesante. Smythe estaba ahí para escuchar lo que tenían pensado hacerle a su personaje, ya que su trama había estado muy ligada a la de Hummel.

– Son unas grandes ideas. Ahora sólo queda encontrar un actor para ese papel y para los que hemos creado. En total necesitamos dos chicos y tres chicas. Kitty, encárgate de anunciar las pruebas para dentro de tres días. Espero que sean rápidas para poder empezar el rodaje. – El mayor le pasó a la rubia unos papeles con las características de los personajes que los participantes del casting debían reunir.

La reunión se terminó y Sebastian se despidió de su amigo ya que había quedado con un chico. A Blaine eso no le sorprendía, su amigo era un ligón que salía cada noche con un chico diferente. A veces se preguntaba como podían ser amigos siendo tan diferentes, pero ese sería el gran misterio sin resolver.

Su primer encuentro fue casi mágico, dos años atrás. Era la primera escena de rodaje a la que asistía el moreno y el más alto era el único actor que intervenía en ella. Aparecía desnudo y se mostraba su transición de hombre a vampiro. Para el más bajo, era algo diferente a todo lo visto antes. Había tenido un novio y habían tenido relaciones, pero su ex no tenía ese cuerpo. Pensaba que ese tipo de chicos solo existían en el cine y en la televisión. Le costó dos segundos darse cuenta de que el castaño era un chico de televisión. Smythe realmente estaba nervioso, era su primer papel de importancia, era su primer desnudo frente a las cámaras y no conocía a nadie. Entonces, los ojos verdes y los miel se encontraron. Sonrieron instantáneamente y desparecieron los nervios de ambos. Nunca llegaron a entender qué pasó, ninguno estaba atraído por el otro, pero el sentimiento de serenidad que sintieron les ayudó mucho. Desde entonces eran inseparables, Batman y Robin, Sherlock y Watson.

Blaine salió con todos sus papeles de vuelta a su despacho. Cuando fue a girar por uno de los pasillos, chocó con alguien y todos los documentos cayeron al suelo desordenados.

– ¡Mierda! Lo siento mucho. Deja que te ayude. – Dijo el chico. El moreno levantó la vista y vio a Sam Evans... ¡Sam Evans!

El rubio era uno de los actores de moda de Estados Unidos. Había trabajado en una serie para adolescentes que había hecho un cambio del elenco tras la primera temporada. Él era una de las personas que se había quedado sin sitio en el cast. Nadie se lo explicaba pero así era la televisión. Sin embargo, Anderson tenía una historia con ese actor.

Hacía algo más de un año, Sebastian, Brittany y él habían ido a ver una obra de teatro. Evans participaba en el reparto, aunque no era principal. La primera imagen que el ojimiel tuvo del rubio fue una de él llorando. No sabía como lo había conseguido pero lo hizo llorar a él también. Esa tristeza consiguió traspasar su piel y se alojó en su corazón. Hasta que el ojiverde no sonrió, el moreno sintió como si fuera el fin del mundo.

Cuando la obra finalizó, Sebastian y Brittany le ofrecieron entrar a los camerinos. Ellos ya eran actores famosos y estaban seguros de que los dejarían pasar. Sin embargo, Blaine no quiso, le daba vergüenza. ¿Qué iba a decirle, "Hola, te conozco desde hace dos horas y ya estoy total y absolutamente enamorado de ti"? No tenía sentido.

Sin embargo, ahí estaba él. Frente a su amor platónico recogiendo unos estúpidos papeles que en ese momento no le importaban nada en absoluto. Aun no había conseguido olvidar aquel día y todos sus compañeros de trabajo lo sabían. Si alguien (sobre todo Sebastian) los descubría ahí sería algo malo, no le dejarían escapar. Intentarían ejercer de Celestinos. Cuando ya tenía la mayoría de papeles, los dos fueron a recoger el mismo y sus manos se tocaron. Ambos la apartaron rápidamente. El más bajo sintió una corriente eléctrica que recorrió todo su cuerpo.

– Ya los tengo todos. Me tengo que ir a ordenarlos. – Anderson tenía intención de salir huyendo de allí pero la mano de Sam lo detuvo.

– ¡Espera! Estoy buscando el lugar donde se realiza el casting de "Police Man". ¿Puedes ayudarme?

– ¡Sí! Tienes que ir a los estudios número dos, estos son los estudios uno. Aquí se realiza "Vampire". Tienes que salir por ahí y dirigirte hacia la derecha. Verás un número dos grande. Pregunta a la recepcionista que haya allí y ella te ayudará. Se llama July. – El ojimiel consiguió explicar.

– Muchas gracias y lo siento muchísimo, de verdad. Por cierto, me llamo Sam Evans. – El rubio levantó la mano y el otro la apretó a modo de saludo, aunque con algo de dificultad por los molestos documentos. Volvió a sentir esa electricidad, pero esta vez fue acompañada por un millón de mariposas que decidieron revolotear en su estómago, además de que sus piernas temblaban y sus manos comenzaron a sudar.

– No te preocupes. Soy Blaine Anderson. Será mejor que me vaya... Suerte con el casting

– Gracias. Y lo siento otra vez.

El moreno sólo pudo sonreírle de vuelta antes de seguir su camino. ¿Por qué se sentía un estúpido? Claro que lo sabía, porque se había comportado como uno. No lo podía creer, había estado con Sam Evans y de lo único que habían hablado era de los papeles y de donde estaban los estudios de "Police Man". Sinceramente, esperaba que no consiguiera el papel. No sería el primer actor o trabajador de esa serie con el que se cruzaba y para ser sincero, por su salud mental quería no volver a verlo nunca. No podía seguir así, debía encontrarse un novio cuanto antes.

Llegó a su pequeño despacho y dejó los papeles sobre la mesa antes de cerrar la puerta, aunque no con pestillo. En esa sala había una silla de oficina, dos sillas de madera y una estantería del mismo material llena de archivadores. El suelo de parqué estaba cubierto por una gran alfombra gris oscura y las paredes tenían un color gris perla. No era muy grande, pero era más de lo que tenía cuando llegó. Poco a poco había ascendido gracias a la confianza que Will Schuester había depositado en él.

Llevaba una hora ordenando los documentos cuando alguien llamó a la puerta. Supuso que sería Kitty por lo que pronunció un "adelante" sin volverse, así que no vio quien entraba.

– ¿Te han dicho alguna vez que estás muy sexy cuando trabajas?

Blaine dejó de moverse. No podía ser. Esa voz... Se volvió rápidamente para ver a Sam apoyado en el marco de la puerta con dos cafés en la mano.

– Medium Drip. Le pregunté a tu secretaria cual tomas. – El rubio le tendió uno de ellos.

– Gracias. No tenías que molestarte. Y no es mi secretaria. Ejerce de secretaria para todos, además de recepcionista, ayudante...

– ¿Aun estás solucionando el lío que yo he hecho? ¿Puedo ayudar? – El ojiverde interrumpió el discurso.

– No te preocupes. Yo me encargo de esto. Gracias por el café.

– ¿Me estás echando? – El más alto lo miró exagerando su tono ofendido.

– ¡No! Claro que no. Pero no tienes por qué ayudarme. – El moreno se puso nervioso. Evans se acercó a él.

– Quiero ayudarte. – Susurró Sam muy cerca del otro. Los nervios del ojimiel aumentaron.

– Esto... Vale... Las páginas están numeradas. Si quieres ordenarlas.

– ¿Numeradas? – El rubio parecía confuso.

– Sí, ya sabes. Uno, dos, tres...

– Claro... Sí, eso puedo hacerlo.

Blaine y Sam se pusieron a terminar con la labor de ordenar todos los papeles. Hablaban de temas triviales y el ojiverde bromeaba. En menos de una hora, terminaron con todo. El más alto se sentó en la silla que estaba tras el escritorio y el ojimiel se apoyó en la mesa, frente a él.

– Gracias por la ayuda. – El más bajo dijo sinceramente.

– Era lo mínimo que podía hacer. – Evans intervino.

– Será mejor que nos vayamos, ya he acabado por hoy.

Sin embargo, Sam no lo dejó moverse. Agarró a Blaine del cinturón y lo atrajo hacia él. El movimiento fue tan inesperado que el moreno cayó sobre él. El rubio decidió aprovecharse de eso para besarlo.

El ojimiel estaba en shock, ni siquiera en sus sueños era capaz de besar a Evans. Pero todo pareció cobrar sentido cuando sintió los brazos del ojiverde abrazarlo y acomodarlo para que se sentara sobre sus piernas. En ese momento se permitió acompañar el beso. El más alto acarició suavemente los labios del otro, primero con los suyos y luego con su lengua. Anderson suspiró en la boca del otro antes de abrir la suya. Sus lenguas se encontraron por primera vez. Un escalofrío de placer recorrió el cuerpo del más bajo. No podía creerse que esa situación se estuviera produciendo.

Sam comenzó a desabrochar los botones de la camisa de Blaine. El moreno se tensó un poco, no era un "chico fácil" que se acostara con el primero que aparecía.

– Tranquilo. Si no quieres, no haremos nada. – El rubio lo miró a los ojos.

La poca cordura que quedaba en Anderson desapareció. ¿Qué más le daba lo que pensara Evans? Ese sería su pequeño secreto, un rato de pasión con el hombre con el que había fantaseado. ¿Cuántas personas podían decir que habían estado con su amor platónico?

El ojimiel le quitó la camiseta al más alto y lo volvió a besar. El ojiverde le terminó de quitar la camisa y ambos pegaron sus pechos desnudos. Sam comenzó a besar el cuello del más bajo y éste emitió un gemido. Blaine se levantó para poder acomodarse mejor. Sin embargo, Evans decidió aprovechar para soltar el cinturón y los botones del pantalón del moreno.

– ¿Tienes protección? – Quiso saber el más bajo.

– ¿Qué? No, yo no... ¿Tú?

Anderson negó con la cabeza. Ambos respiraban agitadamente.

– Dame cinco minutos. – El moreno salió de allí abrochándose los botones del pantalón y dejando totalmente confundido al ojiverde. El más bajo sabía que casi todo el mundo se abría ido y él no temía que lo vieran sin camiseta. No sería la primera vez.

– ¡Kitty! Menos mal que te encuentro. – Exclamó Blaine al salir de su despacho y ver a la chica sentada en su mesa.

– Ni hablar Anderson. Acabo de recoger todo, he acabado mi jornada laboral y ahora me voy a disfrutar de mi vida. Tú deberías probarlo... ¿Por qué estás sin camisa y con el cinturón suelto? Hace un rato entró un chico... ¡No me jodas! – La rubia abrió los ojos ampliamente y se tapó la boca. Jamás se abría imaginado pillar al chico en esa situación.

– A ti precisamente no pienso joder...

– ¡Blaine! ¿Desde cuando hablas así? ¿Desde cuando tienes sexo en la oficina? ¿Eres un extraterrestre que ha abducido el cuerpo de un incauto y virginal joven? – La chica sonreía. Al final, él era su amigo y se merecía avanzar en su vida amorosa.

– El problema es que no esperaba encontrarme en esta situación y él tampoco y no tenemos...

– No te preocupes, yo me encargo. – La rubia lo interrumpió.

Wilde abrió su bolso y sacó de su interior un bote pequeño de lubricante y seis preservativos.

– ¿Qué? ¿Por qué...? – Su amiga volvió a no dejarle hablar.

– No preguntes. Sólo disfrútalo... Considéralo mi regalo de cumpleaños anticipado.

– Gracias. Eres la mejor. – El joven besó la mejilla de su amiga.

– ¡Pienso decírselo a Brittany y Sebastian! ¡Portate muy mal y no hagas nada que yo no haría! ¡O haz todo lo que yo haría!

La secretaria salió de allí con una sonrisa en la cara y meneando sus caderas seductoramente.

– Ya estoy aquí. – Blaine entró al despacho, cerró la puerta con llave y le mostró a Sam lo que su amiga le había dado.

– Perfecto. Ahora podemos divertirnos un rato. – El rubio exclamó mientras su amante cerraba la puerta.

El más alto se levantó de la silla y abrazó al moreno por la espalda mientras éste dejaba las cosas sobre la mesa. Evans comenzó a dejar besos por el hombro y la nuca a la vez que acariciaba el pecho y el vientre de su acompañante.

– Eres tan sexy. – El ojiverde susurró en el oído del más bajo, que gimió al sentir el cálido aliento del otro. – Quítate los zapatos.

Sin siquiera agacharse, el más bajo se quitó el calzado con la ayuda de sus pies. Sam soltó los botones del pantalón y metió su mano por dentro de los calzoncillos. Sujetó con firmeza el miembro del ojimiel y comenzó a masturbarlo.

Después de un rato así, el actor bajó los pantalones y el calzoncillo de su amante mientras se agachaba y los retiró por completo. Antes de levantarse de nuevo, mordió y besó una de las nalgas de Anderson.

– Ven. – El rubio agarró la mano del otro y se acercó a la silla. Bajó sus pantalones y su ropa interior antes de sentarse y dirigir al moreno para que se sentara sobre él, con una pierna a cada lado suyo.

Blaine comenzó a prepararse introduciendo un dedo bien lubricado en su interior mientras se frotaba con el ojiverde que gemía por las sensaciones que le producían los movimientos del otro. Pronto un segundo y un tercer dedo acompañaron al primero.

Cuando estuvo listo, puso el preservativo y lubricante en el miembro de Sam, se levantó un poco para luego bajar introduciéndolo en su interior. Dejó de moverse para acostumbrarse a las nuevas sensaciones. Su gesto de incomodidad preocupó al ojiverde.

– ¿Eres virgen? – Preguntó el rubio alarmado.

– No, no... Es sólo que hace mucho que no tenía sexo. Dame un minuto.

El más alto recostó al moreno sobre su hombro y le acarició la espalda dulcemente. Durante un momento, se sintieron extraños. Era una conexión, un sentimiento de unión, algo indescriptible pero que jamás pasaba en las relaciones de una noche. Era algo más que sexo, o al menos, eso les pareció a ambos.

El ojimiel comenzó a moverse, arriba y abajo. El actor acompañaba a su amante moviendo las caderas al ritmo de sus embestidas. Ambos gemían por el placer que sentían, pero los sonidos eran amortiguados por la boca del otro. Anderson sentía que estaba en el cielo, eso era mejor que cualquiera de sus sueños e incluso podía decir que era el mejor sexo de su vida.

Blaine llegó al orgasmo primero, manchando con su semen el vientre de su amante y el suyo. Dos embestidas después, fue Evans el que alcanzó el éxtasis, dentro de su amante. El moreno se levantó y sacó unos pañuelos de un cajón de la mesa. Ambos se limpiaron sin decir nada y después se vistieron.

– ¡Son las ocho! ¿Queda alguien en las oficinas? – Quiso saber Sam.

– No creo.

– ¿Nos hemos quedado encerrados? – El rubio se asustó.

– Tranquilo, no es la primera vez que salgo tarde de la oficina.

El ojimiel levantó el teléfono de la oficina y marcó dos números.

Seguridad

– ¿Lewis? Soy Blaine. Me he quedado en el despacho pero tengo que salir ya. ¿Queda alguna puerta abierta?

No, pero puedo abrir la que da al parking si quieres. Por cierto, en el registro de entradas y salidas hay un visitante, Sam Evans, que no ha abandonado el edificio... ¿Está contigo?

– Sí, está conmigo. No te preocupes, salimos los dos ahora.

¡Me alegro tanto por ti! Ya era hora de que tuvieras novio. Dos años son suficientes para superar una mala relación. Supongo que ahora te veré menos por las noches... ¡O igual te veo todas si viene a visitarte a la oficina! Estoy tan feliz... Aunque tal vez deberías hablar con Schuester para que te ponga un sofá o algo más cómodo para vuestros encuentros.

– Lewis, te equivocas. No puedo hablar ahora, nos vemos en la salida.

Anderson colgó el teléfono y no pudo evitar sonreír. No sabía como pero se había ganado el cariño y el respeto de todos los que trabajaban allí.

– Nos espera en la salida al parking.

Los dos salieron de allí. Al principio caminaban separados pero poco después, el rubio agarró la mano del otro y ambos se sonrieron. Cuando llegaron a la salida, un hombre de unos cuarenta años estaba en la puerta.

– Que paséis buena noche, chicos... Blaine... ¿Puedo hablar contigo en privado? – El miembro de seguridad dijo.

– Claro. ¿Me esperas? – El más bajo le preguntó al ojiverde.

– Sí, no te preocupes.

Cuando los dos morenos se alejaron, el mayor habló.

– Es muy guapo, no me extraña que te haya enamorado.

– No somos pareja. Vino preguntando por un Casting que se hacía en los estudios dos, luego vino con un café y nada más. – Aclaró el ojimiel.

– ¿Sabes que los dos lleváis escrito en la frente "he tenido el mejor sexo de mi vida"?

– ¿Qué? – Anderson lo miró sorprendido.

– No te preocupes, me parece bien. Te mereces ser feliz.

– Solo ha sido sexo, no volveré a verlo más.

– Una pena. Nos vemos mañana.

– Hasta mañana.

Blaine volvió junto a Sam y ambos salieron al parking. Escucharon como el mayor cerraba otra vez la puerta. Siguieron caminando en silencio, pero su sorpresa fue que no era incómodo.

– ¿Has venido en coche? – Quiso saber el moreno.

– Sí, lo tengo aparcado en la calle, no podía entrar al parking sin acreditación. – Informó el rubio.

– En ese caso, nos tenemos que despedir aquí. – El ojimiel señaló su vehículo.

– Sí, cierto...

Ambos estaban nerviosos, ¿Cómo te despides de un chico con el que has tenido sexo? ¿Dos besos? ¿Uno? ¿Un apretón de manos? ¿Una palmada en el hombro?

– Ha sido un placer. – El más bajo rompió el silencio.

– ¡Ni que lo digas!

Los dos rieron. El ojiverde besó los labios del guionista una última vez.

– Adiós. – Dijo el más alto antes de caminar hacia la salida.

– Adiós.

Blaine se montó en su coche y, al encender la radio, Britney Spears cantó:

With the taste of your lips
I'm on a ride
You're toxic I'm slipping under
With a taste of the poison paradise
I'm addicted to you
Don't you know that you're toxic?

And I love what you do
Don't you know that you're toxic?

*Con el sabor de tus labios,
me dejo llevar,
tú eres tóxico, me estoy deslizando,
con el sabor del veneno del paraiso,
soy adicta a ti,
¿No sabes que eres tóxico?

Y me encanta lo que haces.
¿No sabes que eres tóxico?

El moreno no pudo evitar reír, esa canción reflejaba exactamente lo que sentía. No entendía que le había llevado a tener sexo con Sam, él no era así. Pero algo en él le había llevado a entregarse por completo. Podía haber parado cuando se dieron cuenta de que no tenían preservativos, pero no fue así. Buscó una solución para acostarse con él. Porque eso era lo que había deseado desde que se habían cruzado. Y lo había conseguido.


¿Qué pasará con Blam? ¿Sam es hetero, bi, gay? ¿Qué hará Kitty con la información que ha obtenido? ¿Cómo se tomará Sebastian la noticia de que su amigo ha tenido sexo? ¿Cuándo se volverán a ver (sí, es tontería negar que habrá segundo encuentro)? ¿Cómo reaccionarán?

* La traducción de la letra no es mía, la busqué en Internet, siento si hay algún fallo. La canción es Toxic de Britney Spears.

Si no entendéis algo o hay algún error, me lo decís que me encargaré de arreglarlo ;)

Espero vuestros comentarios y nos leemos pronto (no sé cuando, este fic va a ser libre totalmente).

Besos a todos