Disclaimer: Junjou Romantica es una obra creada por Shungiku Nakamura, yo solo utilizo los personajes para crear esta historia sin fines lucrativos, únicamente hacer un homenaje a su maravilloso trabajo.
Nowaki se sentó en una banca. El parque no estaba tan solo como había pensado en un primer momento, pero la gente pasaba de largo ocupada en sus propios asuntos, y al ser horario de clases, no había niños o jóvenes a esas horas. Miro atentamente el cielo y sintió las lágrimas en sus ojos, y hasta ese momento se permitió llorar. Aun a esas alturas quería seguir creyendo que todo era un mal sueño, una pésima broma planeada por Hiro-san, pero la parte inteligente de su cerebro, la que percibía con más crudeza la realidad, le decía que empezará a hacerse a la idea de que su relación se hallaba completamente destrozada, pero que le quedaba el consuelo de saber que él había hecho todo bien, y que la inminente ruptura no tenía nada que ver con él o las acciones que había cometido.
Su cuerpo tembló acompañado de un sollozo silencioso, sabía bien que no iba a poder hacerse a la idea de manera sencilla y que probablemente superar todo iba a ser la cosa más difícil que jamás haya hecho, pero lo iba a hacer, tenía que hacerlo. Esto no lo iba a detener.
Su celular empezó a sonar con fuerza, sacándolo por completo de sus pensamientos. Miro la pantalla con la idea de que era Hiroki tratando de hablar otra vez pero contuvo la respiración al darse cuenta de que era un numero inidentificable.
— Creo que ya no es necesario que continuemos en contacto —dijo fríamente al contestar.
— Me temo que si —Dijo la voz distorsionada al otro lado de la línea—, dime algo, Nowaki-kun ¿Te gustaría conocerme? Creo que esa podría ser mi paga a cambio de todo lo que he hecho por ti ¿No te parece?
— ¿Que gana usted con eso?
— Más de lo que te imaginas, Nowaki-kun. Búscame en el almacén veintitrés cercano al área industrial, el que está cerca de la autopista principal —Sin más, la llamada quedo finalizada.
Guardo su celular en la bolsa de su chamarra y se quedó sentado con la mirada perdida, ¿Debía ir o debía olvidarse de todo? Se levantó de la banca con la intención de ir al hospital, a la florería, o a cualquier otro lugar que le ayudara a no pensar en lo ocurrido, pero se detuvo al dar un par de pasos. Tenía un mal presentimiento, su sentido común le decía que no fuera, pero ¿Ahora que importaba? Su relación no podía estar más destruida, su vida no podía ser más infeliz. Corrió, tomo un taxi y fue directamente a donde se le había citado.
Misaki sintió frio, seguramente porque su sudadera era bastante delgada. No podía ver absolutamente nada y sentía que, lo que el suponía era tela, estaba demasiado apretada alrededor de su cabeza. Los brazos habían comenzado a dolerle al tenerlos atados detrás de la espalda, pero al menos había podido descansar la mandíbula del objeto que había tenido en la boca.
Escucho una puerta abrirse y cerrarse con fuerza, después pasos calmados acercándose a él. Tembló visiblemente al escuchar una risa calmada.
— ¿Cómo te sientes, Misaki-kun? —Pudo escuchar el sonido de tela rosándose, seguramente el hombre que le hablaba se había agachado.
— ¿Quién es? —Murmuro con la voz temblorosa.
— Ya te lo dije, soy tu informante —Misaki soltó un jadeo cuando sintió que le acariciaba suavemente una de sus mejillas—, eres realmente hermoso ¿Qué demonios pensaba ese escritor idiota al arriesgarse a perderte? De haber estado en su lugar jamás habría hecho algo para que te alejes de mí.
A Misaki no le causo alago el comentario, un desconocido que le tenía atado que le hablaba de esa manera era terrorífico.
— ¿Que quiere? Ya me mostro el engaño de Usagi-san.
— Te lo diré en su debido tiempo, pero por ahora relájate —Sentencio mientras le amordazaba nuevamente—, ahora vamos a ver a Nowaki-kun para terminar con mi plan.
Trataba de gritar y pataleaba pero había sido levantado sin dificultad del piso. Sintió el aire moviendo sus cabellos y el sonido lejano de movimiento de metal, sintió como era acomodado en una superficie mullida y el sonido de una puerta cerrándose, dándose cuenta de que era un auto o camioneta al escuchar el sonido del motor.
La tela que le enceguecía absorbió las lágrimas de miedo y la mordaza le impedía respirar bien, pues no podía ignorar la sensación de sentirse ahogado. Sintió un temblor recorrerle el cuerpo producto de los sollozos ahogados.
Akihiko entro apresurado al departamento.
— ¡Misaki! —Reviso la sala y la cocina, esperando poder encontrar a Misaki ahí. Con la respiración agitada corrió escaleras arriba y entro a su habitación. Las cosas estaban exactamente iguales a como las había dejado en la mañana. Fue inmediatamente a la habitación del universitario con la esperanza de que la puerta tuviera seguro y de que Misaki le gritara que lo dejara en paz, pero cuando abrió la puerta sintió una desesperación incontrolable. Reviso su ropero y los cajones, toda su ropa estaba ahí, sus libros e incluso el folder con el trabajo que había estado haciendo toda la semana. Se llevó las manos a la cabeza, ya era demasiado tarde y no tenía noticias de Misaki, aunque no esperaba que quisiera hablar con él, pensaba que al menos daría una explicación de donde estaba o algo así, pero no había nada, ni una llamada, ni un mensaje. Misaki no conocía a demasiadas personas con las que tuviera suficiente confianza como para quedarse en un hogar ajeno.
Salió de la habitación apoyándose contra la pared, tenía que averiguar dónde estaba, tenía que hablar con él. No quería perder a Misaki, no quería perder la única cosa maravillosa que había tenido en su vida. Se sentó en uno de los escalones y dejo que el arrepentimiento y auto-odio se apoderara de él.
Nowaki miro el exterior de la bodega, bien cuidada, sin ningún tipo de desperfecto. La ráfaga de aire que había en esa zona le revolvía el cabello, se dirigió a una puerta corrediza de color rojo y la abrió produciendo un fuerte sonido. El lugar estaba obscuro, camino lentamente, escucho una risa y después una luz blanca se encendió, como un reflector, iluminando una escena que le hizo retroceder un paso, atado a un poste se hallaba un muchacho de cabello negro, a simple vista se veía que estaba herido, sus ojos estaban vendados con una cinta blanca, con grandes manchas de sangre. Tenía la ropa rasgada, manchada de sangre, y marcas de rasguños en la parte expuesta de piel. Trago saliva con dificultad y corrió a donde estaba.
— ¿Estas bien? —Solo hubo silencio mientras quitaba la sucia venda de los ojos, estaban cerrados, ahora que podía verlo bien, era bastante joven, y tenía que decirlo, bastante lindo también. A pesar de las heridas y marcas en su cara, esta mostraba una expresión de mucha paz. Desato con dificultad sus manos y el muchacho cayó estrepitosamente en sus brazos. Con el corazón latiéndole a mil, lo acostó en el piso para revisarlo.
Limpio con la manga de su chamarra un poco de la sangre seca de su frente y sintió un escalofrió al sentir su piel helada. Rápidamente dirigió su mano hasta el cuello del muchacho mientras le llamaba insistentemente. Nada, no había ni la más mínima pulsación, ni respiración. Estaba muerto.
Escucho la misma risa que hizo que se le erizara el vello del cuerpo, otra luz se encendió. Una joven de cabello rojo, con una venda negra cubriéndole los ojos, colgaba atada de las muñecas, como si de un intento de crucifixión se tratara, de una de las barras del techo de la bodega, sin duda muerta, Nowaki supo por la posición de sus brazos que estos estaban dislocados, o bien, rotos.
Una última luz se encendió. Un hombre de cabello rubio, largo, se hallaba sentado sobre un enorme sillón de color musgo, llevaba puesto un antifaz de colores que le cubría la mayor parte de la cara; vestía un traje de color azul que contrastaba con su camisa blanca y corbata plateada. A sus pies un muchacho de cabello castaño se hallaba tirado; sus brazos y piernas se hallaban atados por cuerdas rojas, sus ojos estaban vendados con una tela blanca y estaba amordazado con una pelota roja atada con correas negras. Supo que no estaba inconsciente cuando noto sus fuertes movimientos, tratando de liberarse de sus ataduras.
— Bienvenido, Nowaki-kun —Dijo mientras cruzaba su pierna derecha sobre la izquierda. Nowaki siguió mirando a la persona que estaba amordazada en el piso hasta que reconoció la ropa que llevaba puesta.
— Misaki-kun —Dijo en un susurro que hizo eco por lo vacío de la bodega.
— Veo que lo reconociste —Se agacho para levantar a Misaki, jalándolo de las cuerdas que lo ataban, y obligándolo a que quedara de rodillas—, es hermoso ¿Verdad? —Le acaricio la barbilla, subiendo por su mejilla derecha.
— Déjelo —Su instinto de protección le hizo acercarse a él, sorpresivamente el informante se lo permitió.
— ¿Por qué? Puedes revisarlo, no tiene ninguna herida. No le he hecho daño, todo lo contrario, le he abierto los ojos a la verdad, le he ayudado a darse cuenta de la clase de personas que le rodeaban —Cuando Nowaki estuvo cerca no pudo evitar fruncir el ceño al no poder ver los ojos del hombre.
— ¿Entonces por qué lo tienes en esas condiciones? —Estaba a menos de dos metros de ellos—, comprendo que nos hallas dicho lo que paso en nuestras relaciones, pero no hay razón para que nos hallas traído aquí, para que lo tengas a el así.
— Yo creo que sí… solo estarán lejos de todo por un tiempo, para que se puedan recuperar —Nowaki miro la sonrisa que esbozo el informante—, para que puedan olvidar. Como ellos —Apunto a los cuerpos—, a ellos los traicionaron, y yo les ayude a sentirse mejor. Míralos, se ven tranquilos —Le quito la venda de los ojos a Misaki, quien al ver el cuerpo colgado del techo congelo sus movimientos y pareció no reaccionar a lo que ocurría a su alrededor—: ¿Por qué se asustan? Ellos ya no sufren, son felices ahora. Pero si crees que lo que estoy haciendo está mal, te lo puedes llevar. Tu eres el medico aquí después de todo.
Nowaki miro como se levantaba del sillón, caminando alrededor de él, cuando noto que se hallaba lo suficientemente alejado del castaño corrió hasta él y con movimientos rápidos deshizo el nudo en las cuerdas que mantenían atadas las piernas del castaño, quito después la pelota de la boca del castaño que había empezado a balbucear cosas de forma frenética.
— ¡Detrás de ti! —Fue lo único que alcanzo a escuchar antes de perder la conciencia, Misaki miro asustado el cuerpo de Nowaki tirado en el piso, con el golpe contra el suelo se había hecho una herida en el frente que había comenzado a sangrar abundantemente. Miro después al informante, quien sonreía parado a un lado suyo, volvió su mirada al médico.
— No te preocupes, las heridas en la cabeza siempre son muy escandalosas —Sintió un punzante dolor en el brazo y miro que le habían clavado una jeringa en el brazo, pronto sintió el cuerpo pesado y un mareo le invadió, poco a poco se dejó caer, sin darse cuenta de que se estaba manchando de la sangre de Nowaki—, tranquilo, pronto se sentirán mejor —Pudo ver borrosamente los zapatos negros antes de caer profundamente dormido.
Hiroki caminaba de un lado a otro en la sala del departamento. Había estado tratando de comunicarse con Nowaki pero este no contestaba las llamadas, ni sus mensajes. Había llamado al hospital, pero le habían dicho que tampoco estaba ahí, y eso era lo que más le preocupaba, sin importar los problemas que tuviera siempre iba al hospital, era su trabajo y por lo que había estudiado tanto tiempo.
— ¿Dónde estás Nowaki? —Se dijo a si mismo Hiroki alterado. Ya habían pasado más de veinticuatro horas y el tiempo seguía corriendo. Tomo su celular y le marco de nuevo, le dejo un mensaje de voz y le envió otro mensaje de texto, después de diez minutos su celular comenzó a sonar y con la esperanza de que fuera Nowaki contesto sin revisar.
— Hiroki —La voz de Akihiko sonó al otro lado de la línea, estuvo a punto de decirle que no tenía tiempo hasta que noto el tono preocupado de su voz—, Misaki no aparece, lo he estado buscando desde ayer.
— No eres el único que tienes problemas, Nowaki tampoco aparece desde ayer.
— ¿Tampoco? —Hubo un momento de silencio—, ese día iban juntos.
— No digas estupideces, Akihiko, Nowaki es incapaz de hacer algo así, además, en tu caso, Takahashi-kun puede estar con Takahiro ¿No? —La imagen que le llego con el comentario de su amigo de infancia le desagrado por completo.
— Imposible, Takahiro llamo en la mañana preguntando por él.
— ¿Qué le dijiste?
— Que se había quedado con uno de sus amigos y que aún no había regresado, pero volverá a llamar, lo conozco —Escucho un suspiro del escritor, seguramente estaba fumando. Escucho como el teléfono de la casa sonó al otro lado de la habitación.
— Te dejo, si se algo de Takahashi-kun te lo diré.
— Lo mismo con Nowaki-kun —Corto la llamada.
El castaño corrió al teléfono, dándose cuenta al llegar de que era un fax.
En cuanto este termino de imprimirse lo tomo y comenzó a leerlo. Al principio le pareció que era algo escrito por Nowaki, las mismas palabras tontas y vergonzosas que él solía usar, pero poco a poco se iba dando cuenta de que eso no había sido escrito por su Nowaki. La carta comenzaba a transformarse en una nota desagradable, una nota donde una persona le reprochaba lo que había hecho, preguntas que le herían, aclaraciones que le hacían ver de una manera más horrible lo que había hecho.
Arrugo la nota con fuerza y con los ojos llenos de lágrimas reviso el numero desde el que había sido enviado el mensaje y golpeo la mesa con odio cuando vio que decía que era un número irreconocible. Fuera quien fuera la persona que le había enviado esa carta, sabía dónde estaba Nowaki.
Misaki entre abrió sus ojos y sintió el cuerpo pesado. Trato de levantarse y se dio cuenta de que estaba atado contra los barrotes de una cama. Jalo con fuerza sus brazos con el propósito de zafarse de las cuerdas, pero solo logro hacer que sus muñecas se irritaran y que sintiera un ligero y molesto dolor; con la mirada, que delataba su miedo, observo el lugar donde estaba. Las paredes eran de color rojo y gris, la mayoría de los muebles eran blancos y negros en un estilo minimalista. La cama donde se encontraba era verdaderamente grande, con muchos cojines; giro la cabeza y miro la puerta cerrada. Se dio cuenta también de que le habían quitado su chamarra y zapatos, aun así no sentía frio. Volvió la mirada al techo tratando de recordar algo, pero a su memoria solo regresaban vagas imágenes de la misma habitación.
Se sobresaltó al escuchar ruidos fuertes fuera de la habitación; después miro sorprendido como la puerta se abría y entraba un hombre arrastrando una silla en la que iba atado Nowaki, podía ver como la herida de su frente había sido curada con pequeñas banditas blancas, cuando lo dejo frente a la cama, justo frente a él, se giró a verlo con una sonrisa, Misaki pudo ver su rostro por completo. El cabello le caía suavemente un poco más debajo de los hombros, y tenía un lunar un poco más abajo del pómulo derecho. Sus ojos eran de un profundo color azul y su sonrisa parecía ser la de una persona maravillosa.
— ¡Es tan pesado! —Dijo divertido, después se le acerco rodeando la cama—: ¿Cómo te sientes? No se suponía que despertaras aun, debo haberme equivocado en la dosis—Dijo mientras sacaba un pequeño frasco y una jeringa del bolsillo de su saco, llenándola con el contenido del recipiente. Misaki noto sus intenciones de inmediato.
— ¡No! Por favor, no—El rubio le puso la mano en la boca para silenciarlo.
— Shh, shh, tranquilo —Enterró con cuidado la aguja, atravesando la tela de su camisa hasta llegar a la piel de su brazo. Misaki siguió balbuceando cosas hasta que comenzó a quedarse quieto y con los ojos cerrados—, duerme pequeño, te aseguro que mañana todo estará mejor —Se agacho para poder besarlo en los labios y sonreírle a su rostro dormido.
Se acomodó el saco del traje y fue a donde estaba Nowaki. Reviso la herida en su cabeza y le revolvió el cabello cariñosamente, los miro a ambos por última vez y salió de la habitación, cerrando la puerta con llave.
Akihiko tiro la cajetilla de cigarros a la basura. Tres días, habían pasado tres días sin saber nada de Misaki.
Después de hablarlo con Hiroki habían llegado a la conclusión de dar parte a las autoridades. Había sido difícil, pues primero lo habían relacionado con la infidelidad, obviando las razones por las que sus parejas quisieran mantenerse alejados de ellos. Pero decidieron tomar cartas en el asunto cuando dejaron claro que no habían tomado ni su ropa, ni dinero, ni mucho menos documentos personales, sin los cuales les sería imposible viajar libremente dentro o fuera del país.
Se tiro contra el sillón, tratando de relajar su mente, Takahiro llegaría esa tarde para hablar con él. Ya le había dicho que Misaki estaba desaparecido y lo peor apenas venia, iba a tener que decirle de su relación con él y como el mismo la había arruinado.
El timbre del departamento sonó insistentemente y él supo que era Takahiro. Se puso en pie y se acomodó su playera dando un largo y pesado suspiro, camino hasta la puerta y apenas la abrió Takahiro se abrió paso alterado, seguido de Aikawa y Manami.
— ¡Usagi! ¡¿Cómo pudo pasar esto?! —La preocupación de Takahiro era palpable, miraba de un lado a otro como si de repente su hermano menor fuera a aparecer de repente.
— Takahiro, escúcheme. Lo que vas a escuchar ahora no te va a gustar —Dijo obligando a Takahiro a sentarse, empujándolo de los hombros, Takahiro lo miro sin tranquilizarse, pronto Manami se sentó a su lado, tomando su mano. Aikawa se quedo sentada en una silla cercana a la barra de la cocina, ella ya conocía la historia, no en vano tenía una amistad de tantos años, amistad que ya no estaba tan segura el escritor mereciera —, amo a tu hermano. Amo a Misaki como jamás creí que amaría a alguien, él me ha dado tantas alegrías y momentos inolvidables que no sabría decirte cual es el más maravilloso de todos —Takahiro le miro sorprendido—, pero yo no he podido corresponder todo lo que me ha dado —Aikawa lo miro severamente.
— Yo… yo no entiendo, pero si tu amas a mi hermano…
— Takahiro —Callo sus palabras aumentando su tono de voz —, yo traicione el amor de Misaki. Misaki desapareció después de descubrir que yo lo engañaba —No pudo seguir hablando, Takahiro había estampado su puño contra su barbilla. De pronto todo era un caos en la sala, Takahiro se había lanzado contra él y Aikawa y Manami le trataban de separar del escritor, quien parecía no tener intención de defenderse de los ataques.
— ¡¿Cómo puedes decir que amas a mi hermano?! ¡¿Cómo te atreves a decirlo después de aceptar que le hiciste esto?! —Manami alcanzo a frenarlo jalándolo de la manga de su saco—: ¡Puse mi confianza en ti, Usagi! ¡Te deje un pedazo de mi vida! ¡¿Y es así como correspondes?! —Usagi no se levantó en ningún momento, podía sentir la sangre en su boca y la que se deslizaba por su barbilla, además de un punzante dolor en la sien izquierda.
— Tranquilízate. Por favor, Takahiro —Manami alzo la voz —, lo importante ahora es enfocarnos en encontrar a Misaki.
— Lo sé. Y cuando lo encontremos lo sacaré de esta casa y vendrá con nosotros —Tomo aire, alejándose del escritor—, nunca lo volver a dejar contigo, Akihiko. Nunca permitiré que le vuelvas a hacer daño.
Tomo de la mano a Manami y con pasos fuertes salió del departamento, azotando la puerta al salir. Aikawa ayudo a Usagi a levantarse, sin dejar de mirarlo duramente.
— Takahiro-san tiene razón. No creo que Misaki-kun quiera volver aquí… en todo caso, usted debería ser feliz si Misaki-kun lo perdona —El escritor la miro tristemente, y se dejó caer pesadamente en el sillón—, todas las acciones tienen consecuencias, sensei.
Nowaki despertó con un fuerte dolor de cabeza. Sentía su cuerpo pesado y ligeramente adormecido; abrió lentamente los ojos y miro que estaba acostado a un lado del muchacho castaño, Misaki, si su memoria no fallaba. Le sacudió suavemente del hombro, llamándolo por su nombre hasta que este pareció comenzar a recobrar la conciencia.
— Vamos, despierta —Susurro suavemente. Miro sus enormes ojos verdes y le sonrió para transmitirle confianza—: ¿Te sientes bien?
— Me duele la cabeza —Dijo en un hilo de voz debido a que aún se hallaba adormecido. Nowaki apenas se levantó sintió un fuerte mareo por el que tuvo que sostenerse de la horilla de la cama. Camino hasta una de las puertas y la abrió, era un baño, camino hasta la otra y trato de abrirla, pero esta estaba cerrada—, esta no era la habitación en donde estábamos antes.
— ¿A qué te refieres?
— Estábamos en otra habitación, más pequeña. Tú estabas atado a una silla y yo estaba atado a una cama —Dijo mientras miraba sus muñecas, con marcas rojas visibles aun—: ¿Cuánto tiempo tenemos aquí?
— No lo sé. No hay relojes ni calendarios —Nowaki siguió tratando de destrabar la puerta, jalándola del pomo con fuerza, se dio por vencido cuando comenzó a dolerle la mano, se giró y miro a Misaki, quien seguía quieto sentado en la horilla de la cama —, tranquilo —Dijo mientras se acercaba y se agachaba frente a el—, saldremos de aquí, por lo que debemos preocuparnos ahora es de que el no trate de hacernos dormir otra vez, o que trate de separarnos.
— Sera más difícil ahora que nos desato —Dijo con algo de optimismo.
— Así es —Le acaricio la cabeza—, estamos juntos en esto —Misaki le sonrió—, no me separare de ti, lo prometo.
— ¿Por qué?... ¿Por qué haces esto?
— ¿Hacer qué? —Dijo confundido.
— Ser tan… amable conmigo, es decir, Usa… Akihiko-san era el amante de tu pareja… era… mi profesor en la universidad —Dijo recordando la escena de ambos en la cama, se resistió a llorar de nuevo.
— Tú no tienes la culpa de lo que paso, mucho menos de las acciones que Usami-san haya realizado. Nosotros no tenemos por qué estar aquí.
— ¿Y ellos?
— ¿Eres una persona rencorosa? —Misaki negó con la cabeza—, entonces no digas esas cosas. Nadie merece pasar por lo que nosotros estamos pasando, pero sé que pronto saldremos de aquí, de una forma u otra.
La habitación obscura era únicamente iluminada por la pantalla de enorme proporciones que se hallaba empotrada contra la pared, el informante observaba con una sonrisa la imagen que se mostraba.
— Y comienza la historia de amor entre dos personas traicionadas. Como siempre —Tomo un copa con agua y la bebió lentamente—, aférrate a él, Misaki-kun, aférrate a la única persona que te protegerá de mi —Sonrió enormemente fijando su vista en la avergonzada sonrisa del muchacho castaño.
¡Hola! Bueno, antes que nada les tengo que decir: Mil gracias por sus maravillosos comentarios, todos y cada uno de ellos me han hecho tan feliz. Incluso han hecho que se vengan más ideas geniales para esta historia. Les aseguro que no dejare este fanfic a medias, ahora que entre a la universidad probablemente tenga menos tiempo para actualizar, pero tengan por seguro que seguiré con este trabajo.
Como siempre, si tienen alguna duda con respecto a este capítulo, no duden en preguntar que yo siempre responderé. Hasta la próxima.
