Capítulo 1: Regreso a la rutina con Finnick

—¿Qué he hecho? Lo arruiné.

Pensó Nick quien había despertado hace unos momentos, mientras que su cuerpo aún descansaba en una humilde cama dentro de una fábrica abandonada, a la que él llamaba hogar. Había pasado más de 10 horas desde que él y Judy habían resuelto el caso; después de más de 48 horas de permanecer despierto, su cuerpo le pedía a gritos descansar, sin embargo, la discusión que tuvo con Judy lo mantenía afligido.

—¿Por qué fui tan rudo con ella? ¿Por qué me molestó tanto lo que dijo en la conferencia de prensa? Es cierto que habló de más, probablemente de los nervios sólo repitió lo que ella y yo oímos de la doctora que trató a los animales salvajes pero… ¿por qué me enfureció que hiciera sonar mal a los depredadores?

Nuevamente Nick recordó su mala experiencia con los Juniors Exploradores, como los otros animales rechazaron a Nick sólo por ser un zorro, lo humillado que se sintió al haberle puesto un bozal y las burlas por haberlo herido, aquella amarga experiencia que lo había marcado de por vida y que precisamente esos pensamientos fueron los mismos que detonaron en su cabeza al oír hablar tan negativamente acerca de los depredadores a Judy, esa sensación de sentirse traicionado por alguien en que confió.

—Creo que me deje llevar, no creí ser tan sensible… muy pocas personas saben eso de mi, le abrí mi corazón a esa torpe coneja y creo que sus torpes palabras me hirieron más de lo que me gustaría reconocer —el zorro siguió hablando para sí, intentando sentirse mejor, pero un aire pesimista lo rodeaba—. Pero en fin, eso ya no importa, la oficial Hopps salvó su empleo y yo recuperé la grabación con la que la misma oficial cola esponjosa me chantajeó ¡feh! creo que todos salimos ganando y podremos regresar a nuestras comunes y simples vidas, sin misterios sin resolver, sin chantajes, sin animales nudistas, sin amenazas de arrojarte al hielo, sin persecuciones, sin jaguares salvajes que quieran devorarnos, sin conejos torpes que salven mi vida… ¡rayos! ¿Desde cuándo me volví tan blando?

El zorro de pelaje anaranjado se seguía cuestionando más y más hasta que unos cuantos golpes provenientes de la puerta lo regresaron a la realidad.

—¡Oye polizón! ¿Ya despertaste? —dijo una voz grave y burlona detrás de la puerta.

—Adelante Finnick, está abierto, como siempre.

Inmediatamente entró a su habitación un pequeño zorro del desierto, Finnick, el apodo que usa Nick para referirse a él, pues nunca le ha querido revelar su verdadero nombre. Finnick es un socio de negocios de Nick, o más bien su compañero de estafa, es lo más cercano que tiene Nick a un amigo, aunque Finnick prefiere limitarse a referirse a él como socio, pero no parece que ninguno de los dos tenga problema en ello.

—Bien Sr. oficial de policía, sé que tuvo un día muy largo atrapando criminales, pero creo que después de un sueño reparador…

Finnick continuaba mofándose de Nick, generalmente es el zorro de pelaje naranja el que se burla del pequeño zorro, por eso Finnick no podía dejar pasar la oportunidad de fastidiarlo

—¡Debería regresar a trabajar con los chicos malos! —le gritó con mucha fuerza a las orejas de Nick.

Nick intentó inútilmente proteger sus oídos con sus dedos, después, ignorando los pensamientos que lo mortificaban, dibujó una cínica sonrisa para esconder todo rastro de tristeza y preocupación de su cara.

—Parece que alguien se levantó del lado equivocado de la cama ¿acaso mi hijito no pudo dormir bien porque papi no le dio su besito de las buenas noches? —le respondía divertido haciendo gestos de "besitos" con su hocico.

—Bien oficial, veo que ya se siente mejor… ¡Deja de hacer eso y escúchame! —Finnick gritó bastante enfurecido para que Nick dejara de jugar y le prestara atención—. Como te decía, ya es algo tarde, pero aún así, alístate. Vamos a ganar unos cuantos billetes hoy, desde que decidiste jugar a policías y ladrones no logre ganar mucho, ¡Así que mueve tu enorme cola y a trabajar!

—Bien —bostezó Nick— yo también te extrañe chiquitín ¿tienes alguna idea en mente? Creo que es algo tarde para vender Popsypatitas.

—No me mires a mí, tú eres el cerebro aquí. Cualquier cosa en la que no tenga que usar un disfraz ridículo, está bien para mí.

—Hum… bueno… —el zorro más alto colocó su pata derecha en la barbilla y se quedó pensando unos segundos—. Creo haber oído hace poco que hubo recorte de personal de empleados de limpia y me parece que un pobre recolector de basura con su pequeño hijo deben pedir un poco de ayuda para que ellos y su humilde familia puedan comer… dime ¿tu disfraz de rinoceronte está limpio?

—Te detesto —respondió molesto el pequeño zorro sabiendo que hoy no se salvaría de hacerse pasar por un niño que sueña con ser rinoceronte cuando crezca—. ¡Feh! Sí, ayer lo terminé de lavar; prepárate, te espero en la camioneta ¡No tardes o te quitaré esa estúpida sonrisa de la cara a palos!

Finnick estaba saliendo de la habitación, cuando volteó a ver a Nick antes de salir por la puerta.

—A propósito, ¿qué pasó con tu amiguita coneja?

—¿Q-qué dijiste? —la voz de Nick flaqueó por unos momentos.

—Dije, ¿qué pasó con la chica policía? Vi que ella salió en televisión resolviendo el caso y…

—¿Ah eso? —su voz ahora sonaba más calmada y con desinterés—. Sólo le ayuda a juntar unas pistas y eso fue todo. Te aseguro que jamás volveremos a verla.

Nick afirmó con un tono más serio, sintiendo que en realidad no volvería a reencontrarse con la policía novata.

—¿En serio? Que lastima, me agradaba esa chica.

La oreja izquierda de Nick se alzó por genuino interés.

—¿Po-por qué lo dices?

—Nah, no lo sé, simplemente me agradaba, era linda, honesta, bastante alegre, muy, muy ingenua… y cielos, esa cola esponjosa era tan… grrrrr daban ganas de comérsela a mordiscos ja, ja, ja… —dijo sin descaro, pese a lo impropio que sonaba para alguien que aparentaba ser tan joven.

Nick lo vio realmente sorprendido al oír las declaraciones de su socio.

—Y lo mejor de ella era, que aún a pesar de ser tan ingenua, fue la única capaz de ganarte en tu propio juego ¡Jajaja!

Finnick reía burlonamente al recordar como Judy fue capaz de jugarle una treta al maestro de la estafa, mientras salía carcajeado por la puerta de la habitación de Nick.

—Pero en serio, que pena. En fin, te espero en la camioneta, ex-polizón jaja.

El pequeño zorro aún reía desde afuera, mientras que Nick se quedó pensando no en las burlas de Finnick, sino en una coneja que no podía sacar de su cabeza.