-¿Lista mi amor?- preguntó mi chico de penetrantes y hermosos ojos azules.

-Jaja si... ¿Sabes? Me encanta cuando me dices mi amor. -le respondo sonriendo a Peeta que me espera fuera de la casa mientras tomo mis maletas y salgo.

-¡Te ayudo! Mi. Amor. - se acercó remarcando las palabras "Mi amor" y tomando las maletas. Cuando las tuvo en sus manos me dio un dulce beso.

-Te amo Katniss. Los amo. Al bebé y a ti. Y moriría si los perdiera. - por Dios... Suena tan serio que me deprime. No se lo demuestro, porque se que no es su intención, así que le doy otro beso e ignoro el comentario.

-Anda ya Peeta, que hay que decirle a Haymitch que no vamos a estar. Recuerda que la última vez que salimos a visitar a Annie y al pequeño Finnick, Haymitch se preocupó por nosotros y...

-No le dio de comer a los gansos y murieron tres. Recuerdo que se enteró cuando estaba borracho y les hizo un funeral... -me interrumpe Peeta riendo. Lo que pasó fue que sí, se murieron tres gansos, y tomo unas charolas como ataúdes y el genio las metió al horno mientras lloraba por su pérdida. La verdad es que recordarlo es ligeramente divertido, porque cuando lo acompañamos, hablaba con seres que solo el veía, y como estas criaturas supuestamente prendieron el horno, Haymitch lo apagó. ¡Cuando en realidad lo estaba prendiendo! Al querer sacar a sus preciados gansos, se dio cuenta de que estaban cocinados, así que después de seguir llorando por ellos, Haymitch subió a dormir, mientras Peeta preparaba los gansos, es decir, la cena. Cuando nuestro mentor bajó debido a su hambre, nos enseñó una canción que les había compuesto a Katniss, Gale y Peeta, que según entiendo era el nombre de los gansos, una canción que afortunadamente no recuerdo más. Esbozo una sonrisa al tener la imagen de Haymitch en medio de su tristeza, cantando, porque realmente, llorar y componer una "canción" por unos gansos muertos era algo estúpido, ¿No?

Antes de darme cuenta, ya estoy tocando la puerta de Haymitch, que se abre por sí sola. Entramos y encontramos a nuestro mentor dormido y muy borracho. Entre un desastre, claro; una botella en el suelo rota, otra en su mano, algo de licor y vomito regado... Seguramente pasó una muy mala noche. Tenía tiempo que no terminaba así, pero como nos estamos retrasando, le dejamos una nota y nos vamos.

Camino a la estación de trenes, me comienzan a temblar las piernas. Peeta me ve con cara como de ¿Qué pasa? y yo sonrío para indicarle que estoy bien. Para esconder la tristeza que siento al recordar que fue en el Capitolio donde se organizaron los juegos, donde casi pierdo a Peeta. Ese es el lugar al que vamos ahora, y gracias a todo lo que hemos vivido, no puedo evitar sentir una enorme repugnancia hacia él. Aunque la nueva presidenta esté haciendo un gran trabajo, lo odio. Lo odio con TODO mi ser.

Por alguna extraña razón, en el tren, mis pesadillas regresan, por lo que Peeta se ofrece a dormir conmigo de nuevo. No lo había hecho en el tren porque las camas son pequeñas, como para una persona. Supongo que era uno de los trenes que llevaba a los tributos. Esa idea hace que me ponga mal. Comienzo a sentirme mareada y encerrada, sin salida... Entonces oigo una voz diciendo que éste va a ser un día muy muy muy importante, y al salir de la habitación me encuentro en el círculo donde están los tributos antes de comenzar los juegos. Veo un bosque, agua, mucha agua, y comienza la cuenta regresiva. Al salir corriendo de mi plataforma me encuentro siendo perseguida por un muto como aquellos perros de los primeros juegos. Pero este era diferente; era rubio y de ojos azules. Esta vez tiene un collar con el número doce y gruñe lo que parece ser mi nombre.

-¡PEETA! - me despierto gritando y sentándome de golpe, lo que hace que me maree.

-¿Si preciosa? - responde mi amado esposo, adormilado, pero muy dulce y amable. Cuando volteo lo encuentro sentado junto a mí y acariciándome el pelo. Secándome las pocas lágrimas que corren por mis mejillas. ¿Lágrimas? ¿Cuándo comencé a llorar? Entonces recuerdo el pequeño sinsajo cantando la melodía de Rue en un árbol cerca de mi plataforma y los arbustos de las flores que le dieron nombre a Prim cerca de aquel árbol.

-Peeta, tengo miedo. -le confieso.

-¿Miedo de qué Katniss?

-De que tendremos que explicarle a nuestro hijo el por qué de las estatuas, de mis pesadillas... No quiero que conozca el mundo en el que vivíamos.

-Katniss, amor, lo va a tener que conocer... Ya no va a pasar nada.

-¿Y qué le voy a responder cuando me pregunte por qué murieron todas esas personas? ¿Que por mi culpa? - noto que estoy alzando la voz un poco.

-¡No Katniss! ¡Sabes que no es tu culpa! Ni tu creaste los juegos, ni tu iniciaste aquel levantamiento en el distrito ocho. Punto. - me responde también levantando la voz un poco. Me ha dejado sin habla. Una vez mas, tiene razón.

-Hay que arreglarnos. Ya estamos por llegar. -me dice Peeta más calmado.

Salgo de la cama y me acerco al cajón. Entonces saco un sencillo vestido rosa de botones muy parecido al de la cosecha, solo que con las mangas al codo. Me recojo el cabello y me pongo unos zapatos color piel. Cuando Peeta sale, lo veo con un pantalón de vestir negro, una camisa rosa sin fajar y su saco negro. Al ver que estamos del mismo color, soltamos una pequeña risita.

-Te amo. - me dice Peeta como para disculparse por levantar la voz.

-Yo también. -respondo con la misma intención.

Al acercarnos a la ventana, vemos lo mismo de antes: edificios grandes y majestuosos, pero un poco descuidados, los capitolinos se visten mas modestos, lo que hace que se vean mejor. Y vemos otra cosa; unas pancartas enormes que tienen escrito en ellas algo relacionado con unas elecciones para la presidencia de Panem. Es extraño, pero en nuestro "nuevo" sistema de gobierno, cada cierto tiempo elegimos al presidente o presidenta. Pero hay algo que no me deja tranquila. Que despierta en mí cierta preocupación. Continúo mirando por la ventana conforme seguimos avanzando y descubro que es lo que provoca esa sensación en mi: veo en una de las pantallas gigantes del Capitolio un anuncio de un candidato, al parecer. Aparece una mujer con labios rojos y el cabello rubio, con una rosa blanca adornando su peinado. Entonces debajo de ella aparece una leyenda en rojo que dice:

¡Estas elecciones vote por Felicity Snow!

Holaaa! Bien, aquí esta el segundo capitulo :) la verdad creo que no es muy bueno... Pero para mi es como un conector para el que sigue :) gracias por animarme a continuarlo! Nos leemos pronto! Un besote :*