¿A qué lugar podía llevarse a Katsu el día de la cita? ¿Cafetería Hoshino o cafetería Aaliya? Una tenía sofás y hacía esos deliciosos pasteles caseros redondos y tan esponjosos. La otra hacía la mejor tostada francesa que había probado en su vida.

Obito llevaba veinte minutos mirando fotos y leyendo reseñas, incapaz de decidirse.

Bueno. Aún quedaban días. Tenía cosas más interesantes que hacer.

En la computadora tecleó la página web de un centro de jardinería y navegó hasta la sección de plantas de interior. Dos plantas para el salón y otra para el balcón sería más que suficiente. Conocía a la persona perfecta para pedir opinión.

[11:03] Obito: "Zetsu"

[11:03] Obito: "Tronco de brasil o árbol de jade?"

[11:04] Obito: "No espera he visto otras mejores"

Acabó con una drácena bastante alta, otra igual pero con las hojas marrones y un bonsai de enebro.

[11:06] Obito: "Pero gracias"

Satisfecho con sus compras, pagó con tarjeta de crédito y cerró la web.

Bueno. Hora de limpiar.

Se puso ropa vieja y colocó sobre la barra de la cocina todas las botellas de productos de limpieza que tenía. Cambió las cortinas y sacudió la alfombra. La pared donde estaba el televisor se veía algo sosa. Luego iría a mirar cuadros para que se viera presentable.

¿Quedaría bien otro en su cuarto?

Que fueran dos cuadros.

Se prohibió mirar el teléfono hasta que no hubo terminado. Podía tachar otra tarea de su lista. En las notificaciones encontró mensajes de Deidara y Zetsu. Para prestarle toda su atención, leyó primero los mensajes de Zetsu.

[11:16] Zetsu: "¿Qué tramas Tobi?"

[13:38] Obito: "Sólo adecento un poco la casa"

Luego pasó a Katsu.

[12:04] Katsuart: "Mejor no miro mucho la foto que me mandaste anoche o me voy a poner duro otra vez"

Mordiéndose el labio inferior mientras sonreía, Obito envió su respuesta y fue a ponerse presentable.

[13:39] Obito: "Mejor no pienso mucho en ti poniéndote duro con mis fotos o me voy a poner duro otra vez"

Almorzaría en el centro comercial, ya lo tenía decidido. Se vistió con algo cómodo y casual, tomó las llaves del auto, su cartera y fue a llamar al ascensor.

[13:45] Zetsu: "Es por el bomboncito que te encontraste en Romeo & Romeo?"

[13:45] Zetsu: "Cualquiera diría que estás planeando tu boda"

[13:57] Obito: "Planeo que sea una cita perfecta"

El ascensor bajaba al garaje. Katsu había contestado también.

[13:47] Katsuart: "❤️"

[13:47] Katsuart: "Algún plan para hoy?"

[13:58] Obito: "Estoy a punto de ir al centro comercial"

[13:58] Obito: "Necesito comprar unas cosas"

[13:58] Obito: "Y tú?"

Ya montado en su auto y antes de arrancar, Obito revisó la lista mental otra vez. No quería olvidarse de nada. Posiblemente tuviera que llamar luego a Deidara para preguntarle sobre sus preferencias y no estar mucho tiempo parado delante de la estantería de los condones y así tendría una excusa para oír su voz.

[14:00] Katsuart: "Va a venir una amiga más tarde"

[14:00] Katsuart: "Pero no tenemos ningún plan fijo"

Debía reconocer que le daba algo de envidia toda esa gente que sí podía estar con él. Aunque se consoló pensando que pronto llegaría su turno.

[14:00] Obito: "Pásalo bien"

[14:00] Obito: "Una pregunta"

[14:00] Obito:"Puedo llamarte luego?"

Katsu, o Deidara, mejor modificar el nombre en su agenda, Obito se guardó el teléfono en el bolsillo interior de la chaqueta, metió la llave en el contacto y arrancó. Condujo hasta un centro comercial cercano donde pasó un buen rato en la galería de arte y mirando juegos de cama. Casi tres horas después ya se había decidido por un cuadro abstracto que le recordaba a muchas cuerdas de colores anudadas y otro de un halcón. La alfombra ya la pediría por internet.

Había llegado el momento de comprar los condones así que se dirigió a la enorme droguería que había en el piso inferior. Tomó las escaleras mecánicas y sacó su teléfono para releer los últimos mensajes que le había enviado y donde le decía que lo podía llamar si le decía por qué.

Nervios y emoción se mezclaban en su pecho cuando pensaba en oír su voz por primera vez. Mientras tomaba una cesta de la pila preguntó cómo sería. Tendría que calmarse para no tartamudear al teléfono.

Lo primero que metió en la cesta fue un paquete de papel de cocina, algo grande para tapar las vistas. Acto seguido se fue a buscar lo que le interesaba y que estaba junto a la estantería de las curitas. Como ya vio venir había demasiada variedad. Algunos parecían más bien cajas de caramelos o algo así. Tomó una caja de extra finos que aseguraban tener 0.01 milímetros de grosor y la echó a la cesta.

Mientras sacaba el teléfono se dio la vuelta, fingiendo estar interesado en los suplementos vitamínicos. El nudo en su garganta provocado por los nervios comenzaba a formarse, y Obito respiró hondo mientras buscaba a Deidara en la lista de contactos y pulsaba el botón de llamar.

Un tono.

Dos tonos.

En mitad del tercer tono, Deidara aceptó la llamada.

—Hola... ¿Katsu? —dijo Obito, sin poder soportar más la espera.

—Hola, Tobi —en sus oídos vibró una voz ronroneante y seductora.

El espejo de la columna le devolvía una expresión de felicidad contenida. Cualquier otro cliente que lo viera pensaría que se veía estúpido, pero estaba conociendo la voz de Deidara por primera vez, y era lo más sensual del mundo.

—¿Llamo en mal momento?

—Nah, estoy viendo anime con mis compañeros de piso y mi amiga. Un momento —Obito esperó. Oyó un silbido provocativo de alguien, risas y comentarios que no logró descifrar—. Ya está, salí al balcón, hm.

—¿Y esos silbidos? —bromeó—. ¿Son para nosotros?

Esa risa... Obito sonreía de oreja a oreja.

—Sí. No les hagas caso, se ponen pesados con estos temas.

Aunque aún le sonase extraño que un grupo de estudiantes estuviesen hablando de él de esa forma. Quería saber lo que estarían diciendo, y a la vez también quería no saberlo.

—Bien. Te llamé porque estoy en la droguería y necesito saber si tienes alguna preferencia en cuanto a condones y lubricante.

—Hm... No, en realidad. Sólo no me gustan esos con estrías y puntos.

—De acuerdo, estrías y puntos descartados —Obito comenzó a mirar los diferentes sabores disponibles, llamando su atención una caja con un osito comiendo pastel—... Hay demasiadas variedades. Cereza, banana, mandarinas... Hasta hay uno de pastel de nata. No sé qué elegir.

—Todas.

Obito echó al cesto una caja de cada. Excepto la del pastel porque le parecía demasiado raro.

—¿Te gusta el mango? —dijo, pasando a mirar los lubricantes.

—Me gusta tu mango.

Lo dijo de forma tan lasciva que Obito tuvo que abanicarse con la mano para que se le pasase el sonrojo.

—E-está bien. Me llevo ese —Y a la vez metió unos cuantos sabores frutales más. Y un par de aceites de masaje—. Mejor que no falte.

—Vamos a pasarnos el mes entero cogiendo para poder gastar todo eso, hm.

Obito temía que le fuera a dar una hemorragia nasal de un momento a otro.

—Estoy en público ahora —susurró, alejándose de la sección.

—Sí, ya lo sé.

Se apartó cuando una mujer con un carrito de bebé casi lo atropella por estar distraído. Se disculpó con ella mientras iba a la caja. Le iba a dar una terrible vergüenza que le vieran todo lo que llevaba cuando fuera a pagar.

—Un mes me parece perfecto. Está bien, gracias por tu opinión. Disfruta de tu anime.

—Hasta luego, ya me enseñarás lo que compraste.

Tras colgar dio unas cuantas vueltas más por los pasillos, a esperar que el sonrojo se le fuese. No era hora de pensar en Deidara ni en su sensual voz o se iba a quedar así durante horas. Dejó la mente en blanco y cuando el color de su cara volvió a la normalidad, se fue a la caja. No lo echó para atrás ni que justo detrás de él en la cola se hubiese colocado una anciana con su nieto. De llevar sólo una cosa, Obito no estaría ahora en esa situación. Iban a pensarse que estaba organizando una macro orgía.

Debió haber ido a diferentes tiendas, pero ya que estaba ahí no había forma de dar marcha atrás. Ya era su turno.

Valor, Obito.

Saludó al cajero y le pidió una bolsa, se concentró en guardar todo conforme pasaba por el escáner. Obito se recordó que era su trabajo, y que no debería ser asunto suyo lo que él decidiera comprar. ¿O debería haberse puesto aquella máscara que le hizo Zetsu para Halloween años atrás? Miró de reojo al cajero, que estaba ocupado atendiéndolo, su expresión indiferente y profesional. Se preguntó qué estaría pensando.

Le dijo una cantidad que no consiguió captar, tan nervioso como estaba por salir. Obito puso la tarjeta de crédito en el lector, tecleó el pin y tras despedirse lo más cortésmente que pudo, se fue sin esperar por su ticket de compra.

Se sentía como si se hubiera quitado un peso de encima. Y también como que no fue para tanto. Pero ya era hora de dejar de pensar en si un cajero que no iba a volver a ver nunca más en su vida lo juzgaba o no. ¿Había comprado ya todo lo que necesitaba? Obito hizo memoria y llegó a la conclusión de que sí, por lo que tomó las escaleras mecánicas para volver al garaje, satisfecho con la forma en que había aprovechado el día.

Pero al llegar a la planta baja, algo lo distrajo. Era una tienda de regalos, cuya puerta estaba flanqueada por dos racimos de globos de helio con forma de corazón. En el escaparate, un letrero: "¡Ofertas de San Valentín!"

Cierto, san Valentín iba a ser unos días después de su cumpleaños. Pero él no tenía de qué preocuparse, era la chica quien regalaba al chico y ninguno de los dos era chica. Aunque tal vez lo que de verdad contaba era quién sería el regalado, en ese caso ambos deberían comprarse chocolates...

Obito sacudió la cabeza. Se habían conocido anteayer y ni se habían visto, no iban a ponerse a celebrar San Valentín. ¿Tal vez podrían organizar algo para el Día Blanco si la cita iba bien? Sonaba como una mejor idea. El concepto de San Valentín le pareció tan heterosexual que incluso lo irritaba, pero o único que podía hacer al respecto era resignarse.

Lo que sí iba a hacer era mirar las ofertas, puede que pudiera aprovecharse de alguna para la cita de cumpleaños. Algo que no fuera chocolate, al pasar descubrió que la mayoría de los regalos eran eso. Chocolates en forma de corazón de todos los tamaños y variedades. Un corro de unas ocho o nueve chicas examinaba los artículos. Y luego estaba él.

En la estantería de la decoración, una bolsita con pétalos de rosa de tela llamó su atención. Aquello sí podía servirle. Era una tontería, y no estaba seguro si un detalle a agregar en una primera cita, pero era su cumpleaños. Se iba a dar ese capricho.

Salió de la tienda con los pétalos y una set de regalo que consistía en una botella de champán y una caja de pockys edición limitada. Eso tampoco lo pudo resistir. Obito se estaba dando demasiados caprichos, pero normalmente era un hombre que se daba demasiado pocos y tenía que compensar. De pronto quería consentirse. A él y a Deidara.

Obito dejó todas las compras en el maletero y pasó al asiento del conductor. Tenía un mensaje de Deidara.

[18:29] Deidara: "Mmmm~"

[18:29] Deidara: "Esa voz ❤️❤️❤️❤️"

Así que le había gustado. Una sonrisa boba aparecía en su cara con cada mensaje nuevo del chico. No seguro del todo, Obito tomó aire y presionó el icoco del mensaje de audio.

—Tu voz también es encantadora. Y sabes, Katsu —su tono se convirtió en un sugerente susurro—... Me estaba preguntando como se escucharía cuando estés debajo de mí gimiendo como loco.

Lo envió, algo preocupado por si Deidara lo abría delante de sus compañeros de piso. Si ya le daba vergüenza que él lo oyera en diferido, mucho más que tuviera una audiencia.

[18:42] Obito: "Escúchalo cuando estés a solas"

Así mejor. O tal vez faltaba algo.

[18:42] Obito: "❤️"

Perfecto.

Esa noche se durmió pensando en aquella voz.


[20:18] Deidara: "Hay un dato muy importante que aún no me has dicho"

[20:18] Deidara: "Es sobre la medida aproximada"

[20:19] Deidara: "Te la has medido ya?"

Deidara no sabía como pasar el rato ya. No quería desperdiciar batería en jugar a algún videojuego y ya estaba harto de hacer los sudokus de los cuadernos de crucigramas que llevaban ahí desde que se mudaron. Tenía todo el pecho cubierto de mascarilla exfoliante y debía esperar a que se secase antes de enjuagarla. Había decidido ir por zonas, primero la parte de delante y luego la de atrás, hasta donde alcanzase, ya que a la espalda no podía llegar bien. Luego se aplicaría una crema hidratante en todo el cuerpo y listo. No necesitaba ir a un spa para nada. El enema ya se lo haría mañana cuando todos estuvieran en clase, era una suerte. De lo contrario, habría habido quejas sobre la cantidad de tiempo que pasa encerrado en el baño.

Unos minutos después, Obito le había respondido con muchas caras de susto.

[20:23] Obito: "Eh"

[20:23] Obito: "No"

[20:23] Obito: "No lo he hecho"

[20:24] Obito: "Después de contactar contigo eliminé mi perfil de Romeo & Romeo"

[20:24] Obito: "Así que ya no hay necesidad de aclarar ese punto"

A Deidara se le había ido de la cabeza esos días, pero desde que lo recordó no podía dejar de darle vueltas. Tenía que saberlo.

[20:25] Deidara: "Cómo que no hay necesidad?"

[20:25] Deidara: "Quedamos mañana y yo aún no lo sé"

[20:25] Deidara: "No me vas a decir? :("

Veía a Obito escribit todo el rato, pero nada le llegó en un rato.

[20:27] Obito: "Acordamos que no nos mandaríamos ese tipo de fotos"

[20:27] Obito: "Como tú dices quedamos mañana"

[20:27] Obito:"No seas impaciente ^^u"

Como no tenía nada mejor que hacer, Deidara contraatacó.

[20:27] Deidara: "Vamoooos"

[20:27] Deidara: "No tienes ni que mandarme fotos"

[20:28] Deidara: "Sólo mídetela y me dices"

Una sensación a medio camino entre nervios y entusiasmo se había asentado en su cuerpo durante todo el día con tan sólo pensar en que iba a ver a Tobi por primera vez, y todo lo que iban a hacer. Sólo esperaba poder dormir bien esa noche, iba a necesitar energías. El tiempo especificado en el tubo de exfoliante se pasó, y Deidara se enjuagó en la bañera y se secó bien antes de embadurnar sus muslos de verde. Se iba a quedar con la piel más suave que un bebé.

Mientras se limpiaba las manos, leyó los mensajes de Obito en la vista previa. Caritas sonrojadas, muchas caritas sonrojadas.

[20:28] Obito: "Para eso debo estar erecto"

[20:29] Obito: "Y ahora no lo estoy"

[20:29] Obito: "Recuerda que no podemos tocarnos hoy"

En realidad, Deidara encontraba divertido tratar de convencerlo. Rió mientras tecleaba.

[20:29] Deidara: "Porfaaaaaaaaaaaaa :(((((("

[20:29] Deidara: "Mira mis fotos"

[20:29] Deidara: "❤️"

[20:30] Obito: "Si tanto la quieres saber lo haré"

[20:30] Obito: "Pero ahora mismo no puedo"

[20:31] Obito: "Tendrá que ser más tarde"

—¡Sí!

Misión cumplida. La curiosidad ya lo estaba matando. De haberle dicho que no, no habría podido dormir bien.

[20:31] Deidara: ":D :D"

[20:31] Deidara: "Qué estás haciendo ahora mismo?"

Mientras no respondía, Deidara se puso a contestar a otras personas. Tenía a Kurotsuchi en la otra ventana pidiéndole chismes y dándole consejos sobre la preparación para la cita.

[20:34] Obito: "Bueno"

[20:34] Obito: "Quiero causarte una buena impresión"

[20:34] Obito: "Tenía muchas cosas que hacer por casa"

[20:34] Deidara: "No te esmeres tanto"

[20:35] Deidara: "Deberías ver nuestro piso"

[20:35] Deidara: "Aunque podría estar peor"

[20:35] Deidara: "Sasori no tolera la suciedad"

[20:35] Deidara: "Pero está desordenado"

[20:36] Deidara: "Si viniéramos aquí a coger tendría que esconder todo debajo de la cama"

No se le quitaba la idea de la cabeza de llevar a Obito allí. Le ponía mucho la idea de que se lo cogiera en su cama y que los demás oyesen lo bien que se lo estaban pasando. Algo le decía que él no opinaba lo mismo, pero soñar era gratis. Deidara se acordó de la vecina de Obito. En su edificio, él era el vecino que molestaba a los demás.

[20:36] Deidara: "No pararíamos ni aunque vinieran los del resto de apartamentos a quejarse"

[20:37] Obito: "No me gustaría causar problemas a tus compañeros de piso"

[20:37] Obito: "Pero ya tengo material para más tarde"

[20:37] Deidara: "Ves? A ti también te pone"

[20:38] Obito: "Pero eso no significa que debamos hacerlo :)"

[20:38] Obito: "Por cierto"

[20:38] Obito: "Tú qué haces?"

Había llegado la hora de exfoliar la espalda. Por supuesto, Deidara comenzó por sus nalgas. Iba a tener que pasar un tiempo de pie.

[20:40] Deidara: "Me pongo guapo para ti ❤️"

[20:41] Obito: "Eso es imposible"

[20:41] Obito: "No se puede ser más hermoso de lo que ya lo eres"

[20:41] Deidara: "Jajaja"

[20:41] Deidara: "Mañana lo comprobarás"

Leer los mensajes de Obito hacía que su cuerpo se sintiera más cálido y con una sensación burbujeante.

[20:42] Obito: "Me vas a poner en una situación comprometida cuando te vea aparecer por la Hoshino mañana"

[20:42] Obito: "Si apareces tan guapo"

[20:42] Deidara: "Por eso necesitas una paja hoy"

[20:43] Deidara: "Otra razón más para hacerlo"

El flirteo en sus mensajes era una constante, Deidara no se cansaba nunca de aquel juego. Obito era aún un poco tímido a veces, otras educado y caballeroso, y cuando conseguía encenderlo y arrancarle un comentario subido de tono...

Deidara vivía para eso.

Cuando terminó de exfoliarse e hidratarse, acababan de dar las once. Obito llevaba un rato sin responder. No podía dejar de preguntarse qué era exactamente lo que estaba haciendo en la casa. Ya vestido con ropa cómoda y de vuelta en su cuarto, recibió un mensaje.

[23:06] Obito: "Lo siento"

[23:06] Obito: "Como mañana pedí el día libre"

[23:06] Obito: "Decidí adelantar un poco de trabajo"

[23:07] Obito: "Estoy viendo tus fotos ahora"

Pasar tanto tiempo ocupado en el tratamiento de belleza había hecho que le diese sueño. Pero esa última línea lo despertó de nuevo.

[23:07] Deidara: "Mmmm deja de pensar en el trabajo"

[23:07] Deidara: "Y qué tal lo otro? ❤️"

Esperó con impaciencia la respuesta mientras lo imaginaba en esa carpeta oculta, tocando su bulto mientras veía las fotos que le había mandado.

[23:08] Obito: "Me estoy imaginando ahí en tu apartamento"

[23:08] Obito: "Tus compañeros de piso me miran raro"

[23:09] Obito: "Saben a lo que voy"

Deidara se había encendido con eso último. Parecía que ninguno de los dos iba a poder cumplir lo que acordaron.

[23:09] Deidara: "Cuéntame más"

[23:09] Obito: "Me conduces hasta tu cuarto y cierras la puerta"

[23:10] Obito: "Me tiras a la cama y te sientas sobre mí"

[23:10] Obito: "Comienzas a quitarte la ropa"

[23:10] Obito: "Mientras me dejas tocar"

[23:10] Obito: "Me dejas besar cuanto quiera"

[23:11] Deidara: "Tenemos que hacer eso"

[23:11] Obito: "Y yo sólo quería ponerme caliente para poder medirme"

[23:11] Obito: "Imaginé de más"

Obito seguía escribiendo, Deidara sentía una urgente necesidad por seguir leyendo más de esa historia.

[23:12] Obito: "Pero tengo aquí la cinta métrica"

[23:12] Obito: "Y el veredicto es"

[23:13] Obito: "Que mañana estaré taladrando diecinueve centímetros de profundidad ese culito que tienes"

[23:13] Obito: "Espero que te sirva"

Deidara se mordió el labio inferior, sonriendo.

[23:13] Deidara: "Que si me sirve?"

[23:13] Deidara: "Sslkdjglaks"

[23:14] Deidara: "Ya estoy desnudo encima de ti"

[23:14] Deidara: "Y tengo mucha hambre"

[23:14] Deidara: "Se me antoja una verga de diecinueve centímetros"

No recibió más mensajes, pero el anterior aún resonaba en su cabeza. Cada vez más caliente, sacó su erección para masturbarse con tanta fuerza que la fricción le resultó un tanto molesta. Pero no paró.

Un minuto después, y cuando ya estaba a punto, recibió el icono de un arcoíris y aumentó la velocidad aún más. Saber que Obito acababa de correrse lo hizo acabar más rápido de lo acostumbrado.

[23:16] Obito: "No me llevó mucho"

[23:17] Obito: "Es mejor haber roto ese acuerdo"

[23:17] Obito: "Imagina que me besas mañana y me corro"

Tras limpiar todo, Deidara le mandó otro arcoíris. A veces Obito sonaba tierno cuando pretendía sonar más sensual.

[23:18] Deidara: "Me gustaría hacerte acabar en los pantalones"

[23:18] Deidara: "Pero me parece que exageras"

[23:18] Deidara: "Tobi"

[23:19] Obito: "Mañana ya no más arcoíris"

[23:19] Obito: "Mañana la acción es en directo"

[23:19] Obito: "Tengo que dormir"

[23:19] Obito: "Pero no se si podré"

[23:19] Obito: "Mierda"

[23:19] Obito: "..."

[23:20] Obito: "Necesito tanto verte en persona que es ridículo"

Para Deidara, ese anhelo por estar cuanto antes en brazos de alguien que no había visto antes también era algo inusual.

[23:20] Deidara: "Mañana a las dos"

[23:21] Deidara: "En la cafetería que me dijiste"

[23:21] Deidara: "Ya tengo la dirección apuntada"

Comenzó a dar golpecitos en el celular con el dedo. Se estaba poniendo más y más nervioso conforme pasaba el tiempo y no le gustaba. No lo sentía propio de él, pero tampoco podía evitarlo.

[23:22] Obito: "Bien"

[23:22] Obito: "Que descanses"

[23:22] Obito: "Un beso"

Deidara se lo devolvió en forma de iconos. Pronto ese beso sería real, y por eso al rozar sus labios, imaginó que era Obito.


Mientras se duchaba, Obito le daba vueltas a la cabeza pensando en temas de conversación para la cita. Si no salían los planes perfectos no se lo iba a perdonar nunca. Por chat no tenían problemas, pero temía que en persona esa química entre ellos no fluyera tan bien.

Era algo que solía ocurrir en esas primeras quedadas en persona tras conocerse por Internet, y Obito prefería resolver ese problema antes de que surgiese. Sólo por si acaso; porque no le solía pasar tampoco que se abriese así a alguien tan pronto. Prefería pensar que las posibilidades de que ese tema fuera bien no eran tan bajas, a pesar de pertenecer a mundos tan distintos.

Tras asegurarse que tenía bien limpios los bajos y la zona de detrás de las orejas, Obito salió de la ducha más nervioso de lo que había entrado. Para que luego dijeran que eran relajantes... ¿O eso eran los baños? Como fuera. Sentía que nada en ese momento podía ayudarlo a calmarse. No cuando la hora de la cita estaba tan cerca.

Con la toalla enrollada a la cintura y la parte inferior de la cara cubierta en espuma de afeitar, fue rasurando con cuidado la incipiente barba de un día. Su piel ardió al aplicar la loción unos minutos después. Justo lo que necesitaba para dejar en segundo plano el burbujeo que se extendía por todo su cuerpo a través de su torrente sanguíneo. Aunque el efecto no duró demasiado.

Nada más llegar a su cuarto, le envió un mensaje a Deidara.

[12:44] Obito: "¿Te estás arreglando?"

El boxer recién estrenado se ajustaba a la perfección a su cuerpo. Fue el que más suave le pareció al tacto, también el más caro. Obito pensó que la ocasión lo merecía, incluso si no iba a tenerlos puestos por mucho tiempo. Si todo iba bien.

Obito notó en ese momento que estaba sonriendo mientras imaginaba los escenarios que irían a suceder más tarde, cuando tuviera a Deidara apresado contra el colchón, revelando poco a poco lo que se escondía bajo la ropa que llevase puesta. O tal vez todo fuese deprisa, Obito no estaba seguro de como iba a suceder, ni de como lo prefería en sus fantasías. Estaba dispuesto a pasar por todo con aquel chico.

En cambio despacio...

Despacio hacía que le subiera la temperatura. Volvió a agradecer haberse descargado el día anterior.

Al menos el tema de la ropa ya lo tenía solucionado desde la noche, después de haber mandado fotos de todas las prendas de su armario a Zetsu para que lo ayudase a elegir. Como era su cumpleaños, no podía negarse.

Obito se corrigió nada más ponerse la camisa. No tenía el tema solucionado sino casi solucionado. A pesar de haber elegido una chaqueta más informal de las que solía llevar, se seguía viendo raro sin corbata, como si le faltara algo. Pero a la vez, con corbata se seguía viendo como si fuera al trabajo. Pasaba tanto tiempo vistiendo de acuerdo a los estándares laborales que ya había perdido la noción de esas cosas. Después de ponérsela y quitársela varias veces y cansado de no poder decidirse, optó por dejarla y pasar a otra cosa. Cuanto más se acercaba la hora de quedar, más consciente era Obito de la importancia de hacerlo bien. Más nervios sentía. Revisó la casa una vez más para asegurarse que la había limpiado bien, ordenó su cuarto, cambió las sábanas y esparció los pétalos de rosa por la cama. Sacó de la nevera las fresas y la nata sin montar y las dejó en la pequeña estantería sobre el cabezal de la cama. Y por supuesto las copas y el champán.

Tenía las notificaciones llenas de mensajes de gente felicitando su cumpleaños. El primero había sido Zetsu, a las doce en punto. En el grupo de sus compañeros de trabajo ya todos le habían felicitado y preguntado por sus planes, algunos de ellos sospechando que tal vez hubiera por ahí una chica. Obito les dio las gracias e ignoró los comentarios. Kakashi le mandó un vídeo extraño de Godzilla destruyendo una ciudad con un gorrito de fiesta y cantando feliz cumpleaños. También recibió una llamada de su abuela justo cuando entraba a ducharse, lo que lo retrasó casi media hora. Esperaba no llegar tarde, como en los viejos tiempos. Trabajar para Fugaku-san lo había hecho adquirir buenos hábitos.

[12:58] Deidara: "Obviamente"

[12:58] Deidara: "Pero"

[12:59] Deidara: "Voy a llegar un poco tarde"

[12:59] Deidara: "Me ha llevado más de lo que pensé arreglarme"

[12:59] Deidara: "Te importa?"

Obito respiró hondo, con una sonrisa.

[13:21] Obito: "No"

[13:21] Obito: "En absoluto"

[13:21] Obito: "También voy justo de tiempo"

Fue al baño otra vez a cepillarse los dientes. Quería dejarlo para lo último para tener el aliento bien fresco. Lo hizo a conciencia, gastando mucho más tiempo del que normalmente gastaba, con cuidado de no ensuciarse.

—¿Llevo los caramelos de menta...? —murmuró para sí saliendo afuera sin un propósito en particular.

Al darse cuenta, fue hasta el sofá y se sentó en él de golpe. Era cierto que se había calmado tras aplazar el encuentro, pero volvía a sentir el corazón golpeando contra su pecho con cada latido. Y no podía permitírselo porque se iba a poder a sudar y no era el momento. Ya lo sería más tarde.

Intentó dejar la mente en blanco, pero desistió y se puso en pie con un bufido exasperado. Una rápida comprobación a los bolsillos interiores de su chaqueta le hizo saber que llevaba la cartera y los pañuelos de papel, pero se había olvidado de los caramelos de menta. Los buscó en los cajones de la cocina y puso varios junto al paquete de pañuelos. De niño, esos y los de regaliz eran sus menos favoritos. En realidad lo seguían siendo, pero tenían su utilidad.

Pensó en irse en ese momento, pero sus pies lo llevaron hacia el lado contrario, a mirarse en el espejo una última vez. Revisó su pelo y después su cara. Quería pensar que no estaba mal.

—No la cagues esta vez, Obito —se dijo a su reflejo—. No digas estupideces, pero tampoco te quedes callado como un idiota. Ah, y no lo asustes yendo muy deprisa... Pero sin fingir desinterés...

Qué complicado.

Mejor irse ya y que le diera un poco el aire.

Pero antes... ¿Estaba bien la casa? Todas sus inseguridades anteriores y que él creyó tener superadas volvieron a él. Zetsu le había dicho que parecía que estaba planeando su boda. ¿Y si se le había ido la mano con lo de los pétalos?

Basta. Obito sacudió la cabeza. Sacó el celular y le mandó un mensaje a su amigo.

[13:43] Obito: "Estoy a punto de quedar con él"

[13:43] Obito: "Deséame suerte"

Y negándose a seguir pensando o a hacerle caso a esa voz interior que le decía que se olvidaba algo, tomó las llaves con gesto enérgico y salió por la puerta.


[14:07] Zetsu: "Ánimo Tobi! ٩(°̀ᗝ°́)و"

[14:07] Zetsu: "Cómete a ese pastelito de Osaka!"

[14:08] Zetsu: "Y deja a Tokyo en buen lugar~~"

[14:08] Zetsu: " 👉👌"

Si Deidara apareciese de repente por la puerta y leyera eso, ¿qué diría? Abochornado de pensarlo, Obito cerró la ventana tras agradecerle los ánimos, que en realidad sólo lo había llevado a pensar más suciedades y ya veía a la camarera acercarse a su mesa por segunda vez, después de haberlo dejado a solas por cinco minutos con la carta.

—¿Sabe ya lo que va a tomar, señor? —preguntó, con el PDA en la mano.

Obito no lo sabía. Los nervios no lo habían dejado retener ningún elemento de la carta. La chica lo miraba sonriente. Debía tener la misma edad que Deidara y eso lo hizo preocuparse también por la posibilidad de que se conocieran y ella pensase cosas raras. Tokio era muy grande, pero nunca se sabía.

Y sus manos ya estaban sudando, debería ir a lavárselas después antes de que Deidara llegase.

—Tomaré un —Obito señaló algo al azar—... Café etíope Iru... Iruga...

—Irugachefu —lo ayudó ella, el stylus emitiendo un pequeño click cada vez que tocaba la pantalla.

—Por favor —contestó, sintiéndose idiota. Ahí fue consciente del efecto que iba a tener el meterse un café en el cuerpo con lo nervioso que iba—. Descafeinado, si es posible.

—Lo siento mucho señor, el café etíope no dispone de esa opción, pero tenemos descafeinado de otras variedades. ¿Prefiere pedir uno de esos?

Acabó pidiendo un jugo de naranja fresco. Tampoco estaba tan entusiasmado con su primera elección a decir verdad, no le iba tanto el café, no sin leche batida y azúcar como mínimo.

Fue a levantarse para lavarse las manos mientras su pedido llegaba, pero quedó petrificado a medio camino cuando la puerta se abrió y alguien pasó al local.

Era él.

Obito cayó de nuevo al sofá, incapaz de creerse que Deidara estuviera ahí a unos metros de él. El cuello de una camisa blanca asomaba por el escote en V de un jersey verde mar, sobre el cual había una chaqueta azul marino. Comenzó a juguetear con los pulgares mientras lo observaba examinar cada una de las mesas hasta dar con él. Sus ojos se encontraron, el chico sonrió, y Obito lo imitó, inseguro sobre si los nervios no harían que se viera más bien como una mueca extraña.

Se puso en pie para recibirlo cuando vio que Deidara se iba derecho a su mesa.

—Holasoyobitoencantado —consiguió decir con una pequeña reverencia, dándose cuenta cuando lo tenía ya muy cerca que sus ojos celestes eran más hermosos que en cualquier foto que le hubiera mandado.

Deidara siguió avanzando hasta invadir con descaro su espacio personal. El breve beso que le dio en los labios lo pilló desprevenido.

—Hola Tobi, soy Deidara. Encantado, hm.

Obito se llevó una mano a los labios, impactado por la presión que aún podía sentir en ellos. Un cosquilleo recorrió todo su cuerpo. Después miró alrededor para asegurarse de que nadie se había dado cuenta. Oyó a Deidara reír.

—¿Es así como se saluda la gente en Osaka?

—Pareces sorprendido —contestó Deidara—. Deberías haberte documentado mejor sobre nuestras costumbres.

Volvió a examinar la cafetería. Por suerte nadie los estaba mirando. Aunque de haberlo hecho, Obito no hubiera preferido ser saludado de ninguna otra manera.

—Oh, no tenía ni idea —contestó, siguiéndole el juego—. ¿Debería hacerlo también? No quisiera ser descortés según los estándares de Osaka.

—Vamos, hazlo.

Esa vez no le importó que los vieran. Obito dio un paso al frente y se inclinó para besarlo, deseoso por otra breve probadita a sus labios que de nuevo le supo a poco. Se quedó mirando ese sedoso pelo rubio que se moría por tocar, hasta que sintió que iba a ponerse duro si no se ponía a pensar en otra cosa de inmediato.

—¿No vamos a sentarnos? —preguntó.

—Yo estaba esperando que tú lo sugirieras, te veías con ganas de irnos ya a tu casa y empezar a arrancarme ropa.

Obito se preguntó cuando se le iría a pasar el sofoco.

—Y-ya he pedido algo. Además también me apetece estar aquí contigo —se sentó, dando unos golpecitos al sofá a su lado para indicarle que se sentase junto a él—. Lo que no significa que no tenga ganas de... Lo otro.

No. Definitivamente su cara iba a seguir de ese color un rato más.

—Lo que tú quieras, hm —respondió Deidara, tomando la carta.

La camarera se acercó a ellos para dejar un vaso largo de jugo de naranja con una cañita roja en él. Al preguntarle a Deidara qué era lo que iba a tomar, este lo miró a él.

—¿Me recomiendas algo de comer?

—Prueba las tortitas suflé con helado de chocolate. Están muy ricas —contestó Obito.

—Quiero eso y un batido de mango, hm.

Una sonrisa lo traicionó con la mirada penetrante que le dedicó Deidara al decir esa última palabra.

—Muy bien —dijo la camarera con voz cantarina, obvio sin tener ni idea de lo que estaba pasando—. ¿Alguna cosa más?

—Tomaré también otra ración de tortitas, por favor —dijo Obito.

Sabía que verlo comer iba a abrirle el apetito. Ese que había perdido desde que se levantó esa mañana.

—No he almorzado hoy —dijo Deidara cuando la camarera se fue—. Pensé que mejor pedía algo de comer ahora.

—¿No has almorzado? —Obito tomó la carta de nuevo—. Entonces deberías haber pedido algo más consistente.

Deidara le quitó la carta.

—No te molestes, hm. Sé que me vas a alimentar bien luego.

Por debajo de la mesa, sintió que ponía la mano sobre su rodilla derecha. Obito sonrió, rozando el dorso de su mano. Quedaron mirándose el uno al otro y por un rato ninguno de los dos dijo nada más. Mirarlo era como estar flotando entre las nubes. ¿De veras se iba a acostar con esa preciosidad? Siempre se había sentido como si el chico fuera un ángel bajado del cielo y él, Obito, un vulgar mortal que aún no entendía del todo qué había visto en él. Se le escapó un suspiro. Era hora de romper el silencio.

—Lo cierto es que yo tampoco he almorzado —confesó, frotándose la nuca—. No me ha dado mucha hambre hoy.

—Te preocupas porque yo coma consistente pero tú comes peor que yo, hm.

—No me gusta admitirlo, pero tienes... Algo de razón —Obito se llevó la cañita a los labios y dio un trago—... ¿Quieres probar?

Obito no se perdía detalle como Deidara tomaba el vaso y se llevaba la cañita a los labios, fijándose en sus uñas brillantes pintadas de negro, en la manera en que el jugo anaranjado se transparentaba a través de la cañita, y subía más y más... Cuando Deidara lo miró, Obito giró la cabeza al lado contrario.

—Está bueno —dijo Deidara—, ácido como a mí me gusta. Por un momento pensé que sería jugo asqueroso embotellado.

—No. Aquí lo exprimen ellos mismos. Es más caro que en otros lugares, pero merece la pena.

—¿Vienes mucho a este lugar? —preguntó Deidara.

—Solía hacerlo cuando me mudé. Comencé en la asesoría a tiempo parcial, y como está cerca del metro, todas las mañanas paraba aquí a desayunar. Después me subieron las horas y empecé a desayunar en casa, pero me gusta venir de vez en cuando. Aunque ya... El personal cambió. Antes conocía a todo el mundo.

Deidara asintió.

—Es más sofisticado y sobrio que los lugares que frecuento. Pero pega contigo, hm... Y el sofá es cómodo —de nuevo colocó la mano en su rodilla.

—Siento que me estás llamando aburrido de una forma amable.

Obito le agarró la mano, los pulgares de ambos recorriendo la piel del otro. El gesto encendía ese ardor por él que no se había ido del todo desde el primer chat de ambos.

—Nah. Si quisiera decirte aburrido te lo diría claramente —Deidara se arrimó más a él—. Me pareces interesante, de hecho.

—G-gracias —Obito tragó saliva—. También me lo pareces.

Al ver a la camarera acercarse se separaron de nuevo. Un aroma a repostería recién hecha y fruta tropical los envolvió cuando dejó los platos y el licuado de color amarillo muy pálido con un brote de hierbabuena encima frente a él.

Comenzaron a comer, intercambiándose las bebidas de vez en cuando. Obito pensó que podrían haber pedido cosas distintas, así tenían más variedad para probar, pero cuando lo dijo en voz alta, Deidara tomó un poco de tortita bañada en sirope y la acercó a sus labios. Emocionado, pero sin poder olvidarse de la preocupación de ser visto, Obito abrió la boca y la cerró alrededor del tenedor.

—Si te deja más tranquilo, mucha gente me confunde con una chica, hm.

—¿Mmh? —dijo mientras masticaba.

—Que pareceríamos una pareja hetero, en todo caso —al tragar, Obito lo miró. No parecía ser un reproche—. Te ves tenso. Supuse que era por eso, pero está bien que no te cortes tanto como pensé que harías.

—Lo siento. Ojalá pudiera tratarlo con más naturalidad.

—¿Nunca pensaste en salir del closet?

—Muchas veces, pero en todas decidí que no era buena idea. Mi familia es muy tradicional e inflexible.

—Te diría que los mandes a la mierda.

—Nada me gustaría más, pero no me interesa estar en malos términos con ellos. Además, ya me acostumbré a vivir así. Estaré bien.

—Tú conoces tu vida mejor que yo —se encogió de hombros—. ¿No lo sabe nadie?

—Sólo mi amigo Zetsu. Es como un hermano, o un hermanastro más bien.

—¿Más bien?

—Bueno, no quiero aburrirte con líos de familia. Mi padre lo acogió y nos crió como hermanos, aunque no lo seamos. Él siempre dijo que es su ahijado, hijo de unos buenos amigos fallecidos, aunque todos en la familia rumorean que es un hijo natural suyo y hacen como si no existiera —Obito se mordió la lengua. Ya estaba hablando de más.

Deidara soltó una carcajada.

—Ahora veo por qué dices que son unos rancios de mierda salidos del feudalismo.

—Bueno, no dije exactamente eso.

—Se me da bien ver detrás de los eufemismos, hm. Un hijo natural... ¿A la gente de los últimos quinientos años le sigue importando eso?

—Te sorprendería... Pero Zetsu no se parece en nada a nadie de la familia, me parece absurdo que piensen eso.

—¿Tienes alguna foto de él? Ya me entró curiosidad.

—No. Cambié de teléfono hace poco, déjame pedírsela, seguro él tiene.

Sacó el celular y le mandó unos cuantos mensajes, que Zetsu le devolvió a los pocos minutos con varios archivos adjuntos.

—Mira, en esta tendremos unos doce —dijo Obito pasándole el teléfono.

—Ah, qué mono eras —Deidara sonreía mirando la foto—. Y es verdad, no se parece en nada a ti.

Zetsu siempre fue muy alto y delgado, su pálida piel contrastando con la de Obito, que se bronceaba con facilidad.

—En esa foto hacía poco que se había mudado.

—¿Por eso llevan uniformes diferentes?

—Sí. Íbamos a escuelas secundarias distintas y Zetsu se negó a cambiarse —Deidara pasó a la siguiente foto—. En esa debería tener tu edad. Yo acababa de entrar a la universidad.

Deidara lo miró, y luego volvió a mirar la foto.

—Estás mejor ahora, hm.

—Supongo que es bueno que pienses así y no al revés —dijo, avergonzado y halagado a partes iguales.

—No digo que fueras feo antes. Eras más bien mono, y ahora estás muy bueno. Pero no le habría dicho que no a tu yo de esa época.

—Y yo habría caído en tus redes, justo como lo he hecho ahora —dijo, y Deidara le guiñó un ojo de la forma más sensual que nadie en su vida se lo había guiñado.

Se quedó sin respiración, y no volvió a recordar tomar aliento hasta que Deidara le preguntó sobre la siguiente foto.

—Oh, esa fue la última noche que Rin pasó en Japón. Estamos en el pub que abrió Zetsu.

—¿Lloraste? —le soltó Deidara.

—¡No! —espetó sin pensar.

—Tienes los ojos más brillantes.

—De acuerdo, tal vez lloré un poco... O bastante... Odio las despedidas. Pero no pensé que se me notaba tanto.

—A mí me parece que sí se nota, hm.

Obito le quitó el teléfono, y se observó a sí mismo. Puede que Deidara tuviera razón, y eso lo hizo sentir extrañamente expuesto.

—Está bien, ya no te enseño más fotos. Estás sacando demasiadas conclusiones con demasados pocos datos.

—Vamos no te avergüences... ¿Me enseñas el paquete todas las noches y te da vergüenza que yo sepa que lloraste hace diez años? —esa vez le puso la mano en la cadera.

—Seis años nada más —dijo, tocando la punta de su nariz con el dedo índice—. No te pases de listo.

Deidara lamió la punta de su dedo y Obito estaba demasiado impactado como para retirarlo. De no haber estado en público, ya lo habría callado a besos.

Zetsu acabó por mandarle más fotos, y faltando a lo que acababa de decir, él se las enseñó. Ahí estaba la de Halloween, con aquella máscara anaranjada con forma de espiral. La comida hacía rato que se había acabado y estaban en la segunda ronda de jugo de naranja. Cuando se fijó en el reloj, Obito observó que eran casi las cinco y eran los únicos clientes allí. La camarera que los atendió ya se había ido y un chico la sustituyó.

—Y Kakashi me ha dicho muchas veces que estoy invitado a Sapporo unos días, pero nunca he ido.

—Bueno, no te culpo. El tiempo es horrible, hm.

—De hecho está nevando ahora mismo. Vi unas fotos que subió ayer del yuki matsuri. Hacen esculturas con nieve. Te las voy a enseñar también. Si no estás cansado ya de ver fotos.

—No. De hecho recién recordé que me interesa el yuki matsuri.

—Eso fue lo que pensé.

Obito buscó la cuenta de Instagram de Kakashi, cuya descripción de "29. Profe. Perros. Jiraiya-sama fan", hizo reír a Deidara.

—Oh, eso es un Kraken, hm —Deidara tomó el teléfono de sus manos y agrandó la foto, asintiendo—. Es enorme. Seguro yo podría hacer algo así.

—Seguro que sí —dijo orgulloso, por haberle mostrado algo interesante.

—Si algún día participo, haré algo de ese tamaño. Como un dragón.

—Me encantaría ver eso —Obito ya estaba soñando despierto con ir juntos a Sapporo al año siguiente por el yuki matsuri.

Había en otra foto una fortaleza estilo chino con muralla y todo. Según los comentarios, las habitaciones y los muebles también estaban dentro. Todo de hielo.

—Es impresionante —comentó Obito fijándose en los minuciosos detalles del tejado.

—Sí. Aunque prefiero las esculturas de animales. La arquitectura... No le quito mérito pero no me interesa. Si tengo que pasar unos días con varias capas de ropa de invierno sólo para verlo, lo haría.

—Hoy es la clausura, según dice aquí.

Obito pensó en proponerle el viaje para el siguiente año. Pero le pareció demasiado pronto. Uno de los propósitos que se hizo fue el de no asustarlo con tonterías así, y por eso se calló.

—En Hokkaido necesitan ver lo que son capaces de hacer en Osaka. Si vas... ¿Me enseñarás fotos de tus esculturas?

—Oh, ya di por sentado que ibas a venirte —a Obito le dio un mini infarto—, siendo que ese amigo tuyo vive ahí y me has estado diciendo que te gustaría ir a visitarlo pero no te animas por el frío... Yo te haré entrar en calor, hmm —a Obito le dio otro mini infarto—. Pero si no q-

—¡Claro que quiero! —Obito tomó aire—. Sí, me gusta ese plan. Me gusta mucho. Es sólo que no quería hacerte sentir como que estábamos yendo demasiado deprisa.

—Nah. No se trata de velocidad, se trata de hacer lo que nos apetezca sin pensar en esas tonterías.

—Tienes toda la razón. Me gusta ese punto de vista.

Deidara rió.

—Te ves como si te hubieras sacado un peso de encima.

—En realidad... En realidad sí —dijo, no sabiendo como sentirse aún al ver que él lo estaba leyendo tan bien. En su opinión, Obito siempre había creído no ser tan obvio—. Y quedarnos en su casa nos ahorraría el alojamiento.

—¿Y me dejará quedarme a mí si no me conoce de nada?

—¿Quién no querría tener a un artista como tú en su casa? —preguntó, Deidara se irguió con orgullo—. Además yo le he hecho otros favores.

Deidara siguió curioseando entre el resto de las fotos.

—¿Cuántos perros tiene tu amigo?

—Ocho. Aunque yo sólo conozco a dos de ellos, Shiba y Pakkun. El resto los fue adoptando después de mudarse.

Deidara dejó escapar un silbido.

—Lo que me sorprende es que vayamos a caber todos.

—Podemos ir a un hotel y estar más tranquilos —Obito estaba pensando que incluso le gustaba más esa idea.

—¿Saliste del closet para él?

Obito negó con la cabeza.

—Como te dije, sólo Zetsu lo sabe. Pero si vamos a Sapporo se va a dar cuenta.

—Si tú crees que lo va a aceptar bien...

—Sí, él lo haría. Si no se lo dije antes es porque tampoco éramos tan cercanos. De hecho estamos muy distanciados desde que Rin se fue —Obito miró a Deidara apurar su segundo licuado—. ¿Y tú? ¿Estás fuera del closet?

—Básicamente todo el mundo que conozco lo sabe, hm. Mi madre me pilló en el sofá besándome con un "amigo" cuando estaba en el instituto... Él se levantó y se disculpó varias veces mientras corría a la puerta. Lo vi corriendo descalzo por la acera con los zapatos en la mano.

—Me habría pasado lo mismo —confesó, frotando su nuca—. ¿Y tu madre qué te dijo?

—Hablamos del tema el resto de la tarde, lo aceptó bien pero se preocupó por lo que otros irían a pensar. Yo le dije que no me importaba y ya está.

—Me alegra. No todo el mundo es tan tolerante.

—Quienes tienen problemas conmigo gustándome la carne en lugar del marisco lo comentan a mis espaldas. Casi preferiría que me lo dijeran de frente, así podría contestarles.

—Tal vez no merezca la pena —reflexionó Obito—. Pero eres valiente. Es admirable que estés dando la cara así.

—En Osaka hay menos tabúes, hm. Y el desfile del orgullo es más grande que el de Tokyo. Sólo que la celebramos en otoño y no en primavera.

—Osaka siempre llevando la contraria al mundo —lo molestó—. Como alinearse a la derecha de las escaleras mecánicas. ¿Dónde se ha visto eso?

—Pero si lo piensas bien, otoño es la estación más colorida, hm, los árboles cambian de color y la fruta madura. Pega más con la imagen de la bandera arcoiris. Ah, ¿Y cómo sabes que no son ustedes en Tokio los que se alinean en el lado contrario?

—El resto del país parece opinar como nosotros. Y la primavera es mucho más colorida que el otoño.

—Bah las sakuras no son tan coloridas.

—Pues... Tienes razón.

—¿Ves? ¡Te he convencido, hm! Osaka gana.

A Obito le estaban entrando ya las ganas de empujarlo al sofá y saltarle encima, al son de aquella melodía de jazz. Miró la hora. Casi las cinco y media.

—¿Te importa si voy al baño antes de irnos?

Deidara se encogió de hombros y Obito le sonrió antes de voltearse. Al volver del baño, se pasó por la barra y pagó la cuenta.

—Podemos irnos cuando quieras —Deidara había estirado las piernas en el sofá mientras miraba su celular—. Ya te pondrás cómodo en mi casa.

Deidara se levantó y guardó el teléfono en su pequeña bolsa.

—No es cómodo precisamente como quiero ponerme en tu casa, hmm —respondió. Esa vez el camarero lo oyó, y tras hacer leve contacto visual con Obito, se giró y apretó el paso—. Veo que te entró la prisa.

—Ya pasamos demasiado tiempo ahí dentro —dijo Obito—. Y ni me enteré.

Sacó las llaves de su coche y apretó el botón. Los intermitentes parpadearon con un breve pitido.

—Tampoco me enteré. Hasta se me olvidó que habíamos quedado para coger, hm.

Obito pasó al asiento del conductor y revisó los espejos.

—Pero ya lo recordaste, espero.

—Sí, hm —respondió Deidara, mientras se ajustaba el cinturón ya en el asiento contiguo—. Por cierto... ¿Cuánto te debo?

—Nada.

—Pero...

—Invito yo. No te preocupes por eso —dijo abres de arrancar.

—De acuerdo. A la próxima te invito yo.

Obito asintió, pensando que si había próxima, ya se las arreglaría para no dejarlo.