Disclaimer: Todos Los personajes son propiedad de la serie The 100

Advertencia: Posiblemente OOC / Universe Alternative / FemSl

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Capitulo 2

Ella se fue...


—Disculpa la hora…—

—No te preocupes… Pasa, adelante, adelante—

Respondió Niylah abriendo la puerta principal de su casa, estaba por irse a descansar tras un día agitado pero al escuchar el timbre que conectaba a su consultorio varias veces, la hizo retroceder. Nunca atendía a sus pacientes en altas horas de la noche, excepto que fuera alguien especial y este caso lo era.

Lo era porque aquella chica rubia de ojos azules, había llegado a su consultorio de una manera angustiosa y preocupada con su paciente entre sus brazos.

—¿Qué pasa ahora? — preguntó Niylah dejando pasarla al interior de su vivienda y al mismo tiempo cerrando la puerta a sus espaldas

—No lo sé, regresé a casa y… no quiere levantarse— Clarke abrazaba a su mascota mientras caminaba junto con ella hacia su pequeño consultorio, al llegar ahí, recostó al animal sobre la mesa de aluminio para que lo examinara mejor —No ha comido en todo el día, Y…

—Tranquila, no es tan grave… déjame escucharlo—

Niylah se armó enseguida con su estetoscopio para escuchar las respiraciones. Solo observaba a Clarke y le sonreía de forma cálida para apaciguar su angustia, porque en realidad aquellos sonidos ligeros y con tiempos precisos significaban que no era nada de qué preocuparse.

Clarke solo ponía sus manos en la cintura y después los cruzaba, tenía la preocupación que su mascota estuviera más enferma y que posiblemente no se recuperaría. Y es que le tenía un gran cariño a ese animal, a ese hurón albino de tres meses de edad, era su mascota más querida de antes y no confiaba en ningún veterinario, solo confiaba en Niylah, solo en ella porque desde la primera vez que trató a su hurón, le brindo seguridad. Ahora solo miraba como la veterinaria lo revisaba con sutileza, movía ligeramente la cabeza, hizo unos gestos y después se dirigió a una vitrina que se encontraba detrás de su escritorio

—¿Qué le pasa?, ¿estará bien? — inquirió preocupada, poyándose en un pie y en otro

—Sí, tranquila Clarke. Solo está débil… Le daré unas vitaminas y… se estará como nuevo—

—¿Segura? —

—Confía en mí…—

Niylah le sonrió de nuevo mientras sacaba una pequeña pastilla de un frasco, se acercó hacia el hurón para administrarla que, sin ningún problema, comenzó a comerla poco a poco. Clarke se acercó a él para acariciarle su lomo entre su pelaje, quería transmitirle seguridad que no estaría solo. Al mismo tiempo, Niylah solo admiraba y le gustaba la manera en que ella cuidaba de su mascota, le llamaba mucho la atención.

Al poco tiempo, el pequeño hurón se durmió debido al efecto de la medicina, su dueña lo cargó en su bolso para acurrucarlo de manera cuidadosa, mientras que la veterinaria apagaba las luces de su consultorio una vez desocupado

—¿Gustas… un café? — ofreció Niylah caminando cerca del sofá en la sala donde se encontraba la rubia con su mascota

—Me encantaría pero… ¿no es algo tarde? — contestó Clarke acariciando su mascota entre los pliegues de su bolso, en seguida levantó la mirada hacia ella, pensando que esa respuesta se había escuchado muy frívola —No es que… lo rechace… es… solo…que…

—Nunca es tarde, para mi… nunca es tarde, además creo que… lo necesitas por todo lo que pasó… ¿no crees? — de cierta forma, la veterinaria tenia buenos fundamentos para ese café

Clarke ladeo su cabeza al escucharla y sabía que en algo tenía razón, porque en la mañana había dejado a su hurón en su departamento con suficiente alimento, y tras regresar de su jornada en la Biblioteca Central Seattle, lo había encontrado acostado sobre su cama y no quería moverse. Lo estuvo cuidado el resto de la tarde pero no hubo ningún cambio, se alteró cuando no quería ni moverse y fue ahí cuando decidió acudir a Niylah.

Después de todo lo sucedido, y ver que su mascota estaba descansando, aflojó su cuerpo dejando las preocupaciones y temores, al escuchar la invitación de un café pensó que quizá eso le había hecho falta

—Tienes razón… fue un día cansado— aceptó con una ligera sonrisa sosteniendo la mirada a la veterinaria

—¿Dos de azúcar? —preguntó amable

—Si por favor…—

Al llegar a la cocina, Niylah preparó la cafetera y Clarke se apoyaba de espaldas en el borde la barra, abrazándose porque solo tenía puesto un ligero suéter de manga larga color gris, apropósito, había acabado de llover y se soltaba el viento fresco, a pesar que la casa de la veterinaria tenía un aire muy acogedor

—Si tienes frio… puedo prestarte un buzo— ofreció Niylah al notar como la rubia seguía con sus brazos cruzados, se acercó a ella apoyándose a un costado suyo en el borde de la barra, mirándola sobre su hombro, y solo escuchaba como al cafetera empezaba a preparar las bebidas

—No, está bien, no te preocupes…— respondió Clarke junto con una sonrisa nerviosa, no había escuchado que alguien le ofreciera una prenda en mucho tiempo —No… es necesario…—

—Vamos, no me mientas. Sé que tienes frio… todo el día estuvo lloviendo y el clima está muy fresco para que solo… tengas ese suéter—

—Niylah…

—Anda…—

La veterinaria solo dio unos pasos hacia una silla donde se encontraba un buzo suyo de color azul marino con un gran logo de Adidas de color blanco. Lo sostuvo con sus manos y se lo ofreció a ella que, fruncía sus labios para contener una sonrisa ante tal gesto

—Te cubrirá del frio, anda… tómalo—

—No sé… si deba, sabes que soy… una pésima persona con los buzos, no quisiera ensuciarlo… o… — Clarke suspiró mordiendo su labio inferior mirando esa prenda y después hacia la veterinaria, aunque no podía evitar sentir ternura de verla la expresión de insistencia, no era pretexto para no aceptarlo, en realidad sí era una mala persona con las prendas ajenas.

—Si pasa eso… supongo que después solucionaremos— alegó la veterinaria con una amplia sonrisa, la bibliotecaria solo ladeo su cabeza y aceptó el buzo, poniéndoselo enseguida. Admiró en tenerla ahí y saber que ahora tenía algo suyo —Te queda muy bien…— soltó una ligera sonrisa al notar que le quedaba un poco grande

—Deja de burlarte, te recuerdo que es tuyo. Y quedas advertida que si algo llega a pasarle…— respondió con una sonrisa — Gracias—

—No hay porque, solo cuido… a la dueña de mi paciente—

Niylah le sonrió nuevamente aunque en sus ojos reflejaba más que una simple amistad como a veces sospechaba Clarke. Quería acercarse un poco más a ella, quiso mostrarle más interés que el de siempre.

Las últimas semanas quería acercarse un poco más pero no sabía cómo exactamente. La única conexión que tenían era ese hurón de tres meses juguetón que dormía diez horas y que curiosamente se llamaba Draco Malfoy, por gustos de Clarke. Aquel hurón se había hecho daño después de caer en la trampa de una silla plegable, y Niylah fue la heroína del momento y de las siguientes semanas, todo porque al mirar esos ojos azules, se había enganchado rotundamente.

Clarke admiraba el trabajo de Niylah, también por su personalidad tan reconfortante, sobre todo con los animales. Y por Draco Malfoy la había encontrado, aunque se dejaba llevar por una barrera laboral. Sentía el temor en que ese interés brotara demás. Tenía cierta inseguridad respecto a tener una relación sentimental.

Antes que Niylah se acercara más a Clarke, y decirle algo al respecto, el ruido de la cafetera la interrumpió, anunciando las bebidas listas para servir. Ambas soltaron una risa ligera y se dispusieron a beber ese café caliente mientras que el hurón seguía dormido en el bolso de la bibliotecaria.

—Puedo… llevarte a casa, si quieres… — sugirió Niylah sosteniendo su taza de café mirándola por un costado, apoyadas de espaldas en la barra

—Sabes que… no tienes que hacerlo— respondió Clarke frunciendo sus labios, soplando ligeramente el humo que brotaba de su café

—No, pero… quiero hacerlo—

Se miraron por unos segundos, la veterinaria con esa mirada sentimental y aquella bibliotecaria con esa forma de mirar que reflejaba curiosidad por ese tipo de acciones tan acomedidas que nacían al instante.

Existían varias respuestas y al mismo tiempo podían nacer más preguntas e insistencias, podían seguir discutiendo toda la noche sobre el tema de llevarla a casa, pero eso sería demasiado para algo tan simple. Así que solo Clarke aceptó queriendo evitar caer en la sección de; más que una simple amistad.

Al terminar ese café y otras platicas casuales, recogió a Draco Malfoy entre su bolso y se subió al auto de la veterinaria para ser llevada de regreso a su edificio.

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La verdad, tenía bastante tiempo en que no prestaba atención hacia las personas, sobre todo las que le mostraban interés. Quería seguir con su vida, su trabajo en la Biblioteca Central de Seattle, cuidar de su hurón Draco Malfoy, y sobre todo en seguir conviviendo en la cuidad donde abundaba la lluvia, pero que mantenía los sitios frescos de ese verde natural.

Al despedirse de Niylah en su auto seguido de un «Gracias por traerme, no vemos…», se adentró al gran amplio portón del edifico de su departamento. Mientras cargaba a su hurón entre sus brazos para no despertarlo, metiéndose a la cabina del ascensor que se encontraba al fondo del pasillo para subirla a su piso, solo resopló dejando la tensión a un lado

« Deberías de follarte de una vez por todas a la veterinaria… »

Aquellas palabras fueron recibidas en el momento en que abrió la puerta de su departamento, notando enseguida a su mejor amiga sentada en su sofá cerca de la ventana, mientras sostenía libro el Harry Potter y el cáliz de fuego de pasta gruesa con ambas manos a la altura del rostro.

—Me das vergüenza Griffin, ¿de verdad eres lesbiana o solo… es por moda?, porque si es así… eres el peor fraude que eh conocido— añadió bajando el libro sobre sus ojos

—Buenas noches a ti también… — resopló Clarke ignorando ese comentario elocuente, cerrando la puerta y dejando sus llaves en el buro —¿Sabías que entrar a una casa ajena sin avisar… es mal visto?... Son indicios de invasión a la privacidad— comentó atravesando la pequeña sala, adentrándose a su habitación

—¿Y sabias que… dejar a una mujer con ganas de follar… es un sacrilegio?... Son indicios de una vida suicida de celibato— alzó la voz Octavia siguiéndola con la mirada. Soltó una risa ligera dejando el libro en la mesa baja enfrente del sofá — Joder…. Si yo tuviera una chica como la veterinaria…., no dejaría que ningún animal se le acercara, ni que revisara a nadie más —

Clarke solo escuchaba aquellos comentarios mientras acomodaba a Draco Malfoy en un costado de su cama, notando como seguía dormido. Negó con la cabeza al saber las intenciones de su mejor amiga hacia la veterinaria, así como el resto de las chicas que había conocido.

—Deja de decir idioteces… ¿quieres? — respondió saliendo de su habitación dejando su bolso en el sofá amplio

—Lo haría…. Pero tú me provocas en decirlos, ¿Por qué rayos no te acuestas con la veterinaria? Se nota que se muere por estar contigo— añadió con seguridad Octavia con una sonrisa de lado

—Octavia… — suspiró volteando la mirada, sintiendo de nuevo esa insistencia, solo ocultó sus manos en el bolsillo del buzo — Sabes que… por ahora no estoy disponible para…

—¿Para qué?, ¿Un compromiso? — interrumpió ácidamente

—Si…, además…

—Griffin… dije que te la follaras, no que te casaras con ella. Es muy diferente—

—Aunque sea diferente, estoy bien así. En mi trabajo en la biblioteca, y… demás —

—Eres una completa aburrida Clarke— respondió Octavia volteando sus ojos — Mínimo debiste besar a la veterinaria cuando se despidió de ti, no largarte como una niña asustada al edificio…, yo le hubiera metido mano debajo de su playera, y el auto se veía muy cómodo como para bajarse de el — recriminó recargándose en el respaldo del mueble

—¿Qué dices?... ¿Cómo sabes que… me trajo ella? — inquirió frunciendo el ceño, extrañeza que su amiga lo remarcara con seguridad. Recordó rápidamente que no la había visto cerca de las calles, pero entonces reaccionó a lo más obvio —Acaso… ¿nos estabas espiando? —

—¡Pff!, No fue ninguna novedad en realidad, eh visto mejores escenas de despedida que la tuya. Por cierto… mi calificación para tu despedida con la veterinaria es un asqueroso cero — aseguró haciéndole una seña con la forma de dicho número, seguido de una risa ligera

—Y mi calificación para tu imprudencia… es esto— respondió molesta mostrándole el dedo de en medio. Solo volteo la mirada al ver como Octavia se burlaba de ella una vez más —¿A qué has venido?, ¿No tienes algo que escalar, o un salto en paracaídas que entrenar para mañana? —

—Solo venía saludarte, y ahora que lo mencionas… Mañana practicaré rapel alrededor de Mount Rainier — suspiró aflojando sus brazos en el borde del sofá — Y aunque este fastidiando con el tema…, deberías seguir mi consejo sobre follarte de una vez por todas a esa veterinaria — alegó levantándose del mueble con su chaquea de biker clásica entre sus manos — Ahora más porque tienen un buen pretexto para seguir viéndose—

—¿A qué te refieres con un "Buen pretexto"? — Clarke frunció ligeramente su ceño, parada en enfrente de su amiga

—No me hagas decirlo Griffin— resopló ladeando su cabeza con un gesto muy obvio, pero al parecer la rubia no lo había entendido —Tienes su buzo, es claro que quiere seguir viéndote, y… espera algo más— alzó sus cejas con una sonrisa de lado

Mostrando esa referencia sexual de nuevo, Clarke solo suspiró de fastidio poniendo una de sus manos por el puente de su nariz que solamente escuchó «Nos vemos Griffin, y… hazme caso» en forma de despedida.

Cuando Octavia salió por la puerta, negó con la cabeza, porque por una parte sabía que esa rubia no lo haría, a menos claro que ciertas cosas brotaran y la orillarían a tal situación.

En cambio, aquella bibliotecaria solo suspiro al escuchar como la puerta se había cerrado por medio de aquella mujer de cabellos negros y tatuajes en los brazos junto con una personalidad elocuente de siempre, y que ahora su tema favorito era darle consejos con la finalidad de follarse a la veterinaria.

Y a veces tenía razón. Debía soltarse un poco más, pero ahora solo dispuso a cambiarse de ropa, acomodar mejor su mascota cerca de su lado de la cama y descansar para el día siguiente.

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Existió un chico llamado Finn Collins, había sido su novio durante su época del instituto hasta ella le confesó la verdad a sus padres sobre sus preferencias. Pensó que aquel chico se volvería su amigo tras concluir la relación pero no fue así, nunca volvió a dirigirle la palabra. Fue así su primera decepción que, tuvo que superar para seguir con su vida.

Conoció a una chica llamada Alycia Bonham, durante su estadía en la universidad de Yale, iniciaron una relación que duraría lo suficiente para sentirse segura de sí misma. Ambas estudiaron la misma carrera de Artes. Era una relación que tenía una buena dirección de un futuro prometedor y que tenía todas las herramientas para seguir adelante…

—¿A quién se le ocurre poner la exposición de Van Gogh justo cuando la estación del año es más gris que las anteriores? No está bien idealizarlo como un depresivo— murmuró Clarke con la vista en la pantalla del ordenador de la recepción, leyendo los programas que tenían preparados para la biblioteca en las siguientes semanas

—Supongo que… era un incomprendido. Y… los días más grises le hacen juego a las representaciones— alegó de pronto Niylah poniendo un vaso de coffey sobre la recepción, seguido de apoyar sus manos en él mirando a Clarke con una sonrisa —¿No crees? Así… tiene más sentido a las obras—

—¿Qué… haces aquí? — titubeo sorprendida al levantar la mirada después de escucharla, pero parpadeo varias veces para reafirmar lo que había dicho sin escucharse grosera ante ella — Quise decir… que…. que…

—Solo vine para invitarte un café por ayer, y… para reafirmar que no te enfermes— respondió la veterinaria entendiendo los titubeos, y lo que ella quería decirle, solo le sonrió de nuevo —Aunque también vine por…

—¿Por tu buzo? Lo tengo sano y salvo en mi bolso, si quieres yo…

—Quisé decir que… también para preguntarte sobre mi paciente— Niylah miraba como Clarke se había levantado de su asiento para ir en busca del buzo pero al escucharla se detuvo, suspiró y le soltó una risa ligera ante sus nervios— Solo vine por eso…—

—Ahh… perdón, creí que… — frunció sus labios poniendo su manos por el borde de la recepción, carraspeo para dejar sus nervios —Draco está bien, tenías razón, solo necesitaba sus vitaminas, volvió a comer en la mañana antes de venir aquí—

—Te lo dije, no por nada soy su veterinaria—

—Gracias…. No sé qué hubiera hecho sin ti—

—Puedes estar tranquila, para eso estoy aquí. Siempre puedes contar conmigo… Clarke—

Aquella veterinaria le volvió a regalar una sonrisa ladeando su cabeza entre su cabellera rubia, pero sus palabras eran sinceras con la intención de que la bibliotecaria lo supiera como fuera posible, aunque por dentro le brotaba ese hueco en el estómago por esos ojos azules.

Clarke sintió algo reconfortante que alguien estuviera ayudándola, aunque recordó las palabras de Octavia, sobre seguir buscándola y ahora se estaban cumpliendo el tenerla ahí, haciéndose presente en su lugar de trabajo y ofreciéndole un simple café

—Gracias…Niylah— respondió amablemente, por dentro le estaba dando la razón a su mejor amiga, así que se animó a preguntar —¿Estas segura que… solo estas aquí para preguntarme sobre mi hurón? — le dio un pequeño sorbo al vaso entre sus labios

—Ahhmm… pues… — suspiró deslizando sus manos en los extremos de la recepción, soltando un respiración profunda con la mirada hacia alrededor de la zona recepción para tomar algo de valor en su interior —Vine por unos libros sobre… animales, quizá por la futura exposición de Van Gogh y… por… conseguir… una cita contigo—

—¿Una cita conmigo? — recalcó sorpresiva

—Ehh… si así es…, ¿Podemos tener una cita? —

En ese momento la veterinaria frunció sus labios porque sus mejillas querían contraerse ante la emoción de saber la respuesta, aunque confiaba ciegamente que sería un , pero fuera un no, posiblemente lo respetaría y se sentiría un poco decepcionada

Las palabras de Octavia Blake se hicieron proféticas y de nuevo tuvieron esa razón que a veces la misma Clarke quería evitar, pero no encontraba otro modo para comprobar si eran ciertas. Al escuchar la invitación de aquella rubia con una chaqueta de mezclilla, le había dado un trago a su café, sintiendo como el líquido caliente resbalaba por su garganta, estaba nerviosa de solo saber que estaba esperando su respuesta. Por unos momentos sintió un poco de presión y algo comprometida porque no podía rechazar a alguien como Niylah, ni mucho menos seguir dándole ciertas largas esperas

—Amm yo… — titubeo mirando los ojos grises de la veterinaria que alzaba las cejas queriendo descifrar su respuesta. Pasó una de sus manos por unos cabellos cerca de su rostro para ponerlo detrás de la oreja, queriendo buscar una salida rápidamente —Claro… podemos… salir— concluyó

—¿De verdad?... —

—Sí, tengamos… una cita—

Fue una verdadera sorpresa que la bibliotecaria Clarke aceptara salir con alguien después de mucho tiempo, y algo especial para la veterinaria, porque en ese momento le volvió a sonreír como si hubiera iluminado ese día. Solo bastó para que Niylah reaccionara antes de que empezara a llegar las personas a solicitar libros y espacios culturales del lugar, así que solo sugirió el día viernes que se aproximaba en dos días y que irían a un lugar de los favoritos de la veterinaria, en ese entonces, la bibliotecaria solo asentía con la cabeza con una suave sonrisa, pero llena de inseguridad

Pero al final de todo, había aceptado en salir con ella.

—Viernes entonces, pasaré por ti por tu edificio, ¿te parece? — comentó aquella rubia alejándose unos pasos de la recepción para darle lugar a las personas que se aproximaban a la recepción

—Me parece bien, te esperaré el viernes— añadió Clarke siguiéndola con la mirada

—Hasta entonces… Clarke— se despidió junto con una sonrisa que le brillaban los ojos grises y antes de volverse hacia la puerta principal de dos hojas, le regaló otra sonrisa más, dejando como la bibliotecaria le respondía aquel gesto

—Hasta entonces… Niylah— suspiró mirándola salir de la biblioteca.

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—¿Y por qué coño… aceptaste salir con ella? Pudiste haberle inventado una mentira como sueles hacerle al resto de las mujeres que quieren meterse en tus bragas—

—No me ayudas mucho, ¿sabes Octavia?—

—Tú no dejas que te ayude. Tú misma provocas todo esta porquería de problema sentimental, eres una incapacitada en este ámbito—

Recriminó ácidamente Blake acostada en la cama de su mejor amiga mientras la observaba cambiarse de ropa una vez más, con Draco Malfoy escondido entre las almohadas. Octavia solo volteo la mirada al ver que aquella rubia no se decidía que ropa usar en su cita con la veterinaria

Ya había llegado el remarcado viernes, Niylah le había mandando un mensaje a su teléfono para que no lo olvidara, pero sinceramente Clarke, en medio de sus labores de bibliotecaria, pasaron los días restantes y lo olvidó por completo hasta que leyó aquel mensaje en le portón al regresar a casa, fue entonces cuando entró en crisis.

Aquello se lo confesó a Octavia que, de forma no muy agradable, se desesperó por esa actitud represiva de la rubia, solo la miraba cambiarse junto con esos gestos en el rostro que reflejaban inseguridad, y eso acababa su paciencia aún más, lo detestaba simplemente

—Estas muerta Clarke, no puedo creer que estabas pensando en querer rechazar a esa veterinaria sexy. Hoy es tu cita formal con una persona en mucho tiempo y te atreves a dejarla ir, ¿Qué coño te sucede? — recriminó arrugando el entrecejo mientras apoyaba su cabeza con una de sus manos sobre la cama

—No la voy a rechazar, pude haberlo hecho antes pero…

—Pero nada, olvidaste mentirle y ahora… estas nerviosa por salir con ella, ¿no es así? Como si no te conociera, Griffin —

—Sabes que tengo mucho tiempo sin salir con alguien, y ahora… — suspiró aflojando sus hombros en verse ante su espejo de cuerpo completo, unos jean ajustados con una blusa holgada de color blanco, acomodándose su cabello rubio quebradizo por un lado del hombro —Ahora… lo intentaré, ¿vale? —

—Lo que digas— murmuró volteando la mirada y recostándose en las almohadas — Hazme un favor y… métele la mano entre las piernas cuando tengas oportunidad. ¿Quieres? Así al menos valdrá algo la pena en salir de tu celibato—

—Gracias por tu apoyo, por eso eres mi mejor amiga— respondió sarcástica frunciendo su entrecejo , se incomodó al saber que no tenía el suficiente apoyo que esperaba, pero era Octavia , así que al final de cuentas esperar algo más… seria épico

—Solo te diré que… espero en verdad que esa veterinaria te saque algo de provecho—

Aquella bibliotecaria frunció sus labios incomoda por ese comentario que solo respingó agarrando su bolso sobre su hombro y terminando por acomodarse unos rubios del rostro. Suspiró queriendo olvidarse de su inseguridad, miró la hora en su pequeño reloj en la muñeca para cerciorarse que aún estaba a tiempo, así que suspiró de nuevo para salir de su habitación

—Cuida a Draco Malfoy, ¿vale? Llegaré….

—Espero que no llegues menos de una hora, más te vale llegar después del amanecer— comentó Octavia acomodándose en el cama de la rubia, y le regaló una sonrisa picara

—Nos vemos, Octavia—

Se rindió ante ese comentario nuevamente, solo dio media vuelta para salir de la habitación y salir de su departamento ignorando esas palabras como era de costumbre.

Como fue, se dirigió hacia el ascensor mientras acomodaba su bolso en su hombro sobre su blusa blanca, y carraspeaba de nuevo para escucharse mejor a la hora de hablar con Niylah. Por un momento tenía el temor en salir con alguien y al mismo tiempo en que fuera precisamente Niylah, sabía que ella esperaba algo más como tanto le aseguraba Octavia, y ahora lo estaba cumpliendo en tener una cita, quizá desconociendo con qué fin llegaría.

Al salir de protón del edificio, miró enseguida el auto de la veterinaria con ella recargada en el cofre, con suéter ligero café que hacia juego con el resto de su vestimenta estilo de otoño, sobre todo lo que resaltaba esos ojos grises.

Se saludaron cuando la bibliotecaria atravesó la calle para llegar a ella, seguido de abrirle la puerta del copiloto para subirse al auto y la veterinaria para conducir hacia uno de los sitios más llamativos de Seattle

Se dirigieron hacia el Great Wheel, uno de los mejores puertos de la cuidad, apreciados por la enorme rueda resplandeciente por la costa, sobre todo porque a estas altas horas de la noche, resaltaba aún todavía más. Llegaron a la orilla del puerto con la vista la cuidad, y al mismo tiempo el horizonte del mar junto con los transbordadores al pasar

Se encontraban sentadas en el cofre del auto mientras escuchaban Aerosmith con su clásico Amazing como música de fondo, escuchándose débilmente para poder platicar sin ser interrumpidas

—Gracias por… traerme aquí— Clarke miraba el horizonte de la cuidad, teniendo una hamburguesa sencilla entre sus manos, después de una pequeña mordida

—Gracias por salir conmigo— respondió Niyla tras comer una papa frita, mirándola sobre su hombro. Porque al escuchar esa respuesta le sonrió ligeramente, como si hubiera adivinado su pensamiento

—Eres muy… amable conmigo, y… creo que no es tanto por Draco Malfoy — alego la bibliotecaria, teniendo una curiosidad por aquellas acciones queriendo saber el trasfondo de aquella —¿No es así?... —

—¿Eso crees? — soltó seguido de fruncir sus labios

—Es… lo que veo— resopló mirando sus ojos grises, queriendo adentrarse más a sus pensamientos sin ningún rodeo —… Niylah…—

—Creo está de más en decir… que… me siento atraída por ti. Desde el primer instante en que te vi con Draco Malfoy. Y que por cierto… me ha ayudado en llegar hasta a ti— aseguró impulsándose por dentro, porque de solo mirar ese azul, le animaba simplemente — Clarke…

—Niylah…, yo te agradezco en todo por él. Te admiro mucho y… de cierta forma… lo sé. Es solo que yo… — frunció sus labios sintiendo ese temor que brotaba de su pecho, porque desaparto la mirada de ese gris hacia su hamburguesa a medio comer — No es fácil...

—¿Porque no? — inquirió la veterinaria ladeando su cabeza —Solo déjame conocerte, déjame acercarme y… quizá… podemos… intentar… —

Cada palabra trataba de mencionarla con cuidado, sutileza en no querer que la bibliotecaria de mirada azul se arrepintiera. En instante Clarke volvió a levantar la mirada para encontrarse con ese gris que tenía una de las mejores intenciones que nunca había escuchado. Y era de esperarse que aquellas palabras fueran a brotar de Niylah, tras semanas de mirarla como si no existiera nadie más y los comentarios de Octavia reforzaban todavía más.

Un naciente impulso broto de aquella bibliotecaria, dudó unos cinco segundos en acceder ante aquella rubia que le sostenía la mirada, por dentro solo se debatía en quedarse y esperar lo que pasara, se mantuvo en su misma posición cuando notó de pronto como la veterinaria se acercaba a ella sin dejar de romper ese contacto visual, hasta que tal distancia termino con rosarse la punta de la nariz.

—Niylah…— Suspiró Clarke sintiendo como la respiración de la mencionada chocaba débilmente con sus labios, teniéndola tan cerca que se paralizo y entrecerró los ojos adentrándose a esa sensación en tener los labios de la veterinaria sobre los suyos, concluyendo en un beso finalmente.

Para Niylah fue un momento que el tiempo se congeló, tenía a Clarke a su lado y la estaba besando después de una larga espera y una cita casi imposible de realizar. Hasta se tomó la molestia de armar una cita sencilla, porque sabía que le gustaban ese tipo de situaciones. Y ahora esto podría significar que tendría un lugar en la vida de la rubia, para iniciar una relación

Debía ser compartido, debía estar a la par, así debían ser las cosas. Con los labios de la veterinaria sobre los suyos, la bibliotecaria respondió el beso con un ligero movimientos, dejando irse por esa sensación de extrañeza, esa fluidez de sentimiento, pero que en algo no era compartido al final de cuentas. Se quiso engañar, fingir que debía hacer lo que todos decían, y que estaba aceptando una persona en su vida, y eso tendría las consecuencias. Rápidamente pensó en aquella universitaria, su vida en New York y el verdadero rumbo que había decidido para ella, y que tal vez aquella veterinaria tan detallista no lo merecía

Tal vez Niylah merecía una chica con seguridad al tope, disponible para una relación formal, con una vida más tranquila sin tanto cambio repentino. Alguien que simplemente no fuera ella, que no era Clarke

—Perdón… no…. No puedo— musito separándose de la veterinaria en cuestión de segundos, y al mismo momento que sintió como la mano de ella le acariciaba una mejilla. Rompiendo bruscamente ese momento tan significativo de una sola parte —Perdóname…—

—Clarke… espera…, Clarke…— Niylah presintió que había hecho algo indebido y quiso disculparse al instante pero aquella bibliotecaria solo movió la cabeza y bajó enseguida del cofre del auto, pareciendo como si quisiera huir de aquella escena, o de ella más bien, no quería perderla , no ahora — Clarke…—

—Perdón…— suspiró aquella rubia regalándole una última mirada comenzando a caminar hacia el puerto y alejándose de la veterinaria apretando el paso. Adentrándose al amplio puerto más concurrido de la zona, perdiéndola vista, y al mismo tiempo siendo imposible para la veterinaria ir tras ella

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Apretó el paso entre la puerto y mezclándose con las personas que visitaban el sitio, entrando y saliendo de los locales alrededor. Pensó en regresar para disculparse y quizá darle una explicación a Niylah sobre el dejarla ahí mismo, pero por ahora ya era demasiado tarde.

¿Qué se puede esperar de alguien así? Nada bueno. Caminó atravesando el puerto para adentrarse por fin a la cuidad, se acomodaba la correa de su bolso en un hombros mientras se ajustaba su blusa holgada y al instante pensó en lo que le diría Octavia al llegar al departamento. Posiblemente le diría muchas cosas, tal vez palabras sarcásticas y molestas por no haber terminado la cita en la cama de la veterinaria.

Podía imaginarse ese momento, sabía las palabras exactas y sabía que sería un momento pesado y largo que sobrevivir.

Pero fue sincera consigo misma, no sentía el meterse en una relación sentimental, quería seguir con su estilo de vida monótono, aunque fuera algo difícil de creer.

Después de atravesar unas calles de más, sin rumbo al aparecer, decidió irse por la venida más concurrida que conocía como un camino a su departamento. Sabía perfectamente que no debía llegar a su casa a tan solo dos horas de la cita, adivinaba que Octavia seguía despierta y posiblemente se encontraba jugando con Draco Malfoy, o quizá molestándolo. Suspiró al detenerse en una avenida con un parque central frente a su edificio, para la hora de la noche se encontraba solitario, iluminado por el alumbrado público. Alzó la mirada hacia donde era la ventana de su departamento y aseguró que la luz de su habitación se encontraba prendida, así que supuso que no era una buena señal. Se resignó y se dirigió al único lugar donde podría dejar pasar al tiempo hasta esperar que Octavia se durmiera.

A unas calles más debajo llegó a la calle Mein, justo en la esquina se situaba uno de su sitios favoritos, desde el primer momento que llego a la cuidad, The Orange. Un pequeño bar con toques coloniales, perteneciente a la arquitectura del sitio, con eso atribuyéndole la bandera arcoíris que se encontraba colgada cerca de la puerta y la fachada color anaranjada, y que ahora resaltaba un anuncio una de las ventanas que decía «Se busca camarera de medio tiempo. De preferencia chica mayor de 20 años »

—Hola… Clarke, ¿verdad? — supuso la chica barman mirando a la bibliotecaria que había llegado hasta la barra. Observándola sobre sus gafas de armazón negro entre su cabellera larga y lista. Limpiaba los vasos de whisky luciendo sus tatuajes en los brazos, debido a su ropa ajustada —No te había visto por aquí…desde… hace…. Unas semanas— añadió

—Tuve días agitados, ¿cómo has estado Alex? —saludó Clarke en la barra aflojando sus hombros y por dentro queriendo omitir lo que acababa de ocurrir — Leí tu aviso que buscas camarera…— añadió queriendo desviar el tema

—En realidad… no es para tanto. Solo lo eh puesto dos días y… al parecer uno de mis empleados puso la solicitud de trabajo de una chica llamada Chap… o algo así, en mi escritorio. Aunque… no estoy segura por contratarla — Alex volteo la mirada dejando los vasos de whisky en las repisas de atrás, carraspeo para sacar una cerveza del congelador debajo de la barra y le regaló una sonrisa a la bibliotecaria —Toma, cortesía de la casa. Y no me digas que no lo necesitas, solo de ver esa mirada… puedo saber que hoy no fue tu noche— le regalo un giño y se fue al otro lado de la barra para atender a un grupo de chicas que se adentraron al sitio y querían pedir su consumo

Clarke le sonrió y suspiro tranquilamente, al menos conocía otras personas que solo por detalles la entendían, aunque fuera solo unos gramos de atención, pareciera curioso que la chica barman fuera una de ellas. Le dio un pequeño sorbo a su cerveza, sintiendo el líquido frio y reconocido, se le escapo un suspiro, dejando de pensar en lo que iba a pasar mañana o los próximos días, a estas alturas quizá había perdido a Niylah.

Pero ahora, no quería pensar en nada más.

—¿Se te ofrece algo más? — inquirió Alex poyándose con una mano en la barra y la otra en la cintura mirando con determinación en aquella mujer que había llegado hace una hora y pidió un whisky en las rocas. Al terminar de atender el grupo de chicas, regresó hacia a ella al notar su vaso vacío —Aprovecha que… el sitio no está muy… saturado todavía—

—Solo… otro whiskey en las rocas, igual. Gracias— respondió aquella con las manos en el vaso amplio con hielo, deslizándolo hasta donde se encontraba la barman, aflojó el nudo de su cortaba negra, con esa camisa blanca con el primer botón flojo cerca de su cuello

—No… te había visto por aquí — comentó Alex mientras agarraba el vaso para servirlo y dirigirá de nuevo su mirada hacia ella— ¿Eres gay? —

—No sabía que era un requisito para estar aquí. A puesto que… todas las lesbianas de Seattle entran a este bar, y… las identificas con facilidad ¿no es así? — supuso alzando una ceja —Se ve muy popular…—

—Es solo curiosidad por las nuevas integrantes, pero acabas de acertar. Por algo tenemos la bandera al entrar— agregó Alex con una sonrisa ligera deslizando el vaso hasta sus manos —Bienvenida a Seattle…. —acertó que era nueva en cuidad —Ammm…. ¿Cómo te llamas? —

Aquella mujer agarró el vaso de whiskey, dándole un pequeño sorbo para apaciguar ese sabor en los labios, disfrutando tras llegar de su jornada de trabajo. Y la verdad es que este bar le había causado curiosidad por el hecho de la fachada tan llamativa y propia, al igual como su antiguo bar favorito en su ciudad natal. Al escuchar la pregunta de Alex, ella sonrió de lado porque esa actitud le había causado agrado, supuso que la barman podía tener a la persona que quisiera y entablar una amistad si quisiera, justo como ahora

—Lexa… Lexa Woods— contestó con una amplia sonrisa

—Pues…bienvenida a The Orange, Woods— Alex le regaló una sonrisa y se giró para irse al otro lado de la barra, dividido por los estantes de las botellas de marca.


Hola, que tal F.F.

Les subo la segunda parte de esta historia

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