RPVO

Otro día aburrido en la pequeña ciudad de Forks había terminado, Dios es tan estresante que todos los estudiantes te estén viendo con lujuria en el caso de los hombres, o con envidia y celos en caso de las mujeres. De solo pensar en que lo soportare por el resto de mi existencia… ufff.

-me pregunto cómo será la nueva alumna- comento Alice emocionada viendo hacia la nada, brincando como un conejo hiperactivo. Y los demás nada más riéndose de su comportamiento.

Y ahí está la incógnita y comidilla del pueblo, una nueva alumna de Phoenix vendrá a estudiar a la escuela lo que nos causa sensación a nosotros es que Alice la vidente de la familia no podía ver absolutamente nada de esta chica.

-¿ah ves algo de la nueva chica?- pregunto emocionado Emmett y Alice complaciéndolo busco en el futuro, apareció una mueca e su cara y lo intentaba de nuevo.

-ni lo intentes Alice… no has logrado ver nada de esa chica en semanas y dudo que lo logres ahora- le dije molesta por tanto alboroto, a lo que la pequeña duende se entristeció.

-¡ROSALINE HALE! ¡DISCULPATE CON TU HERMANA AHORA MISMO!- me reprendió Esme con dureza, a lo que yo simplemente lo ignore mirándome la uñas.

Jasper estaba mirándome molesto al apesadumbrar a su pareja, Emmett y Carlisle solo me veía decepcionado y negaba con la cabeza.

Yo simplemente los ignore y Salí de la casa necesitaba tiempo para estar a solas, corrí una buena distancia antes de detenerme.

Todo el mundo me consideraba una perra fría y sin corazón, y tenían razón yo me había esforzado mucho en convertirme en eso, tal vez debería explicarme mejor: en mi transformación perdí lo que más amaba atesoraba y necesitaba en el mundo: a mi hija. Ella me necesitaba más, por dios por que la vida tenía que ser tan cruel mi pequeña hija solo tenía 4 años en ese entonces.

Pero ninguno de ellos lo comprendería, tal vez lo entendería un poco Esme pero a la vez no ya que su hijo nació muerto por lo que no convivió con él.

El dolor que una madre debe de soportar es terrible cuando nunca vuelves a ver a tu hijo, eso me pasa a mí, tenía una vida perfecta una chica joven de buen estatus económico, casada con un hombre maravilloso y rico (que moriría al poco tiempo de que naciera mi hija), mis padres me adoraban a mí y a mi pequeña.

Mi hermosa hija era una hermosa niña: de una piel blanca sin ningún rastro de esas horribles pecas, su pelo era de un hermoso color caoba con destellos rojizos a la luz del sol, sus ojos de un color azul-morado, pero también era cariñosa, amable, educada y algo torpe que le hacían la niña mas adorable del mundo entero.

Me comenzó a doler el corazón, mi hija ya debería estar en edad muy avanzada o muerta. Realmente espero que lo primero.

Nunca más la busque desde el aquel día en el que asesine a Royce, recuerdo que antes de irme para siempre llegue a mi casa una vez más para despedirme de mi dulce angelito, pero me preocupe cuando no la encontré en su habitación o toda la casa. No fue hasta que busque en mi habitación en la que encontré envuelta en mis cobijas abrazando fuertemente la almohada aspirando mucho cada vez que respiraba intentando conservar mi aroma.

Sus ojos parecían hinchados de tanto llorar, me acosté por última vez junto a ella y la abrace con cuidado, su aroma me golpeo: fresillas, lavanda y como el roció de la lluvia, pero ignore el quemazón en mi garganta ya que era mi hija a la que abrazaba.

No sé durante cuánto tiempo la estuve abrazando y ella se me abrazaba con fuerza una vez que la solté con cuidado y me paraba la oí sollozar y comenzó a hablar en sueños.

-mami… no… me dejes- lloriqueo como cualquier niño pequeño asustado y su suplica me partía el corazón, ya nunca más le daría de comer, la regañaría por ensuciarse o por no querer comerse sus vegetales, no estaría para consolarla con sus amores o el día de su boda.

-tranquila- le susurre con voz ronca ya que nunca más podría llorar, y comencé a cantar ya que siempre se calmaba así:

Calla mi vida

No hay que llorar

Sueña y sueña feliz

Siempre tú debes

Mi arrullo llevar

Sueña y así yo estaré junto a ti

Le bese la frente mientras le colgaba el relicario que pensaba regalarle en su cumpleaños en su cuello- te amo- le susurre antes de irme.

Fue un día muy duro, nunca volví porque pensé que no resistiría y me la llevaría y eso era incorrecto.

El sol ya comenzaba a asomarse entre las montañas, cosa que me indicaba que era el momento de regresar para seguir con una farsa.

Una vez que llegue a la casa me cambie ignorando las miradas de mi familia y salimos rumbo a la escuela, bueno admitiré que si me da un poco de curiosidad la chica nueva.

cotii