Fue entonces cuando Kagome vio la brecha de la habitación acolchada.
Era un espacio entre dos paredes mullidas, lo bastante grande como para que un niño de 4 años pase por allí. Kagome supo en seguida que Sota había salido por allí;era muy propio de el tomar el camino mas fácil para cualquier caso.
Kagome era muy delgada, así que paso por allí atascándose solo una vez, y en seguida estuvo fuera. Estaba apunto de continuar hacia la parte delantera de la estructura para trepar, cuando reparo en el aleteo del faldón de una tienda.
El faldón suelto se agitaba por el impulso del viento, a lo que Kagome se dio cuenta de que cualquiera podía alzarlo y entrar.
Sota no había ido allí, eso lo tenia claro. No era de los que aria algo así. Pero, sin saber por que, Kagome tubo un presentimiento.
Miro fijamente la tienda y vacilo. El aire olía a polvo y palomitas. Soy Valiente se dijo, y avanzo sigilosamente . Alzo el faldón, solo un poco, lo suficiente como para poder meter la cabeza y echar un vistazo, y asi lo hizo. No se podía ver nada, pero el olor a palomitas era mas fuerte. Avanzo mas y mas hasta encontrarse finalmente dentro de la tienda; y entonces sus ojos se adaptaron, y se dio cuenta de que no estaba sola.
Había allí un hombre alto, una larga melena negra como la noche adornaba su espalda y vestía un enorme abrigo de piel color blanco, por mas calor que hiciese. El hombre no pareció darse cuenta darse cuenta de la presencia de Kagome, porque tenia algo en brazos, y su cuello se inclinaba hacia ello, haciendo algo.
Cuando Kagome se dio cuenta de lo que el hombre estaba haciendo, supo que los adultos siempre habían mentido al decir que las brujas, los fantasmas y los monstruos no existen.
Porque el hombre tenia a Sota, y se lo estaba comiendo.
