DISCLAIMER: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi. La obra es mía, escrita sólo con el fin de entretener – a ustedes y a mí. Sin fines de lucro. Este fic participa en la actividad de San Valentín "Érase una vez el amor..." del foro "¡Siéntate!".


De cursilerías y verdades… —

II —


En cuanto apareció en la sala, el silencio reinó en el lugar en tanto todas las miradas se fijaban en su persona. Entrecerró las cejas, avanzando con lentitud apoyado en su shakujō, hasta que llegó al puesto que solía ocupar y se sentó, siempre con los jóvenes ojos mirándolo atentamente. Extrañado, buscó una explicación en los rostros de su esposa y su mejor amigo, quienes se encogieron de hombros, tampoco sabían qué ocurría. Se aclaró la garganta y decidió salir de la duda.

— ¿Qué ocurre?

— Te estábamos esperando para la historia de hoy, abuelo — la mayor de sus nietas respondió, sonriendo con entusiasmo.

— Sí, queremos saber qué pasó después de que derrotaron a Naraku — un muchacho un poco más joven que su prima manifestó su ansiedad ante el relato que aún no escuchaban.

Miroku sonrió, haciendo un repaso mental de lo que había contado hasta el momento. Luego de escuchar la historia sobre el osado terrateniente que había puesto sus ojos en su abuela, los pequeños habían comenzado a mostrar bastante interés en el desarrollo de su relación con Sango, preguntando cada detalle que se les ocurría, desde las muestras de celos, si habían tenido alguna cita, cómo se habían declarado, la existencia de otros intereses amorosos – la mención de esos nombres causó que Sango entornara los ojos e hiciera muecas, porque su esposo aún recordaba demasiados detalles para su gusto – y, la vez anterior, contó cómo había sido su boda. Se pasó la mano por la barbilla, buscando con qué entretener a sus nietos ahora.

— Abuelo, ¿siempre se han entendido tan bien? Porque en realidad, son muy diferentes…

La observación de su nieta logró que decidiera el contenido del relato que contaría, haciéndoles un gesto para que se acercaran un poco más a él y esperando el silencio total para comenzar a hablar.

— La verdad, es que no. Ya han escuchado bastante sobre los celos y los conflictos que tuvimos durante nuestro viaje, situaciones que muchas veces nos hicieron cuestionarnos nuestro futuro juntos… — Suspiró, él aún recordaba cuántas veces había sentido que quizá lo mejor era alejarse para evitar herirse. — Ingenuamente, pensé que eso acabaría cuando pudiésemos tener una vida normal, cuando la maldición desapareciera y Naraku fuese derrotado… pero la realidad fue totalmente distinta.

» Tal como saben, no nos parecemos mucho, y al principio nuestro único factor común era el enemigo contra el que luchábamos. Como compañeros de batallas, siempre nos complementamos bastante bien, usando nuestras habilidades en conjunto y supliendo de esa forma, las debilidades del otro con nuestras fortalezas. Sin embargo, en el resto de las cosas, no fue tan sencillo.

» Las primeras semanas de nuestro matrimonio fueron tranquilas, en tanto nos acostumbrábamos a la convivencia cotidiana. Sin embargo, pronto comenzamos a notar que éramos demasiado diferentes. Como el día y la noche. Solíamos tener desacuerdos por cosas simples, como mi calma y paciencia, contrapuesta con la impulsividad y apuro de Sango. Ella siempre tan recta, responsable, estructurada… yo, más bien, tranquilo, relajado, hasta un poco indisciplinado, si quieren…

— Es verdad, a veces pareciera que no te tomas las cosas en serio — uno de sus nietos mayores hizo la observación, negando con desaprobación —. Como si la vida fuese un juego…

— Tampoco es como si debiésemos angustiarnos por todo — la mayor encaró a su hermano —. La vida es para vivirla…

— Pero todo extremo es malo… ¿o no, abuelos?

Sango sonrió levemente, dejando que su esposo acabara con esa discusión, porque sabía que lo haría mejor que nadie. Con la confianza puesta en sus palabras, Miroku asintió a la idea implícita de su mujer antes de continuar con el relato.

— Bien, así como ustedes han discrepado en algo tan sencillo, a nosotros nos solía ocurrir seguido. No eran discusiones ni peleas, pero no lográbamos ponernos de acuerdo y las cosas parecían no avanzar. Sin embargo, ambos aprendimos que no podíamos seguir por el mismo camino si seguíamos pensando como uno solo porque, de hecho, ya no estábamos cada cuál por su cuenta. No fue algo fácil, pero ese día fue el comienzo de la verdadera convivencia.

» Su abuela había estado muy silenciosa por algunos días, sin querer decirme el motivo. Comencé a exasperarme, la encontraba distante, sentía que no podía llegar a ella. Así que, cuando llegué a casa aquella tarde, le dije que debíamos hablar. Ella me miró como pocas veces lo había hecho, de una forma profunda, y asintió con un gesto. Nos sentamos en la sala y le dije que la sentía demasiado lejos, como si realmente no estuviese conmigo. Quería saber qué pasaba, si acaso había dejado de quererme o si se había hartado de que fuésemos tan diferentes.

"— Nada de eso — me respondió, son una sonrisa tranquila —. Sólo estuve pensando y me di cuenta de algo. Tengo muchos defectos y suelo negarlos, porque soy demasiado orgullosa para admitir que estoy equivocada. Sin embargo, tú tienes razón: a veces, hay que sentarse, calmar el alma y pensar con claridad."

— ¿En serio dijiste eso, abuela? — Los pequeños parecían no creer que ella pudiese reflexionar de esa forma.

— No sé si fueron exactamente esas palabras, pero fue algo así — afirmó, sorprendiéndolos.

— Créanme, niños, me sentí igual de confundido que ustedes. Por un momento, pensé que un espíritu maligno había poseído a mi mujer… pero no, era ella. No lo entendí de inmediato y ella tampoco quiso explicarse más, sólo me dijo que siguiera teniendo paciencia. Los días pasaron y comencé a notar cambios.

» Sango ya no se alejaba de mí cuando estaba molesta. En cambio, se acercaba, buscaba mi mano, mis ojos y me pedía con ese gesto que la contuviera. Me animaba a participar de los entrenamientos con los aldeanos, o con ella, me pedía que hiciéramos más cosas juntos. Y lo comprendí: estábamos los dos recorriendo el mismo sendero, debíamos hacerlo unidos. Ella comenzó a aceptar cómo era yo, y en lugar de contraponer su personalidad a la mía, intentó impregnarse de todo lo que yo era y ella no.

» Decidí seguir su ejemplo, y empecé a hacer lo mismo. De esta forma, fuimos conociéndonos más. Descubrimos qué cosas nos afectaban y cómo, aprendimos a leer nuestras expresiones, nuestros ojos, y fue cosa de tiempo para que las palabras sobraran en algunos casos. Y nuestras diferencias ya no nos alejaron, sino que comenzaron a unirnos, porque podíamos descubrir sin dificultad qué necesitábamos y cómo dárnoslo. No fue algo sencillo, pero al final valió la pena, porque comencé a sentirme completo.

— Entonces, ¿mezclaron sus personalidades? — El infante que hizo la pregunta parecía confundido, al igual que los demás.

— No, para nada. Aprendimos el uno del otro, pero no dejamos de ser nosotros — Miroku sonrió, sabía que eso era algo difícil de comprender sin haberlo vivido —. Su abuela nunca dejó de ser Sango, y nunca ha dependido de mí para hacer nada, del mismo modo en el que yo sigo siendo Miroku. Es difícil de explicar, pero nos complementamos a la perfección. Por eso ahora pareciera que nos entendemos tan bien.

— En realidad, niños, es algo que hemos ido construyendo con los años y que realmente nunca dejamos de hacer — agregó Sango, ayudando con la explicación —. Conocemos nuestros defectos y virtudes y sabemos lo diferentes que somos, pero en vez de permitir que eso nos distanciara, decidimos que nos uniría, porque es lo que pasa cuando encuentras a tu media naranja.

Los pequeños asintieron, murmurando entre sí como cada vez que terminaba una historia, seguro sacaban sus propias conclusiones. El monje buscó la mirada de su esposa y ambos sonrieron, porque ellos no creían en el alma gemela, no eran para nada iguales y ya habían descubierto que todo era mejor, si lo hacían juntos.


¿Bueno? Acá estamos, con el siguiente capítulo de este fic que esta vez nos relata como dos personas tan distintas, llegaron a complementarse tan bien. Siempre me ha maravillado la forma en la que Sango y Miroku parecen congeniar tan a la perfección, porque lo que le hace falta a uno, el otro lo suple. Es una de las cosas que más amo de esta pareja (L)

Bien, hasta aquí la entrega de hoy. Quiero agradecer a Avril Garcia por su magnífico y hermoso review (preciosa, si quieres recibir notificaciones de actualización y cosas así, podrías hacerlo si te creas una cuenta en ff, es gratis :P), y a Nuez por su siempre apañadora ayuda en mis locos proyectos.

Hasta acá con la segunda etapa del amor. Nos leemos en la siguiente.

Yumi~