Se encontraba en el cuarto sueño cuando un retorcijón en su estómago lo despertó de forma abrupta. Doble D se hizo bolita y se abrazó a éste para intentar mitigar el dolor, aunque era en vano. Se mordió el labio inferior y empezó a temblar.

"Ngh, ¿por qué justo hoy? Mañana hay escuela..." Pensó casi llorando, debatiéndose en si levantarse o no para pedirle alguna pastilla a su mamá. Pero no quería molestarla, ella y su padre trabajaban mucho y merecían dormir toda la noche sin interrupciones. Guiado por ese pensamiento, decidió no levantarse y mantenerse en el colchón hasta que el dolor pasara. O al menos ese fue su plan hasta que empezó a sentir un calor infernal. Éste se trasladó desde su espalda baja a su nuca y luego cayó en picada a su entrepierna. Doble D se sobresaltó y quedó sentado en la cama con ambas manos sobre su intimidad.

"Oh cielos, cielos, cielos."

Empezó a rogar en su mente que no fuera lo que él pensaba, pero en cuestión de minutos sintió algo mojado allí atrás. Chilló ahogado y saltó de la cama para ver su colchón, descubriéndolo humedecido. Volteó apenas para verse el pantalón del pijama y se encontró con el mismo escenario. Desesperado, tomó ambos extremos de su gorro para dormir y los estiró con fuerza hasta casi romperlos.

"Esto no está pasando, esto no está pasando."

Pero su erección y la lubricación natural ya estaban ahí para indicarle que efectivamente sí estaba sucediendo.

Había despertado como Omega.

Cerró los ojos con lágrimas de la vergüenza y los nervios para después intentar serenarse. Había caído en la trampa de confiar que sería un Beta toda su vida, considerando que teniendo dieciséis aún no había manifestado ningún rasgo crucial de las otras especies. Era él que más sabía en la escuela de Alfa, Beta y Omega y el primero en haberse confiado en que no iba a despertar, incluso conociendo los casos más extraños de despertares tardíos.

"Tonto, tonto y retonto."

Por suerte era un chico precavido, por lo que cuando volvió en sí se acercó casi tropezando a sus cajones. La incomodidad en su zona trasera y delantera era demasiado molesta para caminar. Se estiró un poco y abrió el segundo cajón donde guardaba una cajita con diversas tabletas de pastillas de colores. La dejó en el suelo y se arrodilló delante para no mancharlo.

Empezó a buscar. Su madre le había explicado desde pequeño que los supresores eran muy caros, y que debía ir ahorrando para ir obteniendo los diversos tipos que había. Solo para asegurarse en caso de que un día se descubriera su naturaleza como un Omega.

Los supresores rosas eran para inhibir el celo apenas comenzado, los verdes para cortar el celo avanzado de forma abrupta, causando un gran malestar en el Omega pues eran de emergencia. Y los amarillos eran los que debía tomar a diario para suprimir su celo desde una semana antes, aunque para esto debía aprenderse su ciclo una vez que hubiera despertado. Con manos temblorosas, tomó una de las pastillas rosas y se la tragó sin siquiera beber agua. Estaba desesperado.

Sabía que al ser su primer celo la pastilla podía provocarle efectos secundarios, sobre todo a su cuerpo tan susceptible a los cambios, pero prefería correr el riesgo antes de tener que quedarse cinco días encerrado deseando tener relaciones con cualquiera y sufriendo dolores en el cuerpo. Se mantuvo arrodillado, tenso y asustado, sin moverse ni tocarse, aproximadamente una hora y media. Luego los síntomas de su celo se fueron desvaneciendo y cayó desmayado.


"¿Dónde está cabeza de calcetín?" Preguntó Eddy molesto mientras Ed cerraba su casillero. Necesitaba al cerebrito del grupo para terminar de decidir los detalles finales de su plan.

Aún con dieciséis años, seguía queriendo estafar a quien pudiera, aunque a diferencia de cuando era niño ya no se gastaba el dinero en caramelos. No había superado el querer ser como su hermano, ni siquiera con todo lo que había sucedido, por lo que deseaba empezar a fumar y probar cosas que él ya hacía a su edad. Claro que esto Doble D y Ed no lo sabían. Además, su condición como Beta lo forzaba a buscar cosas interesantes.

"No lo sé Eddy, pero si tienes hambre te doy uno de mis sándwiches de emergencia." Respondió sonriéndole, amagando a volver a abrir el casillero, pero la mano de Eddy se lo impidió.

"No, Ed. Si vuelves a abrir esa cosa me vomitaré." Se quejó cubriéndose la nariz cuando vio de reojo como su amigo se acercaba casi corriendo "¡Cabeza de calcetín! Llegas tarde."

"L-lo siento Eddy, tuve unos problemas con..."

"Sí, sí. Lo que digas. Ven, quiero que me ayudes a terminar de planear esta estaf..."

Eddy había empezado a caminar, pero cuando notó que sus amigos no lo seguían se detuvo para ver que sucedía.

"¡Hey, par de idiotas!" Llamó, pero no le hacían caso. Ed estaba de espaldas a él, viendo fijo a Doble D o al menos eso indicaba el ángulo de su cabeza. Eddy alzó una ceja curioso y se acercó "¿Me están escuchando?"

Doble D empezó a sudar. Sabía que luego de despertar el aroma de una persona cambiaba o se intensificaba y también era capaz de percibir el olor de los demás. El olor a maní que desprendía Ed como Alfa empezaba a aturdirlo, pero le preocupaba más saber si acaso su amigo ya sabía que había despertado.

"Doble D." Nombró Ed y el aludido se encogió apenas.

'Nolodigas. Nolodigas' Rogó por dentro.

"¿Tienes caramelos de menta?" Preguntó con una gran sonrisa, tomando su maletín sin previo aviso y abriéndolo.

"...¿eh?" Susurró confundido.

"¡Huele a caramelos de menta, Eddy!" Dijo, sacando todo lo que se encontraba en el interior del maletín. Ver sus cosas desperdigadas por el suelo fue lo que hizo reaccionar finalmente a Doble D.

"¡Ed, no hagas eso!"

Y mientras Ed seguía sacando todo en busca de dulces y Edd lo iba recogiendo, la mirada de Eddy solo pudo posarse en algo pequeño.

Una tablita de doce pastillas rosas.

Con solo once.

No le costó relacionar la información. Miró a Ed, que aún chillaba por los caramelos de menta aunque el maletín estuviera vacío y luego a Doble D, que parecía haberse dado cuenta de que le faltaba lo más importante.

"Ed." Llamó Eddy con frialdad mientras se agachaba a recoger la tablita.

"¿Sí, Eddy?" Asomó su cabeza desde el interior de la maleta, ¿cómo rayos había entrado en ella?

"No hay caramelos de menta. Deja de buscar." Ordenó y miró a Edd, enseñándole las pastillas "Más bien alguien nos debería explicar por qué huele a unos."

Doble D tragó saliva, pero asintió.


"¿Entonces ahora eres Omega, Doble D?" Preguntó Ed confundido, recibiendo un asentimiento como respuesta. Edd estaba sonrojado y muy apenado, apenas podía mirarlos a la cara.

"Quita esa cara, cabeza de calcetín." Dijo Eddy algo molesto "No es nada del otro mundo."

"L-lo sé, Eddy, pero me preocupa ser uno de los pocos Omegas de la escuela..." Confesó desanimado. "Hay muchos riesgos y debo tener extremo cuidado con..."

"Que dejes de preocuparte, ¿quieres?" Esta vez Eddy usó una voz más enfadada, causando que Doble D frunciera el ceño.

"¡Pues perdóname por estar tan confundido y nervioso por lo que me depara el futuro!" Alzó la voz "Siempre te preocupas por ti mismo, solo tú, tú y tú. Nunca entenderías como se siente alguien que acaba de despertar a la especie más vulnerable y..."

"¡Lo que quiero decir es que Ed y yo vamos a protegerte! ¡¿Entendido, idiota?!"

Edd pestañeó.

"¿Qué?"

"No voy a repetirlo, cabeza de calcetín." Sentenció, desviando la mirada y cruzándose de brazos. Doble D se quedó unos segundos pasmado antes de sonreír.

Eddy seguía haciéndose el duro, pero acababa de demostrarle y prometerle seguridad. Sintió que el peso sobre sus hombros se aligeraba.

"¡Ahora somos los ángeles guardianes de Doble D! ¡Como en esa película donde Tonio está desangrándose y llegan Henry y Klaus para sanarlo!" Exclamó Ed para atrapar a los dos en un fuerte abrazo. Doble D se mareó un poco al percibir el olor a maní con más fuerza, pero no podía quejarse.

Eran una manada después de todo.


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Bel