¿Se imaginan vivir en un mundo donde la fantasía y los libros son realidad? Yo sí, sería algo estupendo. Estoy obsesionada con los libros, sobre todo las novelas juveniles que tienen que ver con Ángeles Caídos. Seguramente has escuchado de ellos: un ángel que ha sido expulsado del cielo por rebelarse.

Es bastante interesante de verdad, sobre todo en la actualidad donde se duda de la religión y la existencia de Dios o si de verdad existe el bien y el mal. Por supuesto que no soy una creyente, pero mi obsesión por esos ángeles me ha hecho investigar y encontré un pasaje que me llamo bastante la atención: "el Diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos, esta caída consiste en la elección libre de estos espíritus que rechazaron radical e irrevocablemente a Dios y a su Reino"

Lo que me hace pensar: sí estos ángeles que lo tenían todo, rechazaron lo que ahí dice como "su reino", ¿realmente es tan bueno como nos prometen?

Claro que, me estaría metiendo en temas bastante espinosos. Además, no es que pudiera concentrarme más en el tema, pues estoy en clase de deporte a punto de dar tres vueltas al estadio.

— ¡Mientras más rápido comiencen, más rápido terminan! ¡Vamos, vamos, chicos, levántense! —animaba la entrenadora entre gritos y aplausos.

Algunos alumnos se quejaban, otros ya estaban en ello. Me levanto de las gradas y comienzo a correr con mi mejor amiga Madge a mi lado. Para cuando todos habíamos dado la primera vuelta, ya se escuchaban las respiraciones, algunos ya se estaban rindiendo en las gradas y Madge ya se quejaba bastante.

A mí me gusta correr, por eso estaba en el equipo de atletismo de la escuela. Por eso no la estaba pasando tan mal como los demás.

— ¡Vamos, Maggie!— le grito par animarla, pues estaba unos pasos detrás de mí —, si puedes comer una caja entera de pastelillos en cinco minutos, puedes correr las tres vueltas.

— ¿En qué mundo? — Acelera el paso para alcanzarme —. Los pastelillos y el ejercicio no se llevan bien.

—Obviamente no.

—Te juro que necesito parar o me moriré. —dice, colocando sus manos sobre las rodillas, recuperando la respiración. —. ¿Tienes agua?

—En mi bolsa, ¿te acompaño por ella?

—No, no. Termina las vueltas, yo iré por ella.

—De acuerdo.

Maggie no es una persona muy activa.

Sigo trotando hasta terminar las vueltas, me siento junto a Maggie quien me pasa la botella de agua, le doy pequeños tragos.

—La profesora me mira raro—dice Madge viendo a la entrenadora Coin.

Me río — ¿Y a quién no? —Tomo otro sorbo de la botella—. Es porque no terminaste las vueltas.

— ¡Quiero que todos formen cuatro equipos! Jugaremos fútbol.

Madge vuelve a quejarse.

—Esta mujer es el demonio—susurra, para que nadie la escuche.

—No es tan mala, simplemente es una pobre mujer sola y amargada.

—Ah, que lo de pobre mujer no me la trago, pero que este sola, ni lo apostaría porque perdería.

Me río a pesar de que este mal. La entrenadora Coin solo hace su trabajo, pero todo lo que tenga que ver con ejercitarse, correr o incluso caminar, se gana automáticamente el odio de Madge.

Guarde la botella de agua en la bolsa antes de caminar a la cancha. Veo a unas gradas más arriba a Peeta Mellark, sentado muy cómodamente con su chaqueta negra sobre las piernas. Seguramente consiguió otro permiso para evadir esta clase, siempre lo hace, jamás participa en las actividades. Lo observó con curiosidad, es bastante callado, reservado y misterioso, todo un bad boy de novela. De pronto voltea su mirada hacía mí y me atrapa observando, me volteo a otro lado de inmediato, y es cuando decido caminar hasta la cancha con las mejillas rojas y con su mirada en mi espalda.

Cuando la clase termina, tomo una ducha en los vestidores, tomo mis cosas y camino con Maggie a la siguiente clase, que es biología. No es de mis favoritas, así que dejo mi bolsa al lado y me recuesto sobre el escritorio para una larga clase de células, animales, plantas y mamíferos.

Garabateo en mi cuaderno distraída mientras los demás entran, sin saber que lo que estaba dibujando era un diente de león, tal vez estaba recordando al que había encontrado esta mañana de camino a la escuela, de un hermoso color naranja y amarillo, me había arrodillado a recogerlo, lo cual fue un alivio después de una discusión que había tenido con mamá; pues reflejaban la inocencia y la pureza, lo arranque de su lugar y lo guarde entre las hojas de la carpeta que traía en la mano, pero lo curioso era que al levantar la vista alguien me estaba observando, bueno, no era alguien, era Peeta Mellark recargado en su motocicleta negra, no había escuchado el rugir del motor o si quiera haberlo visto en el camino, había aparecido de repente, lo cual hizo que me encogiera un poco en mi lugar, después lo ignore y seguí mi camino, pero no se quedó atrás, escuche encender su transporte y sentí el aire de la velocidad levantar la blusa verde que llevaba cuando paso de largo.

Dejo el cuaderno y coloco mi atención alrededor, Maggie habla muy animada con Gale, un compañero que la pretendía. Hacen linda pareja los dos, coquetean y sonríen, si llegaba a suceder algo entre ellos dos, sería la primera en apoyarlos. Por otro lado yo estoy soltera, no es que este fea sino que no quiero una relación en estos momentos, solo concentrarme en mi vida. Ya tengo suficiente con el romance de mis libros por ahora. Sin embargo, hay una persona que de verdad lo intenta conmigo, su nombre es Cato.

— Kat—dice con su voz grave, sentándose sobre mi escritorio ¿estaba tratando de seducirme?—, que bien te sientan esos jeans— si, estaba tratando de seducirme —. Deberías usarlos más seguido, tus piernas se ven increíblemente sexy, nena.

Estaba sentada, ¿cómo podía apreciar mis jeans si estaba sentada? Cato es un labioso.

— Gracias, Cato— forzó una sonrisa mientras pensaba como sacar su trasero de mi escritorio — ¿listo para la carrera?

— Más que listo

— ¿Estas entrenado duro? Te veo más delgaducho bromeo—Al menos sirvió para que saliera de mi escritorio.

Se levanta la playera mostrando su abdomen torneado llamando la atención de varias compañeras. Cato es casi un exhibicionista, se la pasa la mitad del día presumiendo sus músculos. — Velo por ti misma.

— Si, me dice que eres un maniático obsesionado con tu figura.

— ¡Oh, vamos! No puedes decir que esto no te vuelve loca— se baja la playera y recarga los codos en mi mesa «Santo, Dios»—, pero a eso no es a lo que venía. Quería preguntarte ¿si querrías salir conmigo?

Cato no me gusta en absoluto, es vulgar y egocéntrico. Aunque tiene un cuerpo envidiable, está fuera de base conmigo. Y to también estoy fuera de las citas, desde que termine con mi antiguo novio, Marvel.

— Cato— suspiro —, ahorita no estoy muy entusiasmada con...

— ¿Puedes quitarte de mí maldito camino? — pregunta una voz masculina disgutado—. Llevo rato queriendo pasar y no me dejas por andar coqueteando ¿qué no ves que no le caes ni un poco de bien a Katniss? ¡Deja de intentarlo, hombre!

— Bueno ¿Y tú quién eres para darme ordenes, Mellark?— contraataca Cato, sabía que no se quedaría con las palabras en la boca. —Deberías aprender a decir por favor.

—Su te hubiera dicho por favor ¿te hubieras quitado?

Cato se ríe —No, de verdad que no.

—Cato, déjalo pasar—digo.

—No, no lo voy a dejar pasar hasta que lo pida de nuevo.

—No repito las cosas. —dice Peeta. —. Así que, espero que hagas lo que te pido, imbécil.

Peeta parece bastante molesto mientras Cato se divierte con la situación. En un momento, Peeta empuja a Cato del camino.

Ahora sí Cato ya no se ríe —Si crees que porque estamos en el salón no soy capaz de golpearte, Mellark. Estas equivocado.

—Cierra la boca. Perro que ladra no muerde —Por increíble que nos parezca, Cato no contesta—. Camina a tu mesa y cierra la boca hasta que termine la maldita clase y pueda salir para no ver tu estúpida cara.

Cato se iba a reír en su cara, quiero decir, no es un chico que haga caso a las órdenes, menos a las de Peeta. Pero para sorpresa de todos, lo hizo. Parecía que traía la boca pegada con pegamento.

Todos observamos a Peeta caminar a un escritorio.

Yo estaba sorprendida, esa orden, ¿podría ser que Peeta tuviera poderes? ¿Podría ser? Solo lo he leído en los libros, Peeta es un… no, no lo creo, seguramente es psíquico.

Observo a Peeta, él también lo hace, me sonríe, pero retiro primero la mirada porque me incomoda. Sí Peeta tenía poderes, solo esperaba que los siguiera utilizando así con Cato.

Las siguientes clases del día, pasaron como una nube borrosa. De verdad que me concentraba más en los problemas que tenía con mi hermanita, que en las clases en sí. Prim acaba de cumplir trece años, entrando a la adolescencia. Todas esas cosas de que un niño se complica a esa edad, son ciertas, créanme.

Además, siempre me peleaba con mamá, esta mañana había sido por su rebeldía y su novio Taylor, cuatro años mayor que ella. Conocía lo suficiente a ese tipo como para saber que no era nada bueno para mi hermanita.

Gran parte de los problemas habían empezado cuando Taylor pretendió a mi hermana por primera vez en aquel restaurante que había decidido llevarla por su cumpleaños. El Reacer. Me había descuidado solo un poco para saludar a un viejo compañero que cuando voltee, Prim ya estaba acompañada y Taylor se le arrimaba más de lo que debería. Mi hermana se veía muy grande para su edad, con esas faldas cortas y el maquillaje que usaba, lograba sumarle años.

Jamás he estado de acuerdo con ello, pero ¿qué tanta autoridad tenía si mi madre le regalaba maquillaje todo el tiempo? No podía tomarme en serio con una gran parte diciéndole que sí a todo lo que yo le decía que no.

Mamá es muy inestable, y como no pasa mucho tiempo con Primrose, lo suele compensar comprandole cosas. Se separó mucho de nosotras cuando dejó a papá.

— ¡Katniss! No me estas escuchando.

— ¿Qué?

— ¡Estas muy distraída! ¿Qué te pasa?

Suspiré mientras jugaba con el puré de papa de mi plato—Me preocupa mi hermana, Madge.

— ¡Pero si tu hermana es tan linda!

—Sí, cuando era una bebé y hacía lo que le ordenabas.

—Por favor Kat, tiene trece años, acaba de entrar a la adolescencia, es obvio que tiene algunas inquietudes.

—Sus inquietudes son el maquillaje y Taylor. —digo molesta.

— ¡Ah, no…! ¿Taylor Ripper? Que me da asco ese tipo.

— ¡Lo ves!—me quejo desesperada —. Y mamá le da permiso todo el tiempo de salir con él. Lo que yo digo no, ella dice sí.

— Aunque no tiene muchos puntos conmigo, siempre ha sido muy caballeroso conmigo. —dice un poco pensativa.

—Eso es porque sabe que Gale lo matará si se mete contigo.

Sus mejillas se tornaron de un color escarlata. Estaba para reírse, tiro un poco de puré sobre su blusa de lo nerviosa que se puso. — ¡No tenías por qué mencionarlo! No somos nada.

—Aún no.

A la siguiente hora, a las dos nos tocaban clases separadas, así que me despido de Madge quince minutos antes de que termine la hora de descanso, para darle una vuelta mi hermana.

Tiro las sobras del almuerzo y camino a la sección de secundaria. La dos tenemos diferentes horas de descanso, así que antes de que termine el mío siempre voy a entregarle el dinero para el almuerzo.

Prim está sentada en una de las bancas con Taylor, creí que traía dos trenzas en la mañana, pero ahora trae suelto el cabello, además, está maquillada. Taylor dice algo que la hace reír.

—Toma, Primrose—digo, ofreciéndole el dinero cuando llego a su lado.

—No, Kat. Taylor ya me ha dado dinero.

No, claro que no.

—Gracias, Taylor—No era necesario—. Pero le doy a Prim dinero todos los días.

—No es nada, cuñada.

¡Madre mía! Que me pone los pelos de punta cada vez que me llama de esa manera.

Le ofrezco el dinero a Prim, lo toma y de mala gana le entrega el suyo a Taylor.

—Si te vas a maquillar, deberías usar un color más claro—Trae los labios rosa. —. ¿Qué ha pasado con tus trenzas?

—Pues que me las he quitado.

Hmm…

—Estaría bien que dejarás de usar tanto maquillaje—comento.

— ¿Es sugerencia o me lo estas ordenando?

—Ahora es una orden.

—Pero, Kat…

—No está en discusión, tienes trece años.

—Katniss, todas mis amigas ya las dejan maquillarse— dice tratando de convencerme.

—Me vale un comino lo que tus amigas hagan. —Y automáticamente me había convertido en una mamá.

—Nunca me dejas hacer nada

Estaba tratando de hacerse la víctima porque sabía que siempre me ablandaba con una mirada, porque la quería sobre todas las cosas y se aprovechaba de ello. Aquí era cuando me preguntaba ¿dónde había quedado mi linda Primrose? ¿Dónde quedo la niña que soñaba con estudiar medicina y ayudar a los demás?

Siempre he tratado de guiarla por el mejor camino y no sé en qué momento se me fue de las manos, parecía más su madre que su hermana y eso no debería ser así, tal vez era muy dura con ella pero tenía que hacerla entender que esto no reemplazaría el amor de papá, que era lo que más le afectaba.

El divorcio y que su trabajo lo haya puesto a diez horas de nosotras. ¿Estaba cansada? Sí. Pero no me rendiría con ella.

—Katniss, cuñada— ¡Los pelos de puntaaa! ¿Quién le dio vela en este entierro? —. No pasa nada si de vez en cuando se pinta un poco los labios.

—Bien, Prim—suspiro —. Quieres tomar tus propias decisiones, hazlo. Ya no te diré más que hacer, tal vez necesitas estrellarte tú sola para que veas que solo quiero cuidarte.

Vi por el rabillo del ojo que Taylor sonrió al igual que ella, señal de que no podía dejarla sola por nada del mundo.

—De todas formas este no es lugar para discutir esto—Les digo a los dos.

—Quien mejor que yo para cuidarla—afirma Taylor.

—Más te vale.

Me di la vuelta para alejarme, de ahora en adelante traería ojos en la espalda.

Quedaba poco para mi siguiente clase, acelero el paso y llego justo a tiempo antes de que el profesor cerrara la puerta.

La siguiente clase tampoco es de mis favoritas, pues tenía de compañero a Marvel, mi exnovio. A principios de años cuando elegimos pareja de clases, todavía salíamos, para cuando decidí que ya no estaba contenta con la relación y quise cambiar de compañero, el profesor no estuvo de acuerdo.

No suelo hablarle, más bien el comienza las conversaciones y suele aprovechar cualquier momento para tocarme, sobre todo con los escritorios tan pequeños.

—Hola, Katniss. —dice Marvel. Esperaba que hoy no me saludara. Es un tanto incómodo.

—Hola.

— ¿Cómo estás?

Hmm…

—Bien.

—Genial.

No volvió a tratar de hacer charla conmigo, más que para preguntarme qué íbamos a hacer. Común en él, se distraía con facilidad. Cuando la clase termina, tomo mis cosas para macharme.

— ¿Cómo está tu hermana? —pregunta antes de que me vaya.

—Bien. —A veces que si era muy pesada—. Está bien.

Marvel y yo habíamos terminado bien, pero yo considero que jamás podremos tener una relación de amistad después de haber tenido algo amoroso entre nosotros. Al menos, no por mi parte. Habíamos compartido unos meses buenos. No maravillosos, pero si logro hacerme feliz y se lo agradezco, pero es todo.

—Disculpa, pero me tengo que ir. Madge me necesita.

—Como siempre—bromea.

En eso tiene razón, Madge me necesita gran parte del tiempo.

—Sí. Hasta luego.

—Hasta luego.

Madge es parte del comité de estudiantes, por lo tanto está en cargada de la organización del baile. Me ha puesto a mí como parte de su equipo, así que tengo que quedarme hasta tarde para ver los detalles.