Las primeras hojas doradas dieron anuncio al fin del verano. Aún así, el ambiente escolar era bastante festivo. Habían ganado el primer partido de la temporada y parecía como si fuese fin de año, en la época posterior a los exámenes en la cual todos los estudiantes se recostaban en el césped y tomaban fotos que subían inmediatamente a las redes sociales. Una figura pequeña y pelirroja se encontraba leyendo en el patio a la hora del descanso. Algunos hombres la miraban y suspiraban. Lila divisó a Helga caminando hacia el jardín Zen y aceleró el paso para juntarse con ella.
—¡Buenos días, Helga! Lamento que lo de Wolfgang y tú no haya funcionado…
—Yo no, en realidad. Pero gracias por haberme acompañado. Lamento haberme ido tan de pronto y dejarte sola con Stinky.
—Oh, por el contrario, Helga. Lo pasé muy bien con Stinky. Compartimos muchas anécdotas de nuestro verano en el campo, fue sencillamente encantador.
—Buenos días, Helga, Lila —dijo Stinky al verlas caminar por la pérgola cubierta de rosas. Lila lo saludó con su clásica "reverencia de niña perfecta", como Helga la llamaba.
—Muy buenos días, Stinky —le respondió Lila antes de seguir—. ¡Nos vemos después de clases! —añadió, haciendo que Stinky se golpeara con un poste.
—Vaya, eso fue patético —dijo Helga riendo al ver la reacción de Stinky—. A todo esto, ¿no tenías práctica de ballet hoy? —preguntó sentándose en una roca a orillas del jardín. Recordaba que Lila se había apuntado a la misma academia que ella, antes de abandonarla.
—Bueno…
—¿Dejaste el ballet? Eso sí que es novedad. Jamás pensé que te hartarías de él.
—N-no es eso… es que… bueno, me di cuenta que estaba siendo egoísta. Digo, mi padre aún no gana lo suficiente para que y-yo me de esos lujos…
—¿Lujos? Maldición, Lila, él fue quien te incentivó a seguir con todo eso del ballet ¿cómo puedes comenzar a sentirte culpable de la noche a la mañana? Eres increíble —El silencio de Lila la delató—. Ah, ya veo. Fue esa Holly, Molly, Jolly o como se llame… ¿cierto?
—S-su nombre es Holly —la corrigió Lila, incapaz de mentir.
—Deberías decirle a tu papá lo manipuladora que es, Lila.
—N-no es manipuladora, Helga. Tiene razón: el ballet es un lujo innecesario que no podemos permitirnos.
—Como tú digas, Lila. —A Helga le dio una extraña sensación de nostalgia al pronunciar esta frase.
Helga y Lila leían el tablón de anuncios en uno de los descansos. Habían acordado que, para cambiar un poco de aires —e internamente Helga pensaba que sería una buena forma de subirle los ánimos a Lila—, le darían una oportunidad a actividades extracurriculares que fuesen algo distinto a lo que estaban acostumbradas. Helga rió internamente al ver que su hermana había organizado un taller de lectura para niños en riesgo social. Sin duda, cuando fuese famosa todas sus actividades sociales saldrían a la luz, de manera bastante oportuna.
—Sé que dijimos "algo diferente". Pero tengo mis límites —dijo Helga mirando la enorme lista de gente que se había apuntado al Club de la Coro(*). Sin duda, la gente era muy influenciable gracias a la televisión.
—Helga, sus presentaciones son francamente conmovedoras. Además tienen toda una propuesta nueva con maquillaje artístico…—comenzó a decir Lila, pero el potente tono nasal de Rhonda (gracias a su nuevo yeso) y la estridente risa de sus seguidoras ahogaron su débil voz.
—Y luego le dije a Amanda Bynes: "escucha, adicta al crack: este sweater rojo de angora me queda mejor a mí. Además, ¿a dónde vas a lucirlo?, ¿en tu centro de rehabilitación?" y ahí me golpeó en la nariz. Fue completamente retardado. —Sus seguidoras rieron y se detuvieron a observar el tablón de anuncios.
—Oh, vaya, Rhonda, ¿estará ella bien? Ayer escuché que volvió a internarse en un centro clínico —señaló una chica cuyo nombre Helga ignoraba.
—Sí, bueno, ¿a quién le importa? Enfoquémonos en lo que me hizo —replicó Rhonda apuntando el yeso de su nariz. Por cierto, Lila, tu atuendo hoy luce especialmente divino —dijo dirigiéndose a ellas como si recién se hubiese percatado de su presencia.
—Gracias —respondió Lila con una sonrisa.
—Helga, querida, veo que volviste a tu look de antes. Qué decepción.
—Tomaré eso como un cumplido —replicó Helga.
—¿Buscando actividades extracurriculares, eh?
—Algo así. La verdad es que no hay nada nuevo que me llame la atención de momento —dijo Lila, complaciente. Sabía lo que Rhonda pensaba del Club de la Coro y no quería contrariarla.
—Tus amigos del Club Cristiano, o como se llame, se unieron a un grupo de lectura para niños en riesgo ¿No es algo que harías tú?
—Podría ser —dijo Lila evaluando sus posibilidades.
—¿Qué tal si te unes a las porristas? —le preguntó Nadine. Rhonda casi derramó su refresco de dieta.
—Siempre me han parecido que ser porrista debe ser una actividad sumamente motivante y alegre, Nadine —dijo Lila, entusiasmada—. Las porras, el ánimo que brindan al equipo, las acrobacias, es espíritu estudiantil.
—¿En serio lo estás considerando, Lila? Oh, no cariño. No durarías ni un mísero día —le dijo Rhonda con un gesto dramático.
—¿Por qué no? —preguntó Nadine—. Es pequeña, atlética y practica ballet. Perfecta para las piruetas. Dicen que están buscando una reemplazante desde que Heather se rompió la pierna. —La expresión de Rhonda cambió de desconcierto a placer.
—Oh, me hubiese gustado tanto ver eso ¿Vieron que el video tiene más de veinte mil visitas en una semana? Como sea, las porristas son unas zorras con uniforme y manicura de tercera. Lila es del tipo amable, gentil y discreto. La comerían viva.
—¿Manicura de tercera, Lloyd? ¿Qué me dices de rinoplastias de tercera? —El grupo volteó y vio a Heather y Christie mirándolas con desprecio con su postura desafiante. Heather tenía enyesada la pierna izquierda desde el pie hasta el muslo. Al parecer, la caída había sido fea.
—¿Cuándo te hartarás de inventar historias de mi vida y te buscas la tuya propia, Maguire?
—Duh, eso estoy haciendo —dijo haciendo un gesto de desprecio con su mano mientras miraba a Lila—. ¿Lila Sawyer?
—Sí, mucho gusto —dijo Lila con su clásico gesto cortés.
—He estado sondeándote. Eres linda, estás en el cuadro de honor, y pese a ser popular no sueles meterte en conflictos. Eres del tipo caritativa, te juntas con perdedores y en tu casa tienen problemas económicos bastante feos, ¿me equivoco?
—B-bueno, yo… —respondió Lila sin saber qué más decir, con sus mejillas torneándose rojas de inmediato. Helga y Rhonda intercambiaron una mirada de alarma. Heather había puesto su atención en Lila, y eso no era nada bueno; no considerando que ella no era del tipo que podía soportar las presiones sociales. Heather se percató de esta mirada entre sus dos enemigas y se dirigió a Christie.
—¿Viste las fotos que compartió Shortman en su facebook? Su nueva novia es un primor.
—Maguire, eres la menos indicada para hablar de problemas económicos ¿Tu familia ya pagó la cuota por la cual los expulsaron del club campestre? —preguntó Rhonda tratando de salvar la situación.
—No. La verdad es que no me he metido mucho, pero hablé con él en la mañana y no me dijo nada—. Respondió Christie ignorando a Rhonda. Helga apretó los puños.
—¿Aún sigues hablando con él? —le soltó a Christie, arrepintiéndose de inmediato.
—Duh, es mi mejor amigo —dijo como si fuese lo más obvio del mundo.
Helga intentó tragar saliva, pero de pronto su garganta se sentía apretada. Rhonda apretó su hombro, tratando de decirle mediante su mirada que no cayera en la trampa de Heather, pero Helga no reaccionó.
—Como sea, Sawyer. Realmente nos gustaría contar con alguien como tú en el equipo. Las audiciones son esta tarde ¡Nos vemos, las amo! —dicho esto, se fue con Christie de una manera no tan triunfal, considerando que ahora caminaba con muletas.
—Helga, no seas idiota. Ya-sabes-quién no ha subido ninguna foto a su facebook, menos con una novia nueva.
—¿Cómo voy a saberlo? No tengo facebook.
—Pues deberías. Así evitas caer en los trucos baratos de Heather. Ahora que la desafiaste públicamente, irá por ti, golpeándote en lo que más te duele.
—¿Y qué se supone que es "lo que más me duele"? No se les olvide, yo terminé la relación. Estoy harta de que me vean como a una pobre mujer en desgracia porque su novio la abandonó. Las cosas no fueron así. —Dicho esto, se fue.
—¿Y cómo entonces sucedieron las cosas? —preguntó Rhonda, bastante hastiada—. Él se fue, Helga es una apartada social. Hay que sumar dos y dos, ¿no creen? Yo lo único que recuerdo es que pelearon en Malibú y luego Arnold se fue. Ni Ellen, ya reina del chisme lo sabe, y como prometí no volver a tocarle el tema… —dijo mirando a Lila significativamente. Quien se encogió de hombros en señal de disculpa.
—Lo siento, no puedo decírselos.
—Supuse que dirías eso. Cambiando de tema, Lila querida, no te involucres con Heather. Chicas con tu personalidad están mejor alejadas de los conflictos.
—¿Con mi personalidad? —preguntó Lila, recordando lo que su madrastra le había dicho en la mañana:
"Entonces dejarás el ballet. Me alegra no tener que discutir contigo dos veces, Lila preciosa. Así deberían ser todas las chicas de tu edad: dóciles y sumisas."
—Eres muy dócil, Lila. —Estas palabras le calaron hondo—. No lo tomes como un insulto. Mira a Helga, es todo lo contrario a "dócil" y tiene una fama terrible. Yo, por otro lado, debo lidiar constantemente por las presiones de la gente que me envidia. No eres como nosotras, Lila. Eres la chica que queda bien con todos y mal con nadie, pero no debes inclinarte nunca por ninguna dirección, de lo contrario, podrías contrariar a alguien. Debo admitir que las porristas tienen cierto grado de popularidad (no tanto como yo, claro está), pero hay mucha gente que las odia y cortan gargantas. La presión de agradarles además te haría estallar.
—Rhonda, de nuevo estás con tus sermones —le dijo Nadine con una mirada elocuente.
—Oh, sí. Lo lamento. Como sea, las dejo. Con Nadine tenemos cosas que hacer ¡Las amo! —Dicho esto, se fue con su mejor amiga, dejando a sus admiradoras y a Lila.
Helga llegó a su casa, tratando de cerrar la puerta con cuidado. Los martes en la tarde, Miriam practicaba yoga en el salón de trofeos, por lo que había que tratar de hacer el menor ruido posible. Arrugó la nariz ante el olor a incienso y se dirigió a la cocina en busca de alimento.
—Oh, alabados sean los dioses ¡brownies! —exclamó Helga al ver lo que había cocinado Miriam luego de llegar del trabajo. Lo bueno de que su madre trabajara como productora en un programa de buena vida y salud, era que tenía toda la tarde disponible que ahora no ocupaba para emborracharse. Comenzó a servirse un vaso de leche de almendras para devorar los brownies y vio una nota de su hermana Olga.
"Hermanita bebé, cuando llegues a casa, llámame (¡Padre está furioso porque dice que nunca contestas el celular!)"
Helga rodó los ojos, puso los brownies y la leche en una bandeja y subió a su pieza a llamar a Olga.
Bob ahora dirigía una compañía de lujosos celulares último modelo, pero Helga los odiaba. Con todo el rollo de los Smartphones, saltaba de susto cada vez que el suyo vibraba por cualquier notificación, lo cual le provocaba una ira enorme, por lo que lo dejó olvidado en algún rincón polvoroso de su pieza. Lo encontró debajo de su cama, con 20 llamadas perdidas y muchas notificaciones. Sin siquiera verlas llamó a Olga.
—Oh, hermanita bebé. Qué bueno que llamaste ¿Viste los anuncios colgados en tu escuela? — Helga rodó los ojos. Claro, quería saber cuánta gente se había unido a su estúpido club de lectura.
—Sí, Olga. Déjame informarte que casi todo el club cristiano se ha unido, así que fuiste un éxito.
—Oh, me alegra oír eso., pero quería saber si tú te apuntaste.
—¿Qué? Ni muerta, Olga.
—Vamos, hermanita ¿No dijiste que querías probar cosas nuevas?
—¿Dije eso?
—Por favor, hermanita. Te necesito. —Aquellas palabras de amable súplica vencieron a Helga.
—Oh, está bien. Hablamos cuando llegues. Adiós —Dijo Helga precipitadamente, colgando antes de obtener una reacción a su respuesta. Arrojó el celular a su cama y procedió a seguir con el cuadro que estaba terminando.
Era un paisaje de playa brumoso, con una mujer caminando entre las olas, tratando de hundirse en ellas. Se odió a si misma al darse cuenta del paisaje extrañamente familiar.
—Sabía que se desvanecería sin reparar todo el daño. Sabía que existirían rituales decorados en negro y flores para despedirla. Era mejor así. La ignorancia y el olvido. Las sonrisas mecánicas que componen la rutina —recitó en voz alta—. Estúpida playa. Estúpido Arnold —masculló entre dientes al ver su cuadro terminado.
Lila tiró de unas hilachas de su falda nueva y trató de disimular un pliegue mal cosido. Ayer no había tenido mucho tiempo para terminarla debido no solo a que su tiempo en la heladería con Stinky se prolongó mucho, sino también porque Holly había tenido una reunión social y había tenido que limpiar todo. Ahora que ya no tomaba clases de ballet, aprovechaba al máximo para obligarla a trabajar de más. Lila no era ingenua, podía ver a través de todo eso, pero no quería volver a ver a su padre solo. Al parecer, debería renunciar a su sueño de ser diseñadora de modas.
En el trayecto a clases, Lila tropezó con Stinky a la salida del auditorio.
—Lo siento, Stinky. ¿Cómo estás? Lo pasé muy bien contigo ayer.
—Muy bien, señorita Lila, supe en la mañana que adicionaría para las porristas. Se vería muy bien en uniforme.
—No exactamente. Fui invitada audicionar pero… no lo sé ¿De verdad crees que me vería bien?
—¡Por supuesto! Si es algo que deseas realizar, debes audicionar. La perseverancia es lo que nos permitió audicionar para el baile y lo conseguimos.
—¿En serio?, ¿serán la banda seleccionada para tocar en el baile? Stinky, eso es grandioso —dijo Lila abrazando a su amigo. El chico se puso algo nervioso ante el contacto y comenzó a tartamudear. Se miraron unos instantes hasta que una voz sonó por los altoparlantes.
—Les recordamos a las alumnas que quieran participaren el club de porristas, que en la tarde después de clases se realizarán las audiciones en el gimnasio. El plazo para inscribirse termina en cinco minutos. En otras noticias, la Banda seleccionada para actuar en el Baile fue "The Snappers"…
—Debo irme, Stinky. Tienes razón, si quiero audicionar, debo hacerlo ¡Felicitaciones por tu logro! —dijo mientras corría a toda prisa.
—Muchas, gracias, señorita Lila —dijo Stinky con una voz apenas audible, mientras miraba embobado como Lila se alejaba corriendo. Sin duda, estaba enamorado.
Helga odiaba levantarse temprano lo sábados. Era en las noches donde conseguía inspirarse mejor, por lo que levantarse antes de mediodía un fin de semana era una tortura terrible. Su mejilla estaba apoyada en el cristal del auto de Olga, mientras trataba de dormir camino a la biblioteca.
—¿Trajiste tu celular cargado?
—Sí, Olga —dijo sin despegar los ojos. El auto de su hermana se detuvo. Maldición. No había podido dormir nada.
Al bajarse del auto, su celular le vibró. Era un alegre mensaje de Lila contándole que era su primer día como porrista. Luego la llamaría. Había tenido que escuchar su alegre y entusiasta plática en el café luego de las audiciones, en la que su amiga le relataba lo encantadas que estaban con ella y lo bien que la habían tratado. Patrañas. Helga sabía que las porristas habían sido hostiles con ella, pero como era perfecta para porrista, la habían aceptado.
En la entrada de la biblioteca, las esperaban unos niños.
—Hermanita, este es tu grupo. Yo estaré en la sección de drama, recreando una obra junto con otros chicos. Cualquier duda, envíame un mensaje —le dijo yéndose al fondo de la biblioteca.
—Ho-hola mocosos. ¿Listos para escuchar la historia de la Caperucita?
—Noooooo —replicaron los niños a coro. Al parecer todo el mundo les leía cuentos de hadas.
—Odio a los lobos. Tengo suficiente con mi hermana y sus libros de Crepúsculo.
—Yo también, aunque no tanto como a las princesas.
—¡Yo las amo! Pero a veces son tan sumisas que me aburren. Prefiero a una Blair Waldorf, no a una Cenicienta pobre…
"Vaya", pensó Helga, "estos niños son bastante menos ingenuos que nosotros…" Sería mejor no bajar la guardia.
—Olga nos dijo que eras escritora.
—Olga dice muchas cosas.
—¿Por qué no nos cuentas alguna de tus historias?
—No. Leamos la caperucita.
—Eres mala.
—En serio, no traje nada preparado.
—Cuéntanos de ti entonces —dijo una niña que amaba Gossip Girl con tono de voz mandón.
—¿Por qué eres tan seria?
—¿Alguna vez sonríes?
—¿Tienes amigos?
—¿Tienes novio?
—Está bien, ¿qué quieren que les cuente?
—No la caperucita, ni esas historias de princesitas tontas —dijo un niño rubio bastante malhumorado.
—Yo quiero una historia de amor —dijo una niña pelirroja y con una ceja.
—Yo no.
—A mí me gustan las historias de glamour…
Helga suspiró. Sería una mañana muy larga.
—Está bien, creo que tengo algo que los dejará a todos satisfechos.
Helga respiró profundamente y se dispuso a contar su historia:
—Había una vez, un grupo de amigos…
Arnold, Gerald, Phoebe y Helga se bajaron del taxi y se estiraron. Helga abrazó a Arnold, de pronto sintiéndose profundamente inspirada: el sonido de las olas, las gaviotas, el olor a sal marina y el viento, Helga recordó aquella vez en que ganaron un concurso de castillos de arena en aquel basurero en que fueron momentáneamente amigos. Esta vez era diferente, la playa era hermosa y paradisíaca, la casa donde se alojaban era hermosa y espaciosa, y sobre todo, ahora ellos eran novios y no tenía que esconder sus sentimientos.
—Te amo —le dijo Helga enterrando sus dedos en los cabellos de Arnold, a punto de besar esos labios que la volvían loca.
—¡Un momento, jovencito! —dijo Big Bob apartando a la pareja—. Es hora de que dejemos algunas cosas en claro, como las reglas de estas vacaciones.
La pieza de los chicos estaba en la primera planta, y la pieza de las chicas en la segunda, al fondo. Para llegar a ella tenías que pasar por la habitación de Bob y Miriam, por lo que saltaba a la vista que Bob había planificado este viaje meticulosamente. Helga en realidad no lo entendía: había pasado muchas noches durmiendo junto a Arnold, abrazados, y nada había pasado. Helga, aunque apasionada, aún seguía siendo tímida, por lo que había descartado una relación de tipo más físico por el momento. Arnold, como el caballero que era, jamás la iba a presionar a nada.
La casa por dentro también era muy elegante, aunque eso a Helga no le importó mucho. Estuvieron toda la tarde en la playa junto a su cabaña, recostada al lado de Arnold, mirando el atardecer mientras él le acariciaba sus cabellos. Phoebe y Gerald conversaban animadamente.
De pronto, una voz bastante familiar los sacó de su ensimismamiento.
—Entonces le dije ¡Menos mal que la gente pobre como tú no veranea en Malibú, porque me horrorizaría ver tus horribles cutículas este verano mientras me bronceo con mis amigas! ¿Pueden creerlo? ¡La chica comenzó a usar sandalias sin hacerse la pedicura! —Las chicas rieron burlonamente.
—¿Rhonda? —los cuatro amigos se voltearon instantáneamente, viendo a su compañera y antigua amiga, Rhonda Wellington Lloyd III. Estaba acompañada por dos chicas: Heather y Christie, sus mejores amigas desde que volvió del colegio privado. Atrás había quedado Nadine y su afición a los insectos, ahora Rhonda tenía amigas con las cuales hablar de su verdadera pasión: moda, belleza, chismes y popularidad. En ese entonces, Heather y Christie tenían el cabello del mismo color: castaño rojizo, por lo que desde la perspectiva de Helga parecían gemelas idénticas (salvo que Christie era más alta).
—Oh, por Dios, pensé que Malibú era un lugar exclusivo —dijo Rhonda con una mueca al ver a los cuatro amigos tendidos en la playa.
—Hey, Rhonda, podríamos invitar a los chicos a la fiesta en la playa del fin de semana —dijo Christie mirando a Arnold significativamente. Rhonda rodó los ojos.
—Sí, como sea —dijo Rhonda tendiéndoles una invitación—. Cuando volvamos a clases, volverán a ser calabazas. Debo irme, ¡los amo! —dijo yéndose de inmediato y siguiendo con su historia. Aunque Maguire les dijera a todos que esa particular manera de despedirse era su sello personal, en realidad lo había aprendido de Rhonda.
—Eso fue rápido —dijo Helga tomando la invitación y arrugándola.
—¿Quieres decir que no iremos? —preguntó Phoebe con tristeza.
—¿Quieres ir?
—No lo sé. Las fiestas no son lo mío, pero estaremos aquí solo hasta el fin de semana. Sería divertido darnos una vuelta, aunque sea.
—Está bien. Iremos —sentenció Helga para luego continuar con la cháchara grupal acerca de la preparatoria: cómo sería, a qué clubes irían, las nuevas personas que conocerían. Helga no estaba tan entusiasmada como Gerald o Phoebe, lo único que le importaba era que Arnold estaría con ella, sin embargo, le entusiasmó la idea de cambiar un poco de ambiente, aunque la gente fuese igual de idiota que en secundaria. Cuando ella expuso todo esto, Arnold se removió, un tanto incómodo.
—¿Ocurre algo, Arnold? —preguntó Helga expresando con la mirada "escúpelo todo o te lo sonsaco a amenazas". Gerald invitó discretamente a Phoebe a recorrer la playa, lo cual enojó a Helga aún más. Arnold tenía algo que decirle, y primero se lo había contado a Gerald.
—Helga —dijo Arnold incorporándose—. Se trata de mis padres.
—¿Qué les ocurrió?
—Nada. Es solo que les ofrecieron empleo en la Universidad del Sur de California—. Helga abrió los ojos de par en par.
—¿Volverán a irse? No me digas que… —las últimas palabras salieron en una débil exhalación del poco aire que quedaba en sus pulmones— ¿te irás con ellos? — Arnold bajó la vista.
—No quería tomar una decisión antes de hablar contigo.
—Es obvio lo que tienes que hacer, Arnold —dijo Helga bajando la cabeza—. Son tus padres. A quienes deseaste volver a ver durante toda tu niñez, por los que arriesgamos la vida para salvarlos. Debes ir con ellos —sentenció con un tono de voz demasiado solemne, tratando de que su voz no sonara quebrada.
—Helga, me alegro que comprendas eso. Mis padres ganarán más dinero, y te prometo que ahorraré mucho para poder llamarte y viajar tanto como sea posible —le dijo tomándola de las manos, tratando de captar su esquiva mirada.
—¿Cómo?, ¿no quieres terminar conmigo?
—¿Cómo podría siquiera pensarlo?
En lugar de sentirse aliviada, Helga se sintió abrumadoramente culpable. A partir de ese entonces, un desagradable peso se alojó en el estómago de Helga.
Mientras los chicos habían ido a recorrer las calles al atardecer, Helga prefirió ayudar a Myriam a recoger conchas de mar para el Jardín Zen que estaba haciendo en casa. Hace un año que se había rehabilitado y ahora estaba descubriendo todo ese rollo de la meditación y el yoga. Cualquier cosa era mejor que una madre alcohólica y ausente. Fue agradable caminar por la orilla de la playa, recorriendo la extensión de todas las casas, sintiendo las olas bañar sus pies en la compañía silenciosa de su madre.
En la mañana, Helga alegó sentirse un poco mal para bajar a la playa con sus amigos, por lo se quedó con Myriam practicando tai chi gracias a unos videos que le había regalado una amiga. Helga perdió el equilibrio y cayó.
—Sabes que puedes hablar conmigo, Helga cariño —le dijo su madre aun manteniendo el equilibrio.
—Otro día —respondió yéndose a su habitación, fingiendo indigestión.
Se recostó en su cama a leer para distraerse, pero debía releer los párrafos mil veces para poder entender. El traslado de Arnold la había impactado, pero lo que más le perturbaba era el hecho de que él quisiera por todos los medios mantener la relación. Arnold era demasiado bueno y ella… era demasiado posesiva. Estaba segura de que si ella se lo hubiese pedido, Arnold se quedaría viviendo con sus abuelos y había tenido que hacer acopio de todas sus fuerzas para no hacerlo ¿Qué veía él en ella? Nunca lo sabría, y le frustraba. Le frustraba ser correspondida por una persona tan buena, tan virtuosa, tan estúpidamente correcta. Cuando Bob fue a reprenderla por estar encerrada en un viaje tan costoso, se incorporó y se puso esa máscara que tantas veces había visto en su hermana Olga. No amargaría los últimos días que tendría con Arnold. Quería atesorar ese viaje.
Desafortunadamente, eso nunca pasó.
Las cosas comenzaron a verse feas a partir de una caminata nocturna que dieron por la playa. Al final de su recorrido, estaba la casa de veraneo de Rhonda, quien estaba organizando una improvisada fogata con sus amigos de veraneo y su séquito de idiotas.
Parecían sacados de un comercial de una multitienda de ropa juvenil. Riendo, jugando a arrojarse agua mientras corrían y saltaban enfundados en su ropa cara y bañadores diminutos. Helga estuvo a punto de decirle a sus amigos que se dieran vuelta cuando la autodenominada Reina de la Moda se percató de su presencia y se acercó.
—Dis-cul-pen —les dijo a los cuatro amigos—. La fiesta es el fin de semana, no hoy. Esta reunión es solo para mi grupo, así que…
—Oh, vamos, Rhonda —dijo Christie, conciliadora—, vengan, les presentaremos al grupo.
—Yo preferiría quedarme acá —dijo Helga con una sonrisa falsamente cortés, viendo como le presentaba a Arnold a las chicas. Gerald y Phoebe se convirtieron inmediatamente en el centro de atención, mientras que Arnold conversaba casualmente con Christie.
—Helga —susurró Rhonda que se había quedado sola con ella—. Christie es mi amiga y todo eso, pero es una zorra… algo se trae con Arnold.
—Está bien, Rhonda, todo anda muy bien entre nosotros —replicó con su falsa sonrisa.
—Me alegro —sentención con un tono seco, volviendo a pasarlo bien a la fogata.
Pero las cosas no andaban nada bien.
Los días siguientes en la playa, se encontraron sospechosamente muchas veces con Christie, quien sumamente arreglada y con sus diminutos bañadores invitaba a Arnold a bañarse en la playa, a ir de paseo, a las fogatas de Rhonda. Él, obviamente, la rechazaba cortésmente, pero eso, lejos de apaciguar a Helga, la volvía a poner de mal humor y acrecentaba el peso en su estómago.
"Es demasiado bueno para ti, déjalo ir" le repetía una constante voz en su cabeza.
—¿Conocías a Christie de antes? —le preguntó súbitamente mientras iban camino a la fiesta de Rhonda.
—N-no. Creo que iba conmigo en historia.
—Esa era Maguire —le corrigió Gerald.
—Ah, claro. Son tan parecidas que…
—Sí, como sea.
—¡Arnold! Qué bueno que viniste —dijo Christie abalanzándose al chico, besándolo ruidosamente en la mejilla y estrujándolo en un abrazo. Phoebe y Gerald observaron a Helga disimuladamente.
—T-todo está bien —dijo Helga sonriendo falsamente y cogiendo un jugo de piña de la barra—. Él está conmigo y no soy una mujer celosa.
—¡Juguemos a la botella! —exclamó Christie compartiendo una mirada peligrosa con Heather.
—Christie, ¿tienes doce? Esos juegos son tan de pre pubertos… —la reprendió Rhonda con una mueca de asco. Sin embargo, avanzada la noche, luego de un montón de hormonas alborotadas, ponche supuestamente libre de alcohol y euforia veraniega, Rhonda –quien no había tocado el ponche- accedió a la petición de su amiga tras notar un extraño ambiente festivo en su fiesta.
Helga había aguantado los coqueteos de Christie hacia Arnold toda la fiesta tomada de su mano. Parecía como si fuese una carga para que Arnold, el querible y amistoso chico que le agradaba a todo el mundo, sociabilizara. Podía notarlo en la mirada que todos le arrojaban a la pareja: "¿Cómo él puede estar con ella?" "Merece algo mejor". Helga no los había escuchado decirlo, pero lo sabía, muy en el fondo siempre lo supo.
—Helga, ¿estás bien? —le preguntó Arnold por enésima vez.
—Sí, Arnold, estoy bien. Pero si me sigues preguntando eso una y otra vez, lógicamente no estaré bien —le espetó Helga con los dientes apretados.
—L-lo siento —se disculpó.
Helga detuvo su relato.
"Oh vaya, realmente fui una bruja insegura" pensó Helga luego de recordar aquel pasaje de su vida que ella creía olvidado.
—¿Y qué pasó después? —preguntó un niño.
—¿Aún quieren saber qué pasa? Pensé que se aburrirían al instante.
—¡No!, ¡queremos saber! —corearon los niños con entusiasmo.
—Verán… tengo la garganta un poco seca así que…
—¡Yo voy por agua! —dijo una niña con trenzas corriendo animadamente.
Helga suspiró y estiró sus brazos, ¿debía seguir contando su verdadera historia?, ¿o debería alterarla para que tuviese un final feliz?
Heather y Christie la esperaban en la entrada de las canchas para comenzar la práctica.
—Llegas casi media hora tarde —le dijo Heather con las cejas alzadas—. Definitivamente no es una buena manera de empezar como porrista.
—P-ero —dijo Lila mirando su reloj que marcaba las diez veinticinco —dijiste que la practica comenzaba a las diez y media.
—Eh… no —replicó Heather compartiendo una mueca burlona con Christie—.
—Lo siento, no volverá a ocurrir —se disculpó bajando la cabeza en señal de sumisión.
—Eso espero, ahora síguenos.
En las canchas estaban todas las porristas elongando. Maria, la capitana, al verlas comenzó a hablar.
—Genial, estamos todas. Luego del bochorno sufrido en la apertura de la temporada de futbol —miró severamente a Heather— con la entrenadora hemos tomado una decisión. Debemos entrenar duro para ganar las seccionales este año y poder competir a nivel estatal. Estoy harta de que nuestras actividades dependan de las temporadas deportivas de otros equipos, y sobre todo, estoy harta de que nos vean como simples mujerzuelas con falda y zapatillas deportivas.
—Eso no le importó a la hora de acostarse con universitario —susurró Heather maliciosamente. Algunas chicas que alcanzaron a escuchar rieron discretamente. Lila volteó alarmada y Heather le devolvió la mirada con una mueca hosca. Maria chasqueó los dedos.
—Hey, tú, la chica nueva, no te distraigas—. Dicho esto todos los rostros se posaron sobre ella, quien se puso roja—. Para quienes no la conozcan, ella es Lila Sawyer, la reemplazante de Heather como voladora, quien mientras dure su fractura se quedará a mi lado en calidad de asistente—. Heather, al escuchar esto, hizo una mueca de repugnancia e hizo atrás su largo cabello—. Bien, luego seguiremos hablando, ahora quiero cinco vueltas a la cancha.
Lila, antes de comenzar el calentamiento, se acercó a Maria.
—Lamento haber llegado tarde, capitana.
—¿De qué estás hablando, nueva? Llegaste justo a tiempo —dijo Maria con un gesto de incredulidad. Tras ella, Heather disimulaba un ataque de risa—. Ahora, ¡a correr! —le ordenó.
—Sí capitana.
—Lila, no te lo tomes personal —le dijo Christie acercándose a ella luego del calentamiento.
—¿Ah?
—Heather es así, le gusta bromear. Deberías ser menos sensible o todo el mundo pasará sobre ti.
Antes de que Lila pudiera replicarle, Maria chasqueó los dedos.
—Basta de chácharas y comencemos la práctica —dijo haciéndose a un lado para que pasara adelante uno de los pocos chicos que estaba en el equipo.
—Bien, chicas, es hora de mostrarles la nueva rutina que he estado elaborando —dijo un entusiasmado Eugene con su uniforme.
—Oh, Dios, qué marica —le dijo Heather acercándose a su amiga Christie, quien rió por lo bajo junto con las chicas que alcanzaron a oír el comentario. Lila abrió los ojos de par en par.
—¿Te refieres a Eugene? —preguntó.
—Sí, es un pobre idiota. Lo tenemos en el equipo solo porque nos ayuda con las coreografías. La entrenadora lo ama. Pero no puedo evitar reírme a veces de lo afeminado que es. No te lo tomes así, Lila querida —dijo Heather viendo la expresión de ella—. Es nuestro amigo, lo tratamos así porque le tenemos confianza.
Lila no estaba muy segura de ello, pero prefirió no replicar, pensando en lo que le había dicho Christie ¿Por qué todo el mundo se refería a ella como una chica blanda y dócil?
—¿Cómo siguió la fiesta? —le preguntó una niña una vez Helga se hubo bebido el agua. Definitivamente debería omitir el apasionado beso que Christie le dio a Arnold una vez la botella los hubo apuntado a ellos y sus silenciosas lágrimas de impotencia al ver que todos la miraban.
—Ocurrieron una serie de malentendidos que no fueron culpa de Ar… digo Alfred. Después de eso los cuatro amigos volvieron a su cabaña.
—¿Y al día siguiente se reconciliaron?
—Verán…
Por algún extraño motivo, los amigos de Rhonda ahora estaban jugando a las paletas y tomando sol cerca de la casa que había arrendado Big Bob. Al parecer, ahora aceptaban a los cuatro amigos como parte de su grupo. Gerald era el que al parecer más les agradaba, con sus historias de chico urbano y sus gustos musicales. La que menos les agradaba, se encontraba leyendo a la sombra de un quitasol, apartada de todo el estruendo con su novio.
—Helga, sé que ayer dijiste que todo estaba bien, pero…— el chillido de Christie interrumpió el discurso de Arnold.
—Tu amiga al parecer se está despidiendo de todos —señaló Helga con sarcasmo en su voz.
—Helga, te digo que ella se abalanzó sobre mí, yo no quería jugar a ese juego.
—Es un estúpido juego, Arnold. No estoy enfadada por eso. Pudo haberle tocado a cualquiera —replicó con los dientes apretados, bajando la mirada a su libro—. ¿Quieres dejar de justificarte?
—No pretendo justificarme, Helga. Solo quiero saber qué te ocurre.
—¡Arnooooold!, ¡mi besador estrella, debo irme!
Al acercarse Christie, Helga fingió leer con el pelo tapándole en su cara y la cabeza gacha, ocultando sus lágrimas de rabia.
—Si te despides de ella, olvídate de mí —le susurró.
—Pero, Helga…
—Si te despides de ella, olvídate de mí —repitió obstinadamente.
—¡Arnold, debo irme! —dijo Christie con ese tono de voz meloso que a Helga le daba náuseas. Arnold le hizo un rápido gesto con la mano y volvió a mirar a Helga.
—Helga, por favor, necesitamos hablar. No solo de Christie, o del traslado de mis padres. Necesitamos realmente hablar acerca de todo…
—¡Arnold! —insistía Christie.
—Yo no quiero hablar, pero al parecer tu amiga sí —replicó Helga con la mandíbula apretada, tratando de disimular su voz quebrada. Pero sus lágrimas ya habían comenzado a caer en la arena.
—¡Arnold! —Christie corrió los últimos metros que los separaban, abrazándolo en la carrera y besándolo en la mejilla—. Tontito, despídete de mí como Dios manda. Arnold le hizo un gesto cortés, pero corto, lo suficiente para que Helga se levantara bruscamente dando zancadas hacia la casa.
Helga estuvo encerrada en su habitación toda la tarde, ignorando las llamadas a la puerta de Arnold, con la excusa de que debían empacar, reflexionando acerca de su relación con Arnold. Luego de dos prolongadas horas de empaque, Helga bajó a la playa con la esperanza de encontrarse con su novio. En efecto, el chico estaba sentado sobre una roca, mirando el atardecer.
—Un chico soñador mirando el atardecer es bastante cliché, ¿no crees? — Arnold volteó al escuchar su voz y corrió hacia ella.
—Helga…
—Mañana nos vamos —dijo sin saber muy bien cómo entablar una conversación.
—Sí… —Al parecer Arnold tampoco estaba muy cómodo. Helga decidió comenzar a hablar.
—Lamento no haber salido de mi habitación… estaba pensando —dijo con la cabeza gacha. Arnold la miró intensamente, invitándola a hablar—. Yo… lo lamento. Lamento muchas cosas, Arnold. No sabes… no sabes cu-cuánto —dijo Helga estallando en llanto.
—Helga —Arnold trató de abrazarla, pero ella lo esquivó.
—¡Por favor, Arnold, no me interrumpas! Lamento… lamento haberme entrometido en tu camino. Lamento haberte acosado en primaria. —Las lágrimas a este punto eran incontenibles—. Lamento… lamento haber arrastrado a alguien tan maravilloso como tú a esta tormentosa y retorcida relación.
—¡Helga! ¿Qué-?
—¡Maldición, Arnold, te dije que no me interrumpieras! Yo solo te arrastro al miserable agujero de mi vida, Arnold. Te lleno con mis preocupaciones, mi ira, mis conflictos sin resolver… creo —Helga se dio vuelta. Las lágrimas estaban cayendo sin control—. Creo que lo mejor que puedo hacer por ti es dejarte ir.
"Dios, qué llorona era" pensó Helga con una mueca de asco, bastante avergonzada de su comportamiento.
—¿Y qué pasó después? —dijo la niña pelirroja con una ceja.
—Luego de un incómodo y vergonzoso viaje de vuelta, la chica se fue de viaje a visitar a su hermana. Cuando volvió, su buzón estaba lleno de cartas del chico, quien había desaparecido para siempre.
—Eso es tan… ¡triste! —dijo un chico grande, gordo y rosa sin poder contener su fuerte llanto. Helga se asustó al ver a los chicos tan tristes, algunos incluso lloraron al igual que el chico gordo.
—No se preocupen: años más tarde, se volvieron a encontrar. Se casaron y vivieron felices por siempre.
—¿En serio?
—S-sí, por supuesto —mintió Helga—. El amor lo supera todo.
—Eso es muy lindo —dijo la pelirroja.
—No, no lo es. Es cursi. Las niñas son tontas y cursis —le dijo el niño rubio tirándole una coleta. La niña comenzó a llorar.
—Helga, hermanita. Es hora de irnos a casa —dijo Olga asomándose por la estantería.
—Sí, ya había terminado —responde Helga poniéndose de pie—. Ya escucharon, renacuajos. La sesión terminó.
—¿Vas a volver? —le preguntó la chica pelirroja aún con lágrimas en los ojos.
—Quizás lo haga. Aunque definitivamente debo preparar mejor mis sesiones. Esto se supone que es lectura de cuentos, no narración.
—Te estaremos esperando.
El día lunes, Lila fue a las canchas antes de ingresar al establecimiento. Allí la esperaban sus nuevas amigas, listas para darle el visto bueno en su peinado y maquillaje antes de hacer su debut social como nueva porrista. Ya lista, Lila caminó por los pasillos con sus nuevas amigas, aún pensando en lo que había escuchado decir de Holly antes de salir de casa.
—Escucha, Lila, luego deberás memorizar una lista de personas a quienes no tratamos, pero lo importante es que puedas tú misma diferenciar entre quienes son aptos para hablar con nosotros y quienes no, ¿entendido?
—Yo…— Lila aún seguía un tanto distraída.
—Buenos días, señorita Lila. Se ve muy bien en su uniforme nuevo —dijo Stinky, interrumpiendo sus pensamientos.
—Oh por Dios, ¿quién es este idiota? —preguntó Maria con una mueca de asco.
—Es Stinky el apestoso ¿Pueden creer que no aprendió a deletrear hasta secundaria? —acotó Heather seguido de una risa burlona.
—Vámonos, Lila. Tú puedes tener a un chico mejor que a este —dijo Simone tomándola del brazo—. ¿Lila?
—Adiós, Stinky —dijo Lila evitando mirar al chico.
Lo primero que vio Helga al cruzar las puertas de la escuela fue a Stinky tratando de contener las lágrimas, tapándose con la puerta de su casillero en vano.
—¿Qué ocurre, Stinky? No te veía llorar así desde que te rechacé en primaria. —A juzgar por la expresión del rostro de Stinky, Helga había metido la pata en grande esta vez—. L-lo siento. No pensé que fuese algo así ¿Tiene que ver con Lila?
—Creo que se avergüenza de mí. Ella y sus nuevas amigas.
—Oh, Stinky, no seas llorón. Lila jamás haría eso. —Aquella declaración solo hizo que las lágrimas de Stinky terminaran brotando de sus ojos.
Helga frunció el ceño. No solía meterse en la vida de los demás, ni siquiera le interesaba la vida de sus antiguos amigos de primaria luego de haber entrado a la secundaria, pero en el fondo, ver al ingenuo de Stinky tan destrozado la provocó una extraña angustia.
—Tranquilo, chico calabaza. Hablaré con ella y aclararé este malentendido —dijo Helga dándole una palmada en la espalda y dirigiéndose al tocador de las mujeres donde solían estar las porristas.
Al entrar, encontró a todo el equipo hablando, tan ensimismadas, que no se percataron de la presencia de Helga (o fingieron no hacerlo).
—Nuestra escuadra se está quedando sin presupuesto para los uniformes nuevos. Si tan solo alguno de esos malditos ricachones estuviese en el equipo.
—¿Cómo Lloyd?
—Ja, vaya que le gustaría a esa snob.
—Deberíamos convencer a Lorenzo a que se una. Dicen que a ese chico le gusta que lo abracen por detrás, no sé si me explico —dijo Simone maliciosamente. Las demás rieron.
—Disculpen —dijo Helga tratando de sonar cortés, pero siguieron ignorándola.
—¿Se imaginan si Eugene y Lorenzo tuvieran una relación? Oh, Dios mío. Seríamos el hazmerreír de la escuela. Suficiente ya tenemos con ese rarito haciéndonos las coreografías.
—Como sea, creo que debemos volver a lo clásico: organizar un lavado de autos. Música en vivo, porristas en bikini divirtiéndose, refrescos.
—A pesar de tu vergonzosa caída, te adoro, Maguire. Vaya que fue buena idea aceptarte dentro de las porristas —dijo Maria—. Cuando me gradúe, serás la capitana. — Una chica de tercero la miró con reproche, lo cual ella ignoró.
—Ejem —repitió Helga, pero las porristas siguieron ignorándola.
—Hablando de gente rarita, ¿Saben que Arnold Shortman dejó a Helga Pataki porque descubrió que era lesbiana? Yo estaba con ellos en Malibú cuando todo eso pasó —prosiguió Heather aplicándose rímel en las pestañas.
Suficiente. Helga apartó a las porristas a codazos para poder llegar a Lila, quien estaba en un rincón atenta a toda la conversación, aunque sin intervenir.
—Lila, necesito hablar contigo —Dijo sujetándola de un brazo.
—¡Helga! —susurró Lila bastante sorprendida—. No creo que sea buena idea ahora.
—Pataki, estás en nuestra lista negra. No puedes acercarte a las porristas ni hablar con ellas a no ser que nosotras nos dirijamos a ti en primer lugar —le dijo Maria, autoritaria.
—¿Y eso debería importarme porque…?
—Helga, por favor, no quiero que pelees con mis nuevas amigas.
—¿Amigas? Lila, estas descerebradas son unas arpías. Hasta Stinky cree que ya no quieres ser su amiga por culpa de ellas.
—Bueno, me agrada Stinky, es solo que…
—¿Te agrada? Vamos Lila, se que estás loquita por él.
—¿Lila loca por Stinky? Con razón Shortman te dejó. Estás demente, Pataki. Lila jamás podría fijarse en un campesino bruto y apestoso como él. Lila merece algo mejor —dijo Heather con una sonrisa maliciosa. Expectante ante la respuesta de Lila.
—Lila —le susurró Helga— creo que por primera vez en mi vida debo apoyar a Rhonda. Estas chicas son malas. Destruirán tu espíritu.
—Lila —le dijo María con un tono cantarín—. Debemos irnos, querida. Despídete de la perdedora y vámonos.
—Lila, por favor. —Helga la agarró de una muñeca.
—Lila, te recuerdo que tú decidiste unirte a las porristas. Nadie te obligó. Deja de dejarte manipular por esta abusona de primara y vámonos. —El tono de voz de Maria ahora era más autoritario.
La aludida estaba abrumada ante tanta gente llamándola por su nombre de pila y diciéndole que hacer, lo cual le hizo las palabras de Holly volvieran a su mente:
"Es un inútil, pero es fácil de manipular: le dices que trabaje un turno extra y lo hace. La idiota de su hija es igual: son un dúo de idiotas que no llegarán a ningún lado. Solo les dices qué hacer y te sientas a esperar a que lo hagan."
No, Lila no era así. Ella no se dejaba manipular por nadie. Tomaba sus propias decisiones. Y así como había decidido ser una porrista para ser realmente alguien importante en secundaria —y no simplemente una niña buena que se lleva bien con todos—, ahora debía seguir con ese camino.
—Helga, es muy divertido ser tu amiga y todo. Pero creo que necesito socializar más. Conocer más gente. Espero que lo entiendas —dijo con un tono de voz monótono, soltándose del agarre de Helga.
—¿Estás de broma?, ¿y qué hay de Stinky?
—Es un gran amigo, pero solo me gusta. No me gusta-gusta. Creo que respecto a los chicos también debo ampliar mi círculo.
—Pero, Lila.
—Oh, Pataki. Eres tan lesbiana —le dijo Heather con una mano en el hombro de Lila—. A Lila no le gustas, ¿entiendes eso?
—Oh, vamos, Heather, no seas así— dijo Lila en un tono suave y no muy convincente, acompañado con una risita. Aquello fue involuntario, pero simplemente no pudo evitar reírse de los incesantes chistes de Heather.
Helga suspiró y se dio vuelta. Otra amiga que huía de ella.
Sip, en efecto, Helga aún tiene conflictos que resolver y dilemas que exteriorizar, peeero no será una chica atormentada por su relación pasada, eso se los aseguro. Espero les haya gustado este capítulo, disfruté mucho escribiendo el flashback (aunque es bastante nostpalgico) e inventando toda la situación familia de Lila. Traté de que Lila, no me quedara OoC. No sé, la chica siempre fue muy complaciente. Su cambio no lo veo como que se haya vuelto mala o algo así, solo que se dejó presionar por su propia complacencia. No me la odien mucho, que esta chica ha pasado —y pasará— por un montón de cosas. Tengo más planes para ella, aunque no tantos como los que tengo para Rhonda, adoro escribir sobre ella. Saludos recuerden que este fic es para promocionar la Película de la Jungla, así que no olviden firmar la petición que está en mi perfil.
*Club de coro: mre refiero claramente al Club Glee, hahahaha. Ahora con todo esto de las modas de los musicales.
