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OMG, OMG, OMG! No lo puedo creer! 15 reviews con sólo el primer capítulo! De verdad que morí al ver la gran acogida! Muchísimas gracias chics! Es por eso que llegue para actualizarlo, por que como prometí, si recibía mas de 10, publicaba a finales de semana. Y aquí estoy! A los chicos que corrigieron algunos errores, lo lamento, muchísimas gracias por corregirlos, en este cap me asegure de no volver a cometerlos :D

Pensaba que a nadie le gustaría la idea, pero por lo visto cuando se menciona la palabra smex, todos corren a leer, xD ¡que vivan los pervertidos, xD! A los chicos y chicas que preguntaban si ellos no se reconocen, pues no, no se recuerdan. Primero por que Orihime a pesar de recordar el cabello naranja de Ichigo, recuerden que esto es Inglaterra, Irlanda y Noruega, es bastante común los chicos con cabello naranja y cabello rojo, ademas de que eran chiquitos. Mas adelante pues se recordaran, xD

Sobre detalles de la mitología nórdica, si, si se mencionaran algunas que otras cosas, como aquí, que se mencionan a los dioses y eso, cuando ya ellas (Rukia y Orihime) estén en la aldea vikinga, pues conocerán mas sobre lo que es la cultura y todo eso.

Este capítulo cuenta con lo que es el comienzo de el RenRuki, siendo un trato de amor/odio. Renji es un poquito mas apegado a su personaje en Bleach, Rukia pues regular, aquí es un poquito bitch, pero es por que es una chica noble, y no esta acostumbrada a los tratos rudos y mucho menos a que no cumplan con lo que ella dice, por que ella es una chica rica, y aquí pues... la tienen de esclava.

Sobre el ichihime, también hay escena aquí, una bastante rara, que incluye desnudo, xD Para el próximo capitulo, será mas elaborada la escena, por que incluira el primer lime de la pareja, por que aquí ya esta el primer lime de los renruki (en pensamiento, xD)

Siempre acostumbro a hacer que sean los chicos los que sienten sus cosquilleo y sufren, en este fic es al revés, las lindas e inocentes nobles sufrirán (no, no de llorar, sino otra clase de sufrimiento, xD)

Agradecimientos:

Gracias a todos los que me envían review. Muchísimas gracias a todos. Me he quedado sorprendida de saber que otro puertorriqueño lee acerca de historias ichihime. Wow, realmente wow.

Advertencia:

Contenido para adultos. Escenas con tensión sexual y comentarios impropios para menores de edad. Toda la historia girara en torno a situaciones de adultos. Leer bajo su propio riesgo. Contiene OCC y muchos de los personajes no actúan como lo harían en el manga. Se hace referencia a muertes y al uso de pieles de animales (no apoyo la muerte de animales, simplemente debo mencionarlas por la simple razón de que en esta época eran utilizados.) Probablemente en el próximo capítulo hayan escenas de lemmon no por amor. (no, no es violación, es sexo consensual sin que ninguna de las partes sienta algo emocional por las otra) Aun no se decide si será RenRuki o IchiHime. (la ultima es la que mas esperanza tiene)


CAP II

Rukia Kuchiki era muchas cosas. Era una chica amable-cuando se lo proponía-, era inteligente, astuta y valiente. Siempre les otorgaba una moneda a los niños pobres y por lo general culminaba de rezar sus rosarios antes de que sus sirvientas culminaran los de ellas. Era una joven noble religiosa, amable y muy hermosa.

Pero Rukia también tenía un lado oscuro. Y ese lado oscuro salía a relucir cuando –por equivocaciones de la vida (y de las personas)- tocaban un dije en forma de conejo. Para Lord Byakuya y para el resto de los sirvientes de la mansión Kuchiki, ese dije era el colgante más feo que podía existir en Inglaterra. ¡Ni siquiera debía llamarse dije, porque ofendía a las joyas! Pero para ella era un objeto sumamente especial. Ese colgante había sido el último regalo que su madre le había hecho, cuando ella tenía cuatro años. Cuando Lady Sakura (su mamá) se lo entregó, el dije tenia la forma de conejo (animal predilecto de Rukia) y sus ojos poseían dos zafiros incrustados. Catorce años después, el pobre conejo ya no tenía ni sus orejas completas y le faltaba un ojo, pero eso no le quitaba el gran valor para Rukia.

Cuando la joven Kuchiki tenía seis años, el colgante se calló a un pozo y fueron tantos los llantos, ruegos, suplicas y gritos de la pobre niña, que su propio hermano, Lord Byakuya, tuvo que lanzarse al dichoso pozo para buscar, personalmente, el colgante. Cuando lo encontró en lo profundo del pozo, ya el conejo no tenía ni sus orejas ni uno de sus ojos, los había perdido en cuanto calló y chocó con una de las rocas. Lord Kuchiki (con apenas dieciocho años) no sólo había salido mojado, sino molesto porque estaba cubierto de lodo, pero al ver la gran sonrisa de su hermana cuando esta vio el estúpido dije, digamos que el enojo se esfumo y aunque él nunca lo reconociera, por tener una actitud fría y seria, él estaba realmente complacido de que su hermanita estuviera feliz.

A pesar de que todos en la mansión Kuchiki estuvieran de acuerdo con que el colgante era horrendo —todos en su sano juicio lo pensaban, excepto Orihime (nadie estaba seguro si lo decía por que era mejor amiga de Rukia o por que realmente le gustaba-la chica nunca había sido reconocida por tener buenos gustos)- nadie comentaba nada acerca de este.

Hasta ese momento.

—Esta es la cosa más fea que he visto en toda mi vida— comentó Renji, observando detenidamente el colgante de la noble. — ¿Cómo demonios andas con esto por la calle?— cuestionó, sin recibir respuesta alguna. El teniente sonrió, para luego voltear su rostro y observar a la joven Kuchiki lanzándole miradas asesinas.

Rukia estaba atada de pies y de manos, además de tener una manta cubriendo su boca. Renji se había cansado de aguantar los golpes, mordiscos y gritos de la chica hacia su persona, por lo que con ayuda de otros tres jóvenes tripulantes (sí, tres, porque la pequeña noble era más fuerte de lo que ellos pensaban) la amarraron a una silla.

— ¿Qué se supone que sea? ¿Un cráneo?— preguntó Renji. El joven teniente deslizó entre sus dedos el colgante, sin cuidado alguno. Por el amor a Odín, esa cosa era la porquería más grande que él había visto en toda su vida como saqueador. Pero a pesar de ser una mierda, esa cosa tenia control sobre la chica, porque ella no dejaba de observar a… ¿Qué carajos era eso?

Con muchísima cautela, Abarai se acercó a Rukia y de manera rápida le quito la manta de la boca, alejando sus dedos tan rápido como le fue posible, impidiéndole a la chica que lo volviera a morder.

—¡MALDITO MANDRIL!— gritó furiosa Rukia a todo pulmón, provocando que los miembros de la tripulación-junto al capitán Kurosaki- (que estaban en la proa) cubrieran sus oídos ante el escandaloso grito de la joven noble.

Renji Abarai juró por el Valhala que esa enana lo había dejado sordo. Por Loki, por Thor, Odín y todos los dioses, ¿Cómo carajos esa enana tenía tan buenos pulmones? Él no lo sabía y probablemente jamás lo supiera.

— ¡Juro por mi apellido que hare que te cuelguen en medio de la plaza! ¡Le pediré al rey que mande a sacarte los ojos y se los eche a los perros de la calle!— comenzó a gritar nuevamente Rukia, provocando que el teniente sonriera. — ¡Y NO ES UN CRANEO! ¡ES UN CONEJO! ¡UN C-O-N-E-J-O!— Gritó nuevamente, provocando que el teniente llevara sus manos a sus oídos, evitando escuchar la fuerte voz de la doncella.

Abarai negó la cabeza, para luego volver a sonreír de manera burlona. — ¿Sabes? Sólo te hacen falta las orejas, el hocico y el rabo para parecer un perro rabioso. — se burló el joven bárbaro, cruzando sus brazos sobre su pecho. —Y esa cosa no parece un conejo, es horrible. —. Rukia lo observo ofendida- no podía creer que alguien le hablara de esa manera- luego comenzó a gritar histérica, moviéndose frenéticamente de la silla, tratando de alcanzar al teniente.

— ¡Eres un maldito mandril sin cerebro e inteligencia alguna! Necesitan secuestrar dos doncellas para poder decir que son barbaros y saqueadores. Sólo son cobardes. — le espetó molesta Rukia, respirando fuertemente, agitada y con su corazón acelerado por el coraje de discutir con semejante idiota. Ella jamás había tratado con un hombre tan… tan… ¡ella ni siquiera tenía una palabra que lo describiera!

Renji llevó uno de sus dedos a su mandíbula, para luego ladear la cabeza, fingiendo estar pensando arduamente. — ¿Doncellas? Mmm, hasta lo que tengo entendido sólo hay una mujer y está en el dormitorio del capitán. Tú caes más en la descripción de enana o gnomo. — argumentó, de forma seria. Rukia mordió sus labios fuertemente, provocando que tragara algo de sangre. Ese hombre… ¡ese hombre se las iba a pagar!

—¡TU! ¡Pedazo de escoria!— gritó nuevamente la joven Kuchiki, pateando el suelo y moviéndose de manera brusca en su cautiverio. Ella quería alcanzarlo y desmembrarlo con sus manos. El teniente Renji estaba seguro de que si continuaba molestando a esa chica, ella iba a morir del coraje. Su hermoso rostro, del color de la nieve, estaba rojo y sus labios temblaban por la ira.

Buscando molestarla un poco más-porque para él se veía mucho más guapa molesta y gritando (además de que le provocaba que cierta parte de su cuerpo se volviera firme)-Abarai se sentó frente a ella, observándola detenidamente. La pequeña noble no tenía un cuerpo como el resto de las mujeres con las que había pasado la noche, era "pequeña" y delicada. (Claro, sólo en apariencia, porque era un pequeño mostrito cuando se enojaba) El teniente no estaba seguro de si sus ojos eran purpuras o azules, pero eran hermosos, realmente hermosos. La chica poseía una belleza extraña, parecía una estrella.

— ¡Deja de mirarme!— arremetió irritada Rukia. Le molestaba que ese bárbaro la mirara de esa forma, porque esos ojos chocolate provocaban que algo se moviera en su estomago y eso no le gustaba para nada, porque era lo mismo que había sentido hacia mucho por Lord Ashiro. Cuando ella había visto por primera vez a Lord Ashiro (luego de que regresara de su entrenamiento), ella había sentido algo, pero eso había sido hacia mucho, cuando apenas tenía catorce años. Desde entonces no había sentido nada en su estomago, y ahora ese estúpido bárbaro, con sólo mirarla, le provocaba esa sensación.

— ¿Le incomoda que la miren, su alteza?— preguntó sarcástico Renji, cruzándose de brazos y arqueando sus cejas. Rukia resoplo, cambiando su mirada. Pero ya habían pasado cinco minutos y ese estúpido mandril continuaba observándola, como si ella fuera algún pedazo de carne o pan.

— ¿Acaso no tienes nada que hacer en esta porquería de barco, aparte de mirarme como un jodido idiota?— si Rukia hubiera tenido sus manos libres, las hubiera llevado a su boca, para cubrirla por haber dicho una palabra como esa. ¿Qué pensaría su hermano si la escuchaba hablar de esa forma? ¡Oh no, ella no quería ni imaginarse! Sus labios dibujaron una O, mientras sus facciones se paralizaban.

—Oh, la pequeña princesa ha dicho una palabra fuerte. ¿Qué le harán ahora las personas "civilizadas"? ¿Le cortaran la lengua? ¿O la colgaran en medio de la plaza?— preguntó con desdén Renji. Los "civilizados" no le agradaban para nada, los veía como personas patéticas que creían poseer el mundo por ser "educados" y que denigraban su raza por ser "barbaros". Su padre había fallecido hacia nueve años atrás, cuando él tenía trece años. Un "civilizado" lo había asesinado sin piedad alguna.

—Eres el bárbaro más patético que he visto. — le espeto Rukia, ignorando por completo el que diría su hermano si estuviera allí. De seguro la castigaría y le diría que no era de señoritas pelear con un caballero, pero ese que estaba frente a ella no caía en esa categoría, ¿verdad?

— ¿Será porque soy el único bárbaro que has visto en tu vida? ¿O has visto otros?— el teniente rodeo los ojos, mientras se recostaba de su silla de madera, observando el techo de la embarcación por unos instantes. Luego bajo su cabeza, y observó a la joven frente a él. —Bueno, me canse de molestar. ¿Tu nombre?— preguntó con voz fuerte, cruzándose de brazos. Recordar lo sucedido a su padre siempre lo volvía de mal humor.

— ¡Que te importa!— respondió Rukia, gritando. ¡Ella no le iba a decir su nombre a ese bueno para nada! Ese estúpido vikingo que estaba en frente a ella se las iba a pagar una a una todo lo que le había hecho. ¡Nadie se burla de un Kuchiki!

—Perfecto, Señorita-que-te-importa, soy Renji Abarai y en la mañana comenzara a trapear los pisos del casco. — dijo el teniente, cambiando su humor de enojado a burlón. La reacción de la chica no tenia precio, sus ojos azules-purpuras se habían abierto de una forma sobre humana. Además de graciosa.

— ¿T-trapear? ¿Yo? ¿Una Kuchiki? Ja ja ja ¿Estás demente, mandril?— preguntó irritada la pequeña noble. ¿Ella siendo tratada como una esclava? ¡Jamás! ¡Primero muerta! Ella no tenía idea alguna de cómo trapear un suelo o hacer algo de trabajo "sucio" porque ella era una noble, se lo hacían todo.

—No, Señorita-que-te-importa, y ahora si no le afecta, voy a dormir. —le espeto el joven, volteándose para arreglar su cama. Renji tomó una de las mantas de piel de animal y la colocó sobre la cama, rodeando los ojos ante los gritos e insultos de Rukia. — ¡Por Odín, mujer! ¿No te puedes callar?— dijo Abarai, quitándose su ropa y volteándose completamente desnudo hacia la chica, observándola con cierta irritación en su rostro por los gritos de la chica, que en ese momento se había silenciado.

Rukia nunca había visto un hombre desnudo en su vida. Ni siquiera los libros que Matsumoto le mostraba a Orihime y a ella contaban, porque eran simplemente libros, además de ser dibujos. Ese que estaba frente a ella era uno de verdad, de carne y hueso. Y estaba completamente desnudo frente a ella. Y él era grande. En todo el amplio sentido de la palabra, él era grande.

La garganta de la chica se había secado y por más que trataba de apartar su vista, ella no podía dejar de observarlo. Sus mejillas se volvieron rojas y podía jurar que sentía algo en su estomago bajo, específicamente entre sus piernas. La chica cerró sus piernas, mientras continuaba examinando con su mirada al hombre, que no parecía tener pudor alguno de estar como Dios lo había traído al mundo.

Ella era una doncella casta y pura…. Ella era una doncella casta y pura…. Ella debía cerrar los ojos…. Ella no podia cerrar los ojos…. Ella era una doncella casta y p… ella era una doncella ca… ¿una doncella qué?

— ¿Así que esta es la forma de callarte la boca?— preguntó con ironía Renji, cruzándose de brazos y acercándose un poco más a la joven, que continuaba observándolo como si de un caramelo se tratase. — ¿Le gusta lo que ve, my lady?— el joven no podía perder la oportunidad de molestar a la noble, que como si hubiera despertado de un trance, dejo de observarlo.

— ¡Púdrete!— gritó avergonzada la joven, aun sintiendo sus mejillas arder por la vergüenza. Ese mandril la había visto observarlo como si de algo delicioso se tratase. ¡Y eso no era cierto! ¡Ella sólo tenía curiosidad!

El teniente suspiro y se acostó, colocando su mirada hacia el techo. Rukia podía verlo desde donde estaba, y tenía una excelente vista. Abarai sonrió al sentir la mirada de la chica sobre él. Ahh, parecía que él no era el único que sentía atracción en esa habitación. Sin más que hacer, el joven se durmió, dejando a la noble sola y aun observándolo.

Inconscientemente y sin predeterminarlo Rukia deslizo su lengua por sus labios, y mentalmente deseo que Orihime no la pasara tan mal.


Una chica de cabello naranja observaba atreves de la ventana, la tormenta que azotaba el océano y la embarcación. Sus ojos grises mostraban su gran preocupación por su amiga, a la que había escuchado gritar hacia un rato atrás. A pesar de que debería sentir miedo por estar en una embarcación de barbaros, de los cuales uno había tratado de ultrajarla, la chica debía reconocer que se sentía de cierta manera segura dentro de esa habitación.

Inoue no se había bajado de la cama desde que aquel príncipe bárbaro había salido de la habitación. Eso había sido hacia unos treinta minutos atrás. Aun tenía sus piernas cruzadas y su espalda estaba recostada a la pared de madera de la habitación. Esas pieles eran bastante cálidas, y a pesar de sentir cierta lastima por los animales de las que las habían obtenido, no podía dejar de agradecer de tenerlas cubriendo su desnudez. En cuanto aquel chico de cabello naranja se había ido, Orihime se quitó el resto de su arruinado vestido y lo había dejado caer al suelo, quedándose solamente con las pieles que le cubrían hasta la mitad de sus muslos.

Si hubiera estado en casa, Hime hubiera tomado un baño de agua caliente. Se imaginaba a sí misma en su pequeña tina repleta de agua caliente. Luego se secaría con una de las gruesas toallas de algodón y se vestiría con uno de sus vestidos calientitos. Tomaría un vaso de leche caliente y se acostaría en su tibia cama, donde se cubriría con sus mantas.

Quizás ahora ella jamás volvería hacerlo. Ella no sabía hacia donde esos barbaros las llevaría y estaba casi segura de que fuera donde fuera, ella no le agradaría para nada. Sus ojos se cristalizaron al sólo pensar en la probabilidad de jamás volver a ver a su familia. Ella iba a enloquecer en esa habitación, ella necesitaba saber que le harían, a donde las llevarían, que sería de sus vidas de ahora en adelante.

Tratando de controlar sus emociones, la chica se colocó de pie, sintiendo la frialdad del suelo, dibujando una mueca en su hermoso rostro. Orihime observó a su alrededor, y encontró que esa habitación estaba ordenada y limpia, algo que jamás se hubiera imaginado de un bárbaro. Ella los imaginaba como hombres sucios y desorganizados, por lo visto ese chico de cabello naranja era todo lo contrario.

En una esquina, había una mesa de madera, cubierta de papeles. La chica caminó hasta ella y observo con curiosidad los planos sobre esa mesa. Muchas de las cosas ahí no las podía entender, porque parecían ser números, además de estar escrito en otro idioma, que no era el ingles (N/A: Recuerden que es Inglaterra).

La joven noble se volteó y encontró otra mesa, la misma donde el bárbaro había colocado su casco y su espada. Con pasos torpes, la chica se encaminó a ella y observó con curiosidad el casco. Parecía pesado, solamente el imaginar esos enormes cuernos de marfil sobre su cabeza, le provocaba dolor a la joven. Debían pesar muchísimo, además de incomodar al pobre bárbaro. La chica no pudo dejar de sentir lástima por el joven príncipe, imaginarlo cargando ese casco tan pesado a diario le partía el corazón.

Aun lado, estaba la larga y filosa espada negra. Orihime nunca había tocado una espada en su vida. Si las había visto, desde luego que si, por que su hermano Sora poseía una y Lord Ulquiorra también poseía una espada. Pero ellos jamás le habían permitido tocar una espada en su vida, según ellos esos no eran objetos para una mujer. La chica sintió curiosidad por tocarla, por eso llevo sus dedos a la empuñadura, la cual era del mismo color de todo el filo, negra.

La espada era pesada, bastante pesada. La joven la levantó por completo y sintió cierta emoción dentro de ella, como si una ola de adrenalina hubiera tomado el control de su cuerpo. Imitó un paso torpe, y estuvo a punto de caer y enterrarse la espada, pero unos fuertes brazos la sujetaron, impidiendo que se lastimara con el arma.

—Zangetsu no es un arma de niñas, es pesada y filosa. Pudiste haber muerto en instantes, si te hubiera traspasado— le indicó el joven bárbaro, aun manteniendo su agarre por su cintura. Las mejillas de Inoue se volvieron rojas ante la cercanía del príncipe.

— ¿Z-zangetsu? ¿Ustedes le colocan nombres a sus e-espadas?—tartamudeo la joven, percibiendo como el frio que hasta hacia un rato la molestaba, abandonaba su cuerpo, mientras un ligero calor tomaba el control de este. Ichigo respondió con un "Uh huh", sujetando con su mano libre su espada, volteándose para verla. —E-es extraño, pero c-creo que es un l-lindo detalle. — replico la chica, haciendo que el bárbaro la observara con incredulidad.

¿Un lindo detalle? ¿Esa chica le estaba diciendo a él que era un lindo detalle el colocarle nombre a las espadas? ¡Por el amor a Thor! ¿Acaso también le iba a decir a él que era un chico tierno? Ichigo la liberó y colocó su espada sobre su mesa.

—Si fuera otro 'bárbaro'—dijo con cierto toque de repulsión en la palabra que le había colocado los "civilizados"— cortaría tu lengua, por el simple hecho de decir que es un lindo detalle.— le indicó, observando como la pobre chica perdía el color de su rostro. Muy bien, estaba asustada. Jamás volvería a decir que era un lindo detalle. —Pero como te dije hace un rato, cuido de mis pertenencias. — el joven se volteo.

—No soy un objeto. — refunfuño Orihime, cruzándose de brazos. Todas las veces que él le llamara propiedad, ella le iba a indicar que ella no era un objeto. No importaba cuantas veces fuera necesario.

El príncipe suspiro, para luego ladear su cabeza. —No, no eres un objeto, de hecho no te he llamado objeto. Sólo he dicho que me perteneces. — indico el joven, bostezando. Había sido un día demasiado largo, y esa tormenta lo había agotado más de lo que él se imaginaba.

La chica negó la cabeza una y otra vez, como una niña malcriada. — ¡Que no! ¡Que no soy de tu propiedad!— chilló, siendo ignorada por el joven bárbaro, que preparaba su cama. Ichigo volvió a bostezar, sin prestarle la mínima atención a los comentarios de la chica. El joven se quitó su ropa, y al igual que su compañero Abarai, él no tenía pudor alguno con hacerlo, dejando a la pobre noble sin palabra alguna.

— ¿Qué…¿Qué estás haciendo?— gritó Orihime al ser levantada del suelo por el joven bárbaro. Las mejillas de la chica estaban rojas, y se volvieron mucho más rojas al ver y sentir la piel desnuda del príncipe bárbaro. El joven la dejo caer sobre la cama, y las pupilas de esta se dilataron al ver que este se acostaba a un lado. — ¿Qué… que haces?— pregunto una vez más la chica.

— ¿Yo? Nada. Sólo hago que cumplas con tu tarea. Hace frio y necesito mantener mi calor corporal para sobrevivir al clima. Mi ropa esta mojada, mi cuerpo esta húmedo, por lo que si continuo con mis ropas, podría morir. — le indico el joven de lo más normal, sin sentir vergüenza alguna de estar desnudo. —Quítate la ropa— ordeno.

— ¡¿Qué? ¡No!— exclamó abochornada Orihime. Ella no iba a desnudarse frente a ese bárbaro. Bueno, técnicamente ya él la había visto semi desnuda, pero eso no había estado bajo su control.

El chico colocó los ojos en blanco, con cierta irritación. —No es como si jamás hubiera visto una mujer desnuda. Tienes lo mismo que las otras, sólo que mayores proporciones— dijo lo último en voz baja, mas para él mismo que para ella. —Y necesito adquirir tu calor corporal. Así que quítate la ropa, o tendré que hacerlo yo. — volvió a repetir. La chica se sentó en la cama, para luego cruzarse de brazos. Orihime no iba a cooperar. —Bien, no me dejas de otra. — el chico se acercó a ella, y ante la mirada perpleja de la joven noble, le quitó la ropa. Inoue llevó sus manos a su cuerpo, para cubrirse.

— ¡Dame la ropa!— pidió mortificada, mientras sus mejillas se enrojecían. El bárbaro lanzo la ropa a otro lado, para luego halarle la mano y atraerla hasta donde estaba él, acostándola a un lado. El flujo de sangre que corría hacia sus mejillas se duplico (además de la mortificación) cuando el joven paso una de sus manos por la cintura de ella y la acerco hacia su torso desnudo.

¡Eso no podía estarle pasando! No, definitivamente no. ¡Ella estaba siendo abrazada por un bárbaro! ¡Y los dos estaban desnudos! Un pequeño hormigueo comenzó a hacer acto de presencia entre sus piernas cuando sintió la piel húmeda del bárbaro tras de ella. Dios, ¿que le estaba pasando?

—Deja de temblar, no es como fue fuera a violarte. Ya te he dicho que protejo mis pertenencias. — dijo suavemente el joven, hablándole al oído, provocando un escalofrió en la joven. El chico sonrió de lado al ver lo nerviosa que estaba la noble.

—N-no soy tu pertenecía. — murmuro la Orihime, cerrando los ojos y tratando de controlar el gran flujo de sangre que corría hacia sus mejillas, mientras de paso ignoraba el hecho de que ese chico estaba completamente desnudo y que se encontraba "abrazándola".

—Eso no es negociable. Aunque, quizás deje de decírtelo si me dices tu nombre. A menos que quieras que te llame objeto o propiedad. — comento nuevamente a su oído Ichigo, observando las mejillas rojas de la chica.

—E-es Orihime I-Inoue. — murmuro nuevamente la chica, respirando hondo. El brazo del chico se volvió un poco más fuerte. El príncipe tomó una de las pieles y la colocó por encima de ellos, mientras recostaba su rostro sobre el cuello de la chica.

—Bien, buenas noches, Orihime. — dijo el chico, quedándose dormido un rato después. Orihime esperaba que Rukia no la estuviera pasando tan mal.


Si recibo mas de diez reviews, esta historia tendrá su continuación antes del viernes de la semana que viene. (los demas fics tambien tendran sus continuaciones a finales de semana)

{#}Próximo capítulo, lemmon + lime