Éste fic participa en el Reto Trimestral Masquerade de El Mapa Del Mortífago.

Resumen:

¿Qué pasaría si no estas en donde se supone que deberías estar, pero no hay forma de regresar a donde si deberías estar? Steve Rogers se encuentra en esta encrucijada, perdido en el Siglo XXI, un lugar en donde no hay nada ni nadie a lo cual regresar cuando acabe el día... Pero, ¿será posible que una loca noche con una chica británica le yaga cambiar de parecer?

Capítulo 2

Cinco semanas atrás.

Centro de New York.

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Caminaba sin rumbo de nuevo, parecía una ocurrencia frecuente desde que despertó hacía ya varios meses en aquella habitación de SHIELD donde tras años congelado pudo regresar a la vida, de una extraña y retorcida manera.

Decir que aún se adaptaba al cambio de su época hasta la actual, era un eufemismo, más de una vez se preguntaba si en vez de despertar tras décadas congelado, realmente estaba en la Tierra y no en una dimensión parecida, mujeres semi desnudas, ropa que dejaba poco a la imaginación era moda, aparatos planos para comunicarse, el fin de la guerra en la que peleó...

Todo era diferente y no había nada que le hiciera sentir bien, no había nada que le hiciera sentir como en casa.

Como muchas veces desde que lo redescubrió, se dirigió al bar cerca al apartamento en el que ahora vivía, era una de las pocas cosas que no habían cambiado entre el surreal ayer y el hoy que parecía una novela de Julio Verne. Tal vez en un futuro si habrían autos voladores.

El bar, si bien había cambiado completamente su fachada exterior excepto por el nombre, su interior parecía guardar más de una similitud con la imagen que tenía del mismo lugar durante la década en que venía con sus compañeros de batallón, excepto por las pantallas a cada lado de las paredes que televisaban un juego de fútbol americano que ya estaba por terminar, y por lo que parecía, la mayoría estaba contenta con el resultado.

Tomando una de las sillas cerca al mesón de granito del bar, le señaló a la cantinera por una cerveza, la cual ella le presentó casi de inmediato antes de darle una pequeña desvestida visual un poco obvia y una sonrisa coqueta.

En otro momento tal vez, eso habría significado mucho y hubiera sido casi un milagro de lograr por sí mismo, era después de todo Bucky quien le conseguía citas aún cuando nadie quería salir con él, como lo hacía nunca lo supo, pero siempre lo agradeció ya que era la forma en que su amigo le levantaba el ánimo y no lo hacía sentir tan poco hombre.

Se acomodó en su silla y miró sus alrededores, más por ocuparse en algo que por alguna otra cosa en particular. Cuando su mirada se deslizaba en aquellos que como él estaban en el mesón de granito, encontró la mirada fija de un par de ojos miel que a diferencia de la cantinera o muchas otras mujeres, no era coqueta, lujuriosa o carnalmente interesada. No, ésta era más curiosa y extrañamente conocida, sus ojos sostenían ese mismo brillo que sus ojos tras sus primeras experiencias en la guerra, esa mirada conocedora de todo lo que podía haber allá fuera.

Sostuvo su mirada por algunos minutos más, era casi como si no pudiera quitarla de la de ella, como si estuvieran atraídas magnéticamente.

O al menos fue así hasta que Sasha, una agente de SHIELD que había conocido durante su 'reincorporación' lo sacó de su estado.

- ¿Tienes mucho tiempo esperándome? - Preguntó a su oído.

- Sólo algunos minutos. - Respondió restándole importancia.

- Siento la espera, pero prometo que te lo compensaré pronto. - Sasha y él se habían conocido en las instalaciones de SHIELD, y tras su 'liberación' siguieron viéndose hasta llegar a alguna especie de acuerdo de amigos con derecho, una de las cosas buenas del siglo veintiuno.

Actualmente eran más amigos que amigos con derecho, quizás era un idiota por pensar de esa manera, pero era más fácil así. No quería que nadie más se acercara lo suficiente como para crear el enorme hueco que dejó aquella mujer con la que nunca tuvo aquella cita que tanto quiso y a la que nunca llegó.

Sasha le señaló a la misma cantinera que le sirvió a él por una cerveza, mientras que él ignoraba la mirada sucia que la última le dirigía y buscaba con sus orbes cafés a la castaña de ojos miel de hace un rato, decepcionándose un poco cuando no la encontró por ningún lado.

Era ridículo sentirse así, lo sabía, pero fue esa inconfundible decepción en la boca de su estómago lo que lo llevó a separarse de Sasha tan pronto como pudo cuando ésta recibió su cerveza. Por alguna razón, se sentía un poco incómodo, como si estuviera haciendo algo que no debería estar haciendo.

- Has estado un poco ocupado, Steve, ya casi no nos vemos, - mencionó la rubia, sacándolo de sus pensamientos, - Te extraño.

Mierda. Lo del acuerdo de amigos con derecho lo había propuesto ella para evitar la peor clase de sentimientos - los heridos - que goteaban de sus palabras.

- He estado ocupado. - Respondió simplemente. Lo hacía ver como un idiota y talvez lo era, pero no supo como contestar eso.

- ¿Tal vez podrías desocuparte más a menudo? -

- Tal vez.

- Sabes, deberíamos salir algún día a comer o al cine o a hacer algo por allí los dos solos, como...

- ¿Como en una cita?

- Sí, como en una cita. - Había esperanza en aquella voz, una a la que debía ponerle alto antes de herirla aún más. - Te podría mostrar la ciudad, o podríamos ir al cine, o a bailar, o a comer-

- ¿Sasha... Tienes sentimientos hacia mi?

Ella vaciló un poco antes de responder, probablemente recordando su acuerdo, el mismo que ella propuso en un principio y el que acababa si se tenían sentimientos por la otra persona.

- Sí.

Un ambiente pesado e incómodo se estableció en la mesa, en donde ninguno de los dos habló.

- No correspondo tus sentimientos, Sasha, lo siento.

- Lo sé. Esperaba que fuera diferente, pero te conozco lo suficiente como saberlo.

- Lo lamento.

- También lo sé, Steve... Eres tú después de todo.

- Deseo seguir siendo amigos, pero entiendo si es difícil para tí en este momento.

- También lo deseo, pero necesito tiempo.

- Creo que será lo mejor. Llámame si me necesitas.

- Lo haré.

Con ello, le dió un corto beso a un lado de la cabeza, pagó su cuenta y la de ella y salió del bar hacia el frío de la noche.

Décimo caminar un poco y disfrutar del aire fresco, por lo que en vez de dar vuelta y dirigirse a su apartamento, giró a la derecha y siguió caminando en dirección de un pequeño parque que al igual que el bar del que acababa de salir, no había cambiado mucho con el tiempo.

Estar en lugares poco afectados por el paso del tiempo le traía un poco de paz y un sentimiento de estar en casa o al menos parte de ella.

Y así fue hasta que escuchó unos gritos cerca a unos banquillos en donde había poca iluminación. Con rapidez se dirigió en busca del lugar del que provenían los sonidos de pelea, alguien estaba en peligro y sin importar si era o no El Capitán América, era su deber proteger a los inocentes y a los débiles.

El lugar además de estar alejado y poco iluminado, estaba rodeado de árboles que hacían difícil la visibilidad y acceso a lo que sea que estuviera sucediendo. Decidió acercarse con caución y prudencia, el elemento sorpresa era su aliado y debía mantenerlo el mayor tiempo posible, podría ser el factor clave en salvar a quien estuviera en problemas, al fin y al cabo no sabía con exactitud lo que sucedía o cuántas personas estaban involucradas.

Con silencio y sigilo se movió entre los árboles, cada vez más acercándose a su objetivo, en lo que por los sonidos que emitían todos le dejaban saber que eran dos hombres en contra de una mujer, al parecer querían robarle sus pertenencias y ella trataba de escapar entre los árboles, de una manera similar a la que él utilizaba para acercarse a la escena.

Pero al parecer eso no duró mucho.

El segundo sujeto, un hombre alto y fornido que había sido dejado algunos metros más atrás en el suelo en lo que parecía esperaba a que algún tipo de dolor entre sus piernas pasara, se había levantado y la había emboscado por detrás, deteniendo así cualquier plan de escape que la mujer tuviera.

Siguió moviéndose entre los árboles, a un paso más rápido ahora, desechando cualquier forma silenciosa o sigilosa que había tenido antes al moverse. Era primordial el acercarse, no sabía cuanto tiempo más los asaltantes demorarían sin atacar a la mujer, en especial ahora que les motivaba la furia y no solo el robar sus pertenencias.

Cuando los asaltantes tiraron a la mujer al suelo supo que había tenido suficiente, era ahora o nunca, no soportaría ver como herían a alguien y mucho menos a una mujer. Con premura se acercó al que estaba más lejos y más pequeño de los asaltantes, tirándolo al suelo tras estrellar un gran gancho derecho a su mandíbula, el otro sujeto, el más cercano a la víctima, notó al fin su presencia y acercándosele trató de golpearlo en retaliación a su interrupción, con facilidad esquivó el ataque, enviando uno él a su abdomen que lo dejó sin aliento y doblándose por la mitad.

La mujer aún en el suelo comenzaba a recuperarse del empujón, moviéndose hasta quedar sentada, observando la forma en la que sus atacantes pasaban a ser víctimas por un alto y musculoso hombre de cabello castaño bronce y un potente gancho derecho.

Su salvador y ambos asaltantes, se alejaron considerablemente, dejándola a salvo de cualquier herida causada por la pelea. De momento, temía por su hermoso salvador, era imperativo encontrar ayuda y no habiendo nadie cerca, decidió por otra opción.

¡Bingo!

Su bolso, ese mismo que sus victimarios trataron de robar en un principio, estaba en el pasto del parque junto con todas sus pertenencias, entre ellas su celular. Tomándolo rápidamente marcó al 911 solicitando ayuda policíaca, de momento más para ayuda de sus victimarios que de su caballero en brillante armadura.

- 911, ¿Cual es su emergencia? - Contestó una calmada voz al otro lado de la línea.

- Un par de asaltantes me emboscaron en el Green Park, - Narró tratando de que su voz saliera firme, en vez de errática y sin aliento, - ellos me persiguieron por un buen rato, antes de-

- ¿Se encuentra usted bien? Ya una patrulla que estaba cerca se está dirigiendo a su lugar de localización actual, junto con una ambulancia en camino. - Interrumpió la ya no calmada voz.

- Sí, como decía, ellos me persiguían antes de que alguien les emboscara, estoy bien, pero temo por mi... ¿Salvador?

- Entiendo.

- Él ahora les está manteniendo a raya, pero no sé cuanto eso pueda durar.

- La patrulla ya está a pocas cuadras del lugar. Estarán con ustedes dentro de poco.

- ¡Que alivio! Gracias.

- ¿Desea que me quede con usted hasta que ellos regresen?

- No estoy bien, gracias.

La voz al otro lado de la línea le dijo algunas sugerencias entre ellas el dejar a los paramédicos observarla y contar hasta el último detalle a los oficiales de policía de lo ocurrido,antes de colgar.

Menos de cinco minutos después, una pequeña patrulla hizo saber su acercamiento cuando sus luces y sirenas se hicieron visual y auditivamente conocidas. Sólo cuando los oficiales se acercaron con esposas en mano para capturar a los asaltantes su hermoso caballero dejó de mantenerlos a raya con su presencia y ganchos.

Lucía como lo haría un vengador en los cómics de héroes.

Su caballero en brillante armadura... O ajustada chaqueta...