Segunda parte: "Noctum gladious est"
I
Al día siguiente, AppleJack, Rarity y Raidow Dash ponies, acudieron a la biblioteca Golden Oaks para ver a su amiga, la princesa Twilight, y le contaron lo sucedido la noche anterior. Dicha anécdota despertó la curiosidad de la joven alicornio, pues no era algo que se viera todos los días, así que decidió empezar una rigurosa búsqueda en su colección de libros.
A lo lejos podía oírse el enorme revuelo que ocurría en el interior de la biblioteca; con su magia, Twilight abría un libro, lo hojeaba a gran velocidad y lo dejaba a un lado, una y otra vez, como suele hacer cuando se entusiasma en una tarea, cubriendo el piso con libros y pergaminos, mientras sus amigas observaban desde el otro lado de la estancia, reguardadas de la tormenta que la alicornio causaba, y conscientes de que no debían interrumpirla si querían obtener una respuesta. Spike continuaba trayendo libros, pero tardaba más en colocarlos a un lado que Twilight en hojearlos. Tras un rato, la novel princesa cerró el último tomo.
-Lo siento chicas –dijo derrotada-, pero por más que busque en todos mis libros, no encontré nada relativo a esa frase, a las estatuas o esa misteriosa fortaleza.
-No es posible -replicó Rainbow-, ¿acaso es algo más antiguo que tus libros?
-Me temo que si –contestó Twilight-, probablemente sea algo más antiguo aún que Ponyville.
-Qué tal si es algo tan aterrador que fue escondido para que nadie se enterara –dijo temblorosa Fluttershy.
-Podría ser- dijo Twilight-, hay mucho conocimiento oscuro que no está al alcance de todos, ni siquiera para los más versados y estudiosos, podría ser algo prohibido para los demás. Es lo único que podría pensar.
-Oye, y si le preguntas a la princesa Celestia?- dijo Spike mientras levantaba algunos de los libros-. Hoy tienes una reunión con ella, podrías preguntarle, sobre todo si es algo que estaba cerca de lo que era su antiguo castillo.
-Spike, eres un genio!- decía Twilight mientras levitaba a Spike con su magia y lo abrazaba, lo que alegro y ruborizo al dragón. –Así lo hare, y les traeré la respuesta de una fuente más confiable. Si alguien sabe todo de la historia antigua de Equestria, es ella.
-Esperaremos con ansias tu respuesta, terroncito -dijo AppleJack.
-Mejor con algo de pastelillos, así es más dulce la espera –dijo Pinkie Pie, mientras se llevaba un pastelillo a la boca, ante la atónita mirada de sus amigas-. Queeee? Compre estos pastelillos antes de venir para acá.
Todas rieron al unísono, mientras observaban a Pinkie devorar más pastelillos.
II
Ese mismo día, Twilight se dirigió hacia Canterlot, hacia el castillo de la Princesa Celestia; era transportada en un carruaje, muy similar al que la llevo a Ponyville la primera vez, arrastrado por dos guardias pegasos. Una vez que arribaron al palacio real, descendieron con suavidad, y el carruaje se detuvo. Twilight bajó, mientras los pegasos la saludaron con una reverencia. Se dirigió a la entrada del palacio, caminando lentamente, dirigiéndose hacia las ornamentadas y robustas puertas, cuyos paneles de bronce revelaban diversas escenas del pasado de Equestria: la fundación del Reino, las migraciones, el mortal invierno y…se sonrojó al ver reflejadas ahí también sucesos más recientes: su batalla contra Nightmare Moon y Discord. Sus ojos se nublaron por un momento: implacables enemigos de ayer, sus mejores amigos hoy, sin contar también a sus amadas amigas y a su fiel y leal asistente dragón.
Continúo avanzando por el pasillo hasta llegar a la puerta principal, que da acceso al salón del trono. Dos guardias de elite se mantenían en guardia tras sus enormes espadas, Ella reconoció sus armaduras, pues las ubicaba desde la época en que era solo una pequeña estudiante: la armada Cygnus Damocles, el escuadrón de elite de la Guardia personal de la Princesa Celestia. Tímidamente se acercó a ellos, y se anunció ante ellos.
-Vengo a ver a la Princesa Celestia.
-Princesa Twilight, Su Majestad la espera -dijo educadamente uno de los guardias.
Ambos guardias se hicieron a un lado y dejaron pasar a Twilight mientras inclinaban la cabeza en señal de reverencia. La joven alicornio se sentía incomoda con el exceso de atenciones, pues aún no estaba acostumbrada al trato real que le era brindado tanto por los guardias como por los sirvientes de Canterlot, incluso por los habitantes de Ponyville. Avanzó por las escaleras, pasando por los vitrales que tenían inmortalizadas diversas escenas y acontecimientos del reino, y llego al salón principal, donde se encontraba el trono de la soberana de Equestria, quien al verla se acercó a la novel princesa.
-Princesa Twilight –dijo con el tono maternal que la caracterizaba, mientras acariciaba con su cabeza a su exalumna-, que gusto me da que hayas venido.
-El gusto es mío también, su Alteza -respondió la pequeña alicornio, mientras hacía también una ligera reverencia a su mentora.
-Pasa, por favor, tengo preparado un té delicioso y tus bocadillos favoritos para que podamos platicar con calma.
Ambas salieron del salón principal y se adentraron en una pequeña pero acogedora habitación, en la cual había una mesa delicadamente preparada con una elegante tetera, una lujosa vajilla, tazas y cubiertos de fina porcelana tomar el té. En el centro, junto a la tetera, había un plato lleno de rebanadas de diversos pastelillos, galletas, bizcochos y otras delicias de postres; en el piso había un par de finos cojines de color rojo, rellenos de plumas de ganso y con intrínsecos diseños tejidos con hilo dorado, dispuestos para que ambas princesas pudieran sentarse. Con su magia, Celestia sirvió una taza de té para su estudiante y una para ella, se acomodaron y ambas bebieron al mismo tiempo. Terminaron de dar un buen sorbo al té y tras comer unos panecillos, dejaron las tazas sobre la mesa.
-Dime Twilight, hay algún asunto en particular de cual quieras que discutamos?
-A decir vedad, si, su Alteza- dijo Twilight-. Mis amigas encontraron algo cerca de su antiguo castillo, y no encontré nada en mis libros que resolviera nuestras dudas, así que queremos saber si usted nos podría ayudar con eso.
-Claro que sí, mi pequeña Twilight –dijo Celestia, mientras levitaba su taza para tomar otro sorbo de té-, que información necesitas saber?
-Bueno, lo primero que es… quién fue el pony que puso unas extrañas estatuas en medio de una fortificación abandonada, y lo segundo sería si nos puede decir si sabe que significa la frase que estaba escrita en esa fortaleza….creo que decía…. "noctum gladious est"
Al escuchar esas palabras, Celestia escupió el té que estaba bebiendo. Dejó la taza en la mesa, mientras tornaba su semblante en una expresión seria. Con su magia, tomó una campanilla y la agito. Unos momentos después, un guardia real se acercó y se puso a su lado.
-Guardia, quiero que busque a mi hermana, la Princesa Luna, y dígale que necesito verla enseguida, es un asunto urgente- dijo con un tono severo.
-Sí, Su Majestad –contestó el guardia, y salió con rapidez de la estancia.
Twilight estaba contrariada, nunca había visto un cambio de humor así de repentino en su mentora, eso solo significaba que algo malo ocurriría pronto.
-Lo siento Princesa Celestia, no fue mi intención ofenderla, o hacerla enfadar, o lo que haya pasado –dijo mientras inclinaba la cabeza avergonzada.
Celestia se acercó a Twilight y puso su casco derecho en el hombro de su alumna.
-No hay nada de que disculparse, mi fiel Twilight -dijo Celestia retomando nuevamente su tono de voz cariñoso-, es solo que esas preguntas me hicieron recordar un asunto que estuvo en el olvido por mucho tiempo, y considero que es el mejor momento para resolverlo. Acompáñame, pronto tendras las respuestas a esas preguntas. Me temo que tendremos que terminar ese té en otra ocasión.
La Princesa Celestia se levantó y se dirigió al salón principal, mientras Twilight seguía a la pony que fuera su antigua maestra y protectora, ahora con más dudas que respuestas.
III
Ambas princesas regresaron al salón principal, Celestia se dirigió a su trono, mientras Twilight se quedó a su lado, y una vez instaladas, la soberana de Equestria retomó la palabra.
-Una de las obligaciones que tendrás como princesa es enfrentar retos que pondrán a prueba tu valor, tu fuerza y tu convicción, como lo hice yo en su momento con mi hermana. Esta historia que oirás proviene de una época en que Equestria vivía en uno de sus momentos más difíciles de su historia, y como nueva princesa, tienes la obligación de saber todo lo relativo a nuestro reino, incluyendo su historia oscura y su cruel pasado.
Casi al mismo tiempo que Celestia dejo de hablar, apareció la Princesa Luna, con su característico porte serio y refinado, pero aun así se podría apreciar una expresión de preocupación en su semblante.
-Princesa Twilight Sparkle, un gusto tenerla de visita aquí –dijo haciendo una reverencia, procurando seguir todo el protocolo real-; hermana, he recibido tu llamado, por lo que acudí lo antes posible, ¿qué clase de asunto es ese que reclama mi inmediata presencia?
-Acércate pequeña hermana, debemos hablar, ese asunto nos concierne a ambas, pero en mayor medida a ti, y ahora que te encuentras nuevamente entre nosotros, ya no puede ser postergado por más tiempo.
Luna se acercó al trono hasta estar casi de frente de su hermana. Twilight quedó en medio de ambas, a quienes observaba fijamente, esperando lo que seguiría.
-Noctum gladious est - dijo Celestia en tono solemne.
Luna se quedó paralizada al escuchar esa frase, la cual había oído hace ya demasiado tiempo, pero que recordó a la perfección, y le trajo una gran cantidad de recuerdos.
-Celly…acaso te refieres a….la Legión Oscura?
-Así es, mi querida hermana, me refiero precisamente a ellos.
Twilight observó a ambas, totalmente confundida al no tener idea de que hablaban. Celestia volteó a ver a su discípula y comenzó a hablar nuevamente, mientras con su magia proyectaba algunas imágenes del pasado, evocando sucesos que ocurrieron muchos eones atrás.
-Verás Twilight, hace muchos siglos, cuando Canterlot era un joven reino, vivimos una época muy difícil; prácticamente estábamos en guerra todo el tiempo contra diversos enemigos; apenas nos recuperábamos de una guerra civil entre las tres facciones de ponies, y el peligro acechaba tanto de día como de noche, y nuestras vidas y la de nuestros súbditos estaban en constante riesgo. La Guardia Real era insuficiente para protegernos, así que como medida de seguridad adicional, se tuvieron que crear varios grupos de elite para salvaguardar nuestra integridad, llamadas Legiones. Para mi protección y mando se creó la Legión Dorada, y para mí hermana, se creó la Legión Oscura.
-La Legión Oscura fue uno de los más importantes ejércitos que tuve el privilegio de dirigir –dijo la Princesa Luna-. Guerreros fuertes y valerosos, dispuestos a sacrificar su vida por mí y por Canterlot. Gracias a ellos, logramos ganar muchas batallas en el pasado, y el reino se mantuvo a salvo durante las noches. Eran implacables, no se detenían ante nada para lograr su objetivo, y sabían infligir temor en nuestros enemigos y aliados. A su mando estaba un poderoso unicornio, el legendario general Grey Shadow, gran estratega militar, encomendado específicamente para mi protección personal. Siempre leal y obediente, estuvo a mi lado en los peores momentos, y atendía sin protestar todas mis órdenes, era un guerrero como nunca antes había conocido. Él fue quien creó el juramento de la Legión Oscura, lo hizo en un antiguo lenguaje que se estilaba hablar en Canterlot hace mucho tiempo. Su lema completo era: "La noche es mi espada, la Luna es mi escudo, la oscuridad es mi armadura, y las estrellas son mi manto; que nuestros enemigos teman a la noche, nuestros aliados la respeten y nuestros protegidos la veneren, defenderemos el honor y la gloria de nuestro reino y a nuestra princesa, ofreceremos nuestra propia vida antes que caer ante el enemigo, larga vida a la noche, larga vida a la Princesa Luna, larga vida a Equestria". Sin embargo…... esa misma lealtad que los caracterizaba fue también su perdición.
-¿Qué fue lo que les paso? –preguntó Twilight consternada.
-Nightmare Moon -dijo Celestia, complementando a su hermana.
-Cuando yo … me convertí en Nightmare Moon, obligue a la Legión Oscura y a su general que me juraran lealtad como su nueva soberana; sorpresivamente, Grey Shadow y su tropa lo hicieron, porque su código de honor les ordenaba obedecerme ciegamente. Y la orden que recibieron fue…..- Luna volvió a hacer una breve pausa, avergonzada de las palabras que estaba a punto de pronunciar-…. destruir Canterlot y arrasar todo a su paso, esparcir la oscuridad y la destrucción por toda Equestria. Esa orden debía ser cumplida una vez que yo regresara de derrotar a Celestia, así que debían esperarme para dirigir el ataque, o comenzar la destrucción si yo caía en batalla. Sin embargo, y como bien lo sabes, fui derrotada por mi hermana y expulsada a la Luna por mil años, y debido a eso, ya no supe que ocurrió después con ellos, incluso olvide por completo su existencia, hasta ahora que han vuelto a ser mencionados. Supongo que también fueron derrotados hace mucho tiempo y ya no están entre nosotros- concluyo con resignación.
-No es así hermana –dijo Celestia-, aún te falta conocer el resto de la historia.
Luna volteo a ver a su hermana con expresión de asombro, esperando saber cuál sería esa parte de la historia que no supo, y que pronto le sería revelada. Celestia retomó la historia donde se quedó Luna y volvió a evocar los antiguos recuerdos de Equestria.
-Veras, después de que…. yo te desterré a la luna, el general Durandal y la Legión Dorada me informaron de las siniestras intenciones de la Legión Oscura, así que fuimos a interceptarlos antes de que iniciaran su encomienda final. Trate de convencerlos de que se rindieran, pero a pesar de Nightmare Moon había sido derrotada, no aceptaron, pues su juramento los obligaba a seguir sus órdenes hasta el final, y toda vez que estaban decididos a ejecutar esa demencial orden, no me dejaron otra opción: utilice lo que quedaba de magia de los Elementos de la Armonía y con un hechizo los convertí en piedra; desde entonces, han permanecido así por más de mil años. Ordené que todos los registros de sus existencia fueran borrados y que todo su legado fuera ocultado, a fin de que nuestros súbditos no supieran que sus antiguos protectores se convirtieron en traidores, y que esa información pusiera en riesgo la precaria paz que habíamos logrado tras tantos años de lucha, solo unos cuantos sabíamos la verdad del trágico destino que sufrieron.
-Entonces ¿quieres decir que aún están vivos? -preguntó Luna, asombrada por la nueva información que acababa de recibir.
-Así es, siguen vivos, pero encerrados en su prisión de roca, sin embargo, sabes lo peligrosos que son, y su lealtad hacia Nightmare Moon los hace más peligrosos aún, razón por la cual no han sido liberados -dijo Celestia-. Tenía la esperanza de que algún día volverías y así podríamos resolver esto, pero reconozco que con el paso de los siglos, también me había olvidado por completo de ellos, su peor castigo fue caer en el olvido del reino que prometieron proteger. Pero ahora que has regresado, podemos liberarlos de su letargo de piedra.
-Estoy de acuerdo hermana, es lo menos que puedo hacer por ellos, es por mi culpa que están en esa situación, si yo….. no me hubiera transformado en Nightmare Moon, ellos….ellos podrían…
Luna quiso continuar, pero Celestia se levantó de su trono y puso su casco derecho en el hombro de su hermana menor, dedicándole una mirada de ternura.
-Descuida pequeña hermana, eso quedó en el pasado, no es necesario que te mortifiques por eso, lo que importa ahora es buscar la forma en cómo podemos ayudar a tus leales tropas, y juntas podremos lograrlo.
Luna asintió en silencio, devolviéndole una mirada llena de esperanza a su hermana mayor.
-Princesa Twilight- dijo Celestia, mientras volteaba a ver a su discípula-, es mi deseo que tú y tus amigas nos acompañen, junto con los Elementos de la Armonía, probablemente necesitemos de su ayuda para llevar a cabo esta encomienda.
-Por supuesto, Su Alteza –dijo Twilight-, regresare de inmediato por ellas y nos veremos ahí.
-Que así sea, ve con cuidado, mi fiel alumna -dijo Celestia.
Twilight hizo una pequeña reverencia a las princesas y salió galopando a toda prisa, dejando solas a Luna y Celestia en la sala principal. Una vez que la joven alicornio dejó el salón, ambas princesas se dirigieron a sus habitaciones.
-Debemos hacer los preparativos necesarios, avisa a tus mejores hombres de la Guardia Lunar para que nos acompañen –dijo Celestia. Yo preparare a los míos. Iremos esta misma noche.
Luna asintió en silencio, y ambas hermanas salieron del salón del trono y se dirigieron a sus habitaciones. Iban caminando una al lado de la otra, sin decir nada. Durante unos minutos permanecieron así, hasta que repentinamente Luna decidió romper el incómodo silencio.
-¿Sabes que no será fácil convencerlos, verdad? Los conozco bien. Preferirán morir antes que rendirse, y no caerán sin luchar primero, si atacan, nos enfrascaremos en una sangrienta batalla que causará muchas bajas, será una masacre para las tropas de la Guardia Real.
Celestia meditó por un momento las palabras dichas por su hermana, pues sabía que ese sería el panorama más desolador al que tendrían que enfrentarse en caso de que la milenaria orden militar decidiera atacar, pue la Guardia real sería insuficiente para contenerlos, y sin la Legión Dorada de su lado para hacerles frente, sería difícil encarar a un ejército tan poderoso sin poner en riesgo las vidas de ponies inocentes.
-Espero que no tengamos que llegar a esos extremos, hermana- suspiró Celestia.- Solo de pensar en tener una pelea con ellos me asusta, aún recuerdo esa fatídica noche, pude ver que su convicción era fuerte y estoy segura que aún lo es, además, sabes muy bien que es lo que pasaba cuando entran en combate, y lo que hacían con el enemigo en batalla.
-Estoy de acuerdo, hermana –dijo Luna-, su fama de fieros conquistadores y crueles guerreros los hacían tan temidos dentro y fuera del reino, incluso la Guardia Real y otros ejércitos preferían evitar confrontaciones con ellos, cuando entraban en combate, lo hacían de forma inmisericorde, no terminaban hasta ver al enemigo derrotado y aplastado bajo sus cascos.
-Tienes razón, pero si es necesario que los encaremos, lo haremos juntas, como en los viejos tiempos, y juntas venceremos.
Ambas intercambiaron miradas llenas de esperanza y determinación y se retiraron a sus respectivos aposentos por caminos separados, ahora con un solo pensamiento en mente.
