CAPÍTULO2. EL HOGAR DE LAS TRAMPAS.

Mónica fue la primera en despertarse, abrió los ojos y, por un momento, pensó que todo lo ocurrido en el día anterior había sido un sueño. Bostezó y se calzó unas cómodas zapatillas de estar por casa de color azul marino.

- Buenos días- la saludó una voz chillona que provenía del espejo- Deberías peinarte.

La chica supo en aquel momento que el sueño era la realidad y, por ello, se apresuró a vestirse y a descender las escaleras hacia el comedor del Caldero Chorreante.

Durante algunos minutos ojeó la carta que le entregó el posadero que parecía haber estado despierto durante toda la noche, luego, eligió un desayuno extraño que parecía más bien una comida.

Cuando ya estaba a mitad de plato vio bajar por las escaleras a Elena que llevaba pintada en el rostro una sonrisa feliz. La muchacha se sentó al lado de Mónica y la saludó efusivamente.

- ¿Algo interesante para desayunar?- indagó cruzando las piernas y mirando a su amiga.- O voy a tener que morirme de hambre.

Era de todas bien sabido que Elena no solía tener demasiado apetito por la mañana por lo que Mónica se apresuró a hacer una señal al camarero para que se acercase de nuevo a su mesa.

- He pensado que podríamos salir pronto al Callejón- propuso Mónica al ver que las dos últimas de sus compañeras se asentaban en las sillas.- Así tendríamos tiempo para salir a ver el Londres muggle.

- Hagrid aún tiene para rato- dijo Tamara señalando las escaleras- cuando yo me desperté aún roncaba como si estuviese en su primer sueño.

Las chicas se quedaron un rato en silencio engullendo los portentosos platos que descansaban frente a ellas y, en cuanto terminaron, los ojos de Elena brillaron.

- ¡¡¡Tengo una idea!!!- manifestó con aquellos ademanes de loca que utilizaba de vez en cuando.- ¿Porqué no visitamos el Callejón Knockturn?

Sus tres amigas la observaron como si le acabase de salir un puerro en la cabeza pero la sonrisa de su compañera las hizo ceder instantes después.

Cristina quería dirigirse al callejón oscuro con su ropa muggle pero Tamara expresó lo que todas las demás pensaban; que no era sensato ir vestidas de forma muggle a un callejón por completo lleno de mortífagos.

Subieron de nuevo las escaleras y, después de coger las cosas necesarias entraron en la habitación de Cristina (que era la más espaciosa) para prepararse y ayudarse las unas a las otras.

Cristina se embutió con algo de dificultad en su túnica parda ayudada por Mónica que no dejaba de quejarse porque se le había olvidado el secador en su casa. Entre tanto, Elena, que ya tenía práctica en aquello de llevar túnica se afanaba en arreglarse el pelo que parecía empeñado en escurrirse de su lugar. Al final, desistió y se puso a socorrer a sus compañeras ya que esperaba que luego ellas le ayudasen a peinarse.

Como a todas las mujeres, los asuntos del vestir les llevaron bastante tiempo pero, tras aquellos minutos de suplicio, aparecieron por la puerta cuatro personas casi totalmente irreconocibles.

Todas ella llevaban largas capas del mismo tono que sus túnicas y se habían maquillado como profesionales por lo que lograban aparentar varios años más. Las altas botas que calzaban hacían un ruido que parecía ser un hechizo que hacía volverse a todos los hombres congregados en la sala de la posada.

Dos chicos bastante jóvenes se apresuraron a abrirles la pared que llevaba al conocido Callejón y se quedaron allí un momento admirando la majestuosidad de sus personas.

Mónica rió en cuanto los jóvenes se alejaron de su vista y, con un ademán, comenzó a imitarles. Las tiendas del callejón ya estaban rebosantes de gente que trajinaba de un lado a otro en busca de útiles para practicar la magia.

Las cuatro chicas conocían más o menos la distribución de los comercios ya que, en el paseo del día anterior, se habían dedicado a guardar en sus mentes los mayores detalles de aquel lugar.

En una de las esquinas más oscuras se encontraba la entrada al callejón Knockturn y, tres de aquellas muchachas, decidieron, en el momento en que lo divisaron, intentar hacer cambiar de parecer a la decidida Elena.

- No es plan darnos la vuelta ahora- contestó ella mirando de reojo a sus amigas- No nos pasará nada si no vais por allí gritando ¡¡soy muggle, soy muggle!!

Mónica asintió seguida por los cabeceos de las otras dos que, aunque no parecían muy convencidas, querían probar nuevas experiencias a toda costa.

Se internaron en el oscuro callejón que estaba plagado de zigzagueantes lucecillas de color verde en un ambiente que parecía festivo (en opinión de Elena que fue la única que no prestó mucha atención a la sangre que manchaba algunas paredes)

La primera tienda que apareció ante ellas tenía aspecto mohoso pero en el escaparate se podían ver todo tipo de joyas mágicas que, aunque todas ellas llevaban en su interior un maleficio, atrajeron la mirada de las otras tres que perdieron su miedo y se acercaron a observarlas.

Elena, mientras tanto, observaba el edificio de mayor envergadura de toda la calle. De él brotaba un calor un tanto agobiante pero la aventurera chica, haciendo caso omiso de la voz de su conciencia, penetró en el lugar seguida momentos después por sus despistadas amigas.

- ¿Habéis visto el cuerno de plata del escaparate?- preguntó Cristina aún sin darse cuenta de que se habían internado en aquel lugar.

Elena desfiló hasta una mesa vacía y ocupó uno de los sillones que la rodeaban de forma que parecía que había tomado asiento en un trono. Sus compañeras la siguieron y se sentaron en el preciso momento en el que el telón del escenario que había frente a ellas se abría pesadamente.

Allí apareció un hombre con la barba crecida de por lo menos dos días acompañado de otro que les pareció demasiado familiar. El bar estaba totalmente realizado en madera de fresno, tenía una barra pintada de color negro en la parte derecha y, en la izquierda se encontraban las mesas. El tablado donde estaban subidos los dos hombres se encontraba pegado a una de las paredes. El establecimiento se encontraba iluminado por varias lámparas cubiertas con paños en tonos verduscos que provocaban en el ambiente un aspecto de nocturnidad. Gran cantidad de mesas estaban ocupadas por hombres y mujeres vestidos con túnicas negras y que hablaban en voz bastante baja.

En la barra había un joven que portaba un pequeño mandil de color añil y un gorro que ocultaba parcialmente su acerado pelo rojo.

- Damas y caballeros en este día propongo a todos ustedes una prueba- el hombre que tenía el rostro sin afeitar comenzó a hablar en aquel instante- El que logre reconocer a este ser- añadió señalando al loco que se removía a su alrededor- ganará mil galeones en metálico para el uso que desee darles.

Las cuatro chicas volvieron la cabeza hacia donde se encontraba el chiflado y una especie de luz se hizo en sus mentes. Se miraron con astucia, contaron por lo bajo hasta tres y después anunciaron, casi a voz en grito:

- Gilderoy Lockhart.

Algunos de los parroquianos de la taberna volvieron los ojos hacia ellas algo sorprendidos cuando oyeron una especie de campana que indicaba que habían ganado el premio.

Elena, que seguía siendo la que más cómoda se sentía en aquel lugar, subió al escenario frotándose las manos y repitiéndose a sí misma la cantidad de dinero que acababan de ganar.

- Mil galeones en metálico- sonrió el hombre depositando entre sus temblorosas extremidades una gran bolsa en la que se oía el tintinear de las monedas.

La muchacha depositó el dinero ante sus amigas y volvió a tomar asiento lo que provocó que las personas que las rodeaban (en su mayoría mortífagos) reanudaran sus sangrientas conversaciones. Dos de ellos, los más grandes, comían sendas tartas de chocolate y, en una mesa más allá se distinguía una cabellera rubia inclinada sobre un gigantesco libro de Artes Oscuras.

Miraron asombradas sus relojes y entonces supieron porque sus estómagos empezaban a reclamarles algo de atención. Era más de media mañana y, aunque solo llevaban una semana yendo al colegio sus cuerpos ya se habían acostumbrado al tentempié de las once de la mañana.

Se acercaron de forma un tanto precipitada a la barra y se dedicaron a mirar las pequeñas pizarras mágicas que mostraban la comida que se ofrecía en aquel establecimiento. Como las letras estaban algo borrosas (por culpa de los goterones de agua que manaban del techo) tuvieron que pedir consejo al joven camarero que se ofreció rápidamente a ayudarlas en cuanto echó un vistazo a los ojos de Mónica.

Aquel chico se parecía enormemente a Ronald Weasley que, casualmente, era la persona que ocupaba los pósters de la chica en cuestión.

- Mis señoras- se ofreció el muchacho haciendo una marcada reverencia pero sin apartar la vista de la joven.- Tenemos muchas especialidades que harían chuparse los dedos hasta al mismísimo Señor Tenebroso lo cual hemos podido comprobar en varias ocasiones. El plato más deseado es "Uñas al pilpil"...

Las cuatro chicas se miraron e hicieron un gesto de asco lo cual condujo al camarero a cambiar tanto de plato como de expresión.

- O tal vez si sus paladares son más esquistitos podríamos ofrecerles "Huevos de codorniz escalfados..."

Hasta ahí iba bien.

-...con lenguas de hipogrifo fritas y gusanos de tierra"

En aquel instante las amigas decidieron obligar a su estómago a quedarse calladito hasta que regresaran al Caldero Chorreante.

- ¿Tal vez algo de beber?- indagó el camarero que ya se encontraba algo frustrado.- La especialidad de la casa es el batido sangriento cuyos ingredientes son...

- Preferimos no saberlo.- dijo Tamara que pensaba que no podrían ni siquiera tomar algo de beber si sabían lo que contenía- Denos cuatro.

El joven se apresuró a cumplir la orden de Tamara que le había fulminado con la mirada de forma algo amenazadora. Ante ellas aparecieron por arte de magia unas amplias copas con filigranas doradas grabadas en ellas.

Volvieron a sentarse ante su mesa y empezaron a charlar de temas intrascendentes y a beber el líquido de las copas que tenía un sabor dulce que recordaba a los helados de nata y vainilla.

Elena sacó de la copa un palillo en el que había insertada una cosa de forma redondeada, se lo llevó a la boca, y le dio un mordisco.

- Arg- exclamaron sus amigas mirando la mitad del ojo que aún quedaba en el palillo de su amiga.

- ¿Qué pasa?- preguntó ella que no se había dado cuenta de nada- Sabe a gelatina y además está viscosito.

La muchacha acababa de pronunciar la palabra prohibida por dos de los componentes de aquel grupo ya que, cuando alguien la mencionaba, un par de ellas se reía mientras que el otro se quedaba mirando al techo con cara de no haber visto nunca uno de estos.

Mónica y Elena se echaron a reír con tan mala suerte que el resto del ojo salió volando hacia el rincón más cercano a la chimenea de aquel establecimiento.

Entonces, Elena, se agachó y se dirigió en busca de aquella cosa que, en opinión de ella, sabía, mejor incluso, que el propio chocolate.

El ojo se había detenido justo al lado de las piernas delgaduchas de una persona que estaba cubierta por una gruesa capa negra sobre la túnica del mismo color.

- Disculpe, señor, se me ha caído el o...- las palabras murieron el la boca de la chica en cuanto su mirada se topó con dos ojos en un color más rojo que la sangre y cuyas pupilas se alzaban verticalmente.

El mago más poderoso de todos los tiempos (en opinión nada más que de Elena en el grupillo que todos conocemos) estaba ante sus narices mirándola de forma un tanto extraña.

Cerca del fuego que calentaba la estancia se arrebujaba una larga serpiente de más de dos metros que respondía al nombre de Nagini y que Elena saludó en un idioma que creía no conocer.

Al lado de la butaca en la que se sentaba Voldemort había otra en la que un hombre bajito, medio calvo y de ojos llorosos contemplaba su mano de plata.

Elena salió entonces de su ensimismamiento y le tendió una mano al Señor Tenebroso... Bueno, mejor dicho cogió a la fuerza una de las largas manos de este hombre y la estrechó entre las suyas de forma muy efusiva.

- Encantada de conocerle- murmuraba sin apartar los ojos de los de Voldemort- aunque haya sido en esta situación, es un honor...

Colagusano la observaba como si de repente le hubiera salido otra cabeza y con un temor que le obligó a salir de los alrededores como si le persiguiera una mantícora.

El hombrecillo se acercó a la única silla que estaba libre en todo el local y que se encontraba al lado de las únicas tres muggles que había en varios metros a la redonda.

Alzó los ojos hacia ellas y, al encontrarse con tres beldades en la flor de la vida comenzó a darse aires con respecto a su nueva mano.

- Damas, no se si habrán observado que mi apéndice. Al que antes le faltaba un dedo, cuenta ahora con el mayor brillo que puedan haber visto sus personas en toda la comunidad mágica...

Colagusano continuó con su arenga durante varios minutos antes de que Tamara perdiese la paciencia y le mostrase su mano en una forma desconocida hasta entonces en el mundo mágico.

Alzó los dedos índice y meñique de una mano mientras que en la otra mostraba únicamente el dedo medio, también conocido como corazón. Las otras chicas comenzaron a reír.

Colagusano se mostró claramente sorprendido y, con una mueca, murmuró:

- Debéis ser una gran artista para poder sobrevivir solo con tres dedos.

Aquello provocó aún más carcajadas entre las asistentes a aquella mesa y el hombre bajito se retiró de allí con la esperanza de no tener que recoger los restos de la chiflada que se había atrevido a abordar a su señor de aquella extraña manera.

- Colagusano, deberías aprender de ella- cuando el siervo oyó eso se quedó perplejo.- Es la única persona que se ha atrevido a presentarse ante mí tal y como es, no pidiendo permisos ni asustándose en cuanto mis ojos le tocaban. Estoy seguro de que llegará lejos. Entre nuestras filas, por supuesto.

En el rostro de serpiente de Voldemort se formó una fría sonrisa que fue correspondida por una más cálida de los labios de Elena.

De pronto se escucharon unos gritos que provenían de la mesa ocupada por tres... quiero decir...dos chicas. Ya que la tercera se encontraba tendida en el suelo.

El camarero se llevaba las manos a la cabeza e intentaba reanimarla vertiendo parte de un vaso de agua sobre su cabeza.

- Mira que decirle que se estaba comiendo una araña... la pobrecita se asustó. Menudas amigas más mentirosas; se trataba de una magnífica tarántula.

Tal vez por mala suerte Cristina fue a despertarse en aquel preciso instante, justo cuando el camarero pronunciaba la palabra TARÁNTULA.

La pobre muchacha volvió a desmayarse pero recuperó la consciencia en cuanto Tamara la vapuleó un par de veces.

- Vámonos de aquí- murmuró Cristina volviendo en sí y poniéndose de pie.

Las otras dos se encargaron de acercarse a Elena que seguía con la boca abierta y sacarla por la puerta mientras ella agitaba lentamente la mano y exclamaba: adiós.

Justo cuando el portón se cerraba tras ellas Cristina tuvo la brillante idea de decir:

- Creo que vi allí dentro al padre de cierto rubio...

No pudo terminar la frase, en ese mismo instante Elena volvió a traspasar el marco de la puerta para entrar de nuevo.

Sus amigas tuvieron que volver a pasar tras ella para llevársela a rastras mientras a su amiga se le escurría la baba al ver a Lucius Malfoy.

- ¡¡Adiós!!- seguía diciendo ella aunque ya se encontraban en el límite entre los dos callejones.

En cuanto traspasaron el umbral de los dos, Elena, volvió a la normalidad.

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Ya terminé el segundo capítulo, por si nadie se había dado cuenta los personajes son de J.K.Rowling excepto nosotras cuatro que nos hemos colado en la historia.

Debo decir que nos hemos cambiado un poco ya que nos hemos tomado la libertad de coger otro color de pelo (cosa que puede ser normal gracias a los tintes)

Dejen Reviews por lo que más quieran.

Ah, Sheyla quedas oficialmente aceptada en este mi humilde fic ;)