Y bueno, una carta más por hoy.


Usted a recibido un e-mail:

¿Te acuerdas de la calabaza a la que diste vida con tu saliva Steven?

¿Cómo de la nada se comenzó a mover y a ser una entidad viva?

Bueno, pues lo mismo pasó conmigo la tarde que me enseñaste como era dar un beso.

¿Te acuerdas? Porque yo no lo olvido.

Fue aquella vez que nos bañamos en el mar solos tú y yo. Es increíble que las otras nos hubieran dado esa oportunidad. Creo que habían ido a una misión o algo así.

Recuerdo que fue un día afortunado...

Si, afortunado.

Recuerdo que una ola te atrapó mientras yo te perseguía por la parte honda.

De pronto te perdí de vista y creo que nunca tuve tanto miedo como ese día.

Te busqué asustada, caí en desesperación hasta que del fondo y entre la arena revuelta encontré tu pie y, jalándote del tobillo con cierta fuerza, te lleve a la orilla.

Recuerdo que no respirabas. Yo en cambio respiraba muy agitada por el terror de perderte y ante mi desesperación, je, je, lo único que se me ocurrió fue, ¿recuerdas?

Como te burlaste de mi después.

Te presione fuertemente el pecho tres veces y luego te besé.

No, ya sé que no fue ni de lejos respiración de boca a boca ni un RCP ni nada, pero eso había visto en las películas. ¿Cómo querías que lo supiera hacer?

Además, quizá con la fuerza de mi voluntad, te volví a la vida. Y eso me hizo creer que era alguien elegida para ti. A veces aún lo creo.

Y luego, luego me besaste tú.

¿Te recuerdas? Porque yo no lo olvido.

Aunque a veces quisiera enterrarlo.

Te lo juro.

Porque me enamoré de ti perdidamente y eso no se lo deseo a nadie.

¿Fuimos algo? No, no fuimos nada. Yo fui lo que tú quisiste que fuera.

Y dime ¿Cuántas beses nos besamos Steven? ¿Cuántas veces desde esa vez en la playa?

¿100? ¿200? ¿1000?

A escondidas, en la playa, en el cine, en un templo abandonado, en el granero.

Cuantos besos Steven. Dime.

¿A los cuantos besos se roba un corazón?

¿A los cuantos besos dejas de querer?

¿A los cuantos besos te costaba decirme que no ibas a estar conmigo?

¿A los cuantos besos me haces odiar el haberte salvado?

¿A los cuantos besos haces que me odie a mí misma por pensar cosas como lo anterior?

¿A los cuantos besos crees que me enamoraré de alguien más?

Dime Steven. ¿A los cuantos besos me enseñaste lo que es un corazón desgarrado y solo?

¿Sabes que es lo peor? Vivir con un corazón roto sabiendo que eres inmortal.

Me enamoré de ti perdidamente y he llorado frente a la luna en lugares extraños, después de caminar días y días tratando de dejar este infierno en mi pecho atrás.

Pero el dolor viaja conmigo, como una parte naciente de mi cuerpo.

Te metiste en mi gema, y ahora no puedo existir sin ti.

Y por eso te odio.

Pero te amo.

Y con la dignidad entre mis dedos, te pido que me devuelvas las ganas de vivir.

Regresa por favor amor mío.

Solo regresa...

Tuya siempre, Amatista.

Fin del e-mail .