Advertencia: en una escena del capítulo, puede contener escenas sangrientas, se recomienda discreción

Vaya, apenas el primer capítulo y ya pongo una advertencia XD solo es una escena, así que no se me alteren :v


Capítulo 1: Los hermanos Galaxy

En los cielos de Equestria, más precisamente, en una casa de nubes que estaba muy apartada de la hermosa ciudad de nubes, Cloudsdale.

Salía de dicha casa, una hermosa pegaso roja con la melena negra con mechones azules atada con una cola de caballo. Tenía la cola negra y los ojos de color rojo. Se notaba que usaba lentes circulares y llevaba una alforja que ocultaba su cutie mark. La susodicha estaba cargando en su lomo a un potrillo pegaso de diez años, su pelaje era azul oscuro, crin negro con una línea roja y una cola de color negro con rojo. Tenía los ojos rojos y no tenía cutie mark. A un lado de la pegaso roja, estaba una potrilla pegaso un poco más alta que el potrillo, tenía como unos catorce años, su pelaje era rojo, tenía la melena azul con una franja negra horizontal y una cola azul con negro. Sus ojos eran azules y no tenía cutie mark todavía.

La potrilla agarraba la cola de la pegaso con sus pezuñas para luego la yegua mayor empezaba a emprender el vuelo lentamente para empezar a volar por el cielo siendo sujetada por la potrilla que estaba agarrada de su cola. Iban volando y el potrillo que estaba en el lomo de la madre, tenía una expresión de fastidio.

—Mami, puedo ir solo a la escuela, no necesitas llevarme— decía el pequeño pegaso azul fastidiado y apenado al estar en el lomo de su madre.

—Podrías, pero la otra vez que fuiste solo, te extraviaste para después encontrarte con la cara manchada de dulces— comentaba su madre girando un poco su cabeza para mirarlo de reojo con una ceja alzada.

—Mami, no es mi culpa que hubiera una tienda de dulce cerca de aquí. Solo quise bajar y dar una miradita— se excusaba el potrillo.

— ¿Una miradita o querías comerte toda la tienda?— preguntaba la potrilla de forma burlona.

— ¡No! La tienda no está hecha de dulce. Si lo estuviera me lo comería… ah digo… ¡mami, Stellar me está molestando!— exclamaba molesto el potrillo señalando a la potrilla de nombre Stellar.

— ¿Yo te estoy molestando? Serás baboso— decía indignada y molesta por lo que dijo.

—Yo no soy baboso, babosa— dicho eso, los dos empezaban a discutir y su madre tenía un tic en un ojo.

Cuando será el día que dejen de pelear— pensaba la aludida suspirando fastidiada. Los dos pequeños seguían discutiendo por todo el vuelo hasta que la yegua mayor les gritaba — ¡Comet Galaxy! ¡Stellar Galaxy! ¡Dejen de discutir! Consiento que discutan en la casa, pero por favor, cuando estén afuera, no, no quiero que nos estén mirando— la madre los regañaba. Los dos potrillos bajaban sus orejas.

—Lo siento, mami— se disculpaban y miraban a otro lado para no verse. La pegaso suspiraba fastidiada.

—… ¿Por qué no tuve tres hijos o trillizos? Ahí sí que mi vida será muy emocionante— pensaba la susodicha con sarcasmo.

En un rato, habían llegado a un lugar donde había pegasos potrillos en muchas nubes. Era la escuela de vuelo. La yegua mayor aterrizaba en una nube y al hacerlo, Comet se bajaba de su lomo y Stellar soltaba la cola de la pegaso.

—Bueno, mis pequeños, pórtense bien y no vayan a regresar a casa solos. Yo los iré a buscarlos ¿ok?— decía la madre de los pequeños con una sonrisa maternal.

—Ok, mami— decían sus dos hijos al unísono. Aún seguían molestos.

—Muy bien, nos vemos en la tarde— se despedía la yegua dándoles un beso en la frente a los dos potrillos y se retiraba volando de regreso a su casa. Cuando los hermanos veían que su madre se alejaba, escuchaban de repente, la voz de alguien llamando al potrillo pegaso azul.

— ¡Comet!— los dos pequeños se volteaban para ver a una potrilla pegaso celeste con una crin con colores del arcoíris y al lado de ella, estaba una pequeña pegaso amarilla con la melena rosada que miraba un poco el suelo de forma tímida. Las dos tampoco tenían cutie mark.

— ¡Rainbow! ¡Fluttershy!— exclamaba Comet cambiando su cara de molesto por una sonrisa y fue hacia ellas galopando. Stellar se había quedado en el mismo sitio sin moverse mientras miraba como su hermano saludaba a sus dos amigas chocando su casco delantero con la pezuña de Rainbow, la pegaso de la crin arcoíris y saludaba también a Fluttershy, aunque lo hacían de forma tímida los dos, y la pequeña pegaso celeste rodaba sus ojos fastidiada de que se saludaran así.

Bueno, estoy sola… otra vez— pensaba la potrilla roja un poco deprimida.

—Pero miren, si es la planeadora— la aludida miraba en donde venía la voz burlona y era un pequeño pegaso marrón acompañado de un potrillo pegaso naranja.

… Pensándolo mejor… prefiero estar sola— decía Stellar en su mente fastidiada y soplaba su melena que le tapaba un poco el ojo derecho.

Mientras tanto, en Ponyhattan

En un edificio de la ciudad que era específicamente, un hotel. Afuera, estaba un pegaso azul algo oscuro, sus ojos eran azules, su crin era rojo con una línea negra y su cola era roja. Tenía puesto una armadura dorada igual que un casco en la cabeza y no se podía ver su cutie mark por la armadura.

Estaba afuera como esperando a alguien, tenía una expresión de seriedad hasta que veía a lo lejos, un carruaje en el cielo tirado por dos pegasos y se observaba a una alta alicornio blanca con la melena multicolor sentada en dicho carruaje. Se acercaba al hotel donde estaba el pegaso y aterrizaba deteniéndose frente al edificio. La alicornio se bajaba del carruaje y se acercaba al semental que la esperaba. El pegaso se reverenciaba con respeto.

—Bienvenida princesa Celestia. La estaba esperando— decía el poni azul con educación. La princesa bajaba la cabeza un poco.

—Levántese, capitán Speed Galaxy— ordenaba Celestia algo seria y el capitán obedecía —Entonces ¿pasó otra vez?— preguntaba con seriedad.

—Sí, su majestad y a veces pienso que es cada vez peor que el anterior— mencionaba Speed preocupado, pero sin quitar su seriedad.

—Ya veo. Bueno, mejor guíame a donde aconteció el hecho capitán. Quiero verlo con mis propios ojos— decía la alicornio aun seria.

—Por supuesto princesa, es por aquí— el pegaso empezaba a caminar para guiarla y la princesa lo seguía de cerca. Estuvo guiando a Celestia por el hotel hasta que estaba como por el tercer piso y se veía dos ponis con armaduras, y cascos, a los lados de una puerta. El capitán la guió hacia donde estaban los dos soldados y ellos se reverenciaban al ver pasar a la princesa —Bueno, princesa Celestia, es aquí y le recomiendo que use esto por precaución— agregaba sacando de su armadura, dos mascarillas que era para tapar la nariz y el hocico del poni.

—Entendido, capitán— decía la yegua sin quitar la seriedad. Agarraba la mascarilla con su magia para ponérselo en su hocico igual que el semental. Speed abría la puerta y entraban en la habitación, pero cuando Celestia entraba, se detenía en seco para ver todo en shock —Vaya, cuando dijiste que es peor que el anterior, no bromeabas— comentaba intentando mantener la compostura ya que se había puesto pálida, aunque con su pelaje blanco, no se notaba. Caminaba lentamente por la habitación observando alrededor.

En la habitación, era un desastre. Había arañazos en una pared, sangre por el suelo y en el techo. La ventana que se veía para el exterior, estaba embarrado de sangre y había una extremidad de un poni bajo la ventana, como si lo estuviera trancándolo. La cama estaba ensangrentada con una yegua acostada en dicha cama, pero no tenía la mitad de su cuerpo o sea su retaguardia desapareció y además sus ojos estaban en blanco con una expresión de miedo. Arriba de la cama, en la pared estaba escrito en sangre que decía:

NO ENCUENTRO A MI JUGUETE

Aunque no era el único, también había otros escritos en sangre por toda la habitación como:

2 + 2 = pez

Flancos a la crema

¡Hola mama! ¡Estoy en un fic!

Mi libro de cocinar los flancos de muchas formas posibles, es un éxito en todas las tiendas de Equestria, Equestria 1, Equestria 2, cómpralo, sé que te comerá

Celestia le perturbaba esos escritos, pero al ver a uno, se le erizó el pelaje.

¿Cuándo dejaras de ser metiche Celestia, o mejor dicho, princesa nalgona?

Al leer eso, le vino un escalofrío en su cuerpo, pero otro escrito en sangre decía:

Mira debajo de la cama. Sé que te encantará

La princesa confundida por lo que decía hasta tenía una flecha dibujado en sangre, apuntando a la cama.

—Princesa, vi lo que hay abajo y pues no es nada bonito— decía Speed dándole un poco de nauseas. Celestia se ponía un poco nerviosa, pero de igual forma, caminaba a la cama y se agachaba para ver en shock con los ojos achicados.

Bajo la cama, estaba repleto de todo lo que tenía un poni por dentro, como tripas, intestino, el corazón hasta el cerebro. La alicornio se levantaba rápidamente para poner una pezuña en su hocico para aguantar las ganas de vomitar y trataba de no quitarse la mascarilla.

—… Si capitán… es más horrible que los anteriores asesinatos de… la misma cosa que… atacó a esta pobre yegua…— mencionaba la yegua con dificultad para no vomitar.

—No es solo ella princesa, también había un semental aquí— decía el capitán con tristeza.

— ¿En serio? ¿Dónde está?— preguntaba la alicornio mirando la habitación, pero no lo encontraba.

—Está en el baño— decía simplemente el pegaso señalando una puerta que estaba en el cuarto. Era de color marrón, pero estaba manchada de sangre por un lado. Celestia se acercaba lentamente y abría la puerta un poco para asomar la cabeza y veía el interior del baño, pero al hacerlo, sacaba su cabeza de forma inmediata y cerraba la puerta de un portazo. La cara de la princesa estaba verde, aguantaba las ganas de vomitar.

—Mejor…— la alicornio miraba al capitán —… Hablemos afuera…— el pegaso entendiendo eso, asentía con la cabeza. Los dos salían de la habitación y se cerraba la puerta.

Los dos estaban un poco alejados de la puerta y se quitaban las mascarillas. Celestia respiraba profundamente.

—No puedo creer lo que vi, es horrible— decía la princesa intentando mantener la calma.

—Si princesa. Yo tampoco puedo creerlo, pero cada vez que vamos a una escena, se pone cada vez peor— comentaba Speed con seriedad.

—Ya veo, pero ¿Quién o qué cosa es lo que provoca estos asesinatos?— preguntaba la alicornio pensativa —En serio, debemos detener lo que sea que provoca esto, antes de que más ponis inocentes mueran por su culpa— agregaba con una expresión seria.

—Lo se princesa, pero lo único que encontramos, es siempre el mismo escrito de "no encuentro a mi juguete". La verdad no tenemos muchas pistas— mencionaba el capitán decepcionado.

—Ya veo. Mmmm. Tiene que haber algo, lo que sea— decía Celestia quedándose pensativa con una pezuña en su mentón. Speed pensaba también hasta que se le ocurría algo.

—Princesa ¿Crees que esto lo haya hecho esos tipos de caza recompensa?— preguntaba el semental con seriedad. La princesa al escuchar eso, se quedaba pensando un poco.

—Mmmmmm. No creo. No creo que haya alguien tan sádico o sanguinario que haya dejado a estos ponis así— la yegua seguía pensativa. No sabía que pensar. No tenía muchas pistas al cual seguir —De igual forma, iré a ver a ese gremio con discreción. A ver si encuentro algo o al culpable, no quiero que sepan sobre esto. Todos se volverían locos— decía un poco fastidiada.

— ¿Por qué?— el pegaso tenía una ceja alzada.

—Porque querrían su recompensa. Al menos que ya supieran de esto y ya hayan puesto su cartel de "se busca" o algo así, pero igual iré a echar un vistazo al gremio...— la princesa suspiraba fastidiada.

—Ok princesa. Yo por mientras, seguiré investigando a ver si encuentro algo en la escena— decía Speed con seriedad.

—Ok capitán. Si encuentra algo, me avisa— mencionaba Celestia también con seriedad. El pegaso ponía un casco en su frente.

— ¡Entendido, princesa Celestia!— exclamaba el capitán acatando su orden.

—Bueno, hasta luego capitán Speed— dicho eso, la alicornio se retiraba del lugar.

—Hasta luego, princesa Celestia— se despedía el semental dando una pequeña reverencia y veía que la aludida se perdía por una esquina. Daba un suspiro de cansancio —Bueno, es mejor empezar a trabajar y buscar una pista o lo que sea— agregaba fastidiado. Se daba media vuelta para entrar a la habitación con la mascarilla puesta y empezaba a investigar con la ayuda de un soldado que estaba en la puerta.

De regreso con los hermanos Galaxy

Era la tarde en la escuela de vuelo. Los pequeños ya se iban a casa mientras que Comet y Stellar estaban en una nube esperando a su madre. El potrillo estaba aburrido y la potrilla estaba desanimada mirando al horizonte. Para ella siempre era lo mismo en casi todos los días en la escuela, siempre recordaba esas palabras que le decían esos dos pegasos.

—"En serio planeadora, no sé qué haces aquí. Aquí solo vienen para volar, no planear. Ja, ja"— hablaba el pegaso marrón que se llamaba Billy —"Y no eres muy grande para venir a la escuela. Ah no. Espera, aun no puedes volar y sigues sin tener cutie mark. Ja, ja, ja"— se oía en su mente como los dos se reían de ella y Stellar solo miraba abajo tapándose su costado con la cola. Siempre le decían planeadora por no subir o mejor dicho, volar por su cuenta. No importaba lo que hacía, pero siempre planeaba, en vez de volar como cualquiera de su edad. Siempre había estado sola en esa escuela, siempre veía a Comet sonriente con sus dos amigas. Si Billy y sus amigos los molestaban, Rainbow siempre salía a defender a esos dos tímidos como todos los días.

Con Stellar, era diferente, no tenía a nadie que la defendiera, ni amigos, aunque intentaba defenderse sola, pero siempre terminaba desanimada.

Le salía una pequeña lágrima en su ojo derecho, pero se lo secaba rápido para que su hermanito no la viera llorar.

A lo lejos, se observaba a su madre volando en su dirección para recogerlos y luego de unos segundos, ya estaban volando por el cielo de regreso a casa. Con Comet en el lomo de la yegua mayor y Stellar agarrándose de la cola de su madre con sus pezuñas mientras agitaba sus alas.

El potrillo le contaba a la pegaso adulta de cómo le fue hoy mientras la potrilla escuchaba en silencio.

—Mami ¿papi vendrá a cenar con nosotros?— preguntaba Comet de repente. Su madre se quedaba en silencio un momento, pensaba en que decir.

—Lo siento mi vida. Tú sabes que tu padre está muy ocupado. Así que no creo que venga a cenar con nosotros— decía la yegua algo deprimida.

—Oh… ya veo…— el pequeño se entristecía y miraba abajo por un costado para ver el suelo desde lo alto. Stellar también se deprimía un poco.

—…— la pegaso pensaba en algo para subirles los ánimos —Oigan pequeños ¿Quieren un helado?— preguntaba con una sonrisa maternal. El potrillo inmediatamente cambiaba su expresión a una gran sonrisa.

— ¡Siiiii!— exclamaba Comet alegre. La yegua se reía un poco por la actitud de su hijo.

—… Si mami. Quiero un helado— decía la potrilla con una pequeña sonrisa.

—Pues es un hecho. Vamos a Ponyville por unos ricos helados— decía la pegaso con una sonrisa y se desviaba del camino en dirección al pueblo. Mientras iban allá, Stellar se quedaba pensativa un momento, se miraba sus alas como las agitaba y veía que lo hacía bien. Así que respiraba hondo y soltaba la cola de su madre un momento para luego tratar de volar por su cuenta, pero no mantenía el vuelo ya que iba planeando, rápidamente agarraba la punta de la cola de la pegaso con sus dientes. Se salvó de que lo tenía largo y volaba lento por la potrilla —Hija ¿Sucede algo?— preguntaba girando un poco su cabeza para mirarla de reojo ya que sintió un pequeño tirón en su cola. Stellar subía un poco el vuelo sujetando la cola con sus pezuñas.

—No mami. No sucede nada— decía con una sonrisa nerviosa.

—Ok pequeña. No te sueltes ¿ok?

—Ok— dicho eso, las dos seguían volando hasta que llegaban a Ponyville. La pegaso aterrizaba frente a una heladería igualmente que la potrilla mientras soltaba la cola de su madre. Comet se bajaba de su lomo y los tres entraban al lugar.

—Bien pequeños ¿De qué sabor los quieren?— preguntaba la yegua con una sonrisa y se ajustaba sus lentes.

— ¡Yo quiero de Ron con pasas, mi favorito!— exclamaba el potrillo saltando alegre.

—Je, je. Ok hijo— miraba a Stellar —Y tú lo de siempre ¿verdad?— decía su madre con una sonrisa pícara.

—S-si— la pequeña pegaso miraba a otro lado ruborizada.

—Je, je. Ok. Espero que te controles esta vez— comentaba la pegaso adulta con una sonrisa traviesa —Espérenme aquí mientras traigo sus helados— agregaba yéndose a pedir los helados.

—Mami, espera. No le compres el helado de chocolate o si no, se comerá todo el lugar— decía Comet un poco burlón. Stellar lo miraba molesta.

—Pero si serás exagerado— tenía una vena marcada en su frente.

—No exagero. Mi hermana gorda se comió su torta de cumpleaños sin compartirlo conmigo y con mami, y papi— decía el potrillo molesto también.

— ¡Yo no estoy gorda! Ni que fuera redonda y no me recuerdes ese día— mencionaba la potrilla mirando a otro lado avergonzada.

—Yo te lo recordaré hermana, para que veas que yo comparto y tú no— decía con una sonrisa triunfal.

—O sea me dices egoísta ¿no?— Stellar lo miraba con seriedad.

—Sí, si no me das chocolate— Comet hacía un puchero.

— ¿Ah sí? Entonces ¿Por qué tú no me das las pasitas que siempre mami te compra? ¿Eh?— preguntaba la potrilla con una ceja alzada.

—Emmmmm. Esto… no tenía— el potrillo miraba a otro lado un poco nervioso.

—Serás mentiroso— decía molesta. Los dos iban a empezar a discutir, pero al frente suyo, aparecía dos helados.

—Pequeños, por favor. No empiecen a discutir aquí— decía su madre que estaba a su lado con una mirada inexpresiva. Los dos se quedaban callados con una sonrisa nerviosa y agarraban sus helados con un casco — ¿Por qué no vamos al parque y nos sentamos a comerlos allá? ¿Les parece?— los dos asentían con la cabeza rápidamente. Dicho eso, los tres salían del lugar y caminaban mientras los pequeños lamían sus helados un poco y miraban en direcciones opuestas para no verse, pero Stellar intentaba resistirse de no comerse de golpe su helado.

Después de un rato, llegaban a un parque y se sentaban bajo un árbol. Los dos disfrutaban de sus helados, aunque más lo disfrutaba era la potrilla roja ya que lo comía sin ver nada a su alrededor. La yegua adulta observaba el parque como había padres jugando con sus hijos haciendo que le diera algo de melancolía. Comet se terminaba su helado y se sentía triste al acabárselo, pero de igual forma, se quedaba viendo el lugar para pasar el tiempo y podía ver a unos potrillos jugar con una pelota. Quería jugar con ellos, pero mejor quiso estar al lado de su madre, pero en eso, miraba la pelota de ellos que caía al suelo para luego rodar y llegaba a un lado del potrillo. Miraba la pelota y escuchaba una voz femenina.

—Oye— Comet alzaba su vista para ver la dueña de la voz. Era una potrilla terrestre de pelaje verde claro, ojos color ámbar, una melena amarillo oscuro teniendo un mechón negro y su cola era amarillo oscuro teniendo en el interior negro. Era un poco baja que el potrillo y lo miraba de forma amistosa — ¿Podrías pasarme la pelota, por favor?— preguntaba la potrilla.

—…— el potrillo no decía nada. Solo empujaba la pelota para que rodara hacia ella.

—Gracias— decía la pequeña terrestre con una sonrisa, pero antes de irse con la pelota, lo miraba con curiosidad y le preguntaba —Oye ¿Quieres jugar con nosotros? Hay espacio para uno más.

Comet solo miraba el suelo tímido y hacía círculo con su casco delantero en la tierra.

—Emmmm. Es un ¿sí o no?— preguntaba confundida. El potrillo negaba con la cabeza —Oh ok. Bueno, adiós— decía la potrilla y se retiraba con la pelota. La pegaso lo miraba compresiva.

—Hijo, ve a jugar con ellos. Yo no me iré a ninguna parte— decía su madre con una sonrisa maternal.

—Emmm. No mami. No tengo ganas de jugar— mentía Comet mirando aun el suelo. Stellar al terminar su helado, miraba a su hermano.

—Por favor hermanito, ni que te fueran a comer— decía la potrilla con una sonrisa un poco burlona.

—Cállate. A ti nadie te preguntó— el potrillo se ruborizaba y miraba a Stellar molesto, pero la potrilla le sacaba la lengua. La pegaso suspiraba fastidiada.

Algún día… algún día se llevaran bien… espero— pensaba un poco frustrada. Estuvieron un rato más relajándose mientras Comet no dejaba de mirar a los potrillos jugar. Quiso decirle si a la potrilla de antes, quiso jugar con ellos, pero cuando era de hablar con ponis o potrillos desconocidos para él, se ponía muy tímido hasta nervioso —Bueno pequeños, vamos a casa, ya se hace tarde— decía la yegua mirando el cielo que atardecía. Además que se veía algunos ponis retirarse con sus hijos o amigos. La pegaso se levantaba para extender sus alas, Comet se levantaba también para subirse en su lomo y Stellar al levantarse, extendía sus alas para luego agarrar la cola de su madre con sus pezuñas.

Hecho eso, la yegua emprendía vuelo para ir directo a casa. Al llegar, la madre de los pequeños, se disponía a hacer la cena mientras los hermanos esperaban la cena sentados en el sillón de la sala, sin hacer nada. Era un silencio incomodo ya que ninguno de los dos hablaba y miraban en direcciones contraria.

Cuando ya estaba lista la cena, cenaban en la mesa sin hablar, aunque Comet estaba deprimido al ver un asiento vacío en la mesa. Después de cenar, su madre recogió los platos para lavarlos y al terminarlo, miraba la hora que estaba en un reloj en la pared de la cocina mientras se secaba sus pezuñas y veía que eran las diez de la noche. Así que se disponía a darles las buenas noches a sus hijos. Primero fue al cuarto de Stellar que ya estaba acostada de lado arropada con una sábana rojo oscuro. La yegua se acercaba a la cama para luego ver que la potrilla tenía una expresión de tristeza.

—Hija ¿estás bien?— preguntaba preocupada.

—… Sí mami, estoy bien— decía Stellar de forma cortante.

— ¿Segura? Siempre me dices eso y me preocupa verte así— mencionaba la pegaso con voz maternal mientras le acariciaba su cabeza de forma delicada —Por favor, dime que pasa— insistía.

—No te preocupes mami. Está todo bien— mentía la potrilla sin mirar a su madre.

—…— la yegua suspiraba deprimida y le daba un beso en su frente —Buenas noches, Stellar. Hasta mañana.

—Hasta mañana…— lo decía cortante. Sin más, la adulta se retiraba del cuarto para ir esta vez al cuarto de Comet. Entraba y observaba que estaba acostado en la cama, pero sin arroparse y miraba al techo deprimido. La pegaso se acercaba a la cama para arroparlo con su sábana azul. El potrillo no decía nada, con solo mirarlo, sabía del porque estaba triste.

—Hijo, no te pongas así— decía la yegua mayor acariciándole la crin —Tu padre está ocupado. Sé que algún día vendrá temprano y cenaremos juntos como una familia— añadió con una pequeña sonrisa.

—… Ok mami. Eso es lo que espero siempre— decía Comet con tristeza para luego acomodarse en la cama.

—Buenas noches, Comet— la pegaso le daba un beso en la frente.

—Buenas noches, mami— decía su hijo cerrando los ojos para intentar dormir. La aludida se retiraba del cuarto para cerrar la puerta sin hacer mucho ruido, pero en eso, escuchaba unos pasos de cascos en el pasillo. Giraba su cabeza a la derecha para ver que era Speed Galaxy que aún tenía la armadura puesta, pero no tenía el casco.

—Vaya, llegaste un poco temprano hoy— decía la pegaso con sarcasmo. El capitán se detenía a un lado de ella apenado.

—Lo siento Aurora. Hubiera llegado más temprano, pero tuve que investigar una escena otra vez— decía Speed deprimido.

—Y otra vez no encontraste nada y solo fuiste a perder el tiempo ¿verdad?— decía la llamada Aurora con seriedad.

—Yo no perdí el tiempo. Era mi trabajo investigar esas cosas que deja el culpable— mencionaba el pegaso asqueado.

—Amor ¿Por qué investigas esas escenas tan horribles? Porque no dejas que la princesa Celestia sea la que lo revise y tú no pierdes tanto tiempo en ese lugar— sugería su esposa con seriedad.

—La princesa está muy ocupada como gobernante, deberías saberlo.

—Sí, lo sé. Entonces pues deja que otro se encargue de las investigaciones y así puedes venir temprano a casa— le recomendaba Aurora con una sonrisa.

—No puedo. No creo que soporten eso y además ya me acostumbré— decía Speed con asco al recordar todas esas escenas. Desapareció la sonrisa de la yegua.

—Ya veo…— la pegaso se daba la media vuelta para ir a su cuarto que compartía con su esposo sin decir nada.

—Amor por favor. No te pongas así— decía el capitán siguiéndola por detrás.

— ¿Y cómo quieres que me ponga? ¿Feliz?— preguntaba Aurora molesta sin dejar de caminar ni mirarlo y abría la puerta de su cuarto.

—No, pero debes saber que…— fue interrumpido por la pegaso que daba la media vuelta rápidamente para verlo.

—Que eres capitán y todo eso. Es lo único que le digo a mis hijos siempre ya que deberías saber que ellos siempre preguntan por ti, aunque te pregunta más es Comet y siempre le tengo que decirle lo mismo— comentaba un poco molesta.

—Oh… ¿siempre pregunta por mí?— preguntaba Speed con tristeza.

—Siempre— decía Aurora dirigiéndose a un lado de su cama para dejar la alforja que llevaba en el suelo dejando ver su cutie mark, pero no se veía por lo oscuro que estaba la habitación ya que solo lo iluminaba la luz de la luna que pasaba por una ventana. El pegaso se quedaba un poco pensativo mientras se quitaba la armadura para dejarlo en una esquina del cuarto y se podía ver que su cutie mark era una espada teniendo alrededor un destello verde como si fuera viento. Luego de dejarlo en la esquina, se dirigía a la cama y miraba a su amada sentada en la cama dándole la espalda.

—Amor. Emmmm. Yo te prometo que mañana vendré temprano— decía Speed inseguro.

—No me hagas promesas que no puedas cumplir, Speed Galaxy— mencionaba la yegua con seriedad sin mirarlo.

—No amor. Es en serio. Yo te lo prometo, yo haré lo posible para llegar a casa antes de la cena, te lo prometo— decía el pegaso con una sonrisa y tenía una mirada decidido, aunque por dentro estaba dudoso.

— ¿Seguro?— preguntaba la aludida girando un poco la cabeza para verlo de reojo.

—Si amor, seguro— decía Speed subiéndose a la cama y la abrazaba por la espalda —Yo te lo prometo. No quiero que mis hijos estén tristes igual que mi linda y sexy esposa. Je, je— decía con una sonrisa pícara. La pegaso se sonrojaba, aunque no se notaba por su pelaje y miraba a otro lado.

—Ok querido, espero que me lo cumplas, porque si no, te mandaré a dormir hasta el año que viene— lo amenazaba con una sonrisa, pero teniendo una mirada amenazante.

—S-si amor. Entiendo— decía el capitán con una sonrisa nerviosa.

—Je, je. Bueno querido, vamos a dormir, ya es tarde— comentaba la pegaso bostezando un poco.

—Oh vamos cariño ¿Por qué no vamos a "conversar" un poco? Ya que estando en esos lugares siempre pensaba en ti ya que te extrañaba mucho— decía con una sonrisa apenado.

— ¿Ah sí? ¿De cómo golpearte de las peores formas posibles?— preguntaba la yegua burlona mientras subía sus cascos traseros a la cama para voltearse y estar frente a su marido aun abrazada.

—… Si, también eso. Je, je— se reía un poco apenado. Los dos se miraban a los ojos fijamente y Speed le quitaba los lentes a Aurora para dejarlo en la mesa de noche que estaba al lado de la cama — ¿Ya te lo he dicho? Tienes unos lindos ojos.

—Sí. Me lo dijiste como ochocientas mil veces— decía la pegaso sonrojada. No se quitaban la vista de sus ojos y se acercaban lentamente, pero antes de que se besaran, la yegua detenía su hocico con su pezuña —En serio, deberíamos dormir— agregaba con una sonrisa traviesa.

—… Es para vengarte de que siempre llego tarde ¿verdad?— decía el capitán fastidiado y se cruzaba de cascos.

—Puede ser, puede ser. Je, je. Además que nuestros hijos están dormidos, no quiero despertarlos— la pegaso le besaba en los labios a Speed y se acostaba en la cama —Bueno ¿Qué esperas? ¿La foto? Acuéstate conmigo— añadió la susodicha un poco suplicante. El pegaso suspiraba y se acostaba al lado de Aurora. Se arropaban con la sábana y la yegua lo abrazaba para ser correspondido por el capitán —Buenas noches, querido.

—Buenas noches, amor— Speed le acariciaba un poco su melena y le daba un beso en la cabeza, antes de que Aurora cerrara los ojos.

—Puede ser que mañana podamos dar una "conversada los dos" si llegas temprano, claro. A ver si así te animas— decía su esposa con una sonrisa traviesa sin abrir los ojos.

— ¿Es en serio, cariño? ¿Es en serio?— el capitán suspiraba un poco fastidiado.

—Tú sabes que lo quieres y así estamos prometiendo tú, y yo. Je, je— abría los ojos un momento para verlo de reojo de forma burlona. El pegaso estaba fastidiado para luego cambiarlo a una sonrisa.

—Ok amor. Espero que cumplas tu promesa. Je, je— decía Speed.

—Je, je. Y tú la tuya— Aurora bostezaba —Hasta mañana, querido— se quedaba dormida con su cabeza en el pecho de su esposo.

—Hasta mañana, cariño— el capitán se quedaba dormido también abrazando a su esposa.

Mientras tanto en una ciudad

Encima de una casa, estaba una silueta negra ya que no se veía por la oscuridad de la noche y la luna estaba tapada por una nube.

— ¿Cuándo dejaran de seguirme los inútiles guardias y la princesa inútil? Es como tener moscas volando en mis nalgas molestándome siempre y además no apesto— decía la silueta fastidiada mientras caminaba por el tejado y no hacía ningún ruido —Solo busco una cosa y ellos siempre metiendo sus narices en mis obras de arte— se detenía en seco y se quedaba pensativa un momento. Duraba un buen rato para luego dar una sonrisa mostrando sus dientes que eran afilados —Ji, ji. Tengo una ideaaaaa. Ji, ji… Vaya, sueno estúpida diciendo eso. Ji, ji. Bueno, pero primero tengo que hacer esto y ver si lo encuentro aquí— caminaba a la orilla del techo para seguir caminando esta vez por la pared y se detenía en una ventana pegando su cuerpo en ella —Ji, ji. Y él creía que yo solo pienso en comer y comer. Ji, ji, ji. Yo también tengo mi cerebrito. Ji, ji— tenía una gran sonrisa mostrando sus dientes y sus ojos eran amarillos intenso.

Continuará.


Espero que les haya gustado este capítulo.

La verdad me he tardado mucho, porque no sabía cómo empezar el primer capítulo, siempre los comienzos me cuestan.

Eso es todo.

Nos leemos.