De regreso por aquí, tal y como prometí.

¿Saben de qué me di cuenta? Que olvidé pasarles el link del vídeo al que me refería. Werever, es el siguiente: h,t,t,p : / / w,w,w. you tube. c,o,m / watch?v=EDBMzGq1vhs (sólo junten los espacios y eliminen las comas xd). Y me basé porque el otro día un amigo, con el que lo veía de peque, lo encontró y me dijo que iba a regalarme todo lo que ahí venía. Claro que no lo hizo xddd.

Hoy es para otras dos personitas geniales a las cuales haré mención al final :)

Y sí, InuYasha no me pertenece todavía. Pero algún día se me hará...


The twelve days of Christmas.
(Los doce días de navidad).

Día dos.
On the fisrt day of Christmas my true love sent to me a partridge in a pear tree.


—¡Qué frío! ¡Qué frío! ¡Qué frío! —Kagome se abrazaba a sí misma mientras pronunciaba, de manera arrítmica, esas palabras, tal y como unas letanías.

Esperar a Sango y Ayame sentada en el helado patio de la escuela, mientras volvían de Café Rouge con unos lates altos de vainilla, ella sola no era nada acogedor. Menos teniendo en cuenta que la condenada nieve que cubría el suelo y la temperatura ambiental la hacían sentirse como una paleta gigante en un congelador de la misma talla.

Llevó sus manos con guantes cerca de la boca y sopló, a la espera de que su aliento no se congelara antes de llegar a ellas.

—Volvimos —anunció la pelirroja con una sonrisa. Ambas iban abrigadas con una chamarra hasta el cuello y guantes, pero Ayame, a diferencia de Sango, estaba sonriente y no tiritaba.

—Rayos, chica, ¿cómo puedes estar así de feliz con este clima tocanarices? —preguntó la castaña a la par que le daba su bebida a la azabache.

—Bueno, el invierno es mi época favorita del año y me pone de buen humor. ¿A ustedes no?

Ambas la miraron con llamas en los ojos. Si las miradas fueran puñales...

—Son malas conmigo.

Las tres se sentaron en la banca congela-retaguardias y bebieron, como si lo hubiesen ensayado, al mismo tiempo de sus vasos. De la misma forma suspiraron sincronizadas.

El silencio era lo único que se escuchaba.

—Kôga me pidió que fuera su novia. —Sus compañeras saltaron del asiento.

¿Really?

—¡Cuéntanos, mujer! —Ayame se sonrojó.

—Pues... ayer regresé a la escuela en la tarde porque olvidé unos libros. Cuando iba de salida a mi casa choqué con él y el montón se cayó, me ayudó a levantarlos y me preguntó si podía acompañarme hasta la salida de la escuela. Él estaba con su uniforme de baloncesto y se veía muy bien —aclaró—, no me pude negar. Entonces nos detuvimos debajo de la puerta principal y arriba de nosotros había un muérdago y él me tomó por la cintura y me preguntó si quería ser su novia y... —El acelerado ritmo con el que iba contando la última parte disminuyó, así como su tono de voz, al llegar a esa parte de suspenso— le dije que sí.

—¿Y se besaron?

—¡Sango, por Dios! ¡Eso no se pregunta! —Ayame asintió— ¡Guau, chica!

Kagome estaba ciertamente sorprendida, pues en un principio, como tres años antes, Kôga había intentado muy en serio salir con ella, y se vio rechazándolo de varias (demasiadas) maneras para que entendiera que no. Finalmente, cuando lo hizo, Ayame siempre estuvo ahí para consolarlo y forjaron una sólida amistad.

Ahora que lo pensaba, no era tan sorprendente.

—Tantos años que llevaba gustándote y sería el colmo que no sucediera.

—¡Y más en esta preciosa época del año! —Sango y Kagome rolaron los ojos—. Vamos, chicas; no me digan que no creen que esta sea la época del amor y esas cosas.

—A mí me parece que es la época de la comercialización desmedida —Kagome asintió ante el apunte de su amiga.

—Yo creo que ustedes dos son unas amargadas.

Las tres rolaron los ojos al mismo tiempo, como si estuviese ensayado. Después sonó el tímbre.

—Sango, ¿me acompañarías por mi libro de Bio?, lo dejé en el casillero.

—Claro —Kagome le sonrió.

Caminaron por el patio hasta la puerta principal, donde le dirigieron a Ayame, quien iba varios pasos más adelante, una mirada suspicaz, y soltaron un gran suspiro de alivio una vez que estuvieron dentro del calor del tremendo edificio.

Una vez hubiesen llegado a los casilleros, Kagome sacó el papelito donde llevaba anotada su clave y la introdujo en el candado.

—No me digas que aún no te sabes la clave —Kagome jaló aire sonoramente. Sango entendió y miró a otra parte—; bien, me callaré.

Kagome jaló la puertezuela y ésta no funcionó.

—¡Maldición! ¡Se atoró! ¡Ayúdame, Sango! —Ambas agarraron el rectángulo color verde oscuro—; a la de tres. Uno, dos... ¡tres!

Una maceta cayó del gabinete; una maceta con estampados y motivos navideños, color verde y roja, que dentro tenía un árbol que, seguramente, no pasaba de los cuarenta centímetros. De las puntas de éste colgaban pequeñas peritas amarillas y en una de las ramas había un pajarillo de madera color café con cuello azul y plumas blancas en las alas; pico gracioso color naranja y rayas rojizas en los ojos.

—¿Pero qué...?

—¿Eso es... una perdiz en un peral? —Sango ahogó una risa—. ¡Es una perdiz en un peral!

—¡Yo no le veo lo gracioso! —se quejó Kagome al ver como la cara de su mejor amiga se deformaba por la risa.

On the fisrt day of Christmas my true love sent to me a partridge in a pear tree —la cara de confusión de Kagome lo decía todo—. ¡Caramba! Mujer, no me digas que no tienes idea de lo que te estoy hablando.

—Claro que sí, es la canción de Los doce días de Navidad —Sango enarcó una ceja como diciéndole «¿Entonces?». Kagome suspiró—. ¿En serio? ¿Una perdiz en un peral?

La castaña se encogió de hombros.

—Bueno, eso es lo que dice la canción...

—Sango, cállate. —La aludida hizo un gesto como si tuviera cierre en los labios.

Kagome se rascó la cabeza. ¿Y ahora? ¿Sería aquello una novatada o una tradición? Si era lo segundo, ¿cómo es que jamás lo había escuchado nombrar? Tal vez era la víctima de este año. Qué mala suerte.

—¿Señorita Higurashi? —Kagome se encogió. Mala suerte que la prefecta pasara por ahí y te viera fuera de las clases con una maceta y un pajarraco en las manos—; ¿sería tan amable de explicarme por qué no está en sus clases y qué es aquello en sus manos?

Obviamente Sango había salido pitando.

—Creo que fui víctima de una novatada, Señorita Meiko. —Ésta levantó una ceja.

—Como si no hubiera escuchado eso antes. —Y la tomó del brazo—; acompáñeme con el director, por favor.

—Pero... ¡pero si yo no hice nada! —Aunque era consciente de que no serviría insistir.

Ya se la verían con ella quienes fueran los que pusieron eso en su taquilla.

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Reeditado el 25/01/2014.


Ya, esa es la travesura del día y es para Camila Fanel (CaFanel) y Calandry. La primera... no sé, me has caído bien, chica. ;) Y como efe efeme odia y no me deja responder por PM, te agradezco la corrección en Dopamina, ¿qué digo? A veces me dejo llevar. Y Cal, eres genialosa, ¿lo sabías? Tienes ese no sé qué que qué sé yo y así (?. Eres la típica persona con la que uno nunca se aburre xD Y tener ese don es genial en este mundo de locos. ;)

Esperen el próximo, si puedo, mañana, porque me acabo de enterar que saldré de viaje y n.p.i de cuándo ni con cuánta frecuencia podré conectarme a subir más capítulos.

En fin, eso sería todo. ;)

Los loviu.