Ningún personaje me pertenece, lo único mío es la historia.
Manos frías
El viento frío, el vapor de nuestro aliento y la mirada decidida. Todos estábamos listos para lo que se acercaba, una batalla donde sólo los más crueles pueden sobrevivir.
Realmente nunca he sido una persona cruel, pero las circunstancias por las que he pasado me han obligado a ser un poco más frío y creo que está bien, estoy al frente de ésta tropa y si ellos mueren será por mi culpa.
—Cuando usted nos diga, majestad— Dijo uno de mis subordinados.
—Se acercan, más vale que todos estemos preparados— Respondí en voz baja.
Ya hemos enfrentado otras guerras y hemos salido victoriosos, pero ésta es diferente, el enemigo es otro.
Choque de espadas, cuerpos tirados, sangre congelada… toda pelea deja destrucción y muchas veces no vale la pena reconstruir lo perdido. Todos me han resguardado en una pequeña fortaleza, no es cobardía, pero si me capturan, todo habrá terminado, ya saben, honor de reyes.
—No ha sido muy útil tu escondite, T.K.— Esa voz.
—En realidad esperaba a que vinieras— Doy la media vuelta y lo encaro. Muchos han dicho que nos parecemos físicamente y podría ser, pero existe una gran diferencia entre los dos —Una guerra no se gana así.
—Hasta ahora me funciona, estás a punto de caer y rogarme perdón
—Ya lo hice una vez y fue por la razón incorrecta— Willis desenfunda su espada y se coloca en posición de ataque, yo sólo extiendo mi mano, toco la punta de su espada y ésta se congela. —No es sensato enfrentarme, no ésta vez— El chico que está frente a mi se sorprende y arroja el arma al suelo, retrocede unos pasos.
—¿Cómo has hecho eso?— Pregunta con voz temblorosa, muchas cosas han pasado en éstos años y la guerra me ha dejado más de un estrago. Me acerco un poco a él y le sujeto el antebrazo con fuerza, rápidamente su armadura comienza a congelarse y me mira horrorizado. —¡Suéltame!
—Ya lo hice— Respondí viéndolo fijamente a los ojos mientras el hielo lo cubría más y más.
—¡T.K.!
Parpadeo un par de veces, Kari me llama.
—¿Sí?
—¿En qué piensas? Has estado así desde que inició la clase
—Perdona, estaba sólo recordando algunas cosas y ya me tengo que ir— Tomo mis cosas, jalo mi mochila y camino hacia la puerta. —Nos vemos al rato Kari.
Me desconecté totalmente en la última clase, creo que ver El cazador y la reina de hielo me afectó un poco. No he de ser el único en este mundo que se crea ficciones en su imaginación donde encarna a los seres poderosos de caricaturas o películas, es divertido y si no lo han hecho deberían de intentarlo, relaja y se hace sentir un poco más fuerte.
Conecto mis audífonos y me los coloco, salgo de la universidad y le doy play a la lista de reproducción, tomo camino.
—¡Lo siento!— Grita en un último intento de que no lo congele.
—Tú no tuviste piedad cuando procuré que lo nuestro no terminara de la manera en que terminó, ¿por qué he de tenerte consideración después del daño que me has causado?— Su piel se ha puesto pálida, su corazón no soportará más.
—Aun te quiero— Dice con voz débil, mi acto inmediato fue soltarlo y golpearlo en la mejilla. No respondo, sólo lo veo tirado en el suelo, recobra un poco de color y se sienta, sé que no lo dice en serio. —Aun te…— Toco el suelo, una prisión de hielo se arma encerrándolo contra el muro.
—Quédate ahí, intenta respirar sin sofocarte y busca calor en los escasos rayos de sol, vendrán por la mañana a darte pan y algo de agua— Doy la media vuelta y camino hacia la salida, pero antes de salir giro levemente la cabeza, le sonrío —También te quiero.
Todo sería más fácil si tuviera poderes, creo que me gustaría manejar el hielo y la realidad es que mi corazón es un poco más frío desde aquella gran decepción.
Vibra mi celular
—Buenas tardes, estaba estudiando, por eso no te respondí.
—No te preocupes, buenas tardes.
Muchas veces lo mejor que puedes hacer es tratarlos como te tratan.
