Bueno, ahora les traigo el segundo capítulo de la serie de drabbles.

Realmente no sé de dónde sacó esos lentes la pequeña Sarada, o cómo fue que se dieron cuenta que la mini-vengadora-tsundere los necesitaba, pero es así

como yo me imagino que fueron las cosas.

Espero les guste, y ya saben sus reviews son bienvenidos así que déjenme unos, nenes!

Prometo contestarlos cuando tenga tiempo, y muchas gracias a los que se tomaron el tiempo de dejarme unos! LOS AMO! :)

*Ya saben, Naruto no me pertenece, de ser así habría secuestrado a Shikamaru y lo tendría para mí solita :3


2. CUATRO OJOS

Sasuke Uchiha odiaba dos cosas de la vida: la primera, el arroz blanco sin nada de compañía (porque al chico Uchiha no le gustaban las cosas comunes, claro estaba), y la segunda y más importante, que su esposa tuviera que trabajar.

-Sabes que puedo mantenerte a ti y a Sarada con mi sueldo, Sakura- le dijo cuándo su mujer le dijo que quería volver al trabajo, después del primer año de su hija. Pero claro que Sakura no iba a hacerle caso; y tras una pelea de largos días, llantos y reclamos (y qué decir de la maravillosa reconciliación), a regañadientes y todavía bajo los efectos del orgasmo, Sasuke aceptó.

Y ese era precisamente uno de esos días que Sasuke odiaba.

-¿Tienes que doblar turno?- le gruñó, mordiendo un tomate.

-Sí. Hoy es el día libre de Karin y debo cubrirla.

-No tienes qué- dijo el moreno. Estaba agradecido con la Uzumaki, pero en verdad prefería verla doblando turno a ella que a su esposa. Sakura sonrió, poniéndose su bata de trabajo.

-La última vez me cubrió ella, ¿lo recuerdas?- le susurró al oído, besando su oreja. Y la cara del Uchiha fue todo un poema. Había muchas cosas que Sakura amaba de su hombre, y la principal de ellas era la facilidad con la que se sonrojaba; aún le era difícil expresar sus sentimientos.

La pelirosa se rió, y Sasuke se sonrojó, platicando acerca de una visita urgente a casa de los Uzumaki.

-Es raro que el teme haga reuniones- dijo Sasuke, abrazando a su mujer por la cintura y pegándola a él.

-Hinata-chan dijo que era "demasiado urgente". Me pregunto qué será… - y se volvió para abrazarlo.

-Quizás ya se dio cuenta de que el teme es demasiado idiota y va a dejarlo.

-No bromees con eso. Después de todo lo que pasaron, dudo que se dejen.

-Muy mal.- y se besaron.

Delante de los aldeanos de Konoha, el matrimonio entre la alumna de Tsunade y heroína de Konoha con el criminal más peligroso y aún traidor de Konoha, además de alumno del hereje Orochimaru, no era un matrimonio feliz, e incluso llegaron a pensar qué, de no haber sido por el repentino embarazo de la Haruno, nunca hubieran formalizado su relación. Otros simplemente creían qué, como él lo había proclamado durante toda su niñez, sólo quería "restaurar" su clan, y que estaba utilizando a la chica.

Los aldeanos seguían viendo al último Uchiha como un traidor, y a la pobre Sakura como una víctima de sus jugarretas.

Bueno, ya no era el último.

La pequeña Sarada miraba desde su sillita, con sus rechonchos piecitos colgando, a sus padres.

Era raro ver seguido a su padre, porque cualquier niña de dos años se preguntaría por qué su padre no pasaba tanto tiempo con ella como debería. Eso era lo único que ella y el dobe de Bolt tenían en común: padres ausentes.

Pero esa mañana, mientras sus padres tonteaban como enamorados, se dio cuenta de una cosa: habían dos mamás y dos papás.

La primera vez que vio a su madre dos veces fue la mañana de hace dos semanas: le pareció que tenía una gemela, pero culpó al hecho de estar recién levantada. Luego, en la ducha, le sucedió lo mismo con papá. Y durante toda la semana le estaba pasando lo mismo.

Ese día no era la excepción.

-¿Tienes el día libre?- le preguntó la ojiverde a su esposo, mordiendo otro tomate. A su esposa siempre le sorprendió que pudiera comerse los tomates así sin más. Con lo asquerosos que eran…

-Sí. Planeaba ir a ver al dobe y a Shikamaru.

-Asegúrate de llevar a Sara-chan para que juegue con Bolt-kun y Shikadai-kun- Sasuke torció el gesto.

-No me gusta que se junte con esos dos dobes, hijos de padres igual de dobes.

-Basta ya, hablas del hombre más inteligente de los cinco países… y de Naruto.- y ambos se rieron.

Sarada, quien ahora tenía toda su atención en el por qué su padre le había dado dos tazas si nunca se terminaba una, e intentó una vez más tomar su tazita de jugo como lo había querido hacer desde que su padre se la ofreció, pero ésta cayó al suelo justamente cuando decidía cuál de las dos era la verdadera, derramándose toda. Sus padres se volvieron a ella, y a Sasuke se le encogió el corazón cuando vio que la pequeña contenía las lágrimas.

"Pequeña orgullosa", pensó con ternura, caminando hasta ella.

-Anda, preciosa, no llores- le dijo, inclinándose para tomar la taza entrenadora- Te serviré de nuevo- y le regaló la más tierna de las sonrisas que nunca nadie jamás podría tener. Sarada levantó le vista y miró hacia su lado izquierdo, sonriendo…

…para sorpresa de sus padres.

-Vaya, nena, ¿a dónde está mirando?- le dijo tomando su carita, pero la chica siguió mirando al mismo lugar: a la nada. Eso alertó al Uchiha.- ¿Sarada?

-¿Qué pasa?- preguntó Sakura.- ¿Sasuke?

-Sarada está rara últimamente- dijo el Uchiha, revisando que todo estuviera bien con su pequeña princesa. La idea de que algo malo le sucediera a la sucesora del clan Uchiha no sólo le aterraba, sino que lo volvía loco.

Puede que media aldea creyera que él todavía era malvado y que le importaban una mierda las mujeres de su familia, pero aparte de su molesta y nada buena cocinera esposa, Sarada era lo más importante en su vida. Luego, estaba el dobe, que era como su hermano.

Y luego, toda la pavada de idiotas que habían ayudado en la guerra.

-¿Te duele algo, nena?- preguntó Sakura, pero la niña negó, mirando nuevamente al vacío. Sasuke se levantó, dispuesto a hacer algo; cuando la niña sintió que su padre se alejaba de su lado, estiró los brazos desesperada, llamando su atención. No quería que se fuera, lo quería ahí otro día más. Lo quería siempre, con desesperación, con un amor que sólo se comparaba con el de su madre.

Y se echó a llorar, para sorpresa de sus padres.

-Sasuke… - musitó su esposa, tocándose el pecho.

-Lo veo.- dijo el ex-Akatsuki, con el corazón encogido. Sarada tenía las manitas levantadas hacia la nada, llorándole a alguien que no estaba ahí.

Y sus padres temieron lo peor.


-Bien, pequeña Sara-chan, mira aquí.- dijo Shizune blandiendo una lamparilla delante de la niña, quien giró la mirada a su padre, aunque al lugar equivocado, porque miraba hacia la ventana. y eso fue suficiente para confirmar lo que temían.

-Pues, me imagino que ya saben el problema- dijo Tsunade, poniendo las manos en la cintura.

Los señores Uchiha habían llevado tan rápido como pudieron a la niña con Tsunade, quien estaba de visita con la ex Mizukage, en la torre del Hokage.

Para Sarada, la ex-Hokage era como su abuela, y aunque la rubia odiaba que la llamara así, sentía tanta felicidad de ser parte de esa tan extraña y peculiar familia. Además, era la madrina de la niña.

-Bien, Sara-chan- la niña la miró- Terminamos.

-¿Estará bien, Tsunade-sama?- preguntó Sakura, acariciando los cabellos de su hija.

-Nada le pasa, mamá histérica- dijo la ex Mizukage, torciendo el gesto y volviendo su atención a Kakashi- Es sólo que la pequeña futura destructora del mundo deberá andar por la vida usando lentes. Eso es todo.

-¿¡QUÉ!?- los padres dijeron al unísono.

-¡MEI!- la regañó Tsunade, y ella sólo se encogió de hombros, volviendo a hacerle mimos al cabello de Kakashi, quien parecía muy encantado con la mujer.

-¿Es eso cierto?- preguntó Sakura, mirando a su sensei. Ella asintió después de mirar largo rato a la joven.- Pero… ella… el Sharingan… nosotros… - y rápidamente miró a su esposo, quien no apartaba la mirada de su hija, quien a su vez parecía estarlo buscando mirando a todos lados.

Karin estaba parada junto a Shizune, atenta a la escena.

A pesar de no tener una estrecha amistad con la madre de la niña, ella y su padre habían sido camaradas durante mucho tiempo… aunque, claro, él la había utilizado y luego intentó matarla, pero esas eran cosas que pasaban.

Miró al Uchiha y su mirada perdida en su hija, inescrutable para todos los presentes e incluso para su molesta esposa. Pero no para ella. Así que decidió ponerle fin al sufrimiento que sabía el hombre iba a ocasionarse a sí mismo.

Y a Konoha, para variar.

Caminó hasta la niña quien se dio cuenta de su presencia, se quitó los lentes y se los puso a la pequeña.

-Toma, Sara-chan- le dijo sonriendo. Esperó a que la niña se acostumbrara a ellos, luego la miró, sonriendo de oreja a oreja.

-Karin… - susurró Sakura, impresionada.

-La última vez que tu padre tuvo esa mirada tan melancólica y enferma, casi acaba con el mundo entero- miró entrecerrando los ojos al Uchiha, éste bufó, apenado- Y de verdad, empieza a gustarme éste lugar.

-Muy madura, Karin-chan- dijo Mei- Pensé que acabarías con el sufrimiento y humillación de la niña de un sólo golpe, porque si quieres yo…

-¡MEI!- dijeron al unísono Sakura y Tsunade, por lo que la castaña se encogió detrás del Hokage.

Y Kakashi Hokage se dio cuenta entonces, de la extraña mirada en su ex alumno.

Una que hacía tiempo no veía en él.


Cuando los Uchiha llegaron a la casa de los Uzumaki, los Nara ya estaban ahí.

Sakura había hecho todo lo posible para que Sasuke quisiera ir, porque el Uchiha sólo quería ir a casa y pasar tiempo de calidad con sus mujeres… pero claro, Sakura no podía pasar un día sin chismear con la señora Uzumaki.

Las dos familias presentes se quedaron sin habla cuando vieron llegar a los Uchiha, y no había sido ni siquiera el hecho de que por primera vez los vieron tomados de la mano, o porque Sasuke tuviera la expresión más fría que jamás le habían visto.

No.

Lo que los había dejado sin habla fue la pequeña Sarada, quien usaba unos enormes lentes rojos para sus pequeños ojos. Unos que se les hacían muy familiares...

Naruto se mordió la lengua, con las ganas de decir un buen chiste, pero la mirada sombría de su amigo le advirtió que no era para nada una buena idea, y Shikamaru miró de reojo a su mujer, quien apretaba los labios intentando reprimir una risotada qué, sabría, haría regresar al viejo Sasuke revolucionario vengador.

Y tanto les había costado que sonriera el chico…

Al oír la vocecita infantil de Sarada saludar, los traviesos niños se levantaron de golpe y, como pudieron, llegaron hasta ella, quien les sonreía de oreja a oreja.

Y, grave error, porque el pequeño rubio y el mini-genio hicieron lo que sus padres no se atrevieron: soltaron unas risotadas tan sonoras que se podían escuchar hasta Suna.

-¡Cuato-ogos! ¡Cuato-ogos!- dijeron al unísono, usando la palabra que les habían escuchado a sus padres con anterioridad.

Porque, casualmente, estaban hablando de Karin. Y ahora, la pequeña Sarada no solamente tendría que soportar el hecho de no poder ver bien durante toda su vida, sino que, a sus dos, entendió una cosa: Shikadai era un completo idiota, y Bolt pagaría muy caro el haberse reído de ella.

Cuando tuviera la edad, claro, de ese dobe rubio y su compañero de cabellos en punta, ella se iba a vengar.