Oh my god :c un año sin actualizar :c perdón olvidé mi clave :c pero no volverá a pasar :cc ya les tengo el segundo cap, perdón por dejarlos colgados :c pero fue un año raro :c
No creo en ello hasta que me veo de pie en el escenario sintiendo la mirada de miles y miles de personas que observan la situación, expectantes sin decir palabra alguna. Ninguno iba a dejar de ser tributo y, por extraño que sonase, esta vez tampoco habían voluntarios. El alcalde continúa con la ceremonia, habla sobre los días Oscuros y como gracias al capitolio volvimos a vivir en perfecta armonía, también habla de los juegos, de porqué se formaron y del gran honor que significa salir con vida de ellos. Comenta brevemente que todos los habitantes harán lo posible para poder patrocinarnos y finalmente hace que cantemos el himno de Panem tomados de la mano ¡Vaya ironía! Hacer que ambos nos demos la mano como si nada hubiera pasado, como si nuestros padres jamás nos hubieran comprometido, como si en unas cuantas semanas no lucharemos a muerte.
El himno termina e inmediatamente un grupo de Agentes de la Paz nos pone a ambos bajo custodia trasladándonos hacia el Edificio de Justicia. Observo a los agentes y ruedo los ojos ¿de verdad es necesario tenerlos rodeándome como si fueran animales carroñeros esperando ansiosamente mi muerte?
Entramos y a cada uno nos dirigen a salas diferentes, sé lo que nos espera: una afectuosa despedida familiar que lo único que logra es que los tributos vayan preocupados por sus seres queridos.
Camino por la sala, es grande y espaciosa incluso juraría que es más grande que el lugar al que llamamos hogar. Suspiro, ansiando que ese momento termine lo más rápido posible. Nos dan una hora para despedirnos de nuestra familia, una hora en las que no quiero ver a mi madre o a mi hermana llorar por si muero en la arena.
La puerta se abre y entra un Agente de la Paz que me explica detalladamente lo que sucederá dentro de poco. Comienza hablando sobre las despedidas, que después de ella nos llevarán en tren hacia el capitolio y que en el tren nuestro mentor nos explicará con más detalle la situación. Asiento sin que me importe eso realmente sólo lo hago para que se vaya y comiencen las famosas despedidas.
—Buena suerte, niño.—Se despide antes de marcharse y que la habitación quede nuevamente sumida en un silencio aterrador.
La puerta se vuelve a abrir y entra mi familia. Mi madre tiene los ojos llenos hinchados y rojos, al igual que mi hermana; habían llorado y en este momento intentaban contener las lágrimas por mí. Las abracé, inhalando, quizá, por última vez aquel aroma tan peculiar en ambas, un aroma a fresca brisa marina. Ninguno dijo palabra alguna, se sentía tan cómodo estar entre sus brazos que no había falta hablar.
Finalmente fui yo quien deshizo el abrazo, por su bien y por mi bien. Aclaro mi garganta pensando en que mi voz podría flaquear en cualquier momento. —Ganaré, lo juro.
Papá me mira con una extraña mezcla de orgullo y desaprobación mientras se acerca junto a mi hermano. Estaba seguro de que no se le era grato saber que terminaría luchando con Luise pero no dijo nada sobre ella, sólo me deseó buena suerte.
Titubea al abrazarme pero finalmente termina estrechándome contra su pecho, algo que nunca antes había hecho.—Te quiero hijo, recuérdalo… Espero que des lo mejor de ti en los juegos…
Asiento en silencio, mi padre era realista, de eso no había duda alguna. Él sabía que mis probabilidades de ganar eran igual o inferiores a las de perder por lo que entendía sus palabras, daría lo mejor de mi hasta el final.
Mi hermano fue el último en despedirse de mí, me abrazó fuertemente y, pese a ser igual de frío que papá rompió en un llanto silencioso en el que sus lágrimas delataban su verdadero estado.—Mantente vivo enano ¿sí?
Le sonrío con tristeza pero no dejo que las lágrimas se asomen por mis ojos. Llorar es un sinónimo de debilidad y los tributos no deben mostrarse débil ante el capitolio. Si voy a morir prefiero mostrarme como un digno contrincante, como alguien que luchará hasta el final.
Los abrazo, les hago prometer que pase lo que pase sigan con su vida, que piensen en mi como lo que fui y que no les dé lástima mirarme en la arena. Le doy un beso a mi hermana y a mi madre que luchan por no llorar.
Después de unos instantes un Agente de la Paz termina llevándose a mi familia.
Me quedo otra vez solo en esa gran habitación. Observo el reloj, aún falta media hora para salir del distrito, media hora que se me hará eterna.
La puerta se vuelve a abrir y, para mi sorpresa es el padre de Luise el que entra. Me mida con desaprobación como si haber aceptado ir a los juegos significaba romper cualquier pacto familiar o aún peor, como una burla a la "relación" que mantengo con su hija.
—Cuídala.—Me ordena, yo asiento sabiendo que si quiero ganar no podré cumplir esa promesa.—Cuídala con tu vida y devuélvemela a casa viva.
Después de aquello sale de la habitación. Suspiro y me dejo caer sobre un sillón, meditando lo que había prometido sólo por darle la esperanza a aquel sujeto. Aprieto mis puños, si quiero ganar debo olvidar la promesa y dejar que otros tributos se encarguen de ella.
Finalmente la hora pasa, me reúnen con Luise, Roy y Fitzpatrick en las afueras del edificio de la Justicia. Nos llevan en un lujoso carro hacia la estación de trenes que no queda a más de veinte minutos del lugar. Subo al vehículo y observo a toda la gente que está reunida en las calles, caminando junto a nosotros en señal de apoyo y de despedida. Algunos nos miran con tristeza, otros nos miran como si fuéramos vencedores. Los saludo y les sonrío prometiéndoles en silencio que volverán a verme después de los juegos.
Las cámaras nos enfocan cuando nos detenemos en la estación, la gente alaba, llora, dándonos una extraña importancia. Les sonrío con una de mis mejores sonrisas y saludo a las cámaras de forma natural hasta que nos dejan entrar en el vagón.
~•~
Una vez dentro nuestro mentor nos explica a grandes rasgos dónde queda cada habitación y qué es lo que hay en ellas: un dormitorio, duchas, cajones llenos de ropa, vestidores, baño y que todo está a nuestra disposición.
Fitzpatrick Ivov nos anuncia también que nos juntaremos en el vagón comedor en veinte minutos exactos y que comenzaremos a hablar sobre los distintos tributos antes de llegar al Capitolio.
~•~
Me ducho y tomo lo primero que encuentro en los cajones y salgo rápidamente de mi habitación aún con el cabello mojado: entre más rápido todo, mejor.
Encuentro a Luise antes de llegar al vagón comedor pero no me atrevo a mirarla, no sabiendo que posiblemente terminemos matándonos mutuamente.
—Deberíamos entrar ¿no?—Rompe el silencio con una voz fría y dura, como si me odiara por estar allí en ese momento y la comprendo.
—Deberíamos.—Concuerdo finalmente mientras abro la puerta y caballerosamente dejo que ella entre primero.
Observo el gran lugar, cómodos sillones, un gran televisor, mesas llenas de comida y dulces que incitan a ser degustados.
Tomo un pastelillo y me siento al lado de la castaña justo en frente de Roy y de y Fitzpatrick.
—Bien.—Comienza Roy con suma tranquilidad. —¿Cuál es el plan?
—Ver a los tributos, formar alianzas preliminares y conseguir patrocinadores ¿alguna duda?—Empieza a decir con tranquilidad nuestro mentor, seguro de que su plan funcionará a la perfección. Todos asienten sin decir palabra alguna y el continúa.—Al llegar al Capitolio conocerán a sus estilistas, no verán a los demás tributos hasta los entrenamientos, investiguen y estén atentos a los más fuertes, vean sus fallas y sus habilidades, tomen nota de cada cosa que vean, de cada relación, manténganse silenciosos pero compartan con ellos, alíense con los más fuertes y traten de sobrevivir hasta el final. —Hace una pausa y nos observa a Luise y a mí con severidad.—Tengo entendido que ustedes están comprometidos.—Ninguno responde y él tampoco espera respuesta por que continúa sin más.—Olvídense de eso, estamos en los juegos, aquí el amor es para los débiles y que gane el mejor. Ahora veremos el resumen de las cosechas.
Ninguno puso objeción alguna y podría decir que estaba de acuerdo con sus palabras: el amor en los juegos era sólo una debilidad. Lo observo divertido mientras prende el televisor. Admiraba la labor de Fitzpatrick Ivov como mentor: era duro, frío y siempre aspirando por más y no tenía pelos en la lengua al momento de decir las cosas por eso lo consideraba un gran mentor.
Me enfoqué en la voz de la ridícula presentadora del Capitolio, dándoles la bienvenida a sus televidentes y agradeciendo que la hayan sintonizado a esa hora. Comenzó resumiendo la historia de Panem y recordándonos por qué estábamos aquí.
—…Antes de empezar debo decir que las cosechas de este año me han sorprendido hasta el momento. El distrito uno manda a dos jóvenes promesas este año: Margaret y Oliver de dieciséis y trece años respectivamente…—Dice mientras a su lado se ve la grabación de la cosecha enfocando a una niña de cabellos rubios y de rostro angelical que se ganó el aplauso de su distrito.— ¿lo curioso? ¡Oliver se ofreció voluntario!...—Continúa mientras se observa cómo el niño enclenque de cabello rizado toma el lugar de un niño rubio de aparentes diecisiete.
Miro a mi alrededor Fitzpatrick comienza a garabatear algunos datos en una libreta, Luise juega con el mantel mientras espera ansiosa que salgan los demás tributos y Roy sólo observa la pantalla con una sonrisa en los labios.
—…En el distrito dos tenemos a Mara y a Chase, dos chicos que estoy segura que darán que hablar este año en especial Chase de dieciocho años, un año mayor que Mara...—Miro la pantalla la chica rubia y de cabello ondulado es Mara y, no se ve peligrosa ni muy fuerte pero había que tenerla con cuidado, era del distrito dos y eso significaba que era una profesional al igual que Chase, el otro chico rubio con cara de pocos amigos.
—... En el distrito tres tenemos a Heather de dieciocho años y a Brandon, nada más ni nada menos que el hijo de un ganador del distrito tres…—Heather era esbelta, alta y de cabello oscuro y la única habilidad que se me vino a la mente fue la agilidad. Brandon en tanto, era un chico que prefería tenerlo de aliado.
Después la mujer nos presentó a Luise y a mí, comentando en que corría el rumor de un posible amorío entre nosotros pero que eso no se había demostrado en la cosecha. Aproveché sus palabras mientras tomaba nota de los posibles aliados: el chico del dos y del tres y quizás ambos del uno.
—En el distrito cinco tenemos a Payge de dieciocho años y al pequeño Jake de tan sólo doce años…—Ninguno parecía ser especial, por lo que los descarté de mi lista de posibles aliados.
—…Del distrito seis Willow y Corwin, esto es trágico y no me gustaría estar en zapatos ambos hermanos tendrán la desdicha de luchar a muerte…—Tampoco le tomé mucha atención a los hermanos del distrito seis, con los juegos estaba seguro que preferirían morir antes de luchar entre ellos.
—…Pandora de dieciséis años al parecer está decidida a ganar los juegos, su mirada rebelde lo deja entre ver y Lowell, un año mayor que ella parece ser su némesis con aquella sonrisa burlona en el rostro ¡Es encantador!...—Sí, definitivamente la castaña debía entrar en el grupo de profesionales, su mirada rebelde me hacía pensar en que no dudaría en matar si se lo propone, mientras que Lowell, él sólo parece un niñato más. —Fuentes externas nos dicen que ambos son grandes amigos… ¡veamos hasta donde llega la amistad en la arena de este año!
Continúa presentando a Faine y a Alger, del distrito ocho y los descarto de inmediato. A los del nueve creo que Flint podría servir de aliado mientras que Bonnie puede morir antes de que comiencen los juegos. La pelirroja del distrito diez, Claiborne, se ve débil pero no tanto como su compañero Alek, un pequeño niño obeso que seguramente morirá dentro de los primeros dos segundos. Gaia y Fry, ambos de diecisiete años pertenecen al distrito once: Gaia se ve fuerte, mientras que Fry parece muy confiado y despreocupado. Finalmente anuncian a los del distrito doce: Vanka y Sage; confiados y despreocupados.
La presentadora se despide diciendo que más tarde pasarán nuevamente el programa y darán a conocer más cosas sobre los tributos seleccionados y el himno de Panem cierra las transmisiones y Fitzpatrick apaga el televisor.
—¿Y bien?—Pregunta alzando una ceja mientras cierra la agenda dónde había anotado sus datos.
—Creo que los chicos del dos, el chico del tres, la chica del cinco, la del siete, el chico del nueve serían buenos aliados. —Le doy a entender sin pensarlo dos veces
—No debes subestimar a los del uno muchacho—Se apresura a decir Roy.—Recuerda que hasta el más débil tiene una posibilidad aquí.
Asiento en silencio, sé que él tiene razón, no debo subestimar a los demás no antes de saber sus habilidades en batalla.
—Deberíamos tener en cuenta al chico del distrito siete.—Murmura Luise por primera vez y veo a nuestro mentor asentir en silencio.
—En el capitolio hablaremos más sobre esto. Ahora pueden retirarse.—Ordena poniéndose de pie y dirigiéndose a su vagón antes de que nosotros pudiéramos decir palabra alguna.
