Capítulo II
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El Ôkami Kuro irradiaba luz, color y alegría; las luces de su nombre en colores neón sin ser ostentosas, la puerta se abría y era atendida por un sonriente anfitrión y gerente del lugar; Miroku era un carismático manager que conocía y llamaba a las clientas y clientes con familiaridad, sin ser descortés. En la antesala, su esposa Sango, acompañaba a los más importantes clientes hasta sus lugares favoritos, sin dejar que su amable sonrisa se borrara, por más disgustada que estuviera. El matrimonio hacía una gran mancuerna dirigiendo el lugar; uno de tantos, diseminados por el país y que eran propiedad de la familia Ôkami.
Ese que se encontraba en Kabukichō, se consideraba la joya de la corona, por lo que Miroku y Sango hacían su mayor esfuerzo, para que este siguiera siendo el mejor.
El lugar era distinguido y lo era más, por estar lleno de shifters de hermosas figuras y facciones. Semejaba una lámpara radiante, que hacía a todos volar a su interior, como polillas atraídas.
La fama del salón consistía en lo bien diseñado de las instalaciones; de esquema artísticamente tradicional, mezclado con un poco de minimalismo en los privados, para los ejecutivos Yôkai que lo visitaban y anhelaban diversión con alta privacidad y discreción.
Uno de sus visitantes más importantes –que si bien no era muy asiduo– iba regularmente tres veces al mes, si sus múltiples negocios se lo permitían; se hallaba arribando al lugar y bajando de su elegante transporte.
Naraku salió de la limusina y se acomodó el saco, mientras veía la entrada y notaba que Miroku caminaba veloz hasta él. Naraku avanzó; dio algunos pasos, seguido de su secretario, quien con la confianza que le daba llevar trabajando con su jefe muchos años, comentó:
–Acabas de arribar al país y esto es lo primero que haces.
–Calla Bankotsu.
El de trenza obedeció, más ni sus pensamientos ni gesto varió un poco, en su opinión, que Naraku su jefe, y el jefe de una de las más poderosas familias de Yôkais de Japón, se estuviera obsesionando con aquella shifter, era algo imperdonable.
Para el de trenza todos los shifter eran iguales, solo para proporcionar algo de diversión en estos lugares, pero nunca como algo serio, pues para ellos, otro Yôkai o Ayakashi, era la opción natural y que dictaban las tradiciones.
El de cabello negro y suelto, avanzó decidido hasta donde Miroku lo saludó cortés y lo invitó a pasar.
–Bienvenido Naraku-sama. Pase, ya lo esperan en su lugar.
El aludido asintió sin responder, más el manager ya conocía la arrogancia de ese hombre poderoso, pero también conocía los millones que este poseía y que derrochaba en sus visitas al Hosts.
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En un departamento bien iluminado, de un edificio sencillo. Sentado en una pequeña mesa que estaba llena de útiles de escuela; un niño bostezaba y estiraba los brazos tratando de alejar el sueño.
El sirviente shifter sapo, lo llamó.
–Bocchan InuYasha, vaya a descansar que aún se está recuperando.
–No tengo tiempo Jaken, debo terminar mis tareas, para no atrasarme.
El sapo de corta estatura, miró al chico y negó, alejándose y dirigiéndose a la pequeña cocina, para llevarle un vaso con leche al menor.
Para Jaken fue difícil aceptar que ese pequeño mestizo era hijo el gran General Perro y medio hermano de su adorado amo Sesshōmaru, quien creyó rechazaría al hanyō –palabra prohibida en esa casa–, pero con su ejemplo y decisión dio una gran lección a Jaken, hacía tiempo…
… Esa noche años atrás, desde una colina cercana, una solitaria figura miraba las llamas que iluminaban lo que fue un excelso castillo feudal y su hogar. El cabello plata se mecía con el viento y se podía jurar que el espíritu del jovencito también se movía combativo, tratando de salir de su cuerpo y arremeter contra los asesinos de su padre y madrastra, esa humana que supo ganarse el cariño del orgulloso bocchan Sesshōmaru; Hijo de Inu no Taisho e Inu no Kami. Sin embargo aún era joven y sus fuerzas no le darían la victoria, contra los enemigos de su padre unidos y es que eso fue lo que sucedió…, los Ogros y Dragones no soportaban a alguien más fuerte que ellos, pues si bien no se molestaban con la existencia de yôkais y ayakashi de rango medio; que existiera un Dai-Yôkai en ese mundo, los tenía en constante zozobra y furia, estos se unieron a algunos otros demonios cobardes y arribistas, y sin poder pelear de frente con el General Perro, optaron por raptar a Izayoi e InuYasha, llevando a Inu no Taisho a una trampa, en la que tuvo que decidir entre su vida o la de su esposa e hijo. InuYasha logro salir con vida, auxiliado por un soldado fiel del General. Izayoi murió e Inu no Taisho con sus últimas fuerzas, acabó con sus enemigos, más sus huestes ya habían sido diezmadas de un tajo; por lo que Sesshōmaru sin apoyo, tuvo que huir del castillo de su padre, llevando a su medio hermano con él. Pues no sabían que otros enemigos habían logrado sobrevivir; por ese motivo se tendrían que esconder y ocultar su herencia de sangre; algo poco difícil, pues InuYasha siendo hanyō no podía cambiar a la forma canina y Sesshōmaru parecía haber perdido esa capacidad sin tener idea del motivo.
Jaken vio a su joven amo girarse, con el bebé InuYasha en brazos…
–¿Lo llevaremos con nosotros, amito?
–Por supuesto Jaken, es… mi otōto. Mi padre me pidió antes de ir… a ese lugar, que lo cuidara… que los cuidara si le pasaba algo. Él y yo… somos los únicos Yôkai Inu que quedamos…
–Pero…
–Jaken, InuYasha también es hijo del General Perro, no lo olvides.
–Si amito. –Se hincó servicial el sapo.
Las tres siluetas se alejaron de ese lugar y se internaron por los bosques, hasta perderse en la urbe que se levantaba kilometras más adelante…
Jaken dejó los recuerdos, llevó el vaso y lo dejó sobre la mesita donde el hanyō ya dormitaba; el sirviente acomodó y cubrió al chico y se sentó para velar sus sueños y esperar por el amito Sesshōmaru; quien llegaba por la madrugada, más el fiel sapo lo esperaba, no importaba la hora.
Jaken suspiró con tristeza, sintiendo que era indigno que los ultimo Inu vivieran escondidos y sin comodidades, pero sobre todo que –el ahora ya– joven Lord, tuviera que trabajar, y hacerlo en ese tipo de lugares, donde su belleza y atractivo era la mercancía que vendía para sobrevivir.
InuYasha era un niño con carácter y con la firme determinación de ayudar a su nii-chan en los gastos, por eso hacía alguno que otro trabajo, en el que un niño pudiera ser de ayuda, pero sin dejar de lado los estudios, para graduarse con excelentes calificaciones y en un futuro trabajar en una gran empresa. Esa era su mayor intención, pues a pesar de saberse fuerte, más que algunos yôkais que conocía y que los shifters a su alrededor, no debía mostrarlo y eso lo dejaba sin muchas opciones para trabajar con las poderosas familias de demonios.
Jaken sufría también por no poder ver a sus amos viviendo como lo que eran, sin embargo prefería eso a imaginarlos muertos a manos de algún enemigos del General que aun viviera. Si su amito pudiese cambiar, el sapo se imaginó que podría tomar el lugar que les pertenecía en esa sociedad, más eso no era posible y hasta no investigar lo que le pasaba a Sesshōmaru, debían seguir las cosas como estaban o… podrían cambiar, si al crecer InuYasha tuviera la mitad de fuerza que su padre..., pero para eso aun debían pasar años.
El sapo se quedó dormido, aun con esos pensamientos rondándole.
…
Muchas gracia a quienes siguen esta historia. De verdad ha sido una sorpresa más que agradable, saber que no he sido olvidada y que cuento con su preferencia.
Muchísimas gracias a : Alba marina, sakura1402, Chiharu… jajaja por supuesto que sé cuánto admiras al Amo Bonito, gusto que compartimos y como ves dio resultado tu insistencia ;) , Ying Fa Malfoy de Potter, Kane Noona…. Jejeje Si, creo que también fue estar en contacto contigo, una gran amiga que conocí precisamente por los fanfics. A veces se pone loco fanfiction y no te deja ni comentar no te preocupes ;) InuYasha tiene diez años sipi, créeme yo vendería todo lo vendible para pagar por estar con Sesshōmaru :) jajaja me conoces bien. Nerelia-Malfoy-Potter muchas gracias, para mí hasta un me gustó es bien recibido como review.
