Había una vez…

Las viejas leyendas siempre encierran algo de verdad, los cuentos que las abuelas nos contaban para dormir o para asustarnos si nos portábamos mal tenían encerrados en lo más profundo de ellos la verdad que se oculta de la luz, la verdad que corre salvaje por las noches…

Gwen Conliffe lo sabía, lo había vivido en carne propia, no solo había perdido a Ben Talbot por culpa de una de esas criaturas que viven en los cuentos y en las pesadillas sino que también casi pierde a Lawrence Talbot…

El heredero de Talbot Hall había descubierto que su familia tenía un terrible secreto, su padre Sir John tenía en sus manos la sangre de su madre y la de su hermano Ben… Su padre era un condenado por la luna, era un hombre lobo.

Al enfrentarle Lawrence también había sido maldecido por la bestia, parecía que su fin había llegado si no hubiera sido por la ayuda de Gwen, cierto que ella era la prometida de su hermano, pero al tratarla no había podido evitar caer profundamente enamorado de la noble dama inglesa. Si no hubiera sido por ella la chusma del pueblo o el mismo inspector Aberline lo hubieran asesinado…

La señorita Conliffe le había disparado, el mismo Lawrence sintió que había muerto, que se había liberado de la maldición pero… el amor de Gwen no le había permitido finalmente hacer lo que Máleva le había ordenado, no, no se había atrevido a utilizar las balas de plata para matar al hombre lobo, solamente utilizó una bala con la punta de plata, lo que provocó que la transformación terminara y todos dieran por muerto a Lawrence.

Después de que la muchedumbre se alejó el único que se quedó fue Aberline quien entendió el plan de la señorita Conliffe pero, pese a haberlo perseguido hasta ese punto no acabo con Lawrence, tal vez porque ahora él también estaba maldito…

Al contrario, ayudo a la joven inglesa a llevar a Lawrence a la cripta de la familia ya que la mansión se había quemado. Por poco la bala hubiera matado realmente a Lawrence por lo cerca que estuvo de tocar su corazón, pero afortunadamente el descanso haría que se recuperara.

¿Quedarse en Talbot Hall? No, no lo pensaron, se alejaron de ahí de regreso a Londres, a la tienda de antigüedades de Gwen, ya después pensarían que hacer ¿Y Aberline? Desapareció una noche iniciando el invierno…

Los periódicos de todo el Imperio no dejaron pasar la nota, lo anunciaban como "La bestia del bosque" como "El destripador del campo" por lo brutal de sus ataques.

Las víctimas siempre eran mujeres jóvenes de los pueblos del norte, los aldeanos tenían miedo de salir sobretodo en las noches de luna llena… y más aun ahora que la luna se teñía de rojo como sangre. El terror se sentía en el aire.

Lawrence dejó el periódico sobre la mesa. Desde que leyera la primera nota al respecto comenzó a sospechar que se tratara de un hombre lobo, tal vez algún joven recién transformado que no supiera controlarse, él mismo a pesar del tiempo que había pasado aun tenía miedo de alguna noche en que la luna se mostrara como señora del firmamento él perdiera el control y atacara a Gwen.

Esa era su única pesadilla, el no tener a Gwen a su lado…

El heredero Talbot se levantó de su silla y caminó hacia la ventana, su joven esposa trabajaba en el jardín de la casa entre las viejas estatuas de mármol que adornaban el lugar y que eran demasiado grandes para estar dentro de la tienda de antigüedades.

Lawrence apoyo su frente contra el frío cristal, preferiría la muerte antes de dañar a Gwen… pero, no tenía el valor de abandonarla, sabía que ella correría inmediatamente detrás de él.

La señorita Conliffe ahora señora Talbot levantó la vista del cuidado de sus flores para toparse con la mirada preocupada de Lawrence en el piso de arriba de su casa. Ella le sonrió para tranquilizarlo, sabía que esa mirada solo la mostraba cuando pensaba en la maldición, ella sabía el peligro pero también sabía que Lawrence nunca la dañaría.

Había sido suficiente, Gwen se levantó sacudiendo su vestido, era momento de entrar a casa.

¿En qué piensas?- preguntó Gwen.

Lawrence fue tomado por sorpresa y no pudo pensar en alguna mentira, además siempre era descubierto por Gwen.

En los ataques en el norte- confesó Lawrence- ¿y si es una bestia?

Gwen se acercó al sillón que ocupaba Lawrence para besarlo en la mejilla.

Es en el norte, no vendrá hasta aquí- trató de tranquilizarlo.

Talbot no se veía muy convencido.

¿Y si lo hiciera? ¿Y si yo…?- no pudo terminar la frase.

Gwen se sentó en sus piernas mientras lo abrazaba tiernamente por el cuello.

Shhh, shhhh, tranquilo, no eres tú, nunca serás tú…- musitó antes de que sus labios se tocaran suavemente.

Antes de que Lawrence pudiera contestar alguien llamó con insistencia a la puerta.

¿Quién podrá ser a esta hora?- se preguntó Talbot.

¿Sí?- Lawrence se adelantó a la puerta.

¿El señor Talbot?- preguntó un oficial.

Soy yo- contestó algo tenso el señor de la casa.

Era la primera vez en todo este tiempo que un policía le buscaba ¿qué quería de él?

El inspector Francis Aberline me solicitó le buscará- informó el policía- acompáñeme, ha pedido verle.

¿Aberline?- se sorprendió Lawrence.

Desde la noche en que se enfrentaron a sir John, Aberline había desaparecido de su vida.

Sí señor, si me permite es urgente- dijo en un tono muy serio el oficial.

¿Y dónde está?- Lawrence seguía dudando si ir o no ir.

En el hospital… - contestó el oficial sorprendiendo aun más a Lawrence- señor, no hay tiempo que perder… podría ser muy tarde…

Continuara…