La noche había llegado rápidamente, una pequeña luz se distinguía desde la aldea… la cual provenía la cabaña de la anciana Kaede pues nuestros amigos se encontraban cenando en completo silencio, Shippo junto con Sango y Kaede contenían sus lágrimas, Miroku trataba de mantenerse firme pero aún así se notaba aquel frío dolor por la muerte de su amiga.
Tal vez habían logrado derrotar a Naraku pero hubieran preferido continuar luchando a perder a la muy querida Miko, el pequeño Kitsune continuaba llorando silenciosamente incluso había dejado su plato sin probar bocado alguno.
Inuyasha continuaba sentado frente al aposento de Kagome llorando amargamente, no dejaba de acariciar la tierra que cubría la fosa donde reposaba su amada, en poco tiempo había llenado su tumba con hermosas flores que a su criterio eran ideales para Kagome.
.- Kagome ¿porqué?- suspiro, no valía la pena tener la Shikon no Tama en sus manos si tenía que pagar el precio de ya no estar más con su lida niña.
Los días pasaron rápido e Inuyasha no se atrevía a visitar el templo de los Higurashi para darles la noticia del fallecimiento de Kagome, pasaba casi todo el día sobre las ramas de algún árbol alejado de la aldea llorando, siempre dejaba algunas flores en la tumba de Kagome al igual que sus amigos; ahora era cuando se daba cuenta de que ella era la razón de su existir, su vida, pero ahora como ya no estaba su existencia se torno sin ninguna razón, no podía comer ni beber nada, solo permanecía llorando. Su vida no tiene sentido sin Kagome.
Dos semanas desde su muerte, pareciese que pasaron siglos para el inconsolable Hanyou. No se había movido de su lugar en horas, se sentía sin energías sin ninguna razón para existir.
Cerca del pozo se hallaba Shippo jugueteando con la perla en sus manos, continuaba llorando… tarareaba una canción que comúnmente Kagome le cantaba al momento de dormir. Sango se aproximó hacia el y lo tomo en sus brazos.
.- Kagome hubiese querido que la recordáramos con alegría no con penas interminables Shippo.- era inútil esconder aquel dolor pero la taijika hacia lo posible por disimularlo, en cuanto al niño dejó de lamentarse por unos momentos y se acurrucó dispuesto a dormir en los brazos de su amiga.
Se oían algunos pasos lejanos, las ramas se quebraban al momento de pisarlas, Sango se puso alerta y giró su mirada hacia el bosque; una sombra surgía de entre los árboles.
.- Inuyasha ¿te encuentras bien?- el chico no respondió y siguió con su camino, la joven no se sorprendió y continuó arrullando al Kitsune.
El Hanyou comenzó a correr lo más rápido que sus piernas le permitían, un olor bastante desagradable provenía desde el Goshimboku y no le agrado.
Llegó y miró fijamente a aquel youkai que se encontraba arrodillado frente a la tumba de Kagome, se acercó poco a poco hasta quedar justo detrás de él.
.- Supongo que tampoco tengo permitido visitar su tumba.- su frialdad marcaba otra respuesta para el Hanyou pero para cualquier otra hubiera sido más que sincera.
.- ¿Qué haces aquí?- preguntó sin separar su mirada de él.
.- Ya te lo dije visito la tumba de la sacerdotisa.- Sesshomaru se puso de pie nuevamente y comenzó a caminar alejándose del lugar. Inuyasha se extraño por la visita de su medio hermano a la tumba de la chica pero al fijar su mirada en esta vio un racimo de flores hermosas que solo crecen en unas zonas del lugar, también pudo divisar un collar que hace más de cincuenta años servía para guardar la Shikon no Tama.
Nuevamente corrió hasta donde se encontraba Sango y le pidió la Shikon no Tama que estaba en las manos del pequeño, la colocó en el collar y se dirigió hacia el bosque en donde se sentó a reposar con la perla en sus manos.
