Hola a todos, una disculpa por el retraso, el trabajo me quitó todas la energías y el tiempo.
Espero que les guste la segunda parte y el epílogo que publicaré dentro de unos cuantos días.
N.A: Sakura y Sasuke son propiedad de M. Kishimoto.
Sakura para Sasuke, era su luz en la oscuridad, su refugio, el hogar que nunca tuvo y que nunca nadie más podría darle, era su risa y su llanto, su felicidad y su dolor, su melancolía y su música, una hermosa sinfonía que le gustaría oír por el resto de sus días.
Lástima que nunca la tendría. Si de una cosa estaba completamente seguro era la forma en que Sakura lo miraba: amigos. Esa maldita palabra le hacía enfurecer, si, él deseaba su amistad, su confianza, su comprensión, pero, sobre todo eso, su amor. Quería que lo amara, no como amigo, sino como hombre. Como el hombre que está perdida y totalmente enamorado de ella.
Ya estaba harto, había sido un cobarde por mucho tiempo, ocultándose detrás de esa amistad que tenían, ocultando sus sentimientos, conformándose con las migajas que le daba por amistad. Quería algo más, mucho más, lo quería todo y lo obtendría.
Si Sakura lo rechazaba diciéndole que no lo amaba como hombre, haría lo imposible por enamorarla. Y, si ella lo amaba, haría cualquier cosa en su poder por conservar su relación, deseaba que durara eternamente.
Siendo sincero consigo mismo, visualizando el futuro, miraba a Sakura a su lado, casados, felices, con hijos. Si, definitivamente, Sakura Haruno era su hoy, su ayer y su mañana y haría lo que fuera por ella, para que se mantuviera en su presente y en su futuro.
Desde la distancia pudo divisar la puerta del aula, no quería llegar porque implicaba soltar la cálida mano de la chica y alejarse de su lado, eso era lo peor, tener que alejarse de ella, seguir con sus amistades y charlar con ellos cuando todo lo que deseaba era sentarse con Sakura y mirar su sonrisa, oír su voz y sentir su presencia tan reconfortante.
Frustración era la palabra que describía su situación a la perfección. Pero ya no más, había rozado el límite, ya no soportaba todo lo que sus "amigos" le decían de ella, como describían su hermosura y como tenía que alejar a todos esos idiotas para mantenerla a su lado. Ya no. A partir de hoy, Sakura sería suya y nadie tendría porque mirarla, ni hablar de ella, si no querían salir lastimados y sin dientes.
Salió de sus pensamientos al sentir como Sakura tiraba de su mano para que la soltara. Ver su cara sonrojada, provocó una calidez sorprendente en su pecho, cosa que le gustaba. Anhelaba sentir esa calidez cada día.
En sus fantasías, cuando se permitía soñar despierto, se miraba con ella de su lado, besándola, abrazándola, acariciándola, haciéndole el amor. Incluso, muchas mañanas había tenido que tomar baños fríos para bajar la calentura que sus sueños le provocaban, todos ellos en donde Sakura era la protagonista, en donde le hacía el amor de diferentes maneras.
La situación era insoportable y debía hacer algo para cambiarlo. ¿Para qué soñar, si puedes vivirlo en la realidad? Era mejor vivirlo, en lugar de quedarse atorado en el cómo sería si sucediera.
Soltó su mano y caminaron, hombro a hombro, hacia el salón. Nada más entrar, todas las miradas se dirigieron hacia ellos. Tomaron asiento en la parte de atrás, y, segundos después, el maestro entró para dar inicio a la sesión de clase del día.
La mañana pasó demasiado lento, para el gusto de Sakura. Quería poder hablar con Sasuke, estar a su lado, pero debía conformarse con unas cuantas miradas desde el otro lado del salón, mientras éste hablaba con sus otros amigos y compañeros del equipo de futbol.
En ocasiones, envidiaba a Sasuke. Admiraba su forma de socializar, como, a pesar de ser tan inexpresivo, podía desenvolverse con los demás, como todos lo miraban con respeto y admiración, mientras ella era la rara e ignorada por sus compañeros.
Aunque no era muy importante para ella, le gustaría poder convivir con más facilidad, hablar y ganar más amistades. Ya no tenía amigos, desde el accidente de sus padres, perdió el gusto por muchas de las cosas que disfrutaba cuando ellos todavía vivían. Las cosas más simples de la vida le parecían tan nimias, tan… frívolas… tal era su derrotismo y la depresión que le hacían ver las cosas de esa forma, sin embargo, desde su particular punto de vista, no eran necesarias.
Quizá era la necesidad de no volver a acercarse a nadie para no tener que perderlo en el futuro, o, simplemente, se debía al trauma tan grande resultado del accidente. Sonaba a excusa, pero las cosas eran de esa manera. Sus ideales y sueños se derrumbaron, perdiéndolo todo aquel fatídico día, en donde no solo sus padres murieron, si no, también, ella misma.
Durante las clases solamente podía verlo, no podía acercarse a él sin que sus fans no la molestaran. Eran un fastidio, todas esas locas obsesionadas con él, coqueteándole, sonriéndole de manera seductora… las odiaba. A quien engañaba, sentía celos, quería gritarles y decirles que se alejaran, dejarles muy en claro quien había visto primero a Sasuke y de quien era, pero no podía hacerlo.
Amistad era lo único existente entre los dos, pura y netamente "amistad". A veces odiaba la palabra. No es que le molestara ser amiga de Sesuke, lo cual traía beneficios en sí mismo, sin embargo, le gustaría profundizar esa relación. Dejar de ser la amiga rara e incómoda para ser la novia rara de Sasuke,
Soñar es tan sencillo, proyectar como deberían ser las cosas, como quisiera que fueran las cosas. Pero, el sueño, esa irrealidad tan aclamada, es sumamente difícil de volverla una realidad. Ojala todo fuera tan sencillo como en los sueños.
Esos sueños en donde paseaban de la mano por la playa, donde los besos y abrazos estaban llenos de amor, en donde, mientras hacían el amor, él le declaraba su amor imperecedero. A veces le gustaría poder dormir eternamente para tenerlo de su lado, para ser feliz de nuevamente.
Era una locura, pero seguía siendo el mayor anhelo de su corazón y su alma. Si con desear se obtuviera cualquier cosa, Sasuke la amaría con locura, casi tanto como ella a él. Mordió su labio inferior, tratando de contener las lágrimas que se formaron en la comisura de sus ojos, no quería llorar, ya no más. Parpadeó con fuerza, tratando de eliminar las gotas salinas, como no logró su cometido, pasó el dorso de la mano derecha por sus ojos, borrando, finalmente, todo rastro de llanto.
Pero el dolor se mantenía constante en sus hermosas esmeraldas, esa punzada que le recorría todo el pecho, llegándole justo al alma, esa era su realidad. Sufrimiento: era la nueva definición de su vida. Agonía constante, una desazón horrorosa pegada a su piel, una tristeza espesa cubriéndola por completo, decepción tras decepción, tras decepción… indescriptible dolor.
Cada día perdía un poco más su antiguo yo, cada día abandonaba más y más, las pocas ilusiones que conservaba, cada día sentía más frío.
Tiritó, cuando este último pensamiento cruzó por su mente, suspiró profundamente y el agradable aroma de Sasuke le llenó los sentidos, aliviando, momentáneamente, la desesperación sufrida. Sasuke era su salvavidas, él quien erradicaba y mataba sus malos pensamientos, quien con su presencia brindaba paz y calma a su caótico existir, incluso en sus sueños, soñar con él era dejar las pesadillas de lado, no mirar los ojos vidriosos y cuerpos ensangrentados de sus padres, borrando la desesperación y el llanto de su despertar.
La parte más dura de su día eran, sin lugar a dudas, las mañanas. Después de las pesadillas que regresaban a su memoria con fuerzas las imágenes que tanto deseaba olvidar, el llanto y el vómito eran parte de su despertar. No importaba a cuantos psicólogos había asistido por terapia, no importaba cuando había tratado de eliminar los recuerdos, obligándose a olvidar, sin embargo, y muy a su pesar, era capaz de rememorar cada insignificante detalle del horripilante suceso: el olor ferroso de la sangre esparcida por todo el lugar, el dolor, el frío, la angustia quemándole la piel, el regusto a sangre de su propia boca…
Como en las muchas ocasiones en que era invadida por viejos y desagradables recuerdos, sacudió la cabeza tratando de vaciarla, buscando, inútilmente, eliminar cualquier vestigio de ellos. Siempre con el mismo resultado: sienes punzantes y mirada glaseada por lágrimas sin derramar. Por lo menos lograba sacarlas de su mente de momento, pero eliminarlas del fondo de su memoria donde se encontraban estancadas, era una empresa imposible de cumplir y lo sabía de antemano.
Se paró de su asiente, quitando la mirada de su luz, para voltear hacia la única puerta del salón. Desgraciadamente, Karin se encontraba parada junto a ella, seguramente esperándola para gritarle algo más o soltar alguno de sus mordaces comentarios para los que no tenía ni tiempo ni ganas en ese momento, ¿Quién gusta de oír las sandeces de un idiota que no sabe de lo que está hablando y que, además, pelea por una causa perdida? Nadie, absolutamente nadie desea escuchar palabras necias.
Suspirando profundamente, se dirigió a la entrada, caminó tratando de no prestar atención a Karin y a sus amiguitas, cuando iba a pasar por un lado de esta, Sakura sintió un golpe en el hombro, una seca disculpa de parte de Karin. Como si fuera a creerse que no había sido a propósito lo del golpe.
Sakura rodó los ojos ante tan infantil comportamiento de la pelirroja. Ya estaba cansada de sus jueguitos, la tenía completamente hastiada con sus constantes acusaciones sin sentido y su posesividad sobre Sasuke. Como si alguna vez fuera a haber algo entre ella y Sasuke, primero el infierno se congelaría a que el guapo pelinegro quisiera tener algo más que "amistad" con ella.
Derrota era lo que la embargaba en el instante en que sus pies dejaron de hacer ruido en la duela de los pasillos, dejando sus huellas en la película de nieve que, a pesar de ser medio día, el sol no había podido calentar hasta convertirla en agua helada y cristalina.
Suspirando de nueva cuenta, continuó el caminando de regreso hacia su departamento, hacia la soledad y frialdad del día a día, directamente a los recuerdos tan perturbadores y hermosos, lo más bello de toda su vida.
Sakura no tenía ganas de ver a nadie, ver a las personas, las familias caminando llenos de felicidad y gozo, significaba ser testigo de todo lo que no tenía, ni tendría, en un futuro cercano. ¿A quién engañaba? Solamente quería perderse entre recuerdos felices, aquellos días en los que la luz reinaba en su alma y la soledad era un grano de arena entre la amalgama de alegría y felicidad en la que pasaba sus días.
—Recordar es volver a vivir. — Susurró para sí.
Si, recordar es volver a vivir todos los bellos momentos, aquellas gratas tardes de paseo por el parque con sus padres. Aquellos días de lectura en el silencio de la sala, revivir los cumpleaños felices, las sonrisas y risas llenando el lugar, ecos que se le clavaban en el corazón hoy en día cuando, caminando de regreso a su hogar, oía a los niños soltarlas de manera tan libre, tan fácilmente que la hacía sentir celosa: Sakura ya no podía sonreír o reír, su hermosa y brillante sonrisa se vio perdida cuando descubrió en carne propia lo inhumana que puede llegar a ser la existencia en este planeta.
Solo sombras, recuerdos y dolores que jamás desaparecerán de su memoria, de su corazón, que se encuentran tan clavados en su alma que, en muchas ocasiones, deseó ser capaz de arrancárselo todo y empezar de nuevo. Definitivamente, recordar es volver a vivir, pero también, cuando se recuerda, es imposible no caer en la espiral oscura de las pesadillas, de esas memorias que deseas erradicar por cualquier medio posible.
Una racha de frío aire golpeó su rostro, sonrosándole la piel. No sintió la baja temperatura debido a la calidez del abrigo. ¡Maldición! Olvidó por completo devolvérselo a su dueño. Pobre Sasuke, de seguro estaría muerto de frío y con lo rápido que la temperatura estaba descendido, se enfermaría y todo sería su culpa. ¿Por qué siempre era tan distraída? Se regañó mentalmente, porque, por estar atrapada en un pasado que jamás podría recuperar, se olvidó del presente y de la única persona que siempre había velado por ella cuando a nadie más le importaba su bienestar.
Caminó presurosa hacia el parque y se sentó en una banca que, por estar debajo de un árbol frondoso, no estaba cubierta de nieve. Necesitaba pensar, dejar la mente en blanco, madurar y tratar de enfocarse en lo verdaderamente importante: el presente, su vida en algunos años, en tratar de alcanzar sus sueños, necesitaba aferrarse a algo, a lo que fuera, con tal de tener una esperanza, un porque vivir.
Dirigió su mirada al cielo, quedando prendada de las diferentes formas que las nubes grises le mostraban, algunas graciosas y otras perfectamente armoniosas. No supo más del tiempo, si fueron segundos, minutos u horas. Cuando volvió a la tierra después de su viaje, de la búsqueda inalcanzable de la esperanza la cual parecía no poder encontrar, se paró de la banca. Las rodillas le fallaron, entumecidas por el frío, y cayó sentada en la misma posición en que se había mantenido. Trató de pararse nuevamente, mas perdió contra la gravedad y la debilidad de sus miembros. Bufó molesta por ser tan blandengue y se pellizco una pierna fuertemente, lo suficiente para sentir dolor y ganar la sensibilidad perdida.
Lográndolo, sintió como el dolor recorría el muslo, hacia el vientre, mandando escalofríos por todo su cuerpo. Feliz por haber recobrado un poco de calor, se paró de nueva cuenta, esta vez lográndolo, por fin. Volvió a mirar el cielo, ahora dándose cuenta de cuan oscuro se tornaba, si bien había luz suficiente para apreciar el camino y los alrededores, por los copos que caían a la tierra, con más velocidad con forme transcurría el tiempo, ya no podía ver mucho en la distancia.
Maldijo por lo bajo, de seguro el departamento parecería un cubo de hielo ya que, para ahorrar algo de dinero, apagaba la calefacción cada vez que salía. Gracias al universo que no tenía mascotas porque, seguramente, hubieran muerto, ya sea de frío o de hambre. Inclusive, de vez en vez, olvidaba alimentarse. Su mente trabajó rápidamente en busca de una excusa que no pudo encontrar, pero en verdad a veces no le daba hambre. Sentía tan tedioso tener que cocinar solamente para ella que la comida hasta parecía desabrida cuando tocaba su lengua.
Cuando salió del parque por fin pudo ver las farolas de la calle que, lentamente, se prendían una tras otra, trayendo consigo un poco de luz a su falta de visión. Con paso presuroso y divisando en el cielo unas enormes y negras nubes que seguramente traían una tormenta entre sus esponjadas paredes, decidió que era el momento perfecto para tomar un baño y dormir. Pensó en comer algo pero una horrible pesadez hizo aparición en su vientre, haciéndola desechar la idea por completo.
Hacía días que ese sentimiento se presentaba y se mantenía con ella todo el día, tal era la sensación que se veía en la necesidad de forzarse a probar bocado. Suspiró, su vida era un completo desastre, un estropicio sin pies ni cabeza, ojala pudiera hacer algo para cambiarlo, aunque era completamente consciente que era su vida y, por lo tanto, tenía el poder necesario para hacer algo por sí misma, los lapsos depresivos y los recuerdos alejaban las pocas fuerzas ganadas para tratar de modificar el camino de su existir. No podía y eso la molestaba, no sabía cómo eliminar la ansiedad y tratar de aumentar las ganas de seguir viviendo porque, siendo completamente sincera consigo misma, se le estaban terminando.
Sus pies avanzaban por las calles llenas de blanca nieve, dejando rastro para ser cubierto por la nieve que, sigilosa, caía al piso. Parecía autómata, ni siquiera comandaba a sus pies, ellos avanzaban flojamente los metros restantes hacia el departamento. Se tocó el rostro al sentir algo cálido en sus mejillas, bajó la vista hacia sus dedos: lágrimas. Ríos de lágrimas corriendo libremente por sus mejillas de porcelana, sin que ella lo pudiera evitar. ¿Qué le pasaba? Ya no era capaz de detenerse, a estas alturas, después de tanto dolor y sufrimiento, de tantos recuerdos acumulados en su cabeza, del punzante y fastidioso dolor atravesándole las sienes, perdió un poco más del ínfimo control que le quedaba.
El vacío era tan grande, tan atroz y aterrador, consumiendo todo paulatinamente, sumergiéndola en miles de descabelladas ideas, trayendo angustia, desesperación y tristeza. La soledad, su segunda capa de piel, crecía con el paso del tiempo, añadiendo más desesperación a su cuerpo. A veces, no, más bien, la mayor parte del tiempo, deseaba haber dejado este sendero para trascender a la siguiente vida, para reunirse con aquellos que la amaron, que cuidaron de ella, quienes lo dieron todo por su prosperidad. Dejar atrás todo el dolor, era la meta primordial. Lástima que, en este mundo cruel e insufrible, uno nunca obtiene lo que quiere. La muerte llegaría cuando fuera su momento, no cuando Sakura así lo quisiera.
Por fin, después de salir de los negros corredores de la memoria, logró divisar el edificio en donde se encontraba su departamento. Se sintió feliz por un momento, agradecida de poder alejarse del frío y la humedad del ambiente que la hacían tiritar. Ojala también pudieran derretir el frío acumulándosele por dentro. Eso sí que nada podía calentarlo, nada…
Ya estaba de nuevo, el derrotismo volvía con fuerza a su cuerpo, provocando grises pensamientos y cómo no tenerlos si su mundo era gris. Sin vida, sin colores, todo negro, blanco y gris… así se sentía su día a día, así era su día a día y solamente Sasuke le devolvía los colores y se sentía agradecida por ello. Por lo menos podía ver normal cuando él se encontraba a su lado, lástima que no fuera por mucho tiempo, una vez que terminaran la universidad seguramente ya no lo vería más.
Sasuke haría lo que todos en esa etapa de la vida hacen: buscar un trabajo, encontrar una novia, sentar cabeza y formar una familia. Familia… esa palabra se le atascaba en los labios cada vez que pretendía pronunciarla, era tan doloroso para ella el simple hecho de formar la palabra en su mente. Por un momento se sintió más perdida y sola que nunca. El solo pensamiento de perder a Sasuke, que se alejara de su lado, dolía, dolía con fuerza. Pero, ¿Qué podría hacer ella? Tal vez mantener contacto con él pero eso la haría sentir celosa. Verlo mientras hace su vida con alguien al lado que no es ella, que le dedique a esa mujer todas sus sonrisas, sus miradas, sus gestos dulces y fríos, su protección, todo su amor…
El helado viento la golpeó con ímpetu y podría jurar que lo sintió helarle hasta el alma, como si fuera posible congelarse todavía más de lo que ya estaba.
Unos cuantos metros la separaban de las escaleras del edificio. Se sentía tan cansada que cada paso era como cargar toneladas, por lo menos sentía las piernas, aunque fuera dolor lo que las aquejaba, no importaba mientras alcanzara su destino sin contratiempos. Se detuvo justo frente a las escalares: los dos pisos parecían una escalada interminable.
Suspirando, como lo había hecho toda la maldita tarde y el día entero, continuó su ascenso, deseando estar ya en su caliente cama para tener una cuantas horas de sueño que esperaba fueran de descanso. La noche, como las mañanas, prometían sufrimiento. Ni siquiera dormida lograba descansar de la interminable pesadilla que se había vuelto su vida.
Siguió subiendo, escalón tras escalón, sus pies comieron los pocos metros restantes hacia la puerta del pequeño departamento. Tan distraída en su mundo que Sakura no percibió la sombra de quien esperaba parada junto a su entrada. No fue sino hasta estar justo frente a la misma que pudo reconocer al extraño:
No era ningún extraño, era Sasuke quien la esperaba con una cara de pocos amigos y una mirada llena de ira mal contenida. Sakura siempre se preguntó si era posible que su frialdad se hiciera más evidente, pues ante ella tenía la prueba de esa posibilidad. La furia fría reflejada en sus pozos color ónix, parecía sacada de un cuento de terror, desafortunadamente para ella era real y casi palpable. La podía ver bañando los rasgos de Sasuke, su hermoso rostro contorsionado en una mueca llena de disgusto.
— ¡¿Dónde demonios estabas?! — rugió enfurecido.
— ¿Desde cuándo tengo que darte cuentas de mis idas y venidas? — Contestó mordaz. La verdad no tenía ganas de nada, pero se vio obligada a responder para no llorar.
Sakura podía soportar cualquier cosa, lo que fuera: el dolor, la angustia, la pena, la autocompasión, la desesperación… pero no esto. Un Sasuke viéndola de una manera que le partía su ya de por si destrozado corazón, la hacía sentir completamente desamparada. Sintió picazón en la comisura de sus ojos, reconociéndolo como las lágrimas que, seguramente, se habían agrupado pero que se negaba a liberar.
Su corazón se rompió un poco más. Ojala la vida fuera como los cuentos de hadas, en donde la miseria y el dolor se terminan con un: y vivieron felices para siempre. Pero la vida es todo lo contrario, después del dolor y la miseria, viene la angustia y la desolación, después la soledad y el olvido… sin ayuda, sin amor, sin felicidad, solo un agujero negro en el pecho intentando absorberte todavía más, si tú se lo permites. Aunque, en muchas de esas ocasiones, no es necesario darle permiso, entran como si tú fueras su templo, apropiándose de todo, llevándoselo todo, dejándote en la oscuridad profunda, sin guía y sin un solo ápice de luz.
Dejó la tarea de abrir la puerta cuando el agarre de Sasuke le hizo voltear a verlo directamente a los ojos, justamente lo que evitaba desde las primeras palabras que se dirigieron mutuamente. No pudo aguantar su mirada, era tan dura y tan fría, sin embargo el trasfondo estaba lleno de angustia y preocupación. Sakura conocía la verdadera cara de Sasuke, siempre se preocupaba por ella, la cuidaba protectoramente, sabía que la quería.
—Estuviste recordando de nuevo, ¿verdad? — No era una pregunta, su tono era de afirmación.
¿Tanto la conocía Sasuke para saber lo que pasaba por su cabeza? No pudo evitar que un amago de sonrisa se filtrara en su rostro, Sasuke solamente estaba preocupado, eso era todo. Así como vino así desapareció la sonrisa de su rostro, se recordó que la preocupación no tenía nada que ver con el amor, solamente con el cariño fraternal profesado hacia ella debido a la amistad tan cercana compartida por ambos.
Sakura removió su vista de la mano apretándola el antebrazo, dándose vuelta para terminar la tarea dejada de lado hacia unos cuantos segundos. La puerta se abrió con un clic de la cerradura, entró sin siquiera decir una palabra, dejando la puerta de par en par, siendo completamente consciente que Sasuke la seguiría aunque le expresara sus ganas de estar sola. Y eso era lo que más deseaba en ese momento, no se sentía capaz de estar en la misma habitación con Sasuke sin soltar el llanto de nueva cuenta, y lo odiaba. Le fastidiaba ser tan débil y llorona… tan sentimental. Pero no podía hacer nada, luchar contra tu naturaleza es como tratar de parar una tormenta eléctrica: imposible.
El departamento se encontraba igual, claro, ¿Quién iba a mover algo, si ni siquiera una mascota la esperaba en casa? Se sentía ilusa por esperar un "buenas tardes o un buenas noches", como ocurría en los viejos tiempos. Los pasos de Sasuke llenaron la habitación, siguiéndola mientras prendía la calefacción. Sakura se sentía helada y no solo físicamente. Respiró hondo, tratando de erradicar las lágrimas y devolverlas a su lugar de origen, tardando unos minutos extra en su tarea de encender el aparato, quitarse el abrigo y colgarlo en el perchero.
Una vez que se controló, volteó a ver a Sasuke, él, mientras tanto, estaba sentado en el sofá, siguiendo cada uno de sus movimientos, con la mirada tan profunda que, sin quererlo, su corazón comenzó a bombear desenfrenadamente. ¿Por qué la miraba de esa forma? Sus ojos mostraban una lucha, como si peleara consigo mismo pero, a la vez, sopesando pros y contras. ¿Acaso ocurría algo que ella no sabía? Tal vez Sasuke le quería decir algo, quizá algo doloroso o ¿Cruel? ¿Duro? No, más bien, ¿difícil?
Tratar de descifrar los ojos del pelinegro era como tratar de traducir jeroglíficos: estaban escritos en códigos que jamás podría entender a la perfección. Suspiró tratando de restarle importancia al asunto, aunque, por dentro, la comía la curiosidad y los nervios, a la espera de las palabras de su amor. Era tonta, demasiado tonta, y jamás sería correspondida, pero eso no le interesaba, llevaba años de esa forma, buscando miles de maneras para olvidar lo imposible. No seguiría engañándose más: aunque Sasuke no la amara, a pesar de ello, lo seguiría amando con la misma intensidad o, quizás, cada día con más ahínco.
—Sakura. —
La voz aterciopelada de Sasuke la sacó de sus pensamientos, dándose vuelta para tomar el toro por los cuernos, siendo consciente, entonces, de lo cerca que Sasuke se encontraba de su cuerpo. Inevitablemente, un sonrojo pronunciado se mostró en sus mejillas, y su piel se calentó inmediatamente.
—No hagas eso Sasuke, me vas a matar de un infarto. — Expresó dando un paso hacia atrás, tratando de alejarse de la fuente de su nerviosismo.
Pero los planes del pelinegro eran otros, él simplemente avanzó cada uno de los pasos que ella retrocedió, con una sonrisa arrogante en el rostro al percatarse de lo que su cercanía provocaba en la pelirosa, amando cada una de sus reacciones. Su rostro sonrojado, las manos temblorosas y su labio inferior temblando imperceptiblemente, la imagen, tan inocente y sensual, hizo que su cuerpo se encendiera, unas tremendas ganas de besarla hasta robarle la última molécula de aire de sus pulmones se instalaron en su cuerpo.
No pudo evitarlo, ni tampoco quería, negar lo que sentía sería como seguir con el mismo juego que llevaba años sucediendo, omitirlo era cobardía y poca autoestima. Deseaba a Sakura con cada ápice de su ser, la amaba como un loco y planeaba demostrarle, decirle, gritarle todo lo que sentía por ella.
La imagen parecía graciosa, a ojos de Sasuke: Sakura pegada a la pared, sonrojada y temblorosa, mientras él acercaba su rostro al de ella. La miró a los ojos y vio todo, con lujo de detalle, hasta el fondo de su alma: lo amaba, ¿Cómo es que no se había dado cuenta antes? ¿Cómo podía haber sido tan ciego y tonto, para no darse cuenta que ella sufría tanto como él? No había más que decir, estaba harto de la situación, harto de la hipocresía y de su "amistad". Pero eso se terminaba en ese preciso instante.
Sin darle tiempo de pensar, eliminando cualquier posibilidad de escape, la besó, saboreando la dulzura de sus labios color carmín. Al principio sintiéndose desilusionado por la falta de respuesta de la hermosa mujer entre sus brazos, pero eso cambió unos segundos después. Los delgados brazos de la pelirosa se cruzaron por su cuello, enterrando sus delicados dedos en las hebras color medianoche de Sasuke, provocándole escalofríos. Al ver que ella respondía y con el mismo entusiasmo que él, pasó su lengua por el labio inferior de Sakura, pidiendo permiso que le fue otorgado con un gemido ahogado.
El sonido solo lo hizo sentirse más excitado, el sabor a miel de su boca lo estaba volviendo loco, aunado a los sonidos que escapan de los labios femeninos. Las manos de Sasuke se movieron de la pared, para tomarla de la cintura y acercarla hacia su duro cuerpo. Sentir las curvas tibias y delicadas de Sakura contra su cuerpo, era reconfortante y extasiante. La temperatura del cuerpo empezó a subir, ya no existía el frío de la habitación, solamente los dos cuerpos pegados el uno contra el otro, mientras se devoraban los labios con pasión y desenfreno.
La falta de aire los obligó a separarse, aunque solamente lo suficiente para recobrar el aliento, pero tan cerca como para respirar el mismo aire. Sasuke unió su frente a la de su Sakura, y susurró las palabras que se habían mantenido atascadas en su garganta por tanto tiempo, aquellas dos palabras que esperaba definieran definitivamente el mal entendido entre ellos: "Te amo".
Sintió a Sakura tensarse entre sus brazos, se sintió terrible, malinterpretando su reacción, pensando, equivocadamente, que ella no sentía lo mismo o que acababa de arruinar tan extraordinario momento, Sasuke no podría estar más alejado de la realidad.
Alejó su frente de la Sakura, revolviéndose el cerebro en busca del argumento ideal para salir del embrollo en el que, según él, se acababa de meter, buscando palabras como: lo siento, discúlpame, y un montón de frases y excusas que no sirven para nada más que para lo que son: excusas.
Afortunadamente para él, ninguna de ellas fue requerida, apenas se distanciaba cuando, de repente, sintió los labios de la pelirosa atacar su boca con mayor pasión, con fuerza, ansiosamente. Dándose cuenta de su error, respondió en intensidad, con deseo que empezó a recorrer su sistema calentándole las venas con estrepitosa rapidez. No le importó que las manos en su cabello le arañaran en cuero cabelludo, eso solamente lo hizo desearla más.
Sasuke tomó el rostro de la mujer entre sus manos, separándose de aquellos labios que deseaba devorar sin parar hasta ya no poder respirar. Necesitaba confirmar lo que le había dicho en un susurro, no quería más malentendidos entre los dos. La miró directamente a los ojos, buscando en ellos lo que había podido apreciar minutos antes, hallándolo: Amor, puro y cálido.
—Te amo, Sakura, me oyes, te he amado desde hace mucho tiempo, pero ya no puedo soportarlo más. Me encantaría pasar el resto de mi vida junto a ti, solamente si tú lo permites. —
Los hermosos ojos de Sakura estaba llenos de lágrimas, las mismas que se derramaban por sus mejillas incesantemente. Jamás creyó poder escuchar esas palabras. La declaración de amor de Sasuke, su voz, sus ojos, su cuerpo, todo le demostraba lo equivocada que había estado durante tanto tiempo mientras se torturaba con el pensamiento de un amor no correspondido. Un calidez inexplicable se extendió por todo su cuerpo y su corazón latió con más vida, con ímpetu, componiendo un poco su maltrecha forma.
Si la felicidad tenía alguna forma en específico, si existía una forma de representarlo claramente, eso era Sasuke: su felicidad, su vida, su corazón, su alma, su todo. ¿Cómo había sobrevivido en oscuridad por tanto tiempo sin una luz que dirigiera su camino? No lo sabía, pero ya no tendría que vagar sola.
Le sonrió a su compañero a través de las lágrimas, pero estas no eran de tristeza ni de dolor, eran de felicidad, de esa efímera sustancia que solamente Sasuke podía proveerle.
—Yo también te amo, Sasuke. Te amo. No tienes una idea cuantas veces soñé con este momento, cuando creía que no sucedería. Pero me alegro de haberme equivocado. —
No más palabras fueron necesarias entre ambos, sus labios se unieron nada ella terminar de pronunciar sus palabras. El beso, esta vez, fue lento, tierno, demostrando todo el amor y cariño que se tenían el uno por el otro. la intensidad fue subiendo, conforme sus cuerpos despertaban, buscando sacar toda la frustración contenida, tratando de sanar unas cuantas de todas las heridas auto creadas.
La ropa estaba de más, las manos recorrieron caminos, montes y valles y trazaron contornos que nadie más había dibujado o siquiera visto. Gemidos y jadeos recorrieron la pequeña sala mientras ambos se complacían mutuamente, desesperadamente, queriendo apagar el fuego ardiente recorriendo sus sistemas.
No importaba nada, ni el frío ni el mañana, solo el instante que estaba compartiendo, el amor y la adoración que sentían, la calidez y desesperación por convertirse en uno solo.
Los gemidos femeninos eran cada vez más fuertes, excitando a Sasuke de sobremanera, haciéndolo querer más, obligándolo a brindarle el placer que ella deseaba que le pedía que le diera.
Sabía que era la primera vez de Sakura, lo sentía en su cuerpo, en su toque tímido, en sus caricias inexpertas y eso le encantaba. Nadie más la tocaría, nadie más la vería de esa forma tan íntima, nadie vería el brillo y la pasión refulgir en sus verdes ojos, solamente él. La miró a los ojos, pidiendo permiso para dar el siguiente paso, mismo que traería dolor y placer al mismo tiempo. Ella se lo dio.
Sakura sabía que la primera vez dolía, pero no fue tanto el dolor que experimentó, solo la extrañez de algo dentro de su cuerpo. Sonrió cuando miró el rostro de Sasuke: la mandíbula apretada, las cejas fruncidas, una gota de sudor recorrió su sien, pero sus ojos, sus ojos le decían todo: amor, cariño, posesión, cuidado, ternura… Sasuke era todo con ella, era todo lo que ella necesitaba.
Y cuando por fin se empezó a mover dentro de su cuerpo, una descarga eléctrica le recorrió la columna. Gemidos y jadeos escaparon de su boca, pidiendo y clamando liberación. Un nudo se formó en su vientre, una sensación ardiente que le atravesaba todos los miembros, su corazón bombeaba tan fuerte que no escuchaba nada más que el tum, tum, tum, en sus oídos.
Gritó, gritó sensualmente, y Sasuke no pudo soportarlo más, se había estado conteniendo para llevarla al éxtasis, para que su primera experiencia fuera placentera como debía de ser. Pero ya no podía más, y cuando ella alcanzó la cúspide, él la siguió segundos después, derramándose dentro de ella. Sin importarle si Sakura podría quedar embaraza, pero la idea no le desagradaba.
Cuando Sakura volvió de su paseo por la galaxia, se dio cuenta que estaban en su cama. Se sentía tan cansada y feliz que no le importaba nada más. Sintió a Sasuke besándole la sien y el calor de su cuerpo la reconfortó tanto que se durmió entre sus brazos.
Sasuke sonrió, la apretó más contra su cuerpo y puso los cobertores sobre sus cuerpos, le acarició el cabello y la miró dormir durante un rato. Era tan hermosa y la amaba tanto que no quería separarse de ella nunca más, eso sería tortura y no quería sufrirla nunca más, ni tampoco quería que ella pasara por lo mismo. La acomodó contra su pecho y la vio sonreír en sueños, provocando una sonrisa en su rostro. La amaba como un tonto y pretendía pasar con ella el resto de su existencia.
FIN.
Bueno aquí termina mi pequeña historia, la verdad mi plan era escribir un lemon, no algo tan light, pero no pudo hacerlo, desafortunadamente estuve bloqueada por un tiempo, pero espero que les haya gustado y gracias por tomarse el tiempo de leerla.
Cualquier comentario es bienvenido.
Saludos,
Karly666-chan
