Capitulo 2

— ¿Puedo pedirte ese favor?

Frente a Lukas, su medio-hermano se encontraba mirándole fijamente al tiempo que movía la boca saboreando su goma de mascar. Una bomba rosa se infló de sus labios y reventó siendo re-absorbida ágilmente por el muchacho.

— ¿Quieres... que vaya y entregue los libros que tu sacaste a la biblioteca? ¿Yo?

Lukas le miró levemente exasperado y suspiró pesadamente. Tener un hermano menor adolescente era un verdadero dolor de cabeza. Extrañaba la época en que Emil, dicho hermano, era más dócil y noble, bien portado y no una autentica esponja humana para las malas influencias. ¿De dónde había aprendido a mascar goma de aquella forma? La primera vez que le había preguntado, Emil había respondido con un descarado «Es de frutas».

— Tu cumpleaños es en dos meses, ¿cierto? ¿No querías una bicicleta? Pórtate bien.

Al instante, el chico dejó de mascar, quedándose atónito, alzando las cejas y mirándole de manera inverosímil. ¿Lukas? ¿Comprarle la bicicleta?

— No es una bici común, ¿Sabes? — se rascó la mejilla y pasó los dedos por sus cabellos platinados.

— Lo sé es una con ocho velocidades y eso — suspiró.

— no... – Se quedó pensando – cambié de opinión y quiero una vintage.

— Bien, tendrás tu cosa esa, pero necesitas hacerme favores, de lo contrario tendrás calcetines. ¿Quieres eso?

— Nope.

— Bien entonces, vas y dejas mis libros. Espero dos meses de servilismo por esa bicicleta.

— ¡Pero es de cumpleaños! No deberías condicionarme eso...

— Lo sé, pero vamos, solo te pido un favor y me lo cobras.

— Para eso mejor se la pido a...- Se interrumpió a si mismo.

— ¿A...? ¿A quién?

— A... Santa Claus — desvió la vista.

— Tienes 17, ya no crees en él.

Emil regresó a su labor con la goma de mascar que a esas alturas ya no tenía sabor; se encogió de hombros tratando de mantener su compostura pero sabiendo más que nunca que se encontraba acorralado. ¿Hablar o cambiar el tema? ¿Confesar o aceptar el trato?

— Ya, ya, dejaré tus libros.

— Bien, pero no se te olvide que sea como sea, sacaré esa verdad, Emil.

Pfff ya te lo diré si se concreta, ¿ok?

Lukas frunció el cejo — Además que supongo tiene que ver con… - movió las manos buscando las palabras adecuadas — Con toda esta forma tuya de hablar y actuar. Malas influencias.

Emil arqueó una ceja y dejo salir una risa leve pero sarcástica — yajá

Un chasquido de dedos y Lukas se puso de pie. — A eso mismo me refiero, mascas goma…

— De frutas...

— De frutas, lo que sea, ¡Da igual!; te portas más impertinente de lo normal y escondes algo, eso no me lo sacas de la cabeza. Pero en fin, ya veremos. Te encargo eso ¿De acuerdo?

Emil asintió sosteniéndole la mirada. — Sip

— Tengo que ir a trabajar, y por favor no se te olvide cerrar bien la puerta.

El menor de los dos hizo un gesto militar en señal de obediencia, poniendo su mano en la frente. — Sí señor. — respondió con gesto estoico.

Lukas tomó sus cosas bufando pesadamente y salió de su apartamento ya con el uniforme puesto.

Era ya el martes, aproximadamente a las 6: 00 de la tarde y su hermano había llegado para pasar un rato con él antes de que Lukas saliera a trabajar y de paso, cumplir con el favor que Lukas le había encargado. La biblioteca se encontraba cerca de su apartamento pero en dirección contraria a su centro de trabajo, por lo que pensó que sería más sencillo pedirle el favor a Emil. Aunque de éste, últimamente su actitud había cambiado bastante. ¿Sería el peso de la adolescencia? No, no podía ser eso. Lukas mismo no había atravesado un cambio tan brutal en su época; además que Emil había sido siempre del mismo corte hasta los 16, cuando pareciese que las puertas del mismísimo averno se hubiesen abierto. Aunque no podía negarlo, Emil seguía siendo un buen chico.

En cuanto Lukas llegó al reloj para registrar su llegada todos sus pensamientos se volcaron en su trabajo; siempre que trabajaba era así, como si se tratase de una persona diferente, un completo profesional que al portar el gafete y el uniforme se enfocaba por completo en las necesidades de sus pacientes. La única diferencia fue que, ése martes, Lukas se encontró a si mismo pensando en el paciente de la habitación 223, quien –técnicamente- era paciente de Feliks, quien también compartía guardia con él. Pero tras haber charlado con él, con Mikkel, se prometió a visitarle tan pronto como acabase de recibir turno y pegara una visita a sus propios pacientes.

Y así hizo, tras visitar a sus tres pacientes –uno de los cuales se encontraba sedado tras haber diagnosticado que una enfermera del turno vespertino moriría en sus manos – se perfiló para ir a la habitación 223, no sin antes encontrarse con Feliks quien ya se encontraba listo para contarle todo el chisme de su aventura de la noche pasada.

— Edward es un bombón. – comentó con un guiño y prosiguió a narrar con lujo de detalle su noche entera. Incluyendo detalles que Lukas en verdad, en verdad no quería oír. A Su lado, Elizaveta escuchaba todo y reía levemente mientras llenaba unas hojas.

— ¿Entonces saldrás con él de nuevo? – preguntó curiosa.

— No sé, no sé. Fue divertido y eso, pero... no me gusta no poder probar el menú... tu sabes.

Ella se atragantó con su propia saliva y estalló en una sonora carcajada. — ¡Que descaro!

— Vas a despertar a los pacientes — comentó Lukas quien se encontraba preparando un frasco de medicamentos.

Oops – Elizaveta se disculpó pero no pudo evitar sentirse más intrigada pro su compañero de trabajo— ¿Qué hay de ti Lukas? Nunca nos cuentas nada...

— uhm, lo haría si realmente tuviera algo que comentar — mantuvo la vista fija en lo que hacía, no queriendo realmente verse envuelto ni afectado por sus chismerías.

— Bueno pero haber, no sabemos mucho de ti... y vas a estar mucho tiempo aquí, así que...

Él levantó la vista y se les quedó viendo — No tengo mucho que contar. Vivo solo, tengo un medio hermano que vive con su mamá. — dicho eso volvió a bajar la vista hacia sus labores.

— ¡Oh vamos! Debe haber algo más— insistió Feliks.

Lukas se detuvo a pensar en que más decirles para que le dejaran en paz — Mi madre murió hace tres años, hace trece mi padre nos abandonó y no lo he vuelto a ver... supongo que no me gusta el drama así que intento llevar mi vida lo más calmada posible. ¿Cómo está el paciente de la habitación 223?

Feliks y Elizaveta arquearon la ceja y se miraron al mismo tiempo. No sabiendo si responder con un lamento o a su respuesta.

— Él está bien... pero oye no sabía que tu vida hubiera sido tan difícil. — contestó Feliks finalmente.

— Oh - movió la mano levemente — está bien. Entonces… ¿Crees que pueda pasar a visitarle?

De nuevo sus compañeros se miraron y Feliks asintió confuso. Dicho esto, Lukas agradeció y se dirigió a la parte del pabellón donde estaban las camas 220-230, exactamente a la habitación 223. Al entrar pudo ver a Mikkel descansando plácidamente en su cama, la luz apagada le impedía ver con claridad, pero al menos la luz de la luna que se filtraba por la ventana de la habitación le daba seña de que el chico se encontraba en brazos de Morfeo. Lukas suspiró, pensó que tal vez estaría despierto; no teniendo más que hacer, acomodó la mesa puente en su sitio y cerró la ventana antes de dar media vuelta para salir.

— Espera...

Lukas se detuvo en seco al escuchar la voz de Mikkel. ¿Lo había despertado? Suspiró. Ni siquiera era su paciente como para andarse paseando libremente por ahí.

— Lo siento, la verdad solo venía a ver si estabas bien.

Mikkel sonrió sentándose y prendió la luz pequeña de la cabecera, la que a menudo usaba para leer. — Hey, eres bastante dedicado a tus pacientes ¿Eh? Buena cualidad...

— Digamos que si— Lukas se acercó a él — ¿Qué tal estuvo hoy?

Mikkel ladeó la cabeza e hizo un gesto de conformidad — no me quejo, hoy hubo pollo asado y puré de papa. Pero no quise bajar así que me quedé aquí. Hubiera ido al jardín pero resulta aburrido – rio levemente- no conecto con nadie, todos son...raros...

Lukas rio entre dientes y se sentó a su lado, en el sofá, justo como la vez pasada — Están locos, es lo normal. ¿Qué más hiciste?

Mikkel rio a eso — no mucho, no hay mucho que hacer por aquí.

Lukas consideró que eso tenía sentido — Cierto. Oh, por cierto no le digas a nadie que dije "locos" lo consideran poco propio.

— Nah, de mi boca no sale nada.

—... ¿Ah sí? De tu boca parecería que puede salir de todo. – comentó Lukas con cierta ironía en su voz, una que dejaba entre ver que se estaba divirtiendo con ello. Cruzó la pierna para ponerse cómodo. Todo daba a entender que sería una extraña charla amena. ¿Sería momento para preguntarle a que se refería con respecto a estar más seguro dentro del hospital? Al verlo sonreír, desistió, ya habría tiempo para eso.

Mientras tanto, no podía evitar pensar que no había nada mal en Mikkel como para estar internado. Pero a veces así sucede con los pacientes psiquiátricos.

— Hey, dime. ¿Te gusta la magia?- preguntó Mikkel de pronto. Cambiando de tema tan súbitamente, como si se conocieran de mucho tiempo atrás, cómodo y confiado, pero que al mismo tiempo busca sacar un tema nuevo. Y Fue extraño, como si se amoldasen a la perfección; Lukas mismo había encontrado que responderle era sumamente fácil.

Levantó las manos levemente — Si, de hecho creo que de verdad existe.

— ¿En serio? – preguntó sorprendido.

— Mhm, pero dime. ¿Sabes hacer magia?

La sonrisa de Mikkel se amplió más — ¡Me sé los mejores trucos de cartas!

— Oh. ¿Crees que puedas enseñarme el jueves? No tengo cartas ahora.

— ¡Hey! Ahora pensamos en la misma sintonía. — Asintió feliz — hecho. El jueves te enseñaré mis mejores trucos de cartas.

— Y dime, Mikkel, ¿Qué más sabes hacer?

Mikkel rio levemente, se acomodó sentándose por completo, la luz de la cabecera le iluminó sus atractivas facciones, su perfil elegante, el cabello revuelto sobre su frente y brillantes ojos azules; sus labios perfectamente bien formados. La eterna sonrisa se hizo aún más noble.

— Bueno, digamos que soy bueno haciendo planos – rio- no muy interesante ¿huh? Soy arquitecto.

— Yo creo que es interesante, todas las profesiones tienen su algo.

Mikkel le miró curioso. Lukas tenía un porte sofisticado y un hermoso par de ojos melancólicos debajo de las espesas pestañas.

— Cuando decidí ser arquitecto fue porque siempre pensé que me gustaría tener un hogar funcional ¿sabes? Me imaginé que un día podría poner un punto importante en las ideas de diseño para espacios pequeños — Rio entre dientes — además quería una casa única. Antes de eso quería ser astronauta. ¿Y tú? ¿Siempre quisiste ser enfermero?

— Realmente no tenía idea de que quería hacer — se reacomodó el cabello — solo una vez atestigüé un accidente y decidí que quería dedicarme a esto.

— Súbito, pero noble.

— Gracias.

Mikkel sonrió –más. — No, en serio. Muchas personas no toman éste camino porque creen que tendrán que lidiar con mucho.

— Es cierto. Tenemos que lidiar con mucho. Pero vale la pena, mira. Antes de ser trasladado aquí, estuve en el área general aunque mi especialidad no es esa. Como sea, ayudamos a una niña a recuperarse de que le extirparan un tumor canceroso; fue difícil para ella pero lo logró. — Alzó la mano enseñándole un brazalete de goma color rosa en su muñeca — Un mes después regresó para regalarnos estos brazaletes.

— Y realmente lo usas.

— Por que para ella significa algo. Pero al menos sabemos que ella está a salvo.

— Es que su labor es titánica. Gracias sabes, aunque no seas mi enfermero de base. Los cuidados de todos ustedes, no tienen comparación.

Lukas sonrió levemente — gracias a ti.

Se quedaron en silencio unos instantes. Lukas volvió a hablar. — Mañana salgo a las 7:00, pero si gustas, me quedo un poco más de tiempo. — Se encogió de hombros levemente — podemos bajar al jardín a desayunar. ¿Qué dices?

Mikkel lo miró con los ojos abiertos como platos. — ¿Lo dices en serio?

— sí, ¿Por qué no?, créeme desde Enero he estado trabajando aquí, sigo siendo "el nuevo" porque no hay mucho que hablar con los que trabajan aquí. Terminaré internado yo mismo aquí si no cambio de aires.

Mikkel rio a eso — ¡Hecho!

Entonces Lukas se puso de pie — Bien, entonces a las 8:00 paso por ti aquí. Ahora iré a dar una revisión a mis pacientes que de milagro se han portado bien. Tú ya duérmete, o no te despertarás mañana y me enojaré.

— ¡Oh! ¡Desde luego! No quiero que te me enojes – asintió y se recostó en la cama; Lukas se aproximó a apagar la luz de la cabecera. — Buenas noches.

— Buenas noches, Mikkel.


El turno de trabajo se fue rápido para Lukas, aquella noche los pacientes ya habían empezado a portarse mejor. Esos días eran únicos, usualmente siempre ocurría algún problema. Lukas, dentro de todo había elegido la noche por lo mismo, aun cuando durante el día había más cuidadores para poder manejar todas las situaciones que se dieran.

Cuando dieron las 7:00 de la mañana, Lukas entregó su turno y pasó a cambiarse; siempre cargaba con una pequeña maleta donde guardaba sus cosas así como un cambio de ropa, le fastidiaba salir del hospital con la misma ropa de toda la noche, de alguna manera buscaba sentirse refrescado. Así pues se cambió de ropas y se puso algo más sencillo y cómodo antes de ir a reunirse con Mikkel.

Cuando tocó la puerta de la habitación 223, pues estaba cerrada. No recibió respuesta y pensó que tal vez Mikkel se había quedo dormido, pero antes de que pudiera siquiera rodar los ojos, la puerta se abrió y Mikkel apareció frente a él, recién bañado y con un pantalón y bata de tela blanca, la misma vestimenta de todos los internos. Sin embargo el la lucia de manera esplendida.

— ¿Listo? — preguntó Mikkel, la sonrisa amplia y los ojos brillantes; y por primera vez desde que Lukas le había visto. Usaba el cabello acomodado en picos.

— ¿Cuántas botellas de gel te llevaste? ¿Las traías contigo?

Mikkel rio — me permitieron quedarme con unas cuantas cosas.

Lukas empezó a caminar, el otro empezó a seguirle — ¿Tienes idea de que quieres comer?

— Oh, lo que sea está bien para mí. ¿Y tú?

Lukas se encogió de hombros — ¿ciabatta con atún? ¿Emparedado clásico? Es lo que tienen en las mañanas en la cafetería. ¿Cierto? El comedor creo que está dando café y pan dulce con fruta.

— Si, nunca se les ocurre nada bueno para el desayuno.

— Además el punto de esto era ir a comer al jardín. — Suspiró — la próxima vez prepararé algo yo.

Mikkel sonrió enternecido — ¿Estás pensando hacer de esto algo más regular?

— Si, ¿Por qué no? ¿Tienes algún problema con ello?

— Oh ¡no! — Rio— ¡jamás tendría un problema contigo!

— Más te vale.

No era raro que los pacientes del pabellón saliesen al jardín para pasar el rato. A veces los de otras especialidades salían si es que no estaba contraindicado. En el caso de los pacientes psiquiátricos tendrían que estar afuera vigilados estrictamente por los cuidadores. No bastaba con el familiar.

Para Mikkel Densen, eso era aún más complicado ya que él se sentía en sus completas facultades mentales para salir a disfrutar del aire fresco, pero su cuidadora vespertina a menudo salía con todos sus pacientes al mismo tiempo, Mikkel terminaba sintiéndose solo o perdido; esta ocasión sería diferente. Tenía cuatro días ahí, los dos primeros, había ido al jardín y lo habían convencido de no volver a hacerlo. No así.

Cuando por fin, después de ir por la comida, llegaron a un punto en el jardín en que se podía disfrutar un tranquilo momento a solas. Ambos tomaron asiento, Mikkel se recargó sobre sus palmas para ver hacia el cielo. — Vaya, realmente así se disfruta mejor. — Cerró los ojos dejándose llevar un poco.

— Con tu permiso empezaré a comer — Lukas no perdió tiempo en desenvolver el emparedado y empezar a morderlo. Además de eso, habían comprado también gelatinas, un par de muffins, dos vasos de café con crema y un paquete de galletas para los dos. Mikkel miró todo curiosamente.

— ¡Tienes buen diente! Y pareces una hebra de hilo.

— ¿Eso es un insulto o un halago?

Mikkel rio, un tanto nervioso — ¡Un halago, desde luego!

— Ah bien. Pues me gusta comer, ¿Qué más te puedo decir? Aunque casi no tengo tiempo de prepararme mis propios alimentos. O más bien... ganas.

— ¿Y eso?

Lukas se encogió de hombros y volvió a morder su emparedado. Frente a él, Mikkel empezó a enfriar su café.

— Vivo solo y me resulta más fácil comprar comida ya hecha que llenar mi alacena y refrigerador con cosas que caducarán pronto por que no las puedo consumir a tiempo. — Lukas respondió simplemente, después bebió de su café para aclararse la garganta — Odio desperdiciar comida.

— ¡Oh! Somos dos. En casa compraban mucha comida cuando mis hermanos y yo éramos pequeños, y si, se desperdiciaba mucho. ¿Qué me dices de ti? Siempre hablamos mucho de mí.

— Tú eres el paciente. — Respondió con calma.

— ¡Oh vamos!

— No sé qué decir, en serio.

— ¡Ya se! ¿Por qué no te pregunto cosas?

Con un gesto de conformidad Lukas le dio a entender que eso estaba bien.

— ¿Eres hijo único?

— Ah. No.

— ¿Algo más?

Lukas se cubrió la boca con la mano y alzó la otra para pedir que Mikkel le esperara. Se encontraba masticando algo cuando la pregunta le fue hecha.

— estaba comiendo, pero ya. Uhm, veamos, no, en sí si soy hijo único de mis padres, pero mi padre por ahí tuvo un hijo con una mujer a la que le mintió. Así que tengo un medio hermano.

— ¡Oh!… ¿Y lo conoces?

— Si, y es un dolor de cabeza, es un adolescente, pero supongo que es un buen chico. Me llevo bien con él y le quiero mucho. — Habló con tranquilidad, Mikkel le veía interesado, y de alguna manera las palabras siguieron fluyendo de la boca de Lukas — Vive cerca de donde yo y a menudo anda paseándose por mi casa.

— wow, eso es peculiar, no muchos se llevan así con hermanos de otra pareja, si sabes a lo que me refiero...

— Me han dicho. Pero es que, verás. Emil es ocho años menor que yo y fue por su nacimiento que nos enteramos de la aventura de mi padre. Él, mi padre, naturalmente huyó dejando a la mujer y al hijo a la deriva.

— Que desgraciado…

Lukas asintió — pasados los años, cuando yo tenía doce, mi madre consideró que debía buscar a la mujer y a su hijo, porque en realidad no pudo sentir rencor hacia ellos. Aurora, se llama la mujer, no sabía la verdad del hombre del que se había enamorado... Emil tenía cuatro años, así que no le fue difícil acostumbrarse a mi presencia en su vida. Le dijeron «Es tu hermano mayor» y se quedó con esa idea.

— Pero... ¿Y a ti? ¿Cómo te hiciste a esa idea?

— Me lo encargaron mientras ellas estaban ocupadas. Emil llegó con una caja de juguetes y se subió al sofá conmigo. Se puso a construir con legos y no me molestó ni me pidió que jugara con él. Me di cuenta que estaba acostumbrado a jugar solo sin molestar a los adultos.

— Wow…

— Mhm – Lukas ahora se encargaba de su muffin. — pensé que era triste que tuviera que ser así. Yo también crecí muy solo y sabía que eso no deja nada bueno. Me puse a jugar con él. Uno no puede tenerle miedo ni rencor a un niño de cuatro años que te cuenta cuantos colores se sabe ya.

Mikkel sonrió cálidamente. — Sí que le tienes cariño…

Lukas suspiró y miró al frente pensativo — Es toda la familia que me queda, él y su madre por que la mía falleció hace tres años.

— Oh, lamento oír eso…

— Está bien, es mejor para ella que a vivir enferma… pero si, por eso me fastidia que ahora que mi hermano sea adolescente, se comporte irreverente.

Mikkel sonrió un tanto divertido — Eso es normal..

— Yo no fui así.

Mikkel rio — No, porque tu tuviste que madurar pronto. Pero, míralo de esta forma, por lo visto tú has estado ahí para él, lo mimaste y consentiste por lo tanto es un adolescente medianamente normal.

—… tendría sentido...

Con una sonrisa en los labios Mikkel añadió — le diste una infancia feliz.

Aquello hizo que Lukas riera levemente — Se lo voy a restregar en la cara. — Mikkel se unió a su risa, pero de forma más audible y descarada.

Ambos continuaron con su desayuno de manera tranquila, aun cuando Lukas bostezaba tras no dormir toda la noche, aguantó hasta las 10:00 am. Era extraño, Mikkel no era el tipo de persona con quien Lukas solía interactuar. Sin embargo se había acomodado a él de una forma peculiar. La forma en que se había encontrado a si mismo hablándole de su vida, le había sorprendido, ya no había sido capaz de hablar así con sus propios compañeros de trabajo. No había duda, Mikkel Densen había llegado para convertirse en alguien especial en su vida.

— No se te olvide que el jueves me debes mostrar tus trucos de magia.

— ¡Hecho! No se te olvide que la mañana del viernes, repetimos aquí en el jardín.

— Hecho.

Fin del Capítulo 2


¡Gracias por tomarse la molestia de leer!

Y muchas gracias por sus comentarios. Espero que les guste uwu este capitulo fue mas bien dulce. :3