Culpo a la luna por darme la inspiración y a las estrellas por ser sus cómplices.
Todos los personajes pertenecen a Gene Roddenberry, yo solo los tomo prestados y juego con ellos.
Creo que sobra advertir que este Fic contiene Spirk pero por si acaso: Este fic tiene contenido Spirk, o sea pareja Spock/Kirk. Si no te gusta no leas. De ahí en fuera es un fanfic muy fluffy. Disfuten.
Capitulo dedicado a: LittleHarmony, por dejarme el primer review de este fanfic. Muchas gracias linda y espero que te guste.
¡Feliz aniversario Spock!
By BlissVmpKr
Capitulo dos: La carta
Cuando Jim despertó, Spock ya no estaba en la habitación. Ese día comenzaba su turno primero que él. Kirk se desperezó, sus músculos dolieron cuando los estiró, reclamándole por la mala noche. A penas había pegado ojo*. Miró el reloj holográfico en su pared. Aún le faltaba una hora para presentarse en el puente. Tomó una ducha rápida y se fue a desayunar. Esa estúpida pregunta había sido la causa de su mal sueño. Bueno, en realidad no era tan estúpida. ¿Qué se le regala a un vulcano?
Tomó el plato de cereal y huevos con tocino que pidió al replicador. Vio a Bones sentado solo en una de las mesas. Como de costumbre, se sentó al lado de él. Asintió con la cabeza a modo de saludo y el doctor de contestó de la misma manera. Jim revolvió su comida, sumido en sus pensamientos. ¿Qué podría darle?
―Ok ―espetó McCoy ―escúpelo Kirk.
―¿De qué hablas? ―dijo Jim perplejo, levantando la mirada para ver al castaño.
―No te hagas el que no sabe, niño ―dijo el doctor frunciendo el ceño ―algo te pasa, y me dirás qué mierda es ó me iré a la enfermería y dejaré que te hundas en tu miseria solo.
Jim soltó una pequeña risa. A veces lo gruñón de Bones lo hacía sentir bien. Pues aunque el médico no lo admitiera, cuando hacia eso, gritaba lo mucho que le importaba. Tal vez sería bueno preguntarle a McCoy, después de todo, el había estado casado. Él sabría aconsejarle qué demonios podría darle a Spock.
―Pronto será el aniversario de Spock y mío ―dijo Jim
―¿Cuando? ―preguntó Bones
―Dentro de dos semanas ―respondió el rubio ―el miércoles para ser más exactos
―¿Y? ―cuestionó el médico ―¿Cuál es el problema? No tendremos una misión importante hasta el día siguiente
―Es que… ―comenzó Jim apenado ―No sé qué regalarle
El doctor guardo silencio, mirándolo inquisitivo, interrogándolo.
―¿Qué le puedo dar Bones?
El castaño levantó las cejas en un claro signo de sorpresa.
―¿De verdad estas preguntándome eso Kirk? ―preguntó perplejo
―No estoy bromeando ―dijo el ojiazul ―no tengo ni idea de qué regalarle. ¿Qué le doy?
―Una linda y gran caja llena de hipos ―dijo el doctor divertido, ¿de verdad estaban teniendo esta conversación? No sabía si reír o sentir lástima.
―¿Eso de qué le serviría a Spock? ―cuestionó Jim un tanto molesto por la falta de seriedad de su amigo
―Tienes razón ―concedió el doctor ―ese sería un buen regalo para ti, no para él. Tal vez debería preparar una en caso de que Spock me pregunte también que regalarte ―Bones soltó una pequeña carcajada que capto la atención de algunos tripulantes de las mesas vecinas.
―¡Carajo, Bones! ―exclamó Jim enojado ―¡Si no vas a ayudar, mejor no digas nada!
―Mira, niño ―dijo McCoy frunciendo el seño ― No soy la puta doctora corazón, tú eres su pareja y si alguien tiene que saber que darle al duende de sangre verde eres tú.
Un tirón en su pecho evaporó el enojo del cuerpo del rubio, reemplazándola con culpa. Devolvió su mirada a su intacto desayuno, mientras apretaba los puños. La rabia había vuelto, pero esta vez en contra de él.
―Tienes razón ―dijo Jim ―¿Qué clase de novio soy? No sé ni siquiera qué darle a mi pareja en nuestro aniversario.
―Hey ―llamó Bones, intentando recuperar la mirada de su amigo ―No, disculpa. Me alteré un poco. No eres un mal novio Jim. Es complicado darle cosas a un vulcano. Tienes que pensar en muchos factores, encontrarle una utilidad, o por lo menos encontrar algo que él no sienta "ilógico". Él no le tiene mucho aprecio a lo material. Intenta buscar algo que sea más representativo que superfluo. Dale algo más personal.
―¿Algo más personal? ―preguntó Jim mirando de nuevo al doctor, ahora con curiosidad ―¿Cómo qué? ―Si era sincero, cuando Bones le decía que le diera algo personal se imaginaba un par de calzoncillos, pero dudaba que Spock fuese a apreciar eso como regalo de aniversario… tal vez en su cumpleaños.
―Como una jodida carta de amor adolescente ―dijo McCoy en broma
Los ojos de Jim se iluminaron, cual mar azul a primera hora de la mañana recibiendo los rayos del sol. Una gran sonrisa surcó su rostro. Mientras tanto, el doctor al darse cuenta de que el rubio había tomado su broma en serio, borró todo rastro de diversión.
―Jim ―dijo Bones cauteloso ―No lo decía en serio, no estarás pensando en…
―¡Claro! ―exclamó contento Kirk ―¿Cómo no se me ocurrió a mí? ¡Eres un maldito genio Bones!
Se paró rápidamente, dejando su desayuno intacto en la charola. Ya pensaría en comer más tarde, ahora tenía mucho que hacer antes de llegar al puente. Y solo tenía escasos minutos. Echó a correr a la salida, mientras la voz de McCoy le llamaba.
―¡Jim! ―gritó el doctor ―¡Jim!, no estaba hablando en serio. ¡Vuelve!
Pero era demasiado tarde. El rubio ya se había ido. McCoy suspiró, maldiciendo el día en el que decidió entrar en la Flota Estelar y se encontró con James. ¿En qué clase de cosas se metía?, se preguntó mientras se comía lo que le quedaba de sus tostadas.
En tanto, el joven capitán corría a través de la nave en camino a los laboratorios científicos. Si iba a hacer una carta debía tener materiales, para empezar no sabía dónde encontrar papel, desde que estaba en el Enterprise nunca había visto ni una sola hoja. Bueno, no era del todo cierto, si bien no las usaban ellos, donde se encargaban de hacer su ropa para las misiones, había y unas plumas de tinta negra, pero definitivamente no eran su definición de romántico, necesitaba colores. Pronto estuvo en frente del laboratorio de Química, en el cual irrumpió sin ninguna ceremonia.
―¡Capitán! ―exclamó el Dr. Jones, el encargado del departamento ―¿Qué se le ofrece?
El hombre ostentaba unos grandes ojos grises, mandíbula fuerte y cuadrada, con un cabello castaño obscuro que acentuaba su piel de alabastro. Cuarenta cinco años que no hacían más que acentuar su atractivo. Jim le sonrió lo más angelical que pudo.
―Vera Dr. Jones ―comenzó ―me preguntaba si tendríamos los reactivos necesarios para hacer pintura.
―¿Pintura? ―repitió el castaño sorprendido
―Sí doctor, pintura ―afirmó el ojiazul sin perder su sonrisa
―Supongo que sí capitán ―aceptó Jones ― sin embargo para hacer pintura necesitará colorantes, esos tendría que pedírselos al señor Spock, ya que él decidió encargarse directamente del área biológica, mientras la doctora Atzin tiene su licencia por embarazo. Aquí en el área química no utilizamos.
Jim se quedó helado. No, definitivamente no le pediría a Spock los colorantes para su propio regalo.
―¿No habría una forma de hacer colorantes? ―preguntó el rubio ―No quisiera molestar al Señor Spock.
El doctor Jones miró extrañado a su capitán, pero no comentó nada. Definitivamente la juventud era extraña. Contuvo un escalofrío cuando de pronto se sintió viejo. Bueno, estar en la nave con la tripulación más joven de la Flota no ayudaba.
―Sí, claro ―afirmó ―podría hacer colorantes naturales, aunque dudo que pueda conseguir algunos ingredientes, podría sacar rojo de un betabel, azul de algunas moras, morado de una col, amarillo de azafrán, verde de perejil…
―Creo que con esos colores bastaría ―dijo Jim antes de que él químico le dictara todos los colores del arcoíris. Miró la hora en reloj holográfico de la pared del laboratorio y se horrorizó al descubrir que su turno comenzaba en cinco minutos ―me tengo que ir, conseguiré los materiales y regresaré en mi hora libre… Ah y por favor Jones. Ni una palabra al señor Spock
El científico asintió extrañando. Pero después de servir dos años en la nave con el capitán Kirk al mando, había aprendido a no hacer preguntas. Debía tener sus razones. Jim le dedicó una sonrisa y con un gesto de su mano como despedida, se echo a correr nuevamente, esta vez para llegar al puente.
―Llega dos punto cuatro minutos tarde capitán ―apuntó Spock en cuanto Jim puso un píe fuera de del turboascensor.
El rubio rodó los ojos. Definitivamente había cosas que nunca cambiaban, entre ellas el estricto profesionalismo de Spock y su obsesión con la puntualidad.
―Gracias comandante ―respondió Jim ―lo tendré en cuenta
Su turno pasó sin inconvenientes, tenían el curso fijo al planeta Litta―hu, para una simple supervisión de rutina. Recientemente la federación había resuelto la guerra entre las dos razas de vida inteligente que existían en el planeta. Los Gron y los Jark. Habían peleado por quinientos años por el control del planeta. Su tecnología era impresionante y su desarrollo social también, esto había animado a la Federación a establecer relaciones con ellos. Tras una negociación de tres años, habían logrado por fin, hace uno, un convenio de paz entre ambos. La Enterprise tenía la misión de supervisar que la paz continuara. No era algo muy difícil, algunas visitas diplomáticas, sonreír ante funcionarios, recorrer la capital del planeta, pura política y nada de acción.
La hora del almuerzo llegó pronto. Para su mala fortuna la compartía con Spock. Jim se sintió mal, eran escasos los días en los que podía almorzar con su novio, y justo ese día tenía que encargarse de otras cosas. Pero se consoló diciéndose que era por ambos, por su aniversario. Se levantó de su silla de comando y junto con el vulcano bajaron por el turboascensor.
―Tengo ir a revisar unos resultados Las'hark* ―dijo el vulcano ―¿Te importa si me reúno contigo más tarde en la cafetería?
―Yo… este… ―titubeó el rubio ―tengo unos informes que llenar Spock, perdona, no puedo comer contigo.
Spock lo miró levantando una ceja. Con la duda pintada en su rostro. Pero no objetó nada.
―Lo siento, amor ―se disculpó Jim
―No hay nada que amerite una disculpa de tu parte K'diwa* ―respondió el vulcano ― entonces, nos vemos de vuelta en puente.
El pelinegro extendió sus dedos índice y medio, Jim unió los propios a los de Spock. Le sonrió. Después de unos segundos se separaron y cada quien tomó su camino. El vulcano a los laboratorios y el rubio a la zona de vestuario para las misiones, en busca de papel y algo con qué escribir. Una vez ahí pidió un par de hojas, un sobre y una pluma para escribir. Los miembros de la tripulación que trabajaban ahí le entregaron lo requerido sin cuestionar y con una amable sonrisa en respuesta a la de él.
Jim decidió correr a los replicadores para conseguir los ingredientes que necesitaría, aprovechando que su vulcano no estaría merodeando por ahí. Le tomó unos momentos recordar los ingredientes que debía conseguir. La col morada no fue problema, tampoco el betabel ni las moras, solicitó unos cuantos trozos de los primeros dos y un pequeño tazón de las últimas. Pero no encontraba en la lista de los replicadores el perejil, ni el azafrán. No le interesaba el color amarillo, pero no haría una carta romántica para Spock sin color verde. Casi gritó de alegría cuando encontró perejil en la lista. Lo pidió e hizo malabares para tomarlo con los demás recipientes en las manos.
De pronto una voz aterradoramente conocida lo llamó. Haciendo que tirara la col y las moras, al respingar por la sorpresa.
―¡Spock! ―gritó Jim inclinándose a recoger la comida caída ―creí que estarías en los laboratorios
―Mi presencia, era requerida solo por un corto periodo de tiempo ―respondió el vulcano ―yo suponía que estarías en nuestro camarote.
Jim recogía las moras desperdigadas sin atreverse a dirigir la mirada a su amado.
―Sí ―dijo nervioso ―yo solo vine por un poco de comida antes de irme.
Recogió la última, que afortunadamente estaba cerca de la salida. Se incorporó y sonrió nerviosamente al vulcano.
―¿Por qué no te sientas con Uhura? ―preguntó Jim haciendo un gesto con la cabeza indicando un lugar atrás de Spock―Hace tiempo que no conversan los dos a solas.
Spock volteó extrañado. Nyota no debería estar ahí, su turno indicaba la hora del almuerzo justo después de la suya. Sin embargo cuando recorrió con la mirada las mesas no se encontró con la teniente.
―Debiste confundir a Nyota con otra mujer ―dijo Spock dirigiendo sus ojos al lugar donde Jim estaba, pero este ya se había ido. Levantó una ceja, preguntándose silenciosamente acerca del comportamiento de su t'hy'la*. Decidió dejarlo pasar, tarde o temprano lo averiguaría.
Mientras tanto Jim corría desenfrenado a los laboratorios de química. Eso había estado más que cerca. Ahora debía encontrar una excusa para explicarle a Spock por qué había salido corriendo, por sí preguntaba. Y conociéndolo, claro que preguntaría. Dio una vuelta, justo en el pasillo donde se encontraba la enfermería. Al pasar por la entrada, chocó con otra persona yendo a la misma velocidad de él saliendo presurosa de ahí. El hombre, que ostentaba un uniforme color rojo, tomó al capitán de su hombro para que no cayeran. Él lo reconoció como uno de los ingenieros de Scotty.
―Lo siento capitán no lo vi ―se disculpó, su rostro denotaba frustración y enojo.
Jim asintió y el ingeniero retornó su escape del lugar. Justamente estaba preguntándose la razón de qué el hombre saliera de ahí de esa manera, cuando unos gritos tomaron su atención.
―¡Spencer! ―llamó una voz femenina ―¡Spencer no seas infantil! ¡Regresa! ¡Spencer!
Una enfermera salió tras el ingeniero, caminando rápido y pasando una mano por sus dorados cabellos con frustración. Tras ella Bones asomó su cabeza, observando como la chica se perdía dando la vuelta en uno de los pasillos. Negó con la cabeza antes de notar la presencia de Kirk.
―¿Qué demonios fue eso? ―preguntó el capitán
―El ingeniero Spencer y la enfermera Jimena ―respondió el doctor rodando los ojos
―¿No son a los que voy a casar el próximo mes? ―cuestionó Jim reconociendo sus nombres
―Creo que ya no Jimmyboy ―dijo McCoy
―¿Pero qué carajos pasó? ―Jim estaba perplejo
― Mierda de parejas. El hombre entró a la enfermería gritándole a la mujer que cómo era posible que ella hubiese olvidado su almuerzo juntos para celebrar su cumpleaños ―respondió el doctor cansado, si le preguntaban, todo eso era una tontería ― al parecer no es la primera vez que Jimena olvida sus citas. La rubia se enfado y comenzaron a gritarse. Les llamé la atención y los saque de mi enfermería. ¡Que se vallan a joder a otro lugar! ¡Tengo pacientes que necesitan descansar con un carajo! ―gruño Bones
El castaño cruzó sus brazos en un claro signo de exasperación. De pronto su seño fruncido se frunció aún más. Sus ojos veían con incredulidad los vegetales y las moras que Jim cargaba.
―¿Qué demonios traes, niño? ―preguntó el doctor
―Haré pintura para decorar la carta que le escribiré a Spock ―dijo Jim sonriendo angelicalmente
McCoy sacudió su cabeza, aturdido.
―No puedo creer que de verdad vallas a hacer eso ―espetó ―¡Lárgate de aquí! ¡Tengo pacientes que atender! ―se volteó y entró a la enfermería dejando solo al rubio.
El joven capitán solo se encogió de hombros. Viendo como el doctor desaparecía en su oficina. Suspiró. Tenía que irse, la pintura no se haría sola. Pero no se movió, un súbito pensamiento lo frenó. Si iba a pintar, tenía que conseguir una brocha, un pincel, algo con qué hacerlo. Se metió en la enfermería preguntándose si podría encontrar algo que le fuese útil. Estaba a punto de rendirse cuando se dio cuenta, que en el escritorio de la enfermera favorita de McCoy, estaba una bolsita de maquillaje. Con cuidado de qué no lo viera nadie. Jim esculcó la bolsita, encontrando un pequeño pincel para maquillar. Satisfecho y prometiéndose devolverle el pincel a Chapel después, continuó su camino.
Una vez en el laboratorio, el Dr. Jones le explicó cómo hacer la mezcla para preparar la pintura y le dio unos cuantos tubos eppendorf* para que la guardara. Jim siguió sus instrucciones con exactitud. Descubrió que el trabajo en el laboratorio era realmente entretenido. Ahora comprendía el por qué a Spock le gustaba tanto estar en ese lugar. Bueno, tal vez era porque él estaba haciendo algo para el ser que amaba. Y seguramente el trabajo se Spock era muchísimo más complicado que hacer pintura. Extrajo el jugo de la comida que llevaba y agregó unas gotas a cada tubo antes de cerrarlos y agitarlos. Los guardó en su bolsillo antes de limpiar.
Jim no podía dejar de sonreír mientras lavaba los recipientes que utilizó para hacer la pintura. Esperaba que a Spock le gustara su regalo, sinceramente estaba muy nervioso, pero era algo que deseaba hacer con todo su corazón.
―¿Ya se está realizando la PCR* de las muestras C2 y D4 señor Radly? ―preguntó una voz en el pasillo.
El rubio se congeló en su lugar.
―Sí señor Spock ―respondió el biólogo ―Las metí al termociclador* en cuanto usted se fue.
¡Maldita sea! Jim no pudo evitar maldecir en voz baja. ¿A caso tendría que huir de ese inoportuno vulcano todo el día? Dejó el mortero* que estaba enjabonando en el lavabo y se escondió detrás de un refrigerador, asomando su cabeza cuidadosamente para ver. La ocultó inmediatamente cuando vio el azul uniforme de Spock a través de los cristales que hacían de muros entre los laboratorios y el pasillo.
―Si no le molesta continuaré yo mismo ―dijo Spock deteniéndose justo en la entrada del laboratorio donde estaba Jim ― Mis planes para el tiempo de ingestión de alimentos han sido cancelados. Así podría usted proceder con las pruebas del IEM. Pero antes revisaré si los experimentos están en óptimo funcionamiento en los otros laboratorios.
El vulcano entró al laboratorio de química llamando al Dr. Jones. Este salió a recibirlo, desde la perspectiva del pelinegro no era posible ver a Jim, pero desde la del doctor sí. Jones le lanzó una mirada interrogatorio al capitán que le respondió con un gesto de suplica en sus manos y poniéndose un dedo contra los labios, pidiendo silencio.
―¿Cómo van los protocolos* AT3 y BN8, doctor? ―preguntó Spock
―Perfectamente señor ―respondió el humano ―si me acompaña le mostraré los últimos resultados, estoy seguro que le parecerán fascinantes.
El Dr. Jones le indicó al Vulcano que pasaran a su oficina. Jim tomó eso como su señal de salida e inmediatamente dejó los laboratorios científicos a gran velocidad. Una vez lo suficientemente lejos, el rubio pensaba dónde podría ir para hacer su carta en paz sin que el vulcano lo molestara. No podía ir a su camarote, ni a la zona de recreación. No era probable que Spock apareciera por ahí, después de lo que había escuchado, pero no quería arriesgarse. No podía ir al puente. Menos a la enfermería, Bones lo echaría al momento de pisar la Bahía Medica. Tal vez podría ir a ingeniería, estaba seguro que Scotty lo aceptaría. Pensándolo un momento, decidió que era una buena opción y se encaminó hacia allá.
―Scotty, ¿crees que podría ocultarme aquí el resto de la hora? ―preguntó el rubio cuando divisó a su amigo
El escocés frunció su ceño extrañado.
―Claro capitán ―respondió ―¿Puedo preguntar qué está haciendo?
Las mejillas del ojiazul se tiñeron de un suave rosa.
―El regalo de aniversario para Spock ―respondió un tanto avergonzado
Scotty se sorprendió. ¿Tan rápido había pasado un año? Bueno, suponía que al hacer lo que más amaba en el mundo, y cuidar de su dama había evitado que sintiera el paso del tiempo. Ciertamente no tenía inconveniente en que el capitán permaneciera allí.
―Está bien, Jim ―respondió el ingeniero ―pero no ensucies nada
El rubio sonrió ante la advertencia de su amigo y prometiendo que no lo haría buscó un lugar donde podría trabajar. Encontró un aparato que era plano en la superficie y fácilmente se podría apoyar. Empezó su carta escribiendo "Mi Luna". Spock le llamaba "Sol", le decía que su mera presencia le daba el calor que necesitaba para vivir, que iluminaba su vida. Pues bien, Spock era su Luna, era quien alumbró su vida en plena obscuridad y que a pesar de todavía encontrarse inmerso en ella, ahora conocía la luz y la belleza, y la apreciaba aún más después de tanto tiempo sin poder ver ni una sola estrella. La carta, prácticamente se escribió sola. Letra tras letra, palabra tras palabra fluían de la cabeza de Jim plasmándose en el papel. Dos hojas llenas de sentimientos no fueron suficientes para explicar todo lo que significaba para él, pero daban una buena idea. Sacó la pintura que tenía para decorar y trazó varias líneas de diferentes colores a lo largo de la carta. También decoró el sobre. En cuanto esto se secó. James dobló el papel cuidadosamente y lo puso dentro. Lo cerró y el pincel comenzó a deslizarse en la superficie del sobre, escribiendo el nombre de aquel vulcano que había robado su corazón. El color verde con él que estaba pintando le había quedado tan bello, casi podría compararse con el que aparecía en las mejillas del vulcano después de hacer el amor.
De pronto, un violento viraje tiró a Jim, a todo con lo qué estaba trabajando y al resto de los tripulantes que se hallaban en ingeniería al suelo. Kirk se levantó del suelo maldiciendo. De vez en cuando la nave volvía a sacudirse. Trastabillando a causa de los bruscos movimientos buscó el intercomunicador más cercano.
―Capitán Kirk al puente
―Aquí Uhura capitán ―contestó la morena
―Comuníqueme con Sulu teniente ―requirió Jim con su mejor voz de mando
―Aquí Sulu, capitán ―respondió el japonés
―¿Qué demonios le está haciendo a mi nave señor Sulu?
―Lo lamento capitán hemos entrado al cinturón de asteroides Bolle
―¿Y por qué carajos no me avisaron antes?
―Llegamos antes de lo esperado capitán
Jim maldijo por lo bajo.
―Llame al señor Spock, voy para allá ―respondió ― Mantenga los movimientos evasivos y las phasers listas, alerta amarilla. Kirk fuera.
Jim miró a su alrededor buscando a su jefe de ingenieros. Scotty estaba con los ojos puestos en una de las pantallas de las máquinas, oprimiendo algunos botones. Se detenía el brazo con una mueca de dolor.
―¿Se encuentra bien señor Scott? ―preguntó el ojiazul
―Perfectamente capitán, solo fue el golpe
―Muy bien, mantenga las maquinas funcionando
―Haré lo que pueda señor
Jim prácticamente voló fuera del lugar camino al puente. Estaba en el pasillo cuando una nueva curva lo tiró al suelo. Chocó contra la esquina de dos pasillos que se unían, su pierna y su hombro izquierdo absorbieron el golpe. Un dolor agudo atravesó su cuerpo emanando de los dos puntos del impacto. Kirk ahogo un gemido de sufrimiento y en cuanto pudo concentrarse lo suficiente como para moverse cojeó lo que le quedaba de camino al puente.
―Informe señor Spock ―pidió el capitán Kirk en cuanto las puertas del turboascensor se abrieron
El puente se encontraba en un inusual silencio sepulcral que fue roto por la voz de mando del rubio. Claramente se hallaban en una situación crítica, dado la falta de sonido. Sulu se encontraba esquivando un asteroide tras otro.
―Nos encontramos a la mitad del cinturón de asteroides Bolle, capitán. Los escudos se encuentran al 80.6% ―respondió el vulcano ―phasers listas para dispararse. Según mis cálculos estamos a 5.3 minutos de salir de él. Sin embargo, debo sugerir extrema precaución. El cinturón de asteroides Bolle es uno de los más peligrosos de la galaxia conocida.
Jim asintió al pelinegro que lo observaba con unos profundos ojos negros y una seriedad totalmente de acuerdo con la ocasión. Tomó asiento en la silla de mando, ignorando el dolor de su pierna y hombro. Tras un brusco viraje de la nave, activo el cinturón. Pequeñas rocas golpean la nave, sacudiéndola con cada uno de ellos. Prácticamente vibraba.
―Escudos al 60%, capitán ―dijo Spock
―Tiempo para salir de aquí comandante ―requirió el rubio
―2.86 minutos señor
Sulu viraba la Enterprise lo más rápido que los motores le permitían. De pronto un asteroide grande apareció tras una de las vueltas. Sulu giró rápidamente para esquivarlo. Pero la pronta reacción no le permitió observar que otro se encontraba justamente en la dirección a la que se habían movido. Una impetuosa sacudida recorrió la nave justó cuando el otro la golpeó. Las luces se apagaron unos segundos dejándolos en penumbras.
―Escudos desactivados capitán ―anunció Spock cuando la iluminación regresó
―¿Qué demonios fue eso señor Sulu? ―inquirió el rubio
―Hago todo lo que puedo capitán ―se defendió el piloto ―no hago… milagros ―la voz del hombre se fue apagando por la sorpresa hasta qué solo quedó en un suave murmullo.
Un impactante muro de roca solida se alzaba frente ellos. El tiempo en el puente pareció paralizarse, junto con sus tripulantes, que miraban aterrorizados la enorme pared de piedra que se aproximaba peligrosamente hacia ellos a una velocidad aterradora.
―Tiempo de impacto ―pidió Jim recobrándose de la sorpresa
―Cincuenta y un segundos, capitán ―respondió el vulcano
― Esquívela señor Sulu ―ordenó el rubio
―No podemos capitán ―objetó Chekov ―rodearlo significaría desviarnos de nuevo al interior del cinturón.
―No podemos adentrarnos nuevamente al centro del cinturón con los escudos desactivados, capitán ―dijo el vulcano
―Composición del asteroide ―requirió Kirk
―70% fluorito de calcio*, 25% carbonato de calcio* y 5% otros minerales ―citó Spock
―¿Se puede destruir? ―preguntó
―Afirmativo ― respondió el vulcano
―Phasers listas a su máxima potencia…―Jim esperó unos segundos para acercarse más al asteroide ― ¡Fuego! ―gritó
Luces de color azul y rojo inundaron la pantalla, provocados por los rayos phaser y las explosiones en el asteroide, obligaron a la tripulación del puente a entrecerrar los ojos.
―A toda velocidad señor Sulu ―ordenó el capitán ―señor Chekov, dispare las phaser a las rocas más grandes que nos encontremos que puedan dañar la nave
―Sí señor ―respondieron ambos
La Enterprise voló rápidamente. Algunas pequeñas rocas la golpeaban, pero ahora sin los escudos, la nave era lastimada, arañando el metal que la cubría, incrustándose en él. Chekov disparaba las phaser con la mejor precisión, dándole a todo objeto grande. Jim estaba rígido en su asiento, observando a sus oficiales realizar su trabajo. Sus músculos se marcaban a través de la playera del uniforme, sus manos apretaban fuertemente los reposabrazos de la silla de mando, mientras los ojos color zafiro absorbían todas las imágenes que la pantalla le ofrecía. Después de poco menos de un minuto, que a Kirk le parecieron horas, la nave salió del cinturón de asteroides. Todos en el puente suspiraron aliviados.
―Disminuya la velocidad a Warp dos, señor Sulu ―pidió el capitán
Presionó el botón del intercomunicador para verificar que todo estuviera bien en la nave.
―Informe técnico Scotty
―Hay daños en la sección posterior izquierda y los escudos no funcionan, señor ―respondió el ingeniero en jefe ―dañada, pero prácticamente intacta, no hay nada que no pueda reparar.
―Inicie las reparaciones inmediatamente ―ordenó el rubio
―¡Capitán, está sangrando! ―exclamó Chekov viendo una mancha roja que se destacaba de su uniforme dorado, justo en su hombro izquierdo.
Spock volteó inmediatamente y dejando sus controles, fue a examinar al rubio. Tocó la fibra teñida de sangre. Tomó el brazo suavemente para tener una mejor visibilidad cuando Jim se quejó.
―Le sugiero reportarse inmediatamente a la enfermería, capitán ―dijo el vulcano con los ojos inundados en preocupación ―Le aseguró que manejaré todo imprevisto que surja.
Jim estaba por replicar. Pero al tratar de acomodarse en la silla, una punzada de dolor que emanaba de su pierna lo hizo detenerse y jadear.
―Creo que no sería tan mala idea, comandante ―respondió levantándose con ayuda de su brazo sano ―Tiene el puente señor Spock
Caminó cojeando ante la mirada preocupada no solo de su oficial científico, sino de toda la tripulación del puente. Escuchó como el vulcano le avisaba a Bones de su próxima llegada a la bahía médica.
―¡Con un carajo! ―exclamó McCoy al verlo entrar ―¿Qué demonios te sucedió?
El doctor se apresuró a sujetarlo y a ayudarlo a sentarse en una camilla, mientras le pedía a Chappel que preparara diez milímetros de benzodiacepina*. Comenzó a examinarlo con el escáner. El rubio cerró los ojos. Se mordía la parte interna de su mejilla tratando de contener el dolor.
―¡Maldita sea Jim! Tienes una fisura en el humero* y a demás te hiciste una buena cortada, eso sin contar el gran esguince de la pierna. ¿Me quieres decir qué demonios estabas haciendo?
―Una de las sacudidas que dio la Enterprise me lanzó contra una esquina mientras corría al puente ―respondió Jim
Bones maldijo entre dientes. Le ayudó al rubio a quitarse el uniforme dorado para poder curar la herida. Una larga rajada en el bícep izquierdo sangraba. No era muy profunda, no habría ningún problema con el regenerador dérmico. El doctor limpió el corte en la piel del rubio y procedió a cerrarla.
―¡Malditos problemas estelares! ―dijo el médico ― ¡Eso no sucedería en la Tierra! ¿Qué demonios tenía en la cabeza al enlistarme?
Kirk ahogó una risilla, reprimió el impulso de recordarle a McCoy su razón para entrar en la Flota. No era tan desconsiderado, sabía que el tema de su ex esposa aún era tema de controversia para él. Chapel trajo la hipospray preparada y unas vendas.
―Esto te calmará el dolor ―dijo Bones inyectándole el cuello ―te quedarás aquí descansando hasta que lleguemos al planeta ese a donde vamos.
Jim hizo una mueca de desagrado cuando sintió el líquido entrar en su organismo. Estaba convencido que su mejor amigo realmente disfrutaba de inyectarle cosas. El doctor comenzó a vendarle la pierna, Al menos no le había sucedido nada peor, como golpearse la cabeza, mientras corría desde ingeniería hasta el puente. Un segundo, él estaba en ingeniería por una razón… el estaba…
―¡No, no, no! ―exclamó Jim levantándose rápidamente de la camilla ― ¡Maldita sea! ¡Esto no me puede estar pasando!
―¿¡Te quieres sentar, carajo!? ―le reclamó Bones ―¡Aún no acabo, con un demonio! ¡Sí quieres empeorar tu situación por mí no hay problema! ¡Pero mientras estés en mí bahía médica harás lo que yo te diga! ¿Qué carajos te sucede?
― ¡Perdí la carta que le hice a Spock! ―susurró James horrorizado ―¡La perdí! ¡Cuando la Enterprise entró en el cinturón de asteroides simplemente salí corriendo! ¡La deje ahí! ¡La perdí!
McCoy pasó de malhumorado a divertido en un segundo, a duras penas podía aguantarse la risa. Pero la cara de desolación de su rubio amigo lo desalentó de decir algún comentario sarcástico. No era tan malvado… algunas veces.
―Deberías ir a buscarla ―sugirió ―no debe estar lejos de donde la dejaste. Eso suponiendo que no se cayó debajo de las máquinas, digo, después de tantas sacudidas…
Bueno, tal vez si era malvado. Jim abrió la boca ligeramente y frunció el seño, en un claro gesto de horror. ¡Demonios! ¿Y sí alguien la encontraba? ¿Y si Spock la encontraba?
―Debo ir a buscarla ―dijo parándose de nuevo
―Tú no irás a ningún lado hasta que termine contigo ―espetó McCoy sentándolo de nuevo
―Pero…
―¡Sh! ―lo cayó ―No me interesa.
El ojiazul abrió la boca para replicar pero ningún sonido alcanzó a salir de su boca. Un hombre entró gritando el nombre de una de las enfermeras. Interrumpiendo todo intento de queja del joven capitán para que lo dejaran ir a buscar su carta en paz.
―¡Jimena! ―llamaba el hombre ―¡Jimena!
―¿Qué sucede Spencer? ―respondió la enfermera llendo a su encuentro
―¡Disculpame mi amor! ―pidió Spencer ―Perdona todo lo qué te dije hace rato
El ingeniero tomó suavemente las manos de la rubia, besándolas y mirándola a los ojos. La mujer ostento una tímida sonrisa.
―¿No terminaremos? ―preguntó ella con la esperanza brillando en sus ojos verdes
―No, corazón ―respondió él ―nunca fue mi intención terminar. Soy un imbécil. Estuve a punto de perder a la persona más importante de mi vida por una estupidez. Quiero pasar el resto de mi existencia contigo, hermosa.
La pequeña sonrisa en los labios de la rubia se amplio, tanto que unos relucientes y blancos dientes se mostraron orgullosos.
―Gracias Spencer ―dijo Jimena ―¿Pero cómo es que decidiste regresar?
―Tu carta ―respondió él, sacando un sobre color blanco pintado
Un silencio pesado cayó en la enfermería. Jimena perdió su sonrisa, parpadeando perpleja. Por el otro lado Leonard y Jim compartían la misma mueca de incredulidad, la boca abierta exageradamente. Tal vez la carta del capitán no estaba tan perdida que digamos.
―Como solo pusiste una "Sp" en el sobre no sabía si era para mí ―continuo hablando Spencer si percatarse de la reacción de ninguno de los tres ―pero después de leerla, y de que me llamaras tu luna, supe que era tuya
El ojiazul reaccionó por fin, cambió su mueca de incredulidad por una de indignación. ¡Esa era su carta! ¡Su luna era Spock! ¿Qué demonios le da derecho de apropiársela? ¡Era su regalo de aniversario! Abrió la boca nuevamente, pero esta vez con la clara intención de aclarar las cosas. Sin embargo McCoy fue más rápido y puso una mano sobre sus labios, silenciándolo.
―Es que, yo… ―comenzó ella
―No digas nada ―le cortó el ingeniero ―No hace falta vida mía.
Jim quito la mano de Leonard de su boca y le dirigió una mirada fulminante.
―También debo de admitir ―siguió en su discurso Spencer ―que me lo confundió un poco tu letra, se veía más irregular de lo normal, pero que los corazones en los puntos de las íes me convencieron que efectivamente era tu letra.
El capitán enrojeció hasta las orejas. Mientras McCoy le mandaba una sonrisa divertida. Tomando a James de la espalda, lo ayudó a incorporarse. Sin poderlo resistir, caminó a su oficina, ayudando al rubio. Una vez cerrada la puerta, Bones lanzó una carcajada que retumbó en las paredes de la habitación.
―¿Corazones en las íes? ―preguntó el castaño entre risas
―Era una carta de amor ―se defendió el ojiazul ―¿debe tener corazones y esas cosas cursis no?
―Sí, claro ―afirmó McCoy limpiándose unas cuantas lagrimas que salieron de sus ojos a causa de la risa ―cosas cursis
―Déjame en paz Bones ―dijo Jim enfurruñado cojeando para salir
Leonard suspiró. Tragándose su risa.
―Hey, tranquilo ―le dijo ―Hiciste algo bueno, reuniste a una pareja que estaba a punto de desintegrarse. Tal vez no fue el propósito de tu carta, pero al menos sirvió de algo.
James detuvo su andar. Recordando el rostro de emoción y esperanza de Jimena. Tal vez no fuera tan malo, después de todo.
―Sí ―aceptó ―supongo que sí
Ambos se quedaron en silencio, mientras Bones terminaba de vendar el brazo de su capitán.
―¿Sabes que significa todo esto? ―preguntó Jim un tanto melancólico
―¿Qué tienes caligrafía de niña? ―dijo McCoy lanzando una risilla
―¡No! ―exclamó el rubio indignado, y un tanto avergonzado― Que debo buscarle un nuevo regalo a Spock ―le lanzó al doctor una mirada triste, cual cachorro abandonado.
―A mi ni me veas ―dijo Leonard con un gesto de su mano ―No te vuelvo a ayudar en nada de eso.
*Pegar ojo: (Tengo la lijera sensación que esta expresión es un mexicanismo así se por si no la entendieron es esto) Expresión que aluce a los parpados cerrados. No pegar ojo significa que no cerró los ojos, en otras palabras, no durmió.
*Las'hark: Sol
*K'diwa: Querido, amado
*T'hy'la: Amigo-hermano-amante
*Tubo eppendorf: Es un pequeño tubo, se utiliza mucho en laboratorios donde las muestras son pequeñas, tiene una tapa y hay en distintos tamaños. Por su tamaño, se me hizo fácil que Jim transportara su pintura ahí
*PCR: Significa Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR por sus siglas en inglés) La polimerasa es una enzima encargada de replicar el ADN, en esta reacción se recrean las condiciones necesarias para que se replique en ADN de un organismo una vez ya extraído, o sea, fuera del núcleo. Si quieren más información, pueden preguntarme.
*Termociclador: Es un equipo científico que como se puede deducir por su nombre, crea ciclos programados de temperatura. Estos ciclos son necesarios para muchas reacciones, en este caso, Spock utiliza esta máquina para realizar el PCR. Igualmente si quieren más información pueden preguntar.
*Mortero: Es un instrumento de laboratorio bastante rudimentario y común, se usa para triturar cosas.
*Protocolo: Así se les llama a los proyectos de investigación
*Fluorito de calcio:También denominado fluorita o espato de fluor es un mineral de la clase 03 según la clasificación de Strunz.
*Carbonito de clacio: también conocida como calcita es un mineral de la clase 05 de la clasificación de Strunz.
*Benzodiacepina: Es una sustancia utilizada como calmante del dolor y dependiendo de sus variaciones puede ser hasta un sedante.
*Humero: Hueso del brazo
Hola hermosas personitas que me leen. Creo que ahora exageré con en glosario, pero bueno... Espero que les haya gustado el capitulo de hoy. La primera de las aventuras de nuestro querido capitán Kirk en busca del regalo perfecto para Spock. Espero que les haya sacado una sonrisa. Ya verán que cosas le esperan.
¿Opiniones? ¿Dudas? ¿Comentarios? ¿Reclamos? No dejen de darmelos en un lindo review.
Ya saben, actualización dentro de una o dos semanas.
Nos leemos
Bliss
